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  Por tierras burgalesas

En la comunidad autónoma de Castilla-León se encuentra la provincia de Burgos, lugar escogido como destino para pasar los cinco días que teníamos de descanso en Semana Santa.

Familia Tiramillas. Semana Santa 2009
 



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Covarrubias I


10/ 04/ 2009 Viernes

El viernes Santo lo recordaremos especialmente porque amaneció regalándonos una estampa inusual para nosotros. Nevaba y la lluvia no dejaba que cuajara, así que desayunamos nuestro chocolate caliente mientras veíamos  nevar  al son del chumba- chumba  del coche de al lado que todavía no se había ido. Tras el desayuno retrocedimos unos km hasta Covarrubias y aparcamos en una de las calles interiores a 5 minutos  del centro pero con el espacio suficiente para dejar tranquilamente la auto  y no fuera motivo de molestia. El tiempo nos había dado una pequeña tregua así que  con paraguas en mano y abrigados hasta los dientes por lo cortante que era el frio nos dispusimos a  adentrarnos en esta población donde parece que el tiempo se haya detenido. Al principio   las calles estaban  desérticas y silenciosas, los muros de de las casas de la villa y los adoquines de la calzada  parecía que quisieran  contar historias  allí acontecidas, pero el  murmullo del viento se adelantaba  haciendo que quitáramos la atención  poniéndola en otro lugar.
Este lugar conserva gran parte de su estructura medieval. Pudimos ver  parte de la muralla dentro de la cual se levantó  esta villa con sus  calles estrechas y  grandes adoquines y sus casas con grandes fachadas de grande piedra gris y fría  con bello entramado castellano que llevan a las distintas plazas y a los edificios más  significativos, como la Colegiata de San Cosme y San Damián, un templo del S.xv que posee el órgano más antiguo de Castilla y que sigue sonando gracias a quienes lo cuidan y miman diariamente. Su sonido es angelical y sinceramente es de los sonidos que despiertan mis sentidos.
 Ya con  los paraguas abiertos puesto que la lluvia empezó a hacerse notar, vimos el Torreón de Fernán González, la torre de vigilancia y defensiva donde cuenta la leyenda que fue encerrada Doña Urraca por su padre como castigo por sus amoríos con un pastor. También pasamos por el Archivo del Adelantamiento de Castilla, archivo de documentación que perdió su función al trasladarlo al de  Simancas, hoy  se utiliza como oficina de turismo y biblioteca municipal.
En las Plazas del Obispo Peña, Doña Urraca y especialmente en la casa de Doña Sancha se puede observar el gran entramado que he citado anteriormente y el  amplio soportal y  balconada, para protegerse y disfrutar del sol. 
Esta villa nos sorprendió especialmente  por la  bella arquitectura castellana, por  sus leyendas y  el hecho de  que en el S.X  el  primer conde “independiente” de castilla y su hijo  conviertan este lugar en capital  del primer Infantado de España. Sin duda alguna  el atractivo fundamental de este lugar  desde nuestro humilde punto de vista.
Compramos pan recién hecho  y morcillas de arroz caseras, lo necesario para volver a la auto, entrar en calor y darle combustible a nuestra tripa helada.
Con la panza llena y el cuerpo calentito reprendimos nuestro viaje hacia Lerma.
Llegamos al mediodía y aparcamos la auto en un aparcamiento de autobuses las afueras de la Villa Ducal a cinco minutos  del  centro.
La  fuerte lluvia no cesaba y nuestras hijas decidieron no acompañarnos en nuestra visita de reconocimiento del lugar. Así que nosotros dos junto a nuestros paraguas nos adentramos por las calles hasta llegar a la oficina de turismo y concertar una visita guiada para  las 5 de la tarde para poder visitar la Colegiata de San Pedro, parte del  convento de las clarisas y algunos lugares emblemáticos del lugar.
Volvimos a la auto, comimos tranquilamente y ya que el lugar lo propinaba  “pedimos” para que dejara de llover o por lo menos lo hiciera con menos intensidad.
Después de una pequeña pero gratificante siesta nos abastecimos de chubasqueros y paraguas y nos dirigimos al punto de salida donde empezaba la visita.
Lerma es sin lugar a dudas un lugar con un mágico e increíble encanto que hace  que le prestes una singular atención, y  eso lo hizo posible  un hombre que emprendió un ambicioso proyecto constructivo a principios del S XVII. Don Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, más conocido como Duque de Lerma y valido del rey FelipeIII.
