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  El Marruecos que nadie ve: lugares insólitos

Muchos viajeros dicen que conocen muy bien Marruecos porque han ido dos, tres o varias veces, y no es así, conocen lo usual de las rutas, pero no lugares mágicos y magníficos que escapan de las rutas habituales
En este relato tratare de trasladar lugares que no son usuales para el turismo.

Macarena y Piky Sierra Abueletes. Diciembre 2019
 



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La Mezquita Tinmel, el origen del Imperio Almohade

La Mezquita Tinmel, ubicada a unos 80 kilómetros al sur de Marrakech, en las montañas del Anti Atlas en la dirección de Taroudant, fue construida por los almohades el año 1153 y es el punto de partida del último y más grande imperio del Magreb.

Esta mezquita es importante por todo un conjunto de particularidades que se aglutinan en torno a ella: Desde el punto de vista arquitectónico, inauguró un estilo que tuvo su continuidad en la Koutubia de Marrakech y se extendió posteriormente en todos aquellos lugares en los que los almohades alcanzaron el poder; Desde el punto de vista político, se le considera punto de partida del Imperio de los almohades que se extendió hasta Trípoli, Al Ándalus y el África Subsahariana; Desde el punto de vista religioso, supuso la génesis de la filosofía de los Al-Muwahhidun, “los que reconocen la unidad de Dios”, los almohades; y en la actualidad, se trata de la única mezquita de Marruecos, junto a la de Hassan II en Casablanca que ofrece la posibilidad de acceso a los no creyentes.

IbnTumart, en el inicio de la renovación de un Imperio

IbnTumart fue un clérigo bereber nacido al sur de Marruecos que, en época de los almorávides, y tras haber pasado por Al-Ándalus, Irak, Siria y La Meca, regresó a Marruecos donde desarrolló una teología propia (kalam) basada en la unidad de Allah y en el retorno a los preceptos coránicos perdidos, según él, por la laxitud de la dinastía reinante.

Si bien en un principio, el Imperio de los Almorávides también surgió con este afán renovador, sus dirigentes aplicaban la doctrina maliquí, que admitía las costumbres consuetudinarias de la ciudad de Medina durante la vida del profeta, es decir, hacia validos algunas prácticas previas a la existencia del Corán.

IbnTumart hizo de la ortodoxia su bandera y fue expulsado, por ello de no pocos lugares. También le ocurrió en Marruecos, donde tuvo que huir a las montañas del Atlas para evitar la ejecución por revolucionario.

Y fue allí, en un lugar próximo a donde se erige la Mezquita Tinmel donde comenzó a predicar y en poco tiempo se hizo con un ejército de seguidores de su doctrina de entre las tribus bereberes de las montañas, recelosos del poder de los almorávides, que comenzaron a ser conocidos como los Al-Muwahhidun, los almohades.

Abd al-Mumin, líder de una de estas tribus, se convirtió en brazo armado de la revolucionaria doctrina de Tumart. Y tras un ataque fallido por parte de los almorávides a la zona de Tinmel, los almohades se aventuraron a la que fue una conquista desastrosa de Marrakech, capital del Imperio Almorávide, donde murió IbnTumart.

Abd al-Mumin mantuvo en secreto su muerte hasta que reorganizó su ejército y se autoproclamó califa. Comenzó entonces una nueva estrategia conquistadora, haciéndose con Tremecén, Fez y, por último, Marrakech en 1147. El Imperio Almorávide había caído y comenzaba, a partir de entonces, una época de conquistas muy próspera para Marruecos.

Tinmel, “La mezquita blanca”

IbnTumart, había levantado una mezquita en Tinmel en la que impartía sus enseñanzas. El templo se hallaba en un lugar privilegiado rodeado de murallas en la que vivía una importante comunidad de la que ya no queda más rastro que las pequeñas casas de montaña actuales.

Con la toma de Marrakech, Tinmel se convierte en lugar de peregrinación esencial y centro cultural del Imperio, y Abd al-Mumin emprende un proyecto de restauración de la mezquita original, ordenando construir, en 1153, una nueva sobre la de IbnTumart que la convierte en arquetipo de la arquitectura almohade que se difundirá por el Magreb y Al-Ándalus en los siglos sucesivos.

Símbolo de un poder nuevo, el rigor espiritual y el carácter militar se unen en la geometría de Tinmel, que servirá como modelo a la Koutubia, la Torre Hassan y la Giralda de Sevilla. Y aunque por fuera, la mezquita parece más una fortificación que un centro de culto, es en su interior donde despliega toda su belleza tanto en su distribución y decoración ornamental, como en el tono rojizo de las construcciones de los países árabes que tanta emoción me provocan.

La mezquita Tinmel fue conocida en sus orígenes como “La Mezquita Blanca” por la ausencia de pintura en su interior. Los fundadores de la dinastía Almohade predicaron pureza y naturalidad y ahuyentaron los artificios que son perjudiciales para la naturaleza pura.

Los que saben sobre matemáticas y arquitectura dicen que en Tinmel se da una combinación de simetría en perfecta armonía por un esquema compuesto por un cuadrado y un triángulo equilátero.

El edificio conforma un cuadrado casi perfecto en sus dimensiones (48 x 43,60), casi unos 1800 m2. El patio y la sala de oración se distribuyen en nueve naves longitudinales y perpendiculares a la qibla (muro orientado a la Meca). La nave central y la de la qibla son más anchas formando un diseño en “T”: Es, en realidad, un cálculo matemático cuya finalidad es que la atención se fije en el mihrab.

