Alpes Bávaros

Como continuación de nuestra visita a la Selva Negra y el Lago Constanza (véase relato colgado en esta sección), seguimos nuestro periplo alemán por el länder de Baviera o Bayern, en concreto por sus Alpes Bávaros. El itinerario previsto era recorrer los Alpes de oeste a este, a lo largo del eje turístico denominado como la Deutsche Alpenstrasse, si bien la lluvia hizo que fuéramos modificando la ruta sobre la marcha, con el objeto de huir, sin éxito, del mal tiempo.

Marce Verano 2005
Jornada Primera, 367 km: Legoland.

Antes de dirigirnos a los Alpes bávaros, desde Lindau nos encaminamos en dirección norte para visitar el parque temático de Legoland, próximo a la ciudad de Ulm. El viaje lo hicimos bajo una suave pero constante lluvia que se convertiría en una compañera inseparable en los futuros días.
El parque es muy familiar, es decir con atracciones que por lo general no requieren que grites como un poseso o que acabes con la adrenalina chorreándote por las orejas. Todo, ambientación y atracciones, gira en torno al mundo legoland, sus muñequitos, sus figuras y sus fichas, con las cuales te demuestran que se puede hacer de todo, como la colección de maquetas que tienen al aire libre. Su visita nos gustó mucho y nos ocupó un día entero.
A sus puertas dispone de un parking asfaltado de pago dedicado al estacionamiento y pernocta de las autocaravanas y caravanas que visitan el parque, con área de AC, toma eléctrica y lavabos. Allí conocimos y charlamos con varios autocaravanistas españoles, algunos habituales de los foros de internet.



Jornada Segunda, 173 km: Füssen.

Salimos en dirección sur hacia Füssen. Destino: el castillo o Scholß de Neuschwanstein. Resultado: penoso. La zona de salida para la ascensión al castillo se encuentra colapsada, calles y parkings están saturados de personas y vehículos. Nos desanimamos y optamos por volver a Fussen con objeto de visitarla por la tarde; mañana será otro día.
En Füssen aparcamos en una de las dos áreas de AC de pago existentes a su entrada. Una vez estacionados descargamos las bicis y nos dirigimos al centro de la ciudad, aparcamos las bicis a la puerta de la oficina de turismo y nos adentramos en su zona histórica. Allá encontramos casas pintorescas y calles peatonales, jalonadas por soleadas terrazas. Al final acabamos subiendo al castillo y descubrimos un curioso palacio, el Hohes Scholß, y sus hermosas fachadas falsas, estoy seguro que si fuesen reales no serían tan bonitas.



Jornada Tercera, 77 km: Scholß Neuschwanstein / Garmisch-Partenkirchen

Hoy sí, salimos temprano hacia Neuschwanstein y podemos aparcar tranquilamente en uno de sus parkings. La organización para visitar este castillo, así como el cercano Scholß Hohenschwangau, es una perfecta máquina engrasada: una ordenada cola te permite comprar la entrada, allá te asignan hora y grupo de visita, en el idioma que escojas. Después es cuestión de subir al castillo (a pie, en bus o en carro) y una vez allá esperas que te toque el turno, a la hora exacta que te asignaron, tan pronto entras te entregan un audioguía y acto seguido un guía te conduce por las diversas estancias del castillo.
Bueno, personalmente el castillo no me gustó, es demasiado artificial. Resulta que su promotor, Luis II de Baviera, era un ferviente admirador de Wagner y sus óperas, y ellas fueron las inspiradoras de este castillo, resultando al final, para mi gusto, una arquitectura y decoración de tramoya y cartón piedra. Lo mejor: las vistas que se tienen desde sus torres y ventanales, una preciosidad.
La bajada del castillo la hicimos a pie, y reemprendimos el viaje por la Deustche Alpenstrasse, siempre hacia levante. El próximo destino: Garmisch-Partenkirchen.
Una vez llegados a esta ciudad nos dirigimos al parking P6, junto al Eisstadion, donde se encuentra el parking de AC con su correspondiente área de AC. Y desde allá, con las bicis, visitamos esta población, su iglesia, sus calles y sus casas de fachadas pintadas, todas ellas ornamentadas con la bandera bávara blanquiazul.
La cuestión es que mañana queremos subir al Zugspitze, un grandullón de 2962 m de altura y dotado de un cómodo sistema combinado de ascensión mediante tren y funicular. El tren sale a pocas travesías de nuestro parking.



Jornada Cuarta, 245 km: Ruta Garmisch-P. / Berchtesgarden.

Pues habrá que dejarlo: ha comenzado a llover por la noche y no para, una lluvia suave y persistente; el Zugspitze, oculto por las nubes. Visto el panorama decidimos dedicar la mañana a temas domésticos: ordenar la AC y utilizar una lavandería pública. En ella, la dependienta nos explica que en la cima del Zugspitze están bajo cero y que comienza a nevar…mal rollo.
Vemos que el tiempo no mejora y, después de comer, optamos por darle un vuelco al planning: dedicaremos la tarde a desplazarnos al extremo oriental de la Deustche Alpenstrasse, pero sin seguir exactamente esta ruta, ya que desde allá volveremos por ella en dirección contraria, es decir hacia poniente, y con suerte a la vuelta intentaremos subir al Zugspitze.
Así que emprendemos la ruta en dirección a Berchtesgaden, último rincón bávaro antes de entrar en Austria; allá visitaremos el Königssee. Y a pesar de la lluvia, el paisaje no pierde su atractivo, sobre todo a medida que nos adentramos en el Parque Natural de Berchtesgarden.
Desgraciadamente la ciudad de Berchtesgarden no recibe amistosamente a las autocaravanas, todo está lleno de parkings pero con prohibiciones expresas a pernoctar y aconsejándote ir a los cercanos cámpings…vamos, que nos sentíamos como en casa.
Al final, en una carretera local situada entre el Eisstadion y un campo de fútbol localizamos una capuchina alemana pernoctando en un lateral, pasamos la noche a una veintena de metros de ella..