Entorno a su propio gran palacio y la maravillosa iglesia de San Pedro se abre una amplia plaza y se levantan varios conventos con distintas órdenes religiosas. El monasterio de la Ascensión iniciado en 1605 para monjas franciscanas clarisas fue el primero  que se construyó de los seis que alberga  Lerma. Esta comunidad que pudimos visitar muy por encima, la forman 120 hermanas de 25 a 25 años  y aunque parezca increíble, sobretodo para nosotros desconocedores de estos temas,  hay lista de espera para entrar en la hermandad.
En la pequeña iglesia del convento tras una gran reja de clausura bajo el coro, pudimos ver el Cristo que tenían las clarisas preparado dentro de un ataúd de cristal para la Celebración de la muerte del Señor que procedía en esta iglesia,  ante la atenta mirada de las hermanas que descubrimos tras las rendijas de la gran puerta de madera interior .A la misma hora, las 16.30, tanto las Clarisas como las Dominicas y las Carmelitas habían celebrado el mismo acto por lo cual no pudimos acceder a la iglesia hasta las 18h.
La guía siguió explicándonos leyendas e historias por las calles de esta villa inquietante y al finalizar nos dirigimos hacia la zona del convento donde las clarisas venden sus productos de pastelería más suculentos.
En una pequeña entrada  de un edificio nos encontramos un panel giratorio de madera con un timbre y a su lado un listado de precios. Llamamos al timbre y nos saludó y atendió una fina y joven voz de mujer que nos mostró , describió  y explicó detenidamente cada uno de los ingredientes de todos los dulces que realizaban. Nos decidimos por unas almendras rebozadas en cacao. Abonamos el importe y la Clarisa giró el panel dándonos el producto. Realmente resultó muy extraño  y frio comprar algo sin ver el rostro de quien te lo vende…en fin.
Nuestras hijas estaban  increíblemente impactadas, (hablo de dos chicas de  13  y 16 años) habían oído y leído sobre estas órdenes pero jamás lo habían vivido in situ. Así pues una vez  en la auto y mientras merendábamos  ambas reflexionaron un poco sobre el tema y mantuvimos un pequeño pero intenso debate  preguntándose el porqué de estos hechos a los cuales intentamos responder  dentro de nuestro conocimiento.
Algunas de las cosas que se preguntaron…
-Mujeres jóvenes entregan su vida por completo a la fe. 
-no tienen contacto con nadie que no sea de la orden.
- no pisan la calle para nada, ni cuando están enfermas.
-Sólo pueden hablar por teléfono con la familia.
Les impactó tanto  la distinta  forma de vida  de las hermanas y la que ellas dos mantenían  que no se podían imaginar  en una vida  de clausura.
De hecho al final y tras recordarles  algunas  historias  de mujeres que nos había contado la guía, por fin llegaron a la conclusión que la vida es una ELECCIÓN  constante, ni mejor ni peor, sólo distinta, pero antetodo tiene que ser LIBRE .
Lerma nos dejó un buen sabor de boca, no sólo por sus exquisitos dulces, sino  por lo que habíamos aprendido y cavilado.
Esa tarde salimos  de Lerma dirección a Burgos  junto a una tormenta que nos acompañó gran parte del trayecto.
Llegamos  sobre las 19h 30 y aparcamos en la Plaza de Stª Teresa junto al convento del mismo nombre, a diez minutos caminando del centro. Al ser viernes por la tarde el aparcamiento se encontraba a rebosar pero tuvimos una suerte increíble al marcharse una  gran furgoneta y pudimos aparcar sin molestar a nadie.
EL frio era intenso  y nuestras hijas estaban cansadas, así que mientras nosotros dos nos fuimos a pasear, las dejamos  calentitas viendo una peli  entre  pipas y kikos.
Estábamos más céntricos de lo que creíamos y tras pasear un poco por esas calles gélidas, nos llegamos hasta la Calle San Lorenzo , en  un lugar muy coqueto llamado “ El Pancho”  donde tuvimos que esperar mesa o barra  un buen rato dado a la gente que había. Tuvimos suerte y pudimos sentarnos en una pequeña mesa  cercana a la entrada, estábamos rodeados de gente y la puerta no cesaba de abrir con lo cual pasamos un  pelín de frio, pero las tapas y el vino hicieron que no lo notáramos jajaja.
Cuando ya fue entrando la noche y los coches fueron desapareciendo del aparcamiento pudimos comprobar que habíamos unas seis autos aparcadas.
Sobre las 2 de la madrugada esa tribu de juventud incívica y maleducada volvió a hacer acto de presencia por desgracia  cerca de nuestra auto.
Dos parejas estuvieron dentro y fuera del coche con el frio que hacía, fumando porros y bebiendo desmesuradamente, gritando, cantando e  incluso vomitando  cerca de nosotros hasta las 9 de la mañana. No sabíamos dónde pernoctar  y mantuvimos la calma. Ninguna auto se movió aunque una si tocó el claxon pero hicieron caso omiso.

