Circunvalando Marruecos

Salimos a las 9 de la mañana de Sant Feliu: Valencia, A3 dirección Madrid, A43 hasta Manzanares y la A4 dirección Granada. Perdemos bastante tiempo buscando GLP, parece mentira que sea tan difícil de encontrar este gas tan usual en casi todo Europa.

Mª José Caldentey enero - febrero 2020
1er día: viernes. St Feliu – Baños de la encina = 810km

Salimos a las 9 de la mañana de Sant Feliu: Valencia, A3 dirección Madrid, A43 hasta Manzanares y la A4 dirección Granada. Perdemos bastante tiempo buscando GLP, parece mentira que sea tan difícil de encontrar este gas tan usual en casi todo Europa. Ha anochecido cuando contemplamos el precioso castillo de Baños de la encina, un castillo árabe del S.X que se conserva muy bien. Probamos varios lugares para dormir, con preciosas vistas al pueblo y castillo pero todos tienen inclinaciones que no nos convencen, finalmente sacrificamos las vistas y vamos a un Parking al lado de un gran parque en el centro del pueblo. El único problema será que hasta las 12h allí se reúnen los jóvenes (es viernes) con la música a tope.

Llueve bastante casi toda la noche.



2º día: sábado. Baños – Algeciras (384km) + Ferry – Ceuta – Martil (39km)

Día de ruta que no paramos ni para almorzar. A ratos llovizna. A las 15h estamos en el puerto de Algeciras pero tendremos que esperar una hora y media (la media es de retraso) para la salida del ferry, consigo un precio estupendo con Balearia (180€ ida y vuelta, nosotros dos y la Auto) y eso me consuela.

El paso de la frontera en Ceuta es lento pero quizás menos de los esperado aunque ya anochece cuando tomamos la carretera hacia Martil. Bordeamos una bonita costa con muchos complejos vacacionales, atravesamos un pueblo con un paseo marítimo lleno de familias paseando, niños con sus bicicletas y cafeterías con terrazas -la temperatura es muy agradable- ocupadas -esto no ha cambiado- únicamente por hombres.

Mi sorpresa es que el GPS no funciona. Yo creía que al marcar coordenadas todos los GPS tenían cobertura mundial pero no es así. Paciencia, viajaremos como antes cuando no existían más que los mapas, las señales de carretera y, lo más útil, las indicaciones de la gente a la que preguntamos. Y, efectivamente, así llegamos a nuestro Camping Al Boustane (35,628799/-5,27767) donde nos reciben Mahmoud y su hijo. Menos mal que aquí los horarios son “extensivos” porque en Europa ya habríamos encontrado cerrado.

Tenemos wifi, luz, baños justitos pero limpios… (100dh/día), nos sentimos muy bien, contentos de haber decidido regresar a este país después de 14 años, y la primera vez que lo hacemos con la AC. El recorrido que queremos hacer tampoco es el típico puesto que, entre otras cosas se precisa tiempo, que ahora, nosotros sí tenemos.



3er día: domingo. Martil a Tetuán y paseo en MOTO (32km + 9km)

La llamada del muecín a la oración cuando sale el sol, me despierta pero no consigue desvelarme, nos levantamos a las nueve tras un reparador sueño. Esta noche ha llovido bastante pero amanece con nubes y claros por lo que podemos bajar la moto. Cambio 50€ a Mahmoud, hoy los Bancos estarán cerrados, y creo que me hace buen cambio: 522Dh

Sin prisas, después de la ducha, el desayuno y un repaso a “La Vanguardia” que descargamos en nuestros Ipad, nos dirigimos en moto hacia Tetuán aunque primero nos acercamos al Paseo marítimo que tenemos a escasos 100m de nuestro camping. Es un paseo larguísimo sobre una playa de arena fina y amarilla.

Tetuán no está lejos y nos orientamos fácilmente. Mahmoud nos ha advertido repetidamente que aparquemos la moto en el Parking subterráneo que hay en el centro y eso hacemos. Allí mismo nos aborda, en perfecto español, Yusef (Tél: Internacional 00212667543177 o Local 0667543177) para guiarnos por la Medina. Aceptamos y nos pide 150Dh, no regateo pues me sabe mal hacerlo, más adelante sabré que no es un precio abusivo. Y ha valido la pena, Yusef resulta ser un buen guía que no para de enseñarnos cosas y darnos explicaciones de todo. Conocíamos la medina de Fez pero la verdad es que esta nos sorprende; el bullicioso entramado de calles está hoy aún más animado pues es día de mercado y, además de los locales que tienen sus parcelas, hoy muchos campesinos (y campesinas) se acercan con sus pocos o muchos productos para venderlos, en ocasiones no tienen ni un puesto fijo, se instalan en una esquina, en un portal cerrado… algunas mujeres, muy viejecitas, con sus trajes típicos, sus cónicos sombreros, sus cuatro verduras… Gatos por todas partes. Cada calle se dedica a un oficio, en el de los costureros de chilabas, hombres -sobre todo mayores o muy mayores- cosiendo con una especie de pequeños telares muy singulares. Callejuelas y más callejuelas atravesadas por arcos que parecen sostener las delicadas paredes donde se apoyan; nos comenta Yusef que a esta medina la apodan “la de los arcos” porque es la que más tiene de todas las del país. Todo es blanco aunque a veces aparece salpicado del azul añil que repele los insectos. Entramos en una curtidoría algo abandonada aunque en algunos aljibes aún hay pieles y hombres trabajándolas, huele mal pero es soportable. Vemos algunas mezquitas, varios hammams, madrazas, escuelas que fueron españolas, puertas preciosas de madera trabajada, rejas de hierro forjado… Gente por todos lados, los hombres casi siempre de oscuro, muchos con chilaba de capucha (la típica del Rif), mujeres casi en su totalidad vestidas con chilaba y chador, alguna -muy pocas- con burka, algunas también con el traje y el sombrero rifeño. No nos miran mucho y nosotros procuramos respetarlos, por ejemplo no haciendo fotos descaradas a todo lo que nos llama la atención. Yusef nos lleva a una tienda de especies y alfombras a pesar de que le hemos dicho que no compraríamos nada, la casa es preciosa pero nos mantenemos firmes en nuestras intenciones. Llevamos más de dos horas sin descansar ni un minuto cuando ya llegamos al barrio judío, la mellah, que es el final del trayecto. Yusef nos acompaña hasta el restaurante español “El Reducto”, bastante lujoso, muy cerca de la medina (Zankat Zawya, 38) donde comemos bien.

Tras un breve paseo por la zona peatonal, el boulevard Mohammed V y la Plaza HassanII, donde se encuentra el Palacio Real, recogemos la moto del parking (20Dh = 2€) y regresamos a casa paseando y recorriendo de nuevo el magnífico paseo de Martil.

A media tarde aún volvemos a coger la moto dando vueltas por el pueblo -también hay mercado en la calle hoy, le comento a Isidro que parece un Wallapop callejero porque venden de todo y muchas veces de segunda mano. El paseo está lleno de familias paseando, muchos con niños.



4º día: lunes. Martil – Jebha- Cala Iris- Alhucemas 258 km

Ha llovido casi toda la noche y sigue lloviendo a lo largo de todo el día de forma intermitente. Recorremos el Rif pegados a la costa. El mar está agitadísimo y las olas golpean la escarpada costa con fuerza. La carretera es bastante buena, a veces muy buena. Hay pocos coches, algunos camiones o camionetas de reparto y pocos vehículos particulares; en todo el día sólo nos cruzamos una AC. Atravesamos varios pueblecitos bastante humildes con casas de colores donde siempre, al menos una, es de color rosa-chicle. La tierra es árida, roja, después negra volcánica y luego regresa el rojo hasta que ya cerca de Alhucemas los campos se vuelven verdes y con extensos cultivos.

Paramos en El Jebha, pueblo pesquero acurrucado bajo el cabo “Pointe de pecheurs”, es un pueblo blanco y azul donde hasta los coches rojos molestan porque rompen la armonía. Aparcamos en el paseo, al lado del puerto y paseamos. Están de obras, preparan las calles para asfaltarlas pero de momento todo es barro. Los pequeños colmados venden de todo, en la calle puestos de pescado en cubos con hielo, en las aceras y los cafés hombres por todas partes sin que se perciba que estén haciendo algo que no sea mirar y charlar. Me dirijo a dos chicas en francés y español pero sólo hablan árabe, quiero preguntarles dónde comer y me entienden porque me señalan un restaurante que tenemos enfrente. En el restaurante elegimos el pescado que queremos que nos cocinen de todo el que tiene expuesto en una vitrina en la entrada y resulta muy bueno. Con ensalada y café pagamos 196Dh (=20€ con propina), además como tiene wifi descargamos “La Vanguardia” que leemos tranquilamente en nuestra Ac antes de una siestecita.

Seguimos hasta Cala Iris ¡preciosa! Lástima que no encontramos el camping y como sigue haciendo mal tiempo preferimos continuar hasta Alhucemas.

Bastante pasadas las cinco atravesamos la ciudad -no tiene ningún interés especial- y llegamos (preguntando) a lo que se supone es el Camping de Cala Bonita pero ahora es sólo un parking (gratis) delante de una cala que hace honor a su nombre y que tiene un elegante paseo y un par de cafeterías que atraen sobre todo a los jóvenes. Aparcamos bien y estiramos las piernas. Estamos nueve Acs en este Pkg. Luego nos tomamos un delicioso té verde en una de las cafeterías y conectamos wifi, así nos enteramos del vendaval que azota Barcelona y la amenaza de nieve en cotas bajísimas. Pues no podemos quejarnos, aquí estamos mejor.

Pasadas las 11h de la noche llaman a la puerta, no abro pero miro bajando un poco la persiana, son dos hombres y les pregunto qué quieren, dicen que vienen en nombre de le “Comunidad” (o sea, el ayuntamiento), les digo que no abro y al cabo de unos minutos se van. Menos mal que no vuelven. Seguramente querían cobrar pero el guardián de la cafetería de la playa me ha advertido que si me quieren cobrar me niegue pues el cartel (en árabe) dice que el parking es gratis.



