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  La Mancha: La Belleza del Tiempo que pasa poco a poco

Tierras intensamente rojas, molinos blancos que asemejan gigantes, dulces muchachas desvalidas que necesitan de su Quijote para ser “salvadas”, brumas espesas que confunden nuestros cansados ojos, tiempo enfrascado en no querer pasar y la alargada sombra de un Hidalgo Caballero que nos cuenta mil y una batallas, La Mancha se nos aparece como la describió Cervantes en su Quijote.

Conrad & Echobelly. diciembre 2009
 



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Domingo, 6 de diciembre

A la mañana siguiente nos dio incluso miedo a salir de la cama. En cuanto sacabas la nariz de debajo de las mantas se te quedaba en el acto “congelada”, así que nos hicimos los perezosos un ratito mas hasta que finalmente, nos armamos de valor y salimos de la cama. Al abrir las ventanas entendimos el porque de una mañana tan fría. Una espesisima niebla lo invadía todo y, por si no fuera poco, una lluvia finísima nos hizo quedarnos a la expectativa.
Con la esperanza de que sucediera como al dia anterior, en el que finalmente el sol hizo un tardío acto de presencia, nos abrigamos bien, desayunamos algo calentito que nos entonara un poco el cuerpo, y salimos de la auto dispuestos a visitar Granatula. Alketib, historiador árabe, tuvo el nombre de Granata del que se deriva Granátula, que es Latino y significa pequeña panera o granero, aludiendo a la fertilidad y riqueza de su suelo.
Granátula debió su origen al abandono de Zuqueca ocurrido a principios del siglo XIII, recibiendo con sus habitantes la fe, la herencia y las tradiciones de la antigua ciudad. Enclavado mas tarde en los limites que Alfonso VIII señalo a la Orden de Calatrava, esta fundó en él un beneficio curado. Durante el dominio de ésta formaba parte de la mesa maestral, y después de su incorporación a la corona quedo unida a Almagro como una aldea o anejo de esta ciudad.
Nada mas poner el pie en la calle, una brisa gélida nos azoto el rostro. La finísima lluvia caía implacable sobre nosotros como un manto pesado que iba haciendo mella en nuestro animo. Comenzamos a caminar en silencio intentando convertir aquel día desolado, en uno del que poder disfrutar del entorno. De pronto, la estatua de un zapato gigante posicionado en medio de la plaza llamó nuestra atención. Curioso encontrar una obra tan “moderna” en una población de tales características.
Nuestra primera parada fue la casa de la cultura, donde se halla la oficina de información turística. Lamentablemente se encontraba cerrada, cosas del tardío despertar de los manchegos, y fue una amable lugareña la que nos indicó los lugares mas importantes de la población. El primero de ellos fue la casa y la figura ecuestre del General Espartero, uno de los personajes mas importantes y nacidos en Granatula. Combatiente en tres de los cuatro conflictos más importantes de España en el siglo XIX, fue soldado en la guerra contra la invasión del francés, oficial durante la guerra colonial en el Perú y General en Jefe en la guerra civil. Vivió en Cádiz el nacimiento del liberalismo español, senda que no abandonaría jamás. Hombre extremadamente duro en el trato, valoraba la lealtad de sus compañeros de armas, tanto como la eficacia.
Combatió en primera línea, fue herido en ocho ocasiones y su carácter altivo y exigente le llevó a cometer excesos, en ocasiones muy sangrientos, en la disciplina militar. Convencido de que su destino era gobernar a los españoles, fue por dos veces Presidente del Consejo de Ministros y llegó a la Jefatura del Estado como Regente durante la minoría de edad de Isabel II. Ha sido el único militar español con tratamiento de Alteza Real y, a pesar de todas sus contradicciones, supo pasar desapercibido los últimos veintiocho años. Rechazó la Corona de España y fue tratado como una leyenda desde bien joven. Vaya como podeis comprobar todo un personaje del que en Granatula solo queda de él, una casa casi en ruinas y una estatua que engalana una de sus plazas…
