Revoltijo del Sur de Francia con aroma a Las Landas

Cuando volvíamos de nuestra última salida, pasando por el centro de Francia, al llegar a los Pirineos, a nuestra hija menor, Laia, le llamó la atención que pasásemos junto a un pueblo llamado “Foix” y que estuviese en Francia...

Xavier, Mercè, Cristina & Laia Agosto 2003
Introducción
 Cuando volvíamos de nuestra última salida, pasando por el centro de Francia, al llegar a los Pirineos, a nuestra hija menor, Laia, le llamó la atención que pasásemos junto a un pueblo llamado “Foix” y que estuviese en Francia ya que en su misma clase había una niña con ese nombre, en nuestra comarca hay un santuario dedicado Ntra. Señora de Foix. Bueno, pues le expliqué muy por encima lo del Tratado de los Pirineos, que había otros pueblos con esa “peculiaridad” y que para la semanita de vacaciones de agosto pasaríamos de nuevo por allí, si bien esta vez nos detendríamos en ellos, y así empezó todo.

Jueves, 14/Viernes, 15
 Sobre las 9 de la noche después de repasar que no nos dejásemos nada (la última vez nos dejamos las medicinas) partimos rumbo a la frontera, hicimos noche en el parking del área de servicio del Túnel del Cadí. Por la mañana temprano, mientras el resto de la familia dormía, salí dirección al primer destino previsto: el pueblo de Foix.
En Foix confluyen los ríos Arget y Ariège y no tiene nada de especial, a excepción del mercadillo que tenia lugar precisamente ese viernes y de su castillo que forma parte de la llamada “Ruta Cátara”. Los cataros fueron hombres y mujeres del NE. de la actual península ibérica y del SE de Francia que durante los siglos XII, XIII y XIV cometieron el pecado de practicar un cristianismo distinto del oficial, el de la iglesia católica. Los primeros vestigios de la fortaleza son del siglo X, si bien su época de máximo esplendor fue la Edad Media. Desde lo alto de la torre circular se disfruta de una magnífica vista sobre los Pirineos. Aparcamos junto al cementerio detrás de correos.
Almorzamos algo temprano (cuestión de irse amoldando a los horarios franceses) y nos desplazamos hasta Lourdes. El parking Arrauza es el autorizado para las autos aunque había aparcadas por varias calles y se comparte con autobuses, está al otro lado del río Gave y no muy lejos de los santuarios y de la gruta de Massabielle. Nos quedamos impresionados de la cantidad de gente y enfermos que había, sobre todo ancianos. Las cifras oficiales hablan de más de 5 millones de visitantes al año.
Como la visita se ceñía a los santuarios y a la gruta, pronto acabamos y preferimos ir a pernoctar a Pau, que no dista más que unos 30Km de Lourdes y era el siguiente pueblo que queríamos visitar.
En Pau estacionamos en el parking autorizado de Verdun, una plaza enorme, algo mayor que un campo de fútbol, con una zona arbolada y con sanitarios públicos.
Una anécdota: Pau en catalán es ‘paz’ y los franceses lo pronuncian ‘pó’ que en catalán es ‘miedo’, que cosas tienen los idiomas, verdad?
Y para los mas curiosos, en la comarca vecina de Anoia en el mes de julio pasado fue hallado gran parte del esqueleto de un antropoide que vivió hace 13 millones de años. Debido a que la guerra de Irak estaba en su apogeo, se decidió bautizarle con el nombre de ‘Pau’.

Sábado, 16
 Bueno, a lo que íbamos, en Pau se puede callejear por su centro histórico y visitar el castillo, donde nació Henri IV, rey de Francia, y cuenta con una de las colecciones más importantes de tapices de toda Francia.
Después de comer, pusimos rumbo hacia el norte, hacia la bahía de Arcachon donde llegamos a media tarde, la zona esta repleta de áreas para autos y elegimos la de Taussat, a 50mts de la playa y 100 del mar con marea baja. Por 4,80€ compramos una docena de ostras y nos las abrieron. Por la noche las degustamos acompañadas de un buen cava de nuestra tierra.

