El Marruecos que nadie ve: lugares insólitos

Muchos viajeros dicen que conocen muy bien Marruecos porque han ido dos, tres o varias veces, y no es así, conocen lo usual de las rutas, pero no lugares mágicos y magníficos que escapan de las rutas habituales
En este relato tratare de trasladar lugares que no son usuales para el turismo.

Macarena y Piky Sierra Abueletes Diciembre 2019
INTRODUCCIÓN

Muchos viajeros dicen que conocen muy bien Marruecos porque han ido dos, tres o varias veces, y no es así, conocen lo usual de las rutas, pero no lugares mágicos y magníficos que escapan de las rutas habituales

En este relato tratare de trasladar lugares que no son usuales para el turismo.



KASAR MAADID, ERFOUD

Al Norte de Erfoud, en la ruta de Errachidía, se encuentra la Kasba Maadid, aunque en realidad se trata de un ksour o conjunto de kasbahs habitadas, dicen, desde hace más de seiscientos años.

Maadid, de planta rectangular, es el mayor conjunto arquitectónico de toda la región del Tafilalt, con cuatro barrios separados por murallas.

En 1968, Maadid fue objeto de un plan de mejora de las condiciones de vida de sus habitantes que financió la FAO y, por ello hoy día continúa habitado.

Con tres accesos a la carretera principal, Maadid es un lugar que impone al viajero. Es de esos sitios donde un extranjero se sigue encontrando extraño porque son pocos quienes lo visitan. Y es que el ksour se encuentra fuera de los circuitos turísticos de la zona, lo que hace que el visitante se pregunte si se trata de un lugar con encanto, como en realidad es, o un laberinto en el que perderse y encontrarse sometido a determinados peligros. La parte exterior del ksour parece un barrio marginal de esos que existen en todas las ciudades del mundo ¡Nada más lejos de la realidad! Por la noche es un lugar oscuro, pero por el día un lugar animado lleno de niños y mujeres.

La fortificación se corresponde con la misma estructura arquitectónica que podemos encontrar en otros ksours del Tafilalet, como el Khorbat (lugar próximo cuando se viaja hacia la gargantas del Toghra) debido a las luchas tribales que, durante siglos, caracterizaron la Historia de esta zona del desierto, los pueblos se amurallaban, protegiendo a la población en el interior frente a los asaltos. De ahí la ausencia de ventanas

Además, debido a la climatología del desierto, sus calles se encuentran cubiertas y las casas se ubican en la parte superior, dejando pozos de luz de cuando en cuando. Esta disposición permite una cierta protección frente a las tormentas de arena y proporciona fresco en verano y calor en invierno. Además, la parte inferior era usada para albergar los corrales de los animales domésticos

A diferencia de El Khorbat, recientemente restaurando, Maadid es más auténtico, pues conserva en sus pasadizos la realidad de una gran aglomeración de habitantes. Sus calles huelen al hedor que los corrales en uso suelen dejar en un lugar; y sus calles, poseen los baches y charcos normales que un piso de barro puede tener por el paso diario de cientos de personas.

En el interior no hay tiendecitas ni nada que invite a una visita turística: sólo corredores, casas, corrales de adobe, puertas y vigas en madera de palmeras, una mezquita.

La visita se inicia en la puerta principal accediendo al interior del ksour y, en poco tiempo, un reguero de niños se va uniendo. No hablan, no piden nada, no arman mucho jaleo, sólo te persiguen, se ríen y hablan entre ellos. Es normal, pues ver a unos extranjeros en las puertas de sus casas haciendo fotografías, les parece de lo más gracioso.

Así que, si visitáis Erfoud y no tenéis mucho que hacer, podéis adentraros en los muros de Maadid y sorprenderos con sus gentes y su curiosa arquitectura.



Los Siete Santos de Marrakech, Sabatou Rijal

En la puerta de Bab Moussoufa que da acceso a la Medina de Marrakech cerca de la Estación de Autobuses de Bab Doukala, existe una Plaza, llamada la Plaza de los Siete Santos, con siete torres en fila que representan la importancia de “Los Santos de Marrakech” y que pasa desapercibida para el visitante de la Ciudad Roja. Pero ¿Quién fueron estos “Siete Santos”? Los Santos en Marruecos tienen una interpretación similar a la que poseen en Occidente. Son personas que en vida se dedicaron a hacer el bien, y que recibieron las bendiciones de Allah. Marrakech es el lugar en el que más de 200 hombres de importancia religiosa y espiritual hallaron el descanso eterno, pero siete, sólo siete, han sido especialmente venerados. Se cree que fueron bendecidos por Allah por su sabiduría y la fuerza de su alma. Y por este motivo, la ciudad es conocida entre sus habitantes como Sabatou Rijal: Siete Hombres, Siete Santos. Aunque las peregrinaciones a Marrakech ya no son tan populares como en el pasado, se cree que fue Moulay Ismail (el sanguinario gobernante que estableció la capital en Mekinés y descansa en un mausoleo de la ciudad), el que estableció, en el siglo XVII, la costumbre de peregrinar a Marrakech con la finalidad de otorgarle un significado religioso. La principal intención del gobernante era competir con los famosos y más populares santuarios de Essaouira, en donde se encuentran los Siete Santos de Regrara: siete cristianos que, tras visitar La Meca, se convirtieron al Islam y consagraron su vida a extender la religión por Marruecos.

Tradicionalmente, los peregrinos visitan los santuarios en un orden determinado y según el día de la semana. El peregrinaje debe comenzar un martes con la visita al santuario de Sidi Youssef Ben Alí; le sigue, el miércoles, el mausoleo de Qadi Ayyad; Sidi Bel Abbes, el jueves. Los viernes se visita a Sidi Suleiman Al Jazuli; y el sábado, hay que visitar la tumba de Sidi Abdel Aziz. El domingo, los peregrinos presentan sus plegarias ante Sidi Abdullah Ghazouani y concluyen el viaje el lunes en la zaouia del Imám Abderrahim Souhaili.

Sidi Youseff Ben Alí

Místico sufí y aquejado en vida por la enfermedad de la lepra fue expulsado de su hogar y alejado de Marrakech. Sidi Youseff Ben Alí tuvo una vida larga y comenzó a ser respetado por su poder para resistir el hambre y las enfermedades. Así, la gente comenzó a visitarlo para recibir orientación y resolver sus problemas.

Se encuentra enterrado cerca de Bab Aghmat.

Qadi Ayyad

Fue un líder religioso del siglo XII. Una de las Universidades de Marrakech lleva su nombre.

Su zaouia se encuentra en Bab Aïlen.

Sidi Bel Abbes

Se trata del santo más popular y venerado en la ciudad. Es el más importante de los Siete Santos y se le considera el Santo Patrón de Marrakech.

Fue mecenas de los pobres y ciegos y, por ello, son muchos los peregrinos con problemas de visión que visitan su santuario .Siempre he pensado pedir a su Majestad Mohamed VI para que me conceda la gracia de poder visitarlo

Su zaouia sigue desempeñando un papel destacado en la vida de Marrakech a pesar del paso de los siglos. Cada último sábado del mes, más de 2.000 indigentes y discapacitados reciben un subsidio que oscila entre 50 y 200 dirhams. Los beneficiarios poseen una tarjeta bianual renovable. La zaouia, cuya actividad caritativa se lleva a cabo gracias a la generosidad de donantes, asegura la imparcialidad de las donaciones a través de un gerente (moqaddem) y una comisión de cuatro miembros.

El gremio de los ciegos también está asociado a la zaouia. Cantan el Corán con motivo de eventos especiales y gozan en el interior del recinto de un status específico.

La Zaouia de Sidi Bel Abbes donde se encuentra enterrado  en Sidi Marouk, cerca de Bab Taghzout.

Se dice que es de Ceuta

Sidi Suleiman Al Jazuli

Líder sufí marroquí  en el siglo XV, es conocido por reunir el Dala´il al-Khayrat, un libro muy popular de oraciones dividido en 7 secciones para cada día de la semana.

Aunque su cuerpo fue enterrado cerca de Essaouira, 77 años después de su muerte, fue exhumado para ser trasladado a Marrakech.

En la actualidad descansa en la zaouia Jazoulia, cerca de la Medina, cerca de Dar el Glaoui.

Sidi Abdel Aziz

Oriundo de Marrakech y analfabeto durante toda su juventud, terminó por covertirse en sucesor espiritual del Imam el Jazouli en la Medersa el Attarine de Fez.

Es el santo de la fertilidad. Las mujeres acuden a él ofreciéndoles plegarias para quedar embarazadas o tener un buen parto.

Su mausoleo se encuentra cerca de la Calle Baroudiyine, cerca de la Mezquita de Ben Youssef.

Sidi Abdullah Ghazouani

También conocido como Moul El Ksour, estudió en Fez y Granada antes de seguir los pasos de Sidi Abdelaziz en Marrakech. Fue encarcelado debido a los recelos de Sidi Mohamed Cheik sobre su buena reputación con la gente y el miedo a que terminara convirtiéndose en el cabecilla de una revuelta popular.

