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  Bajo el sol (y el calor) de la Toscana

Salimos de Llavaneres por la tarde, un despiste con las llaves del parking y las de la autocaravana dan al traste con la intención de salir por la mañana temprano. Pero no hay problema, estamos de vacaciones y no nos espera nadie.

Toni de Ros. verano 2018
 



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Riomaggiore


Miércoles, 18 de julio: Cinque Terre

Nos levantamos a las 7, desayunamos con calma y nos preparamos para un largo día de turismo y calor. Vamos con la moto a la estación de Deiva Marina con la intención de hacer las cosas bien pero a veces se tuercen con la mejor de las intenciones: cuando llegamos, y mientras desciframos la máquina de expender los billetes, oímos como sale el tren que debíamos tomar. No habíamos comprobado los horarios de estos trenes aunque en la recepción del camping nos los facilitaron ayer, y cuál es nuestra sorpresa cuando comprobamos que no hay ningun tren a Levanto hasta cerca de las 12 del mediodía. No podemos perder toda la mañana miserablemente en la estación , así que agarramos la moto de nuevo y nos enfrentamos a la carretera infernal que enlaza Deiva Marina y Levanto por las montañas que tenemos enfrente. Aunque solo son 18 km en recepción nos han dicho que son 45 minutos, y no se equivocan demasiado. Lo peor es que no llevamos chaquetas para la moto y seguramente regresaremos de noche, pero no adelantemos acontecimientos.

La carretera está en bastante mal estado, curvas y paellas enlazadas y unas rampas de órdago, pero vamos despacio y con buena letra. Llegamos sin novedad y aparcamos en la misma estación del ferrocarril. Vemos que muy cerca de la misma hay un gran aparcamiento con plazas para autocaravanas, y no está lleno.

Hay una oficina dedicada a expender la Cinque Terre Card, muy bien atendida en todos los idiomas incluido el castellano. Nos explican muy bien lo que podemos hacer, los senderos que podemos recorrer, los que están cerrados por desprendimientos (la famosa Vía del Amore, por ejemplo) y consejos de utilización (solo hay que validarla una vez). Hay que escribir nuestro nombre en ella y contiene un usuario y contraseña para la wifi de las estaciones.

Todo bien y nos dirigimos al andén en el preciso momento en que llega un tren que nos conviene, y cuando ya estamos a bordo y sentados, caemos en la cuenta de que no hemos validado los pases. Bajamos corriendo, los validamos y regresamos corriendo al andén para llegar en el preciso momento en que nos cierran las puertas en las narices. ¡Seguimos con la buena suerte!

Toca esperar cerca de ½ hora para el siguiente tren que aprovechamos para tomar un café en la estación.

Cuando finalmente tomamos el tren, nadie controla los pases ni los billetes, pero ya se sabe, si no lo hubiéramos hecho bien , seguro que nos pillan.

Bajamos en la más lejana de la poblaciones, Riomaggiore, poca gente aún y temperatura agradable. Paseamos y nos encanta, un conjunto de edificios que dan la impresión de amontonarse unos encima de los otros sobre el acantilado, con las casas pintada en tonos ocres. Es precioso y nos olvidamos de todos nuestros males. Nos perdemos por las callejuelas subiendo y bajando empinadas cuestas y tomando fotos a cada rincón.

El pueblo está visto con calma en hora y media, y nos desplazamos al siguiente: Manarola. Saliendo del túnel peatonal de la estación hay que tomar a la izquierda. Nosotros lo hacemos al revés, ascendemos por la calle que tenemos enfrente y damos un largo rodeo que no ofrece la mejor estampa de este precioso pueblo.

La calle principal desciende hasta el muelle estrecha y empinada, flanqueada por casas que parecen apiñarse en capas imposibles. Hay mucha gente y, dada la hora, se impone buscar algún sitio donde comer algo. Nuestra idea es comer algo rápido y ligero al mediodía para hacerlo de forma más completa la cena. Por toda Italia abundan los establecimientos de comida rápida que tienen poco que ver con los asquerosos fast food de nuestras ciudades, aquí son pizzas, panini, focaccia, piadina… bastante más apetitosos. Y en zonas costeras como donde estamos, hay establecimientos que sirven pescado frito.

