Preparación previa
   
Este viaje ha sido el primero que hemos realizado durante unas vacaciones de verano en la autocaravana, y además ha sido el primer viaje itinerante que hemos llevado a cabo después de haber tenido a las niñas (este verano tenían 5 años y medio, y 3 años y medio). Hasta ahora, con ellas, habíamos pasado las anteriores vacaciones de verano en complejos hoteleros de las islas Canarias, de modo que tuviéramos a nuestra disposición diversas piscinas y restaurantes, sin tener que movernos de sitio.

El viaje itinerante es una de las pasiones que compartimos mi marido y yo, aunque yo me llevo la mayor parte de la preparación. Para mí la preparación es una pasión tan grande como el propio viaje.

Anteriormente, en pareja, habíamos viajado por Nueva Zelanda, Islandia y Chile, en coche de alquiler, y durmiendo en hoteles previamente acordados (aunque hubiéramos diseñado el viaje totalmente a nuestra voluntad, como fue el caso de los viajes a Islandia y Chile).

El gusanillo estaba ahí.

10 meses antes de salir, nos habíamos comprado una caravana rutera (Eriba Touring), y habíamos previsto un viaje a Suiza.

7 meses antes de salir (después de un viaje a Carcassonne) nos dimos cuenta que a nuestra forma de viajar le encajaba mejor una autocaravana que una caravana, y decidimos comprar la auto y vender la caravana.

Todo fue bastante rápido, y 5 meses antes de salir, estrenábamos la auto, momento en el que decidimos que en verano viajaríamos al sur de Noruega, abandonando la idea inicial de Suiza (lo vimos todo más fácil, y nos atrevimos a más).

4 meses antes de salir empezamos a preparar el viaje a Noruega, compartiendo ideas con otra familia de Donosti, que finalmente no viajó a Noruega, pero gracias a la que cuajaron algunas de las decisiones tomadas, ya que hasta quince días antes de la salida lo preparamos entre ambas familias, cada cual indicando qué puntos le interesaban, qué tipo de ferries nos iban a resultar más cómodos, etc.

Tanto para la otra familia como para nosotros, la principal preocupación era que sus niñas y las nuestras sobrellevaran bien un viaje tan largo, y no aborrecieran la autocaravana debido a este viaje.

Por ello el viaje se centró en una zona muy concreta, al sur de Noruega, alrededor de Bergen y hasta Geiranger, y con no más de 4-5 horas de conducción diaria, calculando una velocidad promedio de 30-40 km/hora en las carreteras noruegas.

También por esa razón decidimos cruzar de Dinamarca a Noruega en ferries de trayecto largo, para poder descansar nosotros y las niñas mientras alguien conducía por nosotros, ganando algún día de viaje.

Empecé consultando material informativo que nos envió la oficina de turismo de Noruega, donde vi unas espectaculares fotos de Preikestolen, así como la guía verde Michelin (fue la que centró el viaje en la zona comprendida entre Bergen y Geiranger).

Otras guías de Noruega, básicas para la preparación del viaje fueron la guía de “Insight Guides – Discovery Channel”, con unos relatos y fotos fabulosos, así como la guía “DK – Eyewitness Travel Guides”, que es muy clara y esquemática (posteriormente la vi traducida como “Guías Visuales” de El País Aguilar). También cayó en mis manos una minúscula guía, “Norway This way” de JPM Publications.

En cuanto a mapas, marqué el itinerario sobre los mapas de “freytag & berndt”, a escala 1:250.000, absolutamente impecables.

Empecé a leer relatos de viajes a Noruega, Cabo Norte, etc., tanto por las etapas que describían, como por la logística y organización del viaje. Leí los relatos de Toni de Ros, Pepe Hermo, El Marqués, Juan José Ternero, Josep Pascual, y sobre todo el viaje iniciático a Noruega, de Rubén, en el que se basó finalmente nuestro itinerario en gran medida, aunque quitando y añadiendo parte de la ruta (añadimos Preikestolen y quitamos toda la parte de Oslo).

El TomTom puso su incuestionable granito de arena una vez en ruta, copiloto incansable, sólo con unas pequeñas lagunas en la base de datos de campings alrededor de Lyon-Vienne, y con una extraña preferencia por cruzar Lyon a rodearla.

15 días antes de salir (cuando supimos que la otra familia no iba a venir a Noruega) hicimos las reservas para los ferries de ida y vuelta entre Dinamarca y Noruega. La vuelta estaba completa para la compañía y fecha previstas, por lo que tuvimos que reservar con otra compañía, y volver un día antes de lo previsto, lo que me obligó a redistribuir el itinerario, intentando cubrir lo mismo en un día menos.

Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que nos hacían falta pasaportes para las niñas, y carnet internacional de conducción para nosotros (eso nos dijeron, quizás no era necesario). Tarde, pero lo conseguimos (aunque luego nunca nadie nos pidió ningún documento). Unos meses antes también nos habíamos sacado las tarjetas sanitarias europeas para todos.

El fin de semana previo al de la salida, tuvimos la autocaravana delante de casa durante un día, la limpiamos, y la cargamos con casi todo, menos ropa personal de verano, fruta, y nevera.

2 días antes de salir, conectamos la nevera, ya que siguiendo los consejos de Toni de Ros en su relato del viaje a Cabo Norte, decidimos llevarnos carne congelada, y quería tener el congelador a pleno rendimiento el día de la salida.

Compramos unos ventiladores a 12 voltios justo antes de irnos, y la noche antes de irnos fundimos un par de fusibles probándolos, o sea que no se vienen a Noruega. No estamos para sustos de última hora.

En cuanto a ropa, ya disponíamos de un equipo básico para nosotros. Para las niñas fui a Decathlon, donde compré chaquetas paravientos impermeables de Gore-Tex, con doble sistema de cremallera, de forma que se les podía acoplar o quitar un forro polar.

En cuanto a ropa de cama, y a fin de evitar costes añadidos a la compra de la autocaravana, hasta entonces habíamos viajado con los edredones nórdicos de plumas de las camas de casa, que a cada salida poníamos y quitábamos de la auto, como quien baja su chaqueta al coche. Para este viaje, aparte de que ya empezaba a cansarnos el tema de subir y bajar edredones, me imaginé en pleno agosto en las autopistas francesas, asfixiada de calor, y rodeada en el habitáculo por edredones nórdicos, por lo que repetí visita a Decathlon, y compré sacos de dormir rectangulares de cremallera, de los menos gruesos, 2 en tamaño niña, y 2 en tamaño adulto. Por poco precio (creo que 12 € cada uno) tuve ropa de cama escamoteable (se pudieron esconder muy bien los primeros días del viaje), y muy versátil: desabrochados los usamos a modo de edredón, para taparnos por encima, y en caso de mucho frío, se pueden abrochar total o parcialmente, y usarlos más a modo de saco.

Además, se lavan muy fácilmente en la lavadora, y no hay que planchar ¡!!

Desde entonces estos sacos ya viven en nuestra autocaravana.

(no hay datos adicionales)

 
Aurlandsfjord
Aurlandsfjord
Sábado 30 julio: Centelles-Orange (433 km)
   

El gran día. Decidimos salir en sábado y no en viernes por la noche (como hacemos en las escapadas de fin de semana), para salir duchados con comodidad, con un día menos de ropa por lavar. etc.

Lo cargamos casi todo en la auto el viernes por la noche. Para el sábado sólo hay que cargar las bicis, la nevera y congelador. Aún así, salimos a las doce del mediodía.

En la nevera (pequeña) se obra un milagro: Caben 8 paquetes de jamón dulce (ya compré los que abultaban menos, aunque costara más despegar las lonchas), otros tantos paquetes de queso en lonchas, otros tantos de jamón ibérico, 8 patés frescos, 5 tortillas de patatas, 2 bolsas de lechuga para ensalada, unos 30 tomates para untar pan, apilados en la puerta meto los 17 yogures que tenía en casa (la última semana compré demasiados, o las niñas comieron a menos ritmo los últimos días en casa), 2 paquetes de paella de arroz precocinada que ya tenía y habrían caducado, 6 albaricoques muy maduros que quedaban en casa, 2 paquetes de Rôti de pollo relleno precocinado, 3 “bulls”, 2 paquetes (sin el cartón) de pechugas de pollo precocinadas que también habrían caducado, 2 paquetes (sin el cartón) de hamburguesas precocinadas, 1 botella de agua con gas, 1 botella de agua sin gas, 1 botella de cava, 2 latas de clara. En el congelador, raciones de carne para 4 personas para 8 días (4 días pechuga de pollo fileteada, y 4 días bistec de ternera fileteado). Iba todo tan ajustado, que ni siquiera se caían las cosas cuando abríamos la puerta.

Fuera de la nevera viajaban 5 melones numerados según el grado de madurez (se nos echaron a perder uno y medio por el camino), manzanas y algunos plátanos, así como 12 longanizas que encargué un mes antes y que el tocinero me tuvo secando aparte (eso no se echó a perder ¡!!). Cuanto más secas, más nos gustan, y más resisten a los calores.

Además llevábamos tal cantidad de latas de conserva, tetra-briks de caldo Aneto “natural”, paquetes de pasta de sopa, arroz, tomate frito, leche en polvo, infusiones, cava, agua con gas, claras, que aún comiendo todos los días en la auto excepto dos cenas, al volver a casa todavía teníamos comida suficiente para viajar por lo menos una semana más.

Pensé en hacer un inventario de las conservas antes de salir, pero el tiempo apremiaba y lo obvié. Cada día elegía de entre las latas que quedaban más a la vista, y hacia el final del viaje aparecieron 4 valiosas latas de aceitunas rellenas que habíamos estado racionando al desconocer su existencia.

De hecho, todo estaba racionado: 1 longaniza y 1 botella de cava cada dos días, 1 tomate de untar pan cada día, etc.

Pues bien, por fin salimos. La conducción funciona por rigurosos turnos de dos horas, entre mi marido y yo. El tramo inaugural me toca a mí, como ya viene siendo costumbre. Es para mí un honor …

Comemos en un parking de la autopista, cerca de Girona, macarrones precocinados Gallo (viajan fuera de la nevera, eso ya no pudo participar del milagro de la nevera, menos mal que los podemos consumir de forma inmediata), y albóndigas de lata (un clásico para el viaje, pues con las niñas no me atrevo con los callos, pimientos del piquillo, etc.). Cruzamos la frontera francesa. Hay unas colas monumentales en sentido contrario al nuestro, dirección España. Pobres ….

Merendamos en un área de la autopista que tiene una especie de duchas al aire libre, de las que sale agua pulverizada para refrescar el ambiente. Las niñas se lo pasan en grande. ¿Por qué les gustará tanto mojarse?

Dormimos pasado Orange. He leído que justo después de Orange hay un área para autocaravanas, pero no damos con ella (al día siguiente vemos una, supongo que es la de Montélimar, más adelante).

NOTA: Unos meses después del viaje, conseguimos un fichero con los PDIs para el TomTom de las áreas de pernocta europeas, genial. Lástima no haberlo tenido para este viaje.

Inicialmente paramos en una gasolinera, pero tiene demasiado movimiento y no nos convence. Continuamos hasta la siguiente área, mucho más tranquila. Son las 19:45.

Cenamos pan con tomate, sardinas de lata, ensalada. El pan es una promoción de regalo del supermercado que hemos ido a recoger hoy al salir de casa, y está muy bueno.

No nos atrevemos a sacar el cava y las copas sobre las mesas del área, queda demasiado ostentoso.

No encontramos la clara Damm tan perfecta como nos la imaginábamos, tal como pintan unos spots publicitarios de la televisión. Pero debemos confesar que a lo largo del viaje le vamos cogiendo el gustillo.

No hay más autocaravanas o caravanas pernoctando en el área, y David está algo nervioso, por mantener las niñas a la vista (juegan con los cubos y las palas a recoger tierra, insectos, etc.)

Estamos en una entrada / salida de la autopista, de uso restringido a personal autorizado, que durante la noche ha usado repetidamente la policía, por lo que parece un lugar seguro.



Gastos: Diesel 40.80€
Peajes: 21.70 €


 
Area de Orange
Area de Orange
Domingo 31 julio: Orange-Selongey (429 km)
   

Salimos a las 11 de la mañana, una vez recogidas las camas, vestidos nosotros y las niñas, peinados nosotros y las niñas (las dos llevan melena, y el proceso de las trencitas, trenzas, colas, etc., suma unos 15 minutos diarios), desayunados, y con los platos lavados, secados, y recogidos.

Iremos aprendiendo truquillos durante el viaje para agilizar este proceso, entre los que se cuenta el usar platos desechables para el desayuno. Marcamos los vasos de melamina con las iniciales de cada uno, a fin de sólo usarlos para beber agua, y sólo lavarlos por las noches. Cualquier otra bebida, inclusive el café con leche de la mañana, también va en vaso desechable.

El desayuno es un clásico: Las niñas toman melón, y pan con embutido o cereales con yogur en función del día. Mi marido, pan con longaniza, y yo tortita de arroz con jamón ibérico. Mi marido se toma un café con leche (en polvo), y yo un café con leche de almendra (también en polvo), por lo que tampoco hay que lavar el cazo de la leche, ya que sólo calentamos agua.

En fin, sólo hay que lavar algún cubierto.

Paramos para comer al mediodía en un área con toboganes y columpios. Comemos patés y tortilla de patatas (otro clásico en nuestra familia como almuerzo autocaravanero).

Poco después de Dijon hay un camping en Selongey, donde llegamos a las 18 horas.

Jugamos a pelota con unas pelotas hinchables de Fanta que les habían regalado a las niñas en el supermercado.

La mayor también juega un rato con su bicicleta (nos hemos llevado sólo las dos bicis de las niñas, y no las nuestras de adulto, pues ellas todavía llevan las ruedecillas pequeñas y no podemos ir a pasear los cuatro en bici, hay que estar bastante pendiente de ellas).

La recepción abre a las 19 horas. No pedimos electricidad, pues nuestro único consumo eléctrico son bombillas.

Hemos podido estrenar el suelo de plástico que hemos comprado para este viaje, y desplegar sillas y mesa en el exterior, además de una de las velas con las que me he provisto para las cenas y sobremesas nocturnas de este viaje.

Cenamos paella, carne a la plancha (la asamos en el camping-gaz al exterior), y cava.

Nuestros vecinos del camping son:

- una caravana de una familia holandesa con 3 niños. Una de las niñas no paraba de chillar.

- Una autocaravana de alemanes buscando emisoras de TV mediante la parabólica, muy silenciosos

- 3 ciclistas alemanes que dormían en tiendas individuales

- una pareja de jubilados holandeses sibaritas, conduciendo un Mercedes descapotable, y una caravana Hobby enorme, todo de lujo, que dejaron la caravana más o menos desnivelada, pero enseguida colocaron mesa y sillas para tomarse una copa de vino y leer unas revistas

- una casa de unos vecinos, a ratos con la música a todo volumen …



Camping: 12 euros.
Diesel: 73.01 euros
Peajes: 31.70 Vienne, 16.90 Tilchatel


 
Camping en Selongey
Camping en Selongey
Camping Selongey II
Camping Selongey II
Lunes 1 de agosto: Selongey - Stadtkyll (454 km)
   

Salimos del camping de Selongey a las 12:50, con todo en regla (aguas limpias llenas, WC y grises vacías).

Ha refrescado.

Hemos desayunado bajo la sombra de un árbol, el sol picaba, pero han salido nubes y el sol ya no luce.

Hemos almorzado en un área francesa, donde todo era carísimo (un Magnum 2.20 €); no hemos comprado nada. No tenían pan fresco.

Hemos comido lentejas y pan con atún.

Dormimos en un parking público de la población alemana de Stadtkyll, ya que llegamos al camping a las 19:50, y la recepción había cerrado a las 19:00.

Al final del parking hay un autocar, por eso creemos que no llamamos demasiado la atención, quedamos algo retirados.

Bajamos las bicis, para que las niñas puedan darse un paseo.

Llega una camper holandesa amarilla con un matrimonio de jubilados.

Más tarde aparece un coche de jóvenes alemanes, que vienen a tomarse unas cervezas, en este parking algo aislado, y ponen la música muy alta. Por suerte, a los 10 minutos se van, pues ya empezábamos a incomodarnos con la situación.

Cenamos sopa de letras y marmitako de atún, con una deliciosa baguette de Luxemburgo, donde por cierto lo hemos encontrado todo muy barato. Eso sí, hemos salido de la autopista para repostar gasolina, gracias a la ayuda del TomTom, a fin de evitar la primera y última gasolinera del país, temiéndonos unas interminables colas.

Ha refrescado, y nos vestimos con pantalón largo y calcetines (por fin!!!: en verano siempre huyo a destinos más fresquitos …)



Diesel: 40.03 + 39.03
Peajes: 12.30 (Gye, cerca de Nancy)


 
Stadtkyll
Stadtkyll
Martes 2 de agosto: Stadtkyll -Bremen (396 km)
   

Salimos del parking a las 11:30.

Hemos repartido las basuras por distintas papeleras, ya que no hemos encontrado contenedores.

Almorzamos en un área de la autopista, guisantes y corned-beef.

Nos encontramos una gran retención a la entrada de Bremen, por un accidente entre dos coches.

El TomTom nos lleva hasta el camping de las brujas: Es un camping de cuento de hadas, muy mal señalizado, con pocas visitas (yo creo que pedirán que les den de baja del TomTom, pues hace unos días recibieron otra visita, en esa ocasión de una familia islandesa ¡!! Y tanto forastero debe perturbar su paz …)

Las caravanas fijas (todas) estaban perfectamente enfundadas en madera, e integradas en el avancé, rodeadas de fuentes, enanitos, caracoles y hadas, con mil flores de colores, todo ello tapizado con un césped que crecía hasta los troncos de los árboles. Aquí los Teletubbies serían felices. No había televisiones, radios, ni ruido de autopista. Sólo el silencio, perturbado por el viento peinando las hojas. Incluso el río era silencioso.

Nos recibió un campista de la familia Peisen, encargado circunstancial, que en septiembre planeaba visitar España y recibir el calor de Torredelmar. La señora Peisen había estudiado español. La familia Peisen vive permanentemente en el “akelarre” de las brujas.

La verdad es que practiqué más mi mal alemán, que la señora Peisen su mal español, pero nos entendimos con la buena voluntad de todos los implicados.

Nosotros fuimos huéspedes gracias a Marta (la voz femenina española) de TomTom.

Cenamos a la luz de una vela tricolor y de delicado perfume, en consonancia con el cuento de hadas de alquiler.




Diesel: 28.93
Camping: 15


 
Camping de las Brujas I, Bremen
Camping de las Brujas I, Bremen
Camping de las Brujas II, Bremen
Camping de las Brujas II, Bremen
Miércoles 3 de agosto: Bremen-Billund (398 km)
   

Nos duchamos y por primera vez en este viaje me lavo la cabeza (media melena) en la auto. Perfecto ¡!! Ya no necesito los baños de los campings para nada. La prueba de fuego serán las melenas de las niñas, en breves días (se las lavo una vez por semana).

Salimos a las 13 horas a la autopista, después de llenar aguas limpias con la manguera del Sr. Peisen, comprada en Málaga (la nuestra era demasiado corta, la suya era plana, y tenía varios metros en poco espacio).

Llenamos de bio-diésel, mucho más barato, aunque no lo hay en todas las gasolineras, y menos en las de las autopistas. En Alemania todo lo que contamina menos está subvencionado, para promover su uso. Cuánto hay por aprender …

En una panadería, al no tener baguettes, compramos un pan tipo molde, que a partir de ahora se convierte en el pan estándar del viaje, y está delicioso, además de que se conserva varios días. No tiene tanta levadura como nuestros panes, y no se reseca tan fácilmente.

Intentamos comprar un antibiótico para David, la muela le amenaza como en vacaciones anteriores, pero no nos lo dan sin receta médica. Nos parece demasiado complicado ir a un dentista, y bien, sólo es una amenaza de dolor…

Cruzamos Hamburg a través de un túnel bajo el Elba, y almorzamos ensalada rusa “Calvo” y patés, en un área de servicios con columpios y tobogán.

30 km. antes de entrar en Dinamarca empieza a llover por primera vez en este viaje. Lo hará en más ocasiones, ya nos extrañaba que la lluvia tardase tanto en aparecer.

A las 17:15 cruzamos la frontera danesa, donde una sonriente y rubia policía danesa de 1.90 m. y ojos azules nos invita a pasar adelante.

El último tramo del trayecto de hoy lo hemos hecho detrás de otra AC, alemana, y hemos entrado tras ella en el parking gratuito de Legoland, donde finalmente pasaremos la noche.

Al cabo de un rato, llegan otras 3 ACs.

Antes de que anochezca, equipados con las botas de montaña, Gore-Tex y paraguas, nos acercamos a las puertas del parque, a fin de ver dónde está, cómo se paga, qué horario tienen. Todavía están en horario de verano: abren de 10 a 19.

Se inicia una fuerte lluvia de bienvenida.

Sacamos dinero en efectivo de un cajero automático, a las puertas del parque. Todavía no sabíamos que Dinamarca no es zona Euro, y tiene su propia moneda (200 DKK = 30 EUR).

Volvemos a la auto, cenamos macarrones (de sobre) (riquísimos) y albóndigas.

Dejamos los paraguas secándose en el lavabo, y vamos a dormir, intrigados por el significado de “Kornevej”, que está escrito en una prohibición de aparcar, aunque deducimos que debe significar que no se puede aparcar en el camino central del parking.

Hemos estrenado la indumentaria noruega, que todavía puede ser algo más consistente, cambiando la chaqueta de algodón por el forro polar.

Veredicto: Bien, vamos bien equipados para el fresquito verano del norte.





Biodiesel = 36.96
Pan, agua, infusiones = 6.4


 
Entrada de Legoland
Entrada de Legoland
Jueves 4 de agosto: Visita a Legoland por la mañana.
Billund - Hanstholm por la tarde (192 km), Ferry Hanstholm-Egersund
(salida jueves 23:55, llegada viernes 06:45)

   

LEGOLAND

Nos hemos levantado a las 8 y lucía el sol, aunque el cielo estaba algo gris. A las 10:30 salimos de la auto, para cruzar el parking de Legoland, y empieza a llover con fuerza. Y así ha continuado durante buena parte de la mañana: Poner capuchas, abrir paraguas, cerrar paraguas y quitar capuchas.

¡Y había gente con sandalias y bermudas! Suponemos que lo mismo que se mojan, se secan. En fin, con sólo verlos tenía frío.

Hemos entrado en el parque, lloviendo.

Hemos visto la tienda por donde nos pasaremos al final de la visita.

Visitamos las maquetas de muchos lugares famosos del mundo, entre los cuales se hallan algunos lugares de Noruega a los que nos dirigimos. Están construidas con miles de piezas de Lego, y con bastantes piezas animadas: molinos de viento, aviones, barcos, camiones.

Las niñas se han subido a los caballitos, han jugado en casitas tobogán y tienda, hemos subido en el trenecillo aéreo suspendido, y en el tren minero.

Hemos almorzado fast-food, a base de pollo y patatas (la única mesa libre que hemos encontrado pertenecía a un establecimiento de fast-food de pollo). Las niñas se han tomado unos helados.

Hemos subido en los helicópteros, el trenecillo grande, y la barca de los piratas.

Y finalmente hemos comprado dos cubos de piezas de Lego, y una diadema de princesa (para la princesa que viaja con nosotros) y una corona de reina (también tenemos una pequeña reina en la expedición …).

Los cubos de piezas de Lego se han quedado a vivir en la capuchina de la auto, y unos meses después del viaje a Noruega son el juego de las niñas que nos permite a los padres dormitar un rato más, ya que les hace olvidar su urgente necesidad de bajarse de la capuchina en cuanto se despiertan para desayunar …

Las niñas han empezado a jugar haciendo construcciones una vez en la auto, dirección Hantsholm (salimos de Billund a las 17:45), pero estaban tan rendidas que se han dormido con las piezas en las manos.

Hemos cargado diesel en un surtidor de un supermercado, self-service, que funciona con tarjeta de crédito, pero es el primero de una larga serie que permite llenar completamente el depósito, ya que primero hay que pasar la tarjeta por el lector, pero el importe se escribe al final, una vez se ha repostado.


FERRY

Llegamos a la terminal de ferries dos horas antes de la hora de embarque, y nos ponemos en una cola, que resulta ser la correcta. Las niñas y yo cenamos bocadillos. David no se atreve, por si le sientan mal (se marea fácilmente en los barcos).

Preparamos la mochila que subiremos al camarote. Nos hemos llevado la mochila que compramos para que este año Xènia fuera de colonias con la escuela. Es enorme, y es la que también usaremos para subir al Preikestolen.

Fuera hace mucho viento y vamos poniéndonos nerviosos. La excitación debida a la inminente subida al ferry aumenta, ante el estupor de David, que no comprende cómo puede estar tan nervioso, si por su trabajo (comercial) se pasa el día entre aviones, coches y trenes.

Finalmente, llega el ferry, desembarcan coches, autocaravanas, camiones, bicicletas. Nos tomamos las Biodraminas.

Por fin embarcamos, en la zona de remolques de camiones. El ferry hace dos paradas: Egersund y Bergen. Nosotros debemos bajarnos en la primera, ya que visitaremos Preikestolen en el camino de subida hacia Bergen.

Ya aparcados en el garaje del ferry, subimos escaleras un tanto desconcertados, hasta encontrar la recepción en la planta 6, donde nos indican cómo llegar a nuestro camarote de la planta 4.

Dejamos la mochila grande en el camarote (con los pijamas y la ropa limpia para mañana, además de cepillos de dientes y peines), y salimos a cubierta, en la planta 9, para ver cómo acaban de embarcar los coches, y para despedirnos de tierras danesas, tras nuestro breve paso por ellas.

Mañana, por fin, estaremos en Noruega.

David y Xènia duermen en las literas de arriba, y Aina y yo en las de abajo. Menos mal, ya que Aina se cayó en plena noche, y durante un buen rato continuó durmiendo en el suelo ¡!!






Reserva
Booking no: 1132852
Date: 19.07.2005
Agent FJORD LINE
Product: Carpackage
Departs from Hanstholm 04.08.2005 23.55 ms Fjord Norway
Arrival Egersund 05.08.2005 06.45
Check-in time 04.08.2005 22.25
Passenger 4 Adults 0,00 EUR
Cabin 1 G4 - 4/3-berth outsi 4 Persons 200,00 EUR
Vehicle 1 Vehicle o. 2,5 m. he ES 1010DHN 130,00 EUR
Price excl.VAT 330,00 EUR
VAT 0,00 EUR
Total price 330,00 EUR
Paid amount: 330,00 EUR

Legoland entradas = 99,28 EUR
Tienda Legoland = 80.26 EUR
Diesel = 358.78 DKK
Almuerzo Legoland = 270 DKK
Botellines de agua en el ferry = 30 DKK


 
Legoland, maquetas
Legoland, maquetas
Legoland, maqueta de Bergen
Legoland, maqueta de Bergen
Legoland, maqueta puerto
Legoland, maqueta puerto
Ferry Hanstholm-Egersund
Ferry Hanstholm-Egersund
Viernes 5 agosto: Egersund - Stavanger (visita) - Preikestolen (99 km)
   
 

Nos levantamos a las 5:45, una hora antes de la hora prevista de llegada a tierra. Habíamos puesto las alarmas de los teléfonos móviles para despertarnos, pero también avisan por megafonía.

Las literas han resultado muy cómodas, y los edredones muy agradables.

Bajamos al parking, y salimos del ferry.
¡!! Ya estamos aquí ¡!!

Un policía de aduanas noruego nos pregunta por nuestros planes, no quieren que seamos más que turistas, no quieren visitas de duración indefinida.

Tras un rato circulando por parajes que nos recuerdan entre islandeses y neo-zelandeses, paramos para desayunar y limpiar un poco la auto.
Limpios y arreglados, continuamos ruta hacia Stavanger.

Llueve.

Ponemos agua en una gasolinera. El grifo para cargar agua está estropeado (de hecho, no hay grifo), y nos prestan una llave inglesa para abrir el paso del agua. No obstante, no nos dejan vaciar el Thetford en el WC, pero nos cuentan que más adelante pasaremos por una gasolinera que tiene área de vaciado.

Efectivamente, en Algard, la gasolinera de la E39 tiene poste para vaciar Thetford y grises. Incluso hay una lanza para lavar la auto.

Luego, a lo largo del viaje, vamos comprendiendo: En el sur de Noruega no es habitual que los campings tengan facilidades de vaciado de aguas grises (normalmente sí podemos llenar agua limpia y vaciar WC químico), aunque cerca de los campings suele haber una gasolinera que sí ofrece todos esos servicios, por lo que la táctica a emplear es: cada mañana intentar vaciar grises y Thetford, de modo que si ese día hubiera que pernoctar en ruta, fuera de camping, no haya que sufrir por el vaciado.

Pasamos por un peaje, camino de Stavanger, que no admite tarjetas de crédito, sólo el importe exacto en monedas, que no tenemos (todavía no tenemos coronas noruegas). Nos dan un ticket que hay que ir a pagar a una gasolinera Esso. Pasamos por otro peaje. Ídem.
Los peajes están rodeados de cámaras de televisión y fotografía, tanto para los vehículos, como para los ocupantes. No se escapa nadie …

Finalmente sacamos dinero noruego de un cajero automático, buscamos una gasolinera Esso, y pagamos los dos tickets. Estamos en Stavanger.

(Extracto de la guía “Insight Guide”)
Stavanger: Aprox. 109.000 habitantes.
Llegó a tener unas 70 enlatadoras de sardinas, y casi el 75% de la población trabajaba en esa industria. En los años 40 llegó la decadencia, y en los 60 la prosperidad debido al petróleo.
La ciudad de Stavanger se enorgullece de poseer la mayor concentración de antiguas casas de madera de toda Europa, 173 en el casco viejo. La región de Stavanger ha sido declarada Capital Cultural Europea en 2008.
Un centro urbano encantador con calles peatonales pintorescas, casas de madera y el mar que se adentra hasta la plaza del mercado.
Catedral del siglo 12, de estilo anglo-normando. Se encuentra entre las catedrales medievales mejor conservadas de Europa. Una de las mejores piezas de la catedral es el adornado púlpito del siglo 16.
Ciudad antigua (Gamle Stavanger): Más de 180 edificios blancos de madera de principios del siglo 19, en calles iluminadas por farolas de estilo antiguo. No son un museo. Los propietarios las conservan por el exterior, pero en el interior disponen de todas las comodidades, y es una de las áreas más exclusivas y codiciadas de Noruega para vivir en ella.

Aparcamos la auto en Stavanger, delante de las casas antiguas de madera, pagando parquímetro.

Nos llama la atención que el restaurante mejor situado del estanque es vasco.

Visitamos la catedral, muy bonita.

Compramos cerezas, fresas, botas de montaña para las niñas (las de Gore-Tex de diciembre pasado compradas en el viaje a Carcassonne se les han quedado pequeñas, les duelen, y mañana toca caminar, es la excursión estrella de estas vacaciones…).

Paramos cerca del puerto y compramos gambas recién hervidas, absolutamente deliciosas, en el mismo barco de pesca, que se encontraba amarrado al puerto. Definitivamente, ¡no hay que irse de Stavanger sin probar estas gambas!. Su sabor es un auténtico regalo para el paladar.

Empezamos a comérnoslas en la cola para embarcar en el ferry de Stavanger a Tau.
Ya realizada la travesía, paramos al lado de un pequeño puerto, y nos acabamos de comer las gambas, fresas y cerezas. Por cierto, las fresas son más pequeñas y dulces que nuestros fresones (los regamos demasiado).

Vamos al parking de Preikestolen. Está bastante lleno, pero un cartel prohíbe pernoctar a caravanas y autocaravanas entre las 00 y las 06 horas. Suponemos que con ello se evitan que se formen campamentos que no dejen espacio libre a los visitantes esporádicos de un día.

Retrocedemos y nos quedamos en un camping 4 km. más abajo.

Nuestros vecinos del lado derecho son una pareja muy educada de motards recién casados. Duermen en tienda, y conducen dos espectaculares Harley-Davidson.

Nuestros vecinos del lado izquierdo son un matrimonio de unos 60 años, y viajan en un auténtico Land Rover, en el que llevan los kayacs para el descenso de rápidos.

Ponemos 2 lavadoras y una secadora, mientras vemos un helicóptero que repetidamente hace excursiones fotográficas a Preikestolen.

De vez en cuando llueve, y acaba saliendo un enorme arco iris.

Las niñas saltan en la cama elástica: Otra de las constantes de los campings noruegos. Este es el primero en el que estamos, pero en este viaje ya teníamos pensado parar bastante en camping, para poder sacar sillas, mesa, bicicletas, etc.

Las niñas disfrutan de tal manera, saltando en la cama elástica, que cada día preguntan, de forma absolutamente interesada: ¿Cuándo llegaremos al camping?

Su mejor recuerdo de Noruega acabarán siendo los ferries entre Dinamarca y Noruega (“los barcos en los que se duerme”), y las camas elásticas.

Cenamos sopa y el único bote de albóndigas de la abuela que ha sobrevivido (otros dos se echaron a perder, y hubo que tirarlos).

El silencio de la noche es abrumador, da la sensación que estamos solos en el camping.



Diesel = 265.22 NOK
Yogures = 28
Yogures, agua, pan = 128.60
Peajes = 26
Ferry Stavanger – Tau = 171
Botas montaña niñas = 498
Fresas = 15
Cerezas = 30
Chupa-Chups y huevos Kinder = 24
Lavadoras = 2 x 40
Secadora = 30
Camping = 195
Pan = 19


 
Stavanger, estanque
Stavanger, estanque
Stavanger, catedral
Stavanger, catedral
Stavanger, gambas
Stavanger, gambas
Puerto donde almorzamos, cerca de Tau
Puerto donde almorzamos, cerca de Tau
Sábado 6 agosto: Preikestolen (visita) (10 km)
Billund - Hanstholm por la tarde (192 km), Ferry Hanstholm-Egersund
(salida jueves 23:55, llegada viernes 06:45)

   

Nos levantamos a las 6:30, de forma que podamos llegar al parking de Preikestolen pronto, para encontrar espacio libre.

Las niñas continúan durmiendo en la capuchina.

Antes de salir del camping, llenamos de agua, vaciamos grises, y salimos del camping a las 07:16. Creo que es el único camping noruego en el que hemos estado que dispone de área de servicios completa para las autocaravanas.

La carretera de subida al parking es bastante estrecha, con puntos algo ensanchados señalados con la letra “M”, donde pueden cruzar dos vehículos.

Al llegar al parking, preparamos los bocadillos (dos por cabeza, de buen pan con tomate, uno de jamón dulce y queso, y el otro de tortilla precocinada), mientras las niñas siguen durmiendo.

También nos llevaremos medio litro de agua por cabeza, y dos zumos-premio para las niñas. A la pequeña de vez en cuando le recordamos que cuando lleguemos arriba se podrá tomar su zumo, y eso le da fuerzas, así como la promesa de que una vez en la auto le pondremos una tirita de Walt Disney sobre una herida (inexistente) de su pie.

El medio litro de agua por cabeza (suman dos litros de agua, lo que ya nos parecía un peso importante para añadir a la mochila) resulta ser insuficiente, y en el camino de regreso al coche tendremos que “racionar” los sorbos que cada uno toma del poco agua que nos queda, ya que la sed aprieta (será por lo bastante que hemos sudado). Me planteo lo desesperante que tiene que ser estar en situaciones límite donde el agua escasee, ya que uno podría llegar a discutirse con toda su familia por el agua ¡!!.

Todo viaja en la mega-mochila que le compramos a Xènia para ir de colonias, y que su padre subirá a Preikestolen.

Yo voy casi sin carga (sólo la cámara de video), pues ya contamos con que llevaré a Aina en brazos en muchos tramos.

Salimos de la autocaravana ya desayunados a las 10:25, y llegamos a nuestro objetivo a las 14:30. Hemos tardado 4 horas en cubrir una excursión cuyo tiempo estándar es de 2 horas.

Para nosotros es nuestra gran gesta de estas vacaciones, tiene un valor incalculable, a parte de la belleza indiscutible del lugar. Xènia ha subido todo el camino a pie, y yo he llevado a Aina en brazos en muchos ratos, al pasar por tramos pedregosos complicados. Incluso se ha dormido en parte del trayecto.

Al llegar a la plataforma, se me ha acelerado el pulso, he empezado a tener cierta sensación de vértigo, intranquilidad, felicidad, nerviosismo. Un cóctel de sensaciones…

Hemos mirado al vacío (sobrecogedor). Para acercarnos al precipicio, a mirar sobre el vacío, lo hacíamos casi reptando en los últimos centímetros. No me he atrevido siquiera a colocar la cámara de vídeo filmando hacia abajo, hacia el vacío.

Y pensar que hay quien se sienta en el borde del precipicio, con las piernas colgando ¡!! Sólo de pensarlo me da vértigo.

Una vez arriba, nos hemos comido los bocadillos, bebido los zumos y el agua.

Y de vuelta para abajo. De vez en cuando ha llovido un poco, pero nada importante. Las niñas llevaban unos chubasqueros por encima de los Gore-Tex, me temía que pudieran quedar demasiado caladas de agua.

Hemos iniciado el descenso a las 16:30, y hemos llegado a la autocaravana a las 19:45, reventados y sudados.

En resumen: Ha hecho sol, viento, ha llovido, ha hecho frío, ha habido tramos con subidas empinadas, bajadas pronunciadas, zonas pantanosas (perfectamente transitables gracias a unos senderos de madera para no mojarse, ¡estamos en Noruega!), hemos encontrado pasillos de madera casi suspendidos en el aire, cadenas de pasamanos. Ha valido la pena.

Es posible que por el camino nos hayamos cruzado con más de 600 personas, de todas las nacionalidades y edades. Pero en el recorrido no había ni un solo residuo como consecuencia de tal trasiego.

Decidimos pasar la noche otra vez en el mismo camping, 4 km. más abajo, ya que allí hay lavadoras y secadoras (hay que lavar TODA la ropa que hemos usado hoy), además de la posibilidad de llenar y vaciar aguas de la auto.

Nuestros anteriores vecinos motards ya no están, pero sí los del Land Rover.

Hoy se le acumula el trabajo al helicóptero, tiene una cola de más de 10 personas esperando para subir.





Parking: 80 kr.
Lavadora = 40
Secadora = 30
Camping = 195


 
Preikestolen,¡vaya cuesta!
Preikestolen,¡vaya cuesta!
Preikestolen, ya se ve
Preikestolen, ya se ve
Preikestolen, ¡lo conseguimos!
Preikestolen, ¡lo conseguimos!
Preikestolen, el vacío
Preikestolen, el vacío
Domingo 7 agosto: Preikestolen - Osoyro (174 km)
Billund - Hanstholm por la tarde (192 km), Ferry Hanstholm-Egersund
(salida jueves 23:55, llegada viernes 06:45)

   

Salimos del camping a las 13:15, con agua limpia, habiendo vaciado grises, Thetford y basura.

Además llenamos dos bidones de agua para beber: Ya había comentado en un relato Toni de Ros que el agua noruega es buena para beber, y no es habitual comprar agua. De hecho, unos días después, en una gasolinera le preguntamos a un conductor de autocar si el agua con la que estaba lavando el autocar era buena para beber, y nos contestó que en Noruega no había agua mala.

Hoy nos toca una etapa de trámite, camino de Bergen, sin excursiones ni paradas planificadas.

Cogemos un ferry que nos lleva a Stavanger, en un recorrido de 10 minutos.

Almorzamos (ensalada italiana y sardinas, todo ello de lata) poco después de haber pasado Stavanger, al lado de un puerto deportivo.

Viene un tramo de carretera con varios túneles y ferries, intercalados, para ir saltando de isla en isla.

La carretera tiene un tramo en un túnel de 6 km. de longitud: 3 son cuesta abajo, y 3 son cuesta arriba, con un desnivel del 6%. Es un túnel que conecta islas entre sí. El peaje nos cuesta 90 kr.

Segundo túnel: Desnivel del 8% durante 2.4 km. El túnel tiene 4 km. de longitud, y en su punto más bajo está a 133 metros bajo el nivel del mar.