5º día: martes. Alhucema – Nador - Saïdia = 253km

Costeamos por N16, ha regresado el sol y los paisajes que bordean el mar son magníficos. El Rif ha retrocedido y las montañas han dejado espacio a llanuras y playas, una franja de tierra bien aprovechada por numerosos cultivos. Tenemos un recuerdo para los soldados españoles que perdieron la vida aquí y para los que no la perdieron pero sufrieron las penalidades de la guerra. Hay muy poco tránsito y la carretera es buena, menos curvas y más llana que ayer. Ponemos gasoil y tenemos que pagar cash pues no admiten tarjetas, la próxima vez elegiremos mejor la gasolinera, además ese detalle nos recuerda que tenemos que ir al Banco a cambiar.

Cuando estamos llegando a Nador empiezan los líos: no encontramos el desvío para ir al Cabo “Trois fourches”, nos metemos por una carreterita de tercera, regresamos, entramos en lo que creemos Nador y no es, estamos a más de 15km, retrocedemos, entramos en la ciudad por el centro con todo lo que supone de tráfico semáforos… salimos hacia Melilla y tiramos la toalla, no iremos al Cabo. Paramos a comer cerca del puerto, se ven restaurantes “bien”. ¡y tan bien! Nos toman el pelo y nos cobran 526Dh por una ensalada, un mero (eso sí, fresco y generoso) y un café. Protesto pero es lo que hay. Nunca más pediré nada sin acordar antes el precio, lo había olvidado.

Seguimos hacia Zaïdia, conduzco yo porque Isidre ha hecho un mal gesto y tiene tortícolis. Zaïdia es un pueblo blanco con edificios modernos, no muy altos, claramente de veraneo. Llegamos al Camping Amazone (10€/día) sin mucha dificultad porque habíamos leído que estaba cerca del centro y en segunda línea de mar. Está muy bien este camping, sólo falla el wifi porque lo tienen cerrado, nos quieren engañar con el wifi del vecino pero “no cuela”, por lo demás bien, delante sólo una gran plaza y el mar pero el camping está arbolado por lo que la sombra está asegurada.

La playa, como todas las que hemos visto, tiene un larguísimo y amplio paseo, bien adoquinado, bien iluminado, donde se reúnen las familias -hoy más mujeres que hombres- con los niños para aprovechar el sol de la tarde. Sobre el paseo algunos chiringuitos-café donde, por fin, veo sentadas a mujeres además de hombres. El pueblo está bastante muerto, es el típico pueblo que “vive” en temporada alta.



6º día: miércoles. Saïdia – Berkane – Tafoughalt – Mahirija = 223km

Dormimos muy bien, ponemos la calefacción de aire caliente para no gastar el gas. Otro día de sol fantástico.

Salimos tarde porque nos enrollamos hablando con una pareja española que medio vive en el camping. Pasamos tan cerca de la frontera con Argelia que vemos las casas y la gente del otro lado. Seguimos hacia Berkane por una carretera tan ancha y bien asfaltada que la confundo con la nacional; eso hace que nos pasemos de largo el cruce hacia los Montes Benis-Snassen; por suerte Isidre está empeñado en limpiar la Auto y esto hace que paremos en una gasolinera donde unos jóvenes amabilísimos nos indican el buen camino (retrocediendo casi 15km). Limpiamos el coche y eso lleva una media hora, además la carretera está en obras por lo que muchos tramos (la están desdoblando y será como una autovía) tenemos que ir a paso de tortuga, esto hace que nos retrasemos más y cuando llegamos a Tafoughalt ya es la hora de comer y no paseamos por el valle del Zegzel. Comemos en un restaurante auténtico de pueblo marroquí: brochetas, ensalada de tomate y patatas fritas (buenísimas!). Con el café pagamos 100Dh (10€). Seguimos atravesando el macizo hasta Aioun, de allí a Guercif y nos desviamos hasta Mahirija donde está la casba/camping Benyakoub, una preciosidad de recinto con un jardín precioso, piscina, carpas con sofas, la casa se ve bien pero los baños del sector “camping” están horrorosos, sucios, dejados…. se ve que ahora no esperan a nadie. Yo ni me acerco, nosotros usamos los de “casa”. Cuesta 90Dh (9€) con luz. Preguntamos si nos pueden hacer una “harira” (sopa típica marroquí) para cenar y nos dicen que sí. Nos estiramos a leer y tomar el sol en el jardín hasta que empieza a hacer fresco, entonces llega un grupo de mujeres (y dos chicos) a tomar el té. Me acerco y me acogen con una amabilidad y un cariño sorprendentes. Me invitan al té y al cabo de un rato me piden que llame a Isidre que se decide a acompañarnos. Sara es la que lleva la voz cantante, es una joven de 25 años, la señora mayor es su madre, la otra señora -23 años mayor que Sara- es su hermana y madre de la otra chica y los dos chicos. Todas son tan simpáticas que me sabe mal despedirme. Me cuentan que han venido para distraerse y romper la monotonía, tienen dos hermanos en el extranjero, uno en Bélgica que tiene un restaurante de propiedad, el otro en Holanda.

La sopa marroquí está buenísima, nos la sirven con huevo duro y también tiene unos cuantos garbanzos. Es picantita y muy sabrosa.



7º día: jueves. Mahirija – Bouarfa – Figuig = 409km

Esta noche ha hecho mucho frío, menos mal que tenemos calefacción, hemos conectado la eléctrica para no gastar gas por si acaso lo necesitamos ya que en Marruecos no hay GLP ni bombonas de propano compatibles con las españolas. Me despido del gerente del Benyakoub con la queja de que los servicios de ducha y WC están de pena, se disculpa y promete enmendarlo, la verdad es que he visto en internet que los ocupantes de temporada alta dicen que están limpísimos pero los comentarios de temporada baja coinciden en su abandono. Por cierto, por las sopas de ayer me cobran 1€, ¡eso sí es económico! Por el “camping” 80dh (8€)

Con un sol espléndido nos dirigimos a Debdou, pretendemos pasearlo pero cuando llegamos no nos ubicamos y preferimos partir, el lugar es muy bonito, muy verde y con muchos árboles en una región en la que brillan por su ausencia. Entonces nos enfilamos por una bonita montaña que nos ofrece unas vistas impresionantes de todo el valle y hasta el mismísimo Atlas. Ascendemos hasta los 1.400m y de repente estamos en una meseta que no se acaba nunca, con una carretera que parece una serpiente interminable: hemos llegado a la meseta de Rekkam, antes pista del Dakar, ahora, por suerte, muy bien asfaltada. Son más de 300km de desierto, de carretera interminable, al final no tan bien asfaltada, pero resulta una experiencia muy interesante. El conjunto es grandioso.

Ahora la tierra marrón ya no es roja, adquiere tonos amarillentos, las pocas casas que aparecen dispersas en la inmensidad apenas se distinguen porque son de la misma tierra; nos cruzamos con cuatro coches y un camión en más de 200km, atravesamos muchos vados de ríos que ahora no existen; por las grietas de la tierra suponemos que cuando llueve se deben formar grandes riadas pero ahora está todo seco, la tierra compactada, pedregosa; de hecho me doy cuenta de que hace viento cuando, conduciendo yo, una ráfaga nos hace tambalear, como no hay nada, ni plantas, ni arena, sólo había advertido que a veces el volante parecía dominar pero lo atribuía a los relieves y peraltes de la carretera cuando resulta que era el viento. Nos cruzamos, eso sí, con muchos rebaños de ovejas y algún campamento nómada. También nos sorprende un colegio en medio de la nada (reconocemos el colegio porque, en todo el país, las paredes exteriores de los colegios están pintadas con colores y dibujos), no se ve animación pero parece muy bien conservado o nuevo. Llegamos a Tendrara ¡por fin! pasadas las dos del mediodía así que aparcamos en una avenida ancha y almorzamos; hoy, en previsión de lo que pudiera pasar, he descongelado un táper de sepia estofada y está buenísima. Todo el mundo nos mira y muchos se ríen pero nadie nos dice nada, la verdad es que no hemos visto ningún turista, ninguna Auto.

Seguimos camino hacia Bouarfa, lo atravesamos cargando de gasolina a tope “por si acaso” y seguimos hacia el sur, hacia “la nada”. Ahora hay más policía que nos pide el pasaporte -muy amables y sonrientes- y el entorno es más montañoso aunque muy árido y el viento levanta polvaredas de arena, hasta nos cruzamos con un potente remolino que por suerte no nos toca. Más nómadas con sus haimas, más ovejas y, por fin, el oasis: Figuig. Primero nos reciben las puertas a la nada (no encierran ninguna parcela, no inician un camino), son unas puertas muy bonitas, trabajadas, sostenidas por unos metros de muro a cada lado, y nada más. Al final del camino aparece el pueblo y un palmeral precioso. Lo visitaremos todo mañana, hoy nos instalamos en el Hotel Figuig que tiene un anexo para autocaravanas. Somos unas seis autos, creo que todos franceses. Pedimos un guía para mañana y nos ofrecen unirnos al grupo de franceses que ya han concertado el tour. Aceptamos encantados.



8º día: viernes. Figuig

A las 10h y con un sol espléndido iniciamos la ruta. El grupo, cuatro matrimonios franceses, son todos muy simpáticos y nos reciben muy bien. Figuig es un precioso oasis sahariano, paso obligado para ir a Argelia, a la Meca y a todo el mundo árabe, fue muy fuerte y potente pero -¿los franceses?- lo dividieron y ahora una parte es Argel, la otra Marruecos. Nosotros estamos en lo que fue el centro y tiene 7 ksur (aldeas), antes de 7 tribus que peleaban entre ellas. Había también una tribu judía que realizaba bisutería pero emigraron en los años 50 del siglo pasado. Hoy sólo viven de los dátiles (2.500 toneladas/año) y de los cereales. Los ksur medievales están juntos, pero los veremos por la tarde. Primero nos dirigimos al Palmeral y de ahí al Ksar Zenaga, el más antiguo, el más rico y próspero algo separado de los demás. Caminamos mucho, visitamos una piscina-lavadero donde los hombres no pueden entrar, hay tres mujeres lavando; luego nos acercamos a una piscina con un agua transparente y calentita donde se están bañando unos hombres y donde las mujeres del lugar sólo pueden utilizar una vez en su vida: el día que se casan: de manera especial, sacan a los hombres y entonces la novia puede tomar un buen baño. Curiosamente a las señoras nos dejan entrar a mirar, a pesar de los bañistas que parece ser que no se molestan y hasta nos dejan tomar fotos.

