Mérida, Cadiz y Córdoba

Nuestra autocaravana (Austral) había cumplido ya un año en el que le habíamos hecho once mil kilómetros y al igual que el año pasado habíamos decidido pasar las navidades y el fin de año fuera de casa, pero por diversas causas no pudimos ponernos en marcha hasta el primero de año.

Teresa y Jesús Enero 2005
   
Día 1 Madrid - Mérida
   
Nuestra autocaravana (Austral) había cumplido ya un año en el que le habíamos hecho once mil kilómetros y al igual que el año pasado habíamos decidido pasar las navidades y el fin de año fuera de casa, pero por diversas causas no pudimos ponernos en marcha hasta el primero de año. A media mañana pusimos rumbo a Mérida después de un alto en el camino para comer una rica pepitoria de gallina que había preparado Teresa, llegamos al destino alrededor de las 5,30 de la tarde, llevábamos dos referencias para aparcar/pernoctar (ambas sacadas de www.viajarenautocaravana.com):
- El barrio de la República Argentina, con una detallada información en la página de un emeritense: www.sjboscoop.com/blor/pernocta.htm.
- El aparcamiento Hernán Cortés (de pago y aparentemente con wc, agua y vigilancia).

Una vez en la ciudad nos dispusimos a buscar, primero el aparcamiento de pago, nos equivocamos una vez y tuvimos que hacer un par de cambios de sentido para poder acceder a la zona buscada, una vez localizadas las señales de parking, la ultima que vimos indicaba a 30 metros, nada había ni a 30 ni a 300, me percaté que un coche de policía municipal venía detrás de nosotros, no sé si por casualidad, por curiosidad o por que nos vieron un poco despistados el caso es que me eché a la derecha donde puede y pararon al lado, les pregunté por el parking y me “indicaron” como llegar, seguimos sus indicaciones y nos vimos en una encerrona, una calle estrecha con un furgón aparcado en la entrada de la misma que nos impedía acceder a la puerta del aparcamiento (y en teoría es la entrada de autocares), tuve que bajar y explicarles a los dos vehículos que había detrás que no podíamos continuar, amablemente dieron marcha atrás y nos permitieron hacer el cambio de sentido y nos hablaron de otra entrada al aparcamiento; pero en vista de la situación decidimos probar la zona del barrio de la República Argentina que estaba próxima y también muy próxima de la zona monumental (teatro, circo y museo romano) después de un par de callejeos encontramos una calle tranquila e iluminada que tenía chalets en una acera y un edificio recién construido y todavía sin habitar en la otra, junto a éste aparcamos y nos fuimos a dar la primera vuelta por la ciudad aprovechando los últimos rayos de sol invernal, vimos a muy pocos minutos la entrada al teatro, el museo y llegamos al centro, caminamos la calle Santa Eulalia, peatonal, y desembocamos en la plaza de España y vislumbramos el puente romano hacía el que nos dirigimos, impresionante su longitud (casi 800 mts) y su traza, lo cruzamos entero parándonos de vez en cuando a contemplar la ciudad a nuestra espalda, el Guadiana con sus islas y sus múltiples aves, a la derecha se veía un puente moderno también de gran longitud y belleza, al llegar al final del puente ya había anochecido.
Retomamos lentamente el camino de vuelta, entramos en la bella iglesia concatedral de Santa María y vimos por fuera el Templo de Diana y los llamados Foros municipales, así como un trozo de calzada romana, regresamos a Austral a cenar y a acostarnos pronto, pues estábamos cansados y la noche anterior habíamos dormido poco y mal a causa de los aprendices de artificieros que han asolado los barrios de Madrid durante las navidades con sus ilegales y consentidos petardos, tracas y cohetes.