El siguiente tramo es en ferry, de Mortavika a Arsvägen. Esta vez hay suerte, y llegamos a la cola de embarque en el mismo momento en el que amarra el ferry. Dentro del ferry compramos unos huevos Kinder para las niñas, lo que se empieza a convertir en tradición.

Tercer túnel: Desnivel del 9%, longitud de 7.86 km. En su punto más bajo, está a 260.4 metros bajo el nivel del mar.

(al ser un país exportador de petróleo, de vez en cuando se pueden realizar ingentes obras públicas, algunas de las cuales de uso gratuito).

Y todavía otro ferry por hoy, con un trayecto de 50 minutos. Cenamos en el ferry, unas salchichas plasticosas que no nos sientan del todo bien, y ya no volveremos a repetir experiencia en estos ferries pequeños. Desde este ferry, en el horizonte, se divisa un gran glaciar.

Al bajar del ferry buscamos un parking para autocaravanas, ya que son las 21:15 y vemos difícil llegar a Bergen antes de las 22:00, y quizás a esa hora sea complicado buscar el parking de autocaravanas, y todavía más complicado que tenga plazas libres.

Dormimos en Osoyro: Tal como nos indica el chico al que le preguntamos, no es un lugar bonito, pero es práctico. Es un lugar al lado de un fiordo; la vista hacia el fiordo es preciosa, con el gran glaciar al fondo del horizonte. No obstante, la vista hacia el interior del parking es algo menos idílica. Nuestros vecinos son unas caravanas de unos emigrantes polacos, que viven en las caravanas y trabajan en Noruega.

Pero estamos cansados. Un plato de sopa de pasta de colores, y ¡a dormir!



Ferry Stavangerske Oanes-Lauvik, 69 kr.
Peaje, 13 kr.
Peaje, 90 kr.
Ferry Mortavika-Arsvägen, 153 kr.
Peaje, 13 kr.
Diesel, 299.41 kr.
Peaje, 80 kr
Ferry Sandvikvak-Halhjem, 228 kr.
Salchichas y agua en el ferry, 192 kr.


 
Camping Preikestolen
Camping Preikestolen
Ferry, cola de embarque
Ferry, cola de embarque
Ferry, huevos Kinder
Ferry, huevos Kinder
Nos alejamos de Preikestolen
Nos alejamos de Preikestolen
Lunes 8 agosto: Osoyro - Bergen (visita) – Voss (129 km)
   

Salimos del parking de Osoyro a las 11:15, sin que nadie haya pasado a cobrar. Por el tipo de campamento, tiene pinta de ser un lugar donde se paga mensualmente.

Los emigrantes polacos han salido a las 7 de la mañana, para ir a trabajar.

Llegamos a Bergen a las 11:30, donde aparcamos en un parking descubierto, de pago, cerca del muelle donde atraca el ferry de ColorLine, en el que embarcaremos dentro de unos días, para el viaje de vuelta a casa. Marcamos esta posición en el TomTom.

Cruzamos por un barrio de antiguas y coloristas casas de madera.

Visitamos el mercado del pescado. Volveremos y compraremos después, ya que cierra a las 17 horas, y no queremos pasear el salmón que compremos por todo Bergen.

A escasa distancia del mercado, visitamos Bryggen y las callejuelas estrechas por entre sus casas de madera del siglo XIV, de los comerciantes hanseáticos, en estilo alemán, y pintadas de vivos colores, y que hoy figuran en la lista de la UNESCO del patrimonio de la Humanidad. En su mayoría están reconstruidas a consecuencia de numerosos incendios sufridos a lo largo del tiempo.

En una de esas callejuelas hay una demostración de carpintería artesanal, cómo se pule y da forma a un tronco de árbol, usando herramientas tradicionales, para su uso en la construcción de casas.

Compramos patatas fritas, de forma que las niñas aguanten mejor hasta que podamos almorzar

Subimos al funicular de Fløybanen, para llegar a un mirador situado en la colina de Fløyen, a 320 m de altura sobre la ciudad, con unas vistas preciosas de la ciudad y sus fiordos. Desde arriba también se ve nuestra autocaravana ¡!.

La temperatura roza los 24º, y las jóvenes del lugar aprovechan todos los momentos de sol para dorar sus blancas pieles, improvisando una playa en las alturas.

Las niñas han querido comprar una postal cada una en la tienda de souvenirs, y la mayor se la enviará a su mejor amiga, escrita de su propio puño y letra, ¡toda una novedad!

Volvemos al mercado del pescado, y nos atiende un chico alemán, que habla español, aunque tiene un compañero de Barcelona, con el que también conversamos. Tal como ya habíamos leído, en este mercado se oye hablar multitud de idiomas, puesto que en él trabajan multitud de estudiantes de muchos países, para ganarse un dinero extra durante los meses de verano. Vemos carteles en español y en catalán, y en una parada hay una senyera ondeando.

Compramos salmón fresco, gambas frescas hervidas (las hay frescas y congeladas, y aunque frescas están muy ricas, las de Stavanger nos gustaron muchísimo más), y caviar de salmón.

En un puesto de fruta, compramos fresas y plátanos. Las fresas son mucho más dulces de lo que creíamos, más que en España.

También compramos fuet de carne de ballena.

En un supermercado Spar compro yogures, lechuga, galletas, dentífrico, pegamento y mantequilla con sabor a gambas. Es mi primera compra en un supermercado noruego, y no me parece tan extremadamente caro, ni tan poco surtido como me lo habían pintado. Eso sí, la carne tenía un feo color marronoso, que no sé si es natural, si es por falta de colorantes que la sonrosen, o es por falta de rotación en su nevera.

Tengo que confesar que a nosotros no nos llovió en Bergen (aún con su fama de llover casi 300 días al año en promedio), ni en esta ocasión ni el trayecto de vuelta a casa, tuvimos suerte ¡!!

Hemos decidido no pernoctar esta noche en Bergen, ya que yendo con las niñas no vamos a visitar algunos museos que en otra época nos podrían haber interesado, y preferimos ganar unas horas de ventaja, a fin de poder, poco a poco, ganar un día de tiempo para visitar un glaciar que inicialmente no había incluido en nuestro rutómetro.

Salimos de Bergen a las 17:30, y al cabo de una hora nos comemos las gambas y las fresas en un área de descanso de la carretera. Resulta un almuerzo tardío.

Continuamos ruta, y llegamos a Voss. Hemos cubierto 100 Km. que tocaban para mañana.

Vemos algunos parkings al pie del lago, con autocaravanas aparcadas, y un camping en el centro de Voss, también al pie del lago.

No nos quedamos en el camping, quizás lo vemos muy lleno, y decidimos retroceder bordeando el lago, y pernoctar en un área para autocaravanas que habíamos visto anteriormente.

Allí coincidimos con autos alemanas e italianas. Los primeros nos facilitan nuestro estacionamiento con todo tipo de indicaciones y ayudas.

Había un poste de llenado y vaciado de aguas, pero no funciona.

No obstante, vaciamos el Thetford en el WC del parking (nos urge, y no podemos esperar a otra área de vaciado para mañana).

Esa noche sacamos el camping-gaz azul, y asamos a la plancha el salmón comprado en Bergen, instalados en una mesa con bancos de madera, al pie del lago, con vistas a las montañas de cumbres nevadas. Lo acompañamos de puré de patatas, preparado con puré en polvo, y leche en polvo (todo bastante sintético, pero de un resultado bastante aceptable).

Como viene siendo habitual, una vez hemos “guardado” a las niñas en sus camas (en la capuchina) para dormir, mi marido y yo nos preparamos unas infusiones y nos encendemos una velita en la mesa de nuestra auto, para hacer algo de sobremesa y darnos un respiro, disfrutar de unos momentos de “a dos”. Solemos acompañar a las infusiones con unos “carquinyolis”, que terminarán por acabarse y que más adelante sustituiremos por galletas noruegas.





Parking: 50 NOK
Patatas: 35 NOK
2 Chupa Chups: 12 NOK
Funicular Floy: 150 NOK
Salmón, gambas, caviar de salmón: 220 NOK
Fresas y plátanos: 49 NOK
Fuet de carne de ballena: 50 NOK
Supermercado SPAR 149 NOK
Diesel, 299.41 kr.
Peaje, 80 kr
Ferry Sandvikvak-Halhjem, 228 kr.
Salchichas y agua en el ferry, 192 kr.


 
Bergen, Bryggen
Bergen, Bryggen
Bergen, casas de madera
Bergen, casas de madera
Bergen, mirador Floyen
Bergen, mirador Floyen
Voss, parking
Voss, parking
Martes 9 agosto: Voss-Flåm (68 km)
   

Voss

Nos despertamos en el parking de Voss, de donde salimos a las 12:15, tras la rutina habitual de arreglar camas, vestir y peinar niñas, hoy tocaba ducha – toca a días alternos-, desayunar, recoger todo, barrer nuestra “casita”, tirar las bolsas de basura.

Voss es una estación de esquí, al lado del lago Vangsvatnet. La estación superior del teleférico sobre Hangurfjell ofrece una de las mejores vistas de Voss en su valle en forma de bol. Las dos góndolas, Dinglo y Danglo sólo necesitan 4 minutos para subir 610 metros. En un día soleado, la plataforma exterior de la cafetería es magnífica.

Y allí nos dirigimos, al teleférico. En nuestra misma góndola suben 4 jóvenes, cargados con unas enormes mochilas, que resultan ser parapentes.

Tras hacer unas fotos desde la estación superior del teleférico, de las vistas hacia el lago, nos dirigimos a la zona donde están los 4 jóvenes, que se han encontrado con otros 6 parapentistas que habían llegado en la góndola anterior, y nos quedamos viendo los preparativos y los saltos en parapente.

Como dato, el preparativo para desenredar todas las cuerdas y desplegar perfectamente el parapente, casi ocupa una media hora (excepto a los más expertos del lugar, que no se lo piensan demasiado).

Estamos allí un buen rato, curiosos por su actividad, haciendo fotos y contemplando los saltos.

Después observamos una caseta con información varia sobre el club de parapente. Es decir, que no es una actividad que allí se produzca ocasionalmente, sino que más bien debe ser habitual en los meses de verano (tal como lo debe ser el esquí en los meses de invierno).

Al principio de la segunda guerra mundial, Voss fue gravemente dañada por los bombardeos alemanes, y no queda mucho del antiguo centro urbano, excepto la Vangskyrkja (iglesia), de 1.277. Vale la pena ver el interior, con un techo pintado con gran colorido, con ángeles voladores. En el exterior hay una gran cruz de piedra, en un campo al sur de la iglesia, que de acuerdo con la leyenda, se erigió 2 siglos antes que se construyera la iglesia. Las paredes de la iglesia tienen un grosor de 2 metros, y la aguja de madera octogonal es única en Noruega

Nos tomamos unos bocadillos esperando que salga una boda del interior de la iglesia (que mientras tanto permanece cerrada al público), y finalmente visitamos la iglesia.

Salimos camino de Flam, y paramos en la cascada Tvinderfossen, para acercarnos a la cual nos metemos dentro del recinto de un camping. Hemos aparcado junto a multitud de autocares (de hecho, hemos visto antes los autocares que la cascada), y hay una gernación de japoneses disparando fotos y filmando la cascada. Aunque es bonita, nos vamos rápidamente. Tanta multitud nos asfixia un poco.

Vaciamos grises y llenamos de agua limpia en una gasolinera de Gudvangen, justo antes de entrar en el túnel de 11 km. que nos lleva a Flam.

Flam

Cuando llegamos a Flam, nos encontramos un enorme ferry anclado (es como un enorme rascacielos en horizontal, me recuerda al edificio de l'Illa-Diagonal de Barcelona).

El tren turístico de Flam a Myrdal (Flåmsbana), al que queríamos subir, está a punto de salir, y no nos da tiempo a cogerlo.

Se trata de un tren turístico panorámico que discurre por un ramal del ferrocarril Oslo-Bergen y que salva en apenas 20 Km de recorrido un desnivel de casi 900 metros de altura. Fue inaugurado en 1.909 , tiene 6 kilómetros de túneles en sus 20 km. de recorrido hasta Myrdal, y tarda una hora en subir y una hora en bajar.

Compramos billetes para el próximo tren, que sale dentro de una hora, a las 18:35.

En el mismo tren viajan dos autocares de españoles, y hay que reconocer que es un grupo bastante ruidoso, a parte del cual no parece interesarle las magníficas vistas con las que se nos regala durante el sinuoso recorrido.

Tal como estaba previsto, el tren para ante una impresionante cascada (Kjosfossen), a fin de que podamos disparar fotos, lo que debemos hacer ayudados de un pañuelo para proteger las cámaras del abundante vapor de Kjosfossen. Nos han contado (y habíamos leído) que en ocasiones ponen música y hay una ninfa bailando durante esta parada en la cascada, pero en esta ocasión no fue así.

Pasamos por unos túneles en espiral o doble bucle, que permiten que un tren común como éste (no es cremallera), pueda subir estos desniveles, de modo que hay un punto en que si trazáramos una imaginaria línea vertical, atravesaríamos la vía férrea en tres puntos a distinta altura.

El tren hace una breve parada en Myrdal (fin de nuestro trayecto), donde vamos a contemplar la máquina del tren en la cabecera del mismo, y volvemos a tomar el mismo tren, para regresar por el mismo camino.

De nuevo en el parking de la estación de ferrocarril de Flam, son las 20:40, y nos planteamos si continuar camino o bien quedarnos a pasar noche en la misma plaza de parking de la estación.

Y tomamos la decisión equivocada: ya que el trayecto que toca hacer a continuación es por carretera estrecha (Aurlandsvangen), según hemos leído no apta para cardíacos (sube de 0 m. a 1.305m, lo que significa que en poco rato pasaremos de nivel del mar a tocar nieve).

Preferimos tomar esa carretera a tomar el túnel más largo del mundo (24,5 km) entre Aurland y Laerdal, pues queremos ver el paisaje de Noruega, y tras cruzar por varios túneles nos ha entrado complejo de “metro” subterráneo.

El caso es que nos atemoriza pensar que pueda anochecernos en una carretera tan estrecha, que deberíamos disfrutarla de día, saboreando los paisajes, en lugar de sufrirla de noche.

Así es que nos quedamos en la estación, donde estamos junto a un río precioso (como todos los de Noruega), y en esta ocasión preparo el pollo a la plancha en el interior de la auto, con las ventanas bien abiertas (no puedo desplegar el camping-gaz en este lugar).

Al cabo de poco llega un grupo de 5 autos italianas. Nos sentimos más acompañados.

Mientras acabo los preparativos de la cena, mi marido y las niñas van en busca de un buzón, para enviar las postales. Una de las postales, por olvido, sale sin sello, por lo que más adelante enviaremos otra, aunque finalmente ¡llegarán ambas a su destino!

Y según estoy en pleno fragor de preparación de la cena, con la pasta y la ensalada preparadas, y la mitad de la carne en la plancha, aparece un coche con un vigilante que nos indica que en ese parking no se puede permanecer a partir de las 22 horas, tal como indica en unos carteles que abundan en todo el parking, y que fuimos tan inocentes de pensar que podríamos obviar.

Medio recogemos todo como podemos, y yo viajo de pie, al lado de la cocina, sosteniendo todo para que no se caiga.

Preguntamos si quedan plazas en el camping de Flam, pero son las 22:15 y nos dicen que han cerrado exactamente a las 22:00, no sin antes salir a identificar la matrícula del vehículo (habrán pensado, “otros listillos que pretendían dormir en la estación, como cada noche …”)

En fin, que nos vamos a un parking de carretera que habíamos visto, con vistas sobre Flam y el fiordo, acabamos de cenar, y dormimos allí, junto a cuatro camiones y un turismo.

Empieza a llover, poca cosa.

Ya hemos comprobado que en los parkings de estaciones, supermercados, etc., suele haber carteles prohibiendo el parking durante la noche, y en este viaje no volveremos a saltarnos estas prohibiciones. ¡Lección aprendida!





Compra de pan y sardinas de lata en el súper: 39,50 Kr
2 cintas de video: 198 Kr
Teleférico de Voss: 160 Kr
Entradas para la iglesia de Voss: 30 Kr
Parking frente a la iglesia de Voss: 10 Kr
Tren de Fläm: 600 Kr.


 
Voss, teleferico
Voss, teleferico
Cascada Tvinderfossen
Cascada Tvinderfossen
Flam, Kjosfossen
Flam, Kjosfossen
Tren de Flam
Tren de Flam
Miércoles 10 agosto: Flåm-Borgund visita iglesia Borgund – Laerdal – Sogndal (111 km)
   

Después de haber pasado noche en el parking de carretera con vistas sobre Flam y el fiordo, desayunamos magdalenas y yogur líquido, de pie, fuera de la auto, a fin de comprobar si somos capaces de agilizar el proceso del desayuno.

A las 10:57 levamos anclas y volvemos a Flam, buscando un buzón donde echar la postal que Aina finalmente ha decidido enviarse a sí misma.

A las 11:04 salimos de Flam, si el TomTom (Marta) se aclara (perdemos la señal de los satélites a ratos, entre tanta montaña).

Aurlandsvangen

Tomamos la Aurlandsvangen, una carretera muy estrecha, con unas espectaculares vistas sobre el fiordo, que a ratos quitan el hipo. Efectivamente, como habíamos leído, no apto para cardíacos. Es uno de los tramos de carretera que más hemos disfrutado de este viaje, absolutamente recomendable, con unas vistas impresionantes, impactantes, inolvidables...

Por su inclinación, la carretera no permite ir en otra marcha más larga que en segunda, y hay que poner primera en las “paellas”.

Una vez en la parte alta de las montañas, finalizada la emocionante ascensión por el fiordo (donde nos hemos cruzado con un autocar) hemos parado al lado de un riachuelo, en el que las niñas se han mojado los pies (hay que tener valor, con lo fría que estaba).

Vemos una tienda de campaña, formato indios americanos, cuyos dueños estaban en el séptimo cielo…

Almorzamos unos bocadillos en el punto más alto, a 1.340 m, tras haber tocado nieve.

Se ve bastante nieve, y el descenso hacia Laerdal discurre por el valle de uno de estos ríos (Erdalen) limpios y caudalosos que tanto me gustan de este país.

BORGUND

Nos desviamos hacia Borgund, para visitar su iglesia.

Compramos las entradas en un centro de información, donde se ven maquetas con la técnica constructiva de las iglesias medievales de madera, y algo de historia, fotos y estadísticas.

Existieron unas 1.000 iglesias medievales de madera en Noruega .

Se construía en madera, ya que era su materia prima natural para la construcción, aunque se reproducían los ornamentos de las iglesias de piedra de otros países, tales como capiteles y columnas.

Debido a la humedad del terreno, y a los incendios, se perdieron muchas de estas iglesias, y actualmente se conservan sólo 28.

La iglesia de Borgund nos parece preciosa exteriormente.

Es más pequeña de lo que nos imaginábamos, parece de juguete.

Nos pasamos un buen rato tomando fotos del exterior (no está permitido hacerlo en el interior), donde, como es tradición en todas las iglesias que visitamos, se encuentra el cementerio, con las losas ordenadas en filas, en el jardín que se encuentra alrededor de la iglesia. El cementerio está muy cuidado, y la mayoría de tumbas tienen plantadas flores de colores. Son sitios menos lúgubres que nuestros cementerios, aunque no dejan de inspirarnos un cierto respeto.

Toda la iglesia está impregnada de brea, que en primera impresión nos recuerda al olor del incienso, y le da un toque mágico a la atmósfera.

Para el camino de vuelta tomamos la carretera antigua, que discurre bordeando el río, y así evitamos pasar por algunos túneles de la carretera nueva. Existe un recorrido turístico en esta carretera antigua, uno de cuyos puntos de interés es una cascada donde teóricamente se pueden ver salmones remontándola aguas arriba, aunque no estamos de suerte …

En ruta, nos encontramos con una báscula pública gratuita. Nuestro peso fue de 3.420 kg. Podremos comprar algún souvernir, nos sobran algunos kilos hasta los 3.500.

LAERDAL

Después pasamos por Laerdal, donde nos dirigimos al centro de salmones salvajes, en una visita totalmente pensada para las niñas. Además de ver mucha información acerca de la vida del salmón, a través de unos ventanales medio sumergidos en el río, podemos ver ejemplares de salmones remontando el río aguas arriba.

Para las niñas también ha resultado muy didáctica la exposición sobre la vida de estos obstinados peces que llegan a pesar 35 kg.

Casi nos resulta inevitable comprar un sobre de salmón ahumado al aroma de agujas de pino, en el centro de observación.

En plena calle, nos entrevista una chica, cámara de vídeo en ristre, estudiante de sociología. A saber si alguna vez nuestra opinión de turistas sobre su país se habrá publicado en algún documental noruego.

También visitamos el pueblo antiguo de Laerdal, con un gran núcleo de casas de madera.

Hacemos unas compras en el supermercado.

Cruzamos en ferry, de Fodnes a Mannheller, siguiendo con la idea de intentar ganar una jornada, lo que nos permitiría una visita extra a una lengua de glaciar.

Pasamos sin parar por Kaupanger, donde existe otra iglesia medieval de madera, pero está anocheciendo, y preferimos llegar al camping. Mañana ya visitaremos otra iglesia de madera, la iglesia de Urnes.

Nos quedamos en el camping Kjornes, en Sogndal. Está bastante lleno, pero podemos instalarnos en segunda línea de la orilla del fiordo. La noche es bastante fresca, no obstante montamos el suelo en el exterior, el toldo, las sillas y mesa de camping, y cenamos fuera, con una vela encendida. Hoy nos toca sopa de pasta y atún encebollado.

Este camping, por sus delicadas vistas, requeriría casi de un día para dedicarlo a la contemplación del fiordo, un paraíso visual y auditivo, un regalo para los sentidos.



Entrada en la iglesia de Borgund: 130 Kr.
Compra en el supermercado: 139,85 Kr
Entrada en el centro de observación de los salmones: 170 Kr.
Paquete de salmón ahumado: 63 Kr.
Ferry Fodnes – Mannheller 155 Kr.
Camping Sogndal: 140 Kr.


 
Aurlandsvangen, cota alta
Aurlandsvangen, cota alta
Aurlandsvangen, cota alta II
Aurlandsvangen, cota alta II
Borgund
Borgund
Laerdal, centro salmones
Laerdal, centro salmones
Jueves 11 agosto: Sogndal – Urnes - Nigardsbreen (117 km)
   

Salimos del camping de Sogndal a las 12. Después vaciamos grises en una gasolinera de Sogndal, y a las 12:30 emprendemos camino hacia la iglesia de Urnes

URNES

Llovizna. Por ello preferimos no tomar el ferry que lleva hasta Urnes como peatones, sino cruzar con la autocaravana, sobretodo por si la lluvia subiera de intensidad. La autocaravana nos da absoluta tranquilidad para ir con las niñas, lo tenemos todo con nosotros.

El ferry es pequeño, con poca capacidad de coches. Nos comunican que somos dudosos, no saben si entraremos.

Hay que subir marcha atrás, por la parte de la proa del ferry, y ¡es mi turno al volante!

Sí, ha habido suerte, cabemos, y seremos los últimos en subir.

Como detalle negativo, hay que indicar que una AC y una camper italianas intentaron burlar la ordenada cola (en filas paralelas numeradas del 1 en adelante) y embarcar por delante del resto de vehículos, aunque afortunadamente la tripulación del ferry detectó las tan poco serias maniobras y las remitieron al final de la cola.

Subiendo marcha atrás quedamos con nuestra “proa” sobre la proa del barco, y la verdad es que este recorrido en ferry resulta espectacular. ¡Nuestra auto sabe nadar! Y yo soy el capitán al timón…

Llegamos a Urnes, ya llueve con algo más de intensidad. Somos los primeros en bajar del ferry (no hay otro remedio), y los primeros en llegar, por lo que elegimos plaza de aparcamiento…

Las entradas para la visita guiada se compran en una casa frente a la iglesia, donde nos atiende una chica que lleva una enorme túnica de color púrpura con crucifijo estampado.

El exterior de esta iglesia, la más antigua iglesia de madera de Noruega (declarada por la UNESCO patrimonio de la Humanidad) nos parece más bien austero, aunque conserva unos extraordinarios relieves con motivos de animales entrelazados. El interior es precioso, y aunque la iglesia está restaurada, tiene muchos elementos originales.

Decidimos no coger el ferry de vuelta, ya que tiene poca frecuencia y poca capacidad, sino que en su lugar tomamos la carretera que desde Urnes bordea el Lustrafjord.

Nigardsbreen

Estamos dudando si seguir con nuestro itinerario previsto, hacia Lom por la carretera 55, o bien retroceder y visitar la lengua de glaciar de Nigardsbreen, no incluida en el rutómetro inicial (en el que sí estaba incluida la visita a la lengua de Briksdalsbreen, para los últimos días de este viaje).

Finalmente no hemos ganado el tiempo correspondiente a un día que queríamos para poder visitar este glaciar. En realidad, apenas hemos ganado un par de horas, que además acabamos de gastar en nuestro periplo alrededor del Lustrafjord …

Visitar el glaciar significaría sacrificar algo del rutómetro, en nuestro caso sería saltarnos Alesund.

En algún relato hemos leído que en Noruega, si uno duda entre un fiordo o una ciudad, hay que elegir el fiordo. Lo mismo debe ser válido para los glaciares.

En fin, decidimos visitar Nigardsbreen y sacrificar la visita a Alesund …

Por lo tanto ahora recorremos la otra orilla del Lustrafjord, esta vez en sentido contrario. Realmente, de haber vuelto de Urnes en ferry, nos habríamos ahorrado casi media jornada de Lustrafjord ..De todas formas, no se puede negar que los rincones con aguas tranquilas y de un tono algo verdoso de este fiordo tienen su belleza.

Xènia se marea y hay que hacer una parada de emergencia. Lo tenia todo en contra: la carretera con curvas, acabábamos de comer, viajaba de espaldas al sentido de la marcha …(los cinturones de seguridad no retienen bien las sillitas frente a desplazamientos laterales, ya que se van extendiendo progresivamente y sin fin, por lo que ambas sillas deben ir al lado de la ventana, y no al lado del pasillo, con lo que en días alternos una niña va en el sentido de la marcha, y la otra va frente a ella, en sentido contrario).

En fin, ahora tenemos ropa por lavar.

Por fin dejamos el Lustrafjord y subimos río arriba, para acercarnos al glaciar. La visión del río Josteldola es de lo más curioso, tiene unos 60-80 cm. de espesa niebla por encima, en todo su recorrido.

Proseguimos camino, y llegamos al centro de información del glaciar sobre las 18:00 horas. Allí nos informan que el último tramo de la carretera hacia el glaciar es de peaje, y que hay unas dos horas de camino a pie, del parking a la lengua del glaciar. Se puede hacer un tramo en barco, pero el mismo acaba de dejar de funcionar exactamente a las 18 horas.

La visión del glaciar que tenemos a lo lejos desde el centro de información es tan atractiva, tan azul, tan magnética, que decidimos acercarnos, y pagar el peaje. Llegamos al parking del glaciar a las 18:30, y constatamos que no tendremos tiempo de ir y volver a pie (y disfrutarlo), por lo que nos resignamos a buscar un camping (con lavadora, la necesitamos), y regresar mañana al glaciar.

Volviendo aguas abajo, sobre nuestros pasos, en el primer camping no tienen lavadora, y además el camping no me acaba de gustar. En el segundo camping tampoco tienen lavadora, y nos indican que la lavadora más cercana está a bastantes kilómetros, por lo que nos quedamos allí, ya lavaré un poco a mano, y ya buscaremos una lavadora para mañana…

Nos colocamos junto al río, desplegamos suelo y toldo, ponemos mesa y sillas, sacamos la velita, bajamos las bicis, sacamos el camping-gaz.

Hoy tocan habas a la catalana, y ternera a la parrilla.




Peaje glaciar: 25 Kr.
Camping: 110 Kr.
Diesel: 302,19 Kr. 140 Kr.


 
Ferry Urnes
Ferry Urnes
Urnes
Urnes
Urnes, detalle
Urnes, detalle
Josteldola con niebla
Josteldola con niebla
Viernes 12 agosto: Nigardsbreen – Lom por la carretera 55 (149 km)
   

Nigardsbreen

Salimos del camping a las 10:30, tras haber llenado agua, vaciado Thetford.

Estamos a unos 7 km. de Nigardsbreen.

Volvemos a pagar el peaje por el que ya pasamos ayer por la tarde, y la emoción nos embarga, ante la visita a aquella masa de hielo azulada que se va viendo a lo lejos.

Nos luce un sol precioso, un cielo absolutamente azul, un día muy claro, perfecto para la visita.

Decidimos tomar la barca que nos ahorra una parte del camino, ya que para Aina estos caminos pedregosos resultan de gran dificultad, y acabo llevándola en brazos, por lo que la opción de la barca nos resulta más cómoda a ambas.

En la cola para embarcar se nota un frío y gélido viento que nos atormenta las orejas y que hace que echemos de menos no habernos traído unos gorritos.

En la cola también se nota la presencia de una familia italiana, que intenta saltarse el orden, y le echa bastante cuento y cara dura, a fin de avanzar unas posiciones (¡tanto en el viaje de ida, como en el de vuelta¡)

Vemos varios grupos que llevan crampones y cuerdas; en algunos casos se trata de grupos familiares que se inician en paseos guiados por el glaciar, y en otros casos se trata de personas con más experiencia, que abordan excursiones de distintas duraciones.

Por la edad de Aina nos resulta imposible ni imaginarlo, pero es algo que algún día (espero no muy lejano) queremos probar.

La barca nos deja en un punto en el que todavía hay que caminar el último tramo, hasta que llegamos a unas rocas que se hallan frente al espectacular desagüe del glaciar. De lejos no se aprecian sus dimensiones reales, bastante considerables.

Realmente ha valido la pena la modificación en el itinerario para incluir esta visita. La visión y el estruendo del desagüe del glaciar son espectaculares, en ocasiones acompañados por la rotura de trozos de pared del mismo, lo que proporciona unos momentos de intensa emoción.

Ya de vuelta al parking donde hemos dejado la auto, comemos en nuestro privilegiado salón ubicado frente al lago del glaciar, con vistas a esa belleza azul de hielo. Nos toca algo rápido como pan con paté y tortilla (precocinada) de patatas.

Pasamos por el centro de información de los glaciares, donde se muestra mucha información sobre la formación de los glaciares, su avance, retroceso, etc.

Una vez en Gaupne, intentamos repostar en la estación de servicio Statoil, pero no acepta tarjetas que no sean noruegas, y el área de vaciado para autocaravanas está clausurada. No se puede hallar la perfección absoluta.

Y ahora vamos a por otra de las guindas del viaje, la carretera 55, de la que habíamos leído tanto en relatos de viaje, como en guías.

CARRETERA 55

Pasa por el altiplano del Jotunheimen (parque nacional). En seguida tomamos altura. Debido a la latitud de Noruega, a partir de unos 1.000 m. de altura sobre el nivel del mar, en agosto ya veíamos nieve. La carretera llega a subir hasta los 1.400 metros, transitando por parajes con picos nevados y glaciares.

No encontramos nieve al lado de la carretera, ni bloques de hielo en los lagos, como sí se describe en algunos relatos de viajes realizados en junio. No obstante, el paraje francamente nos invita a quedarnos y pasar noche, PERO… necesitamos una lavadora, y decidimos continuar hasta Lom.

Me arrepiento de no haber pernoctado allí, es un recorrido precioso, un lugar idílico para la pernocta.

De nuevo nos abruman el conjunto de las vistas y el silencio y el sosiego del paraje.

Lom

Descendemos y finalmente llegamos a Lom.

Nos dirigimos a un camping repleto de bungalows para esquiadores, incluso en uno de los bungalows enceran y reparan esquís. En el camping hay juegos infantiles: unos toboganes y un juego de grúa con cubos de arena, donde las niñas se lo pasan en grande. También tenemos lavadora y secadora (¡qué alivio¡).

Se nos acaba la primera bombona de propano, por lo que ante el temor que la segunda bombona pudiera agotarse antes de haber regresado a casa, en el camping pedimos electricidad por primera vez en este viaje, de modo que nos ahorramos consumir gas para el frigorífico (que hemos llevado a gas las 24 horas, desde dos días antes de salir de casa).

Cenamos macarrones.

Hoy ha sido un gran día.




Peaje glaciar Nigardsbreen 25 Kr
Barca 70 Kr
Biodiesel 306.62 Kr (30.42 litros)
Supermercado 104.50 Kr
Camping 240 Kr
Lavadoras y secadora 50 Kr


 
Nigardsbreen, barca
Nigardsbreen, barca
Nigardsbreen, desagüe
Nigardsbreen, desagüe
Carretera 55
Carretera 55
Carretera 55 II
Carretera 55 II
Sábado 13 agosto: Visita Lom (iglesia, ecomuseo), Lom-Videseter-Geiranger (128 km), visita vistas sobre Geiranger
   

LOM

Aina se cae en los juegos infantiles, y se rasguña el codo.

Me llevo a Xènia a dar un paseo (del susto y la impresión se está mareando), mientras papá cura la herida de Aina. Lo que papá no pueda reparar …Menos mal que la negativa experiencia acaba felizmente.

Vaciamos Thetford, grises, llenamos de agua, y nos deshacemos de unos trozos de melón que no han sobrevivido al viaje (el año que viene hay que llevar menos melones).

Salimos del camping de Lom.

Nos acercamos a la iglesia de madera de Lom, pero no podemos entrar, ya que se está celebrando una boda.

A David le llamaron la atención una serie de detalles sobre la boda, que transcribo: Los novios eran noruego él, y australiana, ella, con pinta de ser una futura perfecta regente de una propiedad noruega, gracias a su corpulencia, sentido del humor y pronunciado carácter. Otro aspecto a destacar de la boda, son las exageradamente bellas damas noruegas, unas ataviadas con trajes típicos, y otras más europeizadas.

Mientras tanto nos dirigimos al museo municipal al aire libre, donde se han agrupado distintas edificaciones propias de granjas de la zona, del siglo XIX, así como una granja de verano.

Nos cuentan cómo con la leche hacían mantequilla y queso, y el líquido restante se ponía a hervir durante horas, con lo que se caramelizaba la lactosa que contenía, siendo el resultado el queso marrón típico noruego o Geitost. La verdad es que habíamos comprado Geitost en un supermercado, y primero lo encontramos muy peculiar, pero acabó por convertirse en un postre irresistible. Incluso hemos localizado un importador alicantino que nos lo ha podido suministrar, una vez de vuelta a casa.

También vemos unas palas que se utilizaban para regar mano, pues aunque nuestros ojos de secano no lo pueden apreciar, tras esos parajes verdes se esconde la región más seca de Noruega, según nos aseguran.

Vamos al supermercado. Cruzamos por un puente sobre un caudaloso río.

En la autocaravana nos preparamos unos bocadillos, esperando que salga otra boda de la iglesia (la segunda de hoy).

Finalmente podemos entrar en la iglesia. Es una de las Stavkirke más grandes y más antiguas. Otra preciosidad, junto a las ya visitadas de Borgund y Urnes.


CARRETERA DE ESTACION DE ESQUÍ

Seguimos las indicaciones del “Viaje iniciático a Noruega”, de Rubén , del que está extraído este párrafo:

Después de visitar la iglesia y su interior, y el Bygdemuseum (son 14 edificios antiguos), se sale por la carretera 15 dirección oeste hacia Grotli, de allí a la izquierda, sale la carretera 258, es una pista sin asfaltar, estrecha pero fabulosa, hielo y nieve para dar y vender, paredes de hielo de más de 2 metros a lo largo del camino, se pasa junto a una estación de esquí de verano, abierta incluso en agosto y se vuelve a salir a la carretera 15 a la altura del hotel Videseter, parada para ver la panorámica del valle, precioso.

Tomamos nuevamente la 15 dirección norte y tras pasar por unos túneles encontramos a la izquierda el desvío para Geiranger, (carretera 58), la carretera bordea un pequeño lago con cubitos al final del cual, y justo antes de empezar la bajada a Geiranger, sale a la derecha la pista que sube al mirador del Dalsnibba, desde donde hay una vista extraordinaria de los glaciares y del fiordo


La verdad es que este tramo del trayecto es otra de las pequeñas joyas del viaje, y en este caso puedo afirmar que de no haber sido por este relato, nunca habríamos elegido esta preciosidad de carretera para ir de Lom a Geiranger.

Se trata de la carretera (de tierra) que lleva a la estación de esquí de verano de Stryn: Es una maravilla de paisaje, con tramos nevados, amplios horizontes, riachuelo. En una montaña nevada vemos, a lo lejos, renos ¡!! (No nos imaginábamos poder ver renos tan al sur de Noruega).

Un vehículo noruego que se cruza con nosotros nos hace señales para que contemplemos los renos (que ya habíamos intentado capturar fotográficamente, no sin preguntarnos si realmente eran renos, lo que el zoom nos confirmó – en una ocasión, en Cabrales, ¡tomamos a unas cabras por osos!)

DALSNIBBA

La pista que sube al Dalsnibba (de peaje) es otro tramo emocionante, por la inclinación y la altura que toma en pocos metros. En algún tramo parece que nos estemos dirigiendo al cielo.

Una vez arriba nos encontramos inmersos en un mar de nubes, que le dan un aspecto bíblico.

Se han acabado los carretes de diapositivas, y echamos mano de la cámara digital, ya que por error David tomó por la última película virgen una película expuesta. Al llegar a lo alto del mirador vemos una tienda de recuerdos, ¡aleluya, tienen película!. Pero está cerrado y en el interior no se ve un alma.

En el mirador hay dos ACs alemanas, que han sacado todo tipo de bebidas de alta graduación para celebrar su ascensión, mientras la parabólica busca conexión con Alemania.

Debido a las nubes no podemos contemplar Geiranger, más que fugazmente cuando llegamos, luego ya es del todo imposible. No obstante, la ascensión por sí sola ya ha valido la pena.

A las 21:45 llegamos al camping de la familia Dalen, ya muy cerca de Geiranger. Cerraban a las 21:00, pero nos dejan entrar. Son una familia granjera, que han reconvertido uno de los campos en camping. Un oasis dentro de otro oasis. Una pradera de un verde incomparable, cercada por 3 cataratas, donde se respiraba una paz impresionante, cuartos de baño calefactados y perfumados, donde sonaba música clásica (mi marido los visitó), y con Wifi gratuita en todo el recinto. Cómo no, tenían la enorme cama elástica de rigor (luego las niñas pidieron una cama elástica a los Reyes Magos…).

Los campings en Noruega son praderas enmarcadas por los bellos paisajes noruegos, por lo que la manera más fácil de pernoctar en una verde pradera es irse a un camping.

Cenamos sopa de nidos (cintas), albóndigas, y pan con huevas de salmón (una de estas huevas dejó huella en la tapicería, y nos sigue acompañando en nuestros viajes).




Museo de Lom: 70 Kr
Iglesia de Lom: 70 Kr
Supermercado: 225,27 Kr
Peaje Dalsnibba: 60 Kr
Camping familia Dalen: 155 Kr. Kr


 
Lom, iglesia y boda
Lom, iglesia y boda
Carretera est.esqui verano
Carretera est.esqui verano
Carretera est.esqui-RENOS
Carretera est.esqui-RENOS
Dalsnibba, mirador
Dalsnibba, mirador
Domingo 14 agosto: Ferry Geiranger-Hellesyl-Geiranger, carretera de las águilas , Valldal, Hellesyl, valle de Olden (164 km)
   

GEIRANGER
Salimos del camping a las 12, con toda la rutina de vaciados y llenados habitual.

Las niñas saltan en la cama elástica, dan hierbecillas a los corderitos para que se las coman, y se despiden de los caballos.
Nos encantan estos campings sobre praderas con vistas.

Dado que vamos a tener que recortar el itinerario previsto inicialmente, y no vamos a ir a la carretera de los Trolls, ni a Alesund, creo que no nos podemos perder la carretera de las águilas, ni tampoco un paso en ferry por Geiranger. Otras dos perlas de este viaje.

Y por fin llegamos al mirador sobre el fiordo de Geiranger.