Se encuentra enterrado cerca de la Mezquita Mouassine.

Imám Abderrahim Souhaili

Ciego de nacimiento, es malagueño. Su familia era pobre, pero su padre le enseñó árabe y le ayudó a memorizar el Corán. Estudió ciencias en diferentes ciudades de Andalucía hasta que Yacoub Al Mansour lo llevó a Marrakech.

Es conocido por su poesía sufí y escribió dos obras universales: una sobre el nombre de los Profetas citados en el Corán y otra sobre la biografía de Sidna Mohammed.

Se le considera patrón de los estudiantes y son muchos los que acuden a él con ofrendas y oraciones en épocas de exámenes.

Su zaouia se encuentra en Bab er Rob, una de las puertas al sur de la Medina, cerca de Bab Agnaou.

Bab en árabe significa puerta



Petroglifos del Sur de Marruecos

Hubo un tiempo, hace miles de años, en el que el Sur de Marruecos no era un desierto, sino una tierra fértil plagada de flora y fauna. En aquel tiempo, las llanuras daban alimento y cobijo a los cazadores y recolectores del Neolítico y los caudalosos ríos se encontraban llenos de especies acuáticas. Fue entonces, cuando el ser humano que habitaba en el Norte de África, como en otros muchos lugares del mundo, transformó en arte lo que para él formaba parte de su vida cotidiana.

Dejamos Nkob en busca de los petroglifos del Sur de Marruecos. Después de haber visto los grabados rupestres, nos hacía mucha ilusión comprobar cómo serían estos, pues   sabíamos que eran muy diferentes en su ubicación, su técnica y sus representaciones.

Pasamos de largo por Tazzarine, un pueblo grande que bordea el valle del Draa. Su palmeral es uno de los últimos antes de la hammada y, por su ubicación, en el pasado, fue paso obligado para las caravanas “azalai” que iban y venían de Norte a Sur transportando principalmente sal, pero también oro, esclavos, azúcar y cuero al Tafilalt y Marrakech. Por esto, y aunque hoy Tazzarine es una población sin mucho interés, ha conservado esta diversidad en su población, principalmente bereber, con los que conviven descendientes de los almorávides, chorfas, y gnawas. Incluso hubo un tiempo que en su gran mellah, albergó a los judíos sefardíes de la diáspora. Y por eso también, el nombre de Tazzarine proviene de Tizzri, que significa “reunión”

Acceder a los petroglifos no es tarea fácil, más si se anda arriba y abajo por pistas sin señalizar, y sin señal GPS. Pero llegar, llegamos y verlos los vimos, pero alquilando un coche

Se hallan ubicados encima de un promontorio que domina una llanura con las montañas al fondo y, a cargo de su cuidado, hay un amable guarda que habita permanentemente en una especie de garita. La visita es gratuita, y el guarda te acompaña, explicando en un lenguaje que aúna el castellano, el francés y el tamazight, lo que en su escaso nivel cultural y su gran nivel de familiaridad con los grabados. A diferencia de los grabados del Sáhara hechos sobre grandes planchas de roca incrustadas en el suelo, estos petroglifos están realizados sobre piedras acumuladas en pequeñas montañas y han sido “acordonadas” con unos palos y un pequeño alambre en la búsqueda, quizá, de su balizamiento o de su protección frente a actos de expolio y vandalismo, pues sobre algunas de ellas hay burdos grabados recientes realizados quién sabe si por pastores, habitantes de la zona o simplemente gamberros.

Las rocas tampoco son iguales. Si los primeros grabados que vimos se realizaron sobre cuarcita negra, las piedras aquí eran de arenisca y parecía más fácil haber realizado las incisiones sobre ellas. Mientras las primeras mostraban dibujos punteados en la roca, en éstas, los dibujos parecían haberse hecho mediante la fricción contra la roca de un objeto romo.

¿Y cómo puede ser que el hombre habitara una vez este lugar ahora tan inhóspito y en sus representaciones aparezcan grandes mamíferos más propios de la selva que del desierto?

El Sáhara, durante un período de unos 5.000 años –se estima que entre el 11.500 y el 5.000 a.c- fue una zona húmeda y rica en recursos naturales. Numerosos estudios científicos acreditan la existencia de lluvias abundantes que alimentaban ríos, lagos y acuíferos. Y aparte de los petroglifos y los grabados extendidos por todo el desierto del Sáhara, la presencia de fósiles en la zona ha permanecido como huella imborrable del pasado del desierto.la

Palabra petroglifo deriva del griego: “petros” significa piedra y “glyphein”, tallar. El petroglifo es, en realidad, un dibujo tallado sobre una roca sobre cuya finalidad parece que nadie está de acuerdo.

Dentro de los petroglifos, también hay “estilos artísticos” y estos se encuadran dentro del estilo tazina, en el que se incardinan los animales de perfil deformado y de longitud exagerada en cuello, cuernos y extremidades. Entre los animales, pueden distinguirse elegantes, rinocerontes, antílopes, gacelas, avestruces, monos, jirafas, etc. Junto a las representaciones de animales, se han hallado otro tipo de representaciones geométricas y abstractas, catalogadas algunas de ellas como juegos. Y es que, al parecer, existen estilos de diferentes épocas en este mismo contexto espacial. Y, en la zona también hay un menhir.

La visión de todos aquellos dibujos que tanto nos acercaban a la Historia de un Sáhara húmedo y poblado, finalizó con un té en la caseta del guarda, al que le dimos una propina.

Por el camino de vuelta, salieron al paso multitud de niños. Pequeños, descalzos, despeinados y cogidos de la mano, nos íbamos encontrando grupitos a lo largo del camino. Siempre que vamos a Marruecos llenamos el arcón, de ropa, juguetes y caramelos. La pobreza en este país es inacabable, así que no perdí oportunidad para sacar una sonrisa a todos, creo que a todos ellos. Lo que nos supuso el debatirnos si habíamos divertido más viendo los petroglifos o disfrutando de tanta sonrisa infantil junta.

Paramos por el camino a tomar una coca-cola en un pequeño cafetín del camino, cuando se produjo la anécdota más hilarante de todo el viaje. Había un señor mayor que chapurreaba el castellano a duras penas. La verdad es que, en Marruecos, a casi todo el mundo le encanta mantener una conversación con el extranjero: en los lugares grandes, para venderte algo, en los pequeños, por el placer de conversar y tener un nuevo tema del que hablar con los vecinos. La conversación comenzó con él “de dónde sois”, “donde vais”, “de donde venís”,… Lo típico.

A Enrique se le ocurrió decirle al hombre que veníamos de ver “las pinturas rupestres”, a lo que el hombre contestó “¿Qué son rupestres? ¡Yo no sé qué son rupestres!” Y a mí, ya comenzó a darme la risa. Así que Enrique le dijo: “las pinturas de los antiguos”. A lo que el hombre contesta: “¿Antiguos? ¿Antiguos cuánto? ¿Cien, cincuenta años?” Yo ya me estaba casi tronchando. Enrique le dice “No, no. Antiguos prehistóricos” y el pobre hombre, le contesta “Yo no conozco a los prehistóricos esos, lo siento”. En medio de aquella conversación tan absurda, había otro señor hablando por el móvil, pero que quería estar “en el plato y la tajá”, pues la llamada lo pilló al llegar nosotros y no debió de venirle muy bien para enterarse de lo que hablábamos. Supongo que estaba pillando algo de nuestra conversación sobre “pinturas rupestres”, así que colgó rápidamente el teléfono, se dirigió a Enrique y muy serio le dijo “¿Tú qué quieres? ¿Estás buscando pintura? ¿Para pintar la casa?” Y yo ya ahí comencé a llorar de la risa.



Crómlech De Mzora

También conocido como “Círculo de Larache”, está situado a 25 km al este de Larache y a 15 al sureste de Asilah.En la Kabila de Sidi el Yamani. Se trata del único monumento megalítico de Marruecos, aunque no es el único vestigio que podemos encontrar en el país de la prehistoria, pues, además de los grabados y pinturas rupestres, en el interior de Marruecos se encuentran decenas de túmulos neolíticos. Mzora, en bereber, se traduce como “la visitada”.

Un cromlech es un monumento megalítico formado por menhires introducidos en el suelo para formar, en su conjunto, una forma circular.

La palabra cromlech deriva del inglés y significa “piedra plana colocada en curva” y, aunque la palabra, en inglés, se usa para dólmenes, en francés y castellano, su uso es el de “círculo de piedras”.

Debido a la ausencia de fuentes escritas sobre estos monumentos prehistóricos, los investigadores han interpretado que, originariamente, se trataba de monumentos funerarios que rodeaban a los dólmenes y túmulos, más tarde sin embargo, pudieron convertirse en monumentos sagrados y, en algunos casos, sirvieron como templos.

Los cromlech son menos frecuentes que otro tipo de monumentos megalíticos y la mayoría, están datados en la edad de bronce. Existen círculos de piedra en casi todo el mundo, pero en el África Occidental, sólo pueden encontrarse en Senegal y Gambia y aquí, en Marruecos, en Mzora.

