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  Mérida, Cadiz y Córdoba

Nuestra autocaravana (Austral) había cumplido ya un año en el que le habíamos hecho once mil kilómetros y al igual que el año pasado habíamos decidido pasar las navidades y el fin de año fuera de casa, pero por diversas causas no pudimos ponernos en marcha hasta el primero de año.

Teresa y Jesús. Enero 2005
 



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Día 3 Mérida – El Puerto de Santa María

El día volvió a amanecer con niebla, aunque se veía menos densa, dejamos Mérida con la sensación de que nos había gustado y la intención de regresar en alguna ocasión. La niebla duró unos 30 Km. aunque ya desde la salida de Mérida se sentía que el sol podría con ella, de camino se nos ocurrió que podíamos hacer una parada en Monesterio para comprar embutidos ibéricos, en una de las múltiples chacinerías que hay, y así lo hicimos, paramos y nos pusimos a recorrer el pueblo, por la acera del sol, hasta encontrar una en la que habíamos comprado hace un par de años, dimos con ella, hicimos nuestra compra y de vuelta compramos un rico pan, ¡qué diferencia con los congelados y superindustrializados que nos venden en Madrid!, tan rico estaba que le metimos mano por el camino y casi tenemos que volver a por más. Desde un poco antes de Monesterio hasta casi Sevilla la carretera (N-630) no es autovía, aunque está en construcción, pero el paisaje era muy bello y el día era luminoso y radiante, se veía a nuestra izquierda el Monasterio de Tentudía enclavado en el monte del mismo nombre (1.110 mts) y desde el que los días claros y limpios se ve hasta Sevilla capital, la carretera entra en la provincia de Huelva y roza las estribaciones de la Sierra de Aracena y pasa por paisajes muy bonitos, se adentra en la provincia de Sevilla y poco a poco va perdiendo altura hasta llegar a la capital andaluza, que circunvalamos sin problema hasta tomar la A-4 y un poco antes del primer peaje paramos a comer al sol que definitivamente había ganado la partida y ya no nos abandonaría en todo el viaje, después de comer entramos a tomar un café y en el poco tiempo que estuvimos allí vimos varias parejas de guardia civiles, luego a lo largo de la autopista comprobamos que había más apostadas a lo largo del camino y un coche patrulla encima de cada puente que cruzábamos, como en la radio habíamos oído que el presidente de gobierno había estado por la mañana en Sevilla, dedujimos que continuaba viaje en la misma dirección que nosotros, a los pocos días comprobaríamos que así era.
Ya teníamos ganas de ver el mar, y por fin al abandonar la autopista en la salida de Puerto Real lo vimos, era la bahía de Cádiz, espléndida como siempre, sin mayor dificultad llegamos al Puerto de Santa María y siguiendo las indicaciones nos dirigimos al camping, bueno diremos mejor la indicación, pues hay una al final de la llamada Ribera del marisco y nada más, el caso es que seguimos toda la calle indicada hasta el final, giramos a la izquierda, por intuición y luego a la derecha y siguiendo el paseo marítimo de la Puntilla llegamos a la entrada del camping. Paramos en recepción, nos contaron que estaban de obras y que no disponían de plazas al sol, que estaban todas ocupadas, para verlas teníamos que rellenar primero la ficha y luego ir a verlas, en fin como las lentejas si las quieres las tomas…., fuimos a ver que era lo disponible, y resultó ser una plaza más bien pequeña pero suficiente, eso sí estábamos rodeados de autos de media Europa (sobre todo alemanes, algún inglés, unos belgas y unos italianos) hicimos el vaciado y llenado de depósitos y enganchamos la toma de corriente y nos fuimos a conocer la ciudad, antes en recepción cogimos un folleto de los autobuses urbanos y lo fuimos estudiando por el camino, la verdad es que resultaba bastante farragoso entender que línea era la más cercana y a que hora salía el último que nos acercara al camping. Echamos a andar, antes de que el sol se ocultara, y tardamos una media hora en llegar al centro, encontramos la oficina de turismo en la que nos dieron información de la ciudad y preguntamos por el horario de los autobuses, el muchacho que nos atendió estuvo consultando sus documentos para al final recomendarnos que mejor nos acercábamos a un quiosco que la empresa municipal de transportes tiene en el paseo de la ribera del marisco. Así que para allá nos fuimos y nos dieron más información sobre recorridos pero sobre el último autobús que podíamos coger para ir al camping no estaba la cosa clara en los papeles, menos mal que estaba por allí un conductor que después de pensar en voz alta nos contó que podíamos coger 2 diferentes uno hacia las 21,45 y el otro a hacia las 22.00 (nos acercamos cada vez más a Europa). Una vez conocidos los horarios nos fuimos a caminar por el centro de la ciudad, dimos con una de las pocas calles peatonales y esta nos llevó hasta otra muy concurrida que salía al mercado (circular) y en cuyos alrededores había muchos tenderetes y una gran cantidad de gente, tanto bullicio nos recordó a las ciudades tunecinas en las que estuvimos hace un par de años por estas mismas fechas.
De la primera ojeada que había echado a los folletos que nos dieron en turismo recordaba que por allí estaba la taberna – bodega más antigua de la ciudad y hacia allí nos encaminamos, pero cuando quise precisar la dirección me di cuenta de que había perdido los folletos, se me habían caído del bolsillo del pantalón donde los guardé, y lo peor es que también había perdido la información de los autobuses, decidimos volver sobre nuestros pasos para intentar recuperarlos, cuando llegamos a turismo ya estaba cerrado, y en el quiosco de la empresa de transportes nos volvieron a dar los itinerarios de los autobuses, pero ya no estaba el conductor y a la chica era mejor no preguntarla pues no se aclaraba mucho. Decidimos volver a hacer otra vez el camino despacio mirando al suelo y casi donde nos habíamos dado la vuelta los encontramos y milagrosamente estaban limpios, nadie los había pisado. Miramos el reloj y decidimos que ya era hora de empezar a buscar algún lugar para tomar algo, en turismo nos habían dicho que los mejores sitios estaban en los alrededores de la ribera del marisco, aunque el día no era el más apropiado –lunes después de dos festivos y medio– lo primero que visitamos fue el omnipresente Romerijo, y no nos convenció, el marisco era como mínimo de antes de nochevieja y el pescaíto además de escaso lucía bastante triste, además los locales estaban prácticamente ausentes de clientela, continuamos la búsqueda viendo bastantes lugares cerrados o vacíos, el reloj corría y había que decidirse si no queríamos volver andando al camping, así que al final entramos en un mesón que tenía clientela, aunque la mayoría foráneos como nosotros, y nos tomamos una ensaladilla y unas tortillitas de camarones bastante decepcionantes y nada baratos. Por fin tomamos el primero de los dos autobuses que nos acercaban al camping, la temperatura había bajado pero no hacía frío, el sur es el sur.
Al llegar a la zona donde estaban las autos no dábamos crédito a lo que veíamos: ¡iluminaciones navideñas dentro y en los aledaños de muchas de las autos! No pude resistirlo y antes de acostarme tomé un par de fotos del “espectáculo”.

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