Aparcamos la autocaravana al lado del ferry de Geiranger, y subimos como peatones, en viaje de ida y vuelta (Geiranger – Hellesyl – Geiranger), de modo que luego podamos circular con la autocaravana por la carretera de las águilas, que está junto a Geiranger.

Mientras esperamos para embarcar, David se va en busca de carretes de diapositivas, (y la cámara digital, que ya tiene unos años, no es la octava maravilla). ¡Qué mal rato de impaciencia paso con las niñas, hasta que llega de nuevo al ferry!

En nuestros viajes anteriores, en particular los de Islandia y Chile, David disparó en diapositiva. Dispone de una cámara “química” Nikon, con multitud de objetivos, que está en desuso prácticamente desde que nació Xènia. Demasiado peso y volumen para acarrear, nos habíamos pasado a la APS primero, y a la digital después.
Pero este verano vamos en autocaravana, la mochila de los objetivos, etc., viaja en la auto y no hay que arrastrarla demasiado, así es que decidimos disparar de nuevo en diapositiva, a ver si el resultado es tan espectacular como en anteriores ocasiones.
Y cuando estoy escribiendo el relato, ya he visto las diapositivas y sí, son tan espectaculares ….

El viaje de ida en el ferry lo hacemos en cubierta, empapándonos del espectacular paisaje.
El ambiente es algo frío.

Pero sin duda, para muchos, este es EL fiordo, y no nos podemos perder detalle, de las 7 hermanas y otras cascadas, las aguas turquesas, las imponentes montañas, así como granjas de acceso casi imposible.
Dicen que los niños de esas granjas jugaban en las laderas de las montañas, atados por una cuerda, por si se caían en esas inclinaciones del terreno …

El viaje de vuelta ya lo hacemos en el comedor del ferry, donde nos comemos unos bocadillos, y las niñas se toman unos polos (helados) de postre.


Ørnevegen
Subimos por la carretera de las águilas ó Ornevegen. Es absolutamente espectacular.
En una de las curvas-mirador aparcamos todos, amontonados. Desde ese mirador se ve todo el fiordo de Geiranger, hacia la derecha están las 7 hermanas, y hacia la izquierda el pueblo de Geiranger.
Es una de las fotos cuya imagen más he retenido meses después del viaje.
Continuamos hacia el norte. Nuestro recorrido inicial iba hacia Andalsnes y Alesund, que ya descartamos a cambio de visitar el glaciar de Nigardsbreen.
Yo quisiera por lo menos llegar hasta la carretera de los Trolls antes de emprender el camino hacia el sur, que ya significa el camino de vuelta a casa …Dada la hora, ya vemos que no es posible, por lo que dejaremos la carretera de los Trolls en el tintero, para otro viaje (nuestro tintero está repleto de puntos pendientes de visita …). Es decir, que tomamos el ferry de Eidsdalen a Lingas, y de Li a Stranda, para volver a Hellesylt.
Visto a posteriori, habría sido mejor subir para volver a bajar la carretera de las águilas en autocaravana (simplemente, ir al mirador), y tomar el ferry de Geiranger a Hellesylt en autocaravana, sólo en trayecto de ida.


Valle de Olden
Iniciamos el camino hacia Briksdalsbreen.
Por la carretera hay algunos tramos bastante estrechos. En uno de ellos, un trailer que viene de frente se pasa de largo su apartadero, y me veo obligada (junto con todos los coches que tengo detrás) a ir marcha atrás hasta mi apartadero, que lógicamente se encuentra bastante lejos del lugar. No estoy dispuesta a cruzarnos sin más (creo que no cabemos), que parece que es lo que él pretendía con su maniobra.
El valle de Olden es tan especial como habíamos leído, de una gran belleza.
Nos quedaremos a pasar noche en un camping del valle, desde el que se ven dos glaciares. Estamos a pie del lago Oldevatnet, y en el camping hay caravanas y tiendas, muy esparcidas entre sí.
Hay barbacoas, y casi todo el mundo las tiene encendidas, pero llegamos casi a las 9 de la noche, y hace frío. Preferimos cenar dentro de la auto. Hoy tocan lentejas, ensalada, y ternera a la plancha. David es el cocinero del camping-gaz, y prepara la carne fuera de la auto.
Las niñas saltan en la cama elástica, cómo no



Ferry Geiranger (ida y vuelta, peatones): 290 Kr
Almuerzo bocadillos y helados en el ferry de Geiranger: 281 + 20 Kr
Ferry Eidsdal –Linge: 79 Kr.
Ferry Liabygda – Stranda: 79 Kr.
Diesel: 357.09 Kr
Pan: 20 Kr
Camping: 145 Kr
6 carretes diapositivas: 384 Kr.


 
Geiranger, mirador
Geiranger, mirador
Geiranger, mirador Ornevegen
Geiranger, mirador Ornevegen
Geiranger desde Hellesylt
Geiranger desde Hellesylt
Valle de Olden, camping
Valle de Olden, camping
Lunes 15 agosto: Briksdal (visita glaciar) – Vassenden (101 km)-
   

Salimos del camping sobre las 12, y a las 12:45 estamos en el parking donde dejaremos la autocaravana para subir a Briksdalsbreen. En este parking se permite la pernocta.

Iniciamos la subida a las 13:00 horas.

Teníamos intención de hacerlo en un carro tirado por poneys de color crema, estampa típica del lugar (con lo que previsiblemente yo me ahorro de llevar a Aina en brazos, aparte de la ilusión que les hace a las niñas ir en un carro tirado por poneys).

Pero este año (2005) es el primer año en el que han sustituido los carros de poneys por coches eléctricos. El coste es de 170 Kr. por adulto, pero no nos decidimos, ya que habría que esperar casi una hora (hasta las 13:50), y preferimos hacer el camino a pie, ya que aproximadamente es un paseo de una hora de duración (no parece excesivo, a priori, comparado con Preikestolen, nuestra odisea).

Tomamos algo de atajo, en pendiente, con piedras, y allí sí debo llevar a Aina en brazos, por lo que decido que a la vuelta bajaremos por la carretera por donde circulan los coches eléctricos, que aunque es más larga, no reviste ninguna dificultad para los piececillos de la peque.

Por el camino vamos más o menos a la par de un río, que contrasta con el glaciar que ya se empieza a divisar aguas arriba. Es la imagen del hielo y su deshielo, ya convertido en aguas rápidas.

Llegamos al glaciar a las 14:20. Es una preciosa estampa, con el lago, el glaciar de color azul intenso.

Nos faltan unos años para poderle calzar a la peque unos crampones y poder caminar por el hielo, como hacen otros grupos, con guía, en cordada.

Disparamos fotos, muchas.

A ratos llueve y a ratos no.

Asistimos en directo a la rotura de un trozo de hielo desde la parte más alta, que después de un aparatoso estruendo se convierte en polvo de hielo y desaparece en la larga lengua del glaciar.

A las 17:20 estamos de nuevo en la auto, y almorzamos (por llamarlo de algún modo) ensalada, tortilla precocinada de patatas, y pan con tomate.

A las 18:15 retomamos el camino de regreso hacia Bergen.

Según vamos cruzando el valle de Olden ya de regreso a casa, nos ponemos un poco nostálgicos, las vacaciones empiezan a terminarse. Llueve, con lo que todavía es algo más triste, y mi marido entona su cancioncilla de Los Sirex “El final del verano” (un clásico suyo para cada final de vacaciones), con la que le pone el contrapunto irónico al momento de bajón.

Conduzco unos kilómetros delante de un camionero loco, que lleva un trailer de Nor-Cargo con remolque (22.000 + 19.000 Kg.), y me va haciendo ráfagas. Vamos en procesión no tan lenta, tras otros turismos. Finalmente nos adelanta (me quedo helada con la maniobra; NOTA: la foto, lógicamente, la hace David, que yo ya tengo bastante con el susto…).
Fue el primer y último incívico durante el recorrido por tierras nórdicas.

Llegamos a Vasssenden, donde dormimos en un camping al lado de un río, en lo que será nuestro último camping noruego de estas vacaciones.

Llueve sin parar, y las niñas sacan el Lego. Todos participamos en el juego.



Parking Briksdalsbreen: 50 Kr
Camping Vassenden: 180 Kr


 
Briksdal, glaciar y rio
Briksdal, glaciar y rio
Briksdal, glaciar
Briksdal, glaciar
Briksdal, paseo crampones
Briksdal, paseo crampones
Camionero loco al volante
Camionero loco al volante
Martes 16 agosto: Vassenden – Bergen (191 km)
   

Salimos del camping a las 11:40, después de tirar basuras y llenar aguas limpias.
Vamos en dirección Forde-Bergen, y esperamos encontrar una gasolinera donde vaciar grises y Thetford.

Una pequeña despedida del país, paramos cerca de Moskof para acercarnos a pie a una cascada. Dejamos la auto en el parking del pueblo, cerca de una escuela. Pasamos cerca de un par de granjas, donde pudimos ver a una joven conduciendo un potente tractor, realizando las tareas habituales de la granja, y nos cruzamos con unas ovejas, hasta llegar a los pies de la cascada.

Horror ¡No llevamos nada de regalo para nadie, en ninguna tienda de souvenirs nos ha acabado de convencer nada de lo que hemos visto, salvo unos imanes para nuestra nevera de casa!
Paramos en Sande, y compramos Geitost para nosotros y para los abuelos.

Almorzamos en un parking con vistas al fiordo, salmón del centro de salmones de Laerdal, pan con olivada (paté de aceitunas), y ensaladilla.

Nos ha llovido todo el día, y va cesando a medida que nos vamos acercando a Bergen.

A las 18:35 aparcamos en el parking frente a los muelles de embarque de ColorLine, donde estuvimos hace unos días. Pagamos el ticket de 24 horas (60 Kr.), y nos disponemos a pernoctar allí, ya estaremos a pie de ferry para mañana. El entorno no tiene nada de encantador, pero una vez corramos cortinas y oscurecedores, el decorado nocturno será el mismo de siempre, tanto si fuera tenemos un fantástico fiordo, como si lo que tenemos es la pista de cemento en la que nos encontramos. Tenemos aguas limpias, y habíamos vaciado grises, por lo que todo está listo para nuestra última noche noruega de estas vacaciones.

Vamos a dar una vuelta por Bergen. Son las 7 de la tarde, y ya no queda nadie en las paradas del mercado de pescado.

Vamos a ver tiendas de souvenirs en Bryggen, y nos compramos gorros y bufandas de lana, para cuando llegue la temporada de esquí.

Cenamos arroz hervido (uno de los platos preferidos de las niñas) y redondo de pollo.



Supermercado: 118,26 Kr
3 bloques de queso Geitost: 203,70 Kr
Ferry Lavik-Oppedal: 132 Kr
Diesel: 320,99 Kr
Peaje puente: 45 Kr
Pan: 22 Kr
Parking Bergen: 60 Kr
Gorros y bufandas: 2.055 Kr.


 
Cascada Moskof.
Cascada Moskof.
Bergen, despedida
Bergen, despedida
Bergen, despedida II
Bergen, despedida II
Miércoles 17 agosto: Ferry Bergen - Hirtshals (salida miércoles 13:00, llegada jueves 07:00)
   

FERRY

Booking no: AN707R
Group VERDAGUER,EVA
Bergen - Hirtshals MS Prinsesse Ragnhild
Departure: Bergen 2005-08-17 13:00 Arrival: Hirtshals 2005-08-18 07:00
2 Adults
1 Child
1 Infant

1 *** Outside 4-berth cabin with sh/wc
1 Mobile Home (Height over 2.60m)

Currency EUR
Ticket amount 432.50
Paid - 432.00
To pay 0.50

Nos despertamos a las 8, nos duchamos (mañana nos levantaremos tan pronto en el ferry, que allí no lo haremos), y vamos a hacer cola para embarcar en el ferry (el MS Prinsesse Ragnhild, de ColorLine).

Mientras hacemos cola desayunamos y preparamos la mochila grande con la ropa para mañana, los pijamas, cepillos de dientes, etc. Preparamos unos bocadillos para el almuerzo.

Somos la primera auto en subir al ferry, y quedamos justo en la proa.

Este barco está muy bien señalizado por dentro, y encontramos nuestro camarote con facilidad. Dejamos la mochila en el camarote, y subimos a la cubierta superior para despedirnos de Bergen, y puntualmente, a las 13:00 horas, salimos de Bergen. Después de unos minutos en la cubierta vamos a dar una vuelta por el barco, reservamos mesa para cenar en el restaurante “Crystal Room”, y vemos la sala de juegos para los niños (con tobogán, juguetes, Lego, televisión con dibujos animados, etc.), los pubs, la discoteca, etc.

Dormimos la siesta en el camarote (en pijama y dentro de la cama, lo que resulta absolutamente reparador), vamos a recuperar los impuestos de los gorros y bufandas, unas 200 NOK, cambiamos todas las coronas noruegas por Euros (1 € = 8,2 NOK), compramos una T-shirt para David en la duty-free shop, llevamos a las niñas a la sala de juegos infantiles, y vamos a cenar a la carta.

La cena es exquisita, memorable, tanto la atmósfera como la cocina. Llegamos los primeros al restaurante, para el que teníamos reserva, y nos dan una de las mejores mesas, con vistas a un gran ventanal por el que vemos el romper de las olas contra el barco. Acompañamos la cena con cava catalán, muy asequible. El servicio es impecable, y las atenciones con las niñas, magníficas.

Vamos de nuevo un rato a la sala de juegos infantiles, y a la cama ¡!!
Para las niñas este ha sido otro gran momento del viaje, les ha encantado, y preguntan cuándo volveremos a ir en un barco “de los que se duerme”.



Camiseta: 3,85 EUR
Cena: 1.024 NOK


 
Ferry, camarote
Ferry, camarote
Ferry, cubierta
Ferry, cubierta
Ferry, cena en Crystal Room
Ferry, cena en Crystal Room
Jueves 18 agosto: Hirtshals-Bremen (628 km)
   

Nos despertamos debido a la megafonía del ferry a las 5:50, y a las 7 de la mañana, puntualmente, desembarcamos en Hirtshals.
Somos de los primeros en hacerlo, tras 2 trailers.

Aparcamos en un tranquilo pueblecito danés, saliéndonos de la autopista, en Bronderslev, ya que íbamos en ayunas. Son casi las nueve y hemos aparcado casi frente a una escuela, hay mucho movimiento de escolares. Muchos llegan a la escuela en bicicleta.

Necesitamos vaciar grises, tras la noche de pernocta y ducha en Bergen, frente al muelle de embarque. Paramos en un área de descanso de la autopista (todavía estamos en la zona norte de Dinamarca), con la intención de ver si podremos vaciar. Nos encontramos con la grata sorpresa de que, aunque no está señalizado como área de AC’s en la salida, tiene zona de vaciado y llenado para las ACs, donde nos encontramos con varias autos. Podemos vaciar grises, el químico, llenar agua limpia, tirar basura. ¡!!Perfecto !!!. Es un área entre las salidas 7 y 8 de la autopista E39 en dirección sur. No sabemos si éste es el estándar de las áreas en esta zona.

Rodamos tranquilamente por toda Dinamarca, y una vez cruzada la frontera alemana, paramos en el primer pueblo pequeño que encontramos, Tarp. Vamos de compras al súper, y nos sorprende la variedad de todo.

Lavamos la autocaravana en un túnel con lanza a presión, teníamos muchos mosquitos pegados al parabrisas.
Almorzamos en un área de la autopista, ensalada italiana Isabel (muy rica), corned beef, infusión alemana de hierbas (el país donde hemos visto más variedad), y cerveza Gold de Flensburg (la zona donde estamos, excelente !!!)

Paramos para pernoctar en un camping (Steller See) cerca de Bremen, junto a un lago-playa. Todavía luce el sol, por lo que nos bañamos. David y yo salimos en seguida (el agua nos parece demasiado fría). Las niñas están un rato, entre jugando con la arena, y bañándose.

Ponemos silla y mesas fuera, bajo el toldo, y cenamos garbanzos, ensalada, y pollo a la plancha.



 
Viernes 19 agosto: Bremen-Luxemburgo (542 km)
   

Las niñas van a los columpios del camping mientras recogemos la parada.
Hemos tendido las toallas de ducha en la barra del toldo, y se han secado francamente bien.

Salimos del camping a las 12:22, limpios y aseados, con aguas limpias, y vaciado el químico.

Almorzamos en un pueblo cerca de Münster, ensalada Isabel, tortilla de patatas, sardinas enlatadas noruegas, y un trozo de “bull”.

Por el camino nos llueve con fuerza. Es la borrasca que un día después iba a causar daños considerables a Alemania, Austria y Suiza. A media tarde oscureció casi como si fuera de noche, provocaba cierta intranquilidad.

Del camino de ida recordamos que los campings en Alemania cierran pronto, por lo que preferimos apurar un poco más y llegar a Luxemburgo, donde creemos que podemos encontrar el camping abierto. Efectivamente, acertamos, a las 21:07 llegamos al Camping Du Parc, enorme. Acompaño a las niñas a los columpios, pero está bastante oscuro y la zona es bastante solitaria, por lo que no nos entretenemos mucho y en seguida volvemos a la auto a cenar. Cenamos fuera, sopa de pasta y pechuga de pollo precocinada.

Nos enviamos SMSs con unos amigos gallegos, que resulta que están a 3 horas de nosotros, en Rust, pero a nosotros todavía nos quedan por delante 2 jornadas de 600 km, y no nos compensa el desvío para verles sólo un ratito. !Lástima, saber que estamos tan cerca!



 
Camping Bremen
Camping Bremen
Sábado 20 agosto: Luxemburgo -Vienne (547 km)
   

Hoy ponemos en práctica algo que queremos repetir el año que viene, a fin de ganar entre una y dos horas diarias de conducción: David y yo nos levantamos a las 7, recogemos los platos, el cable eléctrico, vaciamos el Thetford, hacemos la foto de rigor, y a las 8 estamos circulando, mientras las niñas duermen (normalmente arrancamos a las 12, demasiado tarde para hacer kilómetros).

Ponemos diésel en Luxemburgo, a 0,925 EU/litro, y compramos un cuvée brut (cava), a ver qué tal resulta (resultó muy bueno).
El sekt alemán no nos gustó, era muy dulce (aún siendo “trocken” – seco), y mareaba.

Paramos en la primera área de servicio de la autopista francesa, a las 9:45, para desayunar. Las niñas ya llevaban un rato despiertas, disfrutando del viaje en la capuchina (les encanta). Las hemos vestido.

En esta área la policía francesa estaba muy activa, identificando a todos los vehículos italianos. Una pareja ‘italiana’, él peruano, y ella brasileña, lo han pasado bastante mal, ya que les han registrado el coche y el equipaje. En beneficio de la policía hay que decir que tenían un aspecto dudoso. Al final todo se ha quedado en un susto.

Después han llegado más policías, en moto. Una era una mujer policía, apasionada por registrar cabinas de camiones.

A las 11:30 hemos dado por finalizado el espectáculo, y hemos arrancado, jugando los cuatro al juego de adivinar el número secreto. Empieza Xènia …

Paramos en un supermercado, para comprar champagne (otro souvenir para nosotros y los abuelos). Después de un problema con las tarjetas internacionales de crédito (llevamos varias, de distinto tipo), almorzamos en un área de la autopista con columpios: raviolis, sardinas, e infusiones alemanas (buenísimas).

Paramos en un camping cerca de Vienne (Lyon). La base de datos del TomTom Go 700 es muy pobre en campings en esta zona, menos mal que llevamos una guía en papel.
En la zona, aunque al lado del Ródano, están en plena sequía, y tienen prohibido regar jardines y lavar coches.
El camping está polvoriento.

Sacamos sillas y mesa, y cenamos arroz blanco, ternera a la plancha, y ensalada.
Todavía nos queda ternera congelada para otra comida, que ya será en casa.



 
Luxemburgo, camping
Luxemburgo, camping
Domingo 21 agosto: Vienne – Centelles (599 km)
   

Salimos del camping, limpitos, a las 12:24

Esta mañana llovía con bastante intensidad, por lo que hemos retirado el toldo y el suelo despacio, en una operación algo costosa (debajo del suelo no había césped, debido a la sequía, sino polvo, o sea que no ha sido una retirada fácil).
Seguramente llueve porque hoy es el último día de este viaje, y así el ambiente es todo lo deprimente que la ocasión se merece.

Paramos en un área de la autopista, y almorzamos pote gallego, patés, y atún de lata. Queríamos aprovechar para secar el toldo, ya que ahora no llueve, pero el viento es demasiado fuerte, y tenemos que volver a plegarlo.
Mientras acabo de secar los platos, David, Xènia y Aina colaboran en la limpieza de la auto, mediante toallitas húmedas de distintos tipos (baño, cristales, cocina,..). Las vacaciones llegan a su fin …

Menos mal que todavía nos queda mirar el pase de diapositivas, ver las fotos y el vídeo, además de empezar a preparar la próxima salida y las vacaciones del verano siguiente.

Hemos parado en Rivesaltes, para comprar vino dulce para la castañada, y hemos comprado 6 botellas (una parte serán regalo-souvenir itinerante)
Salimos a las 20 horas hacia casa, donde llegamos sobre las 22 horas.

Fin de trayecto.

Por cierto, qué enormes que son las habitaciones de casa tras tantos días en un espacio reducido ¡!!

Para mañana tenemos un día más de vacaciones, que aprovecharemos para vaciar y limpiar, secar el toldo y el suelo, etc.
El volver a trabajar en martes nunca es tan duro como hacerlo en lunes.



 
Introducción
   

Malos contra buenos en una carrera contrarreloj para encontrar al creador de la mina Polaris, antes de que un gran cataclismo destruyera el mundo por completo. La Resistencia contra el mas férreo nazismo, luchas en el fondo del mar con banqueros repeinados y risas que se escapan recordando esta loca película, todo ello silenciado por el gran secreto, Top Secret!!!!

No creáis que nos hemos vuelto locos, al menos no más locos de lo que ya estábamos antes de salir de Barcelona. Os ha parecido estar protagonizando una de vuestras películas favoritas en alguna ocasión? Esto es lo que nos ha sucedido en muchos momentos de nuestro viaje a Alemania, ya que nos ha parecido estar viviendo algunas de las escenas de ésta peculiar película de humor. Nos vimos envueltos en paisajes en movimiento, en museos post-atómicos, en casas de colores alegres y diálogos con gentes de rudo lenguaje, en ciudades que se dividieron en dos por intereses económicos. Nos subimos a bordo de viejos trenes, que insuflaban a la atmósfera densas columnas de vapor de agua. Disfrutamos de parajes impresionantes y de gentes no menos excepcionales.

Como atrapa Alemania! Esa Alemania que nos ha enseñado sus mil caras: la plateada del Mar Báltico, la azul de sus regiones lacustres, la silenciosa de sus lagos cristalinos, la blanca de sus cumbres borrascosas que se abren milagrosamente ante nuestros ojos, la multicolor de la modernidad de un Berlín repleto de vida. Un país lleno de contrastes que nos ha fascinado desde el primer momento.

Alemania se erigió como destino de nuestras ansiadas vacaciones de verano por méritos propios. Y digo esto básicamente por que no era éste nuestro destino previsto. La idea era visitar la República Checa y aprovechar para ver parte de la región de Sajonia e incluso llegar a Berlín, una ciudad que hacia tiempo teníamos ganas de visitar. Pero ya en la librería, buscando información para preparar nuestro viaje, fuimos poco a poco quedándonos boquiabiertos ante todo lo que el país germánico nos ofrecía, en la misma medida en que nos decepcionábamos al no encontrar información de la República Checa, más halla de la mítica ciudad de Praga. Fue por ello que, visto lo visto, decidimos centrarnos en Alemania para nuestra ruta de verano.

Habíamos leído infinidad de relatos de viajes al país Germano, pero si algo tuvimos claro desde un primer momento, era que nos queríamos alejar de los lugares mas turísticos y masificados.

Conocíamos ya la Selva Negra y algo de Baviera, y habíamos leído mucho sobre el Valle del Rin y la Mosela, pero nos pareció que Alemania era un país que nos podía ofrecer mucho más que todo eso.

Rápidamente comenzamos a señalar todos aquellos lugares que más nos llamaban la atención, desde las altas cumbres Alpinas hasta la fría costa del Báltico, haciendo una mezcla entre espacios naturales, visitas culturales, y como no, algo de historia, pues tristemente Alemania tuvo un importante papel en la historia mundial. Sin embargo, no quisimos centrarnos en las desgracias y desventuras que la guerra causó en dicho país, véase, campos de concentración, etc… sino que intentamos descubrir los lugares mas singulares y curiosos que el nazismo nos dejó como legado, para así poder disfrutar de una mirada diferente de este país.

Evidentemente, tuvimos que dejar muchísimos emplazamientos en el tintero, pues la ruta no podía sobrepasar los 22 días de que disponíamos. Finalmente, trazamos un recorrido que empezaría en la frontera con Suiza,  ascendiendo poco a poco atravesando el país entero hasta su costa norte, en el Báltico, y luego descenderíamos por su lado este, disfrutando de su capital, Berlín, y de alguna otra sorpresa que nos encontraríamos por el camino.

No hubo demasiados preparativos previos para este viaje, pues Alemania pertenece a la Unión Europea, lo cual significa viajar “como si estuviéramos en casa”. Tan solo la precaución de disponer de la tarjeta sanitaria europea o algún seguro de viaje por si tuviéramos cualquier incidencia, las vacunas al día de nuestra intrépida compañera de viaje, Gish, y la tramitación del adhesivo con la clasificación ecológica del vehículo. Este es un adhesivo del que hay que disponer para entrar en algunas de las ciudades o zonas del país en las que está restringido el acceso a los vehículos “poco ecológicos”. Se puede adquirir en cualquiera de las estaciones TÜV que hay en Alemania, pero para evitar contratiempos, nosotros preferimos tramitarlo a través de la central que TÜV dispone en Madrid. Muy diligentes, tras el pago de aproximadamente 20 euros y en apenas tres días nos llegó a casa el adhesivo que ya tenemos pegado en el parabrisas de “Suny”, y el cual teóricamente tiene validez indefinida.

Por último recalcamos, que hay que tener en cuenta la climatología cambiante del país, en el que durante el mes de agosto uno puede tanto asarse de calor, como sufrir un clima casi invernal. Comentar que durante nuestro viaje hemos soportado bastante lluvia, pero emulando la actitud de los lugareños hemos puesto al mal tiempo buena cara, no dejando que la climatología condicionara la realización de las actividades que teníamos planeadas. Eso si, conviene ir preparado para casi cualquier situación.

 

NOTA: Este relato ha sido extraído, con el debido permiso de sus autores, del su blog http://blog.kampistas.com/



 
Día 1 Barcelona – Aigües Mortes
   

Algo más de mil kilómetros nos separaban de nuestro primer destino, las cataratas del Rihn, en Suiza, por lo que decidimos dividir la ruta en un día y medio de viaje. Tras debatirlo, consideramos mejor hacer primero medio día de camino, para así tener mas tiempo para preparar la auto, y dejar la jornada entera de viaje para nuestro segundo día de ruta. Lo cierto es que a priori parecía una opción muy lógica, pero luego sobre la marcha no nos gustó nada.

Salimos de Barcelona después de comer, relativamente cansados pues nos habíamos pasado toda la mañana preparando el equipaje y cargando la auto. La idea era quedarnos en las inmediaciones de Montpelier, antes de tomar la autopista hacia Lyon, pero siempre que iniciamos un viaje tan largo las primeras jornadas se nos hacen interminables. Quizás sean las ganas por llegar al destino, o quizás lo desentrenados que estamos, pero lo cierto es que aquellos primeros cuatrocientos kilómetros parecían no acabarse nunca, sobretodo una vez que se hizo de noche.

Tampoco ayudó mucho el hecho de no tener demasiado planeado el tema de nuestro primer lugar de pernocta. Apenas teníamos señaladas un par de áreas en las que no habíamos estado nunca, lo cual supuso el primer contratiempo del viaje. Llegamos a La-Grande-Motte, una población demasiado alejada de la Autopista para nuestro gusto, y nos encontramos un área pegada a la carretera y masificadisima. Además, junto a ella se encontraba una feria abarrotada de gente y atracciones, pues al parecer era fiesta mayor en la población. No nos pareció aquel un lugar demasiado tranquilo en el que pasar la noche, por lo que decidimos continuar hacia adelante. Nuestra siguiente opción se encontraba en la vecina población de Le Boucanet y si he de deciros la verdad, todavía hoy no se si existe tal área. Dimos mil vueltas, y ni siguiendo las coordenadas, ni las indicaciones conseguimos encontrarla. Tampoco la población, muy veraniega y masificada, nos pareció un lugar tranquilo en aquella noche de sábado, por lo que resignados decidimos continuar hacia delante.

Miramos en el mapa y ya solo nos quedaba la opción de Aigues Mortes. Allí no habíamos dormido nunca, pero al menos conocíamos el lugar y lo recordábamos tranquilo. Estaba algo más alejado de donde nos encontrábamos, por lo que llegamos ya cerca de la media noche, demasiado tarde pues el área estaba completa. Cansados por esta ridícula situación en nuestro primer día de viaje, a tan pocos kilómetros de casa, decidimos aparcar junto a otro par de autocaravanas en el exterior del área y pasar allí la noche.



Día 1: Barcelona – Aigues Mortes
Kilómetros día: 350.

- Pernocta: Área de Aigues-Mortes. (Pag. 901 Guía Adac)
GPS: 43º 33’ 59’’ N – 4º 11’ 09’’ E
Capacidad: 40 plazas.
Precio: 12 €/noche.


 
Día 2 Aigues Mortes – Rheinfalls.
   

Nos levantamos perezosos, debido al primer día de viaje tan ajetreado que habíamos tenido. Por suerte, la opción de pasar la noche fuera no había sido finalmente tan mala, y salvo la eterna pelea que tuvimos contra la gravedad, para no caer de la cama por lo inclinada que estaba la autocaravana, nada nos había molestado durante la noche.

Ansiosos por llegar a nuestro destino, pero con la evidente morriña que siempre nos sucede hasta adaptarnos a ese horario “europeo”, que tanto nos gusta llevar durante nuestros viajes, salimos de la cama y empezamos a preparar la autocaravana para iniciar la marcha lo antes posible. Por delante nos esperaba un largo día de kilómetros hasta llegar a nuestro destino, y no estaba en nuestros planes hacer ninguna otra parada, que las estrictamente necesarias para comer y estirar las piernas.

Abrimos el mapa y vimos que teníamos dos caminos posibles para llegar hasta las cataratas del Rihn. Una era entrar a Suiza por Ginebra, y cruzarla hasta llegar a las cataratas, situadas en la población de Schaffausen, al norte de Winterthur; la otra era bordear el país transalpino por el norte y acceder a las cataratas desde Alemania. Todavía no se muy bien porque elegimos esta segunda opción, supongo que fue para evitar el coste de la famosa viñeta suiza, pero teniendo en cuenta que para nuestro regreso tendríamos que deshacer gran parte de dicho camino, sin duda nos hubiese salido más económico comprarla y hacer ida y vuelta cruzando dicho país.

De cualquier forma, el día iba a consistir únicamente en aburridos kilómetros de autopista, y en un derroche de euros en peajes y gasoil hasta llegar a nuestro destino. El recorrido elegido nos llevó a pasar por las poblaciones de Lyon, Besançon, Mulhouse, y Freiburg. A partir de aquí abandonamos la autopista para adentrarnos poco a poco en los verdes bosques de la Selva Negra, a través de minúsculas carreteras que sirvieron de bálsamo a nuestros cansados ojos, ansiosos por empezar a saborear los primeros tesoros de esta ruta.

Llegamos a la frontera con Suiza cuando ya apenas quedaba un rayo de luz. Íbamos por una sinuosa carretera de montaña cuando nos encontramos de repente con el puesto fronterizo. Extrañamente nos hicieron detenernos y nos pidieron la documentación, me imagino que estarían aburridos. A los pocos minutos nos la devolvieron y supongo que nos dirían algo referente a la viñeta que hay que tener para circular por autopistas, pues no entendimos nada de lo que decían, ya que tan solo hablaban alemán, y ni tan siquiera hicieron el intento de hablar ni que fuera un poquito de inglés. Sorprendidos por este frío recibimiento nos adentramos en Suiza, en dirección a la población de Schaffausen.

Llegábamos a ella cerca de las diez de la noche, y nos sorprendió encontrarnos una población prácticamente desierta a aquellas horas. Cuan diferente a nuestro país, pues en España, cualquier pueblecito por pequeño que sea, tiene mas ambiente en la calle que aquel en pleno verano. Encontramos las cataratas con facilidad, pues se hallan pegadas a la población. Preciosas, iluminadas con un sutil tono azul que nos cautivo nada mas verlas. Rápidos nos dirigimos al parking para autocaravanas, situado apenas a unos minutos del pie de la catarata. Cuando llegamos ya había en él varias “autos”, lógico pues como ya habíamos leído se puede pasar la noche en él a un precio razonable.

Aparcamos y cenamos rápidamente, pues aunque cansados, estábamos ansiosos por empezar a descubrir el lugar, por lo que decidimos ir a dar una pequeña vuelta. Bien pertrechados con linternas, pues el camino estaba totalmente a oscuras, nos dirigimos al pie de la cascada. Apenas dos parejas además de nosotros, se encontraban disfrutando del lugar, cuya tranquilidad tan solo se quebraba por el rumor de la cascada. Fuimos afortunados pues al poco rato de llegar y hacer algunas fotos, la iluminación de la catarata de repente cesó. -”Menos mal, al menos hemos conseguido verla”- pensamos, con cara de cansancio pero con la ilusión reflejada en nuestros rostros, por haber visto aquella pequeña maravilla multicolor. Iniciamos el camino de regreso a la autocaravana dispuestos a descansar.

El día había sido largo y cansado, pero ya estábamos en nuestro destino. Tan solo nos quedaba empezar a disfrutar de la ruta, o al menos eso era lo que nos imaginábamos en aquel momento de la noche, nada más alejado de lo que luego fue la realidad.



Día 2: Aigues Mortes – Rheinfalls.
Kilómetros día: 836 Kms.

- Pernocta: Parquing Rheinfalls.
GPS: 47º 40’ 27’’ N – 8º 36’ 31’’ E.
Precio: 10,50 euros (pernocta + parking)


 
Día 3: Rheinfalls – Konstanz
   

Por fin nuestro viaje comenzaba a tomar forma. Pasado el trámite de los aburridos kilómetros de viaje hasta Alemania, ahora solo nos quedaba empezar a disfrutar. Además, este año habíamos tenido la precaución de escoger muy bien el trazado de la ruta, para que los kilómetros a recorrer en cada etapa no fueran demasiados. Y como primer plato, las Cataratas del Rihn, un destino que hacia años que teníamos en “mente” y finalmente íbamos a conocer.

El Rhin fluye a través de tierras esmeralda, a su paso por pequeños pueblos medievales, algunos de ellos engarzados con preciosos castillos. A excepción de Schaffhausen, en la que de repente el Rhin se apodera de rocas y peñascos en una vertiginosa caída de mas de treinta metros de altura. Ofrece un espectáculo fantástico, a parte de ser la catarata más grande de Europa con un caudal nada despreciable de unos 700 metros cúbicos de agua por segundo, en una caída atronadora sobre las rocas que deja sin aliento.

Desde las alturas y entre las brumas provocadas por el agua pulverizada, encontramos el solitario Castillo de Schloss Laufen, que en la actualidad funciona como hotel, con unos precios altamente asequibles, creo recordar que de 22 euros/persona. Para que luego digan que Suiza es cara.

El día se había levantado algo nublado pero era temprano, y parecía que en poco rato despejaría. Desayunamos y vimos que el día había abierto por completo, y es que apenas estábamos saliendo de la autocaravana cuando unos cálidos rayos de sol comenzaron a asomarse. Los primeros coches empezaban a llegar al amplio parking en el que nos encontrábamos, así que decidimos aprovechar nuestra ventaja para visitar las cataratas tranquilamente.

Nos dirigimos a los pies de la misma, pero en esta ocasión elegimos un pequeño sendero que, cruzando el bosque, nos condujo a la orilla del Rihn desde el que teníamos unas magnificas vistas de la cascada. Sin duda es impresionante, aunque su ubicación, rodeada por la urbe, la hace algo menos salvaje y atractiva de lo que nos habíamos imaginado.

Quisimos darle un poco de emoción al asunto, así que nos dirigimos al lugar desde el que salían las barcazas haciendo varios recorridos. Muchas son las opciones, pero en nuestro caso una era la intención: llegar a lo mas alto del peñasco que se halla situado en el centro de la catarata. Tras pagar los 5,5 euros por persona, embarcamos e iniciamos la excursión hacia el epicentro de la catarata.

A los pocos segundos estábamos inmersos en una niebla de agua que reflejaba un perfecto arco iris que nos dejo absortos en su visión. El conductor, muy hábil, se dirigió de frente contra el pequeño embarcadero, se colocó sobre él, y sin detener el motor para que no se lo llevara la corriente, nos ordenó bajar de la barcaza y subir al grupo que allí se encontraba esperando. Sin duda una singular forma de bajar de un barco. Una vez allí, una estrecha y empinada escalera conducía hasta la cima del peñón. Todo el mundo se abalanzó sobre ella para llegar a la cima. Nosotros, que no teníamos prisa, nos quedamos contemplando el paisaje y para cuando hubo cesado su ansia, subimos hasta la cima.

El lugar era singular, quizás no tan impresionante como pueda perecer, pero en el que sin duda todos queríamos hacernos la foto. Al rato descendimos, tomamos la barcaza de vuelta e iniciamos el recorrido a pie que rodea la catarata para llegar hasta su parte alta. Mas tarde, continuamos hasta el castillo de Laufen, desde el que también se obtiene una magnifica panorámica de la cascada, previo pago, por supuesto. Nosotros, que ya habíamos saciado nuestras ganas por descubrir el lugar y viendo la cantidad de gente que comenzaba a llegar, iniciamos el regreso hasta la autocaravana por los túneles y vías que allí se encontraban.

Llegamos sofocados, pues aunque la mañana había empezado fría, el sol brillaba con fuerza haciendo de aquel un día plenamente veraniego. Como imaginábamos, el parking se encontraba abarrotado a aquellas horas, por lo que iniciamos rumbo a nuestro siguiente destino. Tomamos la carretera que recorre la orilla del Rihn, frontera natural entre Suiza y Alemania, hasta llegar a la población de Stein am Rhein, de la cual habíamos oído hablar muy bien. Nos detuvimos a las afueras, junto a la orilla del río, donde las familias se reunían para disfrutar de un esplendido día de verano. La verdad es que tuvimos muchas tentaciones de sacar el Kayak y pegarnos un chapuzón, ya que hacia un calor de justicia, pero como quien dice acabábamos de salir de casa, y “liarnos” con el kayak significaba perder allí todo el día.

Decidimos comer antes de visitar la población, y mientras yo preparaba la comida, Conrad se percató de que la bomba seguía perdiendo agua. Se puso a revisarla y confirmo nuestros peores temores, estaba rota. Al desmontarla nos dimos cuenta de que los pequeños émbolos que la hacen funcionar se encontraban prácticamente desintegrados. Había estado funcionando todavía no sabemos como, pero tuvimos clarísimo que no podíamos seguir utilizándola así.

Comimos a la vez que pensábamos una posible solución, hasta que finalmente se nos ocurrió la alocada idea de reconstruir los émbolos “artesanalmente”. Pensamos en qué productos teníamos a nuestro alcance que nos permitirían utilizarlos como tal, y lo mas parecido que encontramos fueron los tapones de las botellas de refrescos que llevábamos. Lo sé, era una locura, pero fue lo único que teníamos a mano en ese momento. Para ello necesitábamos algunas cosillas más, como por ejemplo un buen pegamento, por lo que decidimos ir al centro de la población a comprarlas allí y así de paso relajarnos un poco de tantas vicisitudes.