Mas tarde nos dispusimos a visitar la Fuente de Agua Amarga. La lluvia seguía cayendo incesante sobre nosotros, pero aun así nos dirigimos a las afueras del pueblo para poder visitar la conocida fuente. Cuando llegamos nos encontramos que era una pequeña fuente, mas bien cutrilla. Después de habernos pegado la paliza andando para llegar allí nos quedamos con cara de decir “que narices estamos haciendo aquí con la que esta cayendo” ; -), así que nos dimos media vuelta y decidimos volver a la auto. Solo comentar que, bajo nuestro punto de vista, la visita Granatula de Calatrava es bastante prescindible, ya que aunque la población tiene su encanto, no nos pareció un lugar especialmente relevante que merezca el desplazamiento hasta ella para visitarla. Aunque supongo que de haberla visto en un día soleado la opinión puede que cambiara.
Subimos a Suny y nos dispusimos a visitar la Ciudad Visigoda de Oretum, situada a las afueras de Granatula, para ser exactos a unos 5 km. Oretum fue una de las tres principales ciudades de la oretania, que abarcaba de norte a sur mas allá de Sierra Morena y se extendia hasta el final de la Bética. El Cerro de Otero o Cerro Dominguez se eleva a 650 m sobre el nivel del mar y a 70 m sobre el rio Jabalón, en cuya margen derecha se haya enclavado. Goza de una privilegiada situación pues domina una amplia zona del valle y caminos naturales hacia Andalucía (por Calzada y Puertollano) y hacia la submeseta norte y Albacete(por Valdepeñas y Manzanares).
Llegamos allí y un amplio parking nos invito a dejar tranquilamente a Suny. Visitamos las ruinas a través de una valla metálica ya que el yacimiento estaba cerrado y solitario a aquellas horas de la mañana. Hicimos algunas fotos y después nos volvimos a montar en la auto poniendo rumbo a Valdepeñas.
Muy a nuestro pesar el día continuaba gris plomizo, e incluso en algunos momentos la niebla nos hacia tener que reducir la marcha por la escasa visibilidad. El día no pintaba muy bien, pero al menos era de agradecer la placidez de las carreteras manchegas. Tras recorrer cerca de 35 Kilómetros llegamos a Valdepeñas, en la que únicamente hicimos una pequeña parada para fotografiar un molino que nos encontramos y nos hizo gracia. Valdepeñas, aun con su importante patrimonio, no cumplía uno de los requisitos imprescindibles en esta ruta, la tranquilidad, y es que “era una ciudad” en toda regla. Demasiados coches y demasiada gente, con lo cual seguimos nuestro camino dejando Valdepeñas para otra ocasión.
Nos montamos otra vez en Suny y recorrimos los poco mas de treinta Kilómetros que nos separaban de otro de los destinos que mas ganas teníamos de visitar en esta ruta, Villanueva de los Infantes, deseando fervientemente que el tiempo nos diera una pequeña tregua para poderlo visitar. Al llegar dimos un par de vueltas y al no encontrar ninguna plaza o aparcamiento especialmente adecuado para aparcar la autocaravanas decidimos estacionar como cualquier otro vehículo mas en una calle. Como era ya casi la hora de la comida, salimos a buscar pan y volvimos a comer tranquilamente.
Una vez con el estomago lleno y las pilas cargadas de nuevo, nos dispusimos a conquistar Villanueva. Nos dirigimos a la Plaza Mayor, de planta rectangular, bordeada por edificios de corte renacentista tardío y neo-clásicos, aunque lo que mas llamaba la atención de la mayoría de la gente eran las dos graciosas estatuas de Don Quijote y Sancho Panza, su fiel escudero, que había en medio de la plaza.
En la plaza encontramos también la oficina de turismo, en la que nos dieron un montón de información, con lo cual salimos decidimos a empaparnos de todo lo que Villanueva nos ofrecía.
Villanueva de los Infantes esta situada al este de la provincia de Ciudad Real, en 1350 paso a ser aldea de Montiel, hecha villa independiente por el Infante D. Enrique de Aragon y sus hermanos, que le otorgaron la Carta Puebla en 1421. En gratitud a ellos, la villa tomo el nombre de Infantes en 1480 y en 1491 se le dio el de Villanueva. Existen en la zona vestigios de asentamientos prehistóricos de la Edad de Cobre (año 2.000 a.c.) y de la Edad de Bronce (año 1.800 a.c), pero es en tiempos de los romanos cuando esta ciudad adquiere importancia. De esta época se conservan restos de dos calzadas romanas, dos puentes romanos, destacando el de “Treviño” por sus dimensiones considerables, y un viaducto.
