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  El Marruecos que nadie ve: lugares insólitos

Muchos viajeros dicen que conocen muy bien Marruecos porque han ido dos, tres o varias veces, y no es así, conocen lo usual de las rutas, pero no lugares mágicos y magníficos que escapan de las rutas habituales
En este relato tratare de trasladar lugares que no son usuales para el turismo.

Macarena y Piky Sierra Abueletes. Diciembre 2019
 



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Crómlech De Mzora

También conocido como “Círculo de Larache”, está situado a 25 km al este de Larache y a 15 al sureste de Asilah.En la Kabila de Sidi el Yamani. Se trata del único monumento megalítico de Marruecos, aunque no es el único vestigio que podemos encontrar en el país de la prehistoria, pues, además de los grabados y pinturas rupestres, en el interior de Marruecos se encuentran decenas de túmulos neolíticos. Mzora, en bereber, se traduce como “la visitada”.

Un cromlech es un monumento megalítico formado por menhires introducidos en el suelo para formar, en su conjunto, una forma circular.

La palabra cromlech deriva del inglés y significa “piedra plana colocada en curva” y, aunque la palabra, en inglés, se usa para dólmenes, en francés y castellano, su uso es el de “círculo de piedras”.

Debido a la ausencia de fuentes escritas sobre estos monumentos prehistóricos, los investigadores han interpretado que, originariamente, se trataba de monumentos funerarios que rodeaban a los dólmenes y túmulos, más tarde sin embargo, pudieron convertirse en monumentos sagrados y, en algunos casos, sirvieron como templos.

Los cromlech son menos frecuentes que otro tipo de monumentos megalíticos y la mayoría, están datados en la edad de bronce. Existen círculos de piedra en casi todo el mundo, pero en el África Occidental, sólo pueden encontrarse en Senegal y Gambia y aquí, en Marruecos, en Mzora.

El cromlech de Mzora

Fue César Luis Montalván quién llevó a cabo las excavaciones que, en Mzora, entre 1935 y 1936, sacaron a la luz el cromlech. En los trabajos se encontraron restos mortales incinerados, una espada de hierro, un arma de acero con inscripciones y conchas de tortugas, puntas de lanza y algunos objetos de alfarería. Pero la labor del investigador español fue interrumpida por la Guerra Civil y su arresto por el General Francisco Franco.

Las labores de excavación e investigación en la zona fueron retomadas posteriormente y, en 1980, una cooperación auspiciada por el gobierno de Marruecos entre científicos marroquíes y una Misión Prehistórica Francesa terminó de dar forma a las conclusiones a las que había llegado Montalván cincuenta años atrás.

El centro del conjunto de Mzora es un túmulo en cuyo interior parece que hubo una cámara funeraria. El montículo, de forma elíptica, mide 58 metros de diámetro de este a oeste, y cuatro metros menos de norte a sur. Su punto más alto tiene 6 metros y se encuentra rodeado por 167 monolitos de diversos tamaños, aunque el más alto, “el Uted” (el mástil), mide 5,34 metros.

Los investigadores datan la construcción del círculo de piedra en la Edad de Hierro –entre el III y IV milenio a.C.- y, según la leyenda, aquí es donde se encontraría la tumba del gigante Anteo después que Hércules le diera muerte; no obstante, se cree que el centro del cromlech fue reutilizado en el siglo III a.C. como panteón megalítico de algún rey indígena.

Dicen que el Crómlech de Mzora, por sus características y las herramientas usadas en su construcción, podría pertenecer a la misma cultura que construyó los sitios megalíticos de Francia, Gran Bretaña o Irlanda porque los cálculos numéricos empleados en Mzora (el triángulo rectángulo de Pitágoras con la relación de 12, 35, 37) son los mismos que los empleados en las construcciones británicas.

Hubo un tiempo en que Mzora estuvo abandonada a su suerte y muchos habitantes de la zona utilizaron los megalitos para fines domésticos, hoy día, gracias a Dios, la zona se encuentra acotada y con un guarda a su cargo

No es difícil llegar hasta la zona del Crómlech de Mzora desde que se asfaltó la carretera de acceso. Por el camino, ya comienzan a verse las primeras piedras del mismo tipo que las utilizadas en los menhires de Mzora.

Al llegar al círculo de piedras, un pequeño muro con una verja de hierro acota la zona. Tocamos el claxon. Parece que no hay nadie. Bordeamos el muro y, al poco, nos sale al paso un señor muy mayor con Parkinson que nos abre la cancela para posibilitarnos el acceso. Con su gorro de paja y su bastón, no se despega de nosotros durante nuestra visita, pero no nos dice nada. No habla español. Nos deja curiosear, hacer fotos, tomarnos todo el tiempo del mundo y, finalizada la visita, nos pide 50 Dh por persona, que por supuesto no pagamos porque, hasta en estas cosas, hay que regatear en Marruecos; y es una pena porque el precio del acceso a estos lugares debería estar tasado. Por suerte, Mzoura ha dejado de ser un lugar abandonado, para terminar convirtiéndose en un lugar, que sin ser para nada turístico, ha captado la atención de las autoridades.

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