Stein am Rhein está situada al norte del país, en el cantón de Schaffhausen, a orillas del Rhin, exactamente en el lugar, donde el río sale del lago Bodensee, cerca de la frontera entre Suiza y Alemania. La historia de la ciudad se remonta hasta la época medieval y durante la segunda guerra mundial fue bombardeada por los aliados, quedando casi arrasada. Se han conservado sus murallas medievales, incluyendo las puertas. En el casco histórico podemos disfrutar de casas originarias con paredes de madera, decoradas con unos frescos maravillosos, provenientes de los siglos XIV y XV.

Llegamos a ella en pocos minutos, dando un agradable paseo en bici por la orilla del río. El día era esplendido, y todo el mundo se apresuraba a buscar mesa en una de las soleadas terracitas del lugar. La población es pequeñita y está muy cuidada, cada cosa tiene su sitio. Sus coloridas fachadas, y el empedrado del pavimento, todo tiene un perfecto orden en el país transalpino. Dimos un agradable paseo, embelesados por cuanto encontrábamos a nuestro paso. Cientos de flores en curiosos maceteros y bancos multicolores nos enseñaban su mejor cara, a parte de decenas de barquitas flotando en calma en su precioso embarcadero, nos dejaron absortos ante tanta perfección.

En nuestras mentes seguía revoloteando nuestro problema con la bomba del agua, pero afortunadamente encontramos los materiales que nos faltaban en un pequeño supermercado, y preferimos seguir disfrutando de un día tan soleado como aquel y aparcar nuestro problema para más tarde. Después regresamos a la autocaravana y pusimos rumbo hacia el último de los destinos previstos para el día y que no queríamos perder la ocasión de visitar. Se trataba de la famosa Isla jardín de Mainau, también conocida como “Isla de las Flores”.

Esta isla está ubicada al sur de Alemania, concretamente en el lago Constanza, y protegida por la cordillera de los Alpes. Gracias a la humedad y temperatura del lugar es perfecta para convertirse cada primavera en un jardín repleto de flores y aves. Conocida como la isla de las flores debido a sus ostentosos parques y jardines, Mainau está unida por un puente a la ciudad de Constanza, próxima a la frontera con Suiza. Tiene una superficie de unas 45 hectáreas y pertenece a uno de los barrios de la ciudad. Su historia se remonta al 3.000 a. c., fecha de la que datan los primeros restos humanos. En el año 14 a.c., los romanos ocuparon la isla y construyeron un castillo y un puerto destinado a los barcos de guerra. Entre lo siglos IX y XIII, la isla perteneció al monasterio de Reichenau, luego pasó por distintos dominios hasta que en 1.928 fue heredada por la casa Real Sueca.

El creador de este paraíso fue el gran duque Federico I de Baden, que ordenó la construcción de los jardines del castillo y plantó los primeros cítricos y rosas. En 1.932, el conde sueco Gustaf Lennart Nikolaus Paul Bernadotte se instaló en la pequeña isla donde permaneció hasta su muerte en 2004. Actualmente tras ser constituida como fundación, Mainau es administrada por la viuda del conde, Sonja Bernadotte.

Entre sus principales atractivos destacan la escalera italiana compuesta por una cascada de agua y flores impresionante, sus coníferas y secoyas gigantes y los jardines de frutas tropicales más excepcionales que hemos visto. Entre los pocos edificios erigidos en la isla, además de un restaurante, destacan un castillo, una iglesia barroca, así como la increíble Casa de las Mariposas y un invernadero de palmeras en el que crecen 30 especies diferentes. En este invernadero conviven además papagayos, pavos y otras aves exóticas, rodeadas de cítricos propios de climas más cálidos. Ademas de una colección de orquídeas con más de 3.000 plantas. Una sinfonía de olores y colores impresionante, que recomendamos a todos los amantes de la naturaleza.

El camino hasta allí tampoco deja de tener su encanto. A orillas del Rihn un sinfín de pequeños pueblecitos bien adornados invitaban a detenerse a cada momento. Nosotros lo hicimos en uno de ellos, para comprar unas deliciosas fresas que nos supieron a gloria. Increíble pero cierto, a aquellas alturas del año encontrar fresas.

Mas adelante, cruzamos la frontera para adentrarnos en territorio alemán que ya no abandonaríamos hasta el momento de regresar a casa. Ante nosotros el majestuoso lago Constanza, con una superficie de 538 kilómetros cuadrados, llamado “Bodensee” por el Palatinado carolingio Bodman, se encuentra enclavado entre los Alpes y la montaña Jura. El lago se alimenta de las aguas de 236 ríos y arroyos, siendo el proveedor principal, el Rhin. El clima cálido posibilita una abundante vegetación sureña y favorece la viticultura y fruticultura de la región. Las orillas del lago Constanza están densamente pobladas. Por todas partes hay muchos lugares pintorescos e impregnados de historia, en los que se puede ver muchas construcciones medievales. La mayoría están conectadas a través del tráfico lacustre.

Cruzamos la población, en cuyo centro pudimos ver que existía un área específica para autocaravanas, y llegamos a los pocos minutos al parque de las Flores. Junto al acceso, un enorme parking (de pago, 4 euros) en el que dejaban muy claro que estaba totalmente prohibido pernoctar. Una lástima pues era un lugar la mar de tranquilo.

Nos dirigimos al acceso, y vimos que a partir de las cuatro de la tarde, la entrada al parque tenia un 50% de descuento. -”Fantástico”-, pensamos, y rápidamente sacamos un par de tickets (7,95 € /persona) y nos adentramos en él. Nada mas entrar, nos sorprendió el olor que el lugar desprende, llenándonos los pulmones de una manera deliciosa. Seguimos a través de un puente de madera que va paralelo al lago, el cual estaba repleto de gente haciendo kayack o simplemente navegando en sus pequeñas embarcaciones, los rayos se filtraban a través de ellos, dejando una estampa inolvidable.

Tras recorrer varios metros, llegamos hasta la entrada del parque donde una gigantesca construcción de flores, imitando una flor sonriente nos dio la bienvenida, cuanto menos nos resulto curiosa. Nos perdimos una y otra vez por todos los confines de un jardín tan colorista, y es que realmente no sabias donde posar tus ojos. Íbamos de un lado a otro como poseídos por tanta belleza. Que deciros, a parte de que el lugar nos encantó. Pero he de confesar que lo que mas me gusto fue la indescriptible Casa de las Mariposas, en la que pudimos observar cientos de especies que nos dejaron simplemente sin palabras. Yendo y viendo a través de la pequeña cascada que allí se encontraba, rezumando belleza por todos sus poros, introduciéndonos en un lugar donde lo sutil y lo delicado caminaban de la mano.

Cansados por el calor y por la pateada que llevábamos, nos sentamos a orillas del lago pudiendo disfrutar de la brisa fresca que nos envolvía. Apoyados el uno en el otro, nos quedamos allí quietos, simplemente contemplando el milagro que allí se producía, la diversidad, la generosidad de especies, y la grandeza que envolvía aquel paraíso floreado.

El horario de cierre del parque se estaba acercando, y de hecho empezaba a oscurecer. Los tonos se volvieron más intensos y la fragancia mas real si cabe. Nuestras piernas se negaban a moverse, esperando que ese sutil equilibrio, permitiera al resto del cuerpo seguir allí disfrutando. Tomamos una ultima bocanada de aire perfumado y comenzamos a movernos lentamente.

De esta forma tan delicada terminaba nuestro primer día de visitas. Debíamos empezar a buscar un lugar donde pasar la noche. Además, todavía teníamos que arreglar la bomba, por lo que no debíamos demorarnos mucho más. Lo cierto es que no disponíamos de excesiva información sobre lugares de pernocta en Alemania. El archivo de los PDI para el Navegador GPS con la localización de las áreas no funcionaba, y entre los datos que habíamos conseguido no había indicada ningún área por allí cerca, por lo que decidimos no complicarnos e ir directamente a la que habíamos visto en el centro de Konstanz.

Al poco rato estábamos en ella, y tuvimos suerte de encontrar una plaza libre. Sin mayor demora empezamos con nuestro bricolaje casero para reparar la bomba. Tras un buen rato de cutter, lima y pegamento, ante la mirada atonita de los que nos rodeaban, conseguimos reparar los émbolos. No diréis que no quedaron “chulos”? La lastima fue que al volver a montar la bomba y probarla, no funcionaba. Decidimos cenar algo rápido, y volver nuevamente a la carga. La verdad es que la autocaravana estaba hecha una “cuadra” y es que a veces no nos damos cuenta de la importancia de tener agua corriente hasta que nos quedamos sin ella. Pensamos que quizás habíamos hecho los émbolos un poco grandes, así que volvimos a desmontar la bomba y seguimos con nuestro bricolaje. Un último intento fallido nos acabó de desmoralizar. Era ya media noche, estábamos sudados como pollos y cansados hasta el punto de la extenuación, la autocaravana seguía hecha un desastre y no habíamos conseguido reparar la bomba. Con un desanimo total, pues acabábamos de iniciar nuestro viaje, decidimos irnos a dormir y pensar en lo que hacer a la mañana siguiente.

Afortunadamente el área, aun estando al lado de una importante carretera de la ciudad, resultó ser muy tranquila, o eso, o es que caímos desfallecidos en la cama.



Dia 3: Rheinfalls – Konstanz
Kilómetros día: 74 Kms.

- Aparcamiento público Stein am Rhein
GPS: 47º 39? 51,68” N – 8º 50? 57,70” E
Precio: Pago en Parkimetro (acepta euros)

- Aparcamiento Mainau (Isla de las Flores).
GPS: 47º 42? 00,54” N – 9º 10? 59,01” E
Precio: 4 euros (pago en cajero según duración de la estancia).

- Pernocta: Área de Autocaravanas de Konstanz
GPS: 47º 39’ 29’’ N – 9º 10’ 9’’ E
Capacidad: 12 plazas.
Precio 15 €/noche (noche); 1 €/hora (día)


 
Día 4: Konstanz – Burg Hohenzollern
   

Nos levantamos con una sensación rara en el cuerpo. Nuestra preocupación por la avería de la bomba era evidente, pero afortunadamente el reposo de la noche nos daba algo de claridad para pensar un poco mejor. Teníamos claro que nuestra prioridad era arreglar la bomba, y para eso debíamos dejar aparcada la ruta hasta que no tuviéramos solucionado este problema.

Mientras desayunábamos, hicimos varias llamadas a talleres y concesionarios en España que nos pudieran echar una mano, pero a esas alturas del mes de Agosto nos encontramos que todos estaban cerrados. Finalmente, mirando en el manual de Fiamma, vimos el teléfono de la central, en Italia, así que ni cortos ni perezosos les llamamos. Fue difícil hacerle entender a un italiano, que éramos dos españoles que llamábamos desde Alemania porque teníamos una bomba Fiamma rota, pero finalmente lo logramos, y con una atención exquisita nos facilitaron la dirección del taller de autocaravanas mas cercano para poder conseguir el recambio.

En la pequeña población de Stockach nos sorprendió encontrar un inmenso concesionario de caravanismo. La verdad es que lo tenían muy bien montado pues tenían tienda, taller, e incluso una área para el vaciado. Entramos en la tienda, afortunadamente uno de ellos hablaba bastante bien inglés, algo no demasiado frecuente en Alemania. Manual en mano le indicamos la pieza exacta que necesitábamos, y lamentablemente nos dijo que no la tenia, que la tenia que pedir y tardaría al menos 3 o cuatro días. Tampoco tenia una nueva como aquella, lo cual aumentaba nuestro desespero. El hombre dudó, se quedó pensando, y se dirigió a una estantería a buscar una caja. Se trataba de una bomba parecida a la nuestra, pero de la marca SHUFLO (la versión alemana de FIAMMA). Comparamos los principales datos técnicos y eran incluso mejores que los de la nuestra, así que sin dudarlo le dijimos que nos la llevábamos. De hecho, incluso aprovechamos para comprar algunas cosas mas, entre las cuales hubo una guía de áreas de servicio y pernocta de autocaravanas de la prestigiosa compañía de seguros ADAC, eso si, en Alemán, con mapas y aparentemente bastante intuitiva, y que se convirtió en una herramienta indispensable durante el resto del viaje.

Ya con la nueva bomba en nuestro poder, nos dirigimos a la autocaravana y buscamos un lugar con sombra en el que poder instalarla, pues el día era increíblemente caluroso. Los anclajes no eran exactamente iguales a los de la nuestra pero Conrad, con la maña que le caracteriza, la logró adaptar. El silencio se apoderó de nosotros cuando ya instalada, tuvimos que comprobar si funcionaba: Le dimos al botón y aleluuuuuuya, salía agua!!!!!
Lo cierto es que casi se nos caían las “lagrimillas” pues la desesperación había sido mucha. Al final, entre una cosa y otra habíamos perdido más de medio día, pero nos daba lo mismo, solo nos importaba que habíamos solucionado el problema y podíamos retomar nuestro viaje. Comimos algo, pues era tarde, y aprovechamos que estábamos cerca de la tienda para reponer agua, fregar platos y cacharros, y poner en orden la autocaravana. Más tarde, emprendimos alegremente el camino hacia nuestro siguiente destino de la ruta.

Nuestros planes para aquel día eran llegar hasta las cercanías de Stuttgart, pero la tarde estaba espléndida, y después de tanto sufrimiento no nos apetecía pasarla toda conduciendo. Buscamos entre nuestra información algún destino más cercano al que dirigirnos y encontramos el castillo de Burg Hohenzollern.

Aproximadamente 100 Kilómetros nos separaban de él, así que iniciamos tranquilamente la marcha. En menos de una hora nos encontrábamos llegando a él, fácilmente distinguible pues se encuentra en una pequeña colina en medio de la llanura del Jura. El paisaje que lo rodea es más bien áspero y rudo. Fue el primer hogar de los Hohenzollern, dinastía que gobernó Prusia, a principios del siglo XIX. El príncipe de la corona de Prusia, Federico Guillermo, inspeccionó las ruinas de este ancestral castillo y decidió reconstruirlo.

Entre 1850 y 1867 se erigió un nuevo edificio aprovechando los antiguos cimientos, pero más medieval y espectacular de lo que fue la anterior edificación. Con su grandiosa visión desde la lejanía, el Burg Hohenzollern es uno de los grandes monumentos del creciente nacionalismo Alemán del siglo XIX, con fascinantes interiores. Tras alguna que otra parada para fotografiarlo, pues su ubicación es ciertamente singular, nos adentramos en la carretera que asciende hasta la cima.

Dejamos atrás un par de pequeños aparcamientos, hasta que finalmente encontramos una barrera, y junto a ella un amplio parking, de pago. Sin embargo, era tarde y no había quien lo vigilara, por lo que no dudamos en entrar y aparcar junto a otro par de autocaravanas que allí se encontraban.

A partir de este parking solo se permitía el paso a los vehículos autorizados, así que solo teníamos dos opciones: o íbamos a pie hasta la cima, o esperábamos a un autobús que hacia el recorrido, pero que no teníamos ni idea de que horarios tenía. Con lo cual la elección fue sencilla, nos equipamos bien e iniciamos la ascensión al castillo. Algo más de un Kilómetro era la distancia que había hasta la cima, a través de un camino peatonal que asciende por el bosque. A priori no nos parecía mucha distancia, pero sudamos tinta china para poder subirlo, pues la inclinación del camino resultó ser tremenda.

Finalmente llegamos a la puerta del castillo, casi sin aliento. Allí, en un pequeño ventanuco, se encontraba la venta de tickets. Nos acercamos y la señora, muy amable, nos dijo que el acceso al interior del castillo ya estaba cerrado, pero que si queríamos nos dejaba pasar gratuitamente para que diéramos un paseo por los exteriores del edificio. Muy agradecidos pues después de la subida hubiese sido un buen “chasco” tener que volver para abajo, nos adentramos en las murallas del castillo. Ascendimos por la rampa circular como si de una caracola se tratara, y nos encontramos con una grandiosa escalera de caracol que salió a nuestro encuentro. Como curiosidad comentaros que la masonería adoptó la figura de la escalera como un símbolo iniciatico, en cual culminaría con el ascenso al mundo de la sabiduría. Por tanto, tan solo teníamos que subir las empinadas escaleras para conseguir el premio.

Seguimos nuestro camino hasta que llegamos al patio interior, en el que se encontraba al acecho un poderoso cañón, que apuntaba sin piedad a quien ponía el pie en el recinto. Continuamos con nuestra marcha hasta sus poderosas murallas. Encantados porque nos hubiesen dejado pasar, pues de hecho, lo que más nos interesaba era su exterior y las estupendas vistas que desde allí se podían disfrutar, fuimos poco a poco recorriendo el camino que circunvalaba las murallas, y simplemente fue excepcional.

El sol empezaba a ponerse, ofreciéndonos una magnifica imagen de la llanura a nuestros pies y las altas colinas de los Alpes a lo lejos. Empezó a oscurecer, y una incesante y molesta plaga de hormigas voladoras empezó a inundar el lugar, por lo que decidimos iniciar el regreso a la autocaravana.

Cerca de allí teníamos señalada un área, y queríamos llegar hasta ella antes de que fuera noche cerrada. Llegamos a la auto y estábamos ya preparando todo para marcharnos, cuando oímos que llamaban a la puerta de la auto. Salimos y resultó que se trataba de un matrimonio de murcianos, con sus dos hijos, que viajaban también en autocaravana y que habían aparcado cerca de nosotros.

Si os he de decir la verdad, no recuerdo ni lo que nos preguntaron, pero si recuerdo, que nos enlazamos en una agradable charla que terminó cerca de la hora de cenar. No teníamos planeado nada en especial, y aquel parecía un buen lugar donde pasar la noche. Entre los italianos y nosotros éramos casi media docena de autocaravanas, así que aun sin tener demasiado claro si podíamos pernoctar allí o no, decidimos quedarnos a dormir. Seguimos con la charla incluso cuando ya no nos veíamos las caras, y decidimos despedirnos de ellos y entrar en nuestra casita para cenar y ducharnos tranquilamente.



Dia 4: Konstanz – Burg Hohenzollern
Kilómetros día: 157 Kms.

- Tienda de autocaravanas en Stocach CARAMOBIL
Johann-Glatt-Straße 3-12, 78333 Stockach
* Dispone de área de servicio para autocaravanas.

- Pernocta: Aparcamiento Burg Hohenzollern
GPS: 48º 19? 32,55 N – 8º 57? 50,00” E
Precio: Gratuito por la noche. De pago durante el día


 
Día 5: Burg Hohenzollern – Rothenburg ob der Tauber.
   

Nos levantamos pronto por la mañana. Después de solucionar nuestros problemas con la bomba nos encontrábamos a tope de energía y listos para continuar cuanto antes nuestra ruta. Lamentablemente el tiempo parecía haber cambiado durante la noche, pues había llovido copiosamente mientras dormíamos, y la mañana parecía no haber amanecido mucho mejor.

Desayunamos y emprendimos la marcha no sin despedirnos antes de nuestros amigos murcianos, quienes acababan de abrir el ojo cuando nosotros marchábamos. Nuestros caminos transcurrían por derroteros distintos, por lo que con un “hasta pronto” nos despedimos de ellos.

Como primer plato del día teníamos la visita a la pequeña población de Haigerloch. Situada a menos de veinte kilómetros de donde nos encontrábamos, tardamos poco tiempo en llegar a ella. Se encuentra en lo alto de una colina y a los pies del pequeño rio Eyach, donde describe unas cerradas curvas alrededor de unas formaciones rocosas en un terreno difícilmente accesible, aunque realmente pintoresco desde el punto de vista urbanístico. De hecho, ninguna de las iglesias que hay situadas en la localidad se pudieron orientar al Este, debido al escaso terreno del que disponían.

Quizás lo mas singular de la población sea su ubicación, pero lo que a nosotros nos llevó a dirigirnos hasta ella fue el pequeño museo que allí se esconde, el Atomkeller- Musseum toda una curiosidad. En la primavera de 1945 los científicos evacuados de Berlín trabajaron febrilmente en sus sótanos para desarrollar un reactor nuclear, un esfuerzo inútil que queda bien explicado en este museo.

Llegamos a la población, y nos dirigimos directamente al área de autocaravanas de que dispone. Situada a las afueras de la población, junto a una zona deportiva-recreativa, nos pareció un buen lugar para pasar la noche, pero no tanto para visitar la población, pues hasta el centro había un trecho a pie bastante considerable, lo cual nos llevaría a perder mucho tiempo con la ida y la vuelta. Decidimos por ello aparcar en un pequeño aparcamiento municipal situado en la parte alta de la población, cerca del centro histórico.

Con total tranquilidad pues la población, como la mayoría de las que hemos visitado en Alemania, nos pareció muy segura, salimos a callejear por el centro. Descendimos hacia la parte baja, y a medio camino encontramos una pequeña pero bien nutrida oficina de información, de la que salimos repletos de papeles con mil lugares.

Diluvió un instante y al minuto volvió a salir el sol. Cerramos nuestros paraguas y seguimos con el paseo, hasta que finalmente dimos de bruces con la entrada al Museo. Se encuentra excavado en la roca, en la parte baja del monte en el que se halla la iglesia Schlosskirche. En un pequeño ventanuco, un anciano que bien podía haber protagonizado cualquier película de espías, nos vendió los tickets a razón de 1,5 euros por persona. También vendían información del museo, que curiosamente nos acababan de dar gratuitamente en la oficina de información.

Abrimos la pesada puerta para acceder al museo y nos encontramos con una única sala en la cual, además, la mayoría de explicaciones estaban solo en alemán, pero nos hizo mucha gracia ver todos aquellos estrafalarios inventos y aparatos imposibles que allí se mostraban. Te hacia sonreír solo el pensar que aquellos primeros investigadores creyeran que con aquellos artilugios podían conseguir la división del átomo. Dimos una pequeña vuelta, sin entender prácticamente nada de lo allí escrito, y nos imaginábamos la voz “en off” del doctor Flemong explicando todos sus descubrimientos.

Finalmente salimos de allí, con una amplia sonrisa. El día parecía darnos una pequeña tregua así que dimos un tranquilo y agradable paseo hasta la autocaravana. Ya allí emprendimos la marcha hacia nuestro siguiente destino, otro museo, pero en esta ocasión dedicado al mundo del motor. Se trataba del Museo del fabricante de automóviles Alemán Mercedes-Benz.

Stuttgart no estaba incluido en nuestros planes, pero Conrad es un apasionado del automovilismo, e insistió en visitarlo ya que pasábamos cerca de allí, así que nos dirigimos directamente a él. En algo más de una hora llegábamos a la ciudad. El museo esta situado en el extrarradio de la población. Dimos un par de vueltas, y vimos que salvo el parking cubierto para turismos, únicamente existía el de autocares, así que decidimos aparcar en él, no sin antes acercarnos a la recepción para que nos aseguraran que no había ningún problema. Era día laborable y no había mucha gente, por lo que nos comentaron que la podíamos aparcar allí. Tranquilos tras haber dejado a “Sunny” a buen recaudo, iniciamos la visita al Museo.

El museo Mercedes-Benz Welt se encuentra en el barrio de Obertürkheim, muy cerca del estadio de fútbol de Stuttgart. En él se muestra la historia automovilística de la casa Mercedes, desde los primeros modelos hasta las últimas novedades más vanguardistas. Como curiosidades, podemos ver el primer papamóvil y los dos automóviles más antiguos del mundo: el coche sin caballos del Gottlieb Daimler y el automóvil de tres ruedas de Karl Benz.

El 19 de mayo de 2006 abrió sus puertas, con una superficie total de 16.500 metros cuadrados que albergan a 160 vehículos y a más de 1.500 objetos, distribuidos a lo largo de dos recorridos. Su arquitectura futurista es impecable y llamativa. La estructura interior del edificio está inspirada en la doble hélice espiral del ADN, que encierra el código genético del ser humano.

Los creadores de la compañía se remontan a 1881, cuando Daimler y Benz inventaron de forma independiente el motor de combustión interna para automóviles en el sudoeste de Alemania. Gottlieb Daimler y Wilhelm Maybach, quienes inventaron juntos el motor de cuatro tiempos trabajaron juntos en Cannstatt (un distrito de Stuttgart); Benz tenía su tienda en Mannheim cerca de Heidelberg. No existen registros de que ambos inventores se hubiesen llegado a conocer nunca.

Para los más curiosos explicaros de donde viene el nombre de Mercedes-Benz. Todo se remonta al momento en que Emil Jellinek, inscribió uno de los prototipos de Daimler para una competición en Niza, con el nombre de su hija, Mercedes, pintado en el capó. El vehículo ganó esa y sucesivas carreras, con una gran ventaja sobre sus competidores. Alentado por los triunfos, Jellinek solicitó a la casa Daimler (dueña del auto) que desarrollara un nuevo vehículo con mayor distancia entre ejes, centro de gravedad más bajo y motor más potente. El resultado fue que los “Mercedes” arrasaron con la temporada automovilística. Tanto es así que los diarios de la época anunciaron “el inicio de la era Mercedes”. Luego se difundió como marca y al juntarse las casas Daimler y Benz, se decidió que los productos de la empresa llevaran el nombre de Mercedes-Benz.

Jellinek prometió a la compañía comprar una gran producción de sus vehículos bajo la condición de tener la garantía de ser el distribuidor exclusivo de Daimler para Austria-Hungría, Francia, Bélgica y EEUU, y de que pudiera vender el nuevo modelo bajo el nombre de “Mercedes”. El cambio de nombre fue incluso muy útil para prevenir problemas legales, ya que Daimler había vendido derechos exclusivos de uso del nombre y los conceptos técnicos a compañías en el exterior, por lo cual han sido y son construidos coches de lujo en Inglaterra bajo la marca Daimler.

Ya en el museo, nada más salir del parking, lo que mas nos llamó la atención es el edificio en sí, reluciente bajo los rayos de sol, brilla realmente como una nave espacial. Además, antes de entrar a él, vimos en las afueras del recinto una zona de asientos en plan chill-out que nos llamó poderosamente la atención. Supongo que cuando ya estas cansado de la visita y el tiempo te lo permite, tomarte algo allí sentado tiene que ser todo un placer.

La visita, cuyo coste es de 8 euros por persona, incluye una audio guía en castellano que nos permitió dar un agradable paseo por el pasado, el presente y el futuro del mundo del automovilismo, a través de los distintos niveles de que dispone el museo. Encontramos en él los modelos más emblemáticos de la marca, así como algunas curiosidades que harán las delicias de los mas apasionados al mundo del motor.

Para los que no somos tan forofos del automovilismo, como es mi caso, disfruté “in extremis” de un diseño interior fantástico. La decoración futurista, en blanco y gris, está pensada para que la luz inunde cada centímetro de él. Aparte de éste, un montón de detalles arquitectónicos hacen del museo un edificio único, ya no solo por lo que en su interior se encuentra, si no por el valor intrínseco del mismo.

La visita es larga, y uno puede demorarse en ella casi toda la mañana. Salimos del Museo Mercedes totalmente encantados con cuanto habíamos visto, a diferencia de lo que nos sucedió en su día en Italia, en el museo Ferrari, en el que nos decepcionamos de una manera increíble tras pagar una entrada a precio de oro para ver cuatro coches.

Eran cerca de las dos de la tarde cuando terminamos la visita, por lo que no nos complicamos mucho y en una calle más o menos tranquila de las afueras de Stuttgart nos detuvimos a comer.

Nuestra idea aquel día era dormir en Rothenburg ob der Tauber, situada a aproximadamente 150 Kilómetros de donde nos encontrábamos, pero el tiempo parecía darnos una pequeña tregua, y los rayos de sol en Alemania hay que aprovecharlos al máximo como si de un tesoro se tratara, por lo que decidimos salirnos de la autopista y desviarnos para visitar la población de Schwabisch Hall. Llegamos a ella tras disfrutar de los paisajes dorados que nos ofreció el Parque Natural Schwäbisch-Fränkischer Wald al cruzarlo.

Según habíamos leído, la población disponía de un aparcamiento para autocaravanas, y lo cierto es que nos lo encontramos de repente, casi sin darnos cuenta. Echamos una ojeada y vimos que tenia buena pinta. Además, parecía estar cerca del centro de la población así que aparcamos en él. Efectivamente, junto al aparcamiento había un pequeño camino peatonal que en pocos minutos nos llevó directamente al centro.

La ciudad medieval se encuentra en el valle del río Kocher en la parte noreste de la región de Baden-Wurtemberg. Su casco histórico cuenta con una de las plazas más bonitas de Alemania. Muy colorista y con la arquitectura típica de la zona con casas de entramado de madera y un puente de piedra que la atraviesa en dos. Para pasar de un extremo al otro del pueblo lo hicimos a través de unos antiquísimos puentes de madera que nos encantaron. Realmente hay que decir que es un lugar excepcional. También es famoso por tener una piscina de agua salada con poderes curativos, lo que lleva atrayendo a visitantes desde hace miles de años.

Dimos un tranquilo paseo por su casco antiguo y he de reconocer que me pareció un lugar precioso. La luz tenia un brillo especial, y simplemente nos dejamos llevar a través de todo aquel entramado de piedra y madera que nos emocionó. Me encanta la sencillez de los lugares que no necesitan artificios para ser bellos, ya que la composición final de sus piezas parece un engranaje perfecto, en el cual no se necesitan falsos adornos.

Nos costaba marcharnos. No encontrábamos ninguna excusa para hacerlo, pero la ruta seguía su curso y solo teníamos que dejarnos llevar para continuar con ella. Regresamos al parking, abonamos los dos euros en el cajero automático y emprendimos nuestro camino. Nuestros siguientes pasos nos llevarían hasta la ciudad de la eterna navidad, Rothenburg ob der Tauber, donde la navidad dura los 365 días del año. Pero al llegar a ella solo vimos luces dispersas en la oscuridad. -”¿Cuando se había hecho de noche?”- pensamos. Íbamos tan ensimismados después de la visita a Schwabisch Hall, que no habíamos sido conscientes de que el tiempo pasaba tan veloz. El casco antiguo de Rothenburg se encontraba rodeado por un gran número de parkings, pues es una de las poblaciones mas turísticas de la zona. Varios de ellos están adaptados como áreas de autocaravanas. Buscamos el número cuatro, pues es el que nos habían recomendado, y nos posicionamos para pasar una velada tranquila y reparadora.

Mañana seria otro día y nos ofrecería la oportunidad de visitar la archi-conocida Rothenburg ob der Tauber, pero para ello habría que esperar unas cuantas horas. Horas preciosas que apaciguarían nuestras ansias, y que nos devolverían las fuerzas para seguir descubriendo la ciudad navideña por excelencia.

Cada vez nos adentrábamos más en la zona centro de Alemania, concretamente en regiones como la baja Sajonia-Bremen, Turingia y Sajonia-Anhalt, y Norte de Baviera, de las que a excepción de alguna población, muy poco habíamos oído hablar de ellas. Esto convertía nuestro paso por estas regiones en una de las grandes incógnitas del viaje, por lo que estábamos expectantes por lo que nos íbamos a encontrar.

Lamentablemente, el fantástico clima veraniego del que habíamos disfrutado los primeros días del viaje, parecía ir poco a poco abandonándonos, pues las noches resultaban cada vez más lluviosas y los días más grises, algo que, aunque ya imaginábamos que nos podía suceder, siempre le cuesta a uno asimilar.

Afortunadamente, una vez solucionados los problemas mecánicos en nuestra autocaravana, e inmersos en el país germano, nos encontrábamos dispuestos a seguir descubriendo más tesoros de un país, cuyas primeras instantáneas nos habían dejado un agradable sabor de boca.



Día 5: Burg Hohenzollern – Rothenburg ob der Tauber
Kilómetros día: 251 Kms.

- Area Autocaravanas Haigerloch:
GPS: 48º 22? 07,14” N – 8º 47? 39,37” E
Coste: Gratuita.

- Aparcamiento público Haigerloch.
GPS: 48º 21? 56,42” N – 8º 48? 00,77” E
Coste: Gratuito.

- Mercedess-Benz Museum.
GPS: 48º 47? 11,15” N – 9º 13? 54,95” E
Coste entradas: 8 euros/adultos.
Coste aparcamiento: gratuito.

- Aparcamiento Schwabish Hall
GPS: 49º 07? 00,36” N – 9º 43? 58,61” E
Coste: 2 euros (pago en cajero según duración de la estancia)

- Pernocta en Rothenburg ob der Tauber. (Pag. 410 guía ADAC)
GPS: 49º 22’ 55’’ N – 10º 11’ 20’’ E
Capacidad: 30 plazas.
Coste: 10 €/día (distintas tarifas según estancia).


 
Día 6: Rothenburg ob der Tauber – Wartburg
   

Nos levantamos en un día tan gris, que parecía que aun no había amanecido. Tras una noche de incesante lluvia, el día resultaba realmente desapacible, pues la luz apenas entraba en la autocaravana. Desayunamos con una sensación extraña. Nos pusimos los chubasqueros y las botas para no mojarnos demasiado, pues aunque a ratos parecía cesar, un aguacero tremendo estaba descargando sobre Rothenburg aquella mañana.

Nos encaminamos hacia el centro de la población. Estaban cayendo literalmente chuzos de punta, y tan solo teníamos un pequeño paraguas para cobijarnos. Vislumbramos una tiendecita abierta y nos acercamos para preguntar si tenían paraguas. Compramos uno, horroroso, pero es que madre mia, qué diseños mas feos tenían! Emprendimos la marcha de nuevo bajo aquel paraguas fucsia, viendo la vida de color de rosa, pero casi sin poder apreciar la ciudad que teníamos ante nuestros ojos. Con este panorama intentamos centrarnos en Rothenburg.

A mediados del siglo XIX, Rothenburg fue descubierta por pintores de la talla de Carl Spitzweg y Ludwig Richter, que vieron en el lugar la esencia del pasado romántico alemán, lo que la convirtió en parada obligatoria para los viajeros británicos que se dirigían al sur, hacia Suiza e Italia. Fue así como los lugareños se dieron cuenta de que su futuro dependía del turismo, y de una de las políticas conservacionistas mas restrictivas de Alemania, que llevaron a prohibir cualquier intrusión moderna, como rótulos de tiendas, que pudieran dañar su imagen medieval.

Una de las mejores maneras de disfrutar de unas buenas vistas de Rothenburg, es desde las alturas, subiendo a lo alto de la gran muralla que la rodea y que dispone de un camino que permite circunvalar la ciudad. La muralla data del siglo XIII, pero fue reconstruida después de los daños sufridos en la Segunda Guerra Mundial, siendo los propios soldados Norteamericanos y Británicos, los que con sus donaciones hicieron posible su reconstrucción. Hoy en día existe un programa para su mantenimiento en el que, todo aquel que done más de 1.000 euros tendrá una piedra marcada con su nombre y lugar de procedencia (en el tramo de muro cerca del bastión del hospital).

A nosotros, a parte de las impresionantes vistas, lo que mas nos gusto de este camino fue que estaba bajo techado, lo que nos permitió disfrutar de la ciudad desde un lugar un poco mas resguardado, puesto que seguía lloviendo sin cesar. La techumbre aparecía ante nosotros brumosa, y sus colores vivos contrastaban con el tono grisáceo que tenia Rothemburg a aquellas horas. Sus casitas de madera daban un aspecto acogedor al lugar, pero lo desolado del día hacia que tuviésemos una sensación un tanto fría del entorno.

Una vez terminada la ruta “aérea”, pusimos nuestros pies en una tierra repleta de charcos relucientes. Como hubiéramos disfrutado con unas buenas botas de agua. La incesante lluvia sonaba atronadora bajo nuestro paraguas, y un millar de diminutas gotas de agua resbalaban sin piedad sobre nosotros. Aun así, nos adentramos en sus callejuelas, perdiéndonos a través de calles empedradas y de escaparates deslucidos por la tormenta. No había ni un alma recorriendo la ciudad, únicamente algún que otro turista que, como nosotros, se resistía a no disfrutar de la localidad, pero poco más.

Visitamos sus famosas tiendecitas navideñas y compramos varias figuritas para el árbol de navidad. En aquel momento, empapados, pensamos en lo bonita que tendría que ser Rothemburg en Navidades, con sus callejuelas alegres teñidas de un blanco inmaculado por la nieve, y adornadas con cientos de guirnaldas y lucecitas, que darían un aspecto de cuento mágico a todo el entorno, realmente tendría que ser como vivir en una postal navideña.

Mas tarde, nos dirigimos hacia la zona sur de la población. Allí, sus murallas dan paso a un pequeño jardín, en el que se halla un mirador cuyas fantásticas vistas son muy recomendables, siempre y cuando tengáis la suerte de visitarla en un día soleado. Nosotros, simplemente pudimos constatar que nos encontrábamos bajo un mar inmenso de nubes grises y a parte de la borrasca, poco más pudimos observar.

Congelados y empapados, parecíamos uno de los personajes de Dickens, la única nota de color en aquel fantasmagórico lugar, lo daba nuestro paraguas fucsia, que era el contrapunto perfecto a tanto gris y blanco. Decidimos regresar finalmente a la autocaravana. Habíamos hecho cientos de fotos, pero lamentábamos que en un día tan gris y feo como aquel, no reflejaran la autentica belleza del lugar, cuya importancia turística es realmente merecida.
A

l volver hacia la autocaravana, nos encontramos en el mojado pavimento, un montón de dibujos infantiles, que debían haber trazado los alumnos de algún colegio cercano. Parecía como si camináramos por el mágico camino de Oz, pero esta vez íbamos encontrando pequeños tesoros: un pez azul, un corazón rojo, un pulpo verde y todo ello, bajo la incesante lluvia de Rotheburg.

Una vez nos hubimos puesto ropa seca, y nuestras manos comenzaron a perder el color rojizo que nos había producido la fría mañana en Rotheburg, nos tomamos un chocolate calentito, para recuperar las fuerzas y el color habitual de nuestra piel. El mundo se ve de otra manera con un buen chocolate humeante. Abrimos el mapa para determinar nuestro próximo destino. Junto a nosotros se encontraba la Romantic-Strasse, con inicio a los pies de los Alpes, donde años atrás visitamos el famoso castillo del Rey Loco, un lugar mágico que nos encantó, pero que en esta ocasión no volveríamos a visitar.

La carretera romántica, nos ofrecía un recorrido a través de las poblaciones de Tauberbischofsheim, Bad Mergentheim, Feuchtwangen, Dinkelsbühl, Nördlingen, Donauwörth y Füssen, pero lamentablemente, el tiempo no era el mas apetecible para hacer una ruta visitando pueblecitos, por lo que decidimos limitarnos a aquellas visitas que pudiéramos hacer “bajo techo”. Eso nos conducía a la ciudad de Würzburg, donde llamaba poderosamente nuestra atención la visita a la Residenz.

Llegamos a Würzburg cerca de la hora de comer. Una ciudad grande y bulliciosa se abrió ante nosotros. Antigua población universitaria, conocida por el descubrimiento del físico Wilhelm Konrad Roentgen de los rayos X, en 1895. No estaba en nuestros planes visitarla, por lo que nos dirigimos directamente a la Residence. Llegamos hasta ella bajo otro aguacero. Justo delante, un amplio parking nos permitió aparcar cómodamente. Al menos así no tendríamos que andar demasiado y volvernos a mojar otra vez. Aprovechamos para comer, mientras veíamos por la ventana la tremenda tormenta que caía en el exterior.

La Residenz es uno de los mejores edificios barrocos de Alemania. El proyecto fue encargado a Balthasar Neumann, que se inspiró, como era natural en la época, en el Palacio de Versalles contando también con la colaboración del arquitecto Hildebrandt. La primera piedra se colocó en 1720 y las obras se prolongaron hasta 1740. Una de las grandes obras que atesora este palacio es su gran escalera. Esta es de tipo imperial con una rampa inicial que se bifurca en dos. El artífice de ella fue Neumann, y para completar esta obra Tiepolo se encargo de la decoración pictórica de la bóveda, creando una de las mayores obras al fresco del mundo, que rivaliza con la del salón del trono del Palacio Real de Madrid, realizada también por el mismo artista.