El viernes Santo lo recordaremos especialmente porque amaneció regalándonos una estampa inusual para nosotros. Nevaba y la lluvia no dejaba que cuajara, así que desayunamos nuestro chocolate caliente mientras veíamos  nevar  al son del chumba- chumba  del coche de al lado que todavía no se había ido. Tras el desayuno retrocedimos unos km hasta Covarrubias y aparcamos en una de las calles interiores a 5 minutos  del centro pero con el espacio suficiente para dejar tranquilamente la auto  y no fuera motivo de molestia. El tiempo nos había dado una pequeña tregua así que  con paraguas en mano y abrigados hasta los dientes por lo cortante que era el frio nos dispusimos a  adentrarnos en esta población donde parece que el tiempo se haya detenido. Al principio las calles estaban  desérticas y silenciosas, los muros de de las casas de la villa y los adoquines de la calzada  parecía que quisieran  contar historias  allí acontecidas, pero el  murmullo del viento se adelantaba  haciendo que quitáramos la atención  poniéndola en otro lugar.

Este lugar conserva gran parte de su estructura medieval. Pudimos ver  parte de la muralla dentro de la cual se levantó  esta villa con sus  calles estrechas y grandes adoquines y sus casas con grandes fachadas de grande piedra gris y fría  con bello entramado castellano que llevan a las distintas plazas y a los edificios más  significativos, como la Colegiata de San Cosme y San Damián, un templo del S.xv que posee el órgano más antiguo de Castilla y que sigue sonando gracias a quienes lo cuidan y miman diariamente. Su sonido es angelical y sinceramente es de los sonidos que despiertan mis sentidos. Ya con  los paraguas abiertos puesto que la lluvia empezó a hacerse notar, vimos el Torreón de Fernán González, la torre de vigilancia y defensiva donde cuenta la leyenda que fue encerrada Doña Urraca por su padre como castigo por sus amoríos con un pastor. También pasamos por el Archivo del Adelantamiento de Castilla, archivo de documentación que perdió su función al trasladarlo al de  Simancas, hoy  se utiliza como oficina de turismo y biblioteca municipal.

En las Plazas del Obispo Peña, Doña Urraca y especialmente en la casa de Doña Sancha se puede observar el gran entramado que he citado anteriormente y el  amplio soportal y  balconada, para protegerse y disfrutar del sol. Esta villa nos sorprendió especialmente  por la  bella arquitectura castellana, por  sus leyendas y  el hecho de  que en el S.X  el  primer conde “independiente” de castilla y su hijo  conviertan este lugar en capital  del primer Infantado de España. Sin duda alguna  el atractivo fundamental de este lugar  desde nuestro humilde punto de vista.

Compramos pan recién hecho  y morcillas de arroz caseras, lo necesario para volver a la auto, entrar en calor y darle combustible a nuestra tripa helada.

Con la panza llena y el cuerpo calentito reprendimos nuestro viaje hacia Lerma.

Llegamos al mediodía y aparcamos la auto en un aparcamiento de autobuses las afueras de la Villa Ducal a cinco minutos  del  centro.

La  fuerte lluvia no cesaba y nuestras hijas decidieron no acompañarnos en nuestra visita de reconocimiento del lugar. Así que nosotros dos junto a nuestros paraguas nos adentramos por las calles hasta llegar a la oficina de turismo y concertar una visita guiada para  las 5 de la tarde para poder visitar la Colegiata de San Pedro, parte del  convento de las clarisas y algunos lugares emblemáticos del lugar.

Volvimos a la auto, comimos tranquilamente y ya que el lugar lo propinaba  “pedimos” para que dejara de llover o por lo menos lo hiciera con menos intensidad.

Después de una pequeña pero gratificante siesta nos abastecimos de chubasqueros y paraguas y nos dirigimos al punto de salida donde empezaba la visita.

Lerma es sin lugar a dudas un lugar con un mágico e increíble encanto que hace  que le prestes una singular atención, y  eso lo hizo posible  un hombre que emprendió un ambicioso proyecto constructivo a principios del S XVII. Don Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, más conocido como Duque de Lerma y valido del rey FelipeIII.

Entorno a su propio gran palacio y la maravillosa iglesia de San Pedro se abre una amplia plaza y se levantan varios conventos con distintas órdenes religiosas. El monasterio de la Ascensión iniciado en 1605 para monjas franciscanas clarisas fue el primero  que se construyó de los seis que alberga  Lerma. Esta comunidad que pudimos visitar muy por encima, la forman 120 hermanas de 25 a 25 años  y aunque parezca increíble, sobretodo para nosotros desconocedores de estos temas,  hay lista de espera para entrar en la hermandad.

