Italia Sur

Viaje sin problemas de tráfico, buen tiempo. Nos cruzamos con muchísimas autocaravanas, casi todas hacia el sur.

Mª José Caldentey diciembre 2021 - enero 2022
1º lunes 27 diciembre. St Feliu - Vins sur Carmy = 554km

Viaje sin problemas de tráfico, buen tiempo. Nos cruzamos con muchísimas autocaravanas, casi todas hacia el sur.

Llegando ya al área paramos a poner GLP y surge una discusión con Isidre por culpa de los nervios (difícil encontrar el surtidor de GLP, estación a tope de gente, la bomba no funciona, luego resulta que sí funciona pero ocurre que ya estamos llenos de GLP, el suizo que me insulta a gritos porque le hemos pedido a su mujer que se desplazara para dejarnos sitio…) en fin, al final no llega la sangre al río, pero casi.

Por suerte el sitio elegido para descansar, que ya conocíamos de otro viaje, es muy tranquilo, al lado del río y del pueblo (43,43193/6,14232) aunque no tiene servicios. 

Dormimos muy bien a pesar de que a las cuatro de la madrugada cae un buen chaparrón.



2º martes 28 diciembre. Vins – La Spezia = 423km

Circulamos por autopista hasta poco después de entrar en Italia, entonces cambiamos a la carretera nacional, que bordea el mar y va atravesando pueblecitos encantadores con sus típicas casas mantequilla de persianas verdes, mis preferidas; o las de color tierra rojiza más agresivas. Empezamos también, a ver la ropa tendida y algunas bolsas de basura en los rincones. Paramos a estirar piernas y tomar un café en uno de los paseos marítimos. Más adelante aparcamos en otro y almorzamos en la auto contemplando el mar y el castillo que preside el pueblo desde la cima de la colina. 

Regresamos a la autopista a la altura de Savona porque atravesar Génova nos parece una pérdida de tiempo inútil. Sin embargo esta autopista, que va continuamente bajo túneles, es horrorosa y muy peligrosa, con peraltes al revés (para poder desaguar en caso de lluvia), curvas cerradas… Estamos muy a punto de tener un accidente cuando en un cambio de autopista no hay tramo de incorporación alguno, nada, ni un metro. De manera inesperada nos metemos y se nos tira encima un camión que circulaba por su derecha. Por suerte, no sé cómo, nos salvamos: el camión se mete un poco en el carril contrario -venían coches de cara- y nosotros en la cuneta casi rozando la pared que cerraba el camino, por fortuna no tan alta como nuestro retrovisor que hubiera quedado aplastado allí mismo. Siempre comentamos que los italianos conducen fatal y son un peligro, pero esta vez hemos sido nosotros los que lo hemos hecho mal.

Sin más contratiempos llegamos al Area via San Bartolomeo. 6€/día 44,10420/9,85908 de La Spezia. Es muy cutre pero muy útil. Se trata de un descampado donde aparcas bastante cerca del vecino. Sólo tiene servicio de llenado y vaciado y algunos sitios con posibilidad de electricidad ¡a 6€/día! Pero es tranquilo y seguro. Está lejos del centro pero hay un autobús, nosotros como tenemos la moto no tenemos problema.

Llegamos ya de noche y no salimos de casita: música, libros y relax. Poco a poco van llegando vecinos y el área se llena.



3º miércoles 29 diciembre Cinque Terre = 97km moto

Sol y buena temperatura, ideal para la excursión a los cinco pueblecitos que forman los Cinque Terre. Isidre quiere ir en moto aunque vemos que todo el mundo recomienda el tren. La carretera es un sube y baja continuo, no hay una cornisa que vaya de pueblo a pueblo porque tampoco hay una montaña que recorra la costa, lo que hay es una sucesión de montañas separadas por pequeñas lenguas de tierra donde se asientan pueblecitos costeros. El tren que los enlaza transcurre casi siempre bajo tierra y la carretera no tiene más remedio que pasar de una montaña a otra ora acercándose la costa, ora alejándose, subiendo y bajando. Para llegar a los pueblos bajamos y luego tenemos que regresar por donde hemos venido. Por eso cuando llegamos al último pueblo hemos recorrido casi 70km. Por suerte, para regresar a La Spezia hay otra carreterita que circula por detrás de estos montes y nos lleva a casa en “sólo” 30km. Definitivamente recomendamos la visita en tren.

Los “Cinque Terre” son realmente muy bonitos y tenemos la suerte de pasearlos con la gente justa para que no estén “muertos” pero sin las molestias del gentío. No sabría decir cual nos gusta más. Almorzamos en un bistró de Vernazza, comemos muy bien y, aunque no es barato tampoco se pasan: un plato de pasta al pesto de la liguria (buenísimo) que compartimos, un plato cada uno de fritura de calamar (al punto, nada oleoso), una cerveza y un agua con gas y dos cafés 57€.

Llegamos a La Spezia que casi anochece y nos vamos a pasear por la zona peatonal, compramos pan y unos mapas de Italia actualizados (llevábamos del 2012), hay mucha animación… y cola para entrar en el Zara.



4º jueves 30 diciembre. La Spezia - Montalcino = 252km + 12km moto

Nos levantamos una hora antes para aprovechar mejor la luz y la verdad es que nos va muy bien pues llegamos al Parking de la bodega que nos acogerá en Montalcino justo a la hora de comer (43,03876/11,50311). La recepción está cerrada pero nos instalamos aunque sin conectarnos a la luz ni acceso al baño. Nos damos cuenta de que, en realidad, queríamos ir al agroturismo que hay justo detrás de la bodega pero los carteles nos han hecho equivocar. Como hemos bajado moto nos acercamos al primero pero resulta que está lleno así que nos quedamos donde estamos y rezando para que las plazas no estén reservadas. A las 15h abren y no, no lo están. El aparcar es gratis, la luz va con monedas y el baño cuesta 5€/persona, o sea 20€ los dos días que pensamos quedarnos, al final comprobaremos que no valía la pena, al menos para Isidre que ni lo ha pisado, él se ducha y va al baño siempre en la auto, yo al menos aprovecho para lavarme el pelo porque en la auto no me es muy cómodo. 

Montalcino es la patria del Brunello, uno de los vinos tintos más afamado -y caro- en Italia. Está enclavada en el corazón de la Toscana al sur de Siena, completamente amurallada y presidida por un enorme castillo. En su centro histórico medieval destaca el Palazzo dei Priori (siglo XIII-XIV) en la Piazza del Popolo, con su elegante torre sustentada en el estrecho edificio. A su lado il Cappellone, una logia porticada gótica del siglo XIV. Como todos los pueblos de la región Moltalcino se encuentra en lo alto de una colina por lo que su paseo, caminando, no resulta demasiado cómodo para Isidre operado de cadera hace tan sólo tres meses, por suerte tenemos la moto lo que nos permite acabar de rodear la ciudad. También aprovechamos la ubicación para tomar un té ante un gran ventanal con vistas sobre el valle que nos ofrece una cafetería, donde, además, nos deleitamos con un corneto de crema que está de muerte.

Anochece pronto y cada vez hace más frío por lo que nos vamos a casita. Al llegar resulta que van viniendo vecinos por lo que me espabilo en ocupar el baño y disfrutar de un buen chorro de agua caliente.

Acabamos el día con nuestra música y nuestros libros.



5º viernes 31 diciembre. San Quirico d’Orcia, Pienza y Buonconvento = 90km moto

Amanecemos hasta doce autos en la esplanada de la bodega, increíble. 

Hace un sol maravilloso, el cielo sin una nube, hace fresco (12ºC) pero no frío. Nos vamos con la moto de paseo disfrutando de los paisajes típicos de Toscana, los campos verdes que cada tanto rodean una casa aislada a la que se accede por un camino bordeado de cipreses; las casas de piedra, los pueblos empinados en las cimas de las colinas. Lo malo es el firme de la carretera, además de bastantes baches hay muchos pegotes y asfalto abultado bastante peligroso para la moto.

El primer pueblo que paseamos es San Quirico d’Orcia, un pequeño pueblo del valle homónimo con un centro histórico pequeño y coqueto; todo amurallado ofrece unas vistas al valle espectaculares. 

