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  Bajo el sol (y el calor) de la Toscana

Salimos de Llavaneres por la tarde, un despiste con las llaves del parking y las de la autocaravana dan al traste con la intención de salir por la mañana temprano. Pero no hay problema, estamos de vacaciones y no nos espera nadie.

Toni de Ros. verano 2018
 



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Vernazza desde el mar


Jueves, 19 de julio: Deiva Marina - Levanto (27,2 km. Acumulados 971,4)

Salimos del camping a las 10 para ir a Levanto. Decidimos sacar la autocaravana del camping y aparcar en la area attrezzata que vimos ayer, nos será mucho más cómodo y no estaremos sujetos a los rígidos horarios de entrada y salida de los campings. Pero cuando llegamos la sorpresa es mayúscula: el precio para una autocaravana 24 h de estacionamiento son 36€, y no se puede considerar abusivo habida cuenta de que el precio para un turismo es de 24€ y nosotros ocupamos más de un 50% más de espacio. El camping, con piscina, baños limpios, restaurante y karaoke nos ha costado algo menos incluyendo la tasa de pernocta. Pero ya estamos aquí y es un buen sitio, junto a la estación y hay una buena sombra para la autocaravana, por tanto decidimos quedarnos y seguir con el plan previsto que no es otro que coger el primer tren y desplazarnos a Monterosso, el primero de las Cinque Terre y según dicen el menos interesante. Creemos que su principal atractivo, que no es poco, es su bonita playa de arena, privatizada en su mayor parte como es habitual en Italia. Esto es algo que nos sorprende desagradablemente a los que estamos acostumbrados a las playas libres de nuestras costas, pero no estamos en casa y nos guste o no no tenemos más remedio que aceptarlo.

Aunque nos apetece un bañito lo dejamos para más tarde. Hoy queremos disfrutar de otra perspectiva de las Cinque Terre y sacamos los billetes para los barcos que van recorriendo la costa. Hay varias opciones, desde billetes simples a una destinación hasta abonos diarios que permiten subir y bajar de los barcos a lo largo de todo el día. Nosotros optamos por una fórmula intermedia: billete de ida para llegar hasta Riomaggiore pudiendo hacer las paradas que queramos, que no son más que 2. Hacemos el primer trayecto por mar hasta Vernazza, y realmente merece la pena. La costa y los pueblos encaramados son espectaculares desde el mar, y la brisa refresca a pesar del sol de plomo.

Callejeamos por unos callejones increíblemente estrechos con infinidad de escaleras. En algunos sitios tenemos que ponernos de acuerdo con los que nos cruzamos de frente, pues no cabemos dos al mismo tiempo. Es muy pintoresco. Subimos al castillo Doria y pasamos por las terrazas de restaurantes con encanto con magníficas vistas.

Casualmente esta mañana he hablado por teléfono con un amigo italiano, precisamente de la Liguria, y nos ha recomendado lo que hay que comer aquí: la focaccia y el trofie al pesto. Así pues a las 12 del mediodía hacemos cola en una focacceria que debe ser buena, pues está reventar. Lo cierto es que las focaccia están buenas aunque vemos que proceden de precocinados congelados que hornean allí mismo, y luego recalientan para servirlas. Bebemos agua de la cantimplora y nos tomamos un delicioso helado defendiendo con tenacidad nuestro espacio en un banco a la sombra.

Vamos al embarcadero y tenemos que guardar un buen rato de cola bajo el sol, otra vez defendiendo con uñas y dientes nuestro turno pues los hay muy espabilados.

La siguiente parada es Riomaggiore, donde ayer empezamos el recorrido. Al lado del embarcadero hay una gran playa de guijarros con una agua transparente irresistible, y no nos resistimos. Es complicado entrar y salir del agua sin sandalias de agua, pero lo conseguimos y nos refrescamos un buen rato, está deliciosa. No nos podemos tumbar al sol por varias razones: falta de espacio, piedras enormes y ardientes y sol inclemente, así que nos damos un par de chapuzones y nos quitamos la sal con el chorrito de una manguera que hay al final de la playa.

Un poco más frescos vamos a pasear de nuevo por el que, a mi parecer, es el más bonito de los cinco pueblos. Cerca de la estación descubrimos una cervecería con una mesa libre a la sombra, y nos tomamos unas cervecitas que nos saben a gloria. Luego tomamos el tren y regresamos a Levanto donde descansamos en la autocaravana, tomamos una ducha y nos cambiamos de ropa para volver a salir esta vez con los trípodes para tomar algunas fotos desde donde vimos ayer que podía ser espectacular: Manarola.

Cuando llegamos al sitio escogido, está literalmente invadido de fotógrafos, todos con trípodes de verdad y cámaras a la altura de las circunstancias. Algunos llevan incluso filtros degradados, por lo que deduzco, y acierto, que la mayoría están con un profesor haciendo prácticas de fotografía al atardecer, lo que técnicamente  denominamos “la hora azul”. Falta un buen rato para la hora mágica, así que vamos moviéndonos buscando los mejores encuadres pero procurando molestar lo menos posible a los paseantes, cosa que no todos tienen en cuenta: una fotógrafa mejicana improvisa una sesión de retratos a unos paisanos y literalmente los fríe a disparos, usando el trípode solo para darse importancia y obstaculizando el paso de las personas. Por dos veces tenemos que movernos nosotros pues nos incomoda mucho las molestias que involuntariamente y por su culpa estamos causando.

Los del curso terminan con las últimas luces del día y quedamos cuatro gatos cuando empieza el espectáculo de las luces y el crepúsculo, disfrutamos como niños con todo el equipo y riéndonos de lo bien que quedan las fotos tomadas con el móvil.

Cuando nos cansamos buscamos una trattoria donde cenar avisando que tenemos el último tren a las 23:21, pero nos tranquilizan, tenemos tiempo de sobras.

Tomamos una ensalada con tomate y mozzarella y, como no, unos trofie al pesto deliciosos todo regado con un blanco de Vernazza bastante digno.

En Italia hay que tomar postre, aunque sea compartido, porque los dulces son buenísimos, y aquí no son una excepción: pedimos il cannolo fai de te que significa que te lo haces tú,  os lo recomiendo vivamente. Un lugar agradable, bueno, bien servido y de precio razonable.

Tomamos el último tren sin problemas y llegamos medio dormidos a la autocaravana, nos acostamos a las 12 y ni nos enteramos del ruido de la calle

 



Camping Valdeiva: 70,60€ (2 noches)
Autopista: 2,30€
Parking Levanto: 36 €
Barcos: 36€
Castello Doria:3€
Cervezas: 15€
Trattoria “Il Porticciolo” (Manarola): 62,90€
Área de Levanto: N 44º 10' 26" E 9º 37' 05" (bien situada pero muy cara y sin servicios)

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Imagenes del viaje

Vernazza desde el mar   Corniglia desde el mar
Vernazza desde el mar   Corniglia desde el mar
Riomaggiore   Manarola hora azul
Riomaggiore   Manarola hora azul
 
     
   
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