Domingo, 17
 Al día siguiente, por votación popular se decidió llegar hasta Cap Ferret, el otro extremo de la bahía de Arcachon. Desde el ‘bellvedere’ se divisa una panorámica espectacular del conjunto de la propia bahía y de la duna de Pyla, nuestro próximo objetivo. En Cap Ferret hay un trenecito que aunque lo cogen los turistas, sirve para llevar a la gente desde el puerto/oficina de turismo hasta las playas.
Volvimos tras nuestros pasos siguiendo la carretera que bordea la bahía, al ser un fin de semana largo, todo estaba atestado de gente y coches, pero al final llegamos al parking de la Duna de Pyla. Parecía un mercado persa, nunca habíamos visto un parking con semejante movimiento de gente. Las autos pueden pernoctar en el parking por 9,20€ o 4,60€ si no se pernocta. Tras aparcar en la zona reservada a las autos, seguimos el río de gente que a buen seguro nos llevaría al pie de la duna. Al llegar a su base, nos quedamos impresionados, ya que aunque sabíamos que íbamos a ver la duna más alta de Europa (115mts) no te haces a la idea realmente hasta que la ves. Hay unas escalinatas para subir o los más intrépidos pueden hacerlo por un lateral. La vista que hay desde lo alto es magnífica: por un lado a tus pies tienes la entrada de la bahía, multitud de pequeñas embarcaciones y por el otro todo lo que alcanzaba la vista es un bosque de pinos, robles, madroños, acebos y helechos, luego supimos que la extensión aproximada era de unas 10.700 hectáreas.
Desde lo alto de la duna, vimos lo que nos esperaba los próximos días, bosque y más bosque sólo divididos por la carretera y pistas para bicicletas.
Bajamos por el lateral, a pie desnudo y Laia, no podía ser nadie más, decidió volver a subir la escalinata y bajar a todo correr… y lo hizo! Salí de allí con un ligero dolor en el gemelo derecho, y es que uno empieza a peinar canas…
Aún quedaban alguna hora de luz, por lo que decidimos empezar a “bajar” y lo hacemos por la carretera de la “Ruta de los Lagos”, buscando un lugar cerca de la playa donde pernoctar, pasamos por Biscarrose-plage, pero el área o ya no existe o no la supimos encontrar, al final paramos en Parentis-en-Born. El área queda a un centenar de metros del lago. Tras estacionar, inspeccionamos la zona de playa y no fue del agrado de las tres mujeres de abordo, aprensivas ellas, total, en el agua había algún que otro resto vegetal de los árboles del lugar, que por cierto más de uno estaba caído y seguramente por las tormentas de mediados de julio. Decidimos pasar la noche y a la mañana siguiente seguir camino y recalar en algún lugar de playa y este fue Mimizan.

Lunes, 18
 Mimizan dispone de área para autos, pero no llegamos a ella, encontramos aparcamiento en la calle paralela a la playa y junto a una auto italiana. Para nuestras hijas, mediterráneas ellas, les causó una impresión extraña el estar bañándose a pocos metros de la orilla y en una hora quedarse sin agua y tener que desplazarse unos 50mts para poder seguir con los juegos. Luego descubrimos que aún sigue llegando chapapote a esas playas y no había nada previsto para quitárselo, por lo que quité el tapón de llenado de gasoil y humedecí papel de cocina, lo suficiente para quitar las pequeñas manchas adosas a la piel y trajes de baño. Luego, jabón perfumado, colonia y listos!
Tras comer, llegamos a uno de los lugares mas esperados por mí, ya que había oído hablar de él y muy bien por cierto: Vieux-Boucau.
Vieux-Boucau es un pueblecito con una vida y animación nocturna que nos pareció estar en Sitges y no en Francia (perdón a quien no conozca la Blanca Subur). Dispone de playa en una laguna interior y de mar abierto. Una vez instalados en su magnífica área para autos, nos acercamos al pueblo, un paseo de no más de 150/200mts y empezamos a practicar el deporte favorito de mi señora e hijas: callejear y ver tiendas. Tras adquirir algún que otro recuerdo, volvimos sobre nuestros pasos y en el área coincidimos con una pareja de cerca de Bilbao que viajaban con una camper y tuvimos un pequeño cambio de impresiones, ya que ellos solían entrar en camping, pero les parecía desmesurado el precio que debían pagar por el vehículo y que habían ‘descubierto’ las áreas francesas, las cuales pensaban frecuentar más a menudo por lo que les recomendé, y tomaron buena nota, de la guía de áreas para autocaravanas. Cenamos acompañados de música en vivo y más tarde descubriríamos que la brisa nos traía la música procedente de un cantante amenizando la velada de los comensales de uno de los múltiples restaurantes de la zona.