A tan sólo 10km se encuentra el segundo pueblo: Pienza. Una bonita puerta medieval, reconstruida puesto que fue destruida en la segunda guerra mundial, nos da la entrada al casco histórico. Lo primero que nos sorprende es que hay mucha gente paseando, tanto grupos de autocar como parejas y familias vestidas de domingo, está claro que es el pueblo más turístico de la zona. También amurallado y con vistas espectaculares a todo el valle. Varios palacios como el Piccolomini, que era residencia veraniega del Papa Pío II y el palacio Borgia, son joyas del Renacimiento muy bien conservadas. Las tiendas de quesos tienen mucho éxito pues en esta zona elaboran un queso de oveja muy singular, no compramos porque no nos apetece hacer cola. En la plaza del Ayuntamiento están preparando una pira con gruesos troncos que imaginamos arderán esta noche de San Silvestre.

Regresamos a almorzar a casa, hoy una comida especial de fin de año.

Por la tarde, pronto porque hemos de aprovechar la luz, nos acercamos a Buonconvento otro pueblecito que conserva parte de las murallas y un par de calles de época, pero lo más singular es, sin duda una lápida conmemorativa de la resolución del 1860, adosada a la pared del ayuntamiento, donde se refleja que la votación a favor de una Italia unida y monárquica (Rey Vittorio Emanuele) fue muy mayoritaria en la región. Y, al lado, otra lápida del 2011 en la que esta vez solamente el pueblo de Buonconvento, reiteran sus votos del anterior. Muy curioso.

Nos sentamos en una terracita a tomar un café y la dueña prefiere invitarnos que cobrar con la Visa o darme cambio de 50€, al final encuentro monedas pero antes de llegar a los 4€ que me pedía me dice que basta, basta y tan contenta. Curioso.

Regresamos con las últimas luces -y primeros fríos- y paramos en una bodega de Montalcino para ver los famosos vinos. No compramos ninguno pero sí una botellita de champagne Laurent Perrier y unas galletas típicas del pueblo que no tienen un nombre muy bonito: “huesos de muerto” para celebrar un Nuevo Año como nos gusta: de viaje con nuestro “cargol”.



6º sábado 1 enero. Montalcino – Anagni = 252km

Está nublado aunque no hace frío. Tras el desayuno recogemos todo y nos vamos del área, al salir vemos que hay autos en todos los rincones, hemos debido pernoctar aquí unas 20 autocaravanas. 

Circulamos por los singulares paisajes de la Toscana hasta que los dejamos atrás; entonces enfilamos la autopista para llegar a Anagni de día y poderla pasear. A ratos sale el sol, a ratos nos encontramos bajo la niebla. 

El GPS del coche nos juega una mala pasada al llegar a destino y nos mete por unos caminos que atraviesan campos y unas calles estrechas y empinadas que nos hacen sufrir un rato, incomprensible porque siguiendo siempre la carretera llegábamos perfectamente a destino sin rodeos.

El Parking (41,7449/13,163) está al lado del cementerio, es amplio, tranquilo y plano; tiene servicio de vaciado/llenado gratuito y el centro histórico está a 5 minutos caminando aunque cuesta arriba. Bajamos moto y llegamos a una de las entradas de la calle Vittorio Emanuele que es larguísima y la única que vale la pena pasear aunque hoy casi ni esto pues todo está cerrado y dormido y tampoco hay nada excepcional que visitar. Al menos estiramos las piernas.

Van llegando más autos y llegamos a ser 11 aunque cada cual en su casita ni nos enteramos de los vecinos.

Viendo que hay tanta aglomeración de autos por todas partes, decidimos cambiar el itinerario y no ir mañana a Nápoles como previsto; lo dejamos para el regreso que será mitad o final de mes y como los niños estarán en el colegio -si el covid lo permite- habrá menos turistas. Iremos hacia el sur costeando a partir del sur de Nápoles.

Y ahora que he nombrado el covid, escuchamos cada día en la radio que el virus no para tampoco aquí de infectar: miles de confinados, hospitalizados y muertos; en las cafeterías y restaurantes nos piden siempre el pase covid. Todo como en casa.



7º domingo 2 enero Anagni – Palinuro = 332km

Nos despertamos envueltos en la niebla. Cargamos agua y nos vamos circulando por carreteras comarcales pero pronto vemos que no vale la pena, ni los paisajes ni los pueblos tienen interés y el firme de las carreteras deja muchísimo que desear, según cuales parecen ucranianas. Tras comprar en un Conad nos vamos a la autopista que ya no abandonamos hasta pasado Savona. Nos vamos hacia la costa por el Parco del Cilento, la carretera discurre por el interior y de ella van saliendo otras, perpendiculares, que se dirigen al mar. Cogemos la que nos lleva a Palinuro, una carretera estrechita que junto a un río de agua totalmente transparente atraviesa una garganta que acaba en el mar.

Nos dirigimos al parking de autocaravanas pero está cerrado, entonces, siguiendo un consejo de un colega de Park4night seguimos 300m y llegamos al puerto deportivo donde podemos aparcar sin problema (40,03055/15,27526 ). Tenemos una vista a la bahía y al pueblo preciosa, la temperatura es ideal y damos un buen paseo. Me encanta todo lo que tenga que ver con el mar: los ruidos, los olores y los sabores. Pasamos una espléndida tarde/noche.



8º lunes 3 enero. Palinuro – Reggio Calabria= 429km

Anoche algunos grupos de jóvenes descontrolados quisieron molestarnos con ruidos y claxon pero la verdad es que a pesar de ellos hemos dormido bien. Ha sido un placer conocer Paniluro.

Rehacemos el camino hasta la carretera principal y cometemos el error de querer costear hasta Reggio Calabria porque, aunque disfrutamos mucho el paisaje por esta cornisa, vamos demasiado despacio -la mayor parte del tiempo a menos de 40km/h- y al cabo de más de dos horas sólo estamos en Matera, o sea a 300km de destino, por esto decidimos optar por la autopista aunque tenemos que retroceder un poco. 

La autopista resulta muy atractiva hasta Cosenza pues va por lo alto de las montañas con enormes puentes y unas vistas magníficas. A ratos sol, a ratos nubes, y a mediodía 22ºC. En Cosenza cometemos el segundo error del día: salimos a la ciudad en busca de una buena pizza napolitana. Parece que la suerte con acompaña y encontramos un “restaurante – pizzeria” y un parking vigilado al lado; pero será un error porque no nos quieren servir pizza (dicen que sólo por la noche) y nos cobran en exceso (5€ una caña y 4€ de “cubierto” y todo el resto en este orden de precios) sin ser nada excepcionalmente bueno. Y el parking 4€ cuando apenas hemos estado una hora. En fin… rabia porque siento que se han burlado de nosotros. 

Seguimos camino cada vez con más sol y menos nubes y llegamos Reggio Calabria. Nos dirigimos a una finca de “Agriturismo” que anoche, por teléfono, me confirmó que está abierto. Cuando dejamos la autovía, el camino para llegar es terrorífico: los baches abundan pero además son muy profundos, con nuestro peso podemos reventar una rueda fácilmente, además calles muy empinadas, estrechas y con curvas cerradas, en una de ellas no nos come un coche que sale de una calle a nuestra izquierda a toda velocidad invadiendo nuestra calzada por muy, muy poco; de hecho quedamos ambos parados, de frente ¡qué susto!. Llegamos a la finca y resulta que el camino de entrada y en su interior es tan inclinado, arenoso y con baches que decidimos irnos pues en el caso de que lloviera no podríamos salir. Regresamos a la autovía y decidimos retroceder 25km, hasta Scilla porque allí hemos visto una reseña sobre un área con servicios justitos pero muy buenas vistas. (38,252121/15,702112) Se ha hecho de noche y nos cuesta muchísimo encontrar el área, el GPS nos señala un punto de la carretera y ahí no hay nada; al final deducimos que es allí, pero en altura. Efectivamente, hay un camino que asciende por la montaña y ahí está el área, como está cerrada y no se ve nada estamos a punto de marcharnos cuando unos extranjeros salen a abrirnos, resulta que no son los dueños sino usuarios como nosotros que están instalados dentro… y habían cerrado la puerta. Aunque es noche cerrada se intuye un paisaje increíble: tenemos delante el mar y las luces de Sicilia, un poco más al oeste el Stromboli y el Golfo di Giogia.