Seguimos paseando. Nos cruzamos con varias señoras todas cubiertas con una especie de sábana blanca bajo la que se ocultan, cara inclusive, durante unos segundos me quedo a solas con una de ellas y puedo ver cómo se destapa, debajo lleva un jersey, una bufanda y una bata de invierno. Nos dice el guía que el “vestido” blanco lo llevan las casadas y las viejecitas. Paseamos las estrechas callejuelas del Ksar Zenaga, a veces cubiertas; parecen deshabitadas y es que afuera sólo son muros, las casas, con su patio central viven de espaldas a la calle. La Ksar está protegida por murallas y atalayas para vigilar la aldea vecina.

Mohamed nos lleva a casa de su abuela, dice que tiene 400 años y es una construcción típica con todas las estancias alrededor del patio, de barro como todas y, a mi entender, muy pobre; en una de las habitaciones hay dos cabras, en otra unas vasijas enormes donde se conservan los dátiles; cada hombre de la casa es el propietario de una vasija; las mujeres nada, no cuentan; en un rincón sacos de lana trasquilada aún sin lavar ni trabajar; en el patio la ropa tendida de una cuerda.

Regresamos a la auto a almorzar, hago un arroz y disfrutamos del sol.

A las 15h salimos de nuevo, esta vez hacia los Ksur medievales. Por si lo habíamos olvidado estamos en tierra bereber, son Amazigs, no son árabes y reivindican su ascendencia. Los amazigs son de los pueblos más antiguos de la humanidad. La palabra bereber deriva de “barbaros” nombre que les dieron los romanos porque no se sometían a su imperio, en realidad ellos son Amazigs, que significa “hombre libre”. En Figuig los amazigs eran católicos pero luego los invadió el islam y se convirtieron. Vemos un minarete hecho de piedras, muy antiguo y, en lo alto, tiene el símbolo amazig. Paseamos por un Ksar destruido por sus vecinos: pusieron una bomba (S.XVIII) el viernes en la mezquita por lo que mataron a todos los hombres y se quedaron con sus familias y sus bienes.

Llegamos a uno de los manantiales de agua caliente, hay un agujero con unas escaleras para bajar pero hace un calor tremendo, de los diez que somos sólo bajan dos. También vemos los estanques donde se almacena el agua que luego se reparte entre los vecinos a través de un complejo entramado de conductos. El reparto se hace con un “reloj de agua”. Se trata de un palo de madera con unas marcas que señalan distintos niveles del depósito y sirven para distribuir el agua a los miembros de la comunidad, más caudal o menos en función de su aportación. Mohamed nos explica que hay un Consejo de gobierno de la región formado por representantes de cada Ksar y también un responsable de las aguas que parece ser el bien más valioso del lugar; se puede comprar agua o pagar un jornal con agua. El derecho pasa de padres a hijos pero no he podido averiguar muy bien cómo, Mohamed no es buen guía, habla muy bajito (y somos diez escuchando) y sólo explica si le preguntan.

A las 17h hemos acabado la visita y tras pagar cada pareja 150Dh (15€) a Mohamed se ha deshecho el grupo. Isidre y yo nos hemos ido con la moto a pasear, hemos comprado tomates, cebollas y pan. En el centro hay una gran plaza con algunos bares… y hombres por todos lados, las mujeres no se ven apenas. También vemos un colegio y una gran casa que es el Ayuntamiento. Luego hemos regresado a casita a descansar, leer y escuchar música, no lo parecía pero hemos hecho bastantes kilómetros, han sido en total 5 horas de paseo. Las dos noches en este camping nos cuestan 140DH (14€) y hemos tenido electricidad con fuerza hasta para la calefacción de aire.



9º día: sábado. Figuig – Boudnib = 289km

Continúa el sol espléndido en Figuig pero nos despedimos de nuestros nuevos amigos franceses -ellos se quedan un día más- aunque posiblemente nos reencontraremos pues casi haremos el mismo itinerario. Habíamos pensado pararnos a comer en Mengoub, en Chez Gaston, que es una granja, pero los colegas nos advierten que fueron anteayer y está cerrado pues parece ser que Gastón se ha ido de vacaciones. De todas formas hoy Isidre tiene el estómago revuelto por lo que sólo comerá una sopa en el descampado en el que paramos, pegados a la carretera. Conduzco casi toda la mañana así que casi no hago fotos pero disfruto igual del paisaje pues circulamos casi solitos por carreteras larguísimas siempre atravesando desierto. A ratos llovizna, ¡sorprendente!, a ratos sol y mucho viento que levanta la arena que intenta cubrir el asfalto. Cambian los colores, las montañas lilas, la tierra rosa, luego naranja, regresa por fin al amarillo de la arena, las montañas parecen de plata, más tarde marrón de barro. Nos cruzamos con algunos grupos de camellos (imagino que salvajes porque están solos y no se ve nada ni nadie a la redonda). Pasamos pueblos de casas bajas y calles de barro. Varios controles de policía que no nos hacen ni parar, nos sonríen simpáticos, entre ellos ¡una mujer! y sin chador.

El hotel-camping Rekkam, en Boudnib, es bonito, amurallado y con construcciones de barro de planta baja, con haimas en el centro, habitaciones y espacio para Acs, sanitarios, wifi, electricidad… estamos cuatro autos y un 4x4 con la cama en el techo, todos franceses menos nosotros.

Sacamos sillas y tomamos el sol, ¡se está de maravilla! La temperatura ideal, el silencio del desierto, las palmeras que nos rodean puesto que estamos en un oasis; de hecho todos los pueblos que hay por esta zona han crecido a la vera de un oasis; en la entrada del pueblo hasta había una zona muy verde totalmente cultivada. La electricidad no aguanta la calefacción, conectamos la de gas.



10º día: domingo. Boudnib – Erfoud

Desayunamos tranquilamente con las noticias de La Vanguardia descargada y salimos hacia Meski.

Sol sin apenas una nube a la vista.

Atravesamos hectáreas y más hectáreas de plantaciones de palmeras, también tierras cultivadas, muy verdes.

En la entrada de la ciudad de Meski encontramos un cartel indicador, cosa rara, de la Source Bleue, el oasis donde se reunían los “hombres azules”. Es un lugar encantador, con un rio de aguas totalmente cristalinas en el que una joven está lavando. En este momento llegan dos mujeres con un burro cargado con la ropa sucia y un niño, es una estampa digna de un belén. Caminamos hacia la ciudad antigua bajo el palmeral contorneando el río. De la ciudad sólo quedan ruinas. Regresamos a la auto seguidos por varios niños que nos miran pero no piden nada, yo les doy unos chicles.

Seguimos camino hacia Erfoud siguiendo el oasis de Tafilalet, el más extenso de Marruecos. Muchos terrenos, entre palmeras, están cultivados y vemos que en los pozos tienen placas solares para dar luz a las bombas de agua que riegan el terreno; las casas son todas de barro, de planta baja y a veces un piso, las calles un barrizal. Las mujeres en su mayoría van de negro y bastante tapadas. Los hombres, aquí, como en todas partes van con el móvil en la mano, a veces conduciendo van hablando. El palmeral es precioso, por lo visto de la palmera se aprovecha todo, hasta los huesos de los dátiles con los que, molidos, hacen una especie de café o si no, los trituran y son comida para los animales. Paramos en un mirador y compramos dátiles a un vendedor ¡están buenísimos!.

Atravesamos Erfoud y, en el segundo semáforo giramos hacia la izquierda, como nos ha indicado en un whatsUp nuestro amigo Manel. A partir de este punto, por la nueva carretera de Merzouga, 19km y llegamos a la Kasbah Said de Fede y Brahim. (Una Kasbah es una alcazaba o ciudadela fortificada, de origen bereber, normalmente son de adobe). Hace catorce años que estuvimos aquí y la verdad es que ha mejorado mucho, está preciosa con piscina, aire acondicionado, salones… y también dispone de espacio para autocaravanas con todos los servicios (70Dh/día).

Nos reencontramos con los amigos y pasamos una estupenda velada a la que se suma un matrimonio francés que están aquí instalados con su autocaravana y son muy simpáticos.

 



11º día: lunes. Erfoud, Merzouga, Rissani

Hemos dormido muy bien, la tranquilidad es total; por la noche las estrellas brillan más que en ningún sitio y la temperatura baja pero con la calefacción todo arreglado.

Sol espléndido y tras un copioso desayuno nos vamos con la Auto de visita. Fede y Manel nos acompañan y nos guían, Fede hace años que vive aquí y es un buen guía.

Llegamos hasta las famosas dunas de Merzuga, son preciosas y las fotografío desde todos los ángulos. Seguimos hasta la visita del mausoleo de Mulay Ali Cherif, precioso, muy bien cuidado. Seguimos paseando por barrios bastante pobres, con calles sin asfaltar, todas las casas de barro, curiosamente muchos niños y adolescentes en bicicleta. Los pozos con paneles solares, los niños todos bien alimentados y la mayoría correctamente vestidos. Y llegamos al Ksar (aldea amurallada) Maadid, habitada desde hace más de quinientos años y ahora restaurada; en la entrada hay muchos niños que nos siguen hasta que un hombre les hace callar y -supongo-, les dice que nos dejen tranquilos, entonces uno de ellos me tira una piedra (no muy grande) que me golpea sobre la chaqueta por lo que no me hace ningún daño, los niños se llevan una bronca por parte del hombre que se nos ha acercado y me pide disculpas que por supuesto acepto quitándole importancia al hecho. La mayoría de calles del Ksar están cubiertas, así se resguardaban del calor del verano y del frío de la noche; no hay tiendas, sólo corrales y viviendas. Luego visitamos otra Ksar, sólo restaurada en su fachada, que data del 1630 y fue construida por el segundo hijo del rey que inauguró la Dinastía Alauí. En su interior está lo que queda del palacio del príncipe y aunque muy derruido se adivina aún la magnificencia que guardaban aquellas paredes: sus salones, la marquetería, los techos decorados, el jardín con el sitio reservado para los músicos…

Disfrutamos mucho pero llegamos a comer casi a las tres de la tarde. Menos mal que Nora y Fatiha, las cocineras, nos han preparado una comida excelente.