Martes, 19
 Por la mañana, estuvimos en la playa de la laguna y descubrimos que hasta aquí también llegaba el chapapote, pero junto a las duchas había jabón y papel para quitárselo. Tras comer, hojeé un folleto turístico que Mercè había cogido durante nuestra visita al castillo de Foix. Gracias a él, variamos el orden lógico de los pueblos que teníamos previsto visitar para coincidir en un par de manifestaciones, tampoco distan mucho entre sí.
Partimos de Vieux-Boucau tras la comida y llegamos a Biarritz. El área para autos es ruidosa y de pequeñas dimensiones considerando el atractivo turístico de la población. Queda algo lejos del centro, aunque hay parada de autobús a 50mt. Biarritz es una villa señorial, es una de las ventanas al atlántico más famosas de toda Francia. Sus calles suben y bajan en competencia con el oleaje de sus playas. Los surfistas hacen su agosto en sus aguas, ya que por la orografía, el viento suele soplar fuerte.

Miércoles, 20
 Nos levantamos tarde, sin prisas y tras el desayuno partimos hacia San Juan de Luz (otro pueblo con nombre). Un pueblo que ha sabido conjugar su pasado de puerto pesquero y el turismo. Aparcamos en una de las calles del barrio situado detrás de la estación y fuimos a Información y Turismo a preguntar por el área de autocaravanas ya que no la encontrábamos (luego nos dimos cuenta que la única señal que hay, está viniendo en la dirección contraria a la nuestra). Muy amablemente nos la indicaron pero que podíamos aparcar donde quisiéramos. Nos llegamos hasta ella y vimos que el parking no es exclusivo para autos, por lo que estaba lleno de turismos. De todas maneras, decidimos dejar la auto donde estaba, ya que esa área es muy ruidosa, es como un sándwich: por un lado circula la nacional N-10 y por el otro el ferrocarril con un altavoz a menos de 20mts anunciando entradas y salidas de los convoyes.
San Juan de Luz disfruta de un ajetreo comparable a Vieux-Boucau, el centro está repleto de tiendas de todo tipo. Cenamos temprano ya que a las 9:30 de la tarde/noche empezaba un concierto de música regional. Tras él, salió el “Toro de Fuego”, una figura a escala real hecha de madera y cartón piedra con sus astas llenas de cohetes vomitando fuego. Y luego el evento más esperado por Laia, una batalla de confeti! Repartían bolsas tamaño A4 llenas de confeti (al módico precio de 2,5€) y jóvenes y no tan jóvenes se pusieron manos a la obra. El resultado fue que todos los allí presentes adquirimos un bonito aspecto multicolor.