Poco a poco van llegando otras autocaravanas, al final somos 6 o 7 pero sólo se notan los dos italianos, los otros, alemanes e ingleses, como si no estuvieran.

Poco a poco vamos “descubriendo” esta área tan especial: es una esplanada de hierba al borde de un acantilado, tiene conexiones de luz y en un rincón descubrimos unas duchas tipo playa, o sea individuales y con puerta que no llega ni al techo ni al suelo, dos lavabos y un wc; todo muy pero que muy elemental.



9º martes 4 enero. Reggio di Calabria y Scilla = 86km moto

A las 8h30 ya estoy bajo la ducha -de la auto- lavándome el pelo. Hace sol, un día que más parece de primavera que de invierno. Pasadas las 9h aparece un chico a cobrar: son 15€ día.

Nos vamos a Reggio por la carretera comarcal que bordea la costa y atraviesa pueblecitos casi unidos ya a la ciudad, hay mucho movimiento de gente, comercios, talleres y los coches nos pasan como locos; algunas casas bonitas de otro tiempo y la mayoría muy sencillas e impersonales; también algunas semi derruidas. 

Llegamos sin más contratiempos a Reggio y lo primero que hacemos es recorrer el famoso paseo de “Lungomare”, es una avenida amplia muy arbolada, con palmeras y otros enormes árboles, espectaculares, que me dicen son “Ficus macrophylla”. Desde aquí vemos el Etna ahora cubierto de nieve.

Para saber dónde está el centro peatonal busco “Zara” y no falla, esta tienda siempre está en el mejor sitio de paseo de la ciudad; en este caso se trata de una larguísima calle peatonal llena de comercios y cafeterías. Tomamos un capuccino en una cafetería que también es pastelería así que aprovecho para comprar un canolo para mi y un corneto de nata para Isidre, nos los comeremos de postre. En un par de tiendas aprovecho las rebajas para comprarme unos jerséis más finitos que los que he traído en este viaje ya que el tiempo es tan clemente.

Visitamos el Castello Aragonese construido por Fernando II de Aragón en el S. XV., no queda mucho en pie pero se aprecia que fue una fortaleza importante.

Almorzamos en casita un arroz al funghi  (y nuestros deliciosos postres) y tras una breve siesta nos vamos a visitar Scilla, que está a nuestros pies. Scilla resulta ser un pueblecito encantador; está dividido en tres partes, dos al borde del mar y una sobre la montaña. Las dos mitades del mar están separadas por una gran roca sobre la que se asienta el castillo. Se dice que en esta roca habitaba el monstruo Escilla que tenía seis cabezas y ahogaba a los navegantes cuando intentaban atravesar el estrecho de Mesina. En la parte norte calles estrechísimas, casas sobre las rocas del mar, algunos hotelitos y restaurantes; en la parte sur una playa de arena blanca y un paseo con bastantes casas por restaurar. No me puedo resistir a una heladería que anuncia helados de fabricación propia y, efectivamente, son deliciosos.

Antes de regresar a nuestro “cargol” aún nos acercamos al siguiente pueblecito pero no tiene demasiado interés.

Al llegar resulta que estamos solos en el área pero hacia las siete nos llegan vecinos.



10º miércoles 5 enero: Del área por la 106, Gerace y Isca Marina = 208km + 2km moto

Sol y magníficas temperaturas, circulamos en mangas de camisa y a ratos con la ventana abierta y es que no da el sol de lleno en esta Nacional 106 que rodea la península de Calabria. Es una carretera encantadora porque ofrece paisajes y pueblos. El primer espectáculo es el del Etna que parece que esté flotando y tiene la cumbre cubierta de nieve. El mar es de un azul tan intenso que a veces se torna casi negro, pero en las playas se torna turquesa y transparente. La vegetación es casi africana: palmeras de varias especies, pinos, olivos, buganvilias y adelfas. Las playas de arena finísima pero compactada, las montañas son sólo colinas muy verdes por donde asoman rocas y tierras blanquinosas que evocan el cemento. La vía del tren, entre la carretera y la costa estropea un poco el conjunto. Vamos atravesando pueblecitos, unos más grandes, otros más pequeños pero todos con una carretera que parece ser el eje principal de la vida. 

Al llegar a Locri nos desviamos hacia el interior y subimos hasta Gerace, un pueblecito medieval que tiene unas vistas que cortan la respiración: el mar, la costa, las colinas, las verdes llanuras. Y el pueblo también vale la pena con sus callejuelas estrechas, empedradas, la catedral bizantina, los arcos, las puertas de la muralla; la mayoría de las casas son de barro, quizás arcilla y piedras de río. Por supuesto es, como todos los vistos, un pueblo arrapado a la montaña que hemos podido recorrer gracias a la moto dejando la autocaravana en un parking en la parte baja del pueblo, antes de la muralla. (38,273998/16,2204) Allí hemos comido nuestras lentejas -cocinadas y congeladas en casa- puesto que los restaurantes de Gerace estaban cerrados, aunque hemos podido tomar una cervecita en la terracita de un bar que sólo nos ofrecía “paninis” para almorzar, en cambio he podido comprar unos dulces típicos que son parecidos a nuestros panellets. 

Tras el almuerzo hemos regresado a nuestra N106 que hemos reencontrado no sin dificultades pues la carretera principal estaba cortada y nuestro GPS no lo decía.

Hemos tenido que parar en un Centro Comercial de uno de los pueblos para comprar un cargador para mi móvil ya que se ha roto el que usaba a diario conectado al encendedor del coche. Y puesto que sólo tenemos un teléfono no sería prudente no poder cargarlo.

Habíamos previsto visitar también Stilo, un pueblo coqueto con una gran catedral bizantina, pero ya se nos ha hecho tarde y nos ha apetecido más llegar a nuestro punto de pernocta: un parking casi encima de la arena de una extensa playa de arena fina, amarilla, donde estamos completamente solos escuchando el rumor del mar. (38,617373/16,560201). El Paraíso seguro que se parece a esto.



11º jueves 6 enero: Isca -Catanzaro – La Castella – Sta Severina = 145km + 5km moto

Sol espléndido este día de Reyes, hace calor y abrimos una ventana mientras desayunamos. Llamamos a la familia para ver la emoción de los nietos aunque sea por videoconferencia.

Nos vamos tranquilamente circulando por nuestra S106 y nos desviamos a Catanzaro, error tremendo porque hoy es fiesta y no es día de ciudades, pero lo peor es eque la circulación es intensa, la ciudad (como no, en pendiente) es caótica y nos vamos después de atravesarla de punta a punta sin haber podido aparcar.

Regresamos a la costa y vamos a Le Castella que es un pueblecito de mar con un castillo que fue construido por el rey aragonés aunque por lo visto antes existió otro romano del que habla Plinio. Es un castillo muy bonito ubicado en un islote a la que se llega por un promontorio elevado sobre el mar. Por lo demás es un pueblecito de veraneo en el que ahora está casi todo cerrado. A Isidre le apetece un plato de pasta y yo sigo tendiendo pendiente la pizza, por suerte aún queda un restaurante abierto que resulta ser muy bueno aunque no tienen pizza. 

Por la tarde decidimos acercarnos al pueblo de Santa Severina, como casi todos encima de una montaña, esta vez más en la cima que nunca y nos metemos en un lío gordo pues apenas pasamos para poder llegar a un parking además del vértigo para llegar. Bajamos moto y recorremos las callejuelas, sobre todo las que tendremos que recorrer mañana cuando nos vayamos. Luego llegamos hasta el castillo normando y también la catedral que son los dos edificios interesantes, además de la vista que como es de suponer es amplísima y muy bonita.