Aprovechamos para descansar al sol, ese que calienta pero no quema, hasta que se esconde. Empieza entonces la tertulia, las risas y las anécdotas con los amigos a los que se suma Ahmed, director de la Kasbah.

Cenamos “harira”, la sopa típica marroquí que nos encanta. Más risas, más charlas y a dormir.



12º día: martes. Erfoud – Merzouga

Continúa el sol y las buenas temperaturas diurnas, por la noche hace frío porque estamos a 1.000m sobre el nivel del mar y se nota.

Vamos de paseo con Fede y Manel pero hoy ellos con el coche de Fede y nosotros con nuestra moto. Vamos a una tienda de souvenirs donde acabamos comprando bastantes tonterías, luego seguimos paseando por barrios de campesinos, todas las mujeres de negro tapándose completamente en cuanto nos ven, nadie quiere que la fotografíes (creen que les robas el alma), muchos hombres con el turbante, unos azul pero la mayoría blancos que son -me dicen- los que usan los tuaregs, los negros son para los árabes. Hoy hay mercado y está muy animado, las casas son pobres aunque hay muchos niños y, como ayer, todos se ven muy sanos y bien vestidos, con buenos anoracs y los más mayores con bicicletas. Hemos visto muchos colegios y esto nos parece una muy buena señal. Fede nos hace parar ante un cementerio y nos señala que las tumbas tienen unas pequeñas vasijas con agua; nos explica que son para que acudan los pájaros a beber y así alegren al difunto, dice que es una costumbre local.; también nos señala que todas las tumbas tienen los pies hacia el norte, la cabeza hacia el sur y la cara girada hacia el este donde está la Meca. Damos muchas vueltas llegando a contemplar escenas muy interesantes que, por respeto, no fotografío; las niñas y los niños, por ejemplo, son preciosos y nos miran curiosos pero nadie nos pide nada.

Para regresar a Kasba Said cogemos una pista que está muy bien pero aún así encontramos un cúmulo de arena que nos hace trastabillar, por suerte Isidre es un experto con la moto y no nos caemos.

Comemos una “tajine” de verdura y carne deliciosa, descansamos y nos vamos todos a las dunas, esta vez con la auto porque dormiremos ahí mismo, entre dunas, en una esplanada estratégica que conoce Fede.

Realmente es un sitio alucinante. Cerca tenemos la Kasbah “Café du Sud” donde nos tomamos un té sobre una duna en donde han colocado una mesa y cuatro sillas. De todas maneras cuando se va a poner el sol camino un poco para encontrar un sitio aún más elevado con una vista privilegiada.

Después nos despedimos de Fede y de Manel pues mañana continuaremos camino. Les agradecemos muy sinceramente todo lo que nos han podido enseñar y todo el tiempo y atenciones que nos han dedicado. Volveremos “Inshallah”. Dormimos, como dice nuestra hija Carla, en el “hotel de las mil estrellas”. Antes de acostarnos salimos de la Ac a contemplar el cielo: las estrellas brillan con mucha intensidad, el cielo parece cubierto con una “tela de araña” de estrellas; hace fresco pero no mucho frío. El silencio es absoluto.



13º día: Merzouga – Tazzarine – Zagora = 323km + 19km en Moto

Me levanto a las siete de la mañana para ver amanecer, justo a esa hora empieza a clarear ligeramente. Muy lentamente se va iluminando todo, la arena va adquiriendo tonalidades del rosa al amarillo y el cielo recobra su azul aunque la bola de fuego no podré verla hasta las ocho pasadas: En ese momento mis pies, aunque llevo buenos calcetines y botas altas, ya están helados, parece mentira lo fría que está la arena en la que, inevitablemente, quedan enterrados.

Regreso a la Ac y como Isidre duerme me estiro en la cama a ver si recupero el calor.

Tras el almuerzo nos acercamos con la auto a la Kasbah para preguntar el camino a tomar y al mismo tiempo los precios de la pensión completa por si volvemos: Me indican lo primero y me informan que son 35€/persona y día. Me invitan a café (ayer nos invitaron al té) lo que rechazo muy agradecida.

Desde Rissani sale la carretera hacia Zagora. Aparecen paisajes distintos; a ratos montañas volcánicas, curiosamente negras en la superficie y rojizas en los cortes realizados para dar paso a la carretera; oasis con tierras cultivadas de un verde escandalosamente intenso, brillante, tierra pedregosa, dura. Manadas de camellos y campamentos nómadas; pueblecitos de cuatro casas por no decir chabolas (siempre de barro); unas plantas muy bonitas que no había visto nunca y cuyo nombre ignoro, sus hojas forman una especie de “rosa del desierto”; un nuevo modelo de tendedero de ropa: las hojas bajas de una palmera bajita y las primeras mujeres portadoras de leña que me dan una pena enorme pues van totalmente dobladas por el peso.

Llegamos a Tazzarine y la calle principal es un hervidero de gente, animales, puestos de venta, coches, camiones, talleres, motocicletas y bicicletas. Todos juntos y revueltos. No atropellamos a nadie porque, como dicen por aquí “Alá es grande”. Y eso que nos arriesgamos dos veces: ida y vuelta pues vamos mirando los muchos restaurantes que bordean la calle para elegir uno que tenga muchos clientes y se vea limpio, dentro de lo posible, o sea: imposible. No nos equivocamos en la elección y resulta que el hijo del dueño habla español, tiene una gran bufanda del Barça adornando el mostrador y nos dice que ha vivido en Barcelona pero ha regresado para ayudar a su padre en el restaurante. Nos ofrece una tajine de verdura con carne (para mi) y una tortilla bereber (para Isidre). Con agua y pan pagamos 75DH, o sea 7’5€, y está buenísimo todo, le regalamos una lata de cerveza de las que llevamos y nos lo agradece mucho.

Seguimos viaje a Zagora y llegamos bien aunque ha habido un momento de pánico (por mi parte) pues al atravesar los pueblos los niños, a nuestro paso ,“jugaban” a ver quién aguantaba más en medio de la carretera ¡horror!.

En Zagora nos instalamos en el Camping Sindibad 75Dh con luz. 30,3265/-5,83356. Es pequeño y los servicios dejan mucho que desear, luego vemos el “camping Oasis Palmier” y, aunque está a las afueras nos gusta mucho más. Vemos otros campings, todos llenísimos de Acs, el 95% franceses.

Hace mucho calor y nos cambiamos los jersey por camisetas, cogemos chaqueta por si en moto hace fresco, pero ni nos las llegamos a poner. Con la moto paseamos por todo Zagora, nos hacemos la típica foto ante el cartel de “Tombouctou 52 días” y atravesamos toda la ciudad hasta la gran puerta de entrada, en total paseamos 19km, luego regresamos al camping a leer, escuchar música y descansar.



14º día: jueves Zagora 40km en MOTO

No ha hecho mucho frío esta noche pero de todas formas Isidre ha puesto la calefacción un ratito antes de levantarnos.

Observo que el sol sale más tarde que en casa, lógico, estamos casi a -8º oeste.

Desayunamos y leemos “La Vanguardia” en nuestros respectivos Ipads, sin prisas puesto que hoy es un día de relax total.

Salimos con la moto de paseo, primero queremos visitar la “mellah” (barrio judío) de Amzrou, pero las calles polvorientas, la pobreza que se respira y los “guías” que nos asaltan, nos hacen temer por la moto, no nos atrevemos a dejarla sola ni un minuto; buscamos cómo subir al “Jebel Zagora” pero no encontramos el camino, luego nos dirigimos hacia Tamegroute pero como el camino es monótono resulta aburrido (en la moto) y, de hecho, ya visitamos este pueblo y su ciudad subterránea en otra ocasión, por lo que decidimos regresar a la ciudad. Nos paseamos por las tiendas, compramos pasteles en la pastelería recomendada en la guía (son muy buenos), entramos en el mercado cubierto (lástima, ayer fue día de mercado) y compramos aceitunas y dátiles.

Luego vamos a almorzar a uno de los restaurantes de la Avenida; como siempre elijo el más concurrido y no me equivoco, comemos una ensalada buenísima, unos huevos “a la tajine” cada uno y con agua y pan -y las olivas de regalo que te sirven siempre- pagamos 90Dh por todo. Es un espectáculo sentarse en cualquier café o restaurante de esta Avenida, la principal de la ciudad, y ver pasar gente. Aquí las mujeres van de negro pero el velo que les cubre cabeza y parte del cuerpo tiene unos bordados verdes con toques rojos muy bonitos; casi todas lo llevan y van muy tapadas. Abundan los hombres con el turbante y lo cómico es cuando van en moto y quieren ponerse casco porque entonces parecen un cucurucho de helado. Hay muchísimas bicicletas y bastantes motoretas chinas, también triciclos que Isidre dice que sustituyen al burro. La mezquita principal es muy bonita, de fuera claro, no podemos entrar, y también los edificios públicos que se ven muy nuevos y cuidados, todos rotulados en árabe pero también en amazigh (bereber). La verdad es que me ha sorprendido muy positivamente ver que por todo el país los anuncios oficiales están escritos en las dos lenguas. Desconocía la grafía del amazigh y es muy bonita.

Ya en casita nos comemos los pasteles y el café de nuestra Nespresso.

Siesta larga al sol, pero hace tanto calor que acabo en la ducha (pelo incluido) y con traje de baño y pareo.

