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  Fin de año y reyes en Portugal

Portugal empieza en ….Fuengirola

Después de una espera de dos meses y dos retrasos en la entrega de nuestra primera autocaravana el 23 de diciembre llegó nuestra flamante Mobilvetta Icaro P7 elite, ese mismo día iniciamos la carga del equipaje, que continuamos los días 25 y 26 y por fin el 27 después de colocarlo todo iniciamos nuestro viaje a Portugal sobre las 12 del mediodía.

Teresa y Jesús. Navidades 2003 - 2004
 



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Día 31
Amaneció el último día del año, igual que los anteriores, soleado luminoso y cálido, después del desayuno y el aseo, nos bajamos a la playa, y estuvimos dando un hermoso paseo a la orilla del mar de más de una hora, metiendo las piernas en la fría agua de vez en cuando.

Con ganas de quedarnos en la playa, pero con la necesidad de seguir avanzando, nos pusimos dirección a Lagos, lugar que habíamos elegido para pasar el fin de año, después de descartar algún posible aparcamiento elegimos uno en la orilla habitada de la ría, muy cerca de la estación de autobuses, es un aparcamiento de tierra en el que había dos autos aparcadas, una portuguesa y una española. En la orilla de enfrente se veían siete u ocho, pero además de tener que dar bastante vuelta para llegar, luego cuando quisiéramos venir a la población tendríamos que caminar bastante, así que optamos por quedarnos en la orilla habitada.
Queríamos organizar una cena un poco especial por ser fin de año, así que mientras Teresa se quedaba en una peluquería para que le lavaran el pelo, yo me fui a buscar el mercado con el fin de comprar algo de marisco. El mercado municipal al que me dirigieron estaba un poco más lejos de donde habíamos aparcado, así que por segunda vez me hice el mismo camino, cuando llegué al mercado, me llevé la gran decepción de que ya no quedaba nada de marisco, eran sobre las 12.30, solamente encontré en un puesto almejas pequeñas, que compré a falta de otra cosa por 22 euros un kilo (tuve que comprar bolsa entera), luego empecé a buscar pan, y no encontré en el mercado, ni en ninguno de 4 autoservicios en los que entré, ni en la única panadería que hallé, así que cuando nos reencontramos yo iba casi con las manos vacías y Teresa venía enfadada por como la habían tratado el pelo y por como la habían peinado y por lo caro que fue.

Dimos un paseo buscando un sitio donde tomar una cerveza y al final nos sentamos en una terraza al sol (ya habíamos encontrado un poco de pan, unos bollitos blandos y sosos, pero mejor eso que nada) propuse tomarnos un sándwich y nos sacaron dos rebanadas de pan de molde, gordas y sin tostar, con algo de lechuga y unas obleas de jamón cocido y queso de sándwich, francamente decepcionantes y a precios exagerados, más de 10 euros por los sándwiches y dos cervezas, definitivamente Lagos no nos trataba bien.
Visitamos una iglesia y el museo municipal, en el que tienen un poco de todo revuelto y con mucho polvo. Nos volvimos a la auto (4º vez que hacía el camino) y paramos a tomar un café con un dulce, que esta vez si que estaban buenísimos y baratos 1,60€ los cafés y los dulces.
Hicimos un poco de siesta y al despertar había comenzado a llover, así que tuvimos que sacar el paraguas por primera vez en el viaje, visitamos otro par de iglesias y un trozo de muralla, tomamos una cerveza en un lugar desangelado y seguía lloviendo, nos volvimos a la auto (6ª vez que hacíamos el camino) y después de mensajear y llamar a las familias y amistades nos pusimos a improvisar la cena de fin de año, a hora española. Después de todo no estuvo mal: espárragos de Navarra, almejas a la marinera, jamón y lomo de bellota, queso camembert, turrón y cava brut nature catalán, y las uvas, era nuestra primera nochevieja en Austral y brindamos por muchas más. Luego nos echamos a la calle a celebrarlo con los portugueses, que según habíamos percibido tienen la costumbre de cenar en restaurantes y luego salir a ver los fuegos artificiales que se montan en todas las poblaciones, allí estaban en el consabido paseo alrededor de la ría en grupos, con su botellas de cava, el espectáculo tuvo su momento bello, cuando se veían a la vez seis o siete castillos de fuegos artificiales por toda la bahía, desde Lagos hasta, supongo, que Faro.
Después de un rato nos volvimos a dormir, con la esperanza de no tener mucho ruido, aunque pasaban coches con la música a todo volumen, y se oían cohetes de vez en cuando. Había dejado de llover. Ya estábamos doblemente en 2004, a la española y a la portuguesa. La noche fue tranquila.

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