Encontramos un pequeño local con una minúscula terraza con solo 3 mesas, pero tiene buen aspecto anuncia mayormente paninis, pero también sirven pasta y otras especialidades, y es también una enoteca con cata y venta de vinos locales. Tenemos que esperar unos 10’ a que quede una mesa libre y nos pedimos unos bocadillos de bacalao y de gambas, completos y sabrosos, acompañados de una copa de vino blanco de Cinque Terre. Por cierto, el vino es muy caro incluso a copas. Comemos muy a gusto.

Seguimos la exploración entrando de lleno en la parte más turística, muy bonita. Hay un paseo hasta una punta desde donde se tiene una estampa encantadora de Manarola, la más típica y tópica pero imprescindible. Esta anunciada como area attrezzata y unas placas se encargan de informar que los habitantes de Manarola han construido este paseo “para ellos y para los demás”. Preciosas vistas y un lugar privilegiado sin duda. Tomamos nota para volver al atardecer mañana.

La siguiente parada es Corniglia. El pueblo está encaramado a un peñasco y hay una ascensión de más de 400 escalones para llegar, o bien un autobús te recoge en la estación y te deja en la plaza del pueblo. Escogemos la segunda opción a pesar de que representa una espera de 25’ bajo el sol ya que no podemos subir al primero. Hay cola pero hay que estar vigilantes, muchos turistas, al visitar países mediterráneos y latinos, se creen que están en Marruecos y que las colas solo las guardan los pringados. Subimos de los primeros dejando atrás algunas airadas discusiones y en pocos minutos el bus nos deja en el centro del pueblo.

No hay mucho que ver, pero es precioso. Por azar desembocamos en una preciosa plaza muy arbolada donde las terrazas de los restaurantes tientan a los acalorados paseantes. Nosotros seguimos callejeando y rodeamos la iglesia, siguiendo la música que tres chicos tocan en directo. Lo hacen francamente bien y es muy agradable si encuentras una sombra, que las hay pero no frente los músicos.

Nos refrescamos un poco y emprendemos un trekking de 1 h y ½ hasta Vernazza. Hace mucho calor pero es precioso, un sendero por el bosque que se asoma a un mar esplendoroso, acompañados por el incesante ruido de las chicharras.

Nos lo tomamos con calma y bebemos mucha agua por el camino, hay un tramo sobre el acantilado donde el sol de la tarde pega de lleno. La mayor parte del camino, no obstante, es a la sombra del bosque.

La llegada a Vernazza es espectacular, descendiendo desde la montaña dominando un paisaje de ensueño. Tenemos el sol prácticamente de frente y es difícil de fotografiar, pero es muy bonito.

El sendero es muy recomendable, pero hay que ir bien calzado, llevar mucha agua, sombrero o gorra y evitar las horas de más calor en verano.

En Vernazza paseamos, bajamos a la playa y terminamos sentados en una trattoria donde comemos un pulpo a la liguriense y unos spaghetti al frutti di mari que están de muerte. La terraza, la comida, la compañía… ¡impagable!

Tomamos el tren de regreso a Levanto ya de noche. Hace fresco y no llevamos más ropa de abrigo que una chaqueta impermeable. Regresamos al camping guiados por el Google Maps que nos lleva dando un rodeo y tomando la autopista, aunque no representa mucho problema pues no hay apenas tráfico. Llegamos sin novedad, tomamos una reparadora ducha caliente a caño libre y nos acostamos muertos de cansancio.



Comida en Cappun Magru (Manarola): 31,40€
Bar ristorante Il Baretto (Vernazza): 53€
Autopista: 2,30€

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Imagenes del viaje

Riomaggiore   Manarola
Riomaggiore   Manarola
Corniglia desde el sendero   Vernazza
Corniglia desde el sendero   Vernazza
 
     
   
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