Al igual que en la escalera, para la decoración del fresco de la Sala del emperador, se eligió también a Tiépolo. Esta sala esta situada en el centro de la fachada trasera, se abre hacia el parque del palacio y atestigua la estrecha relación entre Würzburg y el Sacro Imperio. Los palacios del siglo XVIII eran inconcebibles si no se rodeaban de espectaculares jardines. Para esta residencia, Neumann los diseño poniendo la naturaleza al servició de la ornamentación, con fuentes, paseos, estanques, estatuas… Estos jardines se concluyeron con la creación de un bosque inglés, el cual, aun siendo totalmente artificial y creado por la mano del hombre, da la impresión de ser natural y salvaje.

Este palacio puede que sea uno de los mas representativos del barroco centro-europeo. Esto hace que estéticamente este bastante alejado de los gustos de la Europa mas occidental, y nos resulte excesivamente oscuro y triste a la vista, sobretodo arquitectónicamente hablando, debido a su duro barroco. Nada mas entrar, pasamos por taquilla para sacar los tickets, a razón de siete euros por persona. Pedimos algo de información sobre la visita, y nos dijeron que se tenia que pagar a parte, a lo cual contestamos un -”no, gracias”-, pues nuestra guía ofrecía mucha información, y tampoco nos pareció lógico que cobraran la información a parte. A continuación, una amable señorita nos dijo que teníamos que dejar todo, mochila y cámara en consigna, pues estaba totalmente prohibido fotografiar el lugar, lo que nos indignó todavía más.

Lo cierto es que ya iniciamos la visita algo descontentos, pero a medida que continuábamos, lo estábamos aun más. Cierto es que la Residenz tenia su encanto, pero tampoco encontramos en ella nada que nos resultara excepcional, quitando el impresionante fresco de Tiepolo, que es magnifico, por lo que decidimos hacer el recorrido sin perder demasiado tiempo.

La verdad es que salimos con la sensación de que nos habían tomado el pelo, más aún cuando nos dimos cuenta, de que el acceso a los jardines de la Residenz eran gratuitos, ya que en parte ellos habían sido los culpables de que hubiésemos ido hasta allí. Supongo que el mal tiempo que estábamos teniendo, nos había jugado una mala pasada, y no habíamos mirado bien la información antes de entrar, pero una vez allí, ya no podíamos hacer nada, simplemente intentar disfrutar de los jardines y poco más. Dimos un pequeño paseo, aprovechando que la lluvia nos ofrecía una pequeña tregua. Hicimos cuatro fotos, hasta que el tiempo volvió a empeorar. Con un total desanimo, volvimos hacia la autocaravana.

La verdad es que con aquel tiempo poco mas podíamos hacer, y tampoco nos apetecía adentrarnos en una ciudad cuya visita no teníamos planeada. Decidimos mejor aprovechar aquellas horas de mal tiempo, para recorrer los kilómetros que nos separaban de nuestro siguiente destino, deseando que allí tuviéramos mas suerte con el tiempo.

Regresamos a la autocaravana, pagamos el parking (4 euros), y emprendimos el camino hacia Eisenach, población situada en el estado federado de Turíngia, en la cual se encuentra el castillo de Wartburg, otro de los lugares que teníamos pensado visitar. Cerca de 180 kilómetros eran los que teníamos hasta allí por lo que, según nuestros planes, nos daría tiempo a llegar tranquilamente en un par de horas, encontrar lugar donde dormir, e incluso salir a dar una vuelta si el tiempo nos lo permitía.

Decidimos tomar la carretera 19 que nuestro mapa señalaba como especialmente bonita, pero la verdad es que nunca la llegamos a conocer, puesto que a la altura de Walldorf nos encontramos que, apenas sin aviso previo, estaba cortada. Nos pusimos a dar vueltas, guiados por un GPS que parecía haberse vuelto loco y es que parecía no existir un recorrido alternativo que no nos obligara a dar una vuelta kilométrica. Cansados, paramos un momento en un cruce a pie de carretera. La casualidad quiso que en aquel momento apareciera un vehículo, cuyo conductor paró, bajó del coche, y se acercó hacia nosotros. Ya pensaba que venia a echarnos la “bronca” por quedarnos allí en medio parados, pero lo que hizo fue preguntarnos si necesitábamos ayuda. Nos miramos, sorprendidos por su gesto de amabilidad, y le indicamos como pudimos, pues solo hablaba alemán, que la carretera estaba cortada y que no sabíamos como llegar a Eisenach.

El hombre nos indicó el camino alternativo que debíamos tomar, así que con un “vielen dank” (muchas gracias) nos despedimos de él y continuamos con nuestra ruta. Desde luego si he de recalcar algo sobre este viaje, es sin duda, la extrema amabilidad de la gente, ya que ha sido una constante en toda nuestra ruta. La carretera alternativa fue relativamente buena, pero entre el mal tiempo, que no mejoró demasiado, y el rodeo que tuvimos que dar, llegamos a Eisnach mucho mas tarde y cansados de lo que hubiésemos querido.

Era ya prácticamente de noche por lo que decidimos buscar el área, pero aquel no parecía ser nuestro día. Unas obras en la carretera no nos permitían llegar a la que había a las afueras de Eisenach, por lo que tuvimos que dirigirnos a una situada a aproximadamente 5 Kilómetros. Llegamos a ella con poca luz, pero con la suficiente para ver que el área estaba totalmente anegada por la lluvia. Además, las instalaciones estaban en obras, por lo que nos veíamos en un barrizal, con el depósito de agua casi vacío y encima teniendo que pagar 6 euros por pasar allí la noche. Definitivamente este no era nuestro día.

Tomamos aire y pensamos que quizás en el castillo de Wartburg habría un parking en el que poder dormir y así a la mañana siguiente visitarlo sin tener que movernos, y hacia allí que nos fuimos. Llegamos a él, y lo encontramos inmerso en una densa niebla, que hacía de aquel el escenario perfecto para cualquier película de terror. Afortunadamente junto a su acceso había un parking, y en él un par de autocaravanas aparcadas. -”Aleluya”- dijimos, y nos dispusimos a acomodarnos.
Pero, aunque no os lo creáis, nuestro día no termino allí, pues de camino hacia el castillo, habíamos parado en una gasolinera cercana para llenar gasoil y agua. Resulta que, con el ajetreo por entendernos con los dueños de la gasolinera en nuestro precario alemán, nos habíamos olvidado allí el tapón del agua, por lo que tuvimos que hacer nuevamente el camino de ida y vuelta, añadiendo otros 10 Kilómetros a los realizados durante el día.

Si el infierno existe, aquel día fue lo mas parecido a estar viviendo en el. Al fin llegamos, nos acomodamos, cenamos algo, y caímos rendidos en la cama, deseando recuperarnos lo antes posible, del desgaste que nos había provocado aquel día “pasado por agua”.



Dia 6: Rotenburg ob Tauer – Wartburg
Kilómetros día: 325 Kms.

- Área Rothenburg ob der Tauber.
GPS: 49º 22’ 55’’ N – 10º 11’ 20’’ E
Capacidad: 30 plazas.
Coste: 10 €/día (distintas tarifas según estancia).

- Aparcamiento Würzburg, junto la residence.
GPS: 49º 47? 32,75” N – 9º 56? 11,80” E
Coste: Pago en cajero automático según duración de la estancia.

- Pernocta parking castillo de Wartburg
GPS: 50º 58? 03,57” N – 10º 18? 03,48” E
Coste: 5 euros/noche.


 
Día 7. Wartburg – Goslar.
   

Nos despertamos tranquilamente tras una noche en la que no se había oído más ruido que el de las gotas de lluvia repiqueteando contra el techo de la autocaravana. Afortunadamente, desde hacia rato no se oía nada, lo cual significaba que la lluvia parecía haberse esfumado.

Abrimos las ventanas y vimos que estábamos sumidos en la niebla, una niebla densa y húmeda que lo inundaba todo, haciendo de aquella una mañana especialmente fría. Y pensar que hacia un par de días nos estábamos asando de calor!!!

Desayunamos, nos abrigamos bien, y nos dirigimos a visitar el castillo de Wartburg. Este castillo es el más famoso de la familia noble de los Ludovigios y figura entre uno de los mejor conservados de la Edad Media alemana.

Al entrar en el castillo se abre un libro de historia de mas de 900 años: el excelente arte cortesano de la Edad Media, la vida y obras de Santa Isabel, la traducción de Martín Lutero del Nuevo Testamento, el Sängerkrieg (certamen de canto y poesía) que tenía lugar a principios del siglo XIII, la festividad de los ciudadanos alemanes, trescientos años después de la Reforma, la romántica ópera de Wagner “Tannhäuser”. Goethe y otros conocidos poetas también pasaron varias épocas aquí.

El castillo de Wartburg, con su historia casi milenaria, es uno de los castillos más conocidos y mejor conservados de Alemania. Cuenta la leyenda que fue fundado en el año 1067 y su historia se remonta al tiempo de los landgraves de Turingia. En el siglo XIX fue renovado y acondicionado. La medieval estructura del edificio fue restaurada y en parte complementada por nuevas construcciones históricas. No es solamente un castillo sin más, Wartburg es un testigo de la historia y cultura alemanas, además desde 1999 es patrimonio de la humanidad.

Llegamos a él tras ascender por un pequeño y empinado camino, ribeteado por una enorme escalinata. Nuestros músculos estaban aun fríos y parecían protestar por la incesante subida al castillo. Nos adentramos rápidamente en sus murallas a través de su puente levadizo. Pequeños bancos brumosos nos perseguían, como si de fantasmas se trataran. El lugar nos pareció alucinante nada mas poner nuestros ojos en él.

El interior del castillo se encuentra perfectamente conservado, haciendo las delicias de todos sus visitantes, quienes cámara en mano disfrutamos tomando instantáneas de un lugar que parecía haber salido de la maquina del tiempo. Dimos un pequeño paseo por sus patios interiores, observando todo lo que nos íbamos encontrando, con una admiración cada vez mas palpable. Sus casas pintadas de un blanco impoluto, nos introducían una y otra vez en un pasado realmente sublime. Todo en él era perfecto, su pozo ribeteado de negro, sus mágicos dragones decorando sus portezuelas, el encanto de su pavimento adoquinado. Todo te proyectaba a tiempos muy lejanos donde la vida fluía con otro tempo mucho más lento y distinto al nuestro.

Comentar que la visita al interior de las murallas del castillo es gratuita, no así las distintas visitas guiadas a su interior, todas en alemán. Nosotros, escarmentados tras la visita a la Residenz en Wartburg, no quisimos perder tiempo y dinero en ellas pues normalmente, únicamente se visitan los aposentos y viejos enseres que dan a entender la forma de vida de la época, lo cual, sinceramente, no llamaba mucho nuestra atención. Eso si, el resto del lugar es realmente excepcional.

Regresamos tranquilamente a la autocaravana. El día estaba despejando y aunque no nos lo creíamos, un cálido sol empezaba a asomarse tímidamente. Emprendíamos la marcha, cuando uno de los vigilantes del parking se acercó a nosotros y nos dijo que teníamos que pagar 5 euros. Al haber llegado de noche, la barrera estaba abierta, y tenia pinta de que no fuera mas que una pequeña propina para que aquel intrépido hombrecillo se ganara la vida, pero considerándolo poco más que un “impuesto revolucionario”, pagamos, y seguimos con nuestro camino.

El plato fuerte del día, los Montes de Hartz, se encontraban a unos cien kilómetros de donde nos hallábamos, pero no había más que pequeñas carreteras secundarias para llegar hasta allí, lo cual nos llevaría mas tiempo del deseado. Afortunadamente, el sol empezó a brillar con fuerza, haciendo de aquel trayecto un agradable paseo por las brillantes y solitarias llanuras alemanas.

Poco a poco, la carretera fue adentrándose en el denso bosque, y es que sin darnos cuenta nos introducíamos en el Parque Nacional de Hartz. Nuestro objetivo allí era la visita del Brocken, el pico mas alto de Alemania, a excepción de los Alpes.

Llegamos al pueblo de Braunlage, principal centro comercial del Hartz y desde el que se iniciaba el recorrido hasta el Brocken, según la información de que disponíamos. Nos dirigimos directamente a la Oficina de Información Turística, pero lamentablemente a aquellas horas se encontraba cerrada. Aprovechamos para detenernos a comer, mientras escudriñábamos la información que teníamos, hasta lograr averiguar que el tren que conducía al Brocken salía desde la estación de Schierke, situada a escasos cinco Kilómetros de Braunlage. ¡Qué escueta llega a ser la información que ofrecen las guías en muchas ocasiones! Retomamos rápidamente la marcha con destino a la estación, y no habíamos llegado todavía a ella cuando pasamos junto a la pequeña estación de Elend. Ansiosos nos detuvimos en su aparcamiento y fuimos a investigar.

La estación parecía estar abandonada, pero a parte de nosotros, había una pareja de Alemanes con su hija pequeña. Como pudimos, les preguntamos si desde allí podíamos tomar el tren al Brocken, a lo que ellos asintieron, por lo que nos quedamos esperando a que el tren de vapor nos llevara hasta la cima del Brocken.

Uno de los placeres de visitar el este de Alemania, es precisamente poder viajar en uno de sus antiguos trenes de vapor. Estos, son mucho más que atracciones turísticas: son auténticos ferrocarriles que tras muchos años siguen en pleno funcionamiento, prácticamente con la misma mecánica que la de hace un siglo, proporcionando un servicio diario a los pasajeros. Sus maquinistas no son aficionados, sino empleados profesionales del ferrocarril. Habíamos leído mucho sobre estos viejos trenes, y teníamos la idea romántica de subir hasta la cima del Brocken en uno de ellos. También se puede hacer la ascensión a pie, pero en esta ocasión optamos por este antiguo sistema de transporte.

Esperamos cerca de veinte minutos, cuando comenzamos a vislumbrar en el horizonte, el vapor que desprendía el tren a su llegada. Al acercarse pudimos comprobar que era una verdadera preciosidad. La maquina, negra lustrosa como recién salida de fabrica, arrastraba un convoy de antiguos, pero bien conservados vagones rojos. Nos subimos en uno de ellos y nos sentamos en sus confortables asientos de piel. Poco imaginábamos en aquel momento la aventura que estábamos a punto de vivir.

Al rato llegó la revisora, vestida con traje de ferroviario de época, y nos apunto en una libreta el precio del billete, pues no hablaba más que un rudo alemán, como ha sido habitual en casi todo el viaje. Veintiséis euros por persona, ida y vuelta, un precio que nos pareció un tanto caro, pero que pagamos gustosamente. Nos dio los tickets y a continuación nos dijo algo, pero al ver que no entendíamos nada, se dirigió a nuestros compañeros de vagón, la misma familia con la que habíamos coincidido en la estación, quienes parecieron responder que se harían cargo de nosotros.

Sin entender demasiado lo que estaba sucediendo, continuamos con nuestro viaje, ajenos a todo, ensimismados con aquel trayecto en un tren del pasado, saltando de un vagón a otro como en las películas del oeste, haciendo mil fotos del tren y del oscuro bosque que estábamos atravesando.

Nuestra sorpresa llego cuando el tren se detuvo en la que parecía ser la última parada. La familia de alemanes nos hizo gestos para que les siguiésemos. Al parecer, teníamos que hacer transbordo. Algo alertados pues para el regreso tendríamos que hacer el recorrido solos, nos dirigimos a un pequeño tablón de horarios, antes de que llegara el próximo tren.

Fue en ese preciso momento cuando nos dimos cuenta de que no podríamos volver, pues a la hora a la que teníamos previsto tomar el tren de regreso desde el Brocken, no tendríamos tren para hacer transbordo y llegar hasta Elend. Con cara de pánico, intentamos hablar con la revisora y explicarle el caso, pero parecía no entender nada. Nuestros compañeros de tren, la familia que os había comentado antes, viendo nuestro nerviosismo, se involucraron en el asunto para intentar echarnos una mano. Lo cierto es que se portaron como si fueran a ellos a quienes les habían vendido los billetes mal.

Nuestro tren ya había llegado y nosotros andábamos de un lado a otro sin saber muy bien si tomar el tren de regreso a la autocaravana y perder los billetes, o coger el que iba al Brocken y buscarnos allí la vida. En este impase de duda, el matrimonio nos hizo un gesto para que subiéramos con ellos. Así lo hicimos, casi sin pensar, apenas en el mismo instante en el que arrancaba el tren. Nos hicieron sentar junto a ellos y, como pudieron, nos dijeron que no nos preocupáramos. Nos dieron su numero de móvil, y nos instaron a que cuando acabáramos de visitar el Brocken, les llamáramos al móvil y vendrían a buscarnos en coche a la estación de Schierke, en la que ellos se bajaban, para llevarnos hasta la de Elend, que era donde teníamos la autocaravana.

¡Imaginaros la cara de incredulidad que se nos quedó! No nos conocían de nada y aun así, se ofrecieron a venir a buscarnos desde otro pueblo, donde ellos estaban pasando sus vacaciones. En aquel momento, he de reconocer que se me cayeron hasta las lagrimas. Entre los nervios y la emoción, realmente nos quedamos sin saber ni que decirle.

Después de despedirnos de ellos, y apuntar su numero de móvil, ascendimos a través de parajes de una belleza indiscutible. Una hora de un viaje de ensueño a través de la cima redondeada del Brocken. El punto mas alto de los montes del Harz a 1.142 metros con sus torres y postes, visibles desde la distancia. Ocupa un lugar especial en el corazón de los Alemanes. De hecho, hemos de decir que éramos los únicos, ya no digo Españoles, si no de otra nacionalidad que allí había.

La cima del Brocken fue de vital importancia al finalizar la segunda guerra mundial, debido a que se halla justo en la frontera entre las dos Alemanias, y funcionó como zona militar restringida de la RDA. El lugar tuvo su propia versión del muro de Berlín, para proteger las instalaciones que permitían a la STASI intervenir conversaciones telefónicas de larga distancia.

Estos viejos montes están también cargados de leyendas, que se remontan a la Edad Media e incluso antes, y también son famosos por su vinculación con la literatura de Goethe. Se dice que en víspera del 1 de Mayo, las brujas se reúnen en las peñas de la cumbre del Brocken, yermas y azotadas por el viento, para asociarse con el diablo y celebrar la fiesta de la Walpurgisnacht (noche de Walpurgis), tal y como Goethe inmortalizó en su obra Fausto. El poeta subió hasta aquí varias veces, con lo cual la mejor forma de experimentar el especial atractivo de esta peculiar montaña, es hacer como él y subir hasta sus cimas.

Bajamos del tren como en un sueño. El lugar era espectacular, no por su belleza en si, sino por la singularidad del paisaje que allí nos encontramos. Resultaba raro, estar en la cima de una montaña y ver que realmente era plana. Un pequeño montículo recordaba la escalada de la cima, pero el resto resulta curioso por ser tan plano y yermo.

Un aire gélido azotaba el lugar y hacia que soltáramos mas de una lagrimilla. ¡Parecía un lugar tan extraño a nuestros ojos!. No me extraña que Ghoete se inspirara aquí para escribir su Fausto, es que realmente se respira un ambiente mágico en todo su recorrido. A lo lejos oíamos el silbato del siguiente tren, y su blanca estela detrás. Hicimos varias fotografías de su llegada y seguimos con nuestro descubrimiento del Brocken.

No esperéis arboles frondosos, ni una vegetación rica, ni siquiera algo que pueda parecer que allí hay algo vivo. Creo que la belleza del lugar se basa en su desolación, en que solo los fuertes sobrevivían, en un lugar tan duro como este. Continuamos con nuestro recorrido para poder disfrutar de las vistas sobre los montes boscosos del Harzt y la llanura que hay mas allá, así como admiramos las peñas de granito fabulosamente erosionadas, conocidas como el púlpito del diablo y el altar de las brujas.

Hubo momentos en los que pensamos que saldríamos volando, como si fuéramos las famosas brujas, y no por que tuviéramos poderes maléficos, sino por el fuerte viento que azotaba el lugar, que hacia que pareciésemos pequeños muñecos en manos del caprichoso y diabólico viento.

El tren volvía a descargar su grito en el aire, señal inequívoca de que estaba a punto de salir. Era hora de regresar por lo que a él nos dirigimos. El revisor bromeó con nosotros al ver que veníamos corriendo, y nos gastó una pequeña broma, haciéndonos ver que el tren salía ya… Después de reírnos un rato, nos acomodamos en sus asientos y esperamos a que nos bajara de esta tierra yerma, y nos devolviera a la frondosidad de Elend.

Un recorrido tranquilo nos volvía a descubrir los paisajes que habíamos admirado a la subida. Un rincón tras otro, en el que habíamos soñado, y nos habíamos ilusionado con esta peculiar cumbre. Volvíamos satisfechos, nos había gustado su crudeza, lo áspero de su paisaje, y lo desolado del entorno. Era como si los corazones rotos desoyeran su dolor, al adentrarse en un lugar donde la aridez mas dura, jugaba con el esplendor de la vegetación circundante.

De pronto la estación de Schierke apareció ante nuestros ojos. Cogimos nuestras mochilas, bajamos del tren, y nos costó discernir en que época nos encontrábamos. Parecía como si el reloj se hubiera parado hacía un siglo. Nos metimos en la vieja cafetería de la estación, llamamos a nuestro amigo alemán, y en el tiempo en que nos tomamos un aguado café, volvió con su flamante coche, devolviéndonos a los dulces brazos de Suny y Gish.

A él, Timo, solo le podemos decir “vielen Dank für Ihre unendliche Güte “.

Después de despedirnos con tristeza de él, seguimos con nuestra ruta. Estábamos realmente cansados, pero habíamos vivido una aventura extraña y emocionante al mismo tiempo, en la cual habíamos aprendido lo generosos que pueden llegar a ser estos alemanes, gente sorprendente, que te ofrece su ayuda sin pedir nada a cambio.

Nuestro destino para el día siguiente era la población de Goslar, y en ella teníamos pensado dormir, pero su área no disponia de  servicio de vaciado, por lo que decidimos hacer una parada en la cercana área de la población de Braunlage.

Muy bien ubicada junto al centro de la población encontramos él área, en un amplio prado verde junto a una pequeña masía, en la que se encontraban una docena de autocaravanas aparcadas. Lo cierto es que el lugar resultaba muy familiar, quizás demasiado para dos extranjeros como nosotros, recién llegados, a quien todos miraban con curiosidad.

Algo incomodados, vaciamos, y emprendimos el camino hacia Goslar, descendiendo de los montes del Hartz, y quedándonos a sus pies. Apenas nos costó encontrar el área, nuevamente las coordenadas GPS de la guía que habíamos comprado eran exactas. En un principio temimos que el área fuera un tanto ruidosa, pero resulto ser la mar de tranquila, con lo que después de la susodicha cena, baño y charla, nos acostamos con la cabeza llena de recuerdos del día que habíamos vivido. Un día emocionante, divertido, e inolvidable en muchos aspectos.



Dia 7. Wartburg – Goslar.
Kilómetros día: 185 Kms.

- Estacion de tren de Elend
GPS: 51º 44? 46,37” N – 10º 41? 27,19” E
Coste aparcamiento: Gratuito.

- Estación de tren de Schierke.
GPS: 51º 45? 55,34” N – 10º 40? 33,88” E
Coste aparrcamiento: Pago en parkimetro.

- Área Autocaravanas de Braunlage (pag. 240 guía ADAC)
GPS: 51º 43’ 3’’ N – 10º 36’ 30’’ E

- Pernocta: Área Goslar. (pag. 235 guía ADAC)
GPS: 51º 54’ 37’’ N – 10º 25’ 3’’ E
Precio: Gratuita. (revisar coste)


 
Día 8: Goslar – Lubeck
   

Nos levantamos con el buen ánimo que daba ver al sol abriéndose paso a través de las nubes, y es que aunque lo hiciera tímidamente, parecía que la climatología nos permitiría seguir disfrutando de nuestro viaje. Desayunamos, y nos dispusimos a descubrir  la población de Goslar.

Desde el área, situada a las afueras de la población, salía un camino que nos llevaría en apenas diez minutos al centro de la localidad, con lo cual, cogimos las mochilas y nos dispusimos a conquistar la ciudad. Era bastante temprano por lo que hacia algo de frio, pero poco a poco, a la que nos pusimos a caminar, sentimos como los cálidos rayos del sol nos hacían entrar en calor rápidamente.

Rodeada por los bosques del Hartz, la ciudad imperial de Goslar cuenta con una historia milenaria. El hallazgo de las primeras vetas de plata, motivó al emperador sajón a convertir Goslar en su sede principal. Con más de 27 millones de toneladas de minerales, las minas de Rammelsberg fueron el yacimiento continuo de metal más grande del mundo. Gracias al comercio de metal, Goslar gozó de una notable posición dentro de la Hansa.

El casco antiguo medieval es patrimonio de la humanidad, debido al gran numero de casas con entramado de madera que existe, y que se ha mantenido casi intacto a lo largo de los siglos. Tiene forma oval y está excelentemente conservado. Fue trazado sobre un espacio muy estrecho, de tan solo un kilómetro cuadrado. El poderoso palacio imperial fue construido en estilo románico. Fue durante siglos la construcción más grande y más segura de los emperadores sajones en el Palatinado.

Goslar fue centro de la fe cristiana, de hecho la llamaban la “roma del norte”. Sus 47 torreones de iglesias y capillas caracterizan la singular silueta de la ciudad. Está marcada por las casas gremiales, pero sobre todo por el histórico ayuntamiento de la Plaza del Mercado, un lugar emblemático y precioso que nos dejó fascinados.

Entre sus preciosas calles pudimos encontrar figuras de Botero, rechonchas en su plenitud, con sus formas redondeadas y altivas, desafiando a todos los peatones que nos parábamos a admirarlas. Visitamos el Brusttuch, un fabuloso edificio de piedra que actualmente es un hotel, pero nosotros lo que queríamos ver era su famosa figura de “La doncella de la mantequilla”, que imperturbable, se rasca el trasero, bajo los ojos indiscretos de todos los que la observamos.

Encaminamos nuestros pasos hacia el magnifico Kaiserpfalz (o palacio real), que se levanta majestuoso sobre las pendientes de césped que hay en el extremo de la ciudad. Al bajar nos encontramos con una sorpresa muy agradable: en una de las casas gremiales, en concreto en la de los alfareros, nos sorprendió ver en su interior bancos pintados en blanco y negro, cuyas formas reproducían a personas, en ellas te podías sentar en su regazo como si fueran a cantarte una nana.

Un montón de tiendecitas de arte, se encontraban en aquella fabulosa plazoleta. Observamos un buen rato y una vez saciada nuestra curiosidad nos encaminamos hacia la auto. A unos dos Kilómetros al sur de la población de Goslar se encuentran las famosas minas de Rammelsberg, cuya explotación funcionó por más de mil años. Ya a bordo de la autocaravana, no nos costó demasiado encontrarlas pues se hallan bien indicadas. Aparcamos, y nos dirigimos a la taquilla, donde preguntamos por el siguiente pase. Varias eran las opciones, pero lamentablemente, hasta las cinco de la tarde no había ninguna visita guiada en inglés, lo que suponía perder lo que quedaba de la mañana y casi toda la tarde. Muy a nuestro pesar, decidimos dejar las minas para otra ocasión.
Goslar nos había encantado, pero todavía teníamos más balas en la recamara, con lo que nos volvimos a poner en marcha, esta vez rumbo hacia Wolfsburg, una cercana población con una historia muy relacionada con el mundo del automovilismo.

No podemos hablar de Wolfsburg sin hablar de Volkswagen, para que se entienda la idea general de este coche. En la década de 1930, el Tercer Reich de Hitler estaba muy ocupado construyendo las “Autobahnen”, por aquel entonces la red de carreteras mas avanzadas del mundo, aunque curiosamente apenas hubiera coches para recorrerlas. Al Führer le encantaban los coches y encargó a Ferdinand Porche que desarrollara un Volkswagen (o coche del pueblo) para motorizar a las masas a un precio asequible, unos 500 euros.

Inspirándose en los vehículos diseñados por Hans Ledwinka para la marca checa Tatra, con el motor detrás y de lineas aerodinámicas, Porsche produjo un primer prototipo en 1935. Hitler quedó entusiasmado. Se escogió un emplazamiento para la fabrica que los iba a producir en la actual Baja Sajonia y en 1938 el propio Führer colocó la primera piedra. La nueva ciudad llamada Kraft durch Freude Stadt (Ciudad de la Fuerza a través de la alegría), fue proyectada en el estilo favorito de los nazis, con bulevares y edificios triunfales.

Pero la guerra comenzó antes de que pudieran fabricarse muchos Volkswagen clásicos, y el diseño se adaptó para producir un vehículo tipo todoterreno llamado Kübelwagen (coche cubo), del cual se construyeron unos 50.000 ejemplares en 1945, junto con su versión anfibia.

Cuando los británicos llegaron a la ciudad en 1945, era un lugar siniestro lleno de barracones habitados por trabajadores forzados procedentes de toda Europa, evidentemente había que darle un nuevo nombre a todo aquello. Y de este modo, los Volkswagen, que en su día simbolizaron el ideal nazi de movilidad, pasaron a representar las virtudes de la República Federal de después de la guerra, por su solidez, fiabilidad y economía.

Tenemos por costumbre ir leyendo la información de los lugares que vamos a visitar antes de hacerlo, pero en el caso de la ciudad de Wolfsburg, ésta tiene una especial relevancia. Nos adentramos en la ciudad, grande y bulliciosa a aquellas horas de la tarde, en la que evidentemente el fabricante de automóviles tiene una importancia destacada. No lográbamos encontrar el museo, por lo que nos detuvimos junto a la estación, donde señalaba había una oficina de información turística. Al fondo, un emblema gigante de Volkswagen lucia en lo alto de una gran torre. Miramos a nuestro alrededor y lo cierto es que no nos habíamos dado cuenta pero la mayoría de vehículos que había eran modelos de dicho fabricante.

Aprovechamos para comer e ir a pedir algo de información. Evidentemente Wolfsburg tenía mucho más que ver que tan solo el museo de automóviles, pero como en toda ruta, hay que ceñirse al plan de viaje si uno no quiere perderse por el camino, por lo que nos dirigimos directamente al museo. Dejamos a Suny aparcada en el parking gratuito de que dispone, y nos dirigimos a la taquilla. Compramos las entradas, a razón de 6 euros por persona, más algún que otro capricho que no pudimos contenernos de llevarnos a casa, y nos dispusimos a adentrarnos en el fantástico mundo de este pequeño utilitario.

Allí dentro, uno entiende un poquito mas la filosofía de este coche que nació para que cualquier persona con pocos medios pudiera conducirlo. En este museo, de dimensiones bastante contenidas, encontramos una retrospectiva de los modelos mas famosos y míticos fabricados por esta casa, desde el mítico escarabajo, hasta las preciosas y relucientes furgonetas California, todos ellos colocados en perfecta sincronización para mostrar su mejor cara.

El lugar está escrupulosamente dispuesto para satisfacer el paladar más exquisito, haciendo la delicia para todos los que estábamos allí inmersos, en aquel batiburrillo de coches de exposición. Olor a goma y gasolina, que hacían de aquel lugar realmente un santuario.

Salimos con una sonrisa de oreja a oreja. Solo nos había faltado escuchar alguna canción de los Beach Boys, para recrearnos en el efecto de los años 70. Una experiencia fantástica que nos encantó. Ya en la calle, nos montamos en nuestra auto, y nos dirigimos al Allersee, un lago situado a las afueras de la ciudad, alrededor del cual se está desarrollando una gigantesca zona lúdica. Caminos para pasear en bici, playas, centros de deportes acuáticos e incluso un parque acuático en el que tuvimos tentaciones de entrar, pues el día era francamente caluroso. De hecho, nos acercamos hasta la puerta, pero lamentablemente era sábado, lo que propiciaba que la afluencia de gente fuera masiva. Decidimos dejarlo para otra ocasión, pues si algo hay en Alemania, son parques acuáticos, y lo más curioso es que los precios de entrada son realmente económicos.

Algo tristes, pues nos habíamos hecho ilusiones de que nos íbamos a dar un baño relajante, reiniciamos la marcha. Nuestra intención era dirigirnos directamente a Lubeck, en la costa del báltico, pero apenas habíamos recorrido unos pocos Kilómetros, cuando de pronto vimos unos edificios con cúpulas doradas que llamaron poderosamente nuestra atención. Se trataba de la población de Gifhorn, de la que no teníamos ningún tipo de información pero, desde la auto, nos pareció un lugar indescriptible, por lo que decidimos detenernos e ir a investigar de que se trataba.

Situada en la Baja Sajonia, en la confluencia de los ríos Aller e Ise, se encuentra Gifhorn, cuya historia se remonta al 1196. Antiguamente había una antigua ruta de la Sal, que se situaba entre Brunswick y Lüneburg que hizo famoso dicho recorrido. La localidad en si es muy bonita, con sus pintorescas casitas de colores y varios entramados de madera que resultan altamente apetecibles, pero lo que realmente nos impresionó fue el parque internacional del Molino, único de estas características en toda Alemania.

Cubre un área aproximado de 100.000 metros cuadrados. Hay 15 molinos de viento originales y un molino de agua. Contra mas nos adentrábamos en el lugar mas excepcional nos parecía. Había varias construcciones, que parecían recién sacadas de la película Anna Karenina, su fantástica iglesia Rusa Ortodoxa de madera de San Nicolas, simplemente nos dejó sin palabras.

Pero no solo era su iglesia, si no su excepcional entorno. El gran lago SchossSee de aguas ambarinas y bañado por nenúfares; el sol reflejándose de una manera tan sutil que hacia brillar con fuerza sus aguas; su precioso puente de madera suspendido ente las nubes, y las barcas juguetonas que navegaban a lo largo y ancho del rio.

El lugar nos dejo realmente alucinados, y el atardecer que allí vivimos aun más. A veces el destino nos brinda estas sorpresas, y sin comerlo ni beberlo, encontramos un lugar de esos que parecen no existir en el mapa. Fuimos caminando por aquellos caminos interminables coloreados de verde, a ambas orillas sus casitas de madera se asomaban tímidamente, intentando mostrar toda la belleza de un lugar, en el que todo resultaba tener un sitio preestablecido. Seguimos con paso firme, había trazada una ruta que nos llevaría directamente hasta el pueblo, con lo cual decimos pegarnos un poco mas la paliza, ya que estaba bastante retirado, y llegar hasta su centro.

Dimos varios pasos y nos encontramos con el Palacio de Guelph, construido en el Renacimiento, que fue la residencia del duque Francisco de Brunswick y Lüneburg. Allí nos encontramos en medio del lago, dos estatuas casi sumergidas enfrentadas una a la otra mirando al cielo. Realmente cada sutil detalle del lugar era evocador, y tenías que tener los ojos bien abiertos para no perderte ninguno.

Llegamos al pueblo cansados, pero encantados de la vida, dimos un par de vueltas por el lugar, soleado y silencioso. Cada pieza en su sitio, cada personaje esperando que el anterior le diera pie para la siguiente frase. Fue genial, anduvimos observando todo aquello como si el mas mínimo detalle se pudiera perder para siempre.

Después de saborear aquel lugar, dimos media vuelta, volviendo sobre nuestros pasos, y regresamos donde había comenzado esta aventurilla. Pero ya todo había cambiado, nos llevábamos tanto de este lugar, que para siempre sus cúpulas doradas formarían parte importante, de un gran viaje como estaba resultando ser este.

Apenas había luz, pero hasta nuestras pupilas llegaban pequeños destellos, efectos de los diminutos rayos de sol que aun se filtraban sobre el agua. Nos resistíamos a abandonar Gifhorn, pero ya casi no se veía nada, y todavía teníamos un largo trecho hasta llegar a Lubeck, con lo cual, subimos a lomos de Suny, y volando como en un fantástico cuento, pusimos rumbo hacia nuestro plateado y ansiado mar Báltico.

Fueron algo más de doscientos Kilómetros los recorridos hasta llegar a Lubeck, todos ellos a través de llanos y frondosos bosques. Que agradable es conducir por Alemania! Tan solo el gran número de radares que encontramos, incomodaron nuestra marcha. Si si, radares, porque aunque Alemania sea un país conocido por no tener límites de velocidad, los tiene en muchos lugares, pero siempre en aquellos cruces o tramos peligrosos en los que evidentemente conviene reducir la marcha.

Finalmente llegamos a Lubeck. Varias eran las áreas de que dispone la ciudad. Nosotros elegimos una situada en las afueras, pues nos temíamos que la que se encontraba en el centro fuera muy ruidosa y no nos permitiera descansar. Llegamos a ella ya de noche, pero aun así aprovechamos para vaciar. No parecía especialmente bonita y se encontraba prácticamente llena, pero como pudimos, aparcamos en un huequecito que quedaba, dispuestos a pasar allí la noche.

Había sido un día muy intenso, como lo estaban siendo todos en este fantástico viaje. Cenamos algo, nos tumbamos en la cama, y respiramos profundamente. Alemania nos estaba fascinando, mucho más de lo que a priori nos hubiéramos imaginado. Cuantos recuerdos, cuantas sensaciones vividas, pero sobre todo, cuanta magia encierra este gran país.

A la mañana siguiente nos esperaba Lubeck y la costa del mar Báltico, cuyos recuerdos de nuestro viaje a Dinamarca todavía perduraban en nuestra memoria. Un mar frio y pausado, un mar extraño, sobretodo para los que vivimos a orillas del Mediterráneo, pero sin duda, un mar que anhelábamos por encima de todo y nos apetecía volver a saborear.

Desde tiempos inmemoriales, uno de los grandes empeños del hombre ha sido cruzar continentes para hallar nuevos y exóticos mares. En nuestro caso, hemos de confesar que sentimos esa misma debilidad, poder disfrutar del sonido del mar y de sus cambiantes colores, siempre nos sorprende y hechiza. Por lo que al planear este viaje, no dudamos en que uno de nuestros objetivos era llegar hasta el Mar Báltico, que linda con Alemania por su cara norte. Sus paisajes los formaron el hielo y el agua. Los glaciares esculpieron lagos y estanques cristalinos, y depositaron arena y grava creando un paisaje suavemente ondulado. A lo largo del Báltico, el viento y las olas modelan una costa de bahías, islas y penínsulas protegidas por lagunas de agua salada, conocidas como Bodden.

Probablemente la costa Alemana no sea una de las mas conocidas, pero no por ello deja de tener su encanto. De hecho, nos costó decidir qué íbamos a dejar en el tintero, pues no teníamos días suficientes para visitarla toda.

Finalmente las grandes sacrificadas fueron las Islas Frísias, situadas en el Mar del Norte, a continuación de las que se encuentran en tierras holandesas y que visitamos el año anterior. Decidimos, por lo tanto, dedicarnos únicamente a la costa del Báltico, un mar frío y extraño a los ojos de dos mediterráneos como nosotros.

Lejano nos parecía el día del inicio de la ruta, pues las vivencias habían sido muchas hasta el momento, pero todavía nos quedaban muchos días por delante e instantes por vivir, por lo que comenzábamos esta nueva etapa del viaje, con muchas ganas y expectativas.



Dia 8: Goslar – Lubeck
Kilómetros día: 322 Kms.

- Mina de Goslar.
GPS: 51º 53? 18,92” N – 10º 25? 09,02” E
Coste parking: Gratuito.

- Auto-Museum Volkwagen (Wolfsburg).
GPS: 52º 25? 39,92” N – 10º 48? 34,92” E
Coste del museo: 6 euros/persona.
Coste del parking: Gratuito.

- Mühlenmuseum (Gifhorn).
GPS: 52º 29? 39,22” N – 10º 32? 51,97” E
Coste del museo: 9 euros/persona.
Coste del Parking: Gratuito.

- Pernocta en Area de Lubeck. (pag. 51 guía ADAC)
GPS: 53º 53’ 44’’ N – 10º 42’ 38’’ E
Capacidad: 12 plazas.
Precio: 7 €/noche


 
Día 9. Lübeck – Zingst.
   

El tiempo dio un nuevo giro aquella mañana, algo que parecía ser habitual en el país germano, pues aunque no llovía, un manto gris lo cubría todo nuevamente, rompiendo en mil pedazos un cielo pintado de tormenta, el cual nos mostraba pequeñas grietas que filtraban diminutos rayos de luz. Afortunadamente, poco a poco nos íbamos acostumbrando a tanto cambio, por lo que sin prestarle demasiada atención, desayunamos tranquilamente.

