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  Los cerezos huidizos, Semana Santa 2005 en Cáceres

¿Quién no ha oído hablar del Valle del Jerte y sus cerezos? ¿Quién no del espectáculo de la floración de un millón de árboles frutales? ¿De las laderas cubiertas de flores blancas? ¿Del Valle de la Vera y sus pueblecitos? ¿De los buitres negros de Monfragüe? ¿Quién no conoce, en suma, el encanto de Extremadura?....

Joaquín Granados, "Quincho". Marzo 2005
 



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Garganta la Olla


Miércoles, 23 de Marzo

La del Alba sería, o poco menos, cuando, y para empezar bien el día, Adriancillo me saca de la cama.... y aun no son las 7 de la mañana. Pues vale, hombre. Pues qué bien. Desayunamos tranquilamente, jugamos, contamos cuentos y, al final, el resto de la expedición va abriendo el ojo. Aparece un guardia del Parque Natural, muy amable, que nos dice que, por favor, despejemos el aparcamiento antes de que empiece a llegar mucha gente, porque esperan una afluencia de coches más que considerable. Como el guarda tiene sobrada razón, y nosotros ya no hacemos nada en este aparcamiento, aparejamos nada más desayunar, camino (pensamos) de Yuste. Y digo “pensamos”, porque no sé qué tontería hago con el GPS, que comando la expedición hacia Trujillo. Cuando nos damos cuenta, tenemos que desandar unos kilometrillos de nada. Y, a todo esto, necesitamos urgentemente una gasolinera, porque nos desborda el agua sucia, de modo que cogemos hacia Malpartida de Plasencia. Y ya estamos llegando, cuando nuestra suerte hace su aparición más inesperada, en forma de vuelco de una garrafa de aceite, con cosa de 3 litros, que no habíamos asegurado bien. Renuncio a describir la que se nos monta, pero si alguien quiere hacerse idea, le aconsejo que visite la churrería más cercana y meta la nariz en el aceite (antes de hervir, que luego hace pupa): ese es un indicio, más bien pálido, de cómo nos olía la autocaravana después de recoger todo el aceite y pegar unas cuantas fregadas.
Con la autocaravana bien aceitada y demás, nos vamos acercando al valle de la Vera y, entre uno y otro fregoteo, se nos hace la hora de comer en Jaraiz de la Vera. Otrosí, llovizna un poco, así que nos vamos de restaurante, que las penas con pan, son menos. Y muchas ganas de cocinar no nos quedaban, con todo lo que llevábamos olfateado.
Tras la comida (por cierto, el cochinillo estaba para chuparse los dedos), vamos al Monasterio de Yuste. Mucha gente en las visitas guiadas, pero son las únicas que permiten. La visita al Monasterio no es gran cosa; está muy orientada a los recuerdos de la estancia de Carlos I, de forma que se visitan las salas que ocupó el Emperador, que son de ascetismo monacal (nunca mejor dicho), pero no el Monasterio en sí. El sitio, en cambio, sí que está bien elegido, en medio de un bosque rebosante de verdor (y barro, ya que entramos en detalles). Damos un pequeño paseo por una ladera, y nos embarcamos hacia nuestro siguiente destino: Garganta la Olla, muy recomendado en todas las guías.
Guías que no previenen de un entusiasta aparca coches local, que nos indica donde dejar las autocaravanas (la verdad es que el pueblo está abarrotado, de forma que no parecía tarea fácil), pero que guiándole una maniobra a Xavi le lleva a hacerse un bollo con un pilón de recio granito. Maldiciendo de nuestra suerte, pero con buen ojo de tasador, evaluamos lo que va a costar la broma: como mucho, como mucho, 600 euros, que es la fianza que dejó al alquilar la autocaravana. Como poco, como poco, ya veremos (a ver cómo le tratan cuando la devuelva). Después de eso, visitamos el pueblo, que no está mal, pero no es para tanto como decían (o es que estamos un poco depre con tanto sobresalto). Lo que sí es notable es el emplazamiento del pueblo, más que el pueblo en sí.
Y a dormir, al aparcamiento del Monasterio de Yuste. Mientras esperábamos para hacer la visita, ya habíamos visto que había una zona no muy inclinada, y una buena dotación de vigilantes de una empresa de seguridad. Les preguntamos si podemos pernoctar, y no nos ponen ninguna pega; al contrario, ellos mismos nos aconsejan que lo hagamos, ya que tenemos vigilancia 24 horas. Pues muy agradecidos, muchachos. Durante la cena, aparecen un buen número de autocaravanas, incluyendo a una de la Unió d’Autocaravanistes que nos vamos a ir encontrando los días siguientes. Recuerdos.

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