Nos sentamos en la única plaza plana que tiene el pueblo donde vemos que se concentran los abueletes para caminar en un ir y venir los 200m que debe tener de largo. Ya tranquilos nos prometemos no volver a visitar con la autocaravana ningún pueblo que esté en altura, basta de sustos. (39,146773/16,915874)



12º viernes 7 enero. Sta Severina – Bernalda- Metaponto = 222km + 44km moto

Hemos dormido muy bien, total silencio. Al despertarnos hacía sol pero no ha durado demasiado, se ha nublado y conforme íbamos hacia el norte veíamos las carreteras y sobre todo los campos inundados señal de que ha llovido mucho. Nos hemos librado y sólo ha lloviznado un poco durante la mañana aunque las calzadas estaban tan mojadas que los coches iban salpicando mucho. El paisaje hoy no era demasiado interesante, los pueblos feúchos y sin personalidad, los campos de olivos y también de naranjas y mandarinas; a ratos las S106 se convertía en autovía y se alejaba de los pueblos con lo que aún era más aburrido. Precisamente atravesando uno de los pueblos nos ha pasado lo mejor de la mañana y es que hemos aparcado para ir a una cafetería y ha resultado que a la puerta de donde estábamos había una pastelería-cafetería fantástica; por supuesto han caído unos cornetos y nos cuantos canolo para postres.

Hemos almorzado delante del mar y ha asomado el sol tímidamente, hemos buscado una marina para aparcar y bajar moto y nos hemos ido a Bernalda aunque el tiempo ya no acompañaba. Bernalda tiene un casco histórico muy antiguo pero mal conservado y ahora más parece un barrio marginal; allí, como ya va siendo habitual un “castillo aragonés” y una iglesia bizantina. 

Cuando nos dirigíamos a Metaponto ha empezado a llover por lo que nos hemos dirigido rápidamente a “casita” y menos mal porque al llegar un guarda nos ha dicho que cerraban la Marina así que nos hemos ido enseguida. Con la auto nos hemos acercado a Metaponto que tiene un yacimiento de una antigua ciudad griega pero ahora poca cosa se puede ver; pero de lo que más presume la ciudad es de que aquí vivió Pitágoras y aquí fundó una escuela.

Hemos buscado un rincón en una tranquila calle de la urbanización que hay en “Lido Metaponto” que ahora está casi desierto.

Se hace de noche muy pronto por lo que los días son cortos y no dan para mucho.



13º sábado 8 enero: Metaponto – Matera = 54km + 22km moto

Hemos dormido muy bien, ha ido lloviendo durante la noche pero cuando nos despertamos sólo está gris. Llegamos a Matera y nos instalamos en el Camper Area de Matera (40,680026/16,620461), está a sólo 4km del centro pero si no tienes vehículo para desplazarte el camping tiene un pequeño autobús y te lleva y recoge.

Nosotros bajamos moto y tenemos la suerte de que en este pueblo en el que absolutamente todo está en pendiente y lo que hay que visitar es área restringida, permiten circular motocicletas. ¡Salvados! De todas formas para llegar a muchos sitios las calles son además de estrechas con escalones por lo que ni con la moto.

Matera es una ciudad muy especial que hay que ver; adosada a una colina tiene, en lo alto, una zona con palazzos, casas más o menos bonitas, iglesias, una Catedral… pero en los barrancos se esconden una multitud de cuevas que se remontan al S.VIII a.C. (¡2.800 años!) Se llaman sassi y estuvieron habitadas hasta que a finales de los años 50 del siglo pasado 15.000 familias fueron realojadas a la fuerza en viviendas nuevas protegidas. Ahora los sassi son la atracción turística de la ciudad y desde 1993 Patrimonio Mundial de la Unesco. Visitamos alguna casa (de 2€ a 3€ la entrada) y paseamos por todas las callejuelas posibles, también por la parte nueva donde en la Piazza Vittorio Veneto nos tomamos un capuccino y un corneto de crema.

En cambio, a la hora del almuerzo volvemos a sentirnos estafados. Resulta que tenía un par de restaurantes recomendados pero al llegar a la puerta del primero estaba cerrado y el vecino de la tienda de al lado me ha recomendado uno (Bell’Agio) que ha resultado carísimo para la comida tan escasa que nos han dado. 

Tras la comida hemos paseado un poco más pero como hacía mucho frío hemos regresado a casita. A las seis de la tarde la temperatura exterior ya era de 5ºC .

Y esta tarde vemos una película en mi Ipad, cosa muy rara cuando estamos en la auto, hemos visto Dune que a mi me ha aburrido pero el hecho de compartir la película sentaditos en la salita de nuestro “cargol” ha sido agradable. La verdad es que tenemos una TV que no ponemos absolutamente nunca.

A las siete teníamos hambre y hemos querido pedir una pizza por teléfono pero cuando me han dicho que no me la podían servir hasta casi las nueve, lo he anulado, en realidad era un capricho, tenemos mucha comida en la auto.



14º domingo 9 enero. Matera – Taranto – cerca de Gallípoli = 180km

Hemos dormido bien pero cuando tienes vecinos ya se sabe: ruidos tempranos por los madrugadores que se van a primera hora. Ha vuelto un sol espléndido y aunque el termómetro marcaba 2’5ºC a las nueve de la mañana, la verdad es que pronto nos hemos quitado jerséis.

Por la nacional hemos llegado a Taranto y aparcado en un gran parking al inicio (o final, según se mire) del casco antiguo, la zona marinera de la ciudad (40,480717/17,227383). Me ha parecido que no hacía falta bajar moto pero me he equivocado porque esto ha limitado el paseo de Isidre. Por el borde del mar hemos caminado a lo largo de todo el muelle de las barcas de pesca, delante alucinábamos viendo los edificios de primera línea muy destrozados, alguno aguantado con estructuras exteriores de hierro. Casi al final del muelle había un mercado de pescado que se veía “extraoficial”, hecho por los mismos pescadores con sus cajas de las capturas del día, sobre todo mucho mejillón, algo de ostras y gambas.

Acabado el muelle se llega al punto donde se une la isla del casco antiguo con la parte nueva, he subido hasta el puente y allí estaba el gran castillo aragonés, este bastante imponente y muy bien conservado pues ahora lo ocupa la Marina militar italiana. 

De regreso a la auto he visto un “panificio” y he entrado a comprar un par de panecillos y dos galletas grandes, mi sorpresa ha sido que me ha costado todo 50ct.

Como aún no era la una del mediodía hemos arrancado y buscado un bonito lugar en la playa para almorzar, no lo hemos encontrado y nos hemos tenido que conformar con un parking llano entre árboles en segunda línea de playa. Y lo que siempre pasa: a continuación hemos seguido camino hacia el sur y estaba llenos de lugares maravillosos con espléndidas vistas… De hecho ha sido una tarde preciosa pues toda la costa de Taranto a Gallípoli ha sido muy bonita, con casitas de veraneo, sencillas, no pobres, sin un tren en medio, con arena que a veces tapaba hasta la carretera, con zonas de preciosas dunas, otras de rocas oscuras, el mar como si lo hubieran planchado, azul con matices más oscuros o más transparentes según la profundidad. 

Sólo hemos parado cuando Isidre ha localizado una heladería donde he comprado cuatro terrinas grandecitas (no me las he comido todas, están en el congelador) y hemos llegado a las puertas de Gallípoli ya con las ultimísimas luces.

Nos quedamos en un parking delante del mar (40,070995/18,004536) sólo frecuentado por parejitas que van llegando en coche, están un ratito y se van. 

Hace una noche preciosa, estrellada. Es una suerte poder disfrutar de estos lugares tan bonitos sin la acumulación de gente que deben sufrir en verano.



15º lunes 10 enero. Gallípolis y la costa al sur = 44km + 10km moto

Noche perfecta y despertar con vistas al mar, ¿se puede pedir más? El cielo está tapado pero no llueve. Tenemos al otro lado de la calle un gran hipermercado y aprovechamos para llenar la nevera que la pobre está vacía.

Nos acercamos hasta el centro de Gallípoli (que en griego significa ciudad bonita) con la auto. En un parking amplio bajamos moto y nos vamos al centro histórico que, como el de Taranto, está en una isla unida al continente por un amplio puente. Pero este centro histórico es mucho más bonito, es antiguo pero no viejo, las casas (la mayoría) no están destrozadas, las callejuelas están empedradas y muchas de las casas tienen unas entradas enormes para el carro y las caballerizas, la catedral es bonita y está bien cuidada, precisamente están limpiando la fachada. Me decepciona la farmacia del 1814, no parece muy especial. Hay muchísimos restaurantes, sobre todo de marisco y pescado aunque la mayoría están cerrados. Lo mismo que muchas tiendecitas de recuerdos, heladerías y pastelerías. Aquí reconozco que me gustaría más que hubiera algo de bullicio. Como no podía faltar hay un castillo vigilando el puente de entrada a la ciudad y a sus pies el mercado de pescado. También observamos que hay varios muelles de pesca y deportivos.