En la pequeña iglesia del convento tras una gran reja de clausura bajo el coro, pudimos ver el Cristo que tenían las clarisas preparado dentro de un ataúd de cristal para la Celebración de la muerte del Señor que procedía en esta iglesia,  ante la atenta mirada de las hermanas que descubrimos tras las rendijas de la gran puerta de madera interior. A la misma hora, las 16.30, tanto las Clarisas como las Dominicas y las Carmelitas habían celebrado el mismo acto por lo cual no pudimos acceder a la iglesia hasta las 18h.

La guía siguió explicándonos leyendas e historias por las calles de esta villa inquietante y al finalizar nos dirigimos hacia la zona del convento donde las clarisas venden sus productos de pastelería más suculentos.

En una pequeña entrada  de un edificio nos encontramos un panel giratorio de madera con un timbre y a su lado un listado de precios. Llamamos al timbre y nos saludó y atendió una fina y joven voz de mujer que nos mostró, describió y explicó detenidamente cada uno de los ingredientes de todos los dulces que realizaban. Nos decidimos por unas almendras rebozadas en cacao. Abonamos el importe y la Clarisa giró el panel dándonos el producto. Realmente resultó muy extraño  y frio comprar algo sin ver el rostro de quien te lo vende…en fin.

Nuestras hijas estaban increíblemente impactadas (hablo de dos chicas de 13 y16 años), habían oído y leído sobre estas órdenes pero jamás lo habían vivido in situ. Así pues una vez  en la auto y mientras merendábamos  ambas reflexionaron un poco sobre el tema y mantuvimos un pequeño pero intenso debate preguntándose el porqué de estos hechos a los cuales intentamos responder  dentro de nuestro conocimiento.

Algunas de las cosas que se preguntaron…

-Mujeres jóvenes entregan su vida por completo a la fe. 

-no tienen contacto con nadie que no sea de la orden.

-no pisan la calle para nada, ni cuando están enfermas.

-Sólo pueden hablar por teléfono con la familia.

Les impactó tanto  la distinta  forma de vida  de las hermanas y la que ellas dos mantenían  que no se podían imaginar  en una vida  de clausura.

De hecho al final y tras recordarles  algunas  historias  de mujeres que nos había contado la guía, por fin llegaron a la conclusión que la vida es una ELECCIÓN  constante, ni mejor ni peor, sólo distinta, pero antetodo tiene que ser LIBRE.

Lerma nos dejó un buen sabor de boca, no sólo por sus exquisitos dulces, sino  por lo que habíamos aprendido y cavilado.

Esa tarde salimos  de Lerma dirección a Burgos  junto a una tormenta que nos acompañó gran parte del trayecto.

Llegamos  sobre las 19h 30 y aparcamos en la Plaza de Stª Teresa junto al convento del mismo nombre, a diez minutos caminando del centro. Al ser viernes por la tarde el aparcamiento se encontraba a rebosar pero tuvimos una suerte increíble al marcharse una gran furgoneta y pudimos aparcar sin molestar a nadie.

EL frio era intenso  y nuestras hijas estaban cansadas, así que mientras nosotros dos nos fuimos a pasear, las dejamos  calentitas viendo una peli entre  pipas y kikos.

Estábamos más céntricos de lo que creíamos y tras pasear un poco por esas calles gélidas, nos llegamos hasta la Calle San Lorenzo , en  un lugar muy coqueto llamado “ El Pancho”  donde tuvimos que esperar mesa o barra  un buen rato dado a la gente que había. Tuvimos suerte y pudimos sentarnos en una pequeña mesa  cercana a la entrada, estábamos rodeados de gente y la puerta no cesaba de abrir con lo cual pasamos un  pelín de frio, pero las tapas y el vino hicieron que no lo notáramos jajaja.

Cuando ya fue entrando la noche y los coches fueron desapareciendo del aparcamiento pudimos comprobar que habíamos unas seis autos aparcadas.

Sobre las 2 de la madrugada esa tribu de juventud incívica y maleducada volvió a hacer acto de presencia por desgracia  cerca de nuestra auto.

Dos parejas estuvieron dentro y fuera del coche con el frio que hacía, fumando porros y bebiendo desmesuradamente, gritando, cantando e  incluso vomitando cerca de nosotros hasta las 9 de la mañana. No sabíamos dónde pernoctar  y mantuvimos la calma. Ninguna auto se movió aunque una si tocó el claxon pero hicieron caso omiso.

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Covarrubias I   Covarrubias II
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