No se descarta el aumento de este patrimonio en un futuro no muy lejano debido a la existencia de indicios de otros asentamientos. Este último enclave fue destruido durante la invasión árabe y reconstruido posteriormente con el nombre de Jamila, por lo que, siendo éste un nombre de origen hebreo, se cree que vivían familias judías.
La batalla de Las Navas de Tolosa (1212) que libró Alfonso VIII de Castilla contra los almohades pone fin al dominio árabe de La Mancha iniciándose una intensa labor de repoblación de estas tierras. Así, Jamila aparecía en 1245 como aldea poblada por los Caballeros de la Orden de Santiago.
Nuestra primera parada nos llevo hasta la Alhondiga, que esta ubicada en la calle General Perez Ballesteros, en pleno casco antiguo de la ciudad. Se construyo como pósito y casa de contratación que canaliza la intensa actividad comercial desde mediados del siglo XVI hasta que en 1719 se transformo en la cárcel del partido. En la actualidad alberga la casa de la cultura con salón de actos, patio de exposiciones, biblioteca y centro de internet.
Después visitamos la Parroquia de San Andres, muy recomendable, La casa de la inquisición, el cruce de la Calle de Cervantes con Jacinto Benavente, y nos tuvimos que conformar con ver la Casa del Caballero del Verde Gaban, solo por fuera, ya que cuando llegamos estaba cerrada. Y por ultimo visitamos la casa de Don Manolito, que en la actualidad es una Residencia de Ancianos, pero no os perdáis su precioso patio interior, todo un espectáculo.
Estuvimos toda la tarde disfrutando de Villanueva de los Infantes y nos hubiéramos quedado mucho mas tiempo porque el lugar realmente nos encantó. Incluso un tardío rayo de sol nos iluminó cuando ya únicamente esperábamos la noche, durante unos breves instantes tras los cuales el cielo empezó a oscurecerse y el frío a apoderarse de las calles. Además, teníamos un último plato fuerte en esta ruta preparado para el día siguiente y debíamos aprovechar los momentos sin luz para recorrer mas kilómetros y poder disfrutar las mayores horas de luz del día siguiente.
Pusimos rumbo a Ruidera, donde nos esperaban las lagunas al día siguiente. En poco mas de media hora llegamos hasta ella cuando ya era noche cerrada. Decidimos dar un pequeño rodeo para ver si encontrábamos un buen lugar en el que poder pasar la noche. El pueblo de Ruidera es pequeño y sus calles son bastante tortuosas lo que provocó nuestro fatídico primer incidente con Suny.
Entramos en la población por la parte de atrás, ascendiendo por unas urbanizaciones que vimos en lo alto. Nos pareció ver un lugar tranquilo al lado de unas edificaciones que estaban construyendo, y al dar media vuelta no nos dimos cuenta de que había varios pitorros de hierro y dando marcha atrás nos dimos de pleno con uno de ellos. El golpetazo resonó en la noche. Nos bajamos de la auto corriendo pensando que nos habíamos cargado media auto. Al observar con atención la parte trasera de Suny, vimos que habíamos magullado el parachoques trasero. Con el disgusto por haber “estrenado” la autocaravana, recogimos los trozitos de parachoques que se habían caido para hacer luego un poco de bricolage en casa, comprobamos que las luces traseras funcionaran correctamente. Respiramos con cierta tranquilidad al ver que todo funcionaba correctamente. El susto había sido considerable pero podíamos continuar sin mayor problema.
Al final, el lugar no nos convenció, quizás fuese por el disgusto del golpe, así que decidimos continuar hasta Ossa de Montiel. Cuando llegamos a Ossa la niebla lo invadía nuevamente todo y el frió se hacia nuevamente intenso. Tampoco había ningún lugar especialmente reseñable para pasar la noche en Osa, pero dada la tranquilidad del lugar cualquier calle parecía un buen lugar por lo que buscamos un sitio que nos pareció mas o menos tranquilo, y allí nos quedamos, cenando algo calentito para reponer fuerzas, que comenzaban a ser justitas, sobretodo por el resfriado que el frío nos estaba provocando, y nos acostamos dejando que la niebla nos sumergiera en un plácido sueño.