Es partir de la mezquita Tinmel cuando se adopta esta costumbre, iniciada por los almohades precisamente aquí, de ubicar las naves de manera perpendicular al muro principal que se dirige a la Meca, que es lo que se conoce como Quibla y marca la orientación de los fieles en la oración.

En el centro del muro de la quibla, en Tin Mal, se ubica el minarete, lo cual es bastante inusual, pues lo habitual es encontrarlo en una de sus esquinas.

Hecho en piedra, hoy sólo conserva tres de los seis pisos que debió tener y, en su interior, conserva el mirab ricamente ornamenta que señala a la Meca-.

Sin techo, desaparecido durante el abandono centenario que sufrió tras la decadencia de la dinastía almohade, la mezquita y sus naves están hoy abiertas. En medio del patio se encuentran los restos de una fuente de abluciones.

Muchos de los pilares no se han tocado y aún conservan vestigios de la arquitectura floral original y la decoración geométrica

Los almohades introdujeron novedades de importancia que luego se tomaría como modelo para las mezquitas en el Magreb. Fueron los iniciadores de los arcos lobulados y el empleo de pilares. La ornamentación austera en un principio, se vuelve más intensa a medida que nos acercamos a la zona del mihrab. De esta manera, los arcos de herradura muy elevados, se convierten en arcos con muqarnas, ornamentación floral, como palmeras y el empleo de la geometría. Todo ello realizado en estuco.

La madera utilizada es original de cedro, así como las cúpulas que aún se conservan a ambos lados del mihrab.

Varios sultanes de la dinastía almohade, incluyendo a IbnToumart, fueron enterrados en un cementerio contiguo a la mezquita, del cual no encontramos rastro. La mezquita también habría albergado una biblioteca rica; y una bodega en el sótano, según algunos historiadores que trabajaron en el siglo XVII en las estructuras sociales y tribales del Alto Atlas, y que evocaron en su trabajo de manera subsidiaria la mezquita de Tinmel.

Será por su ubicación, su variedad y su decoración una fuente donde muchos monumentos vendrán en busca de inspiración.  Y así, esta decoración, ya sea floral (palmeras, flores, tracería) o geométrica, el arte de Tinmel se convertirá en referencia para el futuro del mundo musulmán de Occidente.

Un lugar recuperado para el Patrimonio Marroquí

Sumida en el olvido durante cientos de años tras la caída del Imperio Almohade, sólo la especial mezcla de cemento utilizado por los almohades (guijo y tierra con alto contenido en cal) y el tesón de los habitantes cercanos a Tinmel impidieron la desaparición de un edificio sumido en la más profunda ruina.

Nosotros conocimos la mezquita hace unos 40 años cuando mis hijos eran muy pequeños y teníamos un Land Rover 6 cilindros, que aun recuerdo que subiendo hacia la mezquita, llevamos a varios caminantes agarrados hasta en los espejos, y todo estaba en ruinas.

Por suerte, gracias a la colaboración del mecenazgo privado y el Ministerio de Asuntos Culturales marroquí, en 1997 y tras dos años de trabajos y nueve millones de dírhams, se inauguró una renovada Mezquita Tinmel.

El interés por recuperar la mezquita de Tinmel no surge hasta las primeras décadas del siglo XX. Diversas campañas de restauración llevadas a cabo sin el necesario rigor científico y las lluvias torrenciales caídas en la región a finales de los años ochenta condujeron a una situación crítica, en la que el edificio amenazaba con desplomarse.

Es entonces cuando la Fundación ONA, una institución cultural presidida por Fuad Filali, lanza en 1990 la iniciativa de “Salvar Tinmel”, un ejemplo de mecenazgo de empresa coronado por el éxito.

A partir de entonces, han surgido algunos otros proyectos de interés que pretenden una recuperación integral del edificio. A lo que ha contribuído su adhesión a la Lista indicativa del Patrimonio Mundial de la UNESCO en la categoría cultural, en 1995.

Aunque la visita a la Mezquita Tinmel se puede realizar en una excursión de un día desde Marrakech, no son muchos los viajeros que se aventuran en este camino, quizá por el desconocimiento sobre su existencia o quizás porque les atraen más todos los lugares curiosos y cercanos que se pueden ver en otras excursiones. Supongo que habrá quien piense que se trata de un largo camino sólo para ver una mezquita. Aunque a mí me mereció muchísimo la pena y no podré jamás transmitir con palabras la emoción y la fascinación que me supuso visitar este lugar.

En cualquier caso, el camino para llegar hasta la Mezquita no es fácil y, aunque entretenido y bello, transcurre por una carretera estrecha y sinuosa que atraviesa las montañas del Anti Atlas, a la que afectan las nevadas en invierno.

Durante el trayecto se pueden contemplar los altos picos nevados de la cordillera y los curiosos pueblos de montaña colgados en la roca. Incluso alguna que otra construcción que se aventura a ser ya la Mezquita. No hay cafetines, no hay arcenes, no hay merenderos. Así que el camino hay que hacerlo y deshacerlo en un avanzar precavido y lento. Pudiendo continuar hacia Taroudant pues la carretera mejora

Aunque la mezquita se puede observar ya desde la carretera, el acceso se halla bien señalizado por un caminito de tierra que atraviesa un río caudaloso y limpio proveniente de las aguas del deshielo.

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