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  Mérida, Cadiz y Córdoba

Nuestra autocaravana (Austral) había cumplido ya un año en el que le habíamos hecho once mil kilómetros y al igual que el año pasado habíamos decidido pasar las navidades y el fin de año fuera de casa, pero por diversas causas no pudimos ponernos en marcha hasta el primero de año.

Teresa y Jesús. Enero 2005
 



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Sanlucar, Covachas


Día 5 Sanlúcar de Barrameda

El día nuevamente amaneció soleado, habíamos planeado ir a pasarlo a Sanlúcar así que después del desayuno y de recoger los bártulos hacía allí nos dirigimos, aparcamos en el paseo marítimo y por la Calzada –amplio paseo que une el casco antiguo con la playa – caminamos hacía el centro, buscando la oficina de turismo, que encontramos en la misma Calzada, enseguida empezamos a sentirnos bien en el lugar, el ambiente, las gentes y los edificios resultaban amables y placenteros, atravesamos la agradable plaza del Cabildo y siguiendo al gentío llegamos hasta el mercado, que visitamos apreciando la frescura de los pescados y mariscos.
A la salida del mercado nos encontramos con “las covachas” friso gótico del XV adosado a la fachada del Palacio de Medina Sidonia, un poco más arriba de la cuesta en la que están encontramos abierta una puerta en el muro y entramos en lo que resultó ser el Auditorio de la Merced, antiguo convento del XVII, y tuvimos la suerte de que había una visita organizada que en ese momento subía a la Torre, así que nos unimos y una vez arriba se disfruta de una espléndida vista de la ciudad, de la playa, del Guadalquivir y del Coto de Doñana.
A la bajada de la torre continuamos por la cuesta de Belén, teníamos a la derecha el Palacio Orleáns y Borbón y a la izquierda el de Medina Sidonia, ambos dominando la ciudad desde lo alto, el de Orleáns actualmente lo ocupa el Ayuntamiento de la ciudad y estaba abierto, así que entramos y contemplamos los magníficos árboles del jardín y la fachada neomudéjar del XIX, según vimos en un cartel hay una ruta botánica por los jardines que con algo más de tiempo seguro que merece la pena hacer.
Recorrimos después algo más de la parte alta y emprendimos el descenso por las callejas hasta volver a la plaza del Cabildo, por allí se veía a bastante gente con roscones de reyes, los había de dos clases unos en caja azul otros en caja amarillo pálido, preguntamos donde podíamos comprar y nos dijeron que allí mismo en la calle Ancha estaban las dos pastelerías que los vendían, fuimos a la que estaba más cerca y no nos gusto su aspecto, luego en la otra tampoco nos gustaban mucho más pero al final lo compramos en la segunda, pues no queríamos quedarnos sin él. Después regresamos a la plaza y nos tomamos una cervecita con tapa en una de las terrazas y se hizo la hora de comer, así que regresamos a Austral y nos fuimos a la zona llamada Bajo de Guía, en plena desembocadura del Guadalquivir justo enfrente del Coto de Doñana, queríamos comer en el afamado Casa Bigote, que nos había recomendado nuestro amigo Arena, aparcamos la auto y en los alrededores había mucha policía y guardia civil, definitivamente el presidente de gobierno hacía el mismo recorrido que nosotros, a esa hora debía estar en Doñana. Entramos en Casa Bigote y dimos cuenta de unas gambas a la plancha y de unas urtas a la espalda verdaderamente memorables, elegimos las gambas en de vez los famosos langostinos de Sanlúcar por gustarnos más y por estar recomendadas como sugerencia del día. Después de la magnífica comida nos fuimos a descansar un rato pero…. no encontrábamos a Austral, después de un par de vueltas por fin la encontramos y después de un ratito de descanso volvimos al paseo marítimo con la intención de caminar por la playa hasta la caída del sol.
Antes de llegar al paseo nos cruzamos con un coche que no paraba de pitar hasta que nos paramos a su altura, y resultó ser un autocaravanista al que le hizo mucha ilusión ver una auto en invierno en su pueblo y se nos ofreció para ayudarnos en lo que necesitáramos. Estuvimos paseando por la playa casi dos horas y disfrutamos mucho con las múltiples y variadas conchas que había por la arena, con los pesqueros que volvían a puerto cargados de pescado (a juzgar por lo hundidas que venían sus popas y por la cantidad de gaviotas que los seguían) con los perros que correteaban por la arena, pero sobre todo por los maravillosos colores que el sol en su descenso iba dejando en el cielo y en el mar, en una infinita gama de amarillos, naranjas, ocres, cárdenos, azules, verdes y añiles con todos los matices y texturas.
Había sido un día estupendo, el mejor hasta ahora del viaje, decidimos que volveremos a Sanlúcar con más tiempo para disfrutarlo más. Además, de una tacada habíamos aprobado tres asignaturas pendientes desde el viaje del año pasado por estas fechas a Portugal: comer marisco, comprar un roscón de reyes y ver una puesta de sol. ¡Que más podíamos pedirle al día! Pero él, generoso, nos deparaba alguna sorpresa todavía:
- Tocaba regresar y la vuelta la hicimos por la acera, que estaba cubierta de arena de la playa y en obras en bastantes tramos, así que nos tocó caminar algún tramo por la calzada y nos llevamos un gran susto, unos energúmenos en un viejo coche casi atropellan a otros caminantes que no iban por la acera debido a las obras, los individuos en cuestión aceleraron a tope contra los caminantes, que consiguieron esquivarlos de milagro dando un salto, nos quedamos lívidos.
- En el camino de regreso al camping nos equivocamos de carretera y nos llegamos sin querer hasta la entrada a la base de Rota.
- Cuando por fin llegamos al camping, nos encontramos con la última sorpresa: una california noruega ocupaba nuestra parcela, y sus ocupantes estaban dentro cenando.
Aparcamos por allí cerca y fuimos andando hasta recepción a quejarnos, allí no sabían nada. Nosotros al salir por la mañana habíamos dicho que volvíamos y además no habíamos pagado. Llamaron al vigilante y dijo que tampoco sabía nada pero que volviéramos a la zona de las parcelas y nos solucionaría el problema, allí llegamos y como habíamos visto nosotros antes no quedaba ninguna parcela libre por allí. La solución pasaba o por mover a los noruegos o por buscar otra parcela en otra zona, como nos íbamos al día siguiente optamos porque nos buscara otra así que nos llevó a una zona cerca de los servicios con parcelas libres, que no nos gustaba por la dificultad de maniobra y por lo bajo de las ramas de los pinos, después fuimos a otra zona y después de un rato encontramos una razonable con toma de corriente cercana, nos quedamos con ella, volvimos sobre nuestros pasos a recoger la auto y regresar para aparcarla definitivamente, cenamos algo y salimos hasta la playa a dar el último paseo del día bajo la noche estrellada. Entre unas cosas y otras seguro que ese día habíamos caminado más de 10 Km.

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Sanlucar, Covachas   Sanucar, palacio
Sanlucar, Covachas   Sanucar, palacio
Puesta de sol   Puesta de sol
Puesta de sol   Puesta de sol
 
     
   
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