Hacia las cuatro volvemos a salir de paseo con la moto y entonces se produce un episodio increíble: saliendo del camping nos para una pareja que entra (andando, nosotros con la moto) y nos dice que no podemos gritar y que si lo volvemos a hacer podemos encontrarnos que él ha perdido la paciencia. Habla con malos modos, medio en inglés, medio francés y nos quedamos tan desconcertados que no sabemos qué decir. Nos vamos. Entonces recuerdo que cuando hacía la siesta yo también me he asombrado al oír unos gritos y se lo he comentado a Isidre que me ha contestado que eran el guarda y la señora de la limpieza. La cuestión es que me he quedado muy afectada y con pocas ganas de paseo, así que hemos comprado más pasteles y hemos regresado al camping para aclarar al individuo que estaba muy equivocado, que nosotros dormíamos… pero no lo hemos encontrado. En cambio nos hemos puesto a hablar con nuestros vecinos de enfrente, muy amables, que tenían claro que nosotros no habíamos gritado y que nos han recomendado un buen hotel-camping para nuestra próxima etapa. Ya lo dice el refrán: no hay mal que por bien no venga pues sin el “impresentable” no habríamos hablado con los vecinos.

 



15º día: viernes. Zagora – Foum Ziguid - Tissint (cascades) – Tata = 267km + 11km moto

Llenamos de gasoil, podemos pagar con VISA pero cargan un 2% más.

Nada más salir de Zagora, disgusto; la policía nos para y nos multa porque íbamos a 80km/h y, aunque circulábamos ya fuera de ciudad y por una recta sin fin, se ve que había un indicador de 60. Increíble, seguro que está la señal, porque la ponen para poder multar, no tiene otro sentido. Pagamos 300Dh cash, no hay otra opción.

Se nos queda mal cuerpo pero poco a poco va pasando porque el paisaje y el viaje lo valen. Es casi inevitable que haciendo muchos kilómetros por este país (llevamos casi 3.000km) no te multen en algún momento, hasta ahora nos habíamos librado porque realmente no corremos, nos gusta pasear y disfrutar del paisaje. Después nos iremos fijando que la estrategia de la policía para ganar dinero es esta: a las entradas/salidas de ciudad hay largas rectas con doble o triple carril pero siempre una señal (a veces medio escondida en una palmera) que indica 60, al final de la recta están ellos con un aparato medidor de velocidad a larga distancia. Está clarísimo que no se trata de prevenir accidentes sino de cobrar un dinero.

A mediodía llegamos a Tissint, un pueblecito en medio de la nada donde hay un río ¡con agua! Y una pequeña cascada, sorprendente en pleno desierto. Comemos en el mirador de la cascada donde unos niños nos acosan y nos ponen piedras en las ruedas para que no podamos avanzar, hasta que isidro se enfada, sale de la auto y los amenaza con llamar a la policía ¡se van todos corriendo y no vuelven!. Cuando nos vamos salen de nuevo a pedirnos bolígrafos o caramelos, yo les daría encantada pero ya me he mentalizado en que no debo hacerlo y me reprimo. A veces, si pregunto una dirección y me indican sin pedir nada, entonces les doy caramelos al tiempo que les doy las gracias, creo que esto no puede ser malo.

Al llegar a Tata nos dirigimos al camping que nos aconsejaron los vecinos de ayer, Dar Ouanou, está a 3km de la ciudad pero es el mejor de la zona, con diferencia. Hay unas 15 Acs, casi todos franceses. Es el patio de un hotel, está empedrado y es terreno llano rodeado de palmeras, Cuesta 75Dh/día, igual que el de Zagora, con luz y wifi. Hace tanto calor que, sudando, sacamos moto y ponemos toldo, alfombra, sillas y mesa. Mis botas están tan blancas de polvo que decido lavarlas y además quitar el polvo y fregar la auto.

Tenemos unos vecinos alemanes que van con un camión enorme, preparado para el desierto, y una moto KTM, hablamos con ellos (en inglés) y nos indican un par de buenos caminos pues llevamos direcciones opuestas, les regalamos una botella de rioja español y están muy agradecidos.

Nos vamos de paseo por Tata y entramos a una de las tiendecitas de la calle principal, es muy pequeña, apenas una habitación de 9m2 atiborrada de productos, del suelo al techo, la nevera con los yogurts está en la calle así como las garrafas de agua. Compramos leche, galletas, pan y mermelada de higos, que me encanta y presiento estará buenísima.

Leemos y cenamos fuera ¡a 31 de enero!, de hecho, estoy escribiendo estas líneas bajo el toldo, en camiseta y con una rebequita porque se ha levantado un poco de aire.



16º día: sábado, alrededores de Tata en MOTO = 68km

Como amanece tarde nos levantamos a las 9h30. Toca el sol en nuestra parcela y podemos desayunar fuera, uno de los placeres de viajar en Auto.

A Tata se la apoda como “la ciudad rosa” porque casi todos sus edificios, sobre todo los oficiales y las mezquitas son de adobe rosado. Salimos de paseo con la moto hacia el norte, queremos ir a muchos sitios pero no encontramos ninguno, la razón es que no hay ni un solo cartel anunciando ni siquiera los nombres de los pueblos, así nos paseamos con la moto (calles sin asfaltar en su mayoría) por Agadir Lehna sin saber hasta más tarde dónde estamos. Es un pueblo muy sencillo, con casa bajas, pasamos por un lavadero y está lleno de mujeres lavando, Las saludo y me contestan con sonrisas y saludos. No quiero hacer foto porque sé que no les gusta y no quiero ser irrespetuosa con quien se muestra amable. Las montañas, peladas, pedregosas, son muy curiosas porque es como si estuvieran rayadas o dibujadas debido a los pliegues rocosos que las configuran, A la derecha de nuestra carretera un río que ha provocado muchos surcos en la tierra. Cuando nos cansamos de recorrer kilómetros damos media vuelta. Vamos hacia el Sur y llegamos a Tazart donde hay una interesante “mellah” pero Isidre dice que visto una, vistas todas así que vamos a una tiendecita a comprar huevos y pan. Hay dos chicas comprando y me ayudan en la traducción pues la mayor habla francés, me miran con curiosidad y cariño. Les doy las gracias y les regalo lo que me queda de la bolsita de chicles y me dan las gracias muchas veces. Por cierto, 6 huevos y un pan redondo me cuestan unos 60 céntimos de euro.

Comemos tarde, luego intento tomar el sol pero hace demasiado calor, me ducho, pelo incluido y aguanto un ratito al sol pero acabo buscando el fresco y la sombra. Hasta las seis no nos decidimos a salir, queremos ir al mercado y comprar verduras para ensalada y quizás algo de fruta. Cuando enfilamos la calle del zoco nos sorprende la cantidad de gente que hay, sobre todo mujeres, nunca en Marruecos había visto tanta mujer junta, en el paseo de la mañana sólo se veían hombres, por la calle, en los cafés o en los campos, ahora todo son colores que se mueven arriba y abajo, en grupos, con niños, alguna, pocas, con el marido. Aquí las mujeres visten en su mayoría con largas faldas muy fruncidas a cintura (o sea, con mucho vuelo) y un velo que las cubre desde la cabeza. He leído que las que llevan falda azul y velo negro (hay muchísimas) son bereberes, las que llevan vestidos multicolor son beduinas (nómadas procedentes de arabia), estos vestidos multicolor son distintos, son como saris. En todo caso todas van, en su mayoría, muy tapadas, muchas con el velo bajo la nariz y se ven unos ojazos preciosos enmarcados en Khol. Parece que para las mujeres el mercado es su punto de encuentro. Veo que se saludan con diferentes ritos, unas se dan la mano y se la besan, otras los besos son frotando la mejilla. Dejamos la moto y nos mezclamos con el gentío, disfrutamos mucho con todo el colorido, los gestos, los olores. Una jovencita vestida con túnica pero sin velo me mira y nos sonreímos, me hace gestos amables, de complicidad a los que correspondo igual. Compramos tomates, cebollas, rabanitos, pimiento rojo y verde, aguacate y fresas (20Dh). Luego, en una tiendecita yogures de vainilla y de pistacho (16Dh). También probamos un rosco que fríen en la calle y rebozan en azúcar y está buenísimo (1Dh).

Regresamos a la auto y aún tenemos tiempo de recogerlo todo antes de que anochezca. Hoy también cenaremos en el exterior.



17º día: domingo Tata- Icht -Tafraoute 267km

Desayunamos al sol, dos días ya sin poner la calefacción ni de madrugada. Recogemos y tras pagar (150Dh, por 2 días) nos dirigimos al sur. En principio habíamos pensado parar en Icht pero está tan cerca que decidimos seguir a Tafroute.

Hasta Icht la carretera discurre por el desierto pedregoso, con arena que se cruza en el camino, con algunos palmerales y poco más. La carretera es buena excepto en los badenes que cruzan los ríos (ahora sin agua). A partir de Icht nos adentramos en las montañas, cada vez más altas, más imponentes, nos abrimos paso por una carretera -menos buena- que sigue el curso del río. Hoy nos cruzamos por lo menos con veinte Acs y ¡todas holandesas, excepto un alemán! Somos testigos de una escena alucinante: un camión se ha parado en medio de la carretera, poco antes de una curva y del campo (de las piedras) llegan corriendo un hombre y varias mujeres que depositan el saco que cargan en el camión.

A las dos paramos a almorzar en un pueblecito donde se anuncia una “gite et restaurant”, lo encontramos y está cerrado pero un señor muy simpático lo abre para nosotros; es una casa particular. Almorzamos en una terraza estupenda para nosotros solitos y nos sirven la ensalada y las tortillas que pedimos, además del agua (siempre una botella de 1’5L) y pan delicioso. Pagamos 75Dh (7´5€)

Entonces llega la sorpresa; hemos aparcado en un amplio arcén en la misma carretera, en el pueblo. Antes de arrancar esperamos a que acabe de pasar un camión que baja la pendiente que tenemos delante muy, pero que muy, despacio. Pensamos que porque va muy cargado, luego descubriremos que también porque viene de una bajada muy prolongada y con una gran pendiente. Nosotros tenemos que subirla y, lo que es peor, con unas curvas tipo “paella” muy cerradas y estrechas, además de la enorme pendiente. Para más “inri” el asfalto tiene mucha gravilla lo que resta adherencia a las ruedas delanteras que son las que traccionan. Nos salvamos porque no viene nadie y porque Isidro es experto. ¡Durante más de 1km tenemos que circular en primera! La verdad es que quienes nos habían recomendado esta carretera para la Ac la habían hecho en sentido inverso, mucho más asumible. Llegamos a la cumbre y vamos circulando por una meseta a unos 2.000m de altura, los paisajes son muy duros, pero espectaculares: montañas rojizas de piedras y barro, kilómetros sin ni un alma.

