Fin de año y reyes en Portugal

Portugal empieza en ….Fuengirola

Después de una espera de dos meses y dos retrasos en la entrega de nuestra primera autocaravana el 23 de diciembre llegó nuestra flamante Mobilvetta Icaro P7 elite, ese mismo día iniciamos la carga del equipaje, que continuamos los días 25 y 26 y por fin el 27 después de colocarlo todo iniciamos nuestro viaje a Portugal sobre las 12 del mediodía.

Teresa y Jesús Navidades 2003 - 2004
   

   

Para la preparación del viaje hemos utilizado los siguientes documentos:
? Relato de un viaje a Portugal realizado por Arsenio y Charo publicado en los portales: Solocamping.com y viajarenautocaravana.com
? Revista Hola de viajes (Sur de Francia y Portugal) de 2003
? Relato de Piter en Acpasion.com
? Relación de lugares de parking en esta dirección: http://www.turismoitinerante.com/php/sosta/europa/soeuropa.php3
? Guía Total Portugal de Anaya tour



 

   
Día 27
Con toda la ilusión del mundo iniciamos en Madrid nuestro primer viaje en nuestra primera auto, llenos de deseos de disfrutar y con alguna preocupación sobre el funcionamiento de tantos aparatos, mandos y elementos, ya que los manuales suministrados además de ser muchos son, según dicho popular, para ingenieros y además traducidos malamente de diversos idiomas, entre ellos el chino (TV y DVD).
Además teníamos otra preocupación: solo llevábamos una bombona de gas de las pequeñas de Repsol y vacía.
Después de cruzar Madrid por la M-30 enfilamos por la A4 hacia el sur, al pasar por La Guardia de Toledo, comentamos la cantidad de pueblos que se llaman así en España, Teresa (mi compañera) dijo que esta vez no pasaríamos por La Guardia de Jaén, a lo que yo respondí será por que no queramos, y le propuse que si quería podíamos ir a pasar la primera noche a Fuengirola, para que sus hermanos vieran la auto…y ya nos iríamos hacia Portugal al día siguiente o al otro. De momento la cosa quedó en el aire.
En Manzanares hicimos la primera parada para comer un bocata y empezar la búsqueda de bombonas de gas, después de varios intentos, en una gasolinera de Repsol nos informan que en Valdepeñas hay una, cerca de los bomberos, en la que las venden; entramos en Valdepeñas y cambiamos nuestra bombona vacía y compramos otra realizando el correspondiente contrato. Al coger las dos bombonas noto que una pesa sensiblemente menos que la otra, se lo digo al empleado y las sopesa y me dice que efectivamente es así, pero que tiene que estar bien porque ambas llevan su precinto, inocente de mi me lo creo e instalo la de menos peso y no la pruebo, salimos de Valdepeñas y continuamos viaje. A lo largo del camino insistí varias veces en la posibilidad de ir a Fuengirola, pero Teresa no se acababa de decidir, acercándonos ya a Bailén iba conduciendo ella y se lo volví a decir, me contestó que intentara convencerla, le di dos o tres argumentos y no contestó, pero al llegar al punto donde se bifurcan las carreteras hacia Sevilla o hacía Granada, veo que pone el intermitente y toma la carretera hacia Granada, aplaudo, me rio y en ese momento decido que Portugal empieza ….en Fuengirola.
Por fin sobre las 20.30 llegamos a Fuengirola y aparcamos en el recinto ferial, a unos 150 mts de su casa, llamó a sus hermanos para contarles que estábamos allí con la consiguiente alegría y sorpresa. Mientras yo salgo a abrir la llave del gas para que se ponga en funcionamiento el frigorífico y no arranca, insistimos y nada que no arranca, intenta encender la cocina y tampoco enciende, a todo esto oímos que se pone en funcionamiento la bomba del agua y oímos un ruido sospechoso, total en un momento dos problemas: sin gas y el boiler tirando agua, primeros nervios, ¿Qué pasa que no funciona nada? Cierro el agua y se corta la pérdida del boiler, luego me acuerdo de la diferencia de peso de las bombonas y las cambio y ya enciende la cocina y el frigo, me enfado conmigo por no haber exigido el cambio de la bombona que pesaba menos. Bueno una vez resueltos estos problemas, nos vamos a tapear a Fuengirola, la temperatura es espléndida (13-14 grados), y optamos por ir a un bar restaurante que nos encanta y que recomiendo encarecidamente a todo el que visite Fuengirola, se llama ELCANO y está en la calle Juan Sebastián Elcano, todo lo que sirven es magnífico tanto en la barra como en las mesas, por raciones o tapas: frituras, pescados a la plancha y guisados, ensaladillas, callos con garbanzos, mariscos y todo tipo de guisos. Otro lugar muy recomendable es EL DIAMANTE, que está muy cerca en la calle Hernán Cortés, es de las mismas características.
Después de un paseo por el Paseo Marítimo, nos volvemos a la auto con la intención de pasar nuestra primera noche en ella….a la vista de la casa de Teresa, en ese momento ocupada por uno de sus hermanos, la sensación no deja de ser curiosa y agradable.
La auto la teníamos aparcada junto a otra integral alemana, pero antes de irnos a la cama escuchamos música y movimiento de coches, estábamos muy cerca de la zona donde parece que se hace algún trapicheo, decidimos alejarnos un poco y la verdad es que se acabaron los ruidos y nuestra primera noche en Austral (ese es el nombre que le hemos dado a nuestra auto) fue estupenda.