 
Mérida, Puente Romano
Mérida, Puente Romano
Día 2 Mérida
   
Después de un reparador sueño de más de 9 horas nos despertamos descansados y dispuestos a conocer Emérita Augusta por dentro, el día había amanecido con una niebla intensa. Nos dirigimos a la oficina de turismo que hay junto al Teatro y el museo romano, adquirimos la entrada combinada para visitar todos los monumentos, confiando en que levantara la niebla decidimos visitar primero el MNAR (museo nacional de arte romano) espléndido edificio de finales de los ochenta realizado por Rafael Moneo.
Pocas veces un edificio moderno encaja tan bien con el entorno, el destino y el contenido para el que ha sido creado, es discreto por fuera y por dentro es perfecto para contener las miles de piezas romanas encontradas en la ciudad (estatuas, mosaicos, columnas, vasijas, etc..) además en la cripta se muestran in situ los restos de casas, calles y calzadas de Augusta Emérita. Nosotros que no somos especialmente amantes de los museos recomendamos fervientemente su visita.
A la salida del museo, la niebla seguía instalada y el frío era intenso, así que al mal tiempo buena cara y a continuar las visitas, entramos en el anfiteatro y en el teatro ambos del siglo I a d.c. obras magníficas y en bastante buen estado de conservación, el teatro es sede de los famosos festivales que se celebran en verano y por el que han pasado multitud de primeras figuras del teatro y de la música, con una acústica ejemplar, que tuvimos ocasión de comprobar gracias a una espontánea que se creía una soprano de postín y se plantó en el escenario y ensayó todo tipo de “gorgoritos” que se escuchaban perfectamente desde las gradas. Debe ser emocionante asistir a una representación de una buena obra en ese mágico lugar, nos prometimos hacerlo más temprano que tarde.
Cuando salimos de las visitas era la una y media y allí seguía la testaruda niebla, se nos ocurrió que podíamos intentar comernos un cochinillo asado, así que nos pusimos a recorrer las calles a la búsqueda de un restaurante que nos lo ofreciera, contando con que era domingo después de festivo y medio, las posibilidades no eran altas pero nos apetecía intentarlo, encontramos uno que lo anunciaba en unos cartelones en medio de la calle, pero decidimos continuar la búsqueda, llegamos hasta la plaza de España y nos tomamos una cervecita con una tapa; como no habíamos encontrado ningún otro restaurante abierto que ofreciera cochinillo volvimos al primero, que estaba vacío de clientes, nos sentamos y nos dan la carta decimos que queremos cochinillo, y nos dicen que no queda, que si queremos unas paletillas de cordero, preguntamos que si eran del día y nos dijeron que no, así que nos levantamos y nos fuimos a comer a la auto, como ya el hambre apretaba decimos meterle mano a quesos, embutidos y a un rico foie-gras francés, además de prepararnos una ensalada, después un ratito de siesta y ya buscaríamos a la noche algún lugar donde tomar algo rico y caliente.
Al despertar de la siesta la niebla seguía allí terca como una mula, pero no nos iba a arredrar, así que nos lanzamos a seguir visitando monumentos y pateándonos la ciudad, vimos la basílica de Santa Eulalia, bueno en un principio solo la cripta, en la que hay yacimientos arqueológicos romanos, de una necrópolis paleocristiana y de la basílica visigoda, sobre todos ellos está construida la iglesia actual, cuyas obras se iniciaron en 1230.
Luego nos dirigimos hasta el Acueducto de los Milagros de 25 mts de alto y 800 de largo que servía para transportar el agua que llegaba canalizada desde el pantano de Proserpina hasta la ciudad y salva el desnivel que produce el cauce del río Albarregas.
De allí nos dirigimos hasta las riberas del Guadiana, por un camino equivocado, y llegamos a una zona de recreo y esparcimiento bastante ancha y cuidada desde la que se divisan los puentes (romano, moderno y a lo lejos el de la autovía que va hacia Portugal) el frío era cada vez mayor y la tarde caía y se llevaba la poca luz que el día había mostrado.
Hicimos una parada a tomar algo calentito en la cafetería de un hotel nuevo que han inaugurado hace poco en un bello palacio de la plaza de España, de allí nos fuimos a ver la basílica de Santa Eulalia que ya debía de estar abierta para la misa, pues cuando fuimos a primera hora de la tarde estaba cerrada, valió la pena y estuvimos un ratito calientes antes de que empezara la misa. Al salir estábamos muy cerca del lugar donde la policía municipal nos había dado la referencia del aparcamiento, así que decidimos intentar localizar el otro acceso, y dimos con él y resultó ser mucho más transitable para vehículos grandes que el que nos indicó la policía el día anterior.
Después de más de dos horas caminando tocaba alimentarnos, así que nos pusimos a la búsqueda de los bares de los que teníamos referencia, de los tres buscados solo encontramos uno abierto Casa Benito, junto al mercado municipal y la verdad que vale la pena conocerlo, tomamos unos vinos y unas medias raciones de morros de ternera y de carrillada de ibérico por menos de 7 euros y estaban de chuparse los dedos, también tienen comedor donde seguro que se come muy bien. Como no encontramos ningún otro lugar abierto que nos invitara a entrar decidimos regresar a “casa” y rematamos la faena con algo de dulce y a dormir.

 
M.N.A.R.
M.N.A.R.
Merida, teatro romano
Merida, teatro romano
Merida, acueducto
Merida, acueducto
Día 3 Mérida – El Puerto de Santa María
   