Llegando a Tafroute bajaremos hasta los 600m pero esta vez de forma pausada, sin sobresaltos.

Estuvimos en esta ciudad hace años, se encuentra en el centro de unos macizos montañosos y en un terreno en el que destacan enormes rocas por todos lados. Son tan espectaculares que un artista pintó de azul un conjunto de ellas y el lugar se ha hecho muy famoso. Además de las piedras hay muchos almendros que ahora empiezan a estar en flor ¡preciosos!, me recuerdan mi querida islita mediterránea. Aquí las casas ya no son de adobe, son de ladrillos pero no son de arcilla (rojos) sino fabricados con cemento (grises), luego las rebozan y casi todas están pintadas de color rosado; no son casas pobres -la mayoría- y algunas muy ricas, enormes mansiones rodeadas de jardín. Un detalle: Incluso las casas que no están acabadas tienen antena parabólica y casi todas ya habitadas.

Vamos al camping elegido, que es de nuevo un hotel con patio para Acs y servicios, está a 4km de la ciudad, en la carretera que va a Ait Baha, se llama Hotel l’Arganier y el precio es según los servicios que quieras utilizar, nosotros, con luz pagaremos 50Dh.

Viene un guía, que habla español, a ofrecernos una excursión a las “Gorges de Ait Mansour”, 4x4 y comida incluida. Pide 900Dh lo cual es muchísimo pero no le regateamos nada porque no tenemos ganas de ir, quizás en otra ocasión. El guía también quiere que vayamos a su tienda en la ciudad, cosa que tampoco haremos aunque no se lo decimos. Tafroute es la ciudad de las babuchas, seguro que son preciosas pero no vamos a comprar ninguna.

El wifi sólo funciona en la recepción del hotel, una pena porque lo cómodo es tenerlo en “casita”.

Hace una noche preciosa y nada de frío.



18º día: lunes: Tafroute- Aït-Baha – Agadir = 180km + 46km en moto

Paseamos por los alrededores de Tafroute y emprendemos camino a Agadir pero no por la carretera más espectacular pues de nuevo asciende hasta un puerto y con el de ayer ya tuvimos bastante susto, nos vamos por la otra que sube pero despacio, sin sobresaltos. De hecho hoy Isidre conduce entre 30 y 40km/hora, va muy relajado mirando el paisaje y, cuando se cansa, le relevo un rato. Me quedo con las ganas de visitar un agadir (granero colectivo) aunque pasamos por al lado de un par como mínimo y es que no están señalizados. ¡qué pena!

Llegando a Agadir atravesamos el pueblo de Inezgane, habíamos pensado venir a su mercado semanal mañana, martes, pero quedamos horrorizados por el estado de sus calles, con más baches que un colador y además toda la avenida principal levantada por obras de canalización. Tremendo. Veo que aquí las mujeres llevan la frente tapada con un pañuelo (como nuestras monjas antes) y luego el velo por encima. Está claro que cada comunidad y cada tribu tiene su forma de vestir.

Llegando ya a Agadir nos sorprende que la carretera que atraviesa la ciudad -más adelante se transforma en Avenida, luego de nuevo carretera-, está sembrada de banderas nacionales y en cada rotonda una banderola con la imagen del rey y un escrito en árabe que no sabemos qué dice. Además hay policía cada cincuenta metros. Atravesamos toda la ciudad y aún recorremos 16km más hasta nuestro Camping Aourir, en el interior. Hace mucho calor pero el camping apenas tiene sombra, todos los franceses acampados (debe haber unas 100 autos) están morenísimos y se les ve muy a gusto tomando el sol. Nos instalamos y almorzamos pues es bastante tarde para nuestras costumbres. Luego voy a registrarme y coincido con dos campistas que liquidan su estancia, una paga 21 días y el otro 25 días, son alemanes y confirman lo que se decía sobre los jubilados caravanistas: que pasan el invierno por estos lares.

A las 16h salimos en moto hacia la ciudad. Si nos había sorprendido a la llegada ahora nos deja con la boca abierta: no se parece en nada al Agadir que visitamos hace 14 años, era una ciudad pequeña, ahora es una urbe muy grande, moderna, con grandes avenidas y construcciones nuevas por todas partes. Abundan los hoteles de super lujo, los clubes privados, las discotecas, los bares y las cafeterías a pie de paseo de playa, apartamentos bonitos y más bonitos, jardines bien cuidados y su playa larguísima y preciosa, de arena fina y mar azul. También coches por todos lados, muchas motos, bicicletas y peatones que cruzan cuando y donde pueden. Por cierto que por primera vez desde que hemos pisado Marruecos vemos que la gente camina por la acera y no por la calzada, hasta ahora siempre, en todos los pueblos y ciudades, la gente andaba por la calle sin pisar la acera, a veces grupos de hasta cuatro personas en paralelo sin preocuparse por los coches o motos, supongo que lo hacen porque si ves las aceras están hechas polvo por lo que caminar por la calzada es más placentero.

Regreso a nuestro paseo de hoy: En una plaza casi en primera fila de mar -sólo unos jardines delante- han levantado una Haima lujosísima, toda blanca, con alfombras, el acceso con la cortina abierta deja ver un interior con jarrones, tapices, más alfombras..

Parados en un semáforo pregunto a la conductora del coche que tengo al lado porqué tantas banderas y me dice que parece ser que mañana viene el rey. Lo imaginábamos.

Paseando por la calle principal descubrimos un “Carrefour”, nos hace ilusión y compramos yogures, mermeladas de higos y la sopa marroquí que más nos gusta, la “harira”, envasada, claro.

Las mujeres aquí van de todas las maneras, yo diría que según la clase social y la procedencia se visten más o menos a la europea, más o menos tapadas. Está claro que el mundo rural condiciona mucho. Aquí la mayoría aunque lleven pantalones y chaquetas se cubren con el chador y muchas siguen con el vestido largo y el velo negro. Hemos visto a dos jovencitas que llevaban unas mallas-bermuda que marcaban todas sus formas pero también una mujer con el burka, llevaba dos niños de la mano. ¡qué rabia me da, y qué impotencia!.

En conjunto a nosotros empieza a no gustarnos tanto pasear por el país, está bien y entendemos que hay gente que precisamente lo que busca es esta animación, la prueba es que aquí los campings están a tope, pero nosotros disfrutamos más con la sencillez del desierto.



19º día: martes. Cascadas de Imouzer por la Vallée du Paradis. 107km en moto

Esta noche hasta he tenido un poco de calor. He preguntado y tampoco es muy normal estas temperaturas en febrero, hace unos días Isidre me decía que me estaba poniendo color camel pero ahora si me descuido acabaré “tostada”. 

El wifi hoy no funciona en el camping, un frustre. Salimos hacia las 10h de la mañana con la moto hacia las cascadas de Imouzzer, están a 52km y atraviesan un desfiladero muy bonito, del estilo del Todrá y el Dadés pero mucho más “light”, aquí lo han bautizado como el Valle del Paraíso. El aire, en la moto, es fresquito y me tengo que poner la rebequita, en cambio circulo sin casco porque aquí sólo es obligatorio para el conductor; a mediodía, con un sol que abrasa, también se lo quitará Isidre pues por esta zona de montaña no esperamos encontrar policía. 

El trayecto está plagado de tiendecitas de cerámica y de miel y muchas cafeterías y restaurantes ahora vacíos porque es temporada baja. Paramos a tomar un café y nos cobran 20Dh (2€), o sea casi el mismo precio que en España, no pararemos al regreso, ellos se lo pierden.

A medio camino nos cruzamos con una caravana de furgonetas todas adornadas con banderas que, seguro, van a recibir al rey, son por lo menos 30 y van a tope de ocupantes (todo hombres), que pitan y saludan muy felices.

Llegamos a la cascada pero no hay agua ¡ohhhh! En cambio lo que sí hay es un montón de “guías” esperando al turista y que quieras o no te acompañan y te guían en el último tramo, que se hace andando.

De regreso, por el mismo camino, queremos parar a almorzar pero todos los restaurantes están vacíos por lo que no me fío ya que creo que no tendrán comida preparada o será de no se sabe cuándo. Cansados (más de 100km entre ida y vuelta) llegamos a Aourir y allí sí encontramos un restaurante lleno de gente (bastantes turistas-residentes) y comemos muy bien: ensalada compartida y yo tajine de ternera, Isidre huevos.

Vamos al Banco y cambio 120€, el Banco está lleno de gente que parece que esperan pero no sé qué así que me acerco a una de las mesas y cambio mi moneda, a lo mejor me he colado pero nadie dice nada. Paseando por el pueblo nos encontramos con un oficio que creíamos desaparecido: el escribidor público. En una especie de oficinita, a pie de calle se anuncia este señor para quien quiera escribir y no sepa. 

El resto de la tarde lo pasamos descansando. Imposible tomar el sol del calor que hace, pero es igual, bajo el toldo se está divinamente.

Este camping es más caro, vale 110Dh diario y esto es porque está cerca de Agadir, no porque el camping sea mejor que los otros, al contrario.



20º día: miércoles. Agadir- Playa Imessouane- Essaouira por la costa 212km

Salimos del camping con media hora de retraso porque cuando íbamos a cargar agua se nos ha adelantado una mujer que iba muy lenta, después, además me he equivocado de ruta y hemos ido a parar a la playa de Imessouane que no digo que no sea bonita pero no veníamos a esto (es una pequeña cala no muy cerrada), además el camino a la playa es malísimo, sólo está asfaltado el centro, las cunetas tienen un importante escalón y muchos de los coches que nos vienen de cara nos desafían abalanzándose hacia nosotros hasta el último segundo, esperando que seamos nosotros quienes nos apartemos cuando es mucho más fácil que se aparte un coche que la auto. 