El cromlech de Mzora

Fue César Luis Montalván quién llevó a cabo las excavaciones que, en Mzora, entre 1935 y 1936, sacaron a la luz el cromlech. En los trabajos se encontraron restos mortales incinerados, una espada de hierro, un arma de acero con inscripciones y conchas de tortugas, puntas de lanza y algunos objetos de alfarería. Pero la labor del investigador español fue interrumpida por la Guerra Civil y su arresto por el General Francisco Franco.

Las labores de excavación e investigación en la zona fueron retomadas posteriormente y, en 1980, una cooperación auspiciada por el gobierno de Marruecos entre científicos marroquíes y una Misión Prehistórica Francesa terminó de dar forma a las conclusiones a las que había llegado Montalván cincuenta años atrás.

El centro del conjunto de Mzora es un túmulo en cuyo interior parece que hubo una cámara funeraria. El montículo, de forma elíptica, mide 58 metros de diámetro de este a oeste, y cuatro metros menos de norte a sur. Su punto más alto tiene 6 metros y se encuentra rodeado por 167 monolitos de diversos tamaños, aunque el más alto, “el Uted” (el mástil), mide 5,34 metros.

Los investigadores datan la construcción del círculo de piedra en la Edad de Hierro –entre el III y IV milenio a.C.- y, según la leyenda, aquí es donde se encontraría la tumba del gigante Anteo después que Hércules le diera muerte; no obstante, se cree que el centro del cromlech fue reutilizado en el siglo III a.C. como panteón megalítico de algún rey indígena.

Dicen que el Crómlech de Mzora, por sus características y las herramientas usadas en su construcción, podría pertenecer a la misma cultura que construyó los sitios megalíticos de Francia, Gran Bretaña o Irlanda porque los cálculos numéricos empleados en Mzora (el triángulo rectángulo de Pitágoras con la relación de 12, 35, 37) son los mismos que los empleados en las construcciones británicas.

Hubo un tiempo en que Mzora estuvo abandonada a su suerte y muchos habitantes de la zona utilizaron los megalitos para fines domésticos, hoy día, gracias a Dios, la zona se encuentra acotada y con un guarda a su cargo

No es difícil llegar hasta la zona del Crómlech de Mzora desde que se asfaltó la carretera de acceso. Por el camino, ya comienzan a verse las primeras piedras del mismo tipo que las utilizadas en los menhires de Mzora.

Al llegar al círculo de piedras, un pequeño muro con una verja de hierro acota la zona. Tocamos el claxon. Parece que no hay nadie. Bordeamos el muro y, al poco, nos sale al paso un señor muy mayor con Parkinson que nos abre la cancela para posibilitarnos el acceso. Con su gorro de paja y su bastón, no se despega de nosotros durante nuestra visita, pero no nos dice nada. No habla español. Nos deja curiosear, hacer fotos, tomarnos todo el tiempo del mundo y, finalizada la visita, nos pide 50 Dh por persona, que por supuesto no pagamos porque, hasta en estas cosas, hay que regatear en Marruecos; y es una pena porque el precio del acceso a estos lugares debería estar tasado. Por suerte, Mzoura ha dejado de ser un lugar abandonado, para terminar convirtiéndose en un lugar, que sin ser para nada turístico, ha captado la atención de las autoridades.



Las khetaras del Tafilalet

Las extremas condiciones climáticas de la zona del Tafilalet, hacen prácticamente inexistentes los recursos hídricos, y los únicos recursos hidráulicos disponibles proceden de las aguas subterráneas provenientes de las escorrentías de las montañas del Atlas, a las que se accede a través de pozos y khetaras.

Una khetara es un sistema de irrigación subterráneo, una larga galería horizontal paralela al suelo de la superficie excavada manualmente y con muy pequeña pendiente que alcanza la capa freática: el agua del subsuelo. Gracias a la pendiente, el agua que fluye termina llegando, por la fuerza de la gravedad, hasta una salida donde se sitúan las albercas o depósitos para almacenarla.

Este precario, pero eficaz sistema de captación y canalización de aguas subterráneas es accesible y se puede visitar en el desierto del Sáhara marroquí, en las afueras de Erfoud, en la carretera que va hasta Tinejdad. Las construcciones dan la idea del profundo conocimiento y el manifiesto control técnico de los habitantes del desierto sobre el medio hostil en el que se desarrolla sus vidas.

Las khetaras poseen unas chimeneas cuya funcionalidad es ventilar las galerías, sacar los materiales de excavación y los productos de limpieza posteriores, e introducir los materiales para el mantenimiento. Pero su principal función es la seguridad: en caso de derrumbe, actúan como salidas de emergencia. Y como el material extraído se vierte junto a la boca, las chimeneas quedan en una posición elevada.

Las khetaras, se hallan ligadas a los oasis en todos los lugares del mundo en el que estas redes existen, pero además, dicen, que se trata del sistema de captación de aguas subterráneas más sostenible que hay, pues no llegan casi nunca a aniquilar los recursos hídricos ¿Por qué? Pues la verdad que no lo sé y tampoco sé si esto será realmente cierto. Creo, sin embargo, que esta cuestión está más relacionada con la cultura del agua en lugares de escasez que con el producto de un ingenio arquitectónico.

La construcción de estas galerías es el resultado del esfuerzo colectivo de toda una comunidad que termina beneficiándose del agua que proporciona.

Los sistemas de captación de aguas subterráneas poseen una historia milenaria y se cree que las más antiguas proceden de Persia y Mesopotamia con una antigüedad de más de 2.500 años. Según su lugar de procedencia reciben diferentes nombres: qanat o kanat en Irán, foggaras en Argelia, kriz, fqara, falaj,…

Los sistemas de captación subterránea de aguas en el Norte de África son posteriores al siglo VII porque la técnica fue introducida por los conquistadores árabes a través de las rutas comerciales por el desierto. Aunque muchos historiadores se plantearon la introducción de la técnica en Marruecos a través de los expatriados de la islamización de España en el siglo XV.

Se han contabilizado más de 80 galerías subterráneas en el Norte del Tafilalet y quienes las han estudiado las datan a finales del siglo XVIII o principios del XIX hasta 1950, aunque parece que ya habían comenzado a construirse a finales del siglo XIV ó XV.

Las khetaras del Tafilalet están siendo paulatinamente abandonadas, fundamentalmente por las dramáticas sequías de las últimas décadas que están provocando una fuerte disminución de los acuíferos; por el éxodo de la población de estas zonas a las ciudades, y por la desaparición de las castas sociales destinadas a la construcción y mantenimiento de las khetaras; lo que supone una reducción de los recursos humanos necesarios para el mantenimiento de las infraestructuras. Se estima que de las 80 khetaras contabilizadas en el pasado, ya han desaparecido más de 60.

En las afueras de Erfoud hay varias infraestructuras de khetaras, muchas de ellas visibles desde la carretera e, incluso por satélite, pero las visitables, las adaptadas al turismo porque se les han añadido escaleras de acceso a los interiores de las galerías, se encuentran en la carretera que une Erfoud con Tinejdad.

Varios habitantes del desierto, tras la caída en desuso del sistema de recogida de agua, han conservado las estructuras de las khetaras como atracción turística. Los visitantes, paran sus vehículos y el encargado de la construcción sale de su jaima para mostrar y dar las explicaciones pertinentes, en un más que reconocible castellano, sobre las khetaras, su estructura, los trabajos para su excavación y el sistema de captación y canalización de las corrientes subterráneas. Tras la visita y el inexcusable té, se corresponde la hospitalidad con una propina en la que no hay que escatimar, pues imaginad en temporada baja, cuántos turistas pueden allí parar y los recursos económicos con lo que subsisten estas personas durante el resto del año. Suelen, además, pedir algo de ropa, sobre todo de hombre y niños. , da a veces tanta pena…La gestión del agua en los oasis y estas poblaciones del desierto se llevan a cabo de manera peculiar y solidaria. Una buena gestión del agua y las infraestructuras del riego son las que han permitido la adaptación de las poblaciones a ese medio tan hostil. En Marruecos, prevalece la costumbre denominada “Derechos del Agua” que consiste en la prioridad del derecho sobre el agua en proporción a la cantidad de trabajo que se haya aportado en la construcción de la khetara y la red de riego. Los derechos de agua que detente un individuo condicionarán su status social dentro de la comunidad.

Pero, en realidad, los propietarios no trabajan en las canalizaciones de agua, el campo o los riegos; sino que las familias suelen donar trabajadores para que realicen estas labores.

Hasta hace poco más de una generación, las labores de mantenimiento agrícola eran tarea del haritin, una clase social considerada como un bien mueble. No olvidemos que, hasta hace bien poco, y aún hoy, en las zonas más aisladas y remotas del país, la sociedad se organizaba como la sociedad medieval feudal.