A la mañana siguiente nos dio incluso miedo a salir de la cama. En cuanto sacabas la nariz de debajo de las mantas se te quedaba en el acto “congelada”, así que nos hicimos los perezosos un ratito mas hasta que finalmente, nos armamos de valor y salimos de la cama. Al abrir las ventanas entendimos el porque de una mañana tan fría. Una espesisima niebla lo invadía todo y, por si no fuera poco, una lluvia finísima nos hizo quedarnos a la expectativa.

Con la esperanza de que sucediera como al dia anterior, en el que finalmente el sol hizo un tardío acto de presencia, nos abrigamos bien, desayunamos algo calentito que nos entonara un poco el cuerpo, y salimos de la auto dispuestos a visitar Granatula. Alketib, historiador árabe, tuvo el nombre de Granata del que se deriva Granátula, que es Latino y significa pequeña panera o granero, aludiendo a la fertilidad y riqueza de su suelo.

Granátula debió su origen al abandono de Zuqueca ocurrido a principios del siglo XIII, recibiendo con sus habitantes la fe, la herencia y las tradiciones de la antigua ciudad. Enclavado mas tarde en los limites que Alfonso VIII señalo a la Orden de Calatrava, esta fundó en él un beneficio curado. Durante el dominio de ésta formaba parte de la mesa maestral, y después de su incorporación a la corona quedo unida a Almagro como una aldea o anejo de esta ciudad.

Nada mas poner el pie en la calle, una brisa gélida nos azoto el rostro. La finísima lluvia caía implacable sobre nosotros como un manto pesado que iba haciendo mella en nuestro animo. Comenzamos a caminar en silencio intentando convertir aquel día desolado, en uno del que poder disfrutar del entorno. De pronto, la estatua de un zapato gigante posicionado en medio de la plaza llamó nuestra atención. Curioso encontrar una obra tan “moderna” en una población de tales características.

Nuestra primera parada fue la casa de la cultura, donde se halla la oficina de información turística. Lamentablemente se encontraba cerrada, cosas del tardío despertar de los manchegos, y fue una amable lugareña la que nos indicó los lugares mas importantes de la población. El primero de ellos fue la casa y la figura ecuestre del General Espartero, uno de los personajes mas importantes y nacidos en Granatula. Combatiente en tres de los cuatro conflictos más importantes de España en el siglo XIX, fue soldado en la guerra contra la invasión del francés, oficial durante la guerra colonial en el Perú y General en Jefe en la guerra civil. Vivió en Cádiz el nacimiento del liberalismo español, senda que no abandonaría jamás. Hombre extremadamente duro en el trato, valoraba la lealtad de sus compañeros de armas, tanto como la eficacia.

Combatió en primera línea, fue herido en ocho ocasiones y su carácter altivo y exigente le llevó a cometer excesos, en ocasiones muy sangrientos, en la disciplina militar. Convencido de que su destino era gobernar a los españoles, fue por dos veces Presidente del Consejo de Ministros y llegó a la Jefatura del Estado como Regente durante la minoría de edad de Isabel II. Ha sido el único militar español con tratamiento de Alteza Real y, a pesar de todas sus contradicciones, supo pasar desapercibido los últimos veintiocho años. Rechazó la Corona de España y fue tratado como una leyenda desde bien joven. Vaya como podeis comprobar todo un personaje del que en Granatula solo queda de él, una casa casi en ruinas y una estatua que engalana una de sus plazas…

Mas tarde nos dispusimos a visitar la Fuente de Agua Amarga. La lluvia seguía cayendo incesante sobre nosotros, pero aun así nos dirigimos a las afueras del pueblo para poder visitar la conocida fuente. Cuando llegamos nos encontramos que era una pequeña fuente, mas bien cutrilla. Después de habernos pegado la paliza andando para llegar allí nos quedamos con cara de decir “que narices estamos haciendo aquí con la que esta cayendo” ; -), así que nos dimos media vuelta y decidimos volver a la auto. Solo comentar que, bajo nuestro punto de vista, la visita Granatula de Calatrava es bastante prescindible, ya que aunque la población tiene su encanto, no nos pareció un lugar especialmente relevante que merezca el desplazamiento hasta ella para visitarla. Aunque supongo que de haberla visto en un día soleado la opinión puede que cambiara.