La ciudad nueva no tiene demasiado interés, la calle principal, no peatonal, aglutina los comercios y cafeterías no dedicadas al turismo como los del centro histórico.

Tomamos un delicioso capuccino en una cafetería y decidimos regresar a la auto. Guardamos moto y nos desplazamos hasta la playa para comer delante del mar. Hoy Isidre hace unos macarrones con salsa de tomate con senderuelas y chorizo; la salsa la traíamos (congelada) de Sant Feliu y la pasta la compramos en un supermercado de aquí: buenísimo. Y de postre helados que aún tenemos de los que compré ayer.

Seguimos hacia el sur hasta que encontramos un encantador rincón en uno de los muchos pueblecitos de veraneo que tiene la costa, estos pueblecitos son, como los de ayer, sencillos, de casas bajitas y playas de arena finísima. Lo único malo son los baches de las calles en cuanto sales de la carretera principal.

Esta vez llegamos al destino pernocta (39,85710/18,16575) aún de día por lo que damos una vuelta por el paseo presidido por una torre de vigilancia que debe tener unos cuantos siglos. Todo el litoral está lleno de estas torres, similar a la que jugaba yo con mis primos en Mallorca, porque los turcos -los moros los llamábamos- asediaron estas costas y a sus habitantes durante siglos. Por esto también los pueblos están en el interior, en la costa sólo había cuatro casitas de pescadores, porque los habitantes estaban allí más protegidos ya que disponían de tiempo para esconderse o huir cuando desde una torre avisaban de la llegada inminente de “los moros”.

Pasamos una tarde deliciosa y descansada. 



16º martes 11 enero. Por la costa Leuca, Tricase, Otranto y área = 113km + 6km moto

De nuevo el despertarse con el rumor del mar, abrir los ojos y que todo sea azul. Cielo nublado pero sin amenaza de lluvia. 

Tras el desayuno seguimos hacia al sur pegados a la costa, vamos atravesando pueblecitos, campos de olivos, almendros, pinos, chumberas y adelfas. La costa es accidentada pero llana con muchas calitas con playa, hasta que llegamos a Santa María di Leuca que es el pueblo que está en la punta donde se juntan los dos mares: el Jónico y el Adriático. A partir de este momento ya es la costa adriática y el paisaje cambia: grandes acantilados, zonas desarboladas y muchísimas piedras, tantas que casi todas las casas son de piedra y hay márgenes de piedra seca por todas partes, incluidos los de la carretera que sustituyen a los guardarraíles. Hace bastante viento.

Llegamos a Otranto casi a mediodía con la mala suerte de que la Catedral ya ha cerrado y no podremos ver la curiosa “Cappella mortiri”, con los restos de los 800 mártires que los turcos, en el 1480, asesinaron por no querer convertirse al islam.

Aquí también hay un imponente “Castillo aragonese” con el escudo de Carlos V (I de España). Hace mucho viento y la playa está llena de surfistas felices practicando su deporte. Nosotros conseguimos comer pizza en una cafetería aunque lo mejor han sido los postres de crema y el café. Y la simpatía de la joven que atendía.

Nos vamos al área escogida cerca de Lecce para poder visitarla mañana. El área está cerrada pero un cartel en la puerta dice que la abras y entres y eso hacemos. Nos encanta el sitio, tiene de todo y tranquilísimo; si hiciera bueno sacaríamos sillas porque es como si estuviéramos en un jardín, además todo nuestro porque estamos solos. Coordenadas del área: 40,2827/18,1318. A las ocho de la noche se va la luz del área pero no nos importa porque tenemos las baterías al 100%.



17º miércoles 12 enero. Lecce = 38km moto

A las 5 de la mañana algún loco se ha puesto a dar hachazos sobre algo de madera, por suerte no ha durado mucho y ha sido el único ruido de la noche. Al despertarnos la electricidad se ha restablecido pero no viene nadie a cobrar ni a decir nada.

Hace un sol espléndido que nos acompaña todo el día pero también bastante viento fuerte y frío. Bajamos moto y nos vamos al centro de Lecce que está a sólo 8km. 

Lecce es bonito, tiene muchos palazzos con unas fachadas elegantes y enormes entradas, pero lo más sorprendente es el anfiteatro romano que han encontrado bajo la plaza principal del centro histórico; han excavado y destapado una parte del mismo, no todo porque tendrían que derribar demasiados edificios y eliminar algunas calles. También son interesantes las fachadas barrocas de sus iglesias, sobre todo la de la Santa Croce. No podía faltar un castillo con el escudo de Carlos V (I de Epaña) en la puerta, la entrada es gratis pero no nos apetece ver más castillos.

Tomamos un capuccino en la terraza de una cafetería de la plaza Sant Oronzo, frente al anfiteatro excavado  y de paso probamos el dulce típico de la zona, el “Paticciotto”, buenísimo, recién salido del horno y con abundante crema. Paseamos por las callejuelas y aprovechamos para compras prácticas (un afilador de cuchillos) y románticas (un CD de tarantelas para escuchar cuando vamos en ruta). A mediodía almorzamos en la “Mamma Lupa” recomendado en la guía y que nos ha encantado.

Regresamos a casita sufriendo porque sin darme cuenta casi he agotado la batería del teléfono y lo necesito para localizar el área pues se ubica en una zona industrial. ¡Llegamos con el 3% de la batería! Descansamos un poco mientras recargo y luego nos vamos a un hiper a comprar pasta, salsas, cervecitas y otros caprichos.

De regreso a la auto, ya casi sin luz, aparece un señor, muy amable, que resulta ser el propietario del área y también del taller de autocaravanas ¡HYMER! que tenemos al lado. Charlamos un poco con él pues tiene intención de visitar España próximamente. Quedamos que mañana pasaremos a pagar por el taller cuando nos vayamos.



18º jueves 13 enero. Por la costa y Polignano a mare = 153km + 9km moto

Sol espléndido tras una noche en calma total. Desayunamos, recogemos y no aparece nadie a cobrar, me acerco hasta el taller y está cerrado. Al final dejamos un sobre con 20€ porque no tengo más suelto, al menos que les hayamos costado dinero por el gasto de luz.

Nos vamos por carreteras secundarias y algunos atajos que más parecen caminos de carro, siempre procurando ir pegados a la costa aunque en este tramo lo más cercano al mar es la autovía que no queremos coger porque es aburrido, al menos por las comarcales vamos atravesando caseríos, pueblecitos, campos cultivados, muchísimos olivares… Aparece una cafetería con una espléndida terraza al sol y no nos resistimos aunque son ya pasadas las 12h del mediodía, ya almorzaremos más tarde, de momento un buen capuccino y un corneto de crema deliciosos.

Esta costa no tiene acantilados, es baja y con pocas playas pues las rocas llegan hasta el mar y choca contra ellas con fuerza creando un bonito espectáculo al levantarse el agua apareciendo por las agujereadas rocas.

Uno de los pueblos que atravesamos es Monopoli, una pequeña localidad turística que también tiene su castillo de Carlos V y una iglesia-catedral. El puerto se ve muy activo y con bastantes embarcaciones.

Llegamos a Polignano a mare y almorzamos sobre un acantilado mirando al mar, hace viento y está muy revuelto, con frecuentes olas que petan con rabia sobre las rocas.

Luego buscamos un sitio mejor donde podamos pernoctar. Nos quedamos a las puertas de un club náutico donde no molestamos.