Una parte de esta “casta de los harratines”, los llamados “khettater” fueron los encargados de la construcción y el mantenimiento de las khetaras. Y mientras en Irán, la clase social de “mughanni”, los constructores de los qanat, que eran de una clase baja en la escala social, fueron vistos con admiración y respeto; los harratines y los khettater fueron subestimados en Marruecos. Pero hoy en día, este sistema de castas que encargaba a los harratines de la tierra y las khetaras ha desaparecido en el Tafilalet y ya pueden poseer tierras y no están obligados al mantenimiento de las galerías.

El método para la distribución del agua más común es “por partes”. La unidad de agua se denomina nouba o fardía, que es el agua suministrada por la khetara durante doce horas. Ésta se entrega a un propietario o varios en función de su volumen de “derechos”. Como no todas las khetaras aportan el mismo volumen de agua en una fardía, la superficie de riego es distinta de una khetara a otra y es común que varios propietarios decidan asociarse para la explotación común de sus derechos del agua.

Este proceso se supervisa por el Cheikh y el Mezreg, cargos elegidos por la Jmaa o Consejo de la localidad, que además supervisan el mantenimiento de la red y median en los conflictos.



Las Esculturas del Land Art

El Land Art, Earth Art o Earthwork es una corriente de arte contemporáneo que nace en el desierto estadounidense durante la década de los sesenta, en la que se unen obra y paisaje. La naturaleza es la materia prima para la elaboración de la obra que interviene en la naturaleza misma, es decir, se trata de una mezcla de arquitectura paisajística y escultura en la que ambas llegan a mezclarse en un todo único. Las obras se mantienen en exteriores, expuestas a los cambios y la erosión del entorno natural, por lo que muchas de ellas han ido desapareciendo; pero en el Tafilalet, muy cerca de la localidad de Erfoud, se ha mantenido a través de los años la obra del alemán Hannsjönrg Voth como una rara maravilla que emerge en el horizonte

Teníamos pensado visitar las esculturas del Land Art por la mañana, pero ¡Nos perdimos! Pese a que llevábamos GPS, se nos estropeó, y el navegador del móvil no tiene cobertura en este concreto lugar del desierto. Así que tras dar unas cuantas vueltas, decidimos volver a la carretera. Lo cierto que andar de un lado a otro en medio del desierto sin GPS y sin ninguna referencia es una gran imprudencia; así que empleamos la mañana en visitar las Khetaras.

Después de comer, decidimos imprudentemente adentrarnos en el desierto para ver las esculturas. Hay dos formas de llegar hasta ellas:

1.- La primera, es a través de una pista de 30 kilómetros que sale tras el Hotel Xaluca; claro que allí pistas hay muchas., El Xaluca se encuentra a la derecha antes de entrar a Erfoud muy cerca del camping Carla

2.- La segunda, por la carretera de Erfoud a Tinejdad, tras 25 km pasado el pueblo de Ksar Jdid, a la derecha. De allí sale una pista de unos 5 km que desemboca en una de las esculturas, la espiral áurea. El problema de este acceso es que hay que atravesar un río con un terreno bastante inestable y, aunque el caudal del río no es abundante, el barro puede hacer que el vehículo se quede atascado. . Por ello lo razonable es dejar la Ac en un lugar seguro e ir con un taxi

Hannsjönrg Voth es un artista alemán, nacido en 1940, que en la década de los 80 pasa seis meses en el desierto marroquí del Sahara, dicen, que estudiando los mitos locales y sus signos culturales. Y es allí donde escoge la llanura de Marha para construir, en lo que él considera el “paisaje cero”, la primera de sus obras en barro ayudado por obreros locales: La escalera celeste.

Pero seis años más tarde, Voth vuelve a Erfoud para completar su obra y emprende dos nuevos proyectos que completarán su personal visión del cosmos. Surgen entonces la Espiral Áurea primero, y la Ciudad Orión después, finalizada en 2003.

La Escalera Celeste es una construcción, una escalera, de 30 metros de altura en medio de la nada a la que impresiona contemplar. Sus 52 escalones, que se van estrechando en el ascenso, dan acceso a la parte alta en la que se encuentra una abertura vertical. Desde arriba, se desciende por una escalera “de mano” a través de diferentes habitaciones encaladas y vacías, con el suelo y el techo de madera.

El siguiente trabajo, la Espiral Áurea, es un muro de 260 metros que se va elevando desde el suelo, en forma de espiral, hasta alcanzar en el centro una altura de seis metros. El terreno asciende conjuntamente con la estructura del muro y termina convertido en el techo de la espiral que alberga en su parte inferior una serie de habitaciones. La estructura realiza un continuo movimiento en espiral hacia arriba y abajo. Una escalera de caracol finaliza en un pozo que se encuentra en el centro y, desde éste, a través de una serie de escalones, se accede a una barca sobre el agua, cuando hay agua

Es difícil explicar con palabras la estructura de esta construcción, máxime si se trata de la obra de un artista que no sigue convencionalismos y que lo que trata de expresar es su propia visión del cosmos, su exterior es algo parecido a la concha de un nautilus.

Por último, la Ciudad de Orión es un conjunto arquitectónico compuesto por siete torres de barro que se elevan desde la arena y se confunden con el paisaje del desierto representando, en tres dimensiones, la constelación de Orión, las más conocidos del cielo y reconocida desde ambos hemisferios.

Las tres esculturas forman parte de un conjunto arquitectónico y se encuentran separadas unas de otras por uno o dos kilómetros, así que desde cada una de ellas se pueden ver las otras. Entrando desde la pista del Hotel Xaluca, la primera que se contempla es la Escalera Celeste; mientras que si el acceso es por el río, se llega primero a la Espiral Áurea.

La visita a las tres es gratuita y cada una de ellas se encuentra vigilada por un guarda que, por una propina, puede hacer las veces de guía.

Por lo general, la visita se hace en una soledad absoluta, lo que incrementa el halo de magia que envuelve a las tres esculturas. En la nuestra, únicamente nos cruzamos con un grupo de tres motoristas que venían de contemplarlas en su ruta por las pistas del desierto...

Por el camino, paramos en la pobre jaima de una joven, absolutamente desgastada por el sol y la arena, que salió a recibirnos con dos pequeños: un bebé a la espalda y otro, que rondaría los dos años, de la mano ¿Cómo puede vivir alguien todavía en semejantes condiciones? ¿Y en ese lugar? ¿Qué comen? ¿Dónde encuentran el agua? ¡Madre mía!

Siempre llevamos algo para regalar a los niños: juguetillos, algunos caramelos…

Y la señora, allí, en medio de la nada, nos lo agradeció como sólo quienes no tienen absolutamente nada saben agradecer el más mínimo detalle. No hablaba, por supuesto, ningún idioma conocido, pero se hizo entender para invitarnos a un té. Declinamos la invitación haciéndole saber que quedaban pocas horas hasta la puesta de sol y que, de entretenernos, no habría posibilidad de encontrar el camino de vuelta.



Grabados Rupestres del Desierto del Sáhara

Mucho se ha hablado de los grabados prehistóricos de Tassili, en el Sáhara Argelino o de los existentes en Fezán, en Libia, pero en un lugar remoto del Sur del Desierto del Sáhara marroquí, podemos encontrar yacimientos prehistóricos de riqueza desconocida, túmulos, posiblemente funerarios, junto a grabados rupestres que demostrarían la tradición ganadera de los pobladores neolíticos de la zona.

Iríamos en busca de los vestigios de la arquitectura y el arte prehistóricos que se esconden en el desierto del Sáhara. En un 4x4 que habíamos alquilado, allí, una autocaravanas ni pensarlo

Se hallan diseminados por una vasta llanura que alberga más de un yacimiento, así que contratamos los servicios de un guía. Mientras nos indicaba la ruta, contaba cómo, cuando era sólo un niño, se dedicaba al pastoreo. Hace años, aún crecía algo verde para las cabras en mitad del desierto. Viajaba errante de un lugar a otro y, por ello, aprendió a leer las señales del desierto y encontró los ricos tesoros que ofrece esta tierra baldía y que no se contabilizan en dinero.

Los marroquíes dicen que los europeos no sabemos mirar, ni ver, en el Sahara

En primer lugar, fuimos a ver la necrópolis prehistórica de túmulos funerarios.

Los túmulos, más de una decena hace apenas unos años, han ido deteriorándose con el tiempo, las acciones vandálicas y el desconocimiento de algunos pobladores de la zona. Construidos con lajas de piedra negra, perfectamente cortadas y dispuestas unas sobre otras, se trata de construcciones que albergan dos estancias contrapuestas y recuerdan en gran medida a los túmulos del País de la Loira y la Bretaña francesa.

Los pobladores actuales de la zona no aciertan a explicar con exactitud su utilidad en el pasado, aunque bien podrían haber sido lugares en relación con la cultura funeraria prehistórica. Algunos han quedado reducidos a montañas de piedras, pero es posible entrar a las estancias, invadidas por la arena y el abandono, de los que aún quedan en pie.

El túmulo más importante se halla situado en una posición dominante sobre una colina y su planta es circular. Las paredes están construidas de la misma forma que los castros celtas de Asturias y Galicia, con la puerta hacia el Este, y la parte superior amontona piedras formando un cono no muy elevado. Hay otros, sin embargo, que se asemejan más a un amontonamiento de piedras sin estancias ni puertas.