Subimos a Suny y nos dispusimos a visitar la Ciudad Visigoda de Oretum, situada a las afueras de Granatula, para ser exactos a unos 5 km. Oretum fue una de las tres principales ciudades de la oretania, que abarcaba de norte a sur mas allá de Sierra Morena y se extendia hasta el final de la Bética. El Cerro de Otero o Cerro Dominguez se eleva a 650 m sobre el nivel del mar y a 70 m sobre el rio Jabalón, en cuya margen derecha se halla enclavado. Goza de una privilegiada situación pues domina una amplia zona del valle y caminos naturales hacia Andalucía (por Calzada y Puertollano) y hacia la submeseta norte y Albacete (por Valdepeñas y Manzanares).

Llegamos allí y un amplio parking nos invito a dejar tranquilamente a Suny. Visitamos las ruinas a través de una valla metálica ya que el yacimiento estaba cerrado y solitario a aquellas horas de la mañana. Hicimos algunas fotos y después nos volvimos a montar en la auto poniendo rumbo a Valdepeñas.

Muy a nuestro pesar el día continuaba gris plomizo, e incluso en algunos momentos la niebla nos hacia tener que reducir la marcha por la escasa visibilidad. El día no pintaba muy bien, pero al menos era de agradecer la placidez de las carreteras manchegas. Tras recorrer cerca de 35 Kilómetros llegamos a Valdepeñas, en la que únicamente hicimos una pequeña parada para fotografiar un molino que nos encontramos y nos hizo gracia. Valdepeñas, aun con su importante patrimonio, no cumplía uno de los requisitos imprescindibles en esta ruta, la tranquilidad, y es que “era una ciudad” en toda regla. Demasiados coches y demasiada gente, con lo cual seguimos nuestro camino dejando Valdepeñas para otra ocasión.

Nos montamos otra vez en Suny y recorrimos los poco mas de treinta Kilómetros que nos separaban de otro de los destinos que mas ganas teníamos de visitar en esta ruta, Villanueva de los Infantes, deseando fervientemente que el tiempo nos diera una pequeña tregua para poderlo visitar. Al llegar dimos un par de vueltas y al no encontrar ninguna plaza o aparcamiento especialmente adecuado para aparcar la autocaravana decidimos estacionar como cualquier otro vehículo más en una calle. Como era ya casi la hora de la comida, salimos a buscar pan y volvimos a comer tranquilamente.

Una vez con el estomago lleno y las pilas cargadas de nuevo, nos dispusimos a conquistar Villanueva. Nos dirigimos a la Plaza Mayor, de planta rectangular, bordeada por edificios de corte renacentista tardío y neo-clásicos, aunque lo que mas llamaba la atención de la mayoría de la gente eran las dos graciosas estatuas de Don Quijote y Sancho Panza, su fiel escudero, que había en medio de la plaza.

En la plaza encontramos también la oficina de turismo, en la que nos dieron un montón de información, con lo cual salimos decididos a empaparnos de todo lo que Villanueva nos ofrecía.

Villanueva de los Infantes esta situada al este de la provincia de Ciudad Real, en 1350 paso a ser aldea de Montiel, hecha villa independiente por el Infante D. Enrique de Aragon y sus hermanos, que le otorgaron la Carta Puebla en 1421. En gratitud a ellos, la villa tomo el nombre de Infantes en 1480 y en 1491 se le dio el de Villanueva. Existen en la zona vestigios de asentamientos prehistóricos de la Edad de Cobre (año 2.000 a.c.) y de la Edad de Bronce (año 1.800 a.c), pero es en tiempos de los romanos cuando esta ciudad adquiere importancia. De esta época se conservan restos de dos calzadas romanas, dos puentes romanos, destacando el de “Treviño” por sus dimensiones considerables, y un viaducto.

No se descarta el aumento de este patrimonio en un futuro no muy lejano debido a la existencia de indicios de otros asentamientos. Este último enclave fue destruido durante la invasión árabe y reconstruido posteriormente con el nombre de Jamila, por lo que, siendo éste un nombre de origen hebreo, se cree que vivían familias judías.