 

   

Día 28
Después de desayunar en la auto, y gastar una inocentada a la familia, diciendo que era broma el que estuviéramos allí y picaron, nos fuimos a duchar a casa de Teresa y así no empezar a gastar agua, luego un paseo por la orilla del mar, cañitas y comida con la familia, después de comer vinieron a ver la auto, que les gustó mucho, nos hicimos unas fotos y cada mochuelo a su olivo, nosotros a dormir un ratito de siesta en Austral. Alrededor de las 6 de la tarde fuimos a una gasolinera de Repsol a cambiar la bombona “defectuosa” y emprendimos camino, esta vez sí hacia Portugal. Como era domingo al llegar a Málaga había bastante circulación, lo mismo que en la subida hasta el cruce de Antequera, luego hacia Sevilla, en la A92 repusimos el agua perdida y gastada en la gasolinera BP de Marchena, la circunvalación de Sevilla por SE-30 la hicimos con bastante tráfico pero sin problemas, e iniciamos camino hacía Huelva por la A49, resulta sorprendente la escasez de Estaciones de Servicio que hay en esta Autovía, entre Sevilla y Huelva solo hay dos y de Huelva a la frontera ninguna. Esto hizo que nos agotáramos un poco pues renunciamos a la primera decidiendo parar en la siguiente que resultó estar ya casi en Huelva, en el cruce de Trigueros, donde llegamos alrededor de las once de la noche bastante cansados, y allí en el aparcamiento de camiones de la gasolinera Cepsa, aparcamos y preparamos una ligera cena, antes de irnos a dormir nuestra segunda noche en Austral.



 

   

Día 29
Amanecimos rodeados de camiones y con el ruido de la autovía en pleno apogeo, el tiempo era espléndido hacía un día soleado, luminoso y templado, desayuno a bordo, aseo y a planificar la ruta del día, ahora venían días de recorridos cortos lo que nos permitiría disfrutar más del tiempo, además por aquello de la diferencia horaria ese día para nosotros tendría 25 horas. Sobre las 10.30 iniciamos la ruta hacia Portugal, no pusimos gasoil en la gasolinera en la que habíamos dormido por acercarnos lo más posible a la frontera y llenar el depósito antes de cruzarla, en el recuerdo de antaño de la diferencia de precio del carburante entre España y Portugal, pero resultó que esa era la última gasolinera que había antes de Portugal y está a casi 50 Km.; luego la realidad demostró que las cosas han variado y el precio del gasoil en Portugal, solo es 2 céntimos más caro que en España, la gasolina sí que me pareció bastante más cara, conclusión: el gasoil en España ha subido mucho en los últimos años.
Bueno una vez cruzada la frontera nos dirigimos a nuestra primera parada

Tavira, aquí una vez dentro de la población buscamos un lugar para aparcar y lo encontramos en la orilla este del río, debajo de un puente del ferrocarril en una especie de parque infantil, la zona es algo ruidosa por el tráfico y el tren, pero el lugar era tranquilo.

Visitamos el Castillo, bastante bien conservado, con un agradable jardín y unas magníficas vistas, luego un par de iglesias interesantes, y un paseo por la orilla oeste hasta el barrio de pescadores, en la Plaza Velha (una explanada que hay en el antiguo mercado) nos sentamos en una terraza al sol y en manga corta (¡el 29 de diciembre!) a tomar una cerveza y unas magníficas almejas a la marinera, después volvimos a la auto a terminar de comer y hacer un ratito de siesta.

Olhao, que se encuentra a unos 20 Km. En el camino vimos la desviación a mano derecha hacia la Urbanización Pedras do Rei y Luz de Tavira, donde teníamos intención de pernoctar, al llegar a Olhao buscamos un lugar donde aparcar que encontramos sin mayor dificultad en los alrededores del puerto pesquero, dimos un paseo por un parque junto al puerto en dirección hacia el centro mientras el sol se ponía por el mar y los faros comenzaban a iluminar, el centro histórico de Olhao es un amplio conjunto de calles peatonales con todo tipo de comercios, en el paseo marítimo hay múltiples pescaderías que se dedican a la venta de marisco (crudo, cocido y congelado) y en algún caso también para consumir allí mismo.
Después de la visita iniciamos el regreso al lugar de pernocta, tomamos la desviación hacia la urbanización Pedras do Rei, después de atravesarla entera se llega a una curva de 90º a la izquierda y la carretera enfila hacia Luz de Tavira, bordeando la marisma, aparcamos en línea ajustándonos al bordillo para no sobresalir de la línea discontinua marcada como zona de aparcamiento, el lugar era magnífico, la noche estrellada y teníamos toda la marisma esperándonos para contemplarla al despertar desde la ventana del dormitorio, aunque teníamos serias dudas de que fuera exactamente el lugar que buscábamos (el indicado por Piter en su relato VIAJE AL ALGARVE Y LA COSTA SUR DE PORTUGAL publicado en AC Pasión).



 

   

Día 30
Amanecimos contemplando el magnifico espectáculo de la marisma de la ría de Formosa, aunque habíamos tenido algo de ruido por un tráfico que nos pareció más excesivo de lo previsto, después del desayuno y el aseo salimos a pasear y rápidamente comprobamos nuestro error, por la noche no habíamos visto “el sitio”, que es el aparcadero de autos de toda Europa, una amplia explanada a la derecha de la carretera unos quince metros antes de la curva de 90º grados descrita. Caminamos por allí, y efectivamente el lugar era como en el que habíamos dormido, pero sin ruido puesto que no hay circulación.

En el punto en el que la carretera da su ya famosa curva, sale un camino de tierra que cruza un brazo de la ría y lleva a un apeadero del que sale un trenecillo de vía estrecha que lleva a una playa desierta y creo que muy bella (a nosotros nos faltó decisión para cogerlo y se nos ha quedado pendiente para la siguiente visita a aquella zona).

Faro
Aparcamos en el Largo de San Francisco, en un amplio aparcamiento gratuito, junto a la muralla, visitamos la Catedral (de pago) subiendo al campanario desde el que se disfruta una magnífica vista, en compañía de las cigüeñas que allí anidan, luego caminamos por las calles de la ciudad vieja (amurallada).