Pese a haber sido terreno abonado para el saqueo, fueron excavados en la primera mitad del siglo XX y los estudios no arrojaron ningún vestigio de esqueletos, joyas o mobiliario por lo que se descartó que fueran empleados en enterramientos, aunque posiblemente se utilizaron en rituales funerarios 5.000 años antes de la era cristiana.

Junto a los túmulos principales y sobre la ladera inclinada de una colina, pueden observarse un conjunto de grabados sobre piedra. Aunque existe poca información sobre los mismos, algunos estudios científicos han demostrado su autenticidad y su origen prehistórico, datándolos del 2.500 al 3.000 antes de Cristo, lo que supone un retraso frente a los grabados encontrados en la provincia argelina de Tassili, de entre 1.000 y 1.500 años antes ¿Quizá porque la civilización que previamente habitó Tassili emigró hacia el noroeste de África en busca de zonas más fértiles?

Sobre la ladera, cubierta con gigantes y pesadas losas de cuarcita inclinada, se pueden encontrar imágenes principalmente de bovinos que indicarían que los pobladores del Sáhara Occidental tenían costumbres nómadas y ganaderas más que agricultoras o cazadoras.

A principios del 7.000 a.C. las abundancias de lluvias permitieron que los valles del Sáhara se cubrieran de bosques, pero hacia el 5.000 a.C., la disminución de las lluvias dio lugar a amplias praderas y a la aparición de rebaños de bóvidos y ovinos. Son estas representaciones las recogidas en estos grabados.

Los grabados están punteados, posiblemente con rudimentarios punzones o piedras afiladas; y las líneas de su trazado combinan punteados suaves, con otros más gruesos y más separados, o más juntos, para sugerir diferencias de color o grosor en el pelaje de los animales.

Un poco más alejado, se encuentra otro yacimiento en el que, curiosamente, se hallan las primeras representaciones de carros tirados por bestias, lo que puede llevar a pensar que, antes de que el Sáhara se desertizara por completo, la zona era paso obligado en una importante ruta comercial con el resto de África.

Algunos arqueólogos denominan a estas figuras con el nombre de “tanques” porque en realidad, se asemejan a ellos en su trazado y sus estudios sugieren que no fueron realizados por habitantes de la zona, sino que se trataba de una suerte de baliza de los comerciantes que atravesaban el desierto, ya que se han encontrado grabados de similares características en las ancestrales rutas comerciales del desierto.

Por último, encontramos otra zona cuyos grabados representan animales salvajes, recuerdo de que el Sáhara, una vez, hace muchos, muchos miles de años fue rica selva. Con la llegada abrupta de las lluvias monzónicas en el 8.500 a.C. el desierto fue reemplazado por sabanas y entornos similares y rápidamente habitado por flora y fauna prehistórica. Aunque durante este periodo de humedad óptima, las zonas eran peligrosas para la ocupación humana, después del 7.000 a.C. los asentamientos humanos se extendieron por todo el Sáhara.

Es difícil la datación de los grabados rupestres, no sólo aquí, sino en cualquiera de los lugares del mundo en los que pudieran encontrarse. A diferencia de las pinturas, en las que hay posibilidad de extraer sustancias orgánicas para analizar, en los grabados, la única posibilidad que existe es estudiar la geología y los sustratos posteriores que la erosión y los cambios medioambientales han podido ir depositando en las superficies de las piedras. Por ello, la datación de los grabados del Sáhara es únicamente aproximada, aunque da una idea exacta de la vida de los habitantes de esta zona del mundo antes de nuestra era.

Finalizamos nuestra excursión en una mina de orthoceras, que más que una mina, en el sentido de excavación subterránea, se trataba de un yacimiento: Una zona en mitad del desierto en la que se hallaba un banco de lo que fueron antiguos moluscos cefalópodos del género orthoceratites. Nos pareció verdaderamente increíble, pues siempre habíamos visto excavaciones para la extracción de fósiles en diferentes yacimientos de las afueras de Erfoud, era la primera vez que veíamos cientos de fósiles esparcidos sobre la arena del desierto.

Después de aquello, dimos por terminada la ruta y pusimos rumbo a las dunas de Merzouga.



La Mezquita Tinmel, el origen del Imperio Almohade

La Mezquita Tinmel, ubicada a unos 80 kilómetros al sur de Marrakech, en las montañas del Anti Atlas en la dirección de Taroudant, fue construida por los almohades el año 1153 y es el punto de partida del último y más grande imperio del Magreb.

Esta mezquita es importante por todo un conjunto de particularidades que se aglutinan en torno a ella: Desde el punto de vista arquitectónico, inauguró un estilo que tuvo su continuidad en la Koutubia de Marrakech y se extendió posteriormente en todos aquellos lugares en los que los almohades alcanzaron el poder; Desde el punto de vista político, se le considera punto de partida del Imperio de los almohades que se extendió hasta Trípoli, Al Ándalus y el África Subsahariana; Desde el punto de vista religioso, supuso la génesis de la filosofía de los Al-Muwahhidun, “los que reconocen la unidad de Dios”, los almohades; y en la actualidad, se trata de la única mezquita de Marruecos, junto a la de Hassan II en Casablanca que ofrece la posibilidad de acceso a los no creyentes.

IbnTumart, en el inicio de la renovación de un Imperio

IbnTumart fue un clérigo bereber nacido al sur de Marruecos que, en época de los almorávides, y tras haber pasado por Al-Ándalus, Irak, Siria y La Meca, regresó a Marruecos donde desarrolló una teología propia (kalam) basada en la unidad de Allah y en el retorno a los preceptos coránicos perdidos, según él, por la laxitud de la dinastía reinante.

Si bien en un principio, el Imperio de los Almorávides también surgió con este afán renovador, sus dirigentes aplicaban la doctrina maliquí, que admitía las costumbres consuetudinarias de la ciudad de Medina durante la vida del profeta, es decir, hacia validos algunas prácticas previas a la existencia del Corán.

IbnTumart hizo de la ortodoxia su bandera y fue expulsado, por ello de no pocos lugares. También le ocurrió en Marruecos, donde tuvo que huir a las montañas del Atlas para evitar la ejecución por revolucionario.

Y fue allí, en un lugar próximo a donde se erige la Mezquita Tinmel donde comenzó a predicar y en poco tiempo se hizo con un ejército de seguidores de su doctrina de entre las tribus bereberes de las montañas, recelosos del poder de los almorávides, que comenzaron a ser conocidos como los Al-Muwahhidun, los almohades.

Abd al-Mumin, líder de una de estas tribus, se convirtió en brazo armado de la revolucionaria doctrina de Tumart. Y tras un ataque fallido por parte de los almorávides a la zona de Tinmel, los almohades se aventuraron a la que fue una conquista desastrosa de Marrakech, capital del Imperio Almorávide, donde murió IbnTumart.

Abd al-Mumin mantuvo en secreto su muerte hasta que reorganizó su ejército y se autoproclamó califa. Comenzó entonces una nueva estrategia conquistadora, haciéndose con Tremecén, Fez y, por último, Marrakech en 1147. El Imperio Almorávide había caído y comenzaba, a partir de entonces, una época de conquistas muy próspera para Marruecos.

Tinmel, “La mezquita blanca”

IbnTumart, había levantado una mezquita en Tinmel en la que impartía sus enseñanzas. El templo se hallaba en un lugar privilegiado rodeado de murallas en la que vivía una importante comunidad de la que ya no queda más rastro que las pequeñas casas de montaña actuales.

Con la toma de Marrakech, Tinmel se convierte en lugar de peregrinación esencial y centro cultural del Imperio, y Abd al-Mumin emprende un proyecto de restauración de la mezquita original, ordenando construir, en 1153, una nueva sobre la de IbnTumart que la convierte en arquetipo de la arquitectura almohade que se difundirá por el Magreb y Al-Ándalus en los siglos sucesivos.

Símbolo de un poder nuevo, el rigor espiritual y el carácter militar se unen en la geometría de Tinmel, que servirá como modelo a la Koutubia, la Torre Hassan y la Giralda de Sevilla. Y aunque por fuera, la mezquita parece más una fortificación que un centro de culto, es en su interior donde despliega toda su belleza tanto en su distribución y decoración ornamental, como en el tono rojizo de las construcciones de los países árabes que tanta emoción me provocan.

La mezquita Tinmel fue conocida en sus orígenes como “La Mezquita Blanca” por la ausencia de pintura en su interior. Los fundadores de la dinastía Almohade predicaron pureza y naturalidad y ahuyentaron los artificios que son perjudiciales para la naturaleza pura.

Los que saben sobre matemáticas y arquitectura dicen que en Tinmel se da una combinación de simetría en perfecta armonía por un esquema compuesto por un cuadrado y un triángulo equilátero.