Nuestro primer plato para aquel día era la visita a la ciudad de Lübeck. El día seguía encapotado y frío. Parecía el attrezzo perfecto para visitar una ciudad que ha sido, históricamente, el punto de partida de la mayoría de barcos que se dirijan a los países nórdicos, en los cuales, a parte de embarcar, comenzaba una aventura que te llevaba directamente a tierras vírgenes.

Aunque nos hallábamos en Lübeck, el área en la que habíamos pasado la noche se encontraba a las afueras de la localidad, por lo que, sin perder mucho tiempo, pusimos rumbo al centro de la población. Una extraña sensación de quietud invadía la ciudad aquella mañana, y es que no nos habíamos percatado de que era domingo. Comenzábamos a perder la noción del tiempo, señal inequívoca de que estábamos totalmente inmersos en el viaje.

Junto al puerto antiguo, a pocos minutos del centro, encontramos fácilmente un aparcamiento específico para autocaravanas. No parecía mal lugar para pernoctar, pero al parecer, la noche anterior se había celebrado allí algún tipo de festival y nos hubiese sido imposible llegar hasta allí. Ya a pie nos dirigimos al centro de la ciudad.

Rodeado por sus defensas marítimas, este antiguo puerto y ciudad comercial, ha conservado gran parte del ambiente de sus días de gloria, cuando, como líder de la liga Hanseática, su influencia se extendió por todo el Báltico. Lübeck continua siendo un puerto importante, aunque el grueso de la actividad se ha desplazado hacia la desembocadura del rio Trave. Pero si por algo destaca Lübeck es por ser una de las ciudades medievales más bellas del continente, con edificios de ladrillo rojo, al estilo de los que se pueden ver en toda la costa norte de Europa, desde Holanda hasta Estonia.

Situada en el estado de Schleswig-Holstein, en el norte de Alemania, Lübeck es la última ciudad de importancia antes de llegar a la frontera con Dinamarca. Es una de las pocas ciudades alemanas que se salvaron de los bombardeos masivos de la Segunda Guerra Mundial, y “sólo” un veinte por ciento de su casco urbano fue destruido. Esto es debido a que se convirtió en centro logístico de la Cruz Roja durante el conflicto bélico, y por ello fue algo más respetada que otras ciudades que no corrieron la misma suerte.

El casco antiguo de Lübeck, queda como una isla rodeada por los ríos Trave y Wakenitzes. Es bastante pequeño, por lo que se puede recorrer a pie fácilmente. Lo primero que llamó nuestra atención fue el Museo de las marionetas, que desgraciadamente a aquellas horas encontramos cerrado. Pero pudimos averiguar, que posee una de las colecciones de marionetas más grande, interesante y ecléctica del mundo. Eso quiere decir que no solo tienen infinidad de marionetas de todas las épocas, sino también de todo el mundo: África, Asia, Europa… Todo ello repartido en varias plantas y dividido por salas. Un autentico caramelo que nos quedamos con las ganas de saborear, pero otra vez será…

Lübeck tiene una importante presencia de arquitectura gótica. El casco antiguo está dominado por siete agujas que despuntan en el horizonte, pertenecientes a sus respectivas iglesias. Continuamos nuestro paseo y visitamos la iglesia Marienkirche, en la que aún se pueden ver las campanas destrozadas, tras un bombardeo en la segunda guerra mundial y la estatua de un diablo sentado, sobre la que existe una leyenda popular bastante divertida. Cuenta la historia que en el momento de construir la iglesia, el diablo pensó que se construía un bar en el lugar en vez de la iglesia y por lo tanto ayudó a su rápida construcción. A medida que avanzó la obra, se dio cuenta de su error y cogiendo una gran piedra alargada a manera de ariete intentó derribarla.

Un ciudadano, viendo la escena, lo paró y le dijo que ya que estaba terminada y no había nada que hacer, que no merecía la pena derribarla, que ya construirían un bar al lado (hoy día, el bar del ayuntamiento). El diablo soltó la piedra junto al muro de la iglesia, precisamente sobre la que está la escultura del diablillo, hoy en día, dejando la marca de sus manos en ella. Hoy es raro el visitante que no se hace la foto con el descarado diablo, con lo cual da bastante que pensar, quien ganó la partido, no?

Justo al norte de la iglesia se alza la Buddenbrookhaus, una espléndida mansión blanca que debe su nombre a Los Buddenbrook, una de las novelas de Thomas Mann, natural de la ciudad. El edificio esta dedicado a su memoria y a la de su hermano, el también escritor Heinrich Mann.

Antaño solamente se podía entrar en la ciudad medieval a través de cuatro torres que hacían las veces de puertas de acceso, de las cuales Holstentor (1478) es la más famosa e impresionante. La ciudad ha conservado desde entonces un ambiente medieval que la diferencia del resto de capitales alemanas. En Lübeck encontramos muchos puntos de interés, pero quizá lo que más se disfruta es pasear por sus viejas calles, a cuál más bonita e inspiradora.

Seguimos callejeando durante largo rato observando el devenir tranquilo de la gente, paseando bajo sus viejos arcos. Recorrimos su centro histórico, empapándonos del Lübeck más desconocido, y por poner un “pero”, tan solo no haber previsto hacer coincidir nuestra visita, con alguno de los días en que se celebran funciones en su famoso teatro de marionetas, lo cual nos pareció realmente curioso.

Cansados, pero satisfechos de nuestra visita a Lubeck, regresamos a la autocaravana y pusimos rumbo hacia nuestro siguiente destino, la ciudad portuaria de Wismar. Ciudad histórica donde las haya, gracias a sus preciosas calles empedradas que encierran una amalgama de edificios centenarios, iglesias históricas y un antiguo puerto.

Pasear por la Markplatz, fue todo un descubrimiento, con su Alter Schwede Market Hall, que es todo un testimonio de la época en la que Wismar perteneció al Reino de Suecia y el Wasserkuntz, una fuente renacentista en forma de pabellón que abasteció de agua a la ciudad durante tres siglos.

Su casco antiguo tiene 169 casas patricias, que forman el mayor centro histórico conservado del mar Báltico. Como anécdota podemos contar que Wismar, sirvió de telón de fondo para rodar una de las películas mas importantes del genero de terror, Nosferatu, uno de los vampiros mas famoso de la historia del cine.

Salimos de la plaza y pudimos disfrutar de varias iglesias, a cual más enorme. Tiene seis en concreto, y todas ellas son una incomparable muestra de la famosa arquitectura religiosa gótica en ladrillo rojo, típico de las ciudades que pertenecieron a la Liga Hanseática. La más reconocida de todas ellas, es la de San Nicolás, con su nave central de 37 metros de altura. A su lado pasa la Grube, un antiguo cauce de agua en forma de acequia, que todavía serpentea por el casco histórico y se conserva intacta.

Seguimos caminando y encontramos las cervecerías mas importantes de la población, que constituyen una de las atracciones turísticas más importantes del lugar. Además, no todo iban a ser monumentos! La más importante, la Brauhaus am Lohberg (Kleine Hohe Strasse, 15), además de ser un edificio espectacular, es lugar de parada obligatoria en el camino para degustar su magnifica cerveza, de elaboración propia desde el siglo XV. Está al lado del puerto, con lo cual a parte hay unas vistas preciosas. También tuvimos la opción de poder dar un paseo en barco por toda la cuenca marítima de Wismar.

Cansados, pues era tarde, regresamos a la autocaravana para comer y tomar un respiro, a la vez que planificábamos nuestros siguientes pasos. En nuestra lista se encontraba la visita a otras poblaciones costeras como, Rostock o Stralsund, pero lo cierto es que Lübeck nos había encantado, Wismar, nos pareció bonita, pero nos daba miedo que si seguíamos visitando poblaciones bálticas con un aire tan parecido unas a las otras, al final se nos acabaría haciendo la ruta aburrida.

Fue por ello que decidimos dar un pequeño salto y dirigirnos directamente a la península de Fischland-Darbs-Zingst, un lugar que teníamos unas ganas inmensas de conocer y que nos dejo totalmente entusiasmados. Es lo bueno que tiene viajar en autocaravana, que puedes ir cambiando y dibujando la ruta en cada momento.

La península de Feschland-Darss-Zingst, es una de las más hermosas de las que hemos podido disfrutar. Está situada junto al Parque Nacional más grande de la Alemania del Este, el Vorpommersche Boddenlandschaft, en el que encontramos bosques, praderas, pantanos, dunas y lagunas de agua salada.

Es famoso también por sus variadas regiones y sus kilométricas playas. Su costa de arena fina tiene 60 kilómetros de largo y os podemos asegurar que es única por muchos motivos. Fina arena blanca hasta donde llega la vista, sin piedras e ideal para pasar unos días de descanso, o para volverte loco practicando surf, o windsurfing.

Nos adentramos en la península de Zingst por el sur, desde la población de Dierhagen. En paralelo a la carretera, un magnífico y concurrido carril bici recorría la península de punta a punta. A nuestra derecha, la bahía de Saaler y a la izquierda, la playa y el mar Báltico.

No pudimos evitar detenernos para echar una ojeada. Lo hicimos en la maravillosa Playa de Darsser Westtand, situada dentro del parque nacional, con sus arboles retorcidos extravagantemente en un asombroso ejercicio de flexibilidad, llamados coloquialmente Windflüchtern, y sus famosas cestas de mimbre, que sirven para protegerse del fuerte viento, ya que en ocasiones puede resultar muy molesto cuando estas tomando el sol.

El lugar nos pareció maravilloso, al escribir estas palabras no he podido evitar un pequeño suspiro, por que simplemente la imagen que de ella tengo, me resulta tremendamente deliciosa. No quisimos demorarnos demasiado pues teníamos ganas de visitar primero el pueblo de Ahrenshoop y ya más tarde disfrutar tranquilamente del atardecer en aquellas playas de ensueño.

Dimos una vuelta rápida, volvimos a subir a “Suny” y nos encaminamos hacia la colonia de artistas de Ahrenshoop.

Fundada a finales del siglo XIX, es conocida por ser una de las colonias más importantes, pues hoy en día sigue siendo un lugar de artistas, en el cual se puede descubrir el cambio de paisajes y luz tal y como lo hizo en su día el pintor Paul Müller- Kaempff.

El paisaje, la gente, la atmósfera intercultural y creativa del lugar, han sido inspiración de obras de arte conocidas mundialmente, y que suponen un gran impulso para la pintura y el arte en general.

Ahrenshoop nos enamoró en cuanto pusimos nuestros pies en ella. Sus casitas con sus techos de paja, pintadas de colores alegres y con todo tipo de ilustraciones en sus puertas, hacían de aquel un lugar realmente excepcional. Recorrimos sus pequeñas calles, observando todo con cara de estupefacción. Todo en el lugar era de una belleza arrebatadora. Son muy recomendables las visitas a las galerías de arte de Kunstkaten y Alte Schule, y como no la de la pequeña iglesia marinera típica de la zona, conocida por su curiosa forma de barco puesto boca abajo, original a la que vez que sencilla.

Dimos un agradable paseo para ver la playa, primero, y la bahía más tarde, disfrutando del contraste entre ambas. Lo cierto es que nos encantaba todo lo que estábamos viendo y se nos pasó el tiempo volando, sin duda, hubiésemos alargado todavía más nuestra visita al lugar, pero empezaba a ser tarde. Pronto anochecería y convenía encontrar un lugar para pernoctar antes de quedarnos sin luz.

Eran dos las áreas que teníamos más próximas. La primera y más cercana, se encontraba a las afueras de la población de Perow. Tras cruzar el parque nacional de Vorpommersche Boddenlandschaft, la encontramos fácilmente, pero no nos gustó. Se encontraba a pie de carretera en el que nos pareció un lugar poco agradable para pasar la noche, así que preferimos dirigirnos a la segunda opción situada en la población de Zingst. En este segundo caso el área se encontraba al Norte de la población, en una zona muy tranquila al lado de la playa, pero llegar hasta ella nos costo un buen rato, pues tuvimos que cruzar toda la población. Al llegar, un grupo de surfistas nos dio la bienvenida. El área se encontraba muy concurrida pero afortunadamente encontramos una plaza. La única pega resulto ser que estaba bastante justita de servicios, los 15 euros que costaba pasar allí la noche se nos hacían algo caros, ya que prácticamente carecía de servicios, pero el lugar era fabuloso y bien merecía soltar los 15 euros.

Nos acercamos a la playa en el momento en que los últimos rayos de luz se despedían de nosotros. El aire, gélido a aquellas horas, soplaba con fuerza, sonrojando nuestras mejillas, viento que muchos amantes del windsurf y kitesurf se apresuraban a disfrutar. La singularidad de aquel paisaje era abrumadora, los rayos de luz caían sobre sus aguas plateadas, vistiéndolas de un brillo casi cegador. Nos sorprendía la quietud de la pareja sentada en un banco en la misma arena de la playa, con sus manos entrelazadas y la mirada perdida en la infinidad del mar. Ese mar que habíamos echado tanto en falta, y que nos había entregado momentos tan íntimos y especiales. Ese mismo mar que volveríamos a anhelar en el mismo momento que lo volviéramos a abandonar. Allí quietos, con el viento despeinando mis cabellos, observábamos la composición de aquel momento para no olvidarlo jamas.

Apenas quedaba luz, algún resquicio perdido entre las nubes negras, y alguna diminuta lucecilla que se filtraba de la cercana población, momento este en el que aprovechamos para regresar a la autocaravana, y asimilar todo lo vivido durante ese magnifico día. Nos preparamos algo de cena, y descansamos repasando las fotografías de aquel día tan intenso. Hasta que el sueño y el agotamiento, nos pudo y nos abandonamos en los brazos del hado de los sueños.



Dia 9: Lubeck – Zingst.
Kilómetros día: 210 Kms.

-Área Autocaravanas centro de Lubeck
GPS: 53º 52? 17” N – 10º 40? 43” E
Coste: pago en parkimetro según estancia (domingos gratuito).

-Aparcamiento público Wismar
GPS: 53º 53? 26” N – 11º 28? 11” E
Coste: Gratuito.

-Aparcamiento público Areenshop.
GPS: 54º 22? 41” N – 12º 25? 00” E
Coste: Pago en parkimetro según estancia

- Pernocta: Área Autocaravanas Zingst. (Pag. 77 guía ADAC)
GPS: 54º 26’ 27’’ N – 12º 42’ 25’’ E
Capacidad: 40 plazas.
Precio: 15€/noche


 
Dia 10: Zingst – Isla de Rügen.
   

Nos despertamos ansiosos en nuestro décimo día de viaje. La península de Zingst nos había parecido un lugar excepcional por muchos motivos y teníamos ganas de seguir disfrutando de ella. Lamentablemente el tiempo parecía no acompañarnos demasiado aquella mañana, pero estábamos convencidos de que el sol conseguiría otra victoria mas sobre el gris matutino Alemán, y se abriría nuevamente paso entre las nubes.

Nuestra idea para aquella mañana, era dirigirnos a uno de los principales atractivos turísticos de la península, el faro de Darsser Ort, situado en pleno parque nacional Vorpommersche Boddenlandschaft. Son varios los caminos que conducen hasta él, pero evidentemente solo se pueden hacer a pie, en bici, o en uno de los carruajes de caballos que recorren el parque. En nuestro caso teníamos ganas de pedalear.

Tras desayunar nos dirigimos nuevamente a la población de Perow, desde la que sale el camino hacia el faro que queríamos hacer. La población nos pareció pequeña y extremadamente turística, lo cual nos hizo poner en alerta al circular por ella, ya que fue bastante complicado no perder el control entre tanto turista. Finalmente logramos cruzarla, y hallamos un aparcamiento en el que dejar la autocaravana. Era de pago, pero preferimos marcharnos con la tranquilidad de dejar el vehículo a buen recaudo. Era curioso ver como nos observaban dos autocaravanistas españoles en aquel lugar recóndito, y es que hay que reconocer que no vimos otro turismo que no fuera el propio alemán. Ni una autocaravana de ninguna otra nacionalidad, aparte de la alemana, nos resulto increíble, pero realmente ha sido casi la tónica habitual en gran parte de nuestra ruta.

Al pie del parking, se encontraba justamente el camino que conduce al faro, por lo que bajamos las bicis y nos pusimos a pedalear. El día seguía frio, pero pedalada a pedalada comenzábamos a entrar en calor, el recorrido estaba siendo fantástico y seguimos con nuestro pedaleo tranquilo. Encontramos un poco de todo: tramos asfaltados, otros de tierra que cruzaban los bosques, hasta que finalmente llegamos a un aparcamiento abarrotado de bicicletas.

Ante nosotros se encontraba el faro de Perow, cuya cima era apenas visible por la niebla tan densa que había en el lugar.

Al bajar de las bicis nos dio la risa, era una situación un tanto surrealista, nos resulto muy divertido tanta gente allí congregada, para ver, que? Una niebla tan intensa que apenas éramos conscientes de lo que teníamos delante. Pero aun así, nos cogimos de la mano, nos adentramos a través de sus arboles retorcidos y hundimos nuestros pies en su gélida arena.

Poco a poco, nos acercamos a la playa, en la que nos encontramos con un paisaje cuanto menos singular. La niebla invadía la playa en toda su longitud, haciendo que su arena pareciera todavía mas blanca si cabe. Anduvimos un buen rato por allí, extrañados pues había quien intentaba tomar el sol bajo aquel manto de nubes. Estos alemanes no dejan de ser curiosamente adorables.

De vez en cuando, parecía que el cielo se habría en pequeñas hileras brillantes, que nos hacían presagiar un inminente día soleado, pero a los pocos minutos, se volvía a esconder, como un niño travieso que juega con nosotros.

Más tarde volvimos a coger las bicis, y dando un paseo por el parque nacional, regresamos a la autocaravana. Realmente había muchos lugares para perderse por la península, pues llevábamos toda la mañana pedaleando, y apenas habíamos recorrido una pequeña parte del parque. Por fin, la mañana había abierto, y unos agradables rayos de sol calentaban todo el lugar.

Por otra parte, nos parecía curioso no haber leído nada sobre la península de Zingst cuando preparábamos el viaje, un lugar que nos pareció especialmente indicado para pasar unos tranquilos días de vacaciones. Pero lo cierto es que la inmensa mayoría de los que allí se encontraban eran alemanes, lo cual evidenciaba lo poco conocida que es la región fuera de las fronteras alemanas.

En nuestro caso, dimos por concluida la visita a la península pues nos quedaba todavía mucho por recorrer, así que tomamos la carretera principal en dirección Barth, abandonando la península por el oeste. Encontramos un aparcamiento de un supermercado, en el que nos detuvimos a hacer unas compras y de paso comer, pues ya era tarde. El sol brillaba con fuerza a aquellas horas, parecía mentira que horas atrás estuviéramos inmersos en la niebla. Algo descentrados con tanto cambio de tiempo, retomamos la marcha hacia nuestro siguiente destino, la isla de Rügen.

Situada en el extremo noroeste de Alemania en pleno Mar Báltico, y con una extensión de aproximadamente 40 kilómetros de ancho por 50 kilómetros de largo, y una superficie total de 926 kilómetros cuadrados, la isla de Rügen es la más grande de Alemania. Comentar que esta isla es uno de los mayores destinos de vacaciones y recreación en Alemania, y dispone del curioso indice más elevado de turistas por residente, que cualquier otro lugar de Alemania. En ella se encuentran muchos de los mejores resorts a orillas del mar, principalmente por disponer de un clima bastante moderado, que va desde los 0 grados en invierno hasta los 16.3 en Agosto.

Uno de los mayores atractivos turísticos de la isla son los antiguos trenes de vapor como el que tuvimos ocasión de probar en la zona del Hartz. Con ellos, incluso se puede acceder directamente a muchos de los resorts que comentamos, así como disfrutar de las playas y explorar la diversidad de paisajes que ofrece este paraíso alemán.

El principal acceso a Rügen es a través del puente Rügendamm, que comunica la isla con la ciudad de Stralsund por carretera y tren. Aunque si se prefiere, también se puede llegar en ferry desde esa misma ciudad, o desde Greifswald y Wolgast. En nuestro caso, evidentemente decidimos ir por el puente. No nos encontrábamos lejos de Stralsund, apenas a algo mas de 30 Kilómetros, pero nuestra intención era visitar el Nationalpark Jasmund, situado en el extremo noroeste de la isla, lo cual suponía añadir otros cincuenta Kilómetros más, por lo que no debíamos demorarnos demasiado.

La tarde estaba espléndida, y salvo algunas retenciones en el acceso a la isla, poco mas nos demoró durante nuestro camino hasta la población de Sassnitz. Llegamos a ella sin demasiada información de donde debíamos dirigirnos. Sassnitz, es una pequeña ciudad portuaria, y nos resulto un tanto complicada movernos por ella. Teníamos localizada la oficina de información turística, pero las estrechas calles del centro eran poco amigas de un vehículo como el nuestro, por lo que decidimos continuar con la marcha. No nos costó demasiado encontrar la carretera que se adentraba en el parque Nacional.

Apenas sin darnos cuenta, distraídos con la exuberante vegetación del parque, llegamos a un claro, y en él un amplio aparcamiento en el que para nuestra fortuna, tenia una zona específica para autocaravanas. No lo dudamos y allí dejamos aparcada a Suny. Tan rápido como pudimos, pues la tarde estaba preciosa y queríamos disfrutarla al máximo, nos equipamos bien y salimos a explorar el terreno.

Junto al área de autocaravanas se iniciaba un camino de unos cuatro kilómetros que, según nuestras indicaciones, conducía al Stubbenkammer (Mirador del asiento del Rey), uno de los lugares que más ganas teníamos de visitar, así que ni cortos ni perezosos comenzamos a recorrerlo.

Iniciamos el sendero que nos adentraría en el bosque, transportándonos como por arte de magia, a un mundo de hadas y duendes. Donde los arboles se hicieron inmensos, los colores intensos y los lagos se cubrieron de alfombras de terciopelo verde, que parecían permitirnos nadar sobre ellos. El lugar era una sucesión de imágenes superpuestas, que nos ofrecían una visión inverosímil, de un lugar que parecía imposible que pudiera existir, si no es en la mente de Tolkien.

Apenas sin darnos cuenta, recorrimos los cuatro kilómetros cruzando aquel maravilloso y mágico lugar, no sin emplear un tiempo considerable, pues a cada paso que dábamos, algún rincón llamaba nuestra atención. Podríamos decir que en esta ocasión el recorrido supero con creces las expectativas del destino, y es que cuando llegamos a la costa, nos encontramos con que el Königsstuhl (El asiento del rey) se hallaba dentro de un parque de ocio o algo parecido, o eso nos pareció entender. Con lo cual, nos dio absolutamente lo mismo el no poder observar el mirador del rey (y también toda la parafernalia de restaurantes que seguramente habrían construido en el) gracias al cielo, aquello era realmente un paraíso, y no un parque artificial.

Volvía a ser tarde, por lo que no consideramos oportuno pagar para entrar en el parque, y mas si cabe, por que dudo que encontramos en el, algo que fuera mas precioso que lo que habíamos disfrutado durante nuestro recorrido. Tomamos el camino que conducía a los acantilados, para desde allí, contemplar la impresionante estampa del lugar.

Una larguísima escalera de madera nos invitaba a bajar hasta la playa. En aquel mismo instante, nos vino un flash de nuestra estancia en Dinamarca, mas concretamente cuando visitamos Monts Klint, ya que el lugar nos recordaba tremendamente a el, pero todo hay que decirlo, no tan idílico, y es que si lo pensábamos estábamos en aquel momento casi pegados a Dinamarca.

La escalera parecía no tener fin, se adentraba mas y mas hacia el abismo, y nosotros bajábamos cada vez mas. Pero no se nos iba de la cabeza, que después tendríamos que subir esta grandiosa escalera peldaño a peldaño, si queríamos volver a la auto.

Al poner nuestros pies en la playa, aun nos recordó mas a Monts Klint, pero nuestra desilusión en esta ocasión quedo patente, ya que no era ni por asomo tan espectacular como nuestra añorada Monts Klint. No me entendáis mal, el lugar era precioso, pero es que Monts Klint era una paisaje casi espacial, irreal al cien por cien. Anduvimos por allí largo rato, contemplando aquellos impresionantes acantilados. Parecíamos unos seres diminutos comparados con aquella grandiosidad. Y desde allí abajo pudimos contemplar suspendido en las alturas el majestuoso asiento del rey. Incluso nos pareció estar alucinando un poco, cuando vimos un grupo de cisnes navegando por el mar sosegadamente… Si, si en el mar!

No sin una buena dosis de sufrimiento iniciamos finalmente nuestra ascensión a través de aquella endemoniada escalera, adentrándonos nuevamente en la densidad del bosque Jasmund. Era tarde y estábamos realmente cansados, pero aun así no éramos capaces de dejar de contemplar aquel paraje que nos tenia hechizados, sin duda, lo mejor de la isla.

Llegamos a la autocaravana ya casi de noche y sin aliento. Con la hora justa de prepararnos algo de cena y disfrutar de una inigualable puesta de sol, que difícilmente olvidaremos. La noche no fue menos especial, pues hacia tiempo que no disfrutaba de un cielo tan limpio y estrellado como aquel. Sin duda parecía que estábamos en el fin del mundo, pero un fin del mundo perfecto. Y así, cansados por el día tan ajetreado que habíamos vivido, pero satisfechos de cuanto habíamos conocido, nos dormimos bajo la sutil vigilancia de las estrellas.

 



Dia 10: Zingst – Isla de Rügen.
Kilómetros día: 132 Kms.

- Aparcamiento público Perow
GPS: 54º 27? 06” N – 12º 33? 16” E
Coste: 4 euros/día

- Pernocta: Area Autocaravanas Hagen (Pag. 81 guía ADAC)
GPS: 54º 33’ 44’’ N – 13º 37’ 36’’ E
Capacidad: 40 plazas
Precio: 8 €/noche. Vaciado quimico 2 €


 
Dia 11: Isla de Rügen – Röbel
   

Dice un conocido refrán: “noches estrelladas, días lluviosos”, y aunque nos pareciera mentira después de una noche sin una sola nube en el cielo, tuvimos otra mañana pasada por agua. De hecho, ya durante la noche, la fuerte tormenta que había caído sobre Rügen nos había despertado en más de una ocasión, y parecía persistir durante la mañana.

Resignados al ver como aquel paraíso en el que nos habíamos dormido la noche anterior, aparecía como un prado anegado bajo un cielo gris, nos desperezamos despreocupadamente, al menos el esfuerzo por visitar el Parque nacional de Jasmund la tarde anterior había merecido la pena.

Desayunamos y, tras reponer agua, emprendimos nuevamente la marcha. El día había amanecido francamente desapacible, pero nos resistíamos a marcharnos de allí, así que pusimos rumbo a la vecina población de Lohme.

Pequeña, costera, y con aspecto algo abandonada, Lohme evidenciaba su pasado turístico y el posterior abandono y deterioro que había sufrido la isla durante la división de Alemania, tras la segunda guerra mundial. Situada al norte de del Parque Nacional Jasmund, es también origen de distintos senderos que recorren la costa hasta el archi-conocido Asiento del Rey.

Nosotros, que nos resistíamos a marcharnos de la isla sin poner un pie en él, decidimos recorrer el parque por su cara norte, concretamente desde Lohme, para ver si desde allí éramos capaces de llegar al dichoso asiento real. Sin embargo la pequeña tregua que la lluvia nos había dado, acabó en aquel mismo instante, lo que nos obligo a ponernos los chubasqueros y a cargar con los paraguas para no empaparnos. Recorrimos gran parte de la costa, pero en aquella ocasión el día no nos acompañó, haciendo de aquel recorrido una sucesión de momentos fríos y poco agradables, por lo que decidimos regresar a la autocaravana. Emprendimos la marcha rumbo hacia otro de los destinos señalados en nuestro paso por la isla de Rugen, la destartalada Prora.

Para ello tomamos la carretera que recorre la isla por su costa este, en dirección a la concurrida población de Binz. Antes de llegar a ella, entre dunas de arena y bosques de pino, se encuentra una de las construcciones más extravagantes de Alemania, una enorme masa de hormigón que se extiende unos cuatro kilómetros por la costa. Esta amenazadora presencia es Prora, una reliquia del programa nazi, cuyo nombre significa “Fuerza a través de la alegría”. La idea de Hitler era que todo el mundo pudiera tener vacaciones en la playa, a un precio asequible, fue por ello que invito a las familias alemanas a que vinieran aquí de vacaciones a ocupar uno de los innumerables apartamentos que allí se hallaban. Pero llegó la guerra y los únicos inquilinos de Prora fueron los refugiados de las ciudades alemanas bombardeadas.

Hoy en día puedes pasear a través de esta inmensa mole de cemento, leyendo las pintadas que hay en sus paredes, y alucinando de todo lo que aquel mamotreto significó. También se pueden visitar varios museos, entre ellos el Prora- Museum, el NVA- Museum y el Rügen Museum, todos ellos de distinta temática. Pero lo mas impresionante es pasear a través de sus cuatro kilómetros de extensión, lo que os aseguro que no dejará a nadie indiferente. Sin embargo, no deja de sorprender el parecido de aquel concepto con el de muchas ciudades de vacaciones costeras de hoy en día, siendo sin duda admirable la anticipada visión del futuro que durante aquel periodo tuvieron.

Satisfechos con la visita, pues era aquel un lugar de los que gusta visitar por su singularidad, continuamos rodeando la costa rumbo al sur-este de la isla. En escasos minutos llegamos a la población de Binz, la cual nos atrapó en un enorme atasco. La tranquilidad que habíamos respirado en toda la isla terminó de repente pues la aglomeración de gente en Binz era increíble. Eso y las curiosas casas coloniales de que dispone la población, nos hacía incluso creer que nos encontrábamos en otra isla. Sin duda resultaba evidente que, como habíamos leído, el extremo sur-este de la isla es el más explotado turísticamente, y en el que se encuentran la mayoría de complejos hoteleros.

Hicimos un intento por aparcar sin demasiado éxito. Luego, nos miramos, y ambos entendimos que aun estando señalado en nuestra ruta, no era aquel un lugar en el que nos apeteciera detenernos, por lo que continuamos con nuestro camino.

Empezaba a ser tarde y nosotros a tener apetito, así que en las inmediaciones de Sellin nos detuvimos a comer en un amplio aparcamiento, junto a un espléndido complejo turístico.

Descansamos allí un rato a la vez que oíamos sonar el silbato de las viejas locomotoras de vapor que recorrían la isla. Más tarde, dimos un pequeño paseo por aquel parque, muy bonito, pero carente de personalidad. Sin duda aquel lugar estaba hecho para un turismo de masas del que siempre nos intentamos alejar, por lo que dimos por terminada nuestra visita a la isla. Quizás pudiéramos haber encontrado en Rügen muchos más tesoros de los que ya habíamos descubierto, pero como el Parque Natural de Jasmund Park y Prora nos habían encantado, preferimos marcharnos con el dulce sabor de boca que dichas visitas nos habían dejado, antes que la gran afluencia de turismo que en el sur-este de la isla había nos llegara a agobiar.

Tomamos el camino que conduce al único acceso por carretera a la isla, el puente de Rügendamm, y regresamos al viejo continente. Stralsund, primera ciudad que encontramos nada más cruzar el puente, estaba en la lista de lugares para visitar, pero el cuerpo nos pedía tranquilidad, por lo que decidimos iniciar el camino hacia nuestro próximo destino, la región lacustre de Meckenburg.

Antes, sin embargo, sí había una parada obligatoria que realizar en las inmediaciones de Stralssund, más concretamente en la vecina población de Greifswald. Antigua ciudad hanseática y universitaria de la región de Pomerania Occidental, Greifdwald se encuentra situada a las orillas de la bahía de la cual toma el nombre, Greifswalder Bodeen, en el Mar Báltico, en un enclave muy pintoresco que hace del lugar especialmente relevante para detenerse. Pero, no era la ciudad lo que nos había llevado hasta allí, sino las ruinas del Monasterio de Eldena.

El lugar es realmente un remanso de paz. Sus ruinas descansan entre arboles centenarios. Sin lugar a dudas, es uno de los lugares más románticos y conocidos en Alemania gracias a su gran pintor, Caspar David Friedrich, que inmortalizó estas preciosas ruinas en varios de sus cuadros. Un pintor cuyos esbozos hacía en hojas de cuadernos que llevaba consigo durante sus viajes a pie por los caminos de Alemania.

Hace dos siglos, por aquellos bosques, aun debían conservar el misterio y la belleza de la naturaleza primitiva, intacta. Bosques que aun no habían sido mancillados y atravesados por amplias carreteras y ferrocarriles, ni sus arboles talados masivamente para dejar paso a la civilización industrial. Todo esto es Eldena, el ultimo reducto de naturaleza en la dura civilización.

Abandonamos sus ruinas, con una agradable sensación. Nos había gustado el lugar y queríamos seguir descubriendo otros tantos emplazamientos. El tiempo pareció volverse loco y es que tan pronto veíamos un cálido sol brillando en el horizonte como se ponía a diluviar. No nos lo podíamos creer, que climatología tan cambiante la de este país.

Finalmente llegamos a nuestro destino, la pequeña población de Röbel, emplazada a orillas del lago Müritz. La suerte quiso que nuestra llegada coincidiera con un espléndido atardecer.

Aparcamos en uno de los parkings que tiene la localidad y salimos escopeteados a disfrutar de esta maravilla ambarina.

A finales de la ultima glaciación, los hielos se retiraron hacia el Este  a través de Mecklenburg, dejando lagos y canales de deshielo, a la par que se fueron depositando arena y grava. De esta forma tan peculiar, se creó un paisaje lleno de páramos, bosques, pantanos e innumerables masas de agua de un azul intenso. En el corazón de esta región se encuentra el maravilloso lago de Müritz, el segundo lago de Alemania, con 29 kilómetros de longitud y 117 kilómetros cuadrados de superficie. Este lago es un paraíso para los amantes de los deportes acuáticos, con lo cual estábamos en nuestra salsa.

Nuestra intención era visitar el lago esa misma tarde, pernoctar en Röbel y hacer una pequeña excursión en kayak a la mañana siguiente. Por ahora nuestros planes iban saliendo a pedir de boca pues la tarde estaba preciosa, la lluvia había cesado, dando paso a un cielo azul que rivalizaba en belleza con el agua tan intensa del lago. La estampa era preciosa. Sus casitas con tejados de paja y sus vivos colores, nos dejaron encantados. Seguimos el curso del lago y fuimos ribeteando su contorno, el lugar mezclaba a la perfección el verde de sus frondosos arboles con la claridad de sus aguas cristalinas.

El atardecer estaba resultando perfecto. Subimos a la parte alta de la población, desde donde las vistas eran excepcionales. Nos sentamos en un banco a contemplar los colores cambiantes del atardecer, y a saborear el delicioso aroma de los arboles que allí habitaban y así simplemente esperamos a contemplar lo que al momento sucedió, un atardecer increíble a orillas del lago Müritz.

Solo el aleteo de los pájaros profanaba aquel perfecto silencio.

Comenzamos a bajar de nuestra nube y volvimos despacio hacia la autocaravana. No nos habíamos percatado de cuanto nos habíamos alejado del aparcamiento, pero que mas daba, habíamos sido testigos de un momento único, y el cansancio pasaba a un segundo plano. Después de volver a subir a Suny, nos dispusimos a entrar en el área para AC´s que había junto al puerto, cerca de aparcamiento en el que nos encontrábamos. Lamentablemente, resultó que estaba abarrotada, lo que nos supuso un pequeño contratiempo pues estábamos cansados y era tarde, mala combinación para tener que ponerse a buscar un lugar para dormir.

Abrimos nuestro libro de áreas y vimos que cerca de allí había un par en las que podríamos pasar la noche. Nos dirigimos a la primera, pero al llegar a ella no nos gustó demasiado. El lugar nos pareció ruidoso y poco agradable. Pusimos por tanto rumbo hacia la segunda área señalizada en nuestra guía, la de la Pensión Müritzwiese. Llegamos a ella a la vez que se ponía a llover fuertemente, lo que nos hacia tener una visión casi nula de lo que había a nuestro alrededor. Para colmo, el área, estaba totalmente a oscuras, lo que nos hacia tener aún más dudas, pero cansados de la situación, y con el panorama que teníamos, decidimos no dar mas vueltas y adentrarnos en ella.

Eran cerca de las diez y media de la noche, estábamos totalmente  a oscuras, se habían abierto las compuertas del cielo, y para colmo de males, no acabábamos de entender si en la pensión podíamos simplemente repostar o quedarnos a dormir. Conrad se puso el chubasquero y se dirigió a la entrada en medio de la oscuridad. La situación fue de película de Almodovar, pues él intentó entrar a la vez que la dueña de la pensión, salía de ella, pegándose el susto de su vida. El pobre Conrad intentó poner su mejor sonrisa para calmar a la anciana, quién, después de reirse de la situación, le invitó a entrar en la pensión. Ya bajo techo y junto con un par de ancianos amigos de la propietaria, intentó explicarles que veníamos a pasar la noche con nuestra autocaravana, en un dialogo mezcla de español, alemán e ingles, tornándose aquella en una escena más propia de una película de Woody Allen.

Finalmente, después de un buen rato, lograron entenderse, la anciana salió y nos abrió el porticón para que entráramos en sus dominios. Como pudo nos explicó como funcionaba aquello. Nos dio luz, una llave para usar los lavabos, y nos ofreció una preciosa sonrisa que nos dejó mucho más tranquilos.

El lugar parecía ser precioso, pero yo solo veía una figura moviéndose rápidamente en el exterior. Jamas he visto llover de aquella manera. Al rato volvía Conrad, mojado como una sopa, y con carilla de circunstancias. No sabia si le habían llegado a entender, pero al menos ya estábamos a buen recaudo en aquel jardín tan verde.

Después de secarse, tomamos una sopa calentita, aparcamos paraguas, chubasqueros, y botas en un lugar caliente para que pudieran secarse, y nos introdujimos en un mundo de silencio, que nos invitó a unirnos a una danza caprichosa de gotas de agua y sonidos sutiles.



Dia 11: Isla de Rügen – Röbel
Kilómetros día: 310 Kms.

- Aparcamiento público Lohme
GPS: 54º 34? 58” N – 13º 36? 45” E
Coste: Pago en parkimetro según estancia.

- Aparcamiento ruinas de Prora.
GPS: 54º 26? 45” N – 13º 34? 15” E
Coste: Pago en parkimetro según estancia.

- Aparcamiento público Sellin.
GPS: 54º 22? 19” N – 13º 41? 43” E
Coste: Pago en parkimetro según estancia.

- Aparcamiento público ruinas de Eldena (Greifwald).
GPS: 54º 05? 16” N -13º 27? 13” E
Coste: Gratuito.

- Aparcamiento público Röbel
GPS: 53º 23? 11” N – 12º 36? 57” E
Coste: gratuito.

- Pernocta: Área Autocaravanas Gotthun (Röbel) (Pag. 151 guía ADAC)
GPS: 53º 25’ 16’’ N – 12º 35’ 30’’ E
Capacidad: 9 plazas.
Coste: 15,5 €/noche.


 
Día 12: Röbel – Berlín
   

Nos levantamos con ganas de vivir nuestra aventura acuática a orillas del Müritz, pero lo que nos encontramos nos daba pocas opciones de poder realizarla. Había estado toda la noche lloviendo a cántaros y aún seguía cayendo una chupa de agua considerable. Desayunamos tranquilamente en la auto y comenzamos a planear la ruta. Por fin teníamos el placer de poder observar el lugar tan privilegiado en el que habíamos pasado la noche. El área en la pensión Müritzwiese resultó ser un lugar encantador, al menos eso no nos lo pudo arrebatar el mal tiempo.

Un tanto desanimados llegamos a la conclusión de que era mejor hacer kilómetros y no perder el día completo esperando que el tiempo mejorara, con lo cual decidimos dar un salto cuantitativo y ponernos en marcha hacia Berlin, para así poder tener un día más para disfrutar de la capital alemana.

Excitados ante lo que nos esperaba,  ya que nuestra inminente llegada a Berlín estaba aún más cerca, nos encaminamos hacia la ciudad de nuestros sueños, esa que tantas veces habíamos planeado visitar, y  que por fin teníamos casi en la palma de la mano. De esta forma cumpliríamos otro de nuestros anhelos, conocer la capital cuyos sinónimos parecen ser siempre “superlativos”.