En general los paisajes no son muy bonitos, cuando costeamos el mar lo ilumina todo, pero la costa es pelada y sin mucho encanto, cuando pasamos por el interior muchísimo árbol de argan -y muchas paradas vendiéndolo-, pueblecitos con casas tipo cubo cuadrado, tejado plano, semi-pintadas y calles de polvo. Aquí los hombres visten a la europea excepto algunas chilabas, los turbantes han desaparecido y las mujeres van con vestidos largos y un sombrero con una gran visera encima del velo. También veo una con un burka granate que no deja ver ni los ojos. Grrrr. 

Total, que el camino que en teoría hoy era reducido se nos ha hecho muy largo y para acabar de dar vueltas, las que hemos tenido que dar para por fin encontrar el Dar El Bernicha que no es que sea difícil ¡¡¡es que no hay ninguna indicación!!!. Resulta que llegando de Agadir has de coger la carretera de la costa a Safi, parece fácil pero si en el cruce, a la derecha Marrakesh y a la izquierda Essaouira te vas a esta última, ya te has perdido. Puedes preguntar que nadie (excepto la policía) sabrá indicarte adecuadamente: unos te mandarán a la autopista, otros querrán indicártelo bien pero de manera tan incoherente que no te enteras, en fin, una hora dando vueltas. Era que teníamos que coger la carretera hacia Marrakesh (o sea alejarnos más de la costa, cosa que nos parecía errónea) y entonces aparece la carretera de la costa a Safí. UFFFF!. Entonces ya es fácil, poco después un cartel a la izquierda indica que hemos llegado a Dar El Bernicha . Para quien tenga GPS y le funcione: N:31,53055/ O:-9,68916. Dar el Bernicha es una casa particular de unos franceses encantadores que tiene un patio grande en la entrada preparado para acoger Acs y 4x4, con sanitarios, duchas, lavadero, electricidad y wifi que funciona super bien. Todo 100Dh. Tranquilo, soleado, super limpio lo cual aquí no abunda. A 9km de Essaouira que para nosotros con la moto es un nada y para nuestros vecinos hay taxis que llaman y no son caros.

Nos instalamos y después de descansar y charlar con nuestros vecinos no puedo por menos que limpiar de nuevo la Ac, hay tanto polvo que da pena y eso que la he ido fregando continuamente.

Parece que aquí hace un poquito más fresquito, veremos, de momento rebequita por la noche.



21º día: jueves. Essaouira. 52km en moto

Me encanta Essaouira. Es un pueblecito turístico pero también auténtico, conserva sus barcas de pesca, todas azules, y la subasta y venta de mercado diaria (de 3h a 6h de la tarde), sus callejuelas, su zoco, su mercado callejero, sus gentes. Fuera de la medina hay una zona de lujo , frente al paseo marítimo, amplio, con palmeras y también chiringuitos, apartamentos preciosos y hoteles de cinco estrellas. Para llegar a la Medina pasamos en moto por todo el paseo que debe tener unos 3km de largo. Dejamos la moto en el Parking “vigilado” de la plaza que hay entre el puerto y la medina y nos dedicamos a pasear.

Por la mañana aprovechamos el mercado para comprar tomates, olivas picantes, pimienta negra a granel, mandarinas, aguacates y pan.

Regresamos a comer a casa, tomamos el sol y descansamos y hacia las 4h30 regresamos a la medina para ver la subasta de pescado, también los pescadores de barquita pequeña que exponen su pesca en el suelo (sobre un papel o una cesta); luego paseamos de nuevo por la medina, nos sentamos a tomar el té a la menta en una terraza, seguimos paseando y acabamos la tarde, ya anocheciendo, comprando cuatro cosas en el Carrefour. Es muy entretenido ver pasar todo tipo de gente, aquí hay bastante gente de color, según he leído son los descendientes de antiguos esclavos, muchos turistas… y la pena es que he visto bastantes mujeres muy tapadas, varias con el burka, alguna hasta con los ojos cubiertos por el velo. Sobre todo me ha llamado la atención una mujer joven (se notaba por el tipo y los ojos) en el Carrefour porque era distinguida a pesar de ir con un burka negro que parecía de buen corte y tela de calidad, al salir la he visto al lado de un hombre corpulento, con la barba y el aspecto del típico talibán, él la abrazaba por los hombros. Es horroroso, es muy injusto.

Ha refrescado y se ven algunas nubes, creo que va a cambiar el tiempo, además nosotros seguiremos rumbo al norte por lo que seguro iremos dejando atrás este “verano” que hemos disfrutado los últimos días.



22º día: viernes. Essaouira – Safí = 113km + 32km en moto

Nos despedimos de los simpáticos vecinos y del dueño del Dar El Bernicha. Si volvemos por estos lares repetiremos estancia.

Enfilamos la carretera “de la costa” hacia Safi, no es muy mala pero tampoco puedo decir que sea buena, muchos tramos de ese asfalto tan granulado que todo tiembla, las cunetas son “mordiscos” de asfalto importantes, agujeros cuando menos lo esperas… A ratos el paisaje es muy bonito, es cuando vemos el mar, muy tranquilo, muy azul; alguna playa (pocas) y mucha tierra amarilla, polvorienta. Curioso ver tantos burritos en esta región, muchos campesinos se desplazan sobre este animal, también tirando de carros. Hombres con chilaba, campos cultivados y casitas hechas de la piedra blanca de la región.

Como sólo recorremos unos cien kilómetros llegamos a mediodía al único camping de Safí: un desastre de viejo y abandonado, una pena porque el espacio podría ser muy bonito si estuviera cuidado. De todas maneras de Safí no me gustará nada de lo que veremos.

Bajamos moto y empezamos a dar vueltas y más vueltas buscando algo que valga la pena mirar: el castillo portugués, ahora es un museo; a la medina antigua no nos atrevemos a entrar más que hasta la segunda puerta; el centro – que al final sabemos es la plaza Tajine-, no tiene ningún interés, pero por lo menos encontramos un pequeño centro comercial donde podemos comer. El restaurante se llama Venezia y sirve pizzas, pero somos los únicos clientes. 

El resto de la ciudad me parece bastante impersonal, con una mezcla de barrios pobres, otros muy pobres, algunos medios pero muy feos, con edificios de 2 plantas de terrado plano y el barrio de los ricos con chalets rodeados de jardín. Mi recomendación es no perder ni un minuto en esta ciudad, he cometido un error parando aquí. Además, de nuevo veo varias mujeres con el burka, tapándoles hasta la mirada, me pone enferma.

Tras el almuerzo vamos a una playa (la he encontrado mirando en el Google maps, no había ninguna indicación), que está al norte, saliendo de la ciudad. Es una playa muy ancha, no muy larga, con arena dorada y unos cuantos chiringos cutrecillos que venden chuches y bebidas, en uno de ellos, que tiene una mesa con sombrilla y sillas plantadas en la misma arena, conseguimos un café – muy bueno- y nos adormecemos tomando un sol que hoy no nos hace sudar ni vestidos manga larga.

Hacia las cinco regresamos a casita, han llegado muchas autos pero es tan grande el espacio que estamos anchos. Y sólo vale 42Dh  (4€) con electricidad.

Lectura y música. Mañana seguiremos rumbo norte.



23º día: sábado. Safí – Norte de Rabat: Mehdiya plage = 392km

Hoy sí que han cundido los kilómetros. Hemos ido por autopista todo el tiempo y, claro, hemos adelantado mucho a pesar de parar un par de veces, para café, para comer y en muchos peajes (215dh en total = 21€) que hemos tenido que pagar cash porque no funcionan las visas extranjeras. Por suerte en un área había cajero automático, y el gasoil sí que hemos podido pagarlo con VISA y sin recargo.

La autopista iba completamente vacía (apenas un par de camiones) hasta llegar a Casablanca. Se puede circular a 120km/h y las áreas están muy bien. 

Casi todo el tiempo nos rodeaban campos cultivados y hemos comentado que Marruecos sería como el “verdulero” de Europa si le dejaran exportar, pero esto perjudicaría mucho nuestra agricultura. 

La circunvalación de Casablanca y de Rabat nos ha ofrecido las imágenes de las chabolas que rodean estas capitales, pero, curiosamente todas tenían una antena parabólica en el tejado. Muchas veces también, hemos visto pastores con sus ovejas… y el móvil en la mano. Y por cierto que bastantes conductores van hablando por el móvil mientras conducen. 

Hemos decidido quedarnos en el camping de Mehdiya playa para descansar y no agotarnos con tanto kilómetro. El camping es amplio, ordenado, las duchas y sanitarios muy limpios, pero el wifi sólo funciona a ratos. Nos instalamos y nos acomodamos en el exterior a leer hasta que el sol se esconde. (110Dh/día)



24º día: domingo. De Kenitra a Asilah por autopista = 181km + 13km en moto

Hay una humedad tremenda y cuando nos despertamos todo el exterior está mojado como si hubiera llovido, además hay niebla aunque pronto levanta.

La autopista está muy bien, buen asfalto y pocos coches. Paramos en un área para que nos limpien la auto por fuera, hay tanto polvo (dentro también a pesar de que voy limpiando) que vemos mal y el “limpia” del vehículo no consigue quitar la suciedad.

Llegamos pronto a Asilah y nos instalamos bien, nos dan una buena parcela (no hay muchas autos) orientada al sur, o sea sol todo el día que es lo que queremos. (80Dh/día) Ahora el aire es fresquito pero el sol a mediodía calienta mucho.

Almorzamos en la Ac, descansamos un ratito y salimos con la moto hasta la medina. Asilah es un pueblo muy bonito, blanco, con apartamentos “de lujo” en la parte nueva, y con una medina encantadora, de calles blancas, luminosa, casas con decorados azules y rejas de hierro forjado y toda ella rodeada por una muralla del tiempo de los portugueses (S.XV). Es domingo y hay mucha gente paseando, la mayoría nativos (muchos hablan español), unos pocos extranjeros. Abundan las galerías de arte pero también las tiendas de souvenirs típicas, algunas cafeterías con mesas en la calle atraen a un público heterogéneo; nos tomamos un té en una de ellas y como llevo botines de cuero un limpiabotas me insiste en limpiarlos (están blancos de polvo), accedo más para dar negocio al joven que por la limpieza de los botines pues sé que durará muy poco. Isidro le negocia 15Dh pero lo hace tan bien que le damos 20Dh.