El edificio conforma un cuadrado casi perfecto en sus dimensiones (48 x 43,60), casi unos 1800 m2. El patio y la sala de oración se distribuyen en nueve naves longitudinales y perpendiculares a la qibla (muro orientado a la Meca). La nave central y la de la qibla son más anchas formando un diseño en “T”: Es, en realidad, un cálculo matemático cuya finalidad es que la atención se fije en el mihrab.

Es partir de la mezquita Tinmel cuando se adopta esta costumbre, iniciada por los almohades precisamente aquí, de ubicar las naves de manera perpendicular al muro principal que se dirige a la Meca, que es lo que se conoce como Quibla y marca la orientación de los fieles en la oración.

En el centro del muro de la quibla, en Tin Mal, se ubica el minarete, lo cual es bastante inusual, pues lo habitual es encontrarlo en una de sus esquinas.

Hecho en piedra, hoy sólo conserva tres de los seis pisos que debió tener y, en su interior, conserva el mirab ricamente ornamenta que señala a la Meca-.

Sin techo, desaparecido durante el abandono centenario que sufrió tras la decadencia de la dinastía almohade, la mezquita y sus naves están hoy abiertas. En medio del patio se encuentran los restos de una fuente de abluciones.

Muchos de los pilares no se han tocado y aún conservan vestigios de la arquitectura floral original y la decoración geométrica

Los almohades introdujeron novedades de importancia que luego se tomaría como modelo para las mezquitas en el Magreb. Fueron los iniciadores de los arcos lobulados y el empleo de pilares. La ornamentación austera en un principio, se vuelve más intensa a medida que nos acercamos a la zona del mihrab. De esta manera, los arcos de herradura muy elevados, se convierten en arcos con muqarnas, ornamentación floral, como palmeras y el empleo de la geometría. Todo ello realizado en estuco.

La madera utilizada es original de cedro, así como las cúpulas que aún se conservan a ambos lados del mihrab.

Varios sultanes de la dinastía almohade, incluyendo a IbnToumart, fueron enterrados en un cementerio contiguo a la mezquita, del cual no encontramos rastro. La mezquita también habría albergado una biblioteca rica; y una bodega en el sótano, según algunos historiadores que trabajaron en el siglo XVII en las estructuras sociales y tribales del Alto Atlas, y que evocaron en su trabajo de manera subsidiaria la mezquita de Tinmel.

Será por su ubicación, su variedad y su decoración una fuente donde muchos monumentos vendrán en busca de inspiración.  Y así, esta decoración, ya sea floral (palmeras, flores, tracería) o geométrica, el arte de Tinmel se convertirá en referencia para el futuro del mundo musulmán de Occidente.

Un lugar recuperado para el Patrimonio Marroquí

Sumida en el olvido durante cientos de años tras la caída del Imperio Almohade, sólo la especial mezcla de cemento utilizado por los almohades (guijo y tierra con alto contenido en cal) y el tesón de los habitantes cercanos a Tinmel impidieron la desaparición de un edificio sumido en la más profunda ruina.

Nosotros conocimos la mezquita hace unos 40 años cuando mis hijos eran muy pequeños y teníamos un Land Rover 6 cilindros, que aun recuerdo que subiendo hacia la mezquita, llevamos a varios caminantes agarrados hasta en los espejos, y todo estaba en ruinas.

Por suerte, gracias a la colaboración del mecenazgo privado y el Ministerio de Asuntos Culturales marroquí, en 1997 y tras dos años de trabajos y nueve millones de dírhams, se inauguró una renovada Mezquita Tinmel.

El interés por recuperar la mezquita de Tinmel no surge hasta las primeras décadas del siglo XX. Diversas campañas de restauración llevadas a cabo sin el necesario rigor científico y las lluvias torrenciales caídas en la región a finales de los años ochenta condujeron a una situación crítica, en la que el edificio amenazaba con desplomarse.

Es entonces cuando la Fundación ONA, una institución cultural presidida por Fuad Filali, lanza en 1990 la iniciativa de “Salvar Tinmel”, un ejemplo de mecenazgo de empresa coronado por el éxito.

A partir de entonces, han surgido algunos otros proyectos de interés que pretenden una recuperación integral del edificio. A lo que ha contribuído su adhesión a la Lista indicativa del Patrimonio Mundial de la UNESCO en la categoría cultural, en 1995.

Aunque la visita a la Mezquita Tinmel se puede realizar en una excursión de un día desde Marrakech, no son muchos los viajeros que se aventuran en este camino, quizá por el desconocimiento sobre su existencia o quizás porque les atraen más todos los lugares curiosos y cercanos que se pueden ver en otras excursiones. Supongo que habrá quien piense que se trata de un largo camino sólo para ver una mezquita. Aunque a mí me mereció muchísimo la pena y no podré jamás transmitir con palabras la emoción y la fascinación que me supuso visitar este lugar.

En cualquier caso, el camino para llegar hasta la Mezquita no es fácil y, aunque entretenido y bello, transcurre por una carretera estrecha y sinuosa que atraviesa las montañas del Anti Atlas, a la que afectan las nevadas en invierno.

Durante el trayecto se pueden contemplar los altos picos nevados de la cordillera y los curiosos pueblos de montaña colgados en la roca. Incluso alguna que otra construcción que se aventura a ser ya la Mezquita. No hay cafetines, no hay arcenes, no hay merenderos. Así que el camino hay que hacerlo y deshacerlo en un avanzar precavido y lento. Pudiendo continuar hacia Taroudant pues la carretera mejora

Aunque la mezquita se puede observar ya desde la carretera, el acceso se halla bien señalizado por un caminito de tierra que atraviesa un río caudaloso y limpio proveniente de las aguas del deshielo.



EL KHORBAT

El Khorbat es un ksar, un pueblo amurallado, construido en barro, que data del siglo XIX y todavía se encuentra habitado.

Ubicado muy cerca de la localidad de Tinejad y a 50 kilómetros de Tinghir, está considerado como el lugar más interesante del Oasis de Ferkla, en el Valle bajo de Todra, al Sur de Marruecos.

El nombre El Khorbat, significa en árabe “las ruinas” y se cree que este ksar fue fundado por la tribu árabe de los Beni Maaquil, que se establecieron en la zona allá por el siglo XIV ó XV.

Los pobladores de El Khorbat

Los Beni Maaquil (Banu Maqtil, Banu Maquil, Maqil o Maquil) eran miembros de una tribu árabe de origen yemení que emigraron a África del Norte en el siglo XIII y, puede ser que trajeran el conocimiento de la construcción de los altos edificios de barro tan característicos de algunas ciudades de Yemen En el Khorbat, también vive una parte de la población compuesta de agricultores de piel oscura, conocidos como ikabliin.

A lo largo de los siglos, los oasis han sido cultivados por grupos de habitantes de piel más oscura como los harratines

, los khettater, los gnawas o los ilkabliin; en definitiva, “los negros”, descendientes de los esclavos que provenían del África Negra cuyos antepasados fueron traídos como esclavos desde el África Subsahariana en las caravanas que llegaban al sureste marroquí.

Estas etnias trabajaron como aparceros de diversas tribus conquistadoras que vinculaban su honor a su identidad como guerreros y no a ser trabajadores de la tierra, pastores o extractores de agua para el oasis.

Sólo después de la independencia marroquí esta situación de “semiesclavitud” comenzó a cambiar y, tras su emancipación, “los negros” subsistieron como nómadas hasta que comenzaron a asentarse, en los años 50 y 60, en pueblos como el de Khamilia, junto a las arenas de Merzouga.

A principios del siglo XIX, el antiguo Khorbat fue ocupado por la tribu bereber de los Ait Atta, cuya capital se encontraba en el Oasis de Nkob, que expulsaron a los árabes y aceptaron vivir junto con los ikabliin para perpetuar su esclavitud en las labores agrícolas.

La identidad histórica de Ait Atta está vinculada a un personaje llamado Dadda, o Atta, considerado el antepasado común y padre espiritual, debido a su relación con el santo Moulay Abdellah Ben Hssain, fundador de la zouia Amagharyne y Santo Patrón de la ciudad de Salé.( en cuya prisión Daniel Defoe estuvo preso y escribió allí Robinson Crusoe)

Los Ait Atta, extendieron el pueblo y construyeron un nuevo muro.

En 1860, otra tribu bereber, Ait Merghad, venida del valle del Dadès, expulsó a los Ait Atta de El Khorbat y construyó un segundo ksar justo a él al que llamaron Oujdid, que se convirtió en su capital política. El jefe de la tribu tenía su residencia aquí y fue reconocido por el Sultán de Marruecos.

Los Ait Merghad eran nómadas trashumantes que, desde el Daès se fueron extendiendo hacia el Este y el Sur oucpando los valles irrigados del Gheris y el Ferkla.

La importancia de El Khorbat se mantuvo hasta el Protectorado, en 1934. Pero, tras esa fecha, los franceses establecieron su “Oficina de Asuntos Indígenas” en Tinejad y transfirieron a ella la administración del Oasis.