El día volvió a amanecer con niebla, aunque se veía menos densa, dejamos Mérida con la sensación de que nos había gustado y la intención de regresar en alguna ocasión. La niebla duró unos 30 Km. aunque ya desde la salida de Mérida se sentía que el sol podría con ella, de camino se nos ocurrió que podíamos hacer una parada en Monesterio para comprar embutidos ibéricos, en una de las múltiples chacinerías que hay, y así lo hicimos, paramos y nos pusimos a recorrer el pueblo, por la acera del sol, hasta encontrar una en la que habíamos comprado hace un par de años, dimos con ella, hicimos nuestra compra y de vuelta compramos un rico pan, ¡qué diferencia con los congelados y superindustrializados que nos venden en Madrid!, tan rico estaba que le metimos mano por el camino y casi tenemos que volver a por más. Desde un poco antes de Monesterio hasta casi Sevilla la carretera (N-630) no es autovía, aunque está en construcción, pero el paisaje era muy bello y el día era luminoso y radiante, se veía a nuestra izquierda el Monasterio de Tentudía enclavado en el monte del mismo nombre (1.110 mts) y desde el que los días claros y limpios se ve hasta Sevilla capital, la carretera entra en la provincia de Huelva y roza las estribaciones de la Sierra de Aracena y pasa por paisajes muy bonitos, se adentra en la provincia de Sevilla y poco a poco va perdiendo altura hasta llegar a la capital andaluza, que circunvalamos sin problema hasta tomar la A-4 y un poco antes del primer peaje paramos a comer al sol que definitivamente había ganado la partida y ya no nos abandonaría en todo el viaje, después de comer entramos a tomar un café y en el poco tiempo que estuvimos allí vimos varias parejas de guardia civiles, luego a lo largo de la autopista comprobamos que había más apostadas a lo largo del camino y un coche patrulla encima de cada puente que cruzábamos, como en la radio habíamos oído que el presidente de gobierno había estado por la mañana en Sevilla, dedujimos que continuaba viaje en la misma dirección que nosotros, a los pocos días comprobaríamos que así era.
Ya teníamos ganas de ver el mar, y por fin al abandonar la autopista en la salida de Puerto Real lo vimos, era la bahía de Cádiz, espléndida como siempre, sin mayor dificultad llegamos al Puerto de Santa María y siguiendo las indicaciones nos dirigimos al camping, bueno diremos mejor la indicación, pues hay una al final de la llamada Ribera del marisco y nada más, el caso es que seguimos toda la calle indicada hasta el final, giramos a la izquierda, por intuición y luego a la derecha y siguiendo el paseo marítimo de la Puntilla llegamos a la entrada del camping. Paramos en recepción, nos contaron que estaban de obras y que no disponían de plazas al sol, que estaban todas ocupadas, para verlas teníamos que rellenar primero la ficha y luego ir a verlas, en fin como las lentejas si las quieres las tomas…., fuimos a ver que era lo disponible, y resultó ser una plaza más bien pequeña pero suficiente, eso sí estábamos rodeados de autos de media Europa (sobre todo alemanes, algún inglés, unos belgas y unos italianos) hicimos el vaciado y llenado de depósitos y enganchamos la toma de corriente y nos fuimos a conocer la ciudad, antes en recepción cogimos un folleto de los autobuses urbanos y lo fuimos estudiando por el camino, la verdad es que resultaba bastante farragoso entender que línea era la más cercana y a que hora salía el último que nos acercara al camping. Echamos a andar, antes de que el sol se ocultara, y tardamos una media hora en llegar al centro, encontramos la oficina de turismo en la que nos dieron información de la ciudad y preguntamos por el horario de los autobuses, el muchacho que nos atendió estuvo consultando sus documentos para al final recomendarnos que mejor nos acercábamos a un quiosco que la empresa municipal de transportes tiene en el paseo de la ribera del marisco. Así que para allá nos fuimos y nos dieron más información sobre recorridos pero sobre el último autobús que podíamos coger para ir al camping no estaba la cosa clara en los papeles, menos mal que estaba por allí un conductor que después de pensar en voz alta nos contó que podíamos coger 2 diferentes uno hacia las 21,45 y el otro a hacia las 22.00 (nos acercamos cada vez más a Europa). Una vez conocidos los horarios nos fuimos a caminar por el centro de la ciudad, dimos con una de las pocas calles peatonales y esta nos llevó hasta otra muy concurrida que salía al mercado (circular) y en cuyos alrededores había muchos tenderetes y una gran cantidad de gente, tanto bullicio nos recordó a las ciudades tunecinas en las que estuvimos hace un par de años por estas mismas fechas.
De la primera ojeada que había echado a los folletos que nos dieron en turismo recordaba que por allí estaba la taberna – bodega más antigua de la ciudad y hacia allí nos encaminamos, pero cuando quise precisar la dirección me di cuenta de que había perdido los folletos, se me habían caído del bolsillo del pantalón donde los guardé, y lo peor es que también había perdido la información de los autobuses, decidimos volver sobre nuestros pasos para intentar recuperarlos, cuando llegamos a turismo ya estaba cerrado, y en el quiosco de la empresa de transportes nos volvieron a dar los itinerarios de los autobuses, pero ya no estaba el conductor y a la chica era mejor no preguntarla pues no se aclaraba mucho. Decidimos volver a hacer otra vez el camino despacio mirando al suelo y casi donde nos habíamos dado la vuelta los encontramos y milagrosamente estaban limpios, nadie los había pisado. Miramos el reloj y decidimos que ya era hora de empezar a buscar algún lugar para tomar algo, en turismo nos habían dicho que los mejores sitios estaban en los alrededores de la ribera del marisco, aunque el día no era el más apropiado –lunes después de dos festivos y medio– lo primero que visitamos fue el omnipresente Romerijo, y no nos convenció, el marisco era como mínimo de antes de nochevieja y el pescaíto además de escaso lucía bastante triste, además los locales estaban prácticamente ausentes de clientela, continuamos la búsqueda viendo bastantes lugares cerrados o vacíos, el reloj corría y había que decidirse si no queríamos volver andando al camping, así que al final entramos en un mesón que tenía clientela, aunque la mayoría foráneos como nosotros, y nos tomamos una ensaladilla y unas tortillitas de camarones bastante decepcionantes y nada baratos. Por fin tomamos el primero de los dos autobuses que nos acercaban al camping, la temperatura había bajado pero no hacía frío, el sur es el sur.
Al llegar a la zona donde estaban las autos no dábamos crédito a lo que veíamos: ¡iluminaciones navideñas dentro y en los aledaños de muchas de las autos! No pude resistirlo y antes de acostarme tomé un par de fotos del “espectáculo”.