Paseamos en moto por fuera de la medina, está lleno de restaurantes con camareros pidiéndote que vayas a su local pero ni es hora de comidas ni tenemos intención de “picar” como turistas. En varias calles céntricas, tan animadas que casi no podemos pasar, hay un mercado callejero, por una parte las tiendas de los locales, todas abiertas y con mucho género expuesto en la calle, por otra las aceras e incluso parte de la calzada con alfombras sobre las que disponen todo tipo de objetos, ropa (de segunda mano, creo), grifos, palanganas, televisores del año de la catapún, transistores, calcetines y miles de zapatos -nuevos y viejos.

Hoy no veo ningún burka, al contrario, muchas melenas al viento. 

Regresamos a casita poco antes de que anochezca y refresque de verdad. Estamos frente a la playa, toda la noche nos acompañará el murmullo del mar, pero también la humedad y el viento fresco que nos hace encerrarnos en casita en lugar de quedarnos bajo el avancé.



25º día: lunes. De Asilah a Tanger y regreso = 95km en moto

De buena mañana hace fresco pero desayunamos fuera. Otro día de cielo azul y sol espléndido.

Nos vamos a pasear por Tanger, ciudad que no conocemos, y lo hacemos con la moto pues está a unos 40km.

De la ciudad antigua recorremos las principales calles de la medina: del gran socco al pequeño socco, el mirador al puerto, el hotel Continental y el mercado de frutas, verduras y carne (los mercados de pescado suelen estar aparte). Es una medina que nada tiene que ver con las que hemos visto hasta ahora: las calles son abiertas, estrechas pero no tanto, los edificios de hasta tres pisos y de estilo colonialista europeo de principios del SXX, algunos muy bonitos aunque ahora un tanto abandonados. También hemos pasado por delante de la Gran Mezquita, ésta elegante, cuidada, impoluta, como todas las que hemos visto en el país.

Nos entretenemos en el mercado, es muy auténtico y además de las paradas -siempre con los productos muy bien colocados-, hay algunas vendedoras sentadas en el suelo, en una esquina, con el traje de rayas y el sombrero de paja con los pompones, vendiendo leche y queso frescos. Isidre dice que se le enganchan los zapatos de tanta mugre que hay por el suelo, pero a estas alturas no veo la diferencia con otros lugares visitados.

Nos vamos del centro sin que nadie nos haya molestado (de los restaurantes te llaman pero basta no acudir) y ni siquiera hemos pagado al “vigilante” por la moto pues no ha aparecido (la moto sí.).

Llegamos fácilmente a la Place France y el Boulevard Pasteur donde está la terraza “de los vagos”. Esta es una ampliación de la acera con vistas al puerto y donde descansan unos cuantos cañones españoles del SXV, sus bancos están siempre ocupados, de ahí su apodo. Por lo demás caminamos un poco el barrio, a destacar el Teatro Cervantes, cuya fachada es de “art decó” y que en su momento fue “lo más” de la cosmopolita ciudad. El resto no nos parece interesante y nos vamos.

Acabamos almorzando en un Centro comercial, una buena ensalada y pinchos; luego compramos en el Hiper marca del país, “Marjane” que tiene de todo, como un Carrefour. Ahí vemos varias mujeres con burka, totalmente de negro; una de ellas, detrás nuestro en la Caja, con un niño en cochecito de un año y una nena de la mano de unos tres añitos. De repente se dirige a los niños ¡en español!

  • ¡Hablas español! -le digo.
  • Claro, soy de Madrid, hace un año que vivo aquí, antes siempre he vivido en Madrid.

Nos quedamos helados, mudos. Es obvio que nos encantaría preguntarle: “Y qué haces aquí y con esta ropa”. Pero se impone el respeto.

Entonces la oigo hablar con la cajera, en árabe fluido-

  • Y hablas árabe! La niña me mira muy seria, los ojos muy abiertos, no hostil pero casi.
  • Pues claro, aquí te lo enseñan (eso entiendo yo, Isidro entiende que sus padres se lo enseñaron).

Y aquí se acaba todo porque nos vamos, no queremos interrogar a esa pobre mujer.

Ponemos rumbo a casita, por la carretera Nacional que bordea el mar. Tanto en la costa como en la entrada de la ciudad nos ha sorprendido la gran cantidad de inmuebles nuevos, muchos, muchísimos, sin terminar y con obra parada. Parece que debe haber una burbuja inmobiliaria de grandes proporciones pero la verdad es que no estamos al tanto de la economía del país.

Disfrutamos del jardín de nuestra casita y de los últimos rayos de sol marroquís pues mañana cruzaremos hacia España. 

 



26º día. Martes. Asilah – Ceuta - ferry – Torremolinos = 248km

El paisaje de Tanger a Ceuta es precioso aunque un sube y baja de montañas. Son 118km una parte importante de los cuales se pueden hacer por autopista aunque, por supuesto, es mejor por la carretera de la costa. 

Ha sido una buena despedida de este país que, esta vez, me ha conquistado.

El paso de la frontera resulta muy pesado: la cola es enorme y esperamos una hora hasta que nos toca el turno. Vamos pasando distintos controles y en cada uno enseñamos el pasaporte, hasta el último que es el registro, entonces empieza un registro que no entendemos pues nos hacen apartar y dos policías vienen con el perro, entran, abren los armarios, la nevera, golpean el techo, las paredes, la pared de la nevera, se entretienen en el hueco del motor de la calefacción… luego me hacen abrir todos los tambuchos exteriores… mientras, no me devuelven el pasaporte. Al final parece que se dan por vencidos ¡no llevamos nada de nada! ¿tenemos aspecto de contrabandistas? Lo curioso es que luego entramos en España, enseñamos pasaportes y nada más, no miran nada. Me parece muy raro y acabo pensando que deben tener un acuerdo los aduaneros marroquíes con los españoles: hoy miras tú, mañana miro yo… o algo parecido, ¿no?. Lo siguiente es esperar la salida del ferry, de nuevo con media hora de retraso, menos mal que aprovechamos para comer mientras estamos en la cola (ventajas de ir en Autocaravana), y al llegar a Algeciras ¡otra vez cola para la aduana! Y en el momento que cruzamos nosotros parece que se han cansado y ya sólo enseñamos el pasaporte: pasen, pasen. Creo que hemos enseñado los pasaportes unas diez veces. Total: ¡cinco horas! 

Esta vez, como tenemos menos prisa, optamos por la Autovía en lugar de la AP, mucho más bonito paisaje, circulamos muchos tramos pegados al mar, atravesamos pueblos y bonitas urbanizaciones, aunque también tramos superpoblados que destrozan el paisaje. 

Llegamos a la playa de Torremolinos con la caída del sol. Estamos muy bien situados, en el Paseo Marítimo, frente al mar. Es un descampado enorme frente a unas obras en curso, algo alejado del centro de la población. Delante, sobre la arena, unos cuantos chiringuitos bonitos, ahora cerrados. No estamos solos, por lo menos somos unas cincuenta Acs aparcadas en perfecto orden y respetando una cierta distancia.

Como el tiempo sigue siendo excelente hemos paseado un poquito por el Paseo Marítimo. 



27º y 28º día: Torremolinos – Sant Feliu de Codines

27º día: miércoles. Torremolinos – Tavernes de la Valldigna = 620km

Día de recorrer kilómetros aunque a ratos también disfrutamos de un bonito paisaje. Almorzamos en un restaurante de Puerto Lumbreras y pasadas las cinco de la tarde estamos en el Area de Tavernes que es de pago (11€ con luz) y tiene todos los servicios. Está a tope pero la encargada nos ofrece el sitio de su coche (ella se va a las 7h) puesto que es sólo por una noche.

 

28º día: jueves. Tavernes – Sant Feliu de Codines = 446km

Descansamos bien.

Llegamos a casa sin problemas. ¡Fin de viaje!

 

RESUMEN de GASTOS en MARRUECOS 

Gasoil = 4.783 Dh (aprox 470€) Recorridos 3.798km + 609 en moto

Autopista = 368Dh (aprox 360€)

Restaurantes = 2237Dh (aprox 220€)

Campings = 1.842Dh (aprox 180€) 



RESUMEN:

Circunvalando Marruecos 

17 enero - 13 febrero 2020

1er día: St Feliu – Baños de la encina = 790km

2º día: Baños – Algeciras (384km) + Ferry – Ceuta – Martil (39km)

3er día: Martil y Tetuán = 10km MOTO

4º día: Martil – Jebha – Cala Iris – Alhucema = 258km

5º día: Alhucema – Nador – Saïdia = 253km

6º día: Saïdia – Tafoughalt – Mahirija = 223km

7º día: Mahirija – Debdou – Meseta de Rekkam- Figuig = 409km

8º día: Figuig = 18km MOTO

9º día: Figuig – Boudnib = 289km

10º día: Boudnib – Source Bleu – Erfoud = 145km

11º día: Erfoud – Merzouga- Rissani = 141km

12º día: Erfoud – Merzouga = 67km MOTO

13º día: Merzouga- Tazzarine – Zagora = 323km + 19km MOTO

14º día: Zagora = 40km MOTO

15º día: Zagora – Tissint – Tata = 267km + 11km MOTO

16º día: Tata y alrededores en MOTO = 68km

17º día: Tata – Tafroute = 276km

18º día: Tafoute – Agadir = 180km + 46km MOTO

19º día: Agadir: vallé du Paradis y Cascadas de Imouzzer

20º día: Agadir – playa Imessouane - Essaouira = 212km

21º día: Essaouira

22º día: Essaouria – Safí = 113k + 32km MOTO

23º día: Safí – Mehdiya plage = 392km

24º día: Mehdiya (Kenitra) – Asilah = 181km + 13km MOTO

25º día: Tanger = 95km MOTO

26º día: Asilah – Ceuta- ferry – Torremolinos = 248km

27º día: Torremolinos – Tavernes de la Valldigna = 620km

28º día: Tavernes – Sant Feliu de Codines = 446km

TOTAL= 6.191km  +609km MOTO



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