Como dicen en uno de los diálogos de la fotogénica película “El Cielo sobre Berlin”, -”después de vivir varios años en Alemania, creo que hay más ángeles sobre Berlin que los que podemos permitirnos creer!”- Pues vayamos a su encuentro y escuchemos el aleteo de sus blancas alas…

Con un aleteo de alas describo círculos sobre Berlín. A vista de pájaro intentamos centrarnos en ella. Es imposible perderse en esta ciudad, en la cual siempre acabas delante de su colorido muro, es como una pequeña paradoja. Vuelvo a cerrar los ojos y así cobran vida hasta las piedras, luces de neón al anochecer. Comienza la nostalgia, la morriña de tener que abandonar otro lugar especial. Pero así funciona el viajero, hoy aquí mañana allí. Lo importante está ante nuestros ojos, en entender lo que vemos y en tener la virtud de seguir sorprendiéndonos. Solo tenemos que tender la mano y dejarnos llevar a través de siglos de cultura, de gentes olvidadas que vuelven una y otra vez en busca de lo que un día perdieron. Supongo que es el precio que paga cualquier ciudad después de una guerra.

Berlín, tiene de todo, la alegría suficiente como para tirar hacia delante y haberse convertido en una ciudad de referencia. La precaución de las ciudades que les han hecho daño y todavía se lamen las heridas. Pero también el futuro de una ciudad que se ha sabido reinventar como ninguna otra. Así es Berlín, dura y delicada al mismo tiempo. Una gran ciudad, no tanto en términos de población, ya que tiene la mitad de habitantes que puede tener Londres o París, pero si en superficie, con sus novecientos kilómetros cuadrados es una ciudad enorme a la hora de visitarla. Esta ciudad que ha sabido equilibrar la modernidad, con la tradición en una perfecta armonía, nos ha enseñado su cara más amable.

Recuerdo risas, horas de caminatas bajo un sol intenso, ojos sorprendidos, en otros casos emocionados, iglesias azules que te visten de paz, atardeceres que mezclan acero y tonos anaranjados, en una sucesión de espejos que reflejan la belleza impactante del Reichstag; tardes con olor a chocolate y blueberry muffins en el aroma café, y sobre todo dos exploradores que se rinden ante la personalidad, de una ciudad tan compacta como Berlín.

Bajo un manto gris de nubes, recorrimos los ciento cincuenta kilómetros que nos separaban de Berlín. Atrás dejábamos Röbel y el precioso lago Müritz, así como la posibilidad de tomarnos un día de descanso navegando por sus aguas. Sin embargo, apenas había una sombra de tristeza reflejada en nuestros rostros, pues el destino nos había ofrecido un día más para disfrutar de Berlín, algo que a estas alturas de la ruta sin duda debíamos valorar.

Poco a poco, los lacustres paisajes de Meckelnburg fueron transformándose, en el levemente urbanizado extrarradio de Berlín, y es que apenas sin darnos cuenta nos encontrábamos a las puertas de la ciudad. Nos dirigimos en primera instancia al área de autocaravanas, pues si algo tenemos claro a la hora de visitar una ciudad, es que hay que dejar la autocaravana a buen recaudo, para así poder olvidarnos de ella durante la visita.

Eran varias las opciones de que disponíamos, un par de áreas y algún camping, pero finalmente nos dirigimos al área de la cual teníamos mejores referencias. Apenas era un recinto vallado rodeado de edificios, en el que medio centenar de autocaravanas y campers ya estaban instaladas.

Nos dirigimos al acceso, donde una chica muy amable salió a nuestro encuentro. En un perfecto inglés nos preguntó la longitud del vehículo y los días aproximados que íbamos a estar, y más tarde nos acompañó a la plaza donde íbamos a pasar las siguientes tres noches.

El área era correcta, para nuestro gusto un tanto masificada, pero cumplía a la perfección el cometido para el que habíamos ido hasta allí. Un lugar seguro en el que poder dejar a “Suny” y tener más o menos cerca el transporte publico. Además, la plaza se encontraba prácticamente en medio del área, suficientemente alejada del vallado para amortiguar el ruido, ya que habíamos oído comentar, que había gente que se quejaba y le molestaba durante la noche.

Apenas sin perder tiempo, cogimos los bártulos dispuestos a dar una vuelta. Nuestra intención era principalmente, la de comprar los pases de transporte publico que nos servirían para los siguientes tres días. Preguntamos a la dueña del área por un lugar donde comprarlos, quien nos remitió, calle abajo, a una de las estaciones principales de transporte. Según ella, a unos 3 Kilómetros la encontraríamos, con lo cual sin prisa, comenzamos a caminar. Afortunadamente, junto al área se encontraba la parada de metro de Schwartzkopffstraße, pero no se podían comprar los dichosos pases en ella.

Decidimos continuar a pie. Al no llevar ni guía ni mapa, íbamos totalmente perdidos en una ciudad tan inmensa como Berlín. No teníamos apenas referencia de ningún lugar, ya que únicamente habíamos salido para comprar los billetes. Seguimos caminando y nos terminamos perdiendo. De pronto, como por arte de magia, apareció ante nosotros, Tacheles, precisamente uno de los lugares que más ganas teníamos de visitar, así es que, ni cortos ni perezosos nos adentramos en este lugar emblemático.

Tacheles es uno de los lugares más visitados de la Capital Alemana. Símbolo de la cultura alternativa. Ocupada por artistas desde 1990, la casa permanece abierta veinticuatro horas al día y se ha convertido en uno de los atractivos turísticos de la capital alemana, ya que recibe alrededor de cuatrocientos mil visitantes al año. Más de setenta pintores, escultores, y músicos llegados de todo el mundo, ocupan los treinta estudios del Tacheles, en los que los artistas tienen total libertad creativa y deciden si trabajar con las puertas abiertas o en privado.

Situado en el barrio de Mitte, en pleno centro de la ciudad, Tacheles fue utilizado como centro comercial a principios del siglo XX, como oficinas durante el nazismo y después de la Segunda Guerra Mundial, usado como almacén.

Tras la caída del muro, en Berlín surgió el movimiento artístico denominado “subcultura”, que tenía como filosofía principal la autonomía, espontaneidad y la improvisación. Artistas procedentes de distintas partes del mundo, ocuparon el edificio con fines culturales y lo denominaron, Tacheles, cuya traducción coloquial del hebreo es “llevar a cabo”.

Siempre amenazado por un inminente cierre, el edificio ocupa un espacio de 2.200 metros cuadrados. Debido a su estado ruinoso, en 1998 los artistas de Tacheles, firmaron un acuerdo para poder permanecer en el lugar durante diez años más, a cambio de reformar el edificio y ocuparse de su mantenimiento. Desde entonces, los alquileres pagados por los artistas, la venta de publicaciones, el dinero proveniente de un restaurante propio y las donaciones voluntarias, han conseguido mantener en funcionamiento la atmósfera creativa de Tacheles, cuyos costes de servicios suponen alrededor de trece mil euros mensuales. Una vez finalizado este contrato, la situación de Tacheles empeoró, ya que el propietario de los terrenos quebró y su principal acreedor, el HSH Nordbank, reclamó la superficie en el centro de Berlín, lo que incluye la casa cultural.

Los planes del banco, una vez consiga disponer de los terrenos, pasan por vender la parcela situada en la Oranienburger Strasse, una de las calles más turísticas de Berlín, cuya fama precisamente se debe a Tacheles. Cierto es que en hoy en día, su estado es penoso. El hedor insoportable, pero en vez de apoyar iniciativas de este tipo, simplemente intentan silenciarla y mirar hacia otro lado. Con lo cual, os recomendamos encarecidamente, que si visitáis Berlín, no os perdáis este emblemático lugar, por que puede ser que la próxima vez que volváis, ya no esté en pie. Esperemos que esto no suceda… pero según están las cosas, la especulación aplastará el arte sin dejar el más mínimo aliento.

Salimos con una mezcla de incredulidad, decepción y rabia. Un lugar con tanta magia condenado a ahogarse en su propio vomito. Como me fastidia este tipo de cosas, pero por mucho que quieran enterrarlo bajo sus escombros, Tachelles, ha sabido siempre renacer de sus propias cenizas, esperemos que esta vez también lo consiga.

Seguimos caminando. Nos encontrábamos en la Oranienburger Strasse, una importante calle de Berlín, que en aquel momento, para nosotros, no tenía mas que un peculiar y divertido nombre (calle de la hamburguesa con cebolla). De pronto, llamó poderosamente nuestra atención la fachada de un edificio que se encontraba ante nosotros. Se trataba de la nueva sinagoga (Neue synagoge), con su resplandeciente cúpula dorada, dominando todo el distrito. Opulento y oriental, reflejaba a la perfección el orgullo y el creciente estatus de la comunidad judía en la ciudad, que tradicionalmente se había asentado en esta zona.

En 1938 fue asaltada por los nazis, aunque en este caso los atacantes fueron rechazados por un valiente policía llamado, Wihelm Krützfeld. Unos años después, en 1943 el edificio quedo casi destruido por las bombas de los aliados. La reconstrucción comenzó en tiempos de la RDA y actualmente alberga exposiciones sobre la vida de los judíos en Berlín.

Después de admirar la grandiosa sinagoga, seguimos con nuestro camino. Afortunadamente, tras dar un par de vueltas más, logramos encontrar la estación a la que nos habían dirigido, para comprar los dichosos billetes de transporte, la estación de Frederikstrasse, una de las mas importantes de la ciudad. En su subsuelo se encuentra una galería comercial en la que por suerte, conseguimos encontrar la Oficina de Información. En ella, amablemente nos vendieron los dos bonos que nos servirían para utilizar libremente el transporte público, durante los tres días de estancia que pensábamos estar en Berlín, a razón de 21,90 euros/persona. Estos ofrecían además la posibilidad de obtener descuentos en una serie de actividades y visitas turísticas en la ciudad.

Ya con la tranquilidad de tener los bonos en nuestro poder, nos dirigimos a comer algo. Era tarde y nos temíamos que si volvíamos a la autocaravana,  ya no habría quien nos levantara otra vez, por lo que decidimos comer algo rápido en el Mc Donalds que había justamente en la estación, y más tarde seguir descubriendo la ciudad. Lo cierto es que estábamos nerviosos ante todo lo que nos ofrecía Berlín. Nos paramos en la esquina con Friedrichstrabe, y observamos el paso elevado que sostiene las vías del S-Bahn. Esta estación era la última parada de la línea este-oeste, antes de llegar a la frontera con Berlín Occidental. El cierre de la frontera en agosto de 1961, transformó la estación de paso en una estación terminal, y en un paso fronterizo para viajeros de ambas partes de Berlín. El pabellón de los trámites fronterizos aún existe.

Debido a las incontables despedidas que hubo en ella hasta 1989, se apodo como el “Palacio de las Lágrimas”, a causa de las dolorosas y sombrías despedidas que allí se producían. Desde mediados de los años noventa, la estación Friedrichstrasse ha sido remodelada completamente. El antiguo edificio, anteriormente utilizado para controlar a los viajeros que cruzaban hacia Berlín Occidental, se encontraba al norte de la línea ferroviaria y estaba conectado con la estación mediante un túnel. Con su fachada casi inalterada, representa el testimonio material más importante del antiguo paso fronterizo. Hoy, en el actual “Palacio de las Lágrimas“, tienen lugar eventos de todo tipo.

La Fundación Casa de la Historia organizó en la antesala del Palacio de Lágrimas, una exposición con documentos históricos y estaciones mediáticas sobre el antiguo paso fronterizo. El lugar pone realmente la piel de gallina. Nada revela hoy en día su duro pasado, pero leyendo las paginas de historia, te das cuenta del dolor tan insufrible que se vivió entre estas frías paredes. Lagrimas cristalinas rodando por rostros incrédulos.

Tomamos el tren hasta la estación Central de Berlín, la Estación de Haupbaunhof. Esta es la mayor estación ferroviaria de la Unión Europea, y está ubicada en el centro de la ciudad. Desde ella podemos acercarnos caminando a lugares tan emblemáticos como el Reichstag, la cancillería o la puerta de Brandenburgo. La estación fue diseñada por el arquitecto alemán Meinhard Von Gerkan, y sustituye a las ocho estaciones que existían en Berlín a finales del siglo XIX. La nueva construcción consta de una sola estación de intercambios, en dos niveles en forma de cruce.
Las antiguas estaciones fueron severamente dañadas en la Segunda Guerra Mundial y, posteriormente, separadas a causa de la división de Alemania en dos Estados. Toda la red ferroviaria de Berlín, este y oeste, fue administrada y operada por la Reichsbahn de la RDA. Los pocos trenes que vinculaban Berlín Occidental con la Alemania Occidental, no terminaban en las estaciones históricas por sus destinos y orígenes. La caída del muro de Berlín en 1989, tras la reunificación y la decisión de instalar la capital en Berlín, obligaron a realizar grandes cambios para integrar la nueva situación.

Al salir de la estación nos encontramos de bruces, con la impresionante Rolling Horse, escultura erigida en la Europaplatz frente a la estación, con su gigantesco caballo dando vueltas en un giro perfecto, reluciente bajo el sol poderoso e impactante para el que posa sus ojos en él.

Después de hacer varias fotografías, seguimos con nuestro camino, y nos acercamos al Reichstag, impresionante en todo su recorrido, un lugar que habla realmente por si solo. Vimos una cola larguísima y decidimos dejar este emblemático lugar para visitarlo otro día que no estuviera tan concurrido. Este sería uno de los muchos intentos que hicimos para visitar este fantástico lugar. El día alternaba claros y nubes, pero al menos nos estaba permitiendo visitar la ciudad sin mayores problemas.

Llegamos a la puerta de Brandenburgo, antigua puerta de la ciudad y símbolo de Berlín. Nos quedamos boquiabiertos con aquel majestuoso emblema. Hay tanta gente que cuesta hacer una fotografía en condiciones. Habíamos visto esta puerta en tantos vídeos musicales y películas, que nos parecía mentira estar bajo sus piedras, tocándola, con ojos sorprendidos, y cara de felicidad. Durante los años en que la ciudad estuvo dividida, la puerta de Brandenburgo quedaba directamente detrás de la frontera, dentro del sector soviético. La Pariser Platz formaba parte de la franja fronteriza y por lo tanto, era inaccesible para el público.

A primeras horas de la mañana del día 13 de agosto de 1961, fue cerrada por completo. Los cañones de agua y los tanques fueron preparados y miembros de las milicias de trabajadores, tomaron posiciones ante la puerta de Brandenburgo. A los berlineses del este y a los habitantes de la RDA les fue prohibido el paso hacia Berlín Occidental. Las primeras barreras fueron reforzadas más tarde con dos muros, uno exterior y otro interior, y las torres de vigilancia hacían que la frontera fuera prácticamente inaccesible. Justo delante de la Puerta de Brandeburgo, el muro fue reforzado para crear una barrera antitanques que tenía tres metros de grosor. El cierre de la frontera y la expansión de las barreras convirtieron la Pariser Platz, en parte de la franja fronteriza.

Supuestamente, la plaza vacía debía jugar un papel representativo, pero en realidad sirvió para asegurar la frontera militarmente. La imagen era desoladora. Pero ser berlinés en aquella época era algo complicado. Podías ser retrogrado y progresista, proletario y bohemio, conservador e innovador, oriental y occidental, verde y plateado, y todo ello al mismo tiempo… Berlín era pura contradicción. El amor y el odio jugaban en difícil equilibrio, porque su belleza era más de lo que muchos podían soportar. Su radiante arquitectura era admirable, pero las antiguas huellas Stalinistas y sus patios ruinosos, no terminaban de encontrar un lugar que encajara.

Entre la puerta de Brandeburgo y la plaza Potsdam, se encuentra el monumento a los judíos europeos asesinados: el “Monumento Conmemorativo del Holocausto”. El 10 de mayo del 2005, sesenta años después de la liberación de los campos de concentración, se inauguró en el emplazamiento donde se situaba la antigua cancillería de Hitler. El monumento consta de dos mil setecientas once estelas de granito de diferentes tamaños, e inquietantemente torcidas y colocados en un sistema irregular, obra del arquitecto estadounidense Peter Eisenman, que recuerda el capitulo más oscuro de la historia alemana, un recuerdo que debe mantenerse vivo, para que los conocimientos sobre el tema sean transmitidos. El lugar es sobrecogedor. Te adentras en él a través de la fría piedra, en un ejercicio de reflexión que te abre los ojos de una manera dolorosa. Lo irregular de su recorrido te hace sentir vulnerable, torpe en algunas ocasiones, y sientes que el remordimiento acecha escondido entre la piedra. Reflexiones en tonos lúgubres, para desenmarañar tanto dolor. Conciencias lavadas una y otra vez, que hacen llorar hasta las pupilas más impuras.

De pronto empezó a diluviar, como si cientos de lagrimas cayeran sobre nosotros. Salimos de nuestra inconsciencia y nos resguardamos como pudimos bajo un toldo. Cinco minutos de lluvia intensa que frenó en seco, para dejar paso a un reluciente sol, por lo que nos quitamos los chubasqueros y seguimos nuestro camino.

Llegamos a la Estación de Postdamer Platz, nos encontramos algunos restos del muro de Berlín. Los observamos en silencio, con curiosidad. Retazos de antaño que bien podrían servir para plasmar este mundo tan loco que nos ha tocado vivir.

Continuamos hasta el edificio Sony, uno de los más altos y espectaculares de Berlín, este se encuentra situado en esta famosa plaza y es visible desde la distancia gracias a la altura que posee. Fue construido después de la guerra por Helmut Jahn, y se caracteriza por su impresionante cúpula acristalada. Se trata de una cúpula gigantesca, bajo la que se encuentra una divertida y colorida plaza con varios bares y restaurantes. De noche, la cúpula se transforma y se viste de colores ácidos, fucsias, verdes, amarillos, que dan color a la noche berlinesa. Pero el edificio Sony no sólo es un lugar de compras, también posee un museo un tanto curioso: se trata del museo del cine, un lugar interesante, en el que se repasa los momentos más espectaculares que se han vivido en la gran pantalla. Un museo interactivo que dispone de numerosos “juegos” y pantallas, que te permiten descubrir infinidad de datos cinematográficos mientras te diviertes.

Salimos del bullicioso edificio Sony y nos encaminamos hacia el no menos bullicioso, Checkpoint Charlie. Este lugar era uno de los pasos fronterizos que unía el Este y el Oeste, durante la Guerra Fría. De hecho, es el más famoso de entre los siete que existían en la ciudad, y fue en el cual se concentró más cantidad de gente, para pasar del Berlín oriental hacia el occidental el día de la caída del muro. Está ubicado en la calle Friedrichstraße, a unos quince minutos andando desde la Potsdamer Platz. El punto de control del Checkpoint Charlie, fue demolido poco tiempo después de caer el Muro de Berlín, a mediados de 1990. De hecho no quedaría ninguna muestra de él, si años atrás no se hubiera reconstruido una de las casetas de control, y en la actualidad no estuviera plagado de personajes que se ponen un uniforme, y hacen el paripé para conseguir unas monedas. De hecho, si quieres hacerte una fotografía en el lugar, tienes que dar un euro por hacerla. Todo vale en este Berlín de postal.

También se ha abierto un museo (el Haus am Checkpoint Charlie Mauermuseum) que rememora la historia de la Guerra Fría y los horrores del muro. Los berlineses, que están ya de vuelta de todo, han bautizado a este lugar bajo el divertido apodo de “Disneyland de Berlín”, haciendo referencia a que se ha convertido en una gran atracción turística, ya que hay un sinfín de buscavidas intentando ganarse la vida, a costa del viajero. Algo que nos resultó curioso fue la razón por la cual pusieron el nombre Charlie a este puesto fronterizo, ya que tiene que ver con el alfabeto fonético que utilizaba la OTAN. Por ser el tercer puesto de control, se correspondería con la letra C, siendo los dos primeros caracteres Alpha y Bravo, con lo cual ahí quedo eso, Charlie para los restos…

Salimos despavoridos de aquel circo que no nos llamaba la atención lo más mínimo. Después de deambular un buen rato, y de darnos cuenta de que estábamos realmente agotados, ya que estábamos haciendo todo el recorrido a pie, decidimos hacer una parada, para sentarnos, descansar, tomar fuerzas y degustar algún refrigerio.

Había varios locales pero ninguno nos convencía, hasta que de pronto encontramos el que seria nuestro “oasis” de descanso en Berlín, el Aroma Café. Un lugar agradable en el que a parte de tomarnos un delicioso café y chocolate, descubrimos lo que fue una constante en esta parte del viaje, las blueberry muffins, o lo que es lo mismo, magdalenas de arándanos, una delicatessen que descubrimos por pura casualidad, pero que aún hoy en día, se nos hace la boca agua al recordar aquellas fantásticas paradas a media tarde, para disfrutar de un “tet a tet” en un lugar que difícilmente olvidaremos.

Nos levantamos de la mesa casi a rastras. No podíamos dar ni un paso más, por lo que cogimos el metro y nos dirigimos a la estación Schwartzkopffstraße, que es la que nos dejaba directamente en el área. No era especialmente tarde pero estábamos molidos. Llegamos a la auto, dimos unos mimitos a Gish, y nos pusimos manos a la obra. Teníamos obligaciones domesticas, con lo cual preguntamos a la persona responsable del área donde podíamos hacer la colada, quien nos comentó que cerca de allí había una lavandería tipo americana, en la cual poder hacer la colada. La encargada muy amable, nos ayudó como pudo, mediante señas, a poner la lavadora y la secadora. Dejamos allí la ropa dando vueltas, nos acercamos a la autocaravana y en una hora volvimos para llevarnos la ropa impecable.

Nos gustó la experiencia, pues nos lo habíamos pasado pipa poniendo la lavadora y escuchando música en aquel lugar tan divertido. La señora de la lavandería, nos echaba miradas cómplices y risueñas, y nosotros aunque cansados, se las devolvimos haciéndonos cómplices de aquella oronda y rosada mujer.

Volvímos a la autocaravana con una sensación de felicidad total, pero nuestros pies casi no podían ni moverse. Parecía como si lleváramos unos enormes zapatos de payaso y no pudiéramos caminar en condiciones. Nos dimos una ducha calentita, cenamos animadamente escuchando algo de música, y comentamos cuanto nos había gustado Berlín. La capital había superado todas nuestras expectativas, y estábamos totalmente ansiosos por volver a sus calles.

Aún estando el área en el centro de Berlín, un sutil aroma a flores entra suavemente por la ventana. Hacia calor y una deliciosa somnolencia comenzaba a envolvernos dulcemente, pero me dolían tanto los pies que no era capaz de conciliar el sueño. Me levanté, me dí un gratificante masaje con Voltaren, y me volví a meter en la cama. Miles de instantáneas se agolpaban en mi cerebro, respiré profundamente y mi pulso comenzó a ir más despacio… otra respiración y ahora si, felices sueños…



Día 12: Röbel – Berlín.
Kilómetros día: 140 Kms.

Días 12, 13, y 14: Estancia en Berlín
Pernocta: Área Berlin – Mitte (Pág. 161 guía ADAC)
GPS: 52º 32’ 18’’ N – 13º 22’ 20’’ E
Capacidad: 45 Plazas.
Precio: 19 €/dia.
Estacion de metro mas cercana: Schwartzkopffstraße.


 
Día 13: Berlín.
   

Nos levantamos con calma, ya que estábamos muy cansados, pero aún con el cansancio las ganas de seguir descubriendo Berlín estaban intactas. Conseguí salir de la cama de milagro, casi tuve que tirarme de ella para no tener que poner los pies en el suelo… me dolían muchísimo. Me volví a dar la pomada, e iniciamos el día con más ganas que fuerzas.

Lamentablemente mis pies me iban a dar bastante guerra. Me di cuenta que las suelas de mis zapatillas estaban muy desgastadas, con lo cual decidimos que mi calzado había tocado fondo, y que era hora de comprar unas nuevas. La decisión estaba tomada! Cogimos el metro y nos dirigimos a la parte occidental de la ciudad, en la que se encontraba  el famoso centro comercial KDAEWE, en el que aprovechamos para comprar las zapatillas. Gracias al cielo las encontramos rápidamente, preciosas y encima a buen precio, no se puede pedir mas… El centro comercial era enorme, pero nosotros tuvimos suficiente con tener en nuestro poder mis relucientes “bambas”. Me las calcé allí mismo y al menos salí en mejores condiciones de las que había entrado.

Nos acercamos caminando hacia el primer plato fuerte del día, la Kaise-Wilhelm-Gedächniskirche, conocida coloquialmente como el pintalabios y la polvera, situada en el antiguo Berlín occidental, concretamente en la Kurfürstesdamm, muy cerca del zoo. La bulliciosa plaza donde se encuentra estaba totalmente repleta de gente, que como nosotros se quedaba perpleja ante aquella singularidad.

La Kaiser-Wilhelm-Gedächniskirche, fue mandada construir por el emperador Guillermo II a finales del siglo XIX. Se trataba de un gran edificio de estilo Neorrománico, formado por cinco torres, una de ellas elevada de 136 metros sobre el suelo. Durante la Segunda Guerra Mundial sufrió gravísimos daños estructurales, y años después se decidió reconstruirla de un modo fuera de lo común: se dejó en pie una de las torres en ruinas y a su lado se edificaron dos modernas estructuras, una torre conocida popularmente como el “pintalabios” y otro edificio más bajo denominado la “polvera”.

La iglesia antigua, posee numerosos y bonitos mosaicos sobre la vida de Guillermo II. Incluye también una exposición sobre la historia del monumento. Resultaba triste observar lo grandioso que era el edificio antes de la guerra. La iglesia nueva, diseñada por el arquitecto Egon Eiermann con su planta octogonal, puede resultar exteriormente incluso un tanto anodina, pero resulta impactante observar su interior, de lineas minimalistas que dotan al espacio de un misticismo único. Su composición es realmente increíble, ya que está formada por más de veinte mil cristales de tonalidades azuladas, que envuelven a este lugar en paz y sosiego.

La luz se filtraba de una manera tan perfecta, que estoy segura de que no volveremos a ver nada parecido, en ningún otro lugar del mundo. Parecía como si te bañara literalmente y cada poro de nuestra piel se transformara ante su cálida presencia. La figura dorada de su Cristo, le daba un aspecto casi futurista. Jamas hemos visto nada parecido en ninguna otra iglesia que hayamos podido visitar. Un lugar excepcional y diferente, no exento de polémica, pero hemos de decir que a nosotros nos encantó.

Ambas iglesias son uno de los mejores ejemplos de cómo Berlín ha sabido reinventarse. Una ciudad bombardeada a diario durante dos años, con muchos edificios semi-destruidos pero que han sido remodelados, ofreciéndonos hoy en día una visión diferente y original de lo que fueron. Es sin lugar a dudas, la mejor metáfora de la arquitectura berlinesa: ¿por qué el pasado y el futuro tienen que estar reñidos?

Salimos de la iglesia y nos costaba centrar nuestra atención en la Breitscheidplatz, uno de los puntos mas bulliciosos de la capital, con su trafico constante y una heterogénea población de tribus urbanas. Nos resultaba curioso ver como los vendedores de dulces, ahuyentaban a las avispas de sus mercancías mediante aspiradoras.

Las que eran más rápidas se libran del encarcelamiento, pero las que quedaban rezagadas acababan en las tripas de la aspiradora. Todo en Berlín parece tener un doble sentido, es una ciudad que no deja de sorprendernos. En definitiva, un lugar que no hay que perderse. Una verdadera maravilla arquitectónica, que difícilmente puede admirarse en otra lugar de Europa.

Decidimos tomarnos las cosas con un poquito mas de calma y regresamos a la autocaravana para comer y descansar un poco. No queríamos que nos pasara como el día anterior y llegar tan perjudicados al anochecer. Todavía quedaban demasiadas cosas por ver y había que dosificar nuestras fuerzas.

Después de comer, nos volvimos a poner en marcha y nos acercamos a la zona Este de Berlín, concretamente a la famosa AlexanderPlatz. A finales de la guerra la zona estuvo completamente desolada por los bombardeos.

Durante las casi tres décadas en las que Berlín estuvo dividida la Alexanderplatz fue el centro neurálgico del Berlín Oriental. En los años sesenta, como parte de su plan para reformar este sector de la ciudad, la República Democrática Alemana amplió la Alexanderplatz y la hizo peatonal.

El acontecimiento más importante acaecido en esta plaza, fueron las protestas del cuatro de noviembre de 1989. Ese día, medio millón de personas se manifestaron contra el gobierno comunista y cinco días después, el nueve de noviembre, el gobierno anunció la libertad para cruzar el muro de Berlín. Todo un acontecimiento que ha quedado para siempre en los anales de la historia.

La zona Este de la ciudad contrasta tremendamente con la zona occidental que habíamos visitado. Realmente parecían dos ciudades totalmente distintas. Nos encaminamos hacia el Fernsehturm, una torre de televisión de 368 metros de altura. Inaugurada el tres de octubre de 1969. Actualmente es el segundo edificio más alto de Europa tras la Torre Ostankino de Moscú.

Dentro de la esfera que hay en la parte alta de la torre, hay un restaurante giratorio. Justo debajo se encuentra el mirador a doscientos cuatro metros de altura, al que se accede por medio de dos ascensores. Hicimos un intento de visitarla, pero la cola era larguísima y no nos apetecía esperar allí dos horas a que llegara nuestro turno.

Nos dirigimos hacia el Ayuntamiento Rojo, el Rathaus, situado en la calle Rathaus, cerca de la catedral, de la fuente de Neptuno, de la iglesia de Santa María y como no, de la famosa torre de televisión. El Rotes Rathaus o Ayuntamiento Rojo está situado en el distrito de Mitte y es la sede del gobierno federal del estado de Berlín. El nombre de “ayuntamiento rojo” no se debe a la política, sino al color de los ladrillos con los que esta construido. En el centro de este complejo se sitúan dos figuras en bronce sorprendentemente modestas de Marx y Engels. Fue realizado en el año 1861 por Hermann Friedrich Waesemann, en un estilo similar al del alto renacimiento italiano.

Como pasó en el resto de Berlín, el edificio fue seriamente dañado por las bombas aliadas en la Segunda Guerra Mundial. El edificio fue remodelado en los años cincuenta. Después de la separación, quedó en el lado soviético y sirvió como ayuntamiento de esa parte de la ciudad, al igual que el Rathaus Schöneberg fue el ayuntamiento de Berlín Oeste. Después de la reunificación, la administración del Berlín unificado se trasladó al Ayuntamiento Rojo. Un edificio significativo donde los haya, que resulta curioso por toda la historia que lleva a su espalda.

Seguimos andando hasta llegar a la zona más imperial de Berlín: La plaza Gendarmenmarkt y la avenida Unter den Linden. En Gendarmenmarkt se encuentra dominada por tres edificios singulares, el del teatro “Schauspielhaus”, el de la catedral alemana “Deutcher Dom” y el de la catedral francesa “Französischer Dom”. Es quizás la plaza más bonita y suntuosa de Berlín. Cerca de la opera nos encontramos otro monumento singular, en este caso conmemorativo, que recuerda que en este lugar, el once de Mayo de 1933, los nazis organizaron su famosa quema de libros, empezando por las obras de Karl Marx.

El centro de la plaza, está coronado por una estatua del poeta alemán Friedrich Schiller. La sala de conciertos “Konzerthaus Berlin” fue construida por Karl Friedrich Schinkel en 1821. Basada en las ruinas del Teatro Nacional, que fue destruido por un incendio en 1817. Partes del edificio contienen columnas y alguna pared exterior del Teatro Nacional destruido. Detrás de la catedral alemana podemos encontrar la chocolatería más famosa de Berlín: La Fassbender & Rausch Chocolatiers, no os lo podéis perder.

Empezaba a ser algo tarde y curiosamente nos encontrábamos cerca del Aroma café, por lo que decidimos regresar a tomarnos otras deliciosas Blueberry mufins. Aisss como recuerdo esas fabulosas tardes en aquel lugar donde todo era tan dulce, desde las viandas hasta nuestras charlas flanqueadas por el humeante café berlinés.

Regresamos al Reichstag, pero nuestro segundo intento por visitarlo volvió a ser fallido. Había todavía más gente que el día anterior, con lo que volvimos a posponer su visita para el día siguiente, esperando tener más suerte, porque ya comenzaba a darnos miedo irnos de Berlín sin haber disfrutado de sus cristalinos detalles. Decidimos volver a primera hora del día siguiente.

Antes de marcharnos sin embargo, teníamos una última visita pendiente, la East side gallery, la cual por muchas vueltas que dábamos no lográbamos encontrar. Nuestro mapa estaba incompleto y no había manera de localizarla. Finalmente, gracias a las indicaciones de un amable berlinés, nos dimos cuenta de que se encontraba casi a las afueras de la ciudad.

Tuvimos que tomar una de las lineas de tren de cercanías, señaladas como “S”, lo que nos llevó un tiempo precioso, llegando a nuestro destino casi al atardecer. Como cambia el aspecto de la ciudad! Como se notaba que estábamos en las afueras! Todo se veía más descuidado, pero aún así tenía un cierto encanto. Visitamos la galería, que prácticamente consistía en su interminable muro indescriptible… y por fin estábamos ante él.

El tramo del “muro interior” situado en la Mühlenstrasse del distrito de Friedrichshain, fue pintado en 1990 por artistas de veintiún países, y es conocido como “East Side Gallery”. Se pintó con pinceles y pinturas de spray, conmemorando la celebración por la caída del antiguo muro. Los artistas transformaron el muro de una manera solamente posible en el Berlín Occidental de aquella época.

La construcción de las fortificaciones fronterizas entre la estación de trenes de Ost-Bahnhof y el puente Oberbaumbrücke, no siguió el esquema usual. La frontera política con Berlín Occidental transcurría por el suroeste en la ribera de Kreuzberg, mientras que la totalidad de la superficie del agua pertenecía a Berlín Oriental.

Guardias fronterizos patrullaban el río Spree en barcos. En la ribera de Friedrichshain se alzan segmentos del así llamado “muro fronterizo 75” y detrás del mismo se esconde una valla de alambre de espino. Debido a que la Mühlenstrasse corría paralela a la frontera, formaba parte de la así llamada “ruta protocolaria” que los visitantes estatales utilizaban al ir del centro de Berlín Oriental hasta el aeropuerto de Schönefeld. Los segmentos de muro de hormigón, normalmente utilizados como muro exterior, servían en este caso para evitar que los visitantes vieran la franja fronteriza, restándole así importancia.

En cuanto al “muro interior”, lo que hay conservado tiene aproximadamente un kilómetro y medio de longitud, de manera que la East Side Gallery es la “mayor galería al aire libre del mundo”. Desde 1992 ha sido declarado patrimonio artístico.

Siempre fue difícil evitar el deterioro de la East Side Gallery. Ya poco después de haber sido pintada, los dibujos necesitaron ser restaurados. Muchas de las obras fueron pintadas con pinturas inadecuadas y sin aplicar una capa de fondo sobre el hormigón, por lo que fueron víctimas de las inclemencias del tiempo. Otros dibujos fueron cubiertos con graffitis. Solamente algunos pudieron ser restaurados apropiadamente. Para poder llevar a cabo una restauración duradera de la East Side Gallery, sería necesario sanear el hormigón para después poder reproducir los dibujos, un trabajo arduo y dificultoso que se esta realizando poco a poco.

Allí delante, plantados ante aquella explosión de rebelión y desobediencia, no puedes más que observar en silencio el gran poder de las imágenes, que en muchos casos tiene mas peso que las propias palabras. Un canto de libertad que atronó los oídos de quienes se negaban a escuchar lo evidente… Sarcasmo contra la violencia e inteligencia para acallar a los necios, todo esto es la East Side Gallery.

Nos alejamos del muro con reticencia. En nuestras pupilas se habían grabado a fuego imágenes que jamas olvidaríamos, sensaciones que difícilmente son explicables, a no ser que estés ante aquel muro de la vergüenza, ante aquella piedra repudiada y, sobre todo, ante aquella piedra que habla por si sola.

Ya casi de noche, en aquella estación destartalada, volvimos a coger el tren que nos llevaría de regreso a casa.

Agotados, quemábamos nuestras ultimas fuerzas en digerir todo lo vivido, en sumergirnos en esta gran historia y en entender un poco más, todo lo sucedido en esta capital partida en dos. Silencios dentro de una ciudad tan bulliciosa. Nuestra casa abierta de par en par para recibirnos, y un ronroneo cariñoso de Gish dándonos la bienvenida. No se puede pedir más a un día tan redondo como el vivido.



 
Día 14: Berlín.
   

Es nuestro último día de visita en Berlín. Nos levantamos con una sensación ya conocida. Nos iba a costar marcharnos de esta gran ciudad, pues habíamos vivido días tan intensos que éramos conscientes de que dejaríamos una parte importante de nosotros en ella. Pero aún teníamos un día entero por delante y seguíamos con las mismas ganas y expectativas que el primer día. Desayunamos, me volví a poner Voltaren en mis doloridos pies, y comenzamos nuestra ruta mañanera.

Nos volvimos a dirigir hacia el Reichstag. ¿No dicen que a la tercera va la vencida? Pues nosotros esperábamos que así fuera, pero por increíble que pareciera… aún había más gente que en días anteriores. Volvimos a desistir jugándonos todo a una sola carta, dejando la visita al Reichstag para ultima hora de la tarde. Después de desistir en nuestro empeño, nos dirigimos hacia la Isla de los Museos.

Ya de entrada vimos que habíamos cometido un error garrafal pues era sábado, con lo cual Berlín estaba repleto de viajeros que venían a pasar el fin de semana. No había manera de poder ver algo en condiciones. Intentamos visitar el Museo Pergamon, que es uno de los museos más importantes sobre el arte egipcio, pero la cola daba dos vueltas al edificio.

La lástima fue que la gran sacrificada de este viaje iba a ser  precisamente su famosa isla de los Museos, pero en aquel momento no podíamos hacer otra cosa. Ya habría otra ocasión para volver y disfrutar de lo que hoy nos quedaba pendiente.

Agobiados de andar de aquí y para allá y de perder casi todo la mañana sin ver más que gente y más gente, decidimos volver a la autocaravana, comer temprano, ducharnos para refrescarnos de la mañana tan calurosa que habíamos tenido, y hacer las cosas al revés.

Decidimos cambiar de planes y aprovechar la tarde para hacer las visitas que nos quedaban. Ademas, queríamos vivir la noche Berlinesa, con lo cual empalmaríamos visitas con ocio nocturno. Nos lo tomamos con calma, esperando a que cesara un poco el calor. Nuestra idea era disfrutar de la tarde-noche de Berlín, por lo que aprovechamos la sobremesa para hacer un poco de limpieza en la autocaravana, ya que al día siguiente comenzaríamos otra vez con nuestra ruta, y después de tres días de “tralla” en la capital, teníamos la auto que parecía una leonera.

Más tarde nos dirigimos nuevamente al Reichstag, en un último intento por visitarlo. Afortunadamente, vimos que había cola, pero ni la mitad que por la mañana. El tiempo de espera no llega a la hora, por lo que decidimos quedarnos. La tarde estaba preciosa y por fin el Reichstag nos esperaba. La espera se hizo deliciosa. Comenzaba a hacer fresco y la brisa funcionaba como un bálsamo reparador. Finalmente entramos. Nos cachearon, como hicieron con el resto de personas que iban a entrar al edificio,  y de pronto nos encontramos por fin dentro de aquel enorme caparazón de acero y cristal.

En la entrada nos entregaron una audio guía en castellano que nos introdujo de bruces en la sede del Bundestag alemán. Desde que se reabrió en 1999 y quedó coronado por su reluciente cúpula, diseñada por el arquitecto británico Norman Foster, se ha convertido en un poderoso símbolo del país, creada para expresar la apertura del proceso político. El edificio es espectacular y enorme. Allí dentro te sientes realmente chiquitito. Todo en él parece tener su justa medida, ni menos ni más, todo tiene un equilibrio envidiable. Si algo faltase o sobrase, ya no seria el Reichstag.