La batalla de Las Navas de Tolosa (1212) que libró Alfonso VIII de Castilla contra los almohades pone fin al dominio árabe de La Mancha iniciándose una intensa labor de repoblación de estas tierras. Así, Jamila aparecía en 1245 como aldea poblada por los Caballeros de la Orden de Santiago.

Nuestra primera parada nos llevo hasta la Alhondiga, que esta ubicada en la calle General Perez Ballesteros, en pleno casco antiguo de la ciudad. Se construyo como pósito y casa de contratación que canaliza la intensa actividad comercial desde mediados del siglo XVI hasta que en 1719 se transformo en la cárcel del partido. En la actualidad alberga la casa de la cultura con salón de actos, patio de exposiciones, biblioteca y centro de internet.

Después visitamos la Parroquia de San Andres, muy recomendable, La casa de la inquisición, el cruce de la Calle de Cervantes con Jacinto Benavente, y nos tuvimos que conformar con ver la Casa del Caballero del Verde Gaban, solo por fuera, ya que cuando llegamos estaba cerrada. Y por ultimo visitamos la casa de Don Manolito, que en la actualidad es una Residencia de Ancianos, pero no os perdáis su precioso patio interior, todo un espectáculo.

Estuvimos toda la tarde disfrutando de Villanueva de los Infantes y nos hubiéramos quedado mucho mas tiempo porque el lugar realmente nos encantó. Incluso un tardío rayo de sol nos iluminó cuando ya únicamente esperábamos la noche, durante unos breves instantes tras los cuales el cielo empezó a oscurecerse y el frío a apoderarse de las calles. Además, teníamos un último plato fuerte en esta ruta preparado para el día siguiente y debíamos aprovechar los momentos sin luz para recorrer mas kilómetros y poder disfrutar las mayores horas de luz del día siguiente.

Pusimos rumbo a Ruidera, donde nos esperaban las lagunas al día siguiente. En poco mas de media hora llegamos hasta ella cuando ya era noche cerrada. Decidimos dar un pequeño rodeo para ver si encontrábamos un buen lugar en el que poder pasar la noche. El pueblo de Ruidera es pequeño y sus calles son bastante tortuosas lo que provocó nuestro fatídico primer incidente con Suny.

Entramos en la población por la parte de atrás, ascendiendo por unas urbanizaciones que vimos en lo alto. Nos pareció ver un lugar tranquilo al lado de unas edificaciones que estaban construyendo, y al dar media vuelta no nos dimos cuenta de que había varios pitorros de hierro y dando marcha atrás nos dimos de pleno con uno de ellos. El golpetazo resonó en la noche. Nos bajamos de la auto corriendo pensando que nos habíamos cargado media auto. Al observar con atención la parte trasera de Suny, vimos que habíamos magullado el parachoques trasero. Con el disgusto por haber “estrenado” la autocaravana, recogimos los trozitos de parachoques que se habían caido para hacer luego un poco de bricolage en casa, comprobamos que las luces traseras funcionaran correctamente. Respiramos con cierta tranquilidad al ver que todo funcionaba correctamente. El susto había sido considerable pero podíamos continuar sin mayor problema.

Al final, el lugar no nos convenció, quizás fuese por el disgusto del golpe, así que decidimos continuar hasta Ossa de Montiel. Cuando llegamos a Ossa la niebla lo invadía nuevamente todo y el frio se hacia nuevamente intenso. Tampoco había ningún lugar especialmente reseñable para pasar la noche en Osa, pero dada la tranquilidad del lugar cualquier calle parecía un buen lugar por lo que buscamos un sitio que nos pareció mas o menos tranquilo, y allí nos quedamos, cenando algo calentito para reponer fuerzas, que comenzaban a ser justitas, sobretodo por el resfriado que el frío nos estaba provocando, y nos acostamos dejando que la niebla nos sumergiera en un plácido sueño.



Recorrido: Granatula de Calatrava – Ossa de Montiel
Kilómetros recorridos: 85 Kms. 150 Kms.
Pernocta: Ossa de Montiel. Vía pública.
Coordenadas: 38º 58? 04.11” N; 2º 44? 52.58” W

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