El ksar El Khorbat se construyó sobre una planta rectangular. Su trazado está atravesado por una calle central y las puertas de las casas se distribuyen en ocho callejones sin salida perpendiculares a la arteria principal, siendo la única excepción la Casa de Caid, que tiene salida directa a la calle principal y a la entrada principal del ksar, con acceso al exterior

Las nuevas entradas a las casas que perforan los muros exteriores son más recientes y sobre la mezquita se ha construido un minarete restaurado en su fachada con adobe para no dañar la estética de la construcción.

Debido a los continuos conflictos tribales que han caracterizado la Historia del Sur de Marruecos, los ksars están rodeados de murallas o muros altos para alojar en su interior a la población en caso de ataques y hacerla inexpugnable frente a los asaltos y el pillaje. Asímismo, y debido a las condiciones climatológicas de la zona, se trata de un pueblo con la estructura de sus calles cubiertas con pozos de luz en los cruces. Las casas se sitúan sobre las calles mismas, proporcionando sombra y paliando los efectos de las molestas tormentas de arena que azotan el desierto. Este tipo de construcción facilita el mantenimiento del calor en invierno, evita el sol ardiente de los días de verano, permite mantener el ganado refugiado y controlado y, además, impide el asalto y los robos. De ahí también la ausencia de ventanas exteriores en los primeros niveles.

Al principio, sólo había una entrada en el Ksar que daba acceso a la calle principal, a la casa del Caid y servía de centro de reunión y celebraciones para los habitantes del pueblo. Y es en este lugar donde se ubica el acceso a la mezquita del pueblo.

También hay un total de nueve torres de vigilancia que refuerzan la estructura defensiva del ksar: dos se ubican a ambos lados de la entrada, cuatro en las esquinas, una en el lateral y dos en la parte trasera.

Las casas se alzan entre tres y cuatro niveles, entre 10 y 14 metros de altura, y su planta varía entre los 30 y 200 metros cuadrados.

El material de base empleado para el ksar es la tierra. El nivel del suelo, el primer piso y, en ocasiones, el segundo están construidos a base de tierra apisonada; mientras que el tercer piso está hecho con ladrillos de arcilla, de aproximadamente 30 centímetros, secados al sol. El muro exterior alcanza el metro de ancho hasta los cuatro metros de altura, decreciendo en espesor a medida que va creciendo la construcción en verticalidad para evitar un peso excesivo sobre la base.

El uso de  la tierra en la construcción de los ksars del Sur de Marruecos es el ejemplo idóneo de un ancestral sistema económico integrado de agricultura y generación de barro.

Las puertas, las vigas y las estructuras de las ventanas están hechas con madera de palmera, y algunas ventanas poseen rejas de hierro forjado. La decoración exterior está reservada a las partes altas de los edificios y consisten en figuras geométricas hechas con ladrillos y pictogramas del alfabeto tifinagh.

Junto al ksar El Khorbat Oujdid se alza otro llamado El Khorbat Akedim, que dicen, data delsiglo XV y posee una estructura mucho más complicada, como corresponde a su antigüedad. Sin embargo, se halla muy deteriorado.

Proyecto de Turismo Responsable para la recuperación de El Khorbat

Fundado en 2002 por tres socios: Ahmed Ben Amar, Joan Castellana y Roger Mimó; y en estrecha colaboración con la Asociación El Khorbat para el Patrimonio y el Desarrollo Sostenible, se puso en marcha un proyecto con el fin de mejorar  las condiciones de vida de los habitantes y organizar un desarrollo sostenible para el oasis.

El objetivo principal que se trazó en el proyecto fue la utilización del ecoturismo como medio de proteger el Patrimonio Histórico  Arquitectónico de las kasbahs. Porque se estima que a primeros del siglo XX, en los valles presaharianos  de los Ríos Draâ y Ziz, existían más de 1.000 ksars de los que han desaparecido o están en ruinas más de la mitad.

La Asociación ha establecido locales en el interior del ksar para llevar a cabo diferentes actividades que dinamicen la vida económica y cultural de sus habitantes como la artesanía femenina, la escolarización infantil, la alfabetización de mujeres, etc. Además, está llevando a cabo numerosos proyectos dirigidos al mantenimiento y la conservación del ksar entre los que se encuentran el dragado de la acequia, la construcción de una red de saneamiento, el adoquinado de las calles interiores o el mantenimiento y la restructuración de la muralla exterior.

El Ksar El Khorbat ha sido restaurado gracias a la ayuda financiera de la Escuela de Arquitectos Técnicos de Barcelona. El Proyecto ganó el Trofeo marroquí de Turismo Responsable 2010, valores, tradición y cultura, categoría nacional.

Llegamos casi a la hora de comer y aparcamos el coche casi en la puerta.

Aquel día no había nadie. Sólo un joven que con un inteligible inglés nos invitó a pasar por la estrecha puerta delantera que se abre en un lateral del minarete.

La visita es gratuita y se trata de una de las dos únicas mezquitas abiertas a los no musulmanes en Marruecos. La otra es la Gran Mezquita de Hassan II en Casablanca.

“El cuidador” de la mezquita, pese a su juventud, se ha documentado sobre la Historia de la construcción y la trayectoria de los almohades en Marruecos, y puede resolver cualquier duda que se le plantee. Por ello, lo mejor es contribuir con una propina a un trabajo que realiza de manera altruista. -

Como viajera, entiendo a veces las prisas del viajero o las preferencias por lugares exitosos para Instagram. este en cambio, es un lugar para visitar con calma. Pero seguro que, los que amáis el arte y la Historia, sentiréis la fascinación por este lugar del que aseguro me enamoré.



La tumba del Extranjero

Cuando el 7 de septiembre de 1091 los almorávides tomaron Sevilla, Ibn Tasufin ordenó que el rey depuesto fuera conducido a Marruecos y desterrado en el aduar de Agmat. Un aduar era una pequeña población de beduinos formada por tiendas de campaña, chozas y cabañas. Así que Al Mu´tamid pasó de la opulencia de sus palacios sevillanos a habitar en estas casas de nómadas. Y allí, transcurrieron los útimos cuatro años de su vida.

Al Mu´tamid fue contemporaneo de “El Cid”. Mejor poeta que rey, de él se dice que era una persona muy culta pese a ser hijo de una anónima concubina de Beja. Su valido fue Ibn Ammar -Ben Ammar-, el Abenámar al que Sánchez Albornoz dedicó una novela. Se cuenta, que entre ellos hubo algo más que una buena amistad, y tan es así que Al Mu´tamid le perdonó muchos de sus errores políticos. Se dice que, cuando Alfonso II iba a atacar Sevilla, Ben Ammar se jugó el ataque al ajedrez y tras su victoria, Alfonso II desistió de su asalto a la capital andaluza. La vida de Ben Amar finalizó en manos del rey Al Mu´tamid cansado de sus decisiones y caprichos peligrosos para el reino.

Prisionero cargado de cadenas a los pies del Antiatlas, Al Mu´tamid terminó casándose con una de sus esclavas, RumaynKylla, a la que el rey llama Itimad, su favorita; componiéndole bellos versos de amor y junto a la que terminará enterrado para el resto de la eternidad en este lugar remoto del corazón de Marruecos.

Agmat es un pequeño pueblecito agrícola a los piés del Antiatlas, entre Marrakech y el Ourika, en el que bastan unas cuantas casitas y una plaza. La tumba de Al Mu´tamid se encuentra en una pequeña construcción parecida a un morabito, de bastante sobriedad, pero muy bien conservada. Cuentan que antes no era así, sino que  la tumba del extranjero se hallaba en medio de un cementerio del que no queda rastro. No hace mucho que fue restaurada, con la ayuda económica de la Junta de Andalucía visita de Manuel Chaves incluida.

Se accede por un pequeño patio andaluz con una pequeña fuente que, en el momento de la visita lijaba con fruición un operario. Aunque hay un guarda, a veces, cuando la tumba se encuentra cerrada, se pueden pedir las llaves en la tiendecita de enfrente.

El lugar del enterramiento es una no muy grande estancia en la que reposan Al Mu´tamid junto su amada Itimad, en dirección a la Meca bajo dos lápidas realizadas en baldosas de motivos geométricos. Tan sólo un epitafio encastrado reza. “Tumba del extranjero. Tú que te apropias de los restos resecos de Ibn Abbad ¡Que las nubes que pasen nunca te rieguen”.

El guarda es un anciano amable y pesado que no deja disfrutar del intimismo que rezuma el lugar. Hablaba sin parar y no dejaba de agarrarnos ,para salir en todas y cada una de las fotos que encuadrábamos. Por supuesto, cuando salimos de allí, le pareció poco el estipendio que le dimos pese a ser un asalariado del gobierno marroquí y dejó de ser tan simpático con nosotros.

La tumba del extranjero, tal y como se la conoce en el lugar, es un lugar más romántico que “visual”. Un rey sevillano, Al Mu´tamid, del que pocos en el lugar conocen la historia, reposa como extranjero eterno en el lugar en el que hace muchos siglos se convirtió en su patria en el exilio.

