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  DESCUBRIENDO EL CABO DE GATA

Hacía años que teníamos el Cabo de Gata en el punto de mira, pero nos costaba encontrar el momento y la combinación de tiempo-época del año ideal para visitarlo

Toni de Ros. Abril 2019
 



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Casas de las Salinas de Cabo de Gata


Miércoles 17 de abril: Cabo de Gata - Rodalquilar - El Palomar (Valencia) (381 km)

Noche tranquilísima frente al mar. Tan tranquilos estamos que, por primera vez en mucho tiempo, nos despertamos a las 9:15, hemos dormido como lirones y nuestros despertadores biológicos se han tomado el día libre.

Hoy será nuestro último día en Cabo de Gata, aunque desde el principio de etas vacaciones venimos repitiéndonos que se trat sólo de una toma de contacto, que nos ha encantado la zona y que volveremos con tiempo más adelante, cuando nuestras actuales obligaciones laborales nos concedan la tregua indefinida.

Nos quedan pocas cosas por ver de las que marcamos como interesantes en la oficina de turismo, a saber las salinas que tenemos al lado con los correspondientes avistamientos de flamencos y las minas abandonadas de Rodalquilar. Empezamos por las primeras ya que las tenemos aquí mismo, pero nos desplazamos ya en la autocaravana y aparcamos junto a las casas de los salineros. Se trata de un conjunto de habitajes todos iguales que en un principio estaban destinados a alojar a los empleados de las salinas y a sus familias, al modo de las colonias industriales tan comunes en Catalunya. Con el tiempo muchas de ellas han sufrido reformas y ampliaciones, así como cambios de dueño aunque la mayoría siguen perteneciendo a familiares de los salineros. Las hay muy bien conservadas y otras totalmente ruinosas de forma que apenas sirven de cobertizo de herramientas, aunque el conjunto tiene el aspecto de pueblecito con las calles tiradas a cordel y todas las casas iguales pintadas de blanco. No pueden faltar los bancos junto a las puertas para facilitar la conversación y la convivencia de los vecinos.

Los humedales junto a las salinas no son nada del otro mundo, aunque si se pueden observar algunas aves y algún que otro flamenco más adivinado que visto. Personalmente me gustan más las salinas en si por lo que tienen de estético las montañas blancas de sal y las maquinarias. Tenemos que verlo a través de los vallados pues no hay posibilidad de visita.

Seguidamente nos dirigimos hacia Rodalquilar para acercarnos a las minas de oro hoy en desuso. Para llegar atravesamos el pueblo por su calle principal y nos enamora. Está lleno de pequeñas tiendas de artesanía y ropa y de infinidad de bares y restaurantes, todos con su terracita para ver pasar el tiempo y el mundo como si no hubiese mañana.

Tenemos que seguir las claras indicaciones y dejamos atrás el poblado minero abandonado para ascender hacia la mina. Podemos aparcar sin dificultad en la entrada de la misma, donde termina el asfalto. Más tarde veremos una autocaravana bastante más pequeña que la nuestra que sigue camino arriba y desaparece por detrás de la mina, ni idea de a donde se dirige pero que conste que el camino, de piedras y tierra, es accesible.

La mina es impresionante. Un espléndido ejemplo de arquitectura industrial que se nos aparece como un gigante dormido. En unos plafones podemos ver su estructura y funcionamiento, e intentar comprender para qué servían cada una de las instalaciones. Las minas estuviero en funcionamiento, con altibajos, hasta 1990 en que cerraron definitivamente por falta de rentabilidad. Gracias a la "fiebre del oro" de Rodalquilar, este pueblecito llegó a tener más de 1.300 habitantes, y una muestra de ello es la colonia abandonada donde vivían los mineros y sus familias. Todo un pueblo con sus calles y jardines, sus casas de dimensiones y estructuras distintas suponemos que en función de la jerarquía de sus moradores, pero hay diferencias más que evidentes.

Paseamos por este pueblo fantasma cuando nos cansamos de la mina fantasma. Varias manzanasa están valladas para impedir el acceso, pero otras no y se puede acceder a alguna de las casas entrando por los patios traseros. Aunque abandonadas y saqueadas, no todas están en ruinas aunque si la mayoría. Unas pocas casas de las primeras han sido reabilitadas y acondicionadas para ser residencias de turismo rural, y a fe de que casi todas podrían ser objeto de reabilitación. Otra cosa es si el municipio está preparado para ello.

La calle principal nos ha enamorado y decidimos darnos un último homenaje antes de emprender el regreso. Hay muchos restaurantes y bares de tapas, pero pocos nos llaman la atención al examinar las cartas. Finalmente nos quedamos en uno que nos parece muy sencillo pero auténtico, con pizarras anunciando el producto y, dato importante, con ya bastante gente a pesar de que es temprano. Cuando en un restaurante no hay nadie... ¡mala señal! Tienen mesa para dos, ningún problema. La camarera guapísima y muy simpática, estudiante universitaria que trabaja en vacaciones para sacarse unos dinerillos nos sirve las cervezas y las consoguientes tapas a escoger entre las anunciadas en las pizarras. aqui hay un pequeño fallo porque pedimos unas tapas calientes que tardan un poquito. Al poco rato nos atiende el torbellino que estamos viendo servir las mesas, se trata de Lola, la propietaria junto a su marido que es el encargado de comprar el pescado. Lola es una andaluza de pura cepa que no ha necesitado ir a ninguna escuela de negocios para llevar un restaurante. Sabe lo que su marido se ha traido de la lonja y te lo ofrece, nunca engaña. Es pura alegría y simpatía, charla por los descosidos y te hace sentir como en casa. Para ella eres importante y necesita que estés a gusto, sabe como hacerlo. Nos encanta su reacción cuando le decimos que vamos en autocaravana: "Son mis preferidos, con lo que se ahorran de hotel vienen aquí y ¡gastan mucho más!". Nos pide abiertamente que le pongamos 5 estrellas en TripAdvisor. Lo dicho, no necesita escuela. Comemos una parrillada de pescado digna de hacerle la ola, que junto con las tapas resultan una comida completa y abundante. El precio muy correcto y la calidad excelente. Tomamos nota y le prometemos volver, es El Cinto.

Esta mañana y mediodía han sido un colofón perfecto a este descubrimiento del Cabo de Gata. Sin aspavientos, simplemente hermoso y agradable.

Y bien, nos volvemos a la autocaravana a hecharnos una siesta como dios manda y luego, tranquilamente y sin ninguna prisa, iniciamos el regreso a casa para no tener mañana una paliza de kms.

Cuando nos cansamos de conducir a las 8:45 y ya en la provincia de Valencia, buscamos en Park4night un lugar donde dormir y encontramos una área de camino, en El Palomar. Muy grande, sin apenas ocupación y junto al camping, 5 €. Aún no ha anochecido y podemos descansar tranquilamente, ver una película y cenar un poco.

Noche en calma absoluta



Gas-oil: 45.623 km 43,12 l 55,15 €

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Imagenes del viaje

Casas de las Salinas de Cabo de Gata   Playa de Cabo de Gata e iglesia de las Salinas
Casas de las Salinas de Cabo de Gata   Playa de Cabo de Gata e iglesia de las Salinas
MInas de oro de Rodalquilar   Poblado minero de Rodalquilar
MInas de oro de Rodalquilar   Poblado minero de Rodalquilar
 
     
   
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