Jueves, 21
 Por la mañana temprano, nos desplazamos hacia Ascain dirección Sare para coger “Le Petit Train de la Rhune”. La Rhune es una de las primeras cimas de la cadena pirenaica, de poco más de 900mts de altura a cuya cima se llega a pié tras 3 o 4 horas o en el tren-cremallera (30 minutos a 8Kmt/h). El primer tren parte a las 9 y luego cada 35minutos. Llegamos hacia las 8:30 y en el parking ya había varias autos con todo el aspecto de haber pernoctado en él. Pocos minutos después de aparcar ya no había sitio y los turismos empezaron a estacionar en la cuneta y en un par de parking habilitados pero más alejados de la estación. Cogimos el de las 9:30 y desgraciadamente ese día estaba claro en el valle pero la cima cubierta de brumas, por lo que nos perdimos el espectáculo que se divisa desde su cumbre: Las 7 provincias vascas más el Golfo de Vizcaya y el sur de las Landas. Un rótulo indica que la zona del edificio del restaurante/souvenirs, es Navarra.
Tras la comida, no acercamos hasta Bayona, ese día, al encanto inherente del centro de la ciudad se le añadía el de los tenderetes de artesanos haciendo demostraciones de sus artes. Quedamos encantados de ver como trabajaban el vidrio, el plomo y vidrio, picapedreros, herreros y demás.
La ciudad está atravesada por los ríos Adour y su afluente, La Nive. El encanto de sus casas se centra en éste último, de hecho el barro viejo. Bayona es conocida por su chocolate introducido en el siglo XVII por los judíos expulsados de España. Asistimos a una demostración de su elaboración y degustamos semejante manjar, al 85% y al 99%, si os gustan las emociones fuertes, no hay que perdérselo! Nos dieron a probar “Les Craquinettes”, un bombón ligeramente crujiente…. exquisito….También hay una fábrica de embutidos, donde elaboran foie y “sus” famosos jamones de Bayona, salpimentados y aderezados con especias y pimienta de los pimientos de Espetelet, realmente no comparable a un buen jamón ibérico.
Como habíamos localizado un buen lugar para pernoctar, volvimos a San Juan de Luz y por la noche nos acercamos al centro donde esta vez había una orquesta de jazz que hizo el deleite de mayores y jóvenes.

Viernes, 22
 Por la mañana fuimos a Hendaya y Fuenterrabia y después hacia el que debía ser nuestro último destino con nombre: San Sebastián.
Hacía unos 8 años de nuestra última visita y Cristina prácticamente no recordaba nada, y qué se puede decir que no se haya dicho de esta hermosa ciudad? Pues que vive un señor llamado Arsenio que nos recibió con los brazos abiertos, lleno de planos y panfletos de la ciudad. Desgraciadamente causas de fuerza mayor, tanto a él como a Charo les impidieron compartir con nosotros esa estancia, pero sus indicaciones nos fueron muy útiles a la hora de visitar la ciudad.
Aparcamos y pernoctamos donde nos sugirió, bien comunicado con el centro con autobús, en el paseo de Anoeta justo detrás del estadio de fútbol aunque está prohibido hacerlo el domingo por la mañana por haber mercado, pero el resto de días es un lugar válido, por menos de 3€ 24h, mirando, eso si, de alejarse del polideportivo adyacente donde se celebran partidos de pelota vasca, mas que nada por el jaleo que forma la gente al salir del espectáculo.
Cenamos en una tasca del barrio viejo y a una hora prudente nos fuimos a dormir.

Sábado, 23
 A media mañana, emprendimos el viaje de regreso a casa, nos quedaban algo más de 500km
Dejamos la autopista para buscar un lugar sombreado parar a comer, esto fue cerca de Olite. Llegando a esta población vimos un cartel que anunciaba que celebraban la semana medieval y nos dijimos, porqué no? Al llegar, la policía municipal nos desvió hacia calles del extrarradio ya que el centro lógicamente estaba cerrando a la circulación.
La puesta en escena era de película, además del ya esperado mercado medieval, había demostración de antiguos oficios, también juglares, jinetes, representación de la Corte del Rey de Navarra (nos dimos de morros con la princesa del castillo), brujos, hechiceros, arqueros, inquisidores... Desgraciadamente no disponíamos de mucho tiempo, por lo que tras la visita al castillo (muy bien conservado y restaurado y el ya típico callejo y degustación de sabrosos pinchos y “caldo de cebada”, reemprendimos la marcha.

Impresiones finales
 - Los pirineos son una barrera física para las autocaravanas, solo entrar en Francia, empiezas a cruzarte con un sinfín de ellas, por que será?
- La falta de más días y la nula disponibilidad de un par de componentes del viaje a practicar algo de senderismo nos impidió recalar en las cumbres pirenaicas.
- La sombra producida por los árboles en las cunetas de las carreteras secundarias es de agradecer, los árboles protegidos por vallas. En España se optó por cortar literalmente por lo sano.
- Las Landas es un paraíso para el cicloturismo, nada a envidiar a Holanda

Xavier, Mercè, Cristina & Laia

Viajar en Autocaravana
Con el soporte de Autosuministres Motor, S.A.



© Viajar en Autocaravana, 2006