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  El Marruecos que nadie ve: lugares insólitos

Muchos viajeros dicen que conocen muy bien Marruecos porque han ido dos, tres o varias veces, y no es así, conocen lo usual de las rutas, pero no lugares mágicos y magníficos que escapan de las rutas habituales
En este relato tratare de trasladar lugares que no son usuales para el turismo.

Macarena y Piky Sierra Abueletes. Diciembre 2019
 



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Las Esculturas del Land Art

El Land Art, Earth Art o Earthwork es una corriente de arte contemporáneo que nace en el desierto estadounidense durante la década de los sesenta, en la que se unen obra y paisaje. La naturaleza es la materia prima para la elaboración de la obra que interviene en la naturaleza misma, es decir, se trata de una mezcla de arquitectura paisajística y escultura en la que ambas llegan a mezclarse en un todo único. Las obras se mantienen en exteriores, expuestas a los cambios y la erosión del entorno natural, por lo que muchas de ellas han ido desapareciendo; pero en el Tafilalet, muy cerca de la localidad de Erfoud, se ha mantenido a través de los años la obra del alemán Hannsjönrg Voth como una rara maravilla que emerge en el horizonte

Teníamos pensado visitar las esculturas del Land Art por la mañana, pero ¡Nos perdimos! Pese a que llevábamos GPS, se nos estropeó, y el navegador del móvil no tiene cobertura en este concreto lugar del desierto. Así que tras dar unas cuantas vueltas, decidimos volver a la carretera. Lo cierto que andar de un lado a otro en medio del desierto sin GPS y sin ninguna referencia es una gran imprudencia; así que empleamos la mañana en visitar las Khetaras.

Después de comer, decidimos imprudentemente adentrarnos en el desierto para ver las esculturas. Hay dos formas de llegar hasta ellas:

1.- La primera, es a través de una pista de 30 kilómetros que sale tras el Hotel Xaluca; claro que allí pistas hay muchas., El Xaluca se encuentra a la derecha antes de entrar a Erfoud muy cerca del camping Carla

2.- La segunda, por la carretera de Erfoud a Tinejdad, tras 25 km pasado el pueblo de Ksar Jdid, a la derecha. De allí sale una pista de unos 5 km que desemboca en una de las esculturas, la espiral áurea. El problema de este acceso es que hay que atravesar un río con un terreno bastante inestable y, aunque el caudal del río no es abundante, el barro puede hacer que el vehículo se quede atascado. . Por ello lo razonable es dejar la Ac en un lugar seguro e ir con un taxi

Hannsjönrg Voth es un artista alemán, nacido en 1940, que en la década de los 80 pasa seis meses en el desierto marroquí del Sahara, dicen, que estudiando los mitos locales y sus signos culturales. Y es allí donde escoge la llanura de Marha para construir, en lo que él considera el “paisaje cero”, la primera de sus obras en barro ayudado por obreros locales: La escalera celeste.

Pero seis años más tarde, Voth vuelve a Erfoud para completar su obra y emprende dos nuevos proyectos que completarán su personal visión del cosmos. Surgen entonces la Espiral Áurea primero, y la Ciudad Orión después, finalizada en 2003.

La Escalera Celeste es una construcción, una escalera, de 30 metros de altura en medio de la nada a la que impresiona contemplar. Sus 52 escalones, que se van estrechando en el ascenso, dan acceso a la parte alta en la que se encuentra una abertura vertical. Desde arriba, se desciende por una escalera “de mano” a través de diferentes habitaciones encaladas y vacías, con el suelo y el techo de madera.

El siguiente trabajo, la Espiral Áurea, es un muro de 260 metros que se va elevando desde el suelo, en forma de espiral, hasta alcanzar en el centro una altura de seis metros. El terreno asciende conjuntamente con la estructura del muro y termina convertido en el techo de la espiral que alberga en su parte inferior una serie de habitaciones. La estructura realiza un continuo movimiento en espiral hacia arriba y abajo. Una escalera de caracol finaliza en un pozo que se encuentra en el centro y, desde éste, a través de una serie de escalones, se accede a una barca sobre el agua, cuando hay agua

Es difícil explicar con palabras la estructura de esta construcción, máxime si se trata de la obra de un artista que no sigue convencionalismos y que lo que trata de expresar es su propia visión del cosmos, su exterior es algo parecido a la concha de un nautilus.

Por último, la Ciudad de Orión es un conjunto arquitectónico compuesto por siete torres de barro que se elevan desde la arena y se confunden con el paisaje del desierto representando, en tres dimensiones, la constelación de Orión, las más conocidos del cielo y reconocida desde ambos hemisferios.

Las tres esculturas forman parte de un conjunto arquitectónico y se encuentran separadas unas de otras por uno o dos kilómetros, así que desde cada una de ellas se pueden ver las otras. Entrando desde la pista del Hotel Xaluca, la primera que se contempla es la Escalera Celeste; mientras que si el acceso es por el río, se llega primero a la Espiral Áurea.

La visita a las tres es gratuita y cada una de ellas se encuentra vigilada por un guarda que, por una propina, puede hacer las veces de guía.

Por lo general, la visita se hace en una soledad absoluta, lo que incrementa el halo de magia que envuelve a las tres esculturas. En la nuestra, únicamente nos cruzamos con un grupo de tres motoristas que venían de contemplarlas en su ruta por las pistas del desierto...

Por el camino, paramos en la pobre jaima de una joven, absolutamente desgastada por el sol y la arena, que salió a recibirnos con dos pequeños: un bebé a la espalda y otro, que rondaría los dos años, de la mano ¿Cómo puede vivir alguien todavía en semejantes condiciones? ¿Y en ese lugar? ¿Qué comen? ¿Dónde encuentran el agua? ¡Madre mía!

Siempre llevamos algo para regalar a los niños: juguetillos, algunos caramelos…

Y la señora, allí, en medio de la nada, nos lo agradeció como sólo quienes no tienen absolutamente nada saben agradecer el más mínimo detalle. No hablaba, por supuesto, ningún idioma conocido, pero se hizo entender para invitarnos a un té. Declinamos la invitación haciéndole saber que quedaban pocas horas hasta la puesta de sol y que, de entretenernos, no habría posibilidad de encontrar el camino de vuelta.

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