Comimos una cataplana (guiso regional preparado en un recipiente de cobre que recibe el mismo nombre que el guiso) de cabrito que además lleva almejas, langostinos, tocino, chorizo, cebolla, pimientos, tomate y muchas especias, es muy sabroso y lo preparan de muchas cosas (marisco, pescado, cerdo, etc…) en restaurante dues iermans en la plaza Ferreira de Almeida, ya extramuros en la zona comercial del centro de la ciudad, buena relación calidad precio, con vino alentejano muy afrutado. Después de la comida visitamos el museo arqueológico, en el que destaca un bello y casi completo mosaico romano dedicado a Océano, además merece la pena el claustro del convento en el que se encuentra.
Hace un día espléndido y una temperatura magnifica, en torno a los 20º.

Hacia las 17,30 emprendemos ruta en dirección a AmarÇao de Pera, con la intención de pernoctar allí y vaciar depósitos y tomar agua, bien en un concesionario llamado algarvecamping, bien en un aparcamiento junto a la playa, ambos sitios referenciados en diversos relatos de autocaravanistas. Nuestra realidad fue la de no encontrar el concesionario, y encontrarnos señales de prohibición de aparcar caravanas en el parking reseñado, en el que no había ninguna auto aparcada, así que después de tomar agua y vaciar depósitos en la gasolinera de Cepsa que hay a la entrada de la población, según se llega de la autovía, decidimos intentar pernoctar en Portimao (Praia da Rocha), siguiendo las indicaciones de los mismos relatos, que apuntan a una zona junto al mirador de la Praia, lo encontramos a la segunda, me explico, siguiendo las indicaciones Praia da Rocha, se llega a una gran rotonda al borde de un acantilado, en el que hay un aparcamiento asfaltado pero con bastante inclinación, ante la duda y al no ver ninguna auto más decidimos seguir buscando y siguiendo hacia la izquierda por una ancha avenida, a algo menos de 1 Km. hay que tomar la primera entrada a la derecha en la que hay una pequeña indicación de “Mirador”, al llegar aquí hay un aparcamiento asfaltado prohibido a autos, pero un poco más a la derecha había una zona de tierra con autos alemanas e inglesas, y allí nos metimos ocupando el último lugar disponible.
Nos apetecía cenar una tortilla francesa, pero no teníamos huevos, así que salimos rápidamente con la esperanza de encontrar un supermercado abierto, y después de un ratito caminando vimos a alguien con bolsas de un súper salir de un pasadizo entre bloques (en realidad aunque la playa es una preciosidad, la zona está superexplotada de construcciones de apartamentos de muchas alturas) y allí al fondo a la derecha estaba, así que hicimos un poco de compra y nos volvimos a preparar nuestras tortillas, que salieron estupendas, y después de cenar salimos un rato hasta el mirador a contemplar el mar, el acantilado, la playa y las estrellas, otro bello lugar para pernoctar y disfrutar de las posibilidades que da el viajar en autocaravana.



 

   

Día 31
Amaneció el último día del año, igual que los anteriores, soleado luminoso y cálido, después del desayuno y el aseo, nos bajamos a la playa, y estuvimos dando un hermoso paseo a la orilla del mar de más de una hora, metiendo las piernas en la fría agua de vez en cuando.

Con ganas de quedarnos en la playa, pero con la necesidad de seguir avanzando, nos pusimos dirección a Lagos, lugar que habíamos elegido para pasar el fin de año, después de descartar algún posible aparcamiento elegimos uno en la orilla habitada de la ría, muy cerca de la estación de autobuses, es un aparcamiento de tierra en el que había dos autos aparcadas, una portuguesa y una española. En la orilla de enfrente se veían siete u ocho, pero además de tener que dar bastante vuelta para llegar, luego cuando quisiéramos venir a la población tendríamos que caminar bastante, así que optamos por quedarnos en la orilla habitada.
Queríamos organizar una cena un poco especial por ser fin de año, así que mientras Teresa se quedaba en una peluquería para que le lavaran el pelo, yo me fui a buscar el mercado con el fin de comprar algo de marisco. El mercado municipal al que me dirigieron estaba un poco más lejos de donde habíamos aparcado, así que por segunda vez me hice el mismo camino, cuando llegué al mercado, me llevé la gran decepción de que ya no quedaba nada de marisco, eran sobre las 12.30, solamente encontré en un puesto almejas pequeñas, que compré a falta de otra cosa por 22 euros un kilo (tuve que comprar bolsa entera), luego empecé a buscar pan, y no encontré en el mercado, ni en ninguno de 4 autoservicios en los que entré, ni en la única panadería que hallé, así que cuando nos reencontramos yo iba casi con las manos vacías y Teresa venía enfadada por como la habían tratado el pelo y por como la habían peinado y por lo caro que fue.

Dimos un paseo buscando un sitio donde tomar una cerveza y al final nos sentamos en una terraza al sol (ya habíamos encontrado un poco de pan, unos bollitos blandos y sosos, pero mejor eso que nada) propuse tomarnos un sándwich y nos sacaron dos rebanadas de pan de molde, gordas y sin tostar, con algo de lechuga y unas obleas de jamón cocido y queso de sándwich, francamente decepcionantes y a precios exagerados, más de 10 euros por los sándwiches y dos cervezas, definitivamente Lagos no nos trataba bien.
Visitamos una iglesia y el museo municipal, en el que tienen un poco de todo revuelto y con mucho polvo. Nos volvimos a la auto (4º vez que hacía el camino) y paramos a tomar un café con un dulce, que esta vez si que estaban buenísimos y baratos 1,60€ los cafés y los dulces.
Hicimos un poco de siesta y al despertar había comenzado a llover, así que tuvimos que sacar el paraguas por primera vez en el viaje, visitamos otro par de iglesias y un trozo de muralla, tomamos una cerveza en un lugar desangelado y seguía lloviendo, nos volvimos a la auto (6ª vez que hacíamos el camino) y después de mensajear y llamar a las familias y amistades nos pusimos a improvisar la cena de fin de año, a hora española. Después de todo no estuvo mal: espárragos de Navarra, almejas a la marinera, jamón y lomo de bellota, queso camembert, turrón y cava brut nature catalán, y las uvas, era nuestra primera nochevieja en Austral y brindamos por muchas más. Luego nos echamos a la calle a celebrarlo con los portugueses, que según habíamos percibido tienen la costumbre de cenar en restaurantes y luego salir a ver los fuegos artificiales que se montan en todas las poblaciones, allí estaban en el consabido paseo alrededor de la ría en grupos, con su botellas de cava, el espectáculo tuvo su momento bello, cuando se veían a la vez seis o siete castillos de fuegos artificiales por toda la bahía, desde Lagos hasta, supongo, que Faro.
Después de un rato nos volvimos a dormir, con la esperanza de no tener mucho ruido, aunque pasaban coches con la música a todo volumen, y se oían cohetes de vez en cuando. Había dejado de llover. Ya estábamos doblemente en 2004, a la española y a la portuguesa. La noche fue tranquila.