El pueblo está ubicado en lo que fue la Vía Trajana, el camino que construyó el emperador Trajano para comunicar Brindisi con Roma. Bajamos moto y nos vamos a pasear por el casco antiguo; entramos por Arco Marchesale que antiguamente era la única entrada al pueblo ya que este se encuentra sobre dos acantilados separados por una pequeña playa llamada Lama Monachile. El casco antiguo es muy bonito, muy blanco y con unas vistas al mar espectaculares pero ahora está literalmente desierto, hay muchas cafeterías, restaurantes, heladerías, tiendas de recuerdos, todo cerrado. Paseamos, hacemos fotos y nos vamos a la parte nueva del pueblo que no ofrece ningún interés. Paseamos un poco más por el lungomare pero empieza a anochecer y hace frío -ese viento helado- por lo que nos recogemos en casita.



19º viernes 14 enero. Polignano – Bari – Barletta = 95km + 46km moto

Sigue brillando el sol y soplando el viento. Queremos visitar Bari pero todos los parkings que leo en la guía tienen problemas, o de acceso o de peligro por robo por lo que al final decidimos aparcar en Torre a Mare un pueblo costero  a unos 10km de Bari que tiene una zona de parking en pleno centro y muy amplio. Por si acaso escondo los Ipads y pongo la alarma. Con la moto, paseando por el lungomare llegamos a Bari. Primero vamos a la zona peatonal moderna pero ya antes de llegar vemos que Bari es una ciudad  próspera y con solera; la prestancia de sus edificios nos recuerda a nuestro “Eixample” de Barcelona. En esta zona abundan las tiendas de las tiendas más caras aunque también otras de las que están en todas partes como Zara. Paseamos y tomamos nuestro capuccino en una terraza cubierta esta vez con la sorpresa de que nos cobran 2€ por el “cubierto”. No compramos nada pero nos gusta ver la moda en este país porque siempre van una temporada por delante y porque suele ser bastante “chic”, atrevida, provocadora.

Nos vamos al casco antiguo de estrechísimas callejuelas y nos divertimos mucho recorriéndolo con la moto, porque aquí, como en Matera, las motos pueden circular. Isidro va con cuidado cuando nos encontramos con gente pero los nativos van a mil por hora y tocando el claxon para que se aparten. Aparte de la ropa tendida de siempre en las calles abundan los restaurantes y algunos vendedores con la parada de frutas y verdura instalada en un rincón o en una esquina. Visitamos la iglesia de San Nicolás que alberga su tumba en una bonita y amplia cripta, en este momento con bastantes fieles rezando devotamente. Es muy curioso porque este santo es venerado tanto en la iglesia católica como en la ortodoxa, la copta ortodoxa y la anglicana; es patrono de Rusia, Grecia y Turquía. Además fuera del mundo cristiano, su figura ha dado origen al personaje de Sant Niklaus, o sea, Santa Claus o Papá Noel.

A mediodía regresamos a la auto para comer unos “linguine allo scoglio” (pasta con pescado de roca) buenísimos. Después nos vamos, por la costa, hasta un área que tengo localizada en Trani, pero, gran decepción: está cerrada. Llamo al número de teléfono que hay en la puerta y me dicen que no abrirán en varios meses. No conozco ninguna otra área en Trani por lo que decidimos ir a Barletta, aquí hay un parking con servicios, se trata del “Parcheggio Garage Coloseo” 41,312563/16,281443 y lo único malo es que las autos están bastante juntas unas con otras y, por supuesto, vista cero. Pero preferimos un sitio bien vigilado porque mañana a lo mejor nos iremos todo el día con la moto. 

Una vez instalados en el parking nos vamos con la moto a ver el “Coloso”, una figura  romana de bronce de 5m de altura que es la más  grande que se conserva, además tiene una historia curiosa y es que los venecianos la robaron en Constantinopla pero el barco con el que se la llevaban naufragó y la figura llegó hasta la orilla de Barletta y aquí se ha quedado.  También paseamos por el casco antiguo y sobre todo por el amplio paseo del mar jalonado de palmeras. Está claro que esta ciudad no es ni de lejos tan bonita como Bari. Regresamos a la auto ya con la luna iluminando la noche.



20º sábado 15 enero. Barletta, Trani, Andria = 51km moto

Hemos dormido bastante bien en este parking y por la mañana me he podido lavar el pelo pues al tener corriente tenía secador. Además hace mucho sol y parece que menos viento.

Tras el desayuno nos hemos ido a Trani por los caminos del mar y enseguida hemos llegado. El pueblo es muy bonito, sobre todo su puerto, muy cerrado y resguardado en el que cada casa es un café-restaurante, imaginamos que en verano debe ser un hervidero de actividad. La iglesia sueva, muy sobria en comparación con las vistas hasta ahora y con un campanario que recuerda los venecianos. Todo el casco antiguo (otra vez lo recorremos con la moto) es como el de Polignano, lleno de puentes, arcadas; algunas casas que se caen y otras bien restauradas, preciosas. La parte nueva no tiene interés, la calle principal, la que tiene más vida, es la carretera comarcal; en ella encontramos una pastelería-cafetería donde nos tomamos nuestro ya diario capuccino y compartimos un corneto de crema ¡qué vício!. 

Para acabar la mañana dudamos si ir a otro pueblo que en el mapa Michelín aparece como “de interés”, está sólo a 12km pero no aparece en las guías y no he podido encontrar cual era su interés aparte de un castillo pero que está a 18km del pueblo; de ahí nuestra duda. Al final nos decidimos y resulta que es un pueblo con una zona peatonal a rebosar de cafeterías con terraza llena de jóvenes, comercios de todo tipo, entre ellos de ropa muy bonita y de calidad donde no me resisto a un 50% de rebajas. 

Regresamos a comer y descansar a la auto. Por la tarde nos acercamos a unas galerías comerciales en Barletta para comprar cuatro cosas en el hipermercado pero cuando salimos ya anochece. Hay casi una hora de diferencia de luz con Barcelona.

De regreso a casita guardamos moto y telefoneo al área donde pensamos pernoctar en nuestra estancia en Nápoles, no quiero más sorpresas desagradables y me aseguro que está abierto y hay sitio.



21º domingo 16 enero. Barletta – Nápoles (Ercolano)= 215km

Un sol casi primaveral nos acompaña todo el camino, de mar a mar, del Adriático al Mediterráneo. Son sólo 200km que por autopista se hacen rápido, además con muy poco tráfico. Terreno bastante llano con muchos olivos en la primera mitad del recorrido, luego van apareciendo las estribaciones de lo Apeninos -que acabaremos atravesando- con los pueblecitos arrapados a las faldas de los montes y coronados casi siempre por un castillo. Bromeamos con la idea de subir a visitarlos tras la mala experiencia de Santa Severina que aún recordamos (y creo que recordaremos siempre). Otra cosa curiosa es que absolutamente todas las autopistas y autovías y bastantes comarcales por las que hemos circulado están en obras, pero casi nunca vemos a nadie trabajando. Llegando a Nápoles aparece el tráfico y el caos, aunque nos perdemos logramos llegar a destino sanos y salvos. Se trata del “agriCamping Vesubio” 40,80618/14,362949 con muy buenas calificaciones en Park4night y que, de momento, nos parece fantástico, los puestos son amplios y como hace muy buen tiempo saco mesa y sillas y almorzamos al sol una bullabesa muy buena. Y seguimos aprovechando el sol hasta que se esconde. Bajamos moto para tenerla a punto mañana, pero hoy no salimos, Isidre no tiene ganas.  Estamos solos hasta las siete de la tarde que aparece otra autocaravana. 



22º lunes 17 enero. Ercolano – Napoles = 34km moto

Nos vamos a visitar Nápoles con la moto y el camino ya es un espectáculo. Circulamos por una comarcal que no deja de ser una calle de más de 10km que va desde Ercolano hasta el centro de la ciudad atravesando otros pueblos adosados. Isidre dice que es un museo de la vida napolitana: la circulación es demencial por la cantidad y por la calidad, conducen como si tuvieran que ir a apagar un incendio, se puede decir que no existen las normas de tráfico porque incluso pasan semáforos en rojo (total, no viene nadie, deben pensar) o van por direcciones prohibidas, por supuesto los intermitentes como si no existieran y si hay que parar o aparcar, pues ningún problema, en doble o triple fila, en batería, en diagonal o como se tercie. La calidad del asfalto es como la de Ucrania o Albania (los dos peores países en cuanto al firme de sus calles), hay muchos agujeros y parches y a ello a veces se suman las vías de los tranvías que además de repente aparecen de cara.  Las casas si no son palazzos o iglesias se caen a trozos; de las fachadas cuelga la ropa tendida, el aire acondicionado y la parabólica, los balcones adornados… por horrorosas pantallas de plástico verdes (a veces ennegrecidas) que simulan enredaderas; los bajos están ocupados por humildes comercios bastantes de ellos clausurados.  Las bulliciosas aceras están ocupadas sobre todo por grupos de hombres fumando y charlando. Y la publicidad más repetida es la de grandes esquelas mortuorias con foto del finado/a incluida. 

