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  Fin de año y reyes en Portugal

Portugal empieza en ….Fuengirola

Después de una espera de dos meses y dos retrasos en la entrega de nuestra primera autocaravana el 23 de diciembre llegó nuestra flamante Mobilvetta Icaro P7 elite, ese mismo día iniciamos la carga del equipaje, que continuamos los días 25 y 26 y por fin el 27 después de colocarlo todo iniciamos nuestro viaje a Portugal sobre las 12 del mediodía.

Teresa y Jesús. Navidades 2003 - 2004
 



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Día 2
El día amaneció despejado, y según lo previsto contemplamos el bello amanecer desde la cama.

Después de los habituales desayunos y aseo nos fuimos a ver la fortaleza de Sagres, construida en tiempos de Enrique el Navegante, y en la que se formaron los marinos portugueses más avezados, no pudimos entrar hasta las diez de la mañana, hasta esa hora solo permiten la entrada de los pescadores, que se colocan en los altos acantilados a buscarse y jugarse la vida, así que volvimos a donde habíamos aparcado y nos dedicamos a hacer un poco de limpieza interior de la auto que ya la iba necesitando, aparcamos al lado de una Hymer integral alemana, cuyo propietario con su español chapurreado me invitaba a que limpiara la suya cuando acabase con la nuestra. Por fin después de las diez conseguimos entrar y nos hicimos toda la vuelta exterior a la punta de Sagres (unos 2,5 Km.) contemplando los acantilados, los pescadores, las aves marinas y oyendo rugir el viento y el mar, de la fortaleza queda poco, una ermita, la muralla de entrada y poco más, pero solo por el paseo vale la pena.
La siguiente etapa nos llevaba hasta Aljezur por la N268, primera experiencia por carretera estrecha, en el camino se pasa por Carrapateira y nos desviamos a contemplar sus bellas y aventadas playas, paraíso de surfistas, y sus acantilados de piedra rojiza, era un día muy luminoso y aventado, todas las playas están unidas por una ancha pista de tierra muy transitable.

De vuelta a Carrapateira retomamos la carretera hacia Aljezur, buscábamos un restaurante llamado Chefe Dimas, que después de varias preguntas encontramos en la salida hacia Lisboa, no hacia Lagos como viene indicado en el Hola. Mereció la pena la búsqueda, nos comimos un magnífico arroz caldoso de marisco con un buen vino alentejano a buen precio.

Llevábamos retraso respecto al programa del día, no habíamos visitado Aljezur, ni sus playas, queríamos ir a Monchique y luego avanzar lo más posible hacia el norte y eran más o menos las tres de la tarde, así que había que empezar a renunciar y decidimos que iríamos hasta Monchique. Aquí se produjo nuestra primera equivocación, al tomar esa dirección entramos en el barrio este de Aljezur, en lugar de circunvalarlo, y nos vimos metidos en la plaza en un cruce de calles muy estrechas, de frente no se podía seguir porque estaba cortada, a la derecha era muy estrecha y retroceder era imposible por haber una fila de no menos de ocho vehículos, así que copiloto a tierra y a dirigir la maniobra hacia la derecha, con algún apuro lo salvamos, nos indicaron como volver a tomar el camino de Monchique y conseguimos salir. Los primeros doce Km. eran de tierra y piedra y muy bacheada, todo empezó a botar y a sonar dentro de los armarios en una estridente sinfonía.

El paisaje montañoso estaba muy quemado, los primeros restos de los inmensos incendios que asolaron Portugal en el verano de 2003, una vez acabada la pista de tierra, la carretera seguía siendo muy sinuosa, pero al menos asfaltada, por fin llegamos a Monchique, famosa por sus aguas termales, y vimos complicado el aparcamiento así que decidimos posponerlo para la vuelta del Monte Foia, e iniciamos su ascensión (8km), según todas las referencias que teníamos se trataba de una atalaya natural sobre el Algarve, su punto más alto y en los días despejados dicen que se ve hasta las montañas del Atlas en Marruecos, pero nosotros no tuvimos suerte, había mucha calima y todo se veía muy difuminado, además hacía mucho viento y bastante frío, así que enseguida retomamos el camino de vuelta, renunciando a ver Monchique con la intención de ver si era posible contemplar la puesta de sol en alguna de las playas de Aljezur.

Según avanzábamos hacia el oeste el sol parecía acelerar su descenso cada vez más deprisa, tampoco fue posible, y ya eran dos los días en que nos quedábamos con las ganas, total que habíamos hecho casi ochenta Km. de malas carreteras para nada, ni vistas desde el monte Foia, ni visita a Monchique, ni Aljezur ni sus playas, ni puesta de sol. En cualquier caso es preferible visitar Monchique y el Monte Foia desde la costa sur (Portimao – Silves- Monchique).Después de serenarnos un poco decidimos avanzar hacia el norte mientras el cuerpo aguantara, conscientes de que no tendríamos buenas carreteras y que habría que conducir de noche. Tomamos la N-120 dirección Lisboa y nos fuimos marcando sucesivos lugares de pernocta Odeceixe, Odemira, Cercal y por fin Porto Covo ya en Sines, más o menos a 100kms de Aljezur, de carretera sinuosa y de mucho tráfico.

Los últimos 40 Km. venía detrás otra auto a distancia prudencial, se ve que nuestra marcha le gustaba, a los que no les gustaba era a la ristra de coches que llevábamos de detrás, en las pocas rectas del camino y cuando no venían coches de frente consiguieron adelantarnos unos cuantos, pero no muchos, supongo que alguno llegaría a su casa maldiciéndonos. Odeceixe, Odemira, Vilanova de Milfontes…estaban en el programa, pero nos los saltamos, quedarán para un monográfico del Alentejo. La llegada a Sines no pudo ser más decepcionante, desde bastantes Km. antes se divisaba un inmenso complejo petroquímico con sus chimeneas a plena producción, que dejaban en el ambiente un pestífero olor “daños colaterales de lo que llaman progreso”. A la altura de la petroquímica estaba la desviación a Porto Covo, pero nos la pasamos y tuvimos que buscar un cambio de sentido en una rotonda a unos 2 Km., justo hasta ese punto vino detrás la auto que nos seguía, nos alejábamos del olor y afortunadamente parecía que el aire soplaba del sur con lo que cuanto más nos alejáramos mejor estaríamos.

Fuimos viendo varios aparcamientos a la derecha entre la carretera y el mar, al cabo de unos 9 Km. vimos en uno de esos aparcamientos una auto portuguesa, y aunque no parecía ser el lugar descrito por Arsenio (el geriátrico de Gran Bretaña) decidimos quedarnos y después de cenar salimos a fumarnos un cigarrito a la luz de la luna y las estrellas.

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