 

   

Día 1
El primer día de 2004 volvió a amanecer despejado, ese día nos tocaba llegar hasta nuestro primer cabo con Austral, esperamos llegar a muchos más, el cabo San Vicente, ya dentro del parque natural costa vicentina. A partir de Lagos ya no hay autovía y las zonas “más turísticas” empezaban a quedar atrás, en el corto camino hasta Sagres, hicimos una parada en Praia de Luz, buscando un aparcamiento en el que según las referencias que teníamos había posibilidad de tomar agua, creo que encontramos el lugar, pero no había posibilidad de tomar agua (solo unos servicios algo retirados y cerrados) ni había autos aparcadas. Eso sí el lugar es bellísimo y tranquilo, solo por verlo vale la pena la desviación. Antes de llegar a Sagres todavía encontramos indicaciones de otras tres playas, pero no nos acercamos a ninguna. El paisaje ya había cambiado, la frondosidad del Algarve visto hasta ahora, poco a poco iba dando paso a espacios más castigados por la erosión, con vegetación baja muy pegada al terreno para aguantar mejor los fuertes vientos que normalmente soplan por allí. Antes de llegar a Sagres en la única gasolinera que hay, después de repostar gasoil, amablemente nos dejaron llenar agua y vaciar grises; al llegar a la población, en una gran rotonda giramos a la derecha en dirección al cabo, en seguida hay indicaciones que prohíben pernoctar (de 20h a 8h), hicimos una parada en una explanada y bajamos a pie a la praia Beliche,.una hermosa cala desde la que se divisan tanto el cabo como la fortaleza de Sagres, estuvimos un rato tomando el sol protegidos del viento junto a unas rocas en las cristalizan unas formaciones que recuerdan a las amatistas.

En el horizonte divisamos una formación que por su tamaño y silueta parecía una isla, aunque yo no recordaba haber visto ninguna en los mapas, al cabo de un rato comprobamos que se movía, pero la silueta seguía pareciendo la de una isla, con sus árboles ¿La isla de san Borondón?, ¿Un barco fantasma?, quien sabe…lo cierto es que se movió hasta desaparecer por detrás del cabo, pero en ningún momento tuvo silueta de barco “conocido”. Ahora nos tocaba subir la cuesta, y era dura, sobre todo porque los peldaños de la escalera tallada en la roca eran muy altos.

Una vez arriba nos quedaban ya menos de 2 Km. hasta el cabo, hacia allí partimos y al llegar encontramos dos aparcamientos con bastantes turismos y algunas autos entre ellas unas cuantas españolas, además de puestos de cerámica, frutos secos, artesanías varias y churros, aparcamos y nos abrigamos pues el tiempo había cambiado, frío, viento y llovizna, caminamos hacia el faro y los distintos miradores que hay sobre los acantilados, la vista era estupenda por todas partes, hacia el norte se veían cabos, ensenadas e islotes, llamando la atención uno con forma de zapato/botin tipo charlot,

En la misma punta del continente hay un islote vertical con forma de tótem. De vuelta a la auto a comer y a hacer un rato de siesta con la esperanza de que cambiara el tiempo y pudiéramos ver una buena puesta de sol, pero el tiempo empeoró, en algún momento se echó la niebla y se oían las sirenas de los barcos avisando de su presencia, luego se formaron algunos claros y pudimos observar bellos contrastes de luz y sombras, pero la puesta de sol no hizo acto de presencia…otra vez será, esa era la renuncia del día (en estos viajes cuando los planeas siempre se incluyen más visitas o actividades de las que se pueden realizar, y todos los días hay que renunciar a algo).

Había que volver a Sagres para pasar la noche y buscar el puerto pesquero de Baleeira donde pernoctar, lo encontramos y aparcamos justo en el borde de uno de los diques, con la ventana mirando hacia el este, si el tiempo lo permitía tendríamos un bello amanecer desde la cama.
En el puerto había aparcadas autos alemanas, italianas, portuguesas, españolas y hasta una sueca, y un continuo tráfico de coches del lugar que bajaban hasta allí, daban una vuelta y volvían al pueblo, no sé si es su forma de divertirse o una “intimidación” a las autos, lo cierto es que no pasó nada en toda la noche y dormimos magníficamente.



 

   

Día 2
El día amaneció despejado, y según lo previsto contemplamos el bello amanecer desde la cama.

Después de los habituales desayunos y aseo nos fuimos a ver la fortaleza de Sagres, construida en tiempos de Enrique el Navegante, y en la que se formaron los marinos portugueses más avezados, no pudimos entrar hasta las diez de la mañana, hasta esa hora solo permiten la entrada de los pescadores, que se colocan en los altos acantilados a buscarse y jugarse la vida, así que volvimos a donde habíamos aparcado y nos dedicamos a hacer un poco de limpieza interior de la auto que ya la iba necesitando, aparcamos al lado de una Hymer integral alemana, cuyo propietario con su español chapurreado me invitaba a que limpiara la suya cuando acabase con la nuestra. Por fin después de las diez conseguimos entrar y nos hicimos toda la vuelta exterior a la punta de Sagres (unos 2,5 Km.) contemplando los acantilados, los pescadores, las aves marinas y oyendo rugir el viento y el mar, de la fortaleza queda poco, una ermita, la muralla de entrada y poco más, pero solo por el paseo vale la pena.
La siguiente etapa nos llevaba hasta Aljezur por la N268, primera experiencia por carretera estrecha, en el camino se pasa por Carrapateira y nos desviamos a contemplar sus bellas y aventadas playas, paraíso de surfistas, y sus acantilados de piedra rojiza, era un día muy luminoso y aventado, todas las playas están unidas por una ancha pista de tierra muy transitable.