Llegamos a la ciudad y como ya hemos visto bastante miseria nos dirigimos a la calle más comercial que demás tiene unas galerías muy parecidas a las famosas de Milán. El dueño del camping donde nos alojamos nos advirtió que debíamos aparcar en un parking cerrado; de hecho cuando llegamos al centro hay indicaciones de parking reforzadas por personal que, en medio de la calle, te indican la dirección de “su” parking igual que aquellos camareros de las zonas de restaurantes que te van invitando a que elijas el suyo. A nosotros no nos llaman, una moto no les merece interés. Llegamos a la bonita Piazza dei Plebiscito y está a tope de motos aparcadas así que decidimos sumarnos, eso sí, con todos los candados. Paseamos por la calle Toledo, por las galerías Umberto I, (muy bonitas aunque parcialmente en obras) y por el barrio español. Pasea bastante policía, Isidre dice que ha visto a dos de paisano, en una calle principal un camión del ejército y dos soldados armados. En contraste: un joven de unos 30 años, rubio, con barba bien afeitada, durmiendo plácidamente en plena calle y no en el suelo sino en un colchón tapado con un edredón, a su lado sus pertenencias bien ordenadas: mantas, cajas, una silla… nadie le dice nada. Y lo peor: muchas bolsas de basura a los pies de los contenedores selectivos. Maradona también omnipresente en todo tipo de objetos, especialmente en camisetas. Vale, hay suciedad, hay miseria, pero también hay encanto, vida, alegría. Algunos vendedores de calcetines nos “asaltan” por la calle pero siempre respetuosos y simpáticos aunque no les compramos nada.  Llegamos a la calle Pignasecca donde tiene lugar el mercado (en la calle) más antiguo de la ciudad; hoy es lunes y hay pocas paradas pero enseguida nos recuerda al de Palermo. Ya son las doce del mediodía y casi hace calor, tenemos mucha suerte con el tiempo.

Recuperamos la moto y nos vamos más al norte para pasear un poco por el casco antiguo y encontrar la pizzería donde, según mi guía, se come la mejor pizza de Nápoles, Pizzeria Gino Sorbillo en Via dei Tribunali 32. Aparcamos como la vez anterior en medio de cientos de motos más y nos vamos paseando muy tranquilamente pues pensamos que aún es pronto para el almuerzo. Estamos en Piazza Dante y es la zona de librerías de viejo y anticuarios con lo que el entretenimiento está asegurado. Pero nos perdemos, en parte por culpa de un policía al que pregunto por la dirección, y llegamos a destino cansados y con hambre. Las pizzas son buenas, tienen gusto de leña y de hecho el horno donde las hacen está bien a la vista; el local es muy sencillo y el precio ajustado (una pizza de 7 a 10€ pero luego una caña de 40cl a 5€). El café tenemos que tomarlo en otro local. De regreso a la moto aprovecho para comprar una cafetera Bialetti (para mí las mejores) más grande que la que ya tenemos y que a veces se nos queda corta. Circulamos paseando con la intención de llegar a la iglesia de Gesú

Y la calle Spaccanapoli pero no lo logramos, sé dónde está pero todas las calles que nos llevarían son dirección prohibida y nosotros no somos napolitanos. 

Decidimos regresar a casita pues se me está acabando la batería del teléfono y esta mañana he cogido el cargador ¡pero he olvidado el cable! Sin el Google maps, podríamos llegar al camping pero con dificultades, mejor no complicarse la vida. 

Descanso, super ducha y mañana más. 



23º martes, 18 enero. Ercolano – Sorrento = 87km moto

Hace sol pero velado por una neblina lo que hace que el sol caliente menos y que los paisajes se vean desdibujados. Justo hoy que vamos a Sorrento, una lástima para las vistas del golfo.

No son muchos kilómetros pero el trayecto de ida se hace eterno porque cogemos las carreteritas y calles más cercanas al mar pero que muchas veces nos hacen dar vueltas y casi siempre tienen el firme tan deteriorado que hemos de circular muy despacio y aún así. La suerte es que llevamos neumáticos nuevos, sobre todo el trasero que es el que aguanta más peso. En ningún momento dejamos de circular por zonas urbanas, desde Nápoles hasta Castellmare di Stabia es una sucesión de pueblos. 

En Castellmare es el primer pueblo que encontramos básicamente turístico, aquí paramos a tomarnos el capuccino en una cafetería de las muchas que hay en el paseo. A continuación empieza la península y la costa deja la llanura para levantarse en altos acantilados. 

Llegamos a Sorrento a las 12h y caminamos una buena hora por sus callejuelas, las recordábamos llenísimas de paseantes con todos los comercios abiertos; hoy da un poquito de pena porque no está vacío pero falta animación y los comercios de las callejuelas del barrio antiguo están cerrados. Almorzamos en una cafetería-restaurante la verdad que muy bien y después de un buen helado (no me puedo resistir cuando encuentro una heladería abierta con toda su oferta disponible) iniciamos el regreso, esta vez por carreteras secundarias pero no tan marginales por lo que tardamos la mitad de tiempo. De nuevo nos libramos por los pelos de un accidente ya que sale un coche de un callejón, nos ve pero no para y aunque frenamos nos va justísimo no chocar. Esta vez el “asesino” se lleva un insulto de Isidre, por cierto que hemos constatado (en todo el sur) la poca educación de la gente ya que, por ejemplo, nunca nos dan las gracias cuando cedemos el paso

Vamos a visitar las ruinas de Herculano, el pueblecito pesquero que quedó bajo 16m de barro con la erupción del Vesubio al mismo tiempo que sepultó Pompeya. Sólo hay excavada una pequeña parte porque encima se ha construido un nuevo pueblo que no es fácil derribar, pero lo que queda es bastante impresionante pues se ha conservado muy bien. Esta vez no visitamos ni Pompeya ni ascendemos al cráter del Vesubio pues ya lo hicimos en nuestro anterior viaje a estas tierras.

De regreso a la auto paramos en un súper y miramos, por curiosidad, el precio del litro de aceite constatando que es el mismo que en casa.



24º miércoles, 19 enero. Nápoles = 35km

Regresamos a la ciudad para acabar de visitar las zonas que nos interesan, la primera la calle Spaccanápoli, que en realidad no se llama así; Spaccanápoli significa algo así como rompe-Nápoles porque esta calle divide en dos partes el casco antiguo. Es una calle estrecha, llena de comercios orientados sobre todo al turismo pero que puede dar una idea de lo que fue Nápoles en otra época; en parte por sus ahora deteriorados palacios, en parte porque aún conserva el “estilo napolitano” de casas y habitantes sin llegar a la dejadez, a la suciedad de algunas de las calles cercanas. Entramos en la iglesia Gesú Nuovo que realmente impresiona por todos los frescos que adornan sus paredes. Y nos vamos a “otro mundo”, al otro lado de la bahía parece que hemos cambiado no ya de ciudad sino de mundo: un paseo marítimo amplio, ni un papel por el suelo, edificios bonitos, pintados y sin ropa tendida, jardines bien arreglados. En la punta norte un puerto deportivo, en la punta sur el Castel dell´Ovo y una zona en primera línea, peatonal, ocupada por terrazas llenas de napolitanos tomando el aperitivo. 

Nosotros nos volvemos a casita, como siempre jugándonos el tipo con la moto, ¿he dicho que los conductores van hablando por el móvil tranquilamente? ¿y que nos han abroncado varias veces por ir despacio? ¿o por no parar y dejar salir de su aparcamiento un coche que quiere hacerlo cuando estamos nosotros pasando tan tranquilos? Por cierto hay tal cantidad de motos que ni en Barcelona, que es la ciudad de las motos, he visto tantas.