Jornada Quinta, 117 km: Köningssee / Brannenburg.

Nos despertamos y todos cinco, es decir, mis hijos, Montse, la lluvia y yo nos dirigimos al cercano Köningssee, estrecho lago de montaña de origen glacial. Desde su embarcadero de madera zarpan lanchas turísticas que te llevan a St. Bartolomä, o si se desea a Salet, extremo del lago desde el cual puede hacerse una excursión al Obersee.
El trayecto por el lago es impresionante; envueltos en un enorme silencio, la lancha pasa al pie de escarpadas paredes verticales o interminables saltos de agua; en mitad del trayecto un miembro de la tripulación se marcó un solo de trompeta, que no hizo más que resaltar el silencio que nos rodeaba.
Nosotros, vista la climatología, decidimos apearnos en St. Bartolomä, pequeña capilla barroca, más bonita por fuera que por dentro, situada en una lengua de tierra que se adentra en el lago. Allá paseamos por sus bosques e instalaciones.
Por la tarde, curiosamente, no llovió y aprovechamos la ocasión para pasear por los senderos que bordean el lago, y desde los cuales se tienen unas maravillosas vistas del Köningssee.
Finalizada la excursión emprendimos el viaje, hacia poniente por la Deustche Alpenstrasse. Destino:Brannenburg. Allá se encuentra el tren cremallera que te lleva al pie de la cima del Wendelstein, de 1838 m, llegamos al parking, que asombrosamente no es de pago, y allí pernoctamos.



Jornada Sexta, 166 km: Wendelstein / Garmisch-P.
Recién desayunados, subimos al tren cremallera y con él iniciamos la ascensión entre frondosos bosques. Desgraciadamente, a los pocos minutos parece que nos adentramos en un enorme vaso de leche: la niebla es tan cerrada que no vemos más allá de un par de metros de nuestras ventanillas.
La final del trayecto es eso: una subterránea y desierta estación de tren que da acceso a un territorio inhóspito de niebla, viento, frío (0-2ºC), lluvia y aguanieve; pero bueno, ya que estamos aquí, subiremos a la cima situada a escasos 100 metros por encima nuestro. El camino es una estrecha y tortuosa senda excavada en la roca y protegida con barandillas, y acaba en su cima donde se encuentra una estación meteorológica así como una pequeñísima capilla, cual cabina de teléfonos; nos refugiamos en ella, comemos algo, firmamos en el libro de visitas e iniciamos la bajada al cremallera.
La tarde la dedicamos a aproximarnos a la ya conocida Garmisch-Partenkirchen, y para sorpresa nuestra el tiempo va mejorando, hasta el punto de llegar al ver el sol, un lujo. En Garmisch-Partenkirchen pernoctaremos en su parking P6.

Jornada Séptima y última, 205 km: Scholb Linderhof / Lindau

Amanece un día radiante y el Zugspitze se nos muestra imponente con sus casi 3000 m. Lamentablemente ya no nos queda tiempo para subirlo, habrá que dejar para otro año su visita.
La siguiente etapa es el Scholb Linderhof, allá nos dirigieron a un parking para AC, a la sombra de unos árboles, y volvimos a encontrar un ordenado sistema de gestión de visitas al lugar. Linderhof es otra locura del rey Luís II. Según nos explicó el guía el hombre era un ferviente admirador, a partes iguales, del rey francés Luís XIV y de su absolutismo. Desgraciadamente el parlamento y la constitución bávara no le daban mucha cancha en cuanto a lo segundo, así que Luís tuvo que contentarse con hacerse un Versalles de bolsillo, Linderhof, a donde se retiraba cuando lo deseaba y jugaba a ser un rey absoluto. En cualquier caso el lugar bien merece dedicarle medio día y pasear por sus palacetes y jardines. A mi personalmente me gustó la manera de integrar los edificios, los jardines y el paisaje natural.
Y aquí prácticamente acaba nuestro viaje. La jornada la acabamos en Lindau y desde allá reemprendimos el largo viaje de vuelta a casa, con parada y fonda en Europa Park, pero eso ya lo expliqué en el relato de la Selva Negra y Bodensee.



Últimos comentarios

Como comentarios generales me remito a los expuestos en el relato de La Selva Negra y el Lago Constanza, colgado también en esta sección.
Sólo añadiría algo sobre la climatología. A nosotros nos ha llovido más de un día y de dos y de tres, y tratándose de una lluvia como la que tuvimos, suave y persistente, lo mejor es ignorarla y continuar con lo que tuvieras previsto, de esta guisa vimos a los alemanes, que bajo la lluvia, practicaban, impertérritos, cicloturismo, senderismo o cualquier otra actividad. Eso sí, disponed de un buen impermeable; nosotros a pesar de llevar los típicos impermeables, descubrimos una buena aliada en las capelinas amarillas compradas en Legoland: te cubren hasta las espinillas, podías cargar bajo ella una pequeña mochila y una vez plegadas, ocupan y pesan poco; eso sí, íbamos haciendo de hombre-anuncio, y alguna vez escuchamos a nuestras espaldas alguna exclamación infantil cuando reconocían la marca comercial.



Marceliano Cardoso Romero
Cornellà de Ll., 20 de febrero de 2006


Viajar en Autocaravana
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