De vuelta a Carrapateira retomamos la carretera hacia Aljezur, buscábamos un restaurante llamado Chefe Dimas, que después de varias preguntas encontramos en la salida hacia Lisboa, no hacia Lagos como viene indicado en el Hola. Mereció la pena la búsqueda, nos comimos un magnífico arroz caldoso de marisco con un buen vino alentejano a buen precio.

Llevábamos retraso respecto al programa del día, no habíamos visitado Aljezur, ni sus playas, queríamos ir a Monchique y luego avanzar lo más posible hacia el norte y eran más o menos las tres de la tarde, así que había que empezar a renunciar y decidimos que iríamos hasta Monchique. Aquí se produjo nuestra primera equivocación, al tomar esa dirección entramos en el barrio este de Aljezur, en lugar de circunvalarlo, y nos vimos metidos en la plaza en un cruce de calles muy estrechas, de frente no se podía seguir porque estaba cortada, a la derecha era muy estrecha y retroceder era imposible por haber una fila de no menos de ocho vehículos, así que copiloto a tierra y a dirigir la maniobra hacia la derecha, con algún apuro lo salvamos, nos indicaron como volver a tomar el camino de Monchique y conseguimos salir. Los primeros doce Km. eran de tierra y piedra y muy bacheada, todo empezó a botar y a sonar dentro de los armarios en una estridente sinfonía.

El paisaje montañoso estaba muy quemado, los primeros restos de los inmensos incendios que asolaron Portugal en el verano de 2003, una vez acabada la pista de tierra, la carretera seguía siendo muy sinuosa, pero al menos asfaltada, por fin llegamos a Monchique, famosa por sus aguas termales, y vimos complicado el aparcamiento así que decidimos posponerlo para la vuelta del Monte Foia, e iniciamos su ascensión (8km), según todas las referencias que teníamos se trataba de una atalaya natural sobre el Algarve, su punto más alto y en los días despejados dicen que se ve hasta las montañas del Atlas en Marruecos, pero nosotros no tuvimos suerte, había mucha calima y todo se veía muy difuminado, además hacía mucho viento y bastante frío, así que enseguida retomamos el camino de vuelta, renunciando a ver Monchique con la intención de ver si era posible contemplar la puesta de sol en alguna de las playas de Aljezur.

Según avanzábamos hacia el oeste el sol parecía acelerar su descenso cada vez más deprisa, tampoco fue posible, y ya eran dos los días en que nos quedábamos con las ganas, total que habíamos hecho casi ochenta Km. de malas carreteras para nada, ni vistas desde el monte Foia, ni visita a Monchique, ni Aljezur ni sus playas, ni puesta de sol. En cualquier caso es preferible visitar Monchique y el Monte Foia desde la costa sur (Portimao – Silves- Monchique).Después de serenarnos un poco decidimos avanzar hacia el norte mientras el cuerpo aguantara, conscientes de que no tendríamos buenas carreteras y que habría que conducir de noche. Tomamos la N-120 dirección Lisboa y nos fuimos marcando sucesivos lugares de pernocta Odeceixe, Odemira, Cercal y por fin Porto Covo ya en Sines, más o menos a 100kms de Aljezur, de carretera sinuosa y de mucho tráfico.

Los últimos 40 Km. venía detrás otra auto a distancia prudencial, se ve que nuestra marcha le gustaba, a los que no les gustaba era a la ristra de coches que llevábamos de detrás, en las pocas rectas del camino y cuando no venían coches de frente consiguieron adelantarnos unos cuantos, pero no muchos, supongo que alguno llegaría a su casa maldiciéndonos. Odeceixe, Odemira, Vilanova de Milfontes…estaban en el programa, pero nos los saltamos, quedarán para un monográfico del Alentejo. La llegada a Sines no pudo ser más decepcionante, desde bastantes Km. antes se divisaba un inmenso complejo petroquímico con sus chimeneas a plena producción, que dejaban en el ambiente un pestífero olor “daños colaterales de lo que llaman progreso”. A la altura de la petroquímica estaba la desviación a Porto Covo, pero nos la pasamos y tuvimos que buscar un cambio de sentido en una rotonda a unos 2 Km., justo hasta ese punto vino detrás la auto que nos seguía, nos alejábamos del olor y afortunadamente parecía que el aire soplaba del sur con lo que cuanto más nos alejáramos mejor estaríamos.

Fuimos viendo varios aparcamientos a la derecha entre la carretera y el mar, al cabo de unos 9 Km. vimos en uno de esos aparcamientos una auto portuguesa, y aunque no parecía ser el lugar descrito por Arsenio (el geriátrico de Gran Bretaña) decidimos quedarnos y después de cenar salimos a fumarnos un cigarrito a la luz de la luna y las estrellas.



 

   

Día 3
Por la mañana después de un paseo por el borde de los acantilados, contemplado las aves marinas, las olas rompiendo contra las rocas y a los pescadores de caña jugándose la vida.
Rehicimos el camino hasta Sines, aparcando en el paseo marítimo junto al casco viejo de la ciudad, visitamos el Castillo y la iglesia matriz, después intentamos, nuevamente sin éxito, comprar marisco en el mercado, los puestos de pescado no tenían ni rastro de marisco ¿se habrá agotado? o ¿se lo llevan todo los restaurantes?. Resignados a que tampoco ese día comeríamos marisco fresco.

Retomamos la ruta por la N-261 hasta la península de Troia, un arenal entre el mar abierto y la desembocadura del río Sado, parque natural en el que incomprensiblemente hay una urbanización privada con cuatro o cinco edificios de más de 20 plantas, algunos incluso abandonados, que quitan al lugar toda la belleza que debería tener por sus finas arenas, sus marismas y el color de sus aguas. En la orilla de enfrente se ve Setúbal y en la cresta de una de sus montañas el castillo de Palmela, siguiente objetivo.