 
Día 4 El Puerto de Santa María
   
El día amaneció soleado y decidimos tomarnos la mañana sin prisas y dedicarnos a limpiezas varias, que era una de las razones por las que habíamos elegido entrar en el camping, cuando acabamos nos fuimos a la ciudad dando un paseo y tomando el sol, nos encontramos con un inmenso mercadillo, en el que inevitablemente terminamos comprando algo, luego entramos en una de las bodegas y compramos una botella de Pedro Ximénez. Apetecía tomarse una cervecita en alguna terraza al sol, y solo encontramos abierta el omnipresente Romerijo, echamos un ojo al marisco por si había rejuvenecido desde la noche anterior, pero todo lo contrario seguía siendo el mismo pero con unas horas más de “crianza”, así que nos conformamos con unas aceitunas y unas correctas tortillitas, después miramos si ya habían abierto alguno de los otros lugares recomendados con la intención de cenar allí y regresamos al camping a comer, no sin antes equivocarnos de autobús. Resulta que tienen la misma parada en ambos sentidos, y nos tuvimos que bajar al darnos cuenta que íbamos en dirección contraria, tomamos el adecuado y nos bajamos en la parada que nos había indicado el conductor la tarde anterior, y nos dejó en un punto próximo al camping pero más alejado de la puerta, además intentando acortar el camino me volví a equivocar y nos metimos por una calle sin salida que llegaba hasta la valla del camping justo al lado de donde estaba Austral aparcada (luego desde el camping vimos como había un acceso que utilizaba un italiano para entrar y salir con su perro sin tener que dar todo el rodeo que dimos nosotros) habíamos dejado las sillas y la mesa fuera al sol con intención de comer allí, pero cuando llegamos ya no teníamos sol y además el levante soplaba con fuerza y arrastraba arena.
Después de comer y de la siesta intentamos poner en funcionamiento el “maravilloso equipo multimedia” (dvd y pantalla de plasma) del que está dotada nuestra auto, y que es el verdadero agujero negro de la misma –en el año que hace que la tenemos no lo hemos conseguido, que si no hay instrucciones, que si vienen incompletas, que si necesitamos la batería auxiliar a plena carga, que si estamos en una zona en la que no se pueden sintonizar las emisoras, etc. – pues nada tampoco esta vez pudo ser ahora era el interruptor el que no respondía. Indignados una vez más apuntamos la dirección de internet del fabricante para ver si podíamos contactar con ellos y que nos dieran una solución, y nos lanzamos a la búsqueda de un cibercafé, recordábamos haber visto uno la tarde anterior, después de preguntar en una comisaría, en el ayuntamiento y en un bar encontramos uno y al acceder a la página nos encontramos con que está en reparación, así que “ajo y agua”, no obstante nos vino bien el conectarnos pues teníamos algún correo de amigos de solocamping en los que nos daban información sobre el Puerto y Cádiz que nos vinieron muy bien. Nuevamente había que renunciar a ver la tele y alguna película que llevábamos, ilusos de nosotros.
Después visitamos la Iglesia Mayor Prioral y encontramos la taberna – bodega más antigua, que resultó ser solo un despacho de bebidas, nos tomamos una guinness, muy mal tirada por cierto, y nos fuimos a cenar algo, encontramos abierto el bar restaurante Luis, en la calle Javier de Burgos esquina a la ribera del marisco, y fue lo mejor que nos pasó en el Puerto, nos tomamos varias tapas muy buenas y una especialidad de la casa sublime –los garbanzos con acelgas– un lugar muy recomendable tanto para tapear como para comer, si volvemos al Puerto allí iremos seguro. Después decidimos volvernos andando al camping para ayudar a la digestión, además el viento se había calmado mucho.