La leyenda cuenta que Al Mu ´tamid iba con su amigo Abenamar recitando poesías a la orilla del Guadalquivir, uno decía un verso y el otro le contestaba, llegó un momento que guardó silencio pensando que verso correspondería decirle. Más detrás de un cañaveral se oyó una voz femenina que respondió con el verso adecuado

Miraron quien era, una jovencita llanada RumaynKylla, esclava de un anciano que transportaba encargos con su borriquillo

Las crónicas dicen que Al Mu’tamid quedó prendado y se la llevó a su harén convirtiéndola en su favorita

Cuando fue expulsado de España y enviado a la falda del Anti Atlas, a una Kabila olvidada se llevó a su amada, a la que había puesto un nuevo nombre Itimad, a la que llamaba Luz del Amanecer, y ella, está enterada junto a su amado, cuando los almendros florecen a los pies del Atlas

Es mi lugar favorito de Marruecos.



Los Fondouks de Marrakech

Durante cerca de diez siglos, viajeros, peregrinos, predicadores, comerciantes y guerreros encontraron reposo, alimento y cobijo al calor de los cientos de caravasares que se encontraban en las principales rutas del Norte de África, Oriente Próximo y Asia Central.

Los fondouks eran lugares de intercambio en el que no sólo se comerciaba con diferentes tipos de mercancías y se cerraban acuerdos económicos, sino que jugaron un importante papel en el intercambio cultural de los viajeros que allí se daban encuentro.

Marrakech posee unos 98 fondouks (algunos hablan de 140), la mayor parte de ellos en el interior de la Medina y, pese a las peculiaridades específicas de este tipo de construcciones, no son muchos los turistas que se interesan por estos lugares. Quizás, al estar ocupados por cooperativas de artesanos  en un entorno eminentemente dedicado al comercio para turistas, el hecho de tener que acceder al interior de un patio disuade a los visitantes cansados de tanto agobio por parte de los vendedores del zoco.

La palabra Fondouks o Funduq parece que procede del árabe hispano “fondac”, y éste del árabe marroquí “fendec”, o del francés antiguo “fonde”, a su vez del árabe clásico “funduq”.

Sea como fuere, el término es sinónimo de Caravasar, término que deriva del turco kervansaray, y, antes, del persa karavan (viajeros) y sara (hostal, refugio). Denominados también Khanes, en persa posada, eran edificios diseñados como albergue para viajeros y sus mercaderías.

Se dice que los Fondouks  nacieron de forma simultánea a la expansión del islam y al crecimiento del intercambio comercial entre Oriente y Occidente y Norte y Sur, y su declive se inició con la apertura de nuevas rutas comerciales marítimas.

Concretamente  en el Norte de África, parece ser que la Ruta Comercial Transahariana tuvo su apogeo entre los siglos VIII y XVI, aunque los caravasares estuvieron en funcionamiento hasta finales del siglo XIX.

Las economías mediterráneas tenían escasez de oro, pero podían ofrecer sal; mientras que en África Occidental, existían importantes reservas de oro pero carecían de sal. El comercio de esclavos negros también fue muy importante ya que eran utilizados como sirvientes, esclavos o concubinas. Se estima que, entre los siglos X y XIX se transportaron entre 6.000 y 7.000 esclavos desde el África Negra hasta el Norte de África cada año, haciendo un total de unos 9 millones.

La ruta comercial más importante en Marruecos terminaba en Sijilmasa (la actual Risani) para llegar a Ifriqiya (Túnez) pasando por Marrakech que, por aquel entonces era un lugar muy poco recomendable, pues era considerado un lugar de ladrones y bandidos para los caravaneros. De hecho, parece que el nombre de Marrakech deriva de una compleja etimología (Mashmuda Marrakush) que viene a significar “Pasa rápido o Sal corriendo”. Sin embargo y paradójicamente, de la deformación de la pronunciación del nombre de la ciudad, surgió el nombre de Marruecos que hoy posee el país.

Los Fondouks y Caravasares

Existe una cierta uniformidad entre los caravasares a lo largo y ancho del mundo (árabe) aunque, cada uno, posee especificidades que le son propias según su ubicación geográfica y la época en la que fueron construidos.

Por lo general, se trata de edificios rectangulares con una única gran entrada que permitía el acceso de animales y grandes cargamentos. Rodeando el patio central, casi siempre abierto, se encontraban establos, almacenes y habitaciones para sirvientes, mientras que el piso superior era utilizado para albergar a los viajeros. Se tratada de una especie de híbrido entre establo y hotel. Lo que hoy sería “un hotel con aparcamiento”.

Los Foundouks fueron equipados con fuentes de agua potable que satisfacían la sed de personas y bestias y posibilitaba las abluciones antes del rezo; y además, disponían de balanzas para pesar los productos que allí se comercializaban.

Algunos de ellos, aunque no todos,  se especializaron en el tipo de clientes y comerciantes que albergaban: judíos, cristianos, árabes o subsaharianos.

Los Fondouks de Marrakech

En Marrakech, muchos de ellos se concentran al Norte del distrito de El Baroudiyine, en la parte que va desde el Norte de la Plaza de la Jemaa hasta la Medersa Ben Youssef, ya que ésta era una zona fácilmente accesible y bien ubicada con respecto al zoco del interior de la Medina.

Los fondouks de Marrakech se estima que cubren un área de 42.000 m2, incluyendo los 45 dedicados a diferentes actividades artesanales.

Tras el declive de las Caravanas del desierto, muchos de ellos fueron abandonados y sucumbieron entre ruinas. Poco a poco se fueron convirtiendo en lugares llenos de basura donde se hacinaba gente sin hogar y de “mala reputación”. Dicen que muchos de ellos se usaron como prostíbulos hasta el gran proyecto de recuperación emprendido por Mohamed VI, en 2007 y en el que se invirtieron 40 millones de Dh como parte de la Iniciativa Nacional para el Desarrollo Humano (INDH).

Las obras se centraron en la reparación de los muros, la reconstrucción de los techos en ruinas, el reforzamiento de las galerías de las terrazas y el acondicionamiento de pavimentos y fachadas.

La gran ventaja comercial de los fondouks de la Medina es que, al tratarse en su mayoría de cooperativas, se eliminan los intermediarios y se trata directamente con el artesano, por lo que, en teoría, los precios son (o deben ser) más bajos que en las tiendas.

Independientemente de ello, ya sea por cuestiones históricas, comerciales o arquitectónicas, estos lugares bien merecen una visita en cualquier paseo por el interior de la Medina.

 



FUENTES DE OUM ER-RABIA

El camino desde Azrou a Oum Er-Rabia (58 km -1 h-) es espectacular. Transcurre entre montañas, valles y bosques de cedros poblados por monos. Además, se encuentra poblado por nómadas dedicados al pastoreo que viven en condiciones extremas de la falta más absoluta de todo: no de todo lo necesario, no. De todo lo más íntimamente imprescindible. Y ésta es la parte del camino que te parte el alma al ver a pastorcitos de no más de 7 u 8 años con chancletas a un par de grados bajo cero.

El camino se fue aderezando, además, con pequeños copos de nieve sobre el parabrisas, cuando se descubrió ante nuestros ojos la bella estampa de los bosques nevados ¡Qué preciosidad! Ya habíamos visitado la zona con anterioridad, pero jamás con una naturaleza que desplegaba tanta belleza ante nuestros ojos.

Y por fin llegamos a las Fuentes de Oum Er-Rbia.

El río Oum Er-Rabia es el segundo más largo de Marruecos y su nacimiento tiene lugar en el Atlas Medio a 1240 metros de altitud. La cuenca de este río, se considera reserva hidráulica de una parte del país y es de gran importancia para el riego; de ahí la proliferación de sus ocho presas construidas por el gobierno marroquí a lo largo de su curso.

Al nacimiento de este río se le denomina “fuentes” en plural porque su nacimiento surge de 40 fuentes diferentes de las que brota el agua. Se trata de una pequeña muy pequeña población que vive mas bien malvive de la expectación turística que suscita el nacimiento del río y de una pequeña estación balnearia construida de manera rudimentaria con casetas de caña a las que acude la población local cuando hace buen tiempo.

Pasado el puente y la piscifactoría, se llega a una explanada a modo de parking, en la que comienzan a rondarte algunos “guías”. Lo cierto es que no sería necesario dejarse acompañar de ninguno de ellos más que para evitar la molestia del resto de incordios que pululan por la zona.

Llovía mientras subíamos la cuesta que atraviesa los chamizos y de vez en cuando teníamos que pisar sobre un pequeño lodazal. A la izquierda, el río, a la derecha, las fuentes con el agua que baja de las montañas.

Una de las particularidades del lugar reside en que en este lugar se mezclan aguas salinas salinidad causada por los minerales que han de atravesar las aguas del subsuelo con el agua dulce procedente del deshielo de las montañas. Además, hay fuentes de agua fría y de agua caliente ¡Todo un curioso fenómeno de la naturaleza!

Espero que visiteis estos lugares

Cuando consiga que mi hija me siga ayudando, habrá más lugares que merecen una visita, lo haremos en un próximo relato.

 

 

 

 

 

 

                                                        



Macarena y Piky Sierra Abueletes

Viajar en Autocaravana
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