Tomamos el trasbordador, que en 15 minutos deja en el puerto de Setúbal, desde aquí siguiendo las indicaciones de Palmela, llegamos sin mayor dificultad al pie del recinto amurallado, donde en un aparcamiento circular y gratuito a unos 300 mts de la entrada, preparamos algo de comer al tibio sol de la tarde y contemplamos, en la medida en que la calima nos permitía, las magníficas vistas hacia Setúbal, la sierra de la Arrabida, y la península de Troia, en la que volvían a destacar sus “monstruos de hormigón y cristal”.
En el recinto amurallado se visitan la torre del homenaje, parte de las murallas, la iglesia de Santiago, todas muy interesantes, además hay un café, tiendas de artesanía, museo arqueológico y una Pousada.

Queríamos llegar hasta el cabo Espichel para intentar ver esa puesta de sol que por unas razones u otras se nos iba negando todos los días, no había más de 25 Km. así que quizás esta vez si lo lograríamos, las carreteras eran estrechas, el tráfico intenso, se cruzaban varias poblaciones, y el sol iba tiñendo de rojos el horizonte, hacia la derecha ya se divisaba en la lejanía Lisboa, Cascais y Estoril. Varias ambulancias circulando en ambos sentidos, y el sol que caía y caía inexorablemente…tampoco sería hoy, pero llegamos hasta el cabo, aparcando en el patio de un antiguo monasterio hoy en abandono, que a través de dos arcos da acceso a la plataforma del cabo. Aquello estaba lleno de coches, luces y gentes. Policía, bomberos, ambulancias, curiosos y la inevitable churrería ambulante que veníamos encontrando en todos los aparcamientos de los lugares turísticos. Soplaba un fuerte viento, hacía frío, la vista era magnífica, pero el sol ya se había ocultado. Dentro del maremagnum de gentes y ruidos se veían focos muy potentes, cámaras de televisión y una confusión general sobre lo que sucedía, ¿Había habido un accidente? O ¿estaban rodando un película o reportaje sobre un rescate?, al día siguiente vimos en la televisión que realmente había sido un accidente, un coche se había despeñado por alguno de los acantilados.

Con las primeras luces de la noche iniciamos nuestra última etapa del día, que nos debía llevar hasta Santarem, más o menos 125 Km. casi todos de autopista, circunvalando Lisboa por el sur, suponíamos que nos llevaría algo menos de dos horas, pero no contábamos con un monumental atasco que encontramos antes de llegar a la primera autopista, en una población que no conseguimos saber como se llamaba, pero que con los dos cruces que tenía hizo que tardáramos casi una hora en “rodar” diez Km... Después una equivocación al tomar la E1, nos encaminaba hacía Lisboa por el puente 25 de Abril, afortunadamente nos dimos cuenta enseguida, cambio de sentido y en la salida 3 tomamos otra autovía que nos llevaría hasta la IP1, por ella hasta el cruce con la A1 (dirección Porto), y en el peaje un susto: No aceptan tarjetas de crédito (Visa, Master Card) de las habituales en España, solamente aceptaban la Euro 6000. En el Área de servicio de Aveiras (CEPSA) encontramos todo tipo de servicios (llenado agua, vaciado grises y negras) después comprobamos que en todas las CEPSA de las autopistas hay área de servicio para Autocaravanas (a ver si aprende CEPSA y la competencia en España). Por fin divisamos la salida de Santarem y salimos a la aventura, pues no teníamos ninguna referencia de lugares de pernocta. Santarem es una capital de provincia de casi 30.000 habitantes, distribuida en varios barrios, que ocupan siete colinas, como Roma salvando las distancias.

Queríamos encontrar un lugar tranquilo, seguro y no muy alejado del centro para poder hacer la visita al día siguiente sin mover la auto, así que nos guiamos por las indicaciones de Centro, que está en una de las colinas, al llegar a una rotonda en lo que ya suponíamos el núcleo principal de población (y lo era), vimos una indicación de “mirador” y hacía allí fuimos, la calle se estrechaba cada vez más y era de dos direcciones, al final llegaba a un pequeño ensanche con un descampado en el que había coches aparcados y un hueco para Austral, así que me metí sin pensarlo dos veces, menos mal que al final se impuso el sentido común al cansancio y tensión acumulados en la larga jornada, pues el lugar era infame; me explico: estábamos bastante inclinados (tuve que poner calzos) el tráfico era continuo, en la cercanía había un conjunto de casas en muy mal estado con gentes que iban y venían continuamente, tenía toda la pinta de ser un poblado marginal con sus problemas de inseguridad, además detrás se nos metió otro coche y ya no podíamos recular para salir, menos mal que delante todavía había hueco para poder salir, así que quitamos los calzos y nos fuimos a buscar otro lugar, fuera como fuera no podría ser peor que el acabábamos de dejar. Después de un par de vueltas y de perdernos el azar nos condujo hasta el supermercado LIDL en cuyo aparcamiento pasamos la noche tranquilamente durmiendo a pierna suelta y gozando del merecido descanso. Además estábamos lo suficientemente cerca del centro histórico como para poder ir andando. Al día siguiente en la visita encontramos otro lugar quizás mejor para pernoctar: el aparcamiento que hay detrás de la Iglesia de Santa Clara.



 

   

Día 4
El centro histórico de Santarem es muy monumental y bien merece una detenida visita, perdiéndose por sus estrechas calles empedradas llenas de bonitas casas. Entre los monumentos destacan las iglesias de: S.Estevao o Milagro, S.Joao de Alporao (románica), Sta. Clara (gótica) Nta. Sra. De GraÇa y Nta. Senhora de Marvila (magníficos azulejos).

