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  El Marruecos que nadie ve: lugares insólitos

Muchos viajeros dicen que conocen muy bien Marruecos porque han ido dos, tres o varias veces, y no es así, conocen lo usual de las rutas, pero no lugares mágicos y magníficos que escapan de las rutas habituales
En este relato tratare de trasladar lugares que no son usuales para el turismo.

Macarena y Piky Sierra Abueletes. Diciembre 2019
 



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Petroglifos del Sur de Marruecos

Hubo un tiempo, hace miles de años, en el que el Sur de Marruecos no era un desierto, sino una tierra fértil plagada de flora y fauna. En aquel tiempo, las llanuras daban alimento y cobijo a los cazadores y recolectores del Neolítico y los caudalosos ríos se encontraban llenos de especies acuáticas. Fue entonces, cuando el ser humano que habitaba en el Norte de África, como en otros muchos lugares del mundo, transformó en arte lo que para él formaba parte de su vida cotidiana.

Dejamos Nkob en busca de los petroglifos del Sur de Marruecos. Después de haber visto los grabados rupestres, nos hacía mucha ilusión comprobar cómo serían estos, pues   sabíamos que eran muy diferentes en su ubicación, su técnica y sus representaciones.

Pasamos de largo por Tazzarine, un pueblo grande que bordea el valle del Draa. Su palmeral es uno de los últimos antes de la hammada y, por su ubicación, en el pasado, fue paso obligado para las caravanas “azalai” que iban y venían de Norte a Sur transportando principalmente sal, pero también oro, esclavos, azúcar y cuero al Tafilalt y Marrakech. Por esto, y aunque hoy Tazzarine es una población sin mucho interés, ha conservado esta diversidad en su población, principalmente bereber, con los que conviven descendientes de los almorávides, chorfas, y gnawas. Incluso hubo un tiempo que en su gran mellah, albergó a los judíos sefardíes de la diáspora. Y por eso también, el nombre de Tazzarine proviene de Tizzri, que significa “reunión”

Acceder a los petroglifos no es tarea fácil, más si se anda arriba y abajo por pistas sin señalizar, y sin señal GPS. Pero llegar, llegamos y verlos los vimos, pero alquilando un coche

Se hallan ubicados encima de un promontorio que domina una llanura con las montañas al fondo y, a cargo de su cuidado, hay un amable guarda que habita permanentemente en una especie de garita. La visita es gratuita, y el guarda te acompaña, explicando en un lenguaje que aúna el castellano, el francés y el tamazight, lo que en su escaso nivel cultural y su gran nivel de familiaridad con los grabados. A diferencia de los grabados del Sáhara hechos sobre grandes planchas de roca incrustadas en el suelo, estos petroglifos están realizados sobre piedras acumuladas en pequeñas montañas y han sido “acordonadas” con unos palos y un pequeño alambre en la búsqueda, quizá, de su balizamiento o de su protección frente a actos de expolio y vandalismo, pues sobre algunas de ellas hay burdos grabados recientes realizados quién sabe si por pastores, habitantes de la zona o simplemente gamberros.

Las rocas tampoco son iguales. Si los primeros grabados que vimos se realizaron sobre cuarcita negra, las piedras aquí eran de arenisca y parecía más fácil haber realizado las incisiones sobre ellas. Mientras las primeras mostraban dibujos punteados en la roca, en éstas, los dibujos parecían haberse hecho mediante la fricción contra la roca de un objeto romo.

¿Y cómo puede ser que el hombre habitara una vez este lugar ahora tan inhóspito y en sus representaciones aparezcan grandes mamíferos más propios de la selva que del desierto?

El Sáhara, durante un período de unos 5.000 años –se estima que entre el 11.500 y el 5.000 a.c- fue una zona húmeda y rica en recursos naturales. Numerosos estudios científicos acreditan la existencia de lluvias abundantes que alimentaban ríos, lagos y acuíferos. Y aparte de los petroglifos y los grabados extendidos por todo el desierto del Sáhara, la presencia de fósiles en la zona ha permanecido como huella imborrable del pasado del desierto.la

Palabra petroglifo deriva del griego: “petros” significa piedra y “glyphein”, tallar. El petroglifo es, en realidad, un dibujo tallado sobre una roca sobre cuya finalidad parece que nadie está de acuerdo.

Dentro de los petroglifos, también hay “estilos artísticos” y estos se encuadran dentro del estilo tazina, en el que se incardinan los animales de perfil deformado y de longitud exagerada en cuello, cuernos y extremidades. Entre los animales, pueden distinguirse elegantes, rinocerontes, antílopes, gacelas, avestruces, monos, jirafas, etc. Junto a las representaciones de animales, se han hallado otro tipo de representaciones geométricas y abstractas, catalogadas algunas de ellas como juegos. Y es que, al parecer, existen estilos de diferentes épocas en este mismo contexto espacial. Y, en la zona también hay un menhir.

La visión de todos aquellos dibujos que tanto nos acercaban a la Historia de un Sáhara húmedo y poblado, finalizó con un té en la caseta del guarda, al que le dimos una propina.

Por el camino de vuelta, salieron al paso multitud de niños. Pequeños, descalzos, despeinados y cogidos de la mano, nos íbamos encontrando grupitos a lo largo del camino. Siempre que vamos a Marruecos llenamos el arcón, de ropa, juguetes y caramelos. La pobreza en este país es inacabable, así que no perdí oportunidad para sacar una sonrisa a todos, creo que a todos ellos. Lo que nos supuso el debatirnos si habíamos divertido más viendo los petroglifos o disfrutando de tanta sonrisa infantil junta.

Paramos por el camino a tomar una coca-cola en un pequeño cafetín del camino, cuando se produjo la anécdota más hilarante de todo el viaje. Había un señor mayor que chapurreaba el castellano a duras penas. La verdad es que, en Marruecos, a casi todo el mundo le encanta mantener una conversación con el extranjero: en los lugares grandes, para venderte algo, en los pequeños, por el placer de conversar y tener un nuevo tema del que hablar con los vecinos. La conversación comenzó con él “de dónde sois”, “donde vais”, “de donde venís”,… Lo típico.

A Enrique se le ocurrió decirle al hombre que veníamos de ver “las pinturas rupestres”, a lo que el hombre contestó “¿Qué son rupestres? ¡Yo no sé qué son rupestres!” Y a mí, ya comenzó a darme la risa. Así que Enrique le dijo: “las pinturas de los antiguos”. A lo que el hombre contesta: “¿Antiguos? ¿Antiguos cuánto? ¿Cien, cincuenta años?” Yo ya me estaba casi tronchando. Enrique le dice “No, no. Antiguos prehistóricos” y el pobre hombre, le contesta “Yo no conozco a los prehistóricos esos, lo siento”. En medio de aquella conversación tan absurda, había otro señor hablando por el móvil, pero que quería estar “en el plato y la tajá”, pues la llamada lo pilló al llegar nosotros y no debió de venirle muy bien para enterarse de lo que hablábamos. Supongo que estaba pillando algo de nuestra conversación sobre “pinturas rupestres”, así que colgó rápidamente el teléfono, se dirigió a Enrique y muy serio le dijo “¿Tú qué quieres? ¿Estás buscando pintura? ¿Para pintar la casa?” Y yo ya ahí comencé a llorar de la risa.

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