Comenzamos a subir por la rampa que nos llevaría directamente a la cima de su impresionante cúpula, pero resultaba difícil detener nuestros ojos y pausar nuestros anhelos, cuando el atardecer comenzaba a teñir de color aquella estructura fría y reluciente, convirtiéndola en un ser vibrante, recorriendo sus grandes tentáculos metálicos e insuflando en ellos el elixir dorado de un sol que parecía brillar como nunca. La estampa dejaba sin aliento.

Desde la altura observábamos todo Berlín a vista de pájaro. A nuestros pies aparecía bañada en su brumosa capa dorada, y sus edificios aparecían relucientes bajo la atenta mirada de sus risueñas farolas. Brillantes neones que coronaban una ciudad disfrazada de noche festivalera.

Cuanto nos había costado llegar hasta aquí, pero que grande era la recompensa que nos había deparado el destino. Se podía haber congelado el tiempo allí mismo y no habría podido detener los frenéticos latidos de mi corazón, un atardecer de los que no se olvidan estaba teniendo lugar en este mismo momento, nos sentíamos cómplices de aquello, como si nadie más pudiera entender aquel momento, como si el resto de personas estuvieran dibujadas en la pared.

La guinda al pastel berlinés, las blueberry muffins multiplicadas por billones de sabores y experiencias. Los últimos rayos de luz se escondían en el horizonte, dejando paso a la noche más incitadora, a esa que queríamos unirnos y saborear como el más dulce recuerdo.

Bajamos del Reichstag, como el que baja de la más alta cumbre y ve cumplido todos sus sueños. La noche estaba preciosa y aún nos quedaban muchas más cosas por descubrir. Comenzamos nuestro tour turístico por todos los lugares más significativos que habíamos visitado durante estos tres días frenéticos, para verlos vestidos de fiesta y con sus mejores sonrisas. La ciudad de noche estaba preciosa. Todo lo que habíamos oído sobre su inigualable iluminación, resultaba ciertamente inolvidable.

Lugares como la puerta de Brandemburgo, la Postdamer plazt y la Sony Gallery, mostraban su cara más colorida, y nos sorprendía ver como muchísima gente al igual que nosotros, sacaba su trípode para inmortalizar aquellos lugares que bien merecían un pequeño pedestal en forma de fotografía. Nuestro tour nocturno y fotográfico estaba resultando una maravilla. Estábamos como niños con zapatos nuevos, pero también agotados. Sin embargo, antes de volver a casa queríamos pasarnos por el “Zapata”, un lugar emblemático en el que puedes disfrutar de música en directo, en compañía de gente divertida.

La noche tocaba a su fin, y nuestras fuerzas también. Salimos del local con los oídos casi tapados por los decibelios del concierto, pero nos lo habíamos pasado genial. Habíamos bailado, saltado… nos habíamos reído, y sobre todo, nos íbamos con un sabor de boca excepcional. Como nos iba a costar despedirnos de este Berlín que se nos había colado tan dentro.

Noches alegres que hacen sentir pletórico, feliz, lleno de vida,  que deseas que no acaben nunca,  y que su magia dure para siempre. Momentos vividos que quedarán tatuados en nuestra piel, y que por mucho tiempo que pase, no caerán en el olvido. Comencé este relato con un aleteo de alas, y lo termino con un tímido suspiro que anhela volar y encontrar aquel ángel que guarda desde las alturas esta ciudad infinita.

Apenas sin darnos cuenta habíamos cruzado el ecuador de nuestro viaje. Hasta el momento Alemania nos había ofrecido momentos inolvidables en lugares singulares, y había satisfecho por completo nuestra curiosidad viajera, culminado además por la visita a Berlín, ciudad que nos había dejado una impronta imperecedera. Sin embargo, el paso de los días y sobretodo, la intensa visita a Berlín, habían mermado considerablemente nuestras fuerzas.

Por otra parte, nos quedaban todavía muchísimas aventuras por vivir, porque si bien habíamos empezando la cuenta atrás de los días que nos quedaban de ruta, eran muchos los lugares que teníamos aún pendientes, y aunque la resaca tras la visita a Berlín era evidente, nuestras ganas por seguir descubriendo lugares estaban intactas. Entre esos lugares se encontraba la zona de Sajonia, precisamente una de las causantes de que eligiéramos este año Alemania como destino de nuestras vacaciones. En ella, la sutileza de una ciudad como Dresden, o las vertiginosas vistas de Bastei, habían llamado poderosamente nuestra atención, hasta el punto de decidir pasar allí nuestras vacaciones.

Por supuesto, el pesar por tener que decir adiós a Berlín caía sobre nosotros, pues sin duda nos habíamos enamorado de esta excitante y majestuosa ciudad. Sin embargo, estábamos satisfechos por cuanto habíamos disfrutado de ella. Miramos hacia atrás y con un “hasta pronto”, abandonamos Berlín e iniciamos nuestro camino hacia nuevas aventuras.



 
Día 15: Berlín – Holsteim.
   

La capital germana nos ofreció un espléndido día veraniego en nuestra despedida. Lejanas parecían aquellas nubes que nos habían envuelto en agua y frío, pues el calor era asfixiante desde primera hora de la mañana. Sin demorarnos demasiado, recogimos todo, pagamos la estancia a la encargada del área y nos pusimos en marcha.
Con la certeza de que regresaríamos algún día abandonamos Berlín, poniendo rumbo hacia el que sería el primer destino del día, Postdam, la famosa ciudad de los palacios reales. Existía la posibilidad de llegar hasta allí en transporte público desde el área, pero teniendo en cuenta que venía de paso en la ruta trazada, preferimos desplazarnos con la autocaravana.

Situada a veinticuatro kilómetros al suroeste de Berlín, Postdam se encuentra bien comunicada y señalizada, por lo que llegamos a ella sin demasiadas complicaciones. Considerada como la perla de Brandemburgo, es uno de los paisajes culturales más bonitos de Alemania. Durante un periodo de más de trescientos años, los mejores artistas embellecieron el lugar bajo el mando de los Hohenzollern. Sus residencias están repletas de maravillosos parques y jardines. Por este motivo, Potsdam fue declarado monumento cultural de la humanidad en 1990.

Potsdam es además un símbolo para la historia del cine alemán. Los estudios de Potsdam-Babelsberg vieron como Fritz Lang y Fritz Murnau rodaban largometrajes inolvidables como “Fausto” o “Los Nibelungos”, en los años veinte del siglo pasado. Marlene Dietrich protagonizó aquí la famosa película “El ángel azul”. Para los cinéfilos Potsdam es una visita obligada. El que quiera mirar entre bambalinas y decorados, no tiene más que acercarse al parque de Babelsberg, que ofrece shows con especialistas y otras atracciones.

Nada más llegar nos dirigimos directamente al Palacio Sanssouci, en el que, después de dar varias vueltas, encontramos un aparcamiento con varias autos aparcadas. Intentamos dejar a “Suny” en la sombra, ya que el sol apretaba de lo lindo, y después de poner todo a buen recaudo nos dirigimos a visitar el palacio. La zona se hallaba inundada de autobuses repletos de turistas, por lo que respiramos profundamente para no estrenarnos demasiado, e iniciamos la visita. Este palacio es un marco ideal para todo aquel que guste de la cultura y la naturaleza. El parque del palacio de Sanssouci, con sus instalaciones y sus numerosos edificios históricos, es la encarnación más popular de ambos factores. Su construcción comenzó en 1744 bajo el reinado de Federico II de Prusia. La modestia del palacio propiamente dicho contrasta con su parque, que está repleto de sorpresas y sumerge al visitante en la época de los monarcas absolutos. Largas avenidas trazadas geométricamente, reflejan el deseo de ordenar el espacio natural según criterios propios.

Dentro del parque de Sanssouci, destacan el Palacio de Sanssouci (Schloss Sanssouce), los Neue Kammern, la Bildergalerie, el Orangerie (Orangerieschloss), el Nuevo Palacio (Neues Palais), el Palacio de Charlottenhof (Schloss Charlottenhof), las Termas romanas (Römische Bäder), la Casa de Té china (Chinesisches Teehaus) o la Drachenhaus o casa del Dragón.

Pasear a través de su historia, es zambullirte en la magia de sus palacios, y el devenir inquieto de las personas que absortos contemplan este lugar. Sus verdes y dorados brillaban bajo un sol implacable dotándolo de vida propia. Nada más entrar llamó nuestra atención lo grandiosidad del lugar. No se cuantos kilómetros puede tener todo el recorrido, pero realmente impresiona.

Bajamos sus majestuosas escaleras, como antaño lo habían hecho sus reyes y nos encontramos con su famosa fuente, que nos refrescó del sofocante calor. Las vistas desde allí eran excepcionales. Esculturas colocadas aquí y allí en un aparente desorden, pero en el que cada detalle esta totalmente medido: los setos perfectamente cortados, los dorados bruñidos y los verdes coloreados en un juego perfecto. Seguimos nuestro camino en el que cada rincón nos parecía más bonito que el anterior. Te puedes perder en cualquier dirección, y estoy segura de que encontrarás algún detalle que pasó desapercibido ante nuestros ojos, realmente es sublime.

Siguiendo hacia el norte nos encontramos con la Casa de Té (Chinesisches Teehaus), un pabellón del siglo XVIII construido en estilo chino, con columnas doradas, figuras de músicos orientales, animales y palmeras. Todo un derroche de fastuosas imágenes que te dejan un tanto perplejo, supongo que no te esperas encontrar algo así en medio de este gigantesco jardín. El lugar te traslada a tierras de Oriente, y te ves sumergido en notas celestiales acunadas a través del tiempo.

Seguimos andando bajo un sol abrasador y nos encontramos con la Orangerie, el mayor de los palacios del parque Sanssouci, construido en 1864 como residencia de invitados de la realeza extranjera. De sus estancias, pueden visitarse una torre que ofrece bonitas vistas y la Raphaelsaal, con copias de obras de pintores italianos del siglo XIX, parte del ala oeste aún tiene la función de invernadero.

Anduvimos toda la mañana por sus jardines, e incluso nos hubiésemos quedado a descubrir más tesoros de Postdam, sino hubiera sido por el calor sofocante, y no nos apetecía seguir caminando bajo aquel sol abrasador. Fue por ello que decidimos continuar con nuestro camino. Teníamos claro que la noche la íbamos a pasar en las inmediaciones de Dresden, pero de camino hacia allí, había un curioso lugar el cual queríamos visitar. Se trataba del parque de atracciones de Ferropolis, también llamado “la ciudad del acero”, un museo al aire libre cuyo principal atractivo son las gigantescas excavadoras que allí se exponen. Las máquinas, enormes, tienen cada una de ellas un nombre particular: Max, Arna, Gemini, etc…, y pueden llegar a medir hasta 30 metros de altura, 120 metros de largo, y pesar alrededor de 1980 toneladas.

Este inusual espacio se utiliza además para la celebración de distintos eventos, como opera, el Festival de música de Melt o el Ferropolis Flammen, estando dicho parque integrado dentro de la Ruta Europea de la Cultura Industrial. Para llegar a este curioso lugar, situado en la pequeña población de Gräfenhainichen, tuvimos que dar un pequeño rodeo. En lugar de tomar la Autopista E36, camino más corto hasta Dresden, tomamos la E51 dirección Leipzig, desviándonos por pequeñas carreteras comarcales. Llegamos a él poco antes de la hora de comer. Un gigantesco aparcamiento de arena, que inicialmente habíamos confundido con algún tipo de macro-festival de música, evidenciaba que nos encontrábamos junto al parque de atracciones.

Nos dirigimos hacia él, a través de un bacheado camino de tierra, pero nos detuvimos antes de acceder al parque, pues teníamos ciertas dudas de si entrar o no. Por un lado teníamos muchísimas ganas de visitarlo, pero el sol abrasador convertía aquel lugar en un auténtico horno. En el parking no había ni una mísera sombra en la que poder dejar la autocaravana, y no nos atrevíamos a dejar a Gish en esas condiciones. Además, había muchísima gente, por lo que decidimos dejar Ferropolis para otra ocasión mas favorable. Eso si, tenia muy buena pinta.

En las inmediaciones de Gräfenhainichen encontramos una sombra en la que detenernos a comer. Más tarde, nos pusimos otra vez en marcha para dirigirnos, esta vez si, a Dresden. El día estaba resultando agotador. Entre el calor que hacía y la pateada que nos habíamos pegado en Postdam, estábamos realmente agotados, aunque probablemente nuestro cansancio se debía especialmente a los tres días sin parar de nuestra visita a Berlín.

En algo mas de una hora llegamos a Dresden, y nos dirigimos directamente al aparcamiento para autocaravanas, emplazado a pocos metros del centro de la localidad. Situado junto al río y provisto de grandes árboles bajo los que cobijarse, era un lugar perfecto para dejar la autocaravana, como demostraba el hecho que ya hubiera un buen número de ellas allí aparcadas. Ya a pie nos dispusimos a descubrir una de las ciudades más bonitas de Europa.

Conocida como la Florencia del Elba, la capital de Sajonia es una perla color verde y piedra. Su famosa silueta es fácilmente reconocible desde la parte nueva de la ciudad. El río Elba divide en dos la localidad: en la orilla izquierda se encuentra el centro histórico, protegido por una amplia fortificación. La vista desde cualquiera de los puentes que cruzan la ciudad es una verdadera maravilla, pero no todo fue siempre tan idílico en Dresden. Todo en la guerra es espantoso, pero hay acontecimientos que por un motivo u otro nos causan más horror. Uno de los episodios mas crueles de la segunda guerra mundial se produjo precisamente en esta ciudad: el bombardeo por aviones aliados fue tremendo, ya que  más de seiscientos aviones  descargaron sobre la indefensa ciudad que no era objetivo militar, ni siquiera nudo de comunicaciones.

Toneladas y más toneladas de bombas de fósforo incendiaron la ciudad, joya del arte barroco, causando más de doscientos mil muertos. Murieron quemados, y los que se lanzaron al río esperando así salvarse, murieron hervidos por el agua calentada a más de cien grados por las bombas incendiarias. El acto fue tan horroroso que, en la propia Inglaterra, se han publicado libros calificándolo de crimen contra la humanidad, y eso que los aviones, en su mayor parte, eran británicos. Por supuesto, como los que causaron este cruento e inútil desastre pertenecían al bando de los vencedores, no hubo ningún juicio para ellos, pero al menos espero que tomarán buena nota de todo lo que aconteció aquel fatídico día. A pesar de que fue una ciudad muy bombardeada en la segunda guerra mundial, hoy en día conserva el encanto de sus edificios más antiguos. Entre ellos destaca su fantástica iglesia Frauenkirche, con su magnifica cúpula barroca que sobresale entre el conjunto de la ciudad, reconstruida apenas hace unos años.

Toda la vida de Dresden nace la plaza Altmarkt, en la cual antiguamente se realizaban torneos medievales, mercados, etc…y cada año acoge el mercado navideño más antiguo y conocido de Alemania.

Pero Dresden, esta repleto de misterios, y entre ellos, se encuentra, el enigma de un gran tesoro maya que  parece estar encerrado en el “Codigo Dresden”. Hace unos 2700 años, una gran ciudad Maya, Atlan, situada al oeste de la actual Guatemala, se destruyó debido a un gigantesco terremoto. Las leyes de los mayas se escribían sobre láminas de oro. En esa ciudad había más de dos mil páginas escritas en este precioso material, que terminaron hundiéndose en el lago Izabal.

El Código Dresden habría sido escrito en el siglo XVI por sacerdotes mayas. Después de varias vicisitudes, el código cayó en manos de un hombre austriaco que lo regaló en 1739 a la Biblioteca de Dresden. Es un compendio de conocimientos de esta civilización y precisamente en su última inscripción habla del fin del mundo para el 21 de Diciembre de 2012, predicción esta, que tanto éxito ha tenido en su divulgación, sobre todo a nivel cinematográfico.

El Códice de Dresden es una de las fuentes más valiosas para el entendimiento de la cultura Maya. Este manuscrito ha sido una de las claves más importantes para el desciframiento de su escritura jeroglífica. Además las más hermosas y famosas figuras de dioses Mayas también provienen de este códice. En la actualidad, el Códice de Dresden debe su nombre al lugar donde actualmente se encuentra, en la Biblioteca Real de Sajonia en esta localidad. Con cierta seguridad podemos hoy reconstruir la historia de este manuscrito, ya que probablemente en 1519, el famoso conquistador Hernán Cortes lo envió personalmente a Madrid, a la corte del entonces Rey Carlos V, conjuntamente con otras llamadas “curiosidades”.

Desde el parking de autocaravanas, siguiendo la orilla del río, se llega hasta el centro de la población en apenas diez minutos de agradable paseo, en el que se disfruta de unas magníficas vistas de la localidad. Sus puntiagudas construcciones nos resultaban altamente conocidas, pues habíamos visto esta instantánea en infinidad de ocasiones, pero ahora, estábamos ante ella. Descubrimos, además, que era un día festivo en Dresden, por lo que el paseo a orillas del rió se encontraba abarrotado de gente. Navegando por sus aguas, barcos de vapor de época, cargados de personas sonrientes, desfilaban haciendo sonar sus humeantes sirenas, convirtiendo aquello en un espectáculo realmente singular.

Como pudimos, nos adentramos a través de sus calles con muchísimos problemas, ya que era imposible caminar ante aquel gentío. Sin embargo, cada rincón que conseguíamos descubrir nos parecía más interesante y adorable que el anterior, la majestuosidad de Dresden impresionaba, aunque entre tanto jaleo, no había quien se concentrara.

Llegamos hasta su plaza central, la Theaterplatz, imponente con algunas de las referencias históricas más notables de Dresden. En ella había un grupo tocando, y nos quedamos escuchando la música. Después, nos dirigimos hacia la Grünes Gewölbe, una deslumbrante cueva del tesoro que alberga algunas de las creaciones más espectaculares del arte de la joyería y la orfebrería. Quien visite la ciudad no debe perderse sobretodo la fastuosa pieza conocida como, “La Corte de Delhi el día del cumpleaños del gran mogol”, la cual se tardó más de siete años para poder realizarla, y es digna de admiración. Nosotros no pudimos verla en vivo y en directo, ya que cuando llegamos, al ser fiesta, estaba cerrado, quedándonos realmente con la miel en los labios.

Después de un largo recorrido entre sus maravillosas calles, desistimos y nos fuimos a tomar algo en el Der Reise-Kneipe, situado en el número 15 de la calle Görlitzer, un lugar en el cual poder tomar un cafe, un té o una cerveza en buena compañía, cuyo propietario es un viajero incansable. En él puedes encontrar fotos, proyecciones de viajes, conferencias y quedadas en diferentes idiomas, cuyo tema estrella son los “viajes”.

Estábamos exhaustos, por lo que volvimos a la auto para descansar de tanto calor, tanta gente y tantas sensaciones vividas. Nos íbamos de Dresden con la sensación de que no habíamos podido disfrutar de la ciudad. Casi no habíamos podido entrar en ninguno de sus monumentos, ni nos habíamos podido emborrachar con su magnifico elixir. Nos daba pena no poder disfrutar de una ciudad como aquella, pero es que era imposible conseguir admirarla más halla de lo que el gentío nos permitió.

Llegamos al área y decidimos ir a buscar otro lugar para pasar la noche. El parking en el nos encontrábamos parecía un buen lugar, pero no en un día de fiesta mayor en Dresden, pues el tránsito de gente y coches era considerable. Fue por ello que abrimos la guía de Áreas de autocaravanas y nos dirigimos a una que se encontraba en dirección a Bastei, nuestro destino para el siguiente día, por lo que pusimos rumbo hacia ella.

Siguiendo las indicaciones del GPS la encontramos, en medio de un polígono. Poco iluminada, había un par de autocaravanas cuando llegamos, y aunque no era el lugar más bonito del mundo, pensamos que al menos nos permitiría pasar allí tranquilamente la noche. No habíamos acabado de colocar la autocaravana, cuando de repente oímos un fuerte estruendo. Un tren de mercancías había pasado a toda pastilla por nuestro lado, y es que las vías del tren se encontraban apenas a un centenar de metros. Si el sitio ya no era muy bonito, solo le faltaba estar pegado a las vías del tren, por lo que salimos pitando convencidos de que encontraríamos un lugar mejor en el que pasar la noche.Recorrimos bastantes kilómetros, e incluso llegamos al desvío hacia Bastei, en el que había un parking totalmente vacío, que no nos acabó de convencer, por lo que decidimos continuar hacia delante.

Probablemente pasaríamos por  muchos lugares en los que podíamos haber pernoctado tranquilamente, pero ya se sabe que de noche, todos los lugares parecen malos. Finalmente hallamos un pequeño aparcamiento en la población de Holsteim. Bien iluminado y suficientemente alejado de la carretera, decidimos pasar allí la noche.

Entre una cosa y otra, era casi media noche, por lo que tras una ducha fresquita, nos dispusimos a pasar una reparadora y calurosa noche.



Día 15: Berlín – Holsteim.
Kilómetros día: 367 Kms.

- Aparcamiento público Postdam.
GPS: 52º 24? 23,52” N – 13º 02? 38,73” E
Coste: Pago en parkimetro.

- Parking Ferropolis.
GPS: 51º 44? 34,96” N – 12º 25? 34,43” E

- Parking Dresden.
GPS: 51º 03? 26,09” N – 13º 45? 38,91” E

- Pernocta: Aparcamiento Municipal Holsteim.
GPS: 50º 58’ 45’’ N – 14º 06’ 52’’ E
Precio: gratuito (noche)


 
Día 16: Holsteim – Freital.
   

Un sol resplandeciente nos despertó a primera hora de la mañana cipales culpables de que estuviéramos en Alemania. Según habíamos leído, la afluencia de gente que acudía en verano a visitar el lugar era considerable, y el calor parecía apretar desde primera hora de la mañana, por lo que decidimos no demorarnos demasiado y emprender rápido el camino a nuestro primer destino del día, el Parque Nacional de la Suiza Sajona.

En pocos minutos deshicimos parte del trayecto que habíamos hecho la noche anterior, y pronto encontramos el desvió a Bastei. Justo en él, un primer aparcamiento permite dejar el vehículo en los momentos de mayor afluencia y tomar un autobús hasta el inicio de la ruta. En nuestro caso, como era temprano, decidimos probar suerte en el aparcamiento que se encontraba junto al acceso al recinto. Afortunadamente no había mucha gente en él, e incluso pudimos aparcar junto a una pequeñita sombra. Bien pertrechados, nos pusimos en marcha en dirección al parque nacional.

El parque nacional de la Suiza de Sajonia, está situado en el sureste de Dresden y protege una gran superficie de más de 36.000 hectáreas de montaña arenisca, surgida del río Elba a lo largo de cien millones de años. La peculiar erosión del paisaje se remonta a la época calcárea, y es una experiencia inolvidable que cautiva al visitante, con su paisaje rocoso, surcado de valles y profundas gargantas. Hay varias maneras de visitarlo: para los más atrevidos desde las alturas, escalando sus rocas y encaramándose por sus escarpadas paredes, disfrutando así de la manera mas singular. Pero también es posible realizar una maravillosa visita dando un cómodo paseo, a través de los muchos senderos que se pierden entre arboles grandiosos y rocas gigantescas, ya que el camino de “Bastei”, ofrece una excelente panorámica del Elba. Por ultimo se puede disfrutar desde el agua, a lomos de un pequeño bote de remos, de todo su recorrido fluvial, una experiencia única que nos ofrece unas vistas de infarto del Elba y del parque natural. Para los más comodones, embarcarse en uno de los numerosos barcos turísticos en los cuales, se tiene la oportunidad de descubrir este impresionante paisaje desde otra perspectiva.

Nosotros, como no, decidimos descubrirlo caminando por todas sus infinitas pasarelas, recordando el porque de este gran viaje y así, descubrir aquel lugar tan distinto a todo lo que habíamos podido admirar durante nuestra ruta.

Desde al aparcamiento, en apenas cinco minutos, llegamos al pequeño Berghotel Bastei, un lugar de ensueño situado justo al pie del parque Nacional. Lo cierto es que esperábamos haber tenido que andar mucho más, pero en apenas unos pasos empezamos a vislumbrar los primeros acantilados. Las construcciones rocosas que allí encontramos resultaban impresionantes, y ni siquiera parecían obra de la naturaleza. Todo estaba perfectamente colocado en el que parecía ser un equilibrio precario que ha sabido mantenerse durante el paso de los siglos.

Paseamos por sus pasarelas, cruzamos su famoso puente e incluso llegamos hasta su conocido mirador donde como no, nos hicimos la típica foto. Pero no creáis pues, aunque era pronto, resultaba difícil hacerse un hueco entre tanta gente. No quiero ni imaginar como estaría el lugar en hora punta. Desde allí disfrutamos de un abismo surcado de aguas calmas y barcos turísticos, ya que aunque estaba bastante lleno, bien merecía la visita.

Continuamos paseando por aquel mundo de ensueño. Desde lo alto, suspiramos ante la belleza singular de estas viejas montañas, ofreciéndonos momentos imborrables que nos invitaban a seguir descubriendo, más y más de cada pequeño centímetro de este lugar situado en las alturas. Sus vertiginosas vistas nos dejaban absortos en un infinito verde y brumoso, entre sus aguas de un naranja intenso, instantáneas tan preciosas que resultaban exquisitas.

Caminamos de una pasarela a otra, saboreando con ansia aquel paisaje lunar, aquellas construcciones recopiladas por el paso de los años, y engarzadas unas con otras en una perfección irreprochable, sabedoras de su magia nos observaban altaneras con su mejor sonrisa.

El acceso al parque es gratuito a excepción de un tramo de recorrido cuyo coste es de 1,50 euros por persona. Nosotros, decidimos pagar la entrada y adentrarnos en sus dominios de madera y silencio. Lo que nos encontramos allí dentro fue sin lugar a dudas, la parte más bonita de todo el parque natural, o al menos las vistas más preciosas que se tienen desde él. Además, dichas vistas no se pueden observar desde otro punto del parque, con lo cual por un pequeño desembolso, puedes disfrutar de un recorrido que fotograma tras fotograma, te sumerge en un espacio de una belleza absoluta.

Salimos del recinto, la visita tocaba a su fin. Deshicimos el camino por el cual habíamos iniciado esta aventura y llegamos a la autocaravana. Pagamos el parking y abandonamos Bastei, con una sensación increíble, habían sido dos horas repletas de sensaciones y era hora de dejar paso libre a los siguientes turistas que llegaban al lugar.

Nos tomamos algo fresquito, pues el calor a aquellas horas era realmente asfixiante, y nos pusimos en marcha para visitar la localidad de Hohnstein, en la que habíamos dormido la noche anterior y nos habíamos quedado con ganas de visitar.

Esta bella localidad rezuma aires medievales. Desde la plaza del mercado, hasta el conjunto de casitas históricas, está formada por un sinfín de pequeños detalles que enmarcan el carácter sosegado de sus gentes. Casas coloridas, flores en las ventanas, y un tiempo de tranquilidad son sus principales características. Subimos a través de calles silenciosas, que te llevaban directamente hasta el burgo de la localidad, desde el cual se goza de una magnífica vista sobre el paisaje de los alrededores.

Volvimos a la auto sudando como pollos. No se a cuantos grados deberíamos estar pero, si ya íbamos cansados, solo nos faltaba el calor para ir realmente derrotados. Abrimos nuestra guía buscando el próximo destino y, aunque eran muchas las posibilidades que nos ofrecía la región de Sajonia, hubo una que llamó poderosamente nuestra atención. Entre la información que llevábamos, teníamos el flyer de un Parque acuático, que por cosas del destino, estaba a pocos kilómetros de donde nos encontrábamos.

Evidentemente teníamos programadas muchas otras visitas, pero no debemos olvidar que estábamos de vacaciones, y con el calor que hacía no se nos ocurrió mejor opción que sumergirnos un rato en aguas cristalinas y bebidas refrescantes para descansar de todo el ajetreo del viaje. Aquella tarde nos pertenecía a nosotros y el “tiempo” se iba a detener. Nos dedicamos a mimar nuestros cuerpos y nuestras almas, para refrescarnos de aquellos calores tremendos.

Llegamos al Parque acuático Montemare, en la localidad de Neustadt. Este parque, situado 35 kilómetros al este de Dresden, ofrece deportes, relax y diversión para toda la familia. Un lugar de estilo Caribeño (según constaba en su publicidad) con más de mil trescientos metros cuadrados de instalaciones, y con una media de temperatura de 35º para casi todas sus piscinas. Como comprenderéis, aquello nos pareció “el paraíso”. Además, no hay que olvidar que esto es Alemania, país que se encuentra plagado de parques acuáticos a precios realmente irrisorios, en este caso de tan solo 6,50 € por persona. Vaya, como en España, donde por menos de 30 euros difícilmente encuentras un parque acuático de estas características.

Comimos antes de entrar ya que se nos echaba el tiempo encima, una ensaladita fresca y para dentro. Cogimos toallas y bañadores, y compramos las entradas. Nos cambiamos y salimos dispuestos a zambullirnos en el agua y no salir hasta que estuviéramos más arrugados que un higo. El lugar nos dejó gratamente sorprendidos, pues todo tenia muy buena pinta: instalaciones bonitas en un entorno muy cuidado. Nos metimos en la piscina de olas e intentamos saltarlas antes de que alguna de las grandes nos pusieran patas arriba. Luego nos tiramos por sus toboganes y, como no, nos tumbamos en unas cómodas hamacas, balanceándonos al son de la música. Realmente nos costaba hasta mantener los ojos abiertos, estábamos tan relajados que si en ese momento nos hubieran hecho un encefalograma, supongo que habría salido “plano”. Aisss, que bien sienta un buen baño y qué relajado se queda el cuerpo.

Una vez secos, volvimos al agua, y este estresante ejercicio lo hicimos a lo largo de una tórrida tarde que nos supo a gloria. Más tarde, nos despedimos del Montemare y volvimos hacia la auto. Yo creo que no caminábamos, era como si fuéramos flotando de lo relajados que nos había dejado esta pequeña aventura acuática.

Lo cierto es que salimos renovados, a la vez que la brisa fresca de la tarde parecía hacer descender levemente la temperatura, por lo que decidimos aprovechar para hacer algo más de turismo. Varias eran las opciones: nuestra primera idea era visitar el famoso castillo de Festung Königstein, pero de camino hacia él nos dio pereza, pues no nos seducía demasiado la idea de meternos en un castillo. Miramos nuestra guía y vimos que cerca de allí se encontraba también el palacio Chino de Pillnitz, que poseía unos preciosos jardines, con lo cual ni cortos ni perezosos nos dirigimos hacia él.

No tardamos demasiado en encontrarlo, e incluso cerca de los jardines hallamos un aparcamiento donde poder dejar la autocaravana. La tarde estaba espléndida, y no nos apetecía darnos una paliza andando, por lo que decidimos aprovechar y coger las bicis para dar un agradable paseo. Nuestras piernas protestaban al pedalear, pero la estampa que encontramos nada más poner nuestros pies en los jardines, nos hizo esbozar una sonrisa al instante. El lugar era simplemente delicioso.

Esta preciosidad, se encuentra a orillas de un río Elba, y es un palacio de estilo chino que comenzó a construirse en 1720 como residencia de verano para Augusto el Fuerte, que fue rey de Sajonia y de Polonia. Como peculiaridad os podemos contar que los invitados del rey eran transportados desde Dresden en barco y desembarcaban en su precioso embarcadero, flanqueado por unas impresionantes escaleras que llegan hasta el palacio, una imagen que nos pareció exquisita y evocadora. La decoración incluye algunos de los primeros ejemplos de “chimoiserie” de Europa.

Nos adentramos en su precioso jardín, y una mezcla de paisajismo francés y naturalismo inglés, nos dio la bienvenida. Además, cuenta con edificios dispersos como la Palmenhaus, la orangierie y la kamelienhaus, construida para proteger una camelia de doscientos años de antigüedad. La camelia fue traída a Europa desde Japón en 1776 como regalo de su emperador. Después de pasar por el Jardín Botánico de Kew, cerca de Londres llegó a Pillnitz en 1801, y fue plantada en el mismo lugar en el que se encuentra hoy en día.
También observamos entre sus setos alguna que otra sorpresa, como una especie de barca veneciana aposentada en uno de sus parterres. Todo el lugar estaba embestido de una sutileza envidiable. No habíamos podido elegir mejor después de nuestra tarde de relax, ya que aquí el tiempo fluía en calma, los pulmones se inundaban de aromas florales y un sinfín de detalles hacían del él el emplazamiento perfecto para perderte entre tus pensamientos. Bancos de un blanco impoluto decoraban la escena, y un reloj solar nos daba las horas tímidamente, todo en aquel lugar irradiaba una ternura tremenda.

Por si esto fuera poco, el palacio de Pillnitz, está situado entre los viñedos que cubren las laderas de las colinas, coronadas por bosques impresionantes. Un emplazamiento magistral, para un palacio que es de cuento de hadas.

Después de recorrerlo, nos sentamos en uno de sus bonitos bancos, para disfrutar de sus vistas, de su estanque con peces de colores, incluso de sus patos, que alegres chapoteaban en el agua, haciendo unos ruidos divertidos. Vamos que estos reyes no vivían nada mal.

La tarde tocaba a su fin, el sol estaba en su cenit, y nosotros allí sentados teníamos la sensación de haber vivido un día especial por muchos motivos. Respiramos profundamente, cogimos nuestras bicis, y volvimos al encuentro de Suny.

Para pernoctar aquella última noche en la región de Sajonia, elegimos un área de autocaravanas situada en la pequeña población de Freital, a las afueras de Dresden. El área estaba situada junto a una pequeña industria familiar, que había acondicionado un pequeño recinto para la pernocta de autocaravanas, algo muy habitual en Alemania. Cuando llegamos, tan solo había en ella una pequeña camper de un matrimonio de ancianos alemanes quienes, ante la imposibilidad de poder comunicarse con nosotros, tan solo sonreían al vernos.
Los últimos rayos de luz entraban por la ventana de la auto. Cenamos reposadamente y nos relajamos después de un día tan caluroso. Una agradable brisa entraba por la ventana, y la somnolencia llamaba a nuestra puerta, con lo cual con un buenas noches apagamos la luz y caímos en brazos de Morfeo.



Dia 16: Holsteim – Freital.
Kilómetros día: 106 Kms.

- Aparcamiento público Bastei.
GPS: 50º 58? 00,46” N – 14º 03? 55,78” E
Coste:

- Aparcamiento público Bastei (al lado de la carretera).
GPS: 50º 59? 13,49” N – 14º 03? 15,32” E
Coste:

- Aparcamiento Municipal Holsteim.
GPS: 50º 58’ 45’’ N – 14º 06’ 52’’ E
Precio: Pago en parkimetro.

Aparcamiento Parque Acuático Neustadt.
GPS: 51º 01? 24,11” N – 14º 12? 26,98” E
Coste: Gratuito.

- Aparcamiento Palacio de Pillnitz
GPS: 51º 00? 49,63” N – 13º 51? 53,34” E
Coste: Pago en parkimetro.

- Pernocta: Área de Freital (a las afueras de Dreden) (Pag. 328 guía ADAC)
GPS: 51º 0’ 44’’ N – 13º 40’ 56’’ E
Capacidad: 10 plazas.
Precio: 9 euros/noche


 
Día 17: Freital – Bad Reichehall.
   

Nos levantamos tras una inesperada y tormentosa noche. Aunque nos parecía inimaginable después de un día de calor como el que habíamos pasado, llovía a cántaros aquella mañana. Con cara de incredulidad nos miramos sin entender nada: el tiempo en Alemania es realmente una locura.

Teníamos claro que emprendíamos el tramo final de este viaje, para el cual habíamos tenido muchas dudas sobre que destino elegir. Por un lado estaba Praga, ciudad emblemática situada a apenas ciento cincuenta Kilómetros de donde nos encontrábamos, pero que descartamos por querer dedicar finalmente este viaje exclusivamente a Alemania. Por otra parte, barajamos la opción de dirigirnos al Valle de Mozella para acortar el camino de regreso a casa, pero tras hacer números y ver que el total de Kilómetros a recorrer era parecido, decidimos emprender camino hacia una de las maravillas descubiertas durante este viaje, la zona de Berchestgaden. El único problema es que esta pequeña región se encontraba a unos seiscientos kilómetros de Dresden, lo cual significaba perder casi todo un día en la carretera. Sin embargo, después de hablar y hablar, al final llegamos a la conclusión de que si nuestra primera idea había sido ir hacia los Alpes, hacia allí nos debíamos encaminar.

Evidentemente, ese día se resumió en aburridos kilómetros de carreteras Alemanas, que recorrimos bajo un manto de nubes grises, que a ratos descargaron una considerable tromba de agua sobre nosotros. Finalmente llegamos al pie de los Alpes al atardecer y nos dirigimos hacia un área situada en la pequeña población de Inzell. El área, con capacidad para tan solo tres autocaravanas, era una verdadera preciosidad, tanto por lo cuidada que estaba como por el entorno en el que se encontraba. Sin embargo, no disponía de un lugar de vaciado, instalación que necesitábamos con urgencia, por lo que muy a nuestro pesar tuvimos que continuar hacia Bad Reichehall.

Llegamos a ella cuando empezaba a hacerse de noche y nos encontramos que estaba prácticamente completa, algo que tampoco era de extrañar pues en la región de Bertchestgaden son muy pocas las áreas de autocaravanas existentes. Vaciamos a la vez que buscábamos algún lugar donde colocarnos. Lo cierto es que aunque el área no estaba llena, las autocaravanas que se encontraban allí estaban tan mal estacionadas que no permitían que ninguna otra se pudiera instalar. Encontramos en el área una familia de Barcelona que había conseguido emplazar su camper en un pequeño hueco que quedaba. Nosotros, probamos en aparcar al margen de una zona de paso, pero para sorpresa nuestra, uno de los autocaravanistas alemanes vino a decirnos que allí no nos podíamos quedar. Lo cierto es que aquel fue el único encontronazo que hemos tenido durante todo el viaje, pero nos supo muy mal que a aquellas horas alguien se negara a permitirnos que nos quedáramos allí, tan solo a pasar la noche.

Con un cabreo descomunal, vaciamos las grises, llenamos agua y nos fuimos a buscar algún sitio donde descansar, pero esta vez los hados no estaban con nosotros. Justo enfrente del área encontramos un parking con varias autocaravanas aparcadas, que creíamos podía ser tranquilo. Cenamos, nos duchamos y nos acostamos rendidos de un día de tantos kilómetros, pero la aventura lamentablemente no termina aquí, pues el aparcamiento resultó ser super ruidoso. El tránsito de camiones era increíble, viéndonos obligados a buscar otro lugar en mitad de la noche, si queríamos conciliar el sueño.

Lo encontramos, en la oscuridad de la noche y bajo la lluvia. Apenas era un pequeño aparcamiento urbano, pero que al menos nos permitiría dormir algo, descansar y recuperar fuerzas. Berchestgaden nos esperaba y queríamos estar al cien por cien para disfrutar de ella. Teníamos los nervios a flor de piel, las ganas de visitar esta zona eran tantas que nos sentíamos inquietos. En apenas unas horas comenzaría nuestra aventura Alpina, para la cual teníamos muchos destinos y pocos días para disfrutarla. La zona a primera vista nos había parecido preciosa. En ella, los prados eran más verdes, las vacas mugían más fuerte, las montañas eran más altas, y el aire alpino más recio. Ahora si, Berchestgaden nos espera…

Entre el cielo y la tierra, entre lo divino y lo terrenal se encuentra Berchtesgaden, un oasis en el corazón de los Alpes bávaros, un lugar amable en el que conviven lagos cristalinos y altas montañas que te acompañan hasta las puertas del cielo. Un mundo repleto de encanto, sin florituras, en el cual no se necesitan adjetivos para ser perfecto, donde encuentras belleza en estado puro.

Nada te distrae, nada te desmarca del camino señalado, solo tus ojos inquietos que tratan de encontrar el alma de lo que estas percibiendo. Todo en esta zona rezuma entusiasmo, ganas de vivir, tan solo hay que dejarse