También merece la pena el mercado municipal de 1932 especialmente por sus bellos y originales azulejos que hay en el exterior, la fuente de las Figueiras del siglo XIII y la Porta del Sol (jardines amurallados, con espléndidas vistas sobre el río Tajo y la llanura, en los jardines hay unos inmaculados servicios públicos, como casi todos en Portugal, y un kiosco con mesas para hacer una parada relajante y disfrutar del sol y del silencio). Como anécdota contaré que nos llamaba la atención que la mayoría de los comercios estaban cerrados lo cual nos extrañaba para ser sábado, y tanto como que ¡era domingo! Ventajas del estar de vacaciones, que te hace olvidar los calendarios. Comimos en una churrasquería junto al mercado un buen bacalao asado.

Por la tarde después de descansar un rato, dejamos Santarem por la IP7 en dirección a Obidos a donde llegamos después de 38 Km. de cómoda autovía, buscamos un lugar donde pernoctar y lo encontramos en la parte baja del pueblo a mano izquierda según se sale en dirección a Peniche, junto a un acueducto. A la derecha hay un aparcamiento asfaltado de pago con wc junto a la oficina de turismo, pero no vale la pena, además esta bastante inclinado.

Una vez instalados nos fuimos a hacer una primera visita, nocturna, a Obidos, se accede por la Porta de Vila, y todo el pueblo está muy cuidado, aunque quizás excesivamente “turistizado” es una mezcla de museo y centro comercial, por la concentración de monumentos y comercios para turistas nos recordó al Mont Saint Michel. Pero a pesar de todo vale la pena visitarlo, además como era domingo a la noche había poca gente por la calle y como la iluminación navideña era discreta el recorrido resultó placentero, la “guinda” la puso la guinguinha, un licor de guinda típico, que degustamos en un bar muy interesante llamado Ibn Errik que está en la calle principal (directa creo que se llama).



 

   

Día 5
Ese día visitamos Obidos por la mañana, sus iglesias, la Pousada las murallas e hicimos algunas compras, la mañana era radiante, como todas hasta ahora.

Después nos fuimos a Nazaré, la que iba a ser nuestra última visión del mar en este viaje, en el área de servicio de Obidos (Cepsa) en la A8 dirección Leiria vaciamos los depósitos y tomamos agua (me pareció observar que en sentido contrario (o sea dirección Lisboa) también había área de servicio completa para autos, llegamos a Nazaré y después de buscar aparcamiento, decidimos quedarnos en una explanada junto a un aparcamiento de pago a unos 150 mts del paseo marítimo. Nos fuimos a comer con la intención de quitarnos el mono de marisco que llevábamos, pero ..tampoco fue posible, terminamos entrando en uno de los múltiples restaurantes (mar brava) que hay al borde del paseo, y tengo que reconocer que me equivoqué en la elección, escasa variedad, calidad regular y todo con exceso de plancha y encima caro….
Nazaré es un antiguo pueblo de pescadores, con una hermosa playa en forma de concha que vive básicamente del turismo y la pesca, era famoso por la subasta de pescado en la que son las mujeres ataviadas con sus vestidos típicos (muchas faldas por encima de las rodillas, puestas unas encima de las otras) las que pujan. En turismo nos informaron dónde y a que hora se celebraba la subasta (5 cinco de la tarde en la lonja de la nueva zona portuaria) así que tuvimos que elegir entre la puesta de sol y la subasta, elegimos la subasta, definitivamente el marisco y las puestas de sol eran las asignaturas pendientes para otro viaje a Portugal. Después de una buena caminata llegamos a la lonja y con las nuevas instalaciones han implantado la subasta electrónica, cada mujer lleva su mando a distancia, y realiza las pujas con el, ya no hay voces, las cajas de pescado pasan por una cinta mecánica, y en una gran pantalla se muestra el barco de procedencia, el tipo y clase de pescado, el peso, el precio de salida, y comienza a bajar hasta que alguien lo para con el mando, momento en que se le adjudica y cae un ticket impreso con todos los datos encima de la caja, que es apartada y se comienza con la siguiente, se habrá ganado en eficacia pero se ha perdido todo el encanto, y encima había muy poca variedad de pescados y prácticamente ningún marisco, entre el pulpo (polvo en portugués) y una especie de cacharro llamado carapau ocupaban el 80% del pescado subastado, y eso que estuvimos más de una hora.

Cuando salimos ya había anochecido, y después de volver a aparcar en el mismo lugar que al mediodía nos dirigimos a ver el sitio que no es otra cosa que un barrio situado en una colina al norte de la población, al que se puede acceder mediante un elevador (tren cremallera) que funciona cada 15 min. hasta las 24h a 0,60 € el trayecto, lástima que hiciéramos la subida de noche pues la vista es espectacular, y hubiera sido mejor verla de día, en el Sitio hay una bonita iglesia con arcadas que solo pudimos ver por fuera, de regreso comprobamos que las calles estaban desiertas, así que nos fuimos pronto a dormir que para eso era noche de Reyes, no sin antes probar el “bolo rei” una especie de roscón de reyes a la portuguesa, que resulto muy mazacote por lo denso que era.



 

   

Día 6
Al despertar encontramos en nuestros zapatitos unos regalos, los reyes se habían acordado de nosotros aunque estábamos lejos de casa, se ve que actualizan la base de datos de direcciones puntualmente, no como algunas empresas que te siguen mandando correspondencia al domicilio antiguo al cabo de varios años.
Ya nos tocaba iniciar el viaje de vuelta, la verdad es que sin ganas pues estábamos muy a gusto y había sido un viaje estupendo, pero nos quedaban muchos lugares por visitar a los que había habido que renunciar.
Emprendimos el viaje de vuelta despidiéndonos del mar, de entre las muchas alternativas de vuelta decidimos que lo haríamos pasando por Tomar para luego coger la IP6 hasta cruzar el Tajo, después pasaríamos por Castelo de Vide y Marvao para entrar en España por Valencia de Alcántara.
El camino hasta Tomar no era largo, unos 80 Km., pero de ellos casi 50 lo eran por carreteras secundarias de mucho tráfico y mucha curva lo que hizo que tardáramos bastante. Al llegar a Tomar subimos directamente a la colina en la que están el Castillo y el Convento de Cristo, en la que aparcamos sin problema; el conjunto de ambas construcciones, con origen en el siglo XII producto de la orden del Temple están considerados patrimonio de la Humanidad, ciertamente que con todo merecimiento.

