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  DESCUBRIENDO EL CABO DE GATA

Hacía años que teníamos el Cabo de Gata en el punto de mira, pero nos costaba encontrar el momento y la combinación de tiempo-época del año ideal para visitarlo

Toni de Ros. Abril 2019
 



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Faro del Cabo de Gata


Martes 16 de abril: El cabo de Gata (26 km)

Nos ponemos en marcha a las 9:30 después de la ducha y desayuno. Vamos bien de aguas y no necesitamos usar el área, siendo 2 personas los 150 litros de agua limpia dan para varios días. Hoy haremos pocos km, vamos al Cabo de Gata propiamente dicho, pueblo y faro, por una magnífica carretera muy distinta de las que hemos encontrado hasta ahora, que sin ser malas son reviradas y con algunas pendientes considerables.

Atravesamos el pueblo y seguimos la línea de la playa hacia el promontorio donde se alza el faro. Terreno ámplio, despejado, mar inmenso, luz que embriaga, aire salino... algo hay en el ambiente que expande el ánimo, que te hace sentir bien. De camino al faro vemos una zona de párking muy bien situada con varias autocaravanas estacionadas correctamente, a la salida del pueblo. Más adelante otra a los pies del promontorio, hay dónde escoger.

Nosotros continuamos por la carretera hacia el faro, con unas rampas bastante pronunciadas y un tramo en el que apenas caben dos coches, por lo que puede ser un problema si el tráfico aumenta y coincidimos en este punto dos autocaravanas, pero a la hora temprana que pasamos nosotros no tenemos ningun problema.

Poco antes de llegar al faro propiamente dicho encontramos un ámplio espacio a nuestra derecha frente al restaurante El Faro, que por cierto tiene que ser una gozada cenar temprano allí, donde aún quedan un par de camper que sin duda han pasado la noche. Nosotros llegamos hasta el faro pero ni nos detenemos, no tiene mucho interés salvo para dar la vuelta comodamente y regresar al espacio que acabamos de ver. Es un mirador fantástico de la punta del Cabo de Gata, a nuestros pies una playa de cantos rodados y a nuestra izquierda la figura imponente del faro, la foto es obligada y es la que encabeza este relato. Maniobramos la autocaravana con la intención de aparcar en primera línea e incluso pernoctar allí, pero lo primero que hacemos es pillar los bártulos de fotografía para intentar conseguir alguna toma interesante. Creo que no lo acabamos de conseguir, insisto una y otra vez en que lo que nos cautiva es un conjunto de sensaciones imposibles de reflejar en unas fotografías. De hecho, no he visto prácticamente ninguna fotografía que se pueda considerar excepcional del paisaje del Cabo de Gata, nada que a priori lo haga mejor o más atractivo que la Costa Brava, por poner un ejemplo que conocemos bien.

Pero lo bueno que tiene la fotografía es que no sólo se disfruta de las imágenes obtenidas sino que además es un apasionante pasatiempo, y en ello invertimos un buen rato enfrascados cada uno por su lado a la caza de la instantánea sublime.

Cuando damos por terminada la sesión nos planteamos de nuevos i quedarnos o no, y decidimos que por la noche todos los gatos son pardos y no se ve nada, puede soplar un viento infernal y pude ser un lugar solitario y desapacible, por lo que decidimos que ya nos acercaremos a ver la puesta de sol pero que aparcaremos abajo en la playa.

Desandamos el camino de nuevo sin problemas en el paso estrecho y aparcamos al pie de la colina del faro, junto al mar, en unos aparcamientos espaciosos y donde ya hay algunas autocaravanas. Viendo Google Maps resulta que está etiquetado como área de autocaravanas, aunque no hay ningún servicio. Bajamos la moto y nos vamos a explorar el pueblo que debe quedar a unos 5 ó 6 km, una larga recta que recorre la estrecha franja de tierra entre las salinas y el mar.El pueblo en si no tiene nada, pero el paseo marítimo es una preciosidad por lo animado que está y por los chiringuitos y restaurantes. Esta es una tierra de tapeo y vinos, de aire libre y de compartir mesa con los amigos o la familia, y resulta sumamente apetecible. Sopla algo de viento pero luce un sol espléndido, el mar es de un azul intensísimo y la luz es un espectáculo. Nos sentimos tan bien que no podemos resistir la tentación y nos dejamos seducir por la oferta de los restaurantes. Hay algunas terrazas al aire libre donde vemos unas fuentes de pescado  espectaculares, pero nos atrae la oferta de un restaurante un poco más serio, La Goleta. Una rápida consulta al Trip Advisorparea constatar la buena puntuación que tiene y nos metemos dentro. No tenemos reserva, claro, pero nos dan una mesa junto a la ventana con muy buenas vistas. El servicio es más que correcto, profesional y amable, nos informa sobre las características de los vinos de la región. La comida está muy bien pero el arroz no es lo suyo. Visto lo que nos pasa por delante de otras mesas, la próxima vez (porque volveremos seguro) nos inclinaremos por una fritada de pescado o algo por el estilo.

De regreso nos detenemos para tomar algunas fotos, aunque dejamos las salinas para mañana.

Descansamos en la autocaravana y luego tomamos la moto para volver al faro, pero esta vez nos desviamos por una carretera antes de llegar al mismo. Está en un stado lamentable, con tantos agujeros que un par de coches casi bloquean el paso al no atreverse a pasar por según que tramos. Con la moto los vamos esquivando hasta que se termina el acceso a vehículos cortado por una cadena. A partir de allí seguimos a pie por una pista de tierra hasta la playa de la Media Luna. Es una buena excursión de unos 45' con unas formidables vistas.

La cala de de Media Luna es una preciosa playa a la que se llega desde la carretera atravesando unos campos de pitas fascinantes. El acceso es mucho mejor desde San José pues comparte aparcamiento con la playa del Mónsul, pero aí estiramos las piernas que poco ejercicio estamos haciendo. Hay bastante gente en la playa, familias con niños que toman el sol e incluso algún baño los más atrevidos, y nosotros nos tumbamos en un estremo a dejarnos acariciar por la brisa y el sol.

Tras una hora de helioterapia emprendemos el camino de regreso disfrutando de un entorno maravilloso, de lo mejor que hemos visto hasta ahora. El sol se acerca a la puesta cuando recuperamos la moto y, sin perder tiempo, nos dirigimos a alguno de los miradores que teníamos vistos, pero hoy no hay una bonita puesta de sol, a veces esto pasa.

Regresamos a la autocaravana, cenamos, nos vemos una peli y a dormir.



Gasoleo: 45.389 km 45,35 l 58 €

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Imagenes del viaje

Faro del Cabo de Gata   Camino de la Playa de la Media Luna
Faro del Cabo de Gata   Camino de la Playa de la Media Luna
En la Playa de la Media Luna   Un paisaje que atrapa
En la Playa de la Media Luna   Un paisaje que atrapa
 
     
   
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