Almorzamos y hacemos la siesta al sol, la temperatura es fresquita pero al sol se está muy bien y lo aprovechamos. Luego recogemos todo, llenamos, vaciamos etc para marcharnos mañana ya iniciando la vuelta a casa, anoche nos llamaron las nietas quejándose de que estábamos demasiado tiempo fuera y es que como en Navidades estuvieron confinadas por el covid hace mucho que no nos vemos. Realmente creo que con este viaje nos hemos escapado del covid pues gran parte de la familia y amigos lo han pillado.  



25º jueves, 20 enero: Napoli – Montepulciano = 381km + 5km moto

Empezamos el día con un pequeño contratiempo: al salir del camping cogemos la autopista y al pagar pongo mal la tarjeta y se la traga. Tienen que venir los técnicos y abrir la máquina. Bueno, que sólo sea esto.

Tenemos muchísima suerte con el tiempo, hoy nublado y lluvia por la mañana cuando nosotros estamos circulando, en cambio por la tarde, entrando ya en la región toscana, ha salido el sol y al llegar a destino (43,095952/11,787182) hemos podido bajar moto y visitar Montepulciano. Sin la moto hubiera sido imposible porque este pueblo está empinado en la ladera de una colina y todas sus calles tienen una inclinación importante. Es un pueblo bonito que vale mucho la pena visitar, se entra por la Puerta al Prato y hasta llegar a la Piazza Grande, donde está la catedral, el Palazzo Comunale y el Palazzo Contucci, hay bastantes edificios bonitos que revelan la importancia de esta ciudad en sus buenos tiempos. Nos perdemos un buen rato por sus calles, a ratos en moto, a ratos caminando, asomándonos a los bonitos belvederes para contemplar los extensos campos de la Toscana.

Volvemos a casita ya de noche. Mañana más.



26º viernes, 21 enero. Montepulciano – Sestri Levante = 305km + 13km moto

Estamos dentro de una nube, no vemos a más de dos metros. Desayunamos y poco a poco se va levantando la niebla. 

Esta mañana me he levantado con vértigos, no muy fuertes pero me siento algo mareada, espero se me pase pronto. 

Nos vamos hacia la autopista y antes de llegar ya ha despejado. Vuelve a salir un sol espléndido. 

Pasado La Spezia, dejamos autopista y nos vamos a circular por el “Lungomare” de 11km de largo. Allí mismo paramos a almorzar con vista al mar y a los Lidos que ahora están cerrados; las casas de esta primera línea son en general muy bonitas y el lugar es muy tranquilo. Luego seguimos y hacia las cuatro ya estamos en destino. Se trata de un parking (44,303623/9,352191) en primera línea de mar, tras el tren y la carretera ?, está en el pueblo a continuación de Sestri Levante, Lavagna. Bajamos moto y nos vamos a pasear por Sestri Levante que es muy bonito, tiene un gran paseo, una playita escondida que es de película romántica y un casco antiguo con una calle principal donde se concentran las tiendas, restaurantes, heladerías y, por supuesto, los paseantes como nosotros, aprovechamos para comprar pan.

Con la caída del sol, contemplando una puesta de sol preciosa, regresamos a la auto; han venido otras autocaravanas pero por suerte nos hemos situado bien y no se pueden “pegar” en exceso a nosotros. Creo que dormiremos bien. 



27º sábado 22 enero. Sestri Levante -

Hemos dormido muy bien. Esta mañana ya no tengo vértigo. Nos levantamos prontito porque queremos hacer el trayecto rápido y llegar a Fréjus a mediodía para disfrutar de la tarde paseando en moto. Según los GPS (del coche y del móvil) tardaremos unas tres horitas y pico. Llegando a la circunvalación de Génova aparecen indicaciones de habrá colas de 5 minutos pero cada vez se complica más el tema, al final veo en el GPS que nos estamos alejando de la autopista, nos han metido en otra que va hacia el interior, al cabo de un rato y muchas colas podemos salir y ¡volver atrás! Y de nuevo embotellamientos. A la señorita que estaba en la taquilla del pueblo donde hemos dado media vuelta le he preguntado si es que nos habíamos equivocado y me ha dicho que no. A ver, deducimos que han cortado por las buenas un trozo de autopista y como van colgadas  no tienen espacio para que los coches puedan maniobrar ni tampoco hay vías de escape… pues a dar vueltas, es increíble, indignante, pero es lo que hay. Si por lo menos hubieran avisado los GPS nos habían hecho circular por la ciudad de Génova y ya estaríamos llegando a Francia en lugar de estar colapsados a la altura de Génova, 2 horas después de haber salido de Sestri Levante. 

Almorzamos en un área de servicio, por suerte había descongelado el redondo de ternera con champiñones que traía de casa así no perdemos mucho tiempo y hacia las cuatro y media de la tarde llegamos a destino (43,366268/6,71161), el área no es tal sino un camping, pero está bien y no es caro, ofrece varios precios según el espacio, por un día que vamos a estar, cogemos el que más amplio y fácil nos parece (28€ con electricidad). Bajamos moto pero para pasear mañana, hoy Isidro está agotado de conducir, en la recepción del camping me han dicho que mañana me puedo ir a la hora que quiera, menos mal. El camping tiene acceso directo a la playa y nos acercamos a verla, hoy ha hecho un día de sol impresionante y los problemas de la autopista nos han impedido disfrutarlo.



28º domingo 23 de enero. Roquebrune – Vendres = 340km + 25km moto

Esta noche hemos tenido la temperatura más baja de todo el viaje: -2ºC, suerte que nuestra calefacción es estupenda. A las 9h de la mañana la temperatura es de -0’5ºC  pero como hace mucho sol va subiendo rápido. Aprovecho que tengo electricidad 220 para lavarme y secarme el pelo. Había encargado el pan así que hoy almorzamos con pan recién hecho, es buenísimo. 

Salimos con la moto y el viento helado corta la cara pero el paisaje es tan bonito que compensa. Contemplamos las pequeñas calas con playitas de arena fina, el mar tan azul -estamos en la Costa Azul, claro- y las rocas que salpican el paisaje en este golfo que tiene a Fréjus y Saint Raphael en un extremo y Sainte Maximie y Saint Tropez en el otro. Llegamos al puerto de Fréjus y en su largo paseo hoy hay un mercadillo con paradas de todo: de comida preparada o en preparación porque al menos en dos puestos están cocinando una “paella” y en otro los típicos pollos asados. Paradas de verduras, de quesos, de panes, de pescados y mariscos… De ropa, de bisutería, de bolsos y hasta de colchones. Hay mucha gente paseando, comprando, disfrutando del sol. Como nosotros.

Pero lo que de verdad nos gusta de este pueblo es que toda la zona de playa está edificada con gusto y calidad, edificios nuevos, modernos, bonitos. Y la zona de interior, el pueblo antiguo, es bonito, limpio, ordenado y con un estilo de casas típico francés en ningún momento roto por edificios que desentonen.  

Tenemos que irnos, pero nos quedan ganas de más, creo que volveremos con más tiempo para disfrutarlo.

De regreso al camping recogemos todo y nos vamos. Hoy pernoctamos cerca de Narbona, tenía pensado regresar a una placita muy tranquila de Narbona donde pasamos una muy buena noche hace unos años pero leo en Park4night que en este lugar varias Acs han sufrido robos incluso con la gente dentro por lo que descarto el sitio y nos vamos a un área vigilada y cerrada (43,292028/3,215461). Sólo cuesta 8€ más lo que consumas de electricidad que en nuestro caso no será mucho; es un parking con servicio vaciado y llenado y electricidad; está en medio del campo y cerca de una zona industrial, el paisaje no es bonito pero para nuestros fines es ideal pues el silencio es total. Abierta todo el año. Los guardianes son un matrimonio encantador con los que charlamos un buen rato. 



29º lunes 24 enero. Vendres – Sant Feliu de Codines =

Regreso a casa sin problemas. Fin de un viaje muy agradable. 

 

GASTOS:

Gasoil     = 1.078€   

GLP     =      50€

Gasolina moto     =      30€

Peatges (falta FR)     =    152€

Areas/Pkgs, Campings   =     267€

Restaurantes, cafeterías=    428€



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