Cabe destacar la llamada Charola que es un templete octogonal en el interior del convento, ricamente decorado con pinturas góticas, impresionantes resultan también sus siete claustros cada uno en estilo diferente, construidos entre los siglos XII y XVII.

Al final de la visita se puede llegar a la cafetería que tiene una magnífica terraza sobre el huerto y desde la que se ve el acueducto que llevaba el agua hasta el recinto, además había muchos naranjos, limoneros y pomelos, pedimos permiso al jardinero y nos dejaron coger naranjas y pomelos; que nada tienen que ver con los que habitualmente se compran en las ciudades.

Después de comer y descansar un rato retomamos el viaje de vuelta hacia la frontera. Según avanzábamos por la IP6 empezamos a ver los devastadores efectos de los incendios del verano 2003, era deprimente ver tantísima extensión quemada.

Para cruzar el Tajo se desciende y asciende por carreteras ya de dos direcciones y con pendientes muy prolongadas, el paisaje es agreste. Al pasar por Alphao se atraviesa la población y estuvimos un rato detenidos en una calle porque estaban cargando un féretro en un coche mortuorio, mas adelante Castelo de Vide y Marvao ambas están en entornos muy bellos y merecen una visita detallada, que haremos en otra ocasión.
Nada más cruzar la frontera hay una gasolinera en la que no paramos a tomar agua ni a vaciar depósitos porque teníamos la intención de hacerlo en el “Área de servicio de Valencia de Alcántara” de la que teníamos referencia por el apartado de Áreas de servicio de solocamping. La decepción fue tremenda, no hay desagües disponibles, los WC están sucios y sin papel (ya no estábamos en Portugal) las tomas de agua están lejos del aparcamiento y tienen unas mangueras tiradas por el suelo llenas de barro, y las plazas de aparcamiento próximas estaban ocupadas por turismos y las reservadas a caravanas, están bajo techados de menos de 3 mts de altura, en definitiva un Área de servicio INSERVIBLE. Monumental cabreo y a improvisar lugar donde pernoctar y tomar agua y vaciar depósitos. Avanzamos camino y decidimos que pasaríamos la noche en Alcántara para por la mañana ver su famoso puente. En Valencia de Alcántara encontramos una gasolinera y allí entramos a repostar y pedimos permiso para tomar agua y vaciar, fueron muy amables y nos dejaron pero la verdad es que las condiciones eran muy malas, la toma de agua tenía una manguera muy corta atada con un alambre y en una zona que obligó a hacer muchas maniobras para acceder, casi nos enganchamos el techo con la marquesina de un surtidor de combustible, y luego para desaguar nos dijo el dueño que lo hiciéramos en un terraplén que también era suyo y que tenía bastante pendiente, así lo hicimos y cuando ya nos disponíamos a marcharnos la auto empezó a patinar en el barrizal que se había formado con el desagüe, tuve que calzarla con piedras y pisar a fondo en primera para al cabo de tres intentos conseguir salir, nuestro cabreo continuaba en aumento y nos acordábamos de las facilidades encontradas en Portugal para realizar estas tareas.

Pero las desgracias nunca vienen solas y la carretera hacia Alcántara estaba cortada, lo que nos obligó a hacer otros 30 Km. para llegar, además se había echado la niebla y el frío se nos metió en los huesos. Al llegar a Alcántara después de un par de intentos fallidos encontramos un sitio donde nos dieron una sopa de ajo calentita que nos reanimo (la cocina del Maestre creo que se llama el lugar), luego buscamos un lugar para pernoctar y allí nos quedamos a pasar la noche.



 

   

Día 7
El día amaneció muy neblinoso y frío, después del desayuno buscamos la oficina de turismo, que estaba muy cerca en la misma calle, la muchacha muy amable nos dio todo tipo de información sobre la visita a la población y al puente (a unos 3 Km.) y además nos dio un libro de rutas de senderismo en Extremadura.
Visitamos el convento de San Benito, de la orden de Alcántara, parcialmente reconstruido muy interesante, aunque lamentable el estado en que se encuentra la parte no reconstruida, luego un recorrido por el pueblo, palacios, iglesias y judería, después al Puente, verdadera obra maestra de ingeniería romana que todavía está en uso (por él circula la carretera que va hasta Portugal), de proporciones sólidas y armoniosas.

Una vez visto el puente tocaba emprender el camino de vuelta y la verdad es que resultaba duro volver a la rutina diaria después de la magnífica experiencia vivida. Pero haciendo de tripas corazón emprendimos la marcha, hicimos una parada en El Casar con la intención de comprar su famosa torta (el mejor queso de pasta blanda que existe en España) preguntamos en el pueblo donde podíamos comprarlo, cada persona nos mandaba a una casa distinta, todos queseros “artesanos”, pero a la única que encontramos en casa no le quedaban y nos dijo que en esa fecha solo lo hallaríamos en la quesería, hasta allí fuimos y estaba cerrada, pero la tienda la abrían a las 4 o 4,30, así que pedimos permiso para aparcar allí mismo y preparamos la última comida del viaje, cuando abrieron hicimos nuestra compra y ya hasta Madrid, sin más parada que para repostar gasoil. La ruta era Cáceres – Trujillo - NV(con su correspondiente atasco a la altura de Móstoles)- M30 y a encerrar la auto, recoger el equipaje y a casa con nostalgia, y con esa extraña sensación de ir arrastrando el culo por el asfalto que nos pasa siempre que cambiamos la auto por el coche.

Habían sido 11 estupendos días y ya estamos deseando preparar nuevos viajes para seguir disfrutando de esta maravillosa forma de viajar que es hacerlo en autocaravana y en magnífica compañía.



 

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