 
Día 5 Sanlúcar de Barrameda
   
El día nuevamente amaneció soleado, habíamos planeado ir a pasarlo a Sanlúcar así que después del desayuno y de recoger los bártulos hacía allí nos dirigimos, aparcamos en el paseo marítimo y por la Calzada –amplio paseo que une el casco antiguo con la playa – caminamos hacía el centro, buscando la oficina de turismo, que encontramos en la misma Calzada, enseguida empezamos a sentirnos bien en el lugar, el ambiente, las gentes y los edificios resultaban amables y placenteros, atravesamos la agradable plaza del Cabildo y siguiendo al gentío llegamos hasta el mercado, que visitamos apreciando la frescura de los pescados y mariscos.
A la salida del mercado nos encontramos con “las covachas” friso gótico del XV adosado a la fachada del Palacio de Medina Sidonia, un poco más arriba de la cuesta en la que están encontramos abierta una puerta en el muro y entramos en lo que resultó ser el Auditorio de la Merced, antiguo convento del XVII, y tuvimos la suerte de que había una visita organizada que en ese momento subía a la Torre, así que nos unimos y una vez arriba se disfruta de una espléndida vista de la ciudad, de la playa, del Guadalquivir y del Coto de Doñana.
A la bajada de la torre continuamos por la cuesta de Belén, teníamos a la derecha el Palacio Orleáns y Borbón y a la izquierda el de Medina Sidonia, ambos dominando la ciudad desde lo alto, el de Orleáns actualmente lo ocupa el Ayuntamiento de la ciudad y estaba abierto, así que entramos y contemplamos los magníficos árboles del jardín y la fachada neomudéjar del XIX, según vimos en un cartel hay una ruta botánica por los jardines que con algo más de tiempo seguro que merece la pena hacer.
Recorrimos después algo más de la parte alta y emprendimos el descenso por las callejas hasta volver a la plaza del Cabildo, por allí se veía a bastante gente con roscones de reyes, los había de dos clases unos en caja azul otros en caja amarillo pálido, preguntamos donde podíamos comprar y nos dijeron que allí mismo en la calle Ancha estaban las dos pastelerías que los vendían, fuimos a la que estaba más cerca y no nos gusto su aspecto, luego en la otra tampoco nos gustaban mucho más pero al final lo compramos en la segunda, pues no queríamos quedarnos sin él. Después regresamos a la plaza y nos tomamos una cervecita con tapa en una de las terrazas y se hizo la hora de comer, así que regresamos a Austral y nos fuimos a la zona llamada Bajo de Guía, en plena desembocadura del Guadalquivir justo enfrente del Coto de Doñana, queríamos comer en el afamado Casa Bigote, que nos había recomendado nuestro amigo Arena, aparcamos la auto y en los alrededores había mucha policía y guardia civil, definitivamente el presidente de gobierno hacía el mismo recorrido que nosotros, a esa hora debía estar en Doñana. Entramos en Casa Bigote y dimos cuenta de unas gambas a la plancha y de unas urtas a la espalda verdaderamente memorables, elegimos las gambas en de vez los famosos langostinos de Sanlúcar por gustarnos más y por estar recomendadas como sugerencia del día. Después de la magnífica comida nos fuimos a descansar un rato pero…. no encontrábamos a Austral, después de un par de vueltas por fin la encontramos y después de un ratito de descanso volvimos al paseo marítimo con la intención de caminar por la playa hasta la caída del sol.
Antes de llegar al paseo nos cruzamos con un coche que no paraba de pitar hasta que nos paramos a su altura, y resultó ser un autocaravanista al que le hizo mucha ilusión ver una auto en invierno en su pueblo y se nos ofreció para ayudarnos en lo que necesitáramos. Estuvimos paseando por la playa casi dos horas y disfrutamos mucho con las múltiples y variadas conchas que había por la arena, con los pesqueros que volvían a puerto cargados de pescado (a juzgar por lo hundidas que venían sus popas y por la cantidad de gaviotas que los seguían) con los perros que correteaban por la arena, pero sobre todo por los maravillosos colores que el sol en su descenso iba dejando en el cielo y en el mar, en una infinita gama de amarillos, naranjas, ocres, cárdenos, azules, verdes y añiles con todos los matices y texturas.
Había sido un día estupendo, el mejor hasta ahora del viaje, decidimos que volveremos a Sanlúcar con más tiempo para disfrutarlo más. Además, de una tacada habíamos aprobado tres asignaturas pendientes desde el viaje del año pasado por estas fechas a Portugal: comer marisco, comprar un roscón de reyes y ver una puesta de sol. ¡Que más podíamos pedirle al día! Pero él, generoso, nos deparaba alguna sorpresa todavía:
- Tocaba regresar y la vuelta la hicimos por la acera, que estaba cubierta de arena de la playa y en obras en bastantes tramos, así que nos tocó caminar algún tramo por la calzada y nos llevamos un gran susto, unos energúmenos en un viejo coche casi atropellan a otros caminantes que no iban por la acera debido a las obras, los individuos en cuestión aceleraron a tope contra los caminantes, que consiguieron esquivarlos de milagro dando un salto, nos quedamos lívidos.
- En el camino de regreso al camping nos equivocamos de carretera y nos llegamos sin querer hasta la entrada a la base de Rota.
- Cuando por fin llegamos al camping, nos encontramos con la última sorpresa: una california noruega ocupaba nuestra parcela, y sus ocupantes estaban dentro cenando.
Aparcamos por allí cerca y fuimos andando hasta recepción a quejarnos, allí no sabían nada. Nosotros al salir por la mañana habíamos dicho que volvíamos y además no habíamos pagado. Llamaron al vigilante y dijo que tampoco sabía nada pero que volviéramos a la zona de las parcelas y nos solucionaría el problema, allí llegamos y como habíamos visto nosotros antes no quedaba ninguna parcela libre por allí. La solución pasaba o por mover a los noruegos o por buscar otra parcela en otra zona, como nos íbamos al día siguiente optamos porque nos buscara otra así que nos llevó a una zona cerca de los servicios con parcelas libres, que no nos gustaba por la dificultad de maniobra y por lo bajo de las ramas de los pinos, después fuimos a otra zona y después de un rato encontramos una razonable con toma de corriente cercana, nos quedamos con ella, volvimos sobre nuestros pasos a recoger la auto y regresar para aparcarla definitivamente, cenamos algo y salimos hasta la playa a dar el último paseo del día bajo la noche estrellada. Entre unas cosas y otras seguro que ese día habíamos caminado más de 10 Km.

 
Sanlucar, Covachas
Sanlucar, Covachas
Sanucar, palacio
Sanucar, palacio
Puesta de sol
Puesta de sol
Puesta de sol
Puesta de sol
Día 6 El Puerto de Santa María – Rota – Chipiona – Cádiz
   
Como de costumbre amaneció soleado, pero como estábamos rodeados de pinos no lo apreciamos hasta que fuimos a los servicios a vaciar y limpiar el wc químico. Era el día de Reyes y como habíamos sido buenos nos visitaron y nos dejaron regalitos en los zapatos.
Ya nos tocaba dejar el camping y en el camino de salida del pinar había bastante policía, paramos a vaciar grises y a rellenar agua y en recepción cuando pagamos nos contaron que había aparecido una mujer muerta en su tienda, al parecer llevaba algún tiempo viviendo allí sola. Con el revuelo se nos olvidó a ellos y a nosotros recoger el documento que me habían exigido como depósito, cuando me di cuenta les llamé por teléfono y al cabo de unos días lo recibí por correo certificado.
La valoración general del camping es aceptable a secas, como puntos fuertes: la buena situación (a pie de playa y con posibilidad de ir a la ciudad andando o en autobús) y los servicios (limpios y con agua caliente en duchas y fregaderos) como puntos flojos: la descoordinación entre receptores y vigilantes, lo pequeño y escaso de las parcelas soleadas para el invierno, aunque con las obras que están realizando parece que habrá más, y con escasez de servicios e instalaciones para ser de 1ª categoría como se califica; en verano tiene que ser un hormiguero. El precio si es de 1ª categoría.
Los planes para el día eran visitar Rota e irnos luego a Chipiona a dormir, en Rota aparcamos en el puerto sin problemas y gratis y nos fuimos a recorrer la villa, que como me dijo Arena está muy guapa, visitamos la Iglesia de Nuestra Señora de la O y el Castillo de Luna, ambos muy bien conservados y muy interesantes.
Luego paseamos por la zona vieja y en una plaza peatonal ya en la zona moderna encontramos unas terrazas al sol donde tomamos unas tapas y una cañita rodeados de una multitud de niños que jugaban con todo tipo de artilugios que les habían dejado los Magos, para salir después al paseo marítimo y caminar desde allí en la mañana soleada hasta el puerto para comer en Austral.
Después de tomar un café en un local del puerto (con el que nos ofrecieron roscón, por cierto el que habíamos comprado en Sanlúcar dejaba mucho que desear, con la masa compacta y sin sabor a azahar) emprendimos el camino hacia Chipiona con la intención de pernoctar en alguna de las dos referencias que llevábamos, el puerto deportivo (de pago) y el aparcamiento de la playa de la Cruz del Mar, habíamos optado por el de la playa pero al llegar a la población no encontramos indicación alguna de la misma, así que optamos por intentar aparcar y buscarla, el callejeo resulto un poco dificultoso por lo estrecho de las calles y por el extraño trazado, bastantes calles se cruzan en “T” , por fin cerca del faro encontramos un lugar para aparcar, y preguntamos por la playa de la Cruz del Mar, que estaba bastante lejos de donde habíamos aparcado, cuando la encontramos intentamos localizar a pie el camino para llegar con la auto, según lo hacíamos se nos iban quitando las ganas de quedarnos allí no nos sentíamos a gusto, así que decidimos irnos a Cádiz. Ventajas de viajar en autocaravana, puedes cambiar de planes sobre la marcha sin problemas.
Era la primera vez que visitábamos Cádiz en AC, teníamos dos tres referencias para pernoctar, algunas demasiado genéricas (playa de la Cortadura, Paseo Marítimo, alrededores de la torre de comunicaciones…) y otra un poco más concreta (aparcamiento en superficie del recién inaugurado Corte Inglés en la avenida de las Cortes de Cádiz) dado que era festivo y no estaría abierto el citado Corte Inglés optamos por ir a éste y lo encontramos con relativa facilidad y estaba bastante vacío, así que nos permitimos el lujo de buscar el mejor sitio, aquel en el que presumiblemente no pudieran aparcar a nuestra derecha para dejarnos libre la apertura de la puerta del habitáculo.
El citado aparcamiento es una muy buena alternativa para aparcar y pernoctar en Cádiz, reúne las buenas características de estar iluminado y asfaltado, está muy próximo a la Guardia Civil, tiene el Corte Inglés al lado para cualquier necesidad y además está muy bien comunicado con el centro de la ciudad con autobuses, o andando (20 min. más o menos). La única condición es llegar fuera de las horas de comercio.
Una vez instalados nos fuimos a nuestro primer “callejeo” por Cádiz, tomamos el autobús y en unos diez minutos estábamos en la plaza de España, y nos pusimos a callejear sin rumbo, yendo a donde los pies y la intuición nos llevara, que es una de las cosas que más nos gusta hacer en esta trimilenaria ciudad, que rezuma gracejo y sabiduría en cada rincón, con personalidad muy marcada, mezcla y esencia de todos sus pobladores (fenicios, cartagineses, griegos, romanos, godos, musulmanes, castellanos, americanos y liberales huidos del resto de la península) puerto de enlace con Canarias y con América. De todos aprendió y a todos enseñó. Esencia mediterránea con luz y fachada atlántica. Casi tres horas estuvimos andando por su laberinto de calles que siempre te depara sorpresas, bien una plaza inesperada, una fachada escondida, un nombre de calle (soledad moderna), una reja, un mirador o una gracia oída al pasar, recordando siempre al añorado Carlos Cano y tarareando sus habaneras de Cádiz (tó Cai la catedral, la viña y el mentidero….). Y una vez suficientemente paseados y llenos de “Cai” nos volvimos en autobús a dormir.

 
Día 7 Cádiz
   
A la mañana siguiente comenzaban las rebajas y el aparcamiento se llenó rápidamente, nosotros nos echamos a la calle sin prisas y dispuestos a seguir empapándonos de Cai y nos fuimos esta vez andando, salimos al mar para verlo en su esplendor y entramos por la zona de la Catedral, que visitamos por dentro llamándonos especialmente la atención la cripta de bóveda plana, luego nos fuimos a la Torre Tavira, una de las decenas de torres vigía que existen en la ciudad, construidas casi todas en el siglo XVIII para controlar la llegada de los barcos procedentes de América cargados de mercancías.
En esta torre se ha instalado una cámara oscura, especie de periscopio basado en teorías de Leonardo da Vinci, que permite una visión al natural y con todo lujo de detalles de la geografía de la ciudad y sus alrededores, además de “espiar” a las gentes que deambulan por las calles o se solazan en sus terrazas. Altamente recomendable visitarla.
Al bajar de la torre buscamos una terraza para tomar una cervecita al sol, la única que encontramos era demasiado “turística” de esas que te ponen las aceitunas sin pedirlas pero que luego te las cobran aparte, pero bueno al sol se estaba estupendamente. Y ya era la hora de comer y nos fuimos a buscar el restaurante El Faro, uno de los más afamados de toda Andalucía, y no nos defraudaron ni sus entradas ni su arroz caldoso, y el postre de manzana que tomamos era sencillamente exquisito. Al salir decimos ir a tomar el autobús caminado, esta vez intentando hacer el camino más corto, después siesta ruidosa por el movimiento de coches y camiones del aparcamiento, y para rematar el día nos fuimos al cine.

 
Cadiz, parking
Cadiz, parking
Torre Tavira
Torre Tavira
Día 8 Cádiz
   
Al igual que en días anteriores amaneció soleado y esta vez también nos fuimos andando y al llegar al puerto vimos que se podía visitar el buque-escuela Juan Sebastián Elcano, que estaba allí atracado, como no había mucha cola decidimos quedarnos y hacer la visita guiada del mismo, aunque la marinera que nos tocó en nuestro grupo no tenía precisamente el don de la palabra y aunque apenas enseñaban nada del interior, mereció la pena la visita.
Al igual que el día anterior buscamos una terracita al sol para tomar una caña, y al igual que el día anterior solo encontramos una de “guiris” en la plaza de San Juan de Dios (el sardinero creo que se llama), está fue más sangrante que la del día anterior, pues aquí aunque las pedimos varias veces y por supuesto estábamos dispuestos a pagarlas, no conseguimos ni unas tristes aceitunas.
Y con las mismas nos fuimos a comer al Balandro en la alameda Apodaca, del que teníamos buenas referencias, en especial de su barra, y no nos defraudó. Se pueden tomar tapas, medias raciones y raciones de una infinidad de cosas, a cada cual más sugerente y todo lo que probamos estaba muy rico.
Volvimos a descansar a Austral y después nos fuimos a la playa de la Victoria a pasear y a ver la puesta de sol, que resultó menos espectacular que la de Sanlúcar, especialmente porque el sol en su retirada apenas dejo reflejos en el mar, pero siempre reconforta la contemplación del espectáculo de la naturaleza.
Después tomamos el autobús y nos fuimos a San Fernando. Yo en la noche de los tiempos había estado por allí haciendo el periodo de instrucción en la mili, lo que es el centro histórico había cambiado poco, llaman la atención las rejas de los ventanales que llegan casi hasta la acera. Encontramos una larga calle peatonal, bueno en realidad son tres tramos supongo que con nombres diferentes, que nos paseamos de ida y vuelta, tomamos una cerveza y regresamos a Cádiz para ir otra vez al cine, si la película de la noche anterior se dejaba ver (Alejandro) la de esta era infumable (El puente de San Luis Rey) y a poco más de la mitad nos salimos y nos fuimos a dormir, cuando llegamos a Austral teníamos un coche aparcado a nuestra derecha que nos impedía acceder por la puerta del habitáculo, tuvimos que entrar por la cabina, y eso que el aparcamiento estaba casi vacío, ¡desaprensivos y desconsiderados los hay en todas partes!.

 
El Juan Sebastián Elcano
El Juan Sebastián Elcano
Cadiz, puesta de sol
Cadiz, puesta de sol
Día 9 Cádiz-Écija-Córdoba
   
Con nostalgia nos fuimos de Cádiz, prometiéndonos que volveremos una vez más. Al cruzar el Puente vimos el mar por última vez, llegamos hasta Sevilla y en una gasolinera ya en dirección a Córdoba paramos a repostar y recibimos una llamada de unos amigos autocarvaneros de Córdoba con los que habíamos quedado, para contarnos que se tenían que venir para Sevilla por que habían sido tíos con una semana de adelanto, nos contaron donde podíamos tapear y pernoctar en Córdoba.
Como ya no teníamos prisa en llegar a Córdoba entramos en Écija, que es de los típicos lugares que siempre ves desde la carretera y que te llaman la atención pero que nunca te decides a entrar. Bueno pues merece la pena y mucho, con su magnífica colección de torres y espadañas de iglesias, algunas verdaderas joyas del barroco andaluz y el espectacular palacio de Peñaflor con su imponente balconada de 59 metros de forja y con pinturas al fresco, el estado de conservación no es bueno, pero al parecer se ha aprobado un proyecto de rehabilitación del mismo para convertirlo en un hotel de 4 estrellas.
Al ser domingo y dada la hora a la que llegamos, casi las dos de la tarde, no pudimos visitar el interior de ninguna iglesia ni palacio, a buen seguro que merece la pena una detallada visita.
Justo a la entrada de la población a mano izquierda viniendo de Sevilla por la A-4, hay un centro de auto lavado de automóviles –La Ballena Azul– en el que aprovechamos la pista de lavado de furgonetas (sin problemas de altura) para darle un buen repaso a Austral, y además gracias a la amabilidad y buena disposición del trabajador que allí estaba, llenamos el depósito de agua limpia, para ello nos ayudo en la maniobra y quitó y puso la abrazadera del grifo, pues su manguera era corta. No consintió que le diéramos ninguna propina, únicamente después de mucho insistir nos admitió una botella de vino. Da gusto encontrarse con gente tan amable. Se mostró muy curioso por el mundo de la autocaravana, era la primera vez que veía una de cerca; seguro que tuvo para un buen rato de conversación con la familia y los amigos.
Y ya con las últimas luces del día retomamos el camino hacia Córdoba, siguiendo las indicaciones que llevábamos aparcamos en la avenida de la Confederación o Fray Albino –la margen derecha del Guadalquivir– en las proximidades del Hotel Hesperia, con una magnífica vista sobre la ciudad con la Mezquita en primer plano, el lugar esta iluminado y nos pareció seguro, la pega es el ruido de la circulación que se oyó durante casi toda la noche.
Nos vestimos “de ciudad” y cruzamos el río por el puente romano, de alguna manera se cerraba el círculo –del puente romano de Mérida al de Córdoba– y nos adentramos en la judería a la búsqueda de “manduca” como era domingo a la noche solo encontramos abiertos, de los recomendados, Pepe el de la Judería y el Churrasco, en ambos tomamos alguna ración y con el estómago satisfecho salimos al frío y nos fuimos a dormir.

 
Palacio Ecija
Palacio Ecija
Torre Ecija
Torre Ecija
Día 10 Córdoba - Madrid
   
La noche había sido fría y la mañana no lo era menos, en la sombra quedaban restos de la helada que había caído, salimos a desayunar a un bar próximo, por aquello de iniciar el viaje de vuelta sin cacharros que fregar.
Después del desayuno nos fuimos a visitar el palacio de los marqueses de Viana que cuenta con 14 magníficos patios; merece la pena la visita, aunque al ser guiada, en algún momento resultaron un poco pesadas las explicaciones.
Seguía haciendo bastante frío lo que nos invitaba a buscar la acera del sol.
Otra vez a la carretera, paramos a comer en las Navas de Tolosa, en el primer restaurante que hay antes de la entrada en la población (no recuerdo el nombre), sitio que ya conocemos de los viajes a/desde Fuengirola, magnífica relación calidad-precio.
Y ya tocaba emprender el último tramo del viaje, siempre el más duro, el de regreso por lo que significa de final de vacaciones y de vuelta a la rutina.
Llegamos sin novedad a Madrid, donde como en Córdoba hacía bastante frío, descargamos y nos volvimos a casa con nostalgia, habían sido diez días de disfrute en los que habíamos visitado hitos de la historia de la península, la capital de la Lusitania romana, la Gades fenicia y la capital del califato andalusí, con las guindas de Sanlúcar y Écija, sin olvidar la bella puesta de sol, los buenos momentos gastronómicos y las decenas de kilómetros paseados cogidos de la mano….y los muchos más que nos quedan por recorrer.

 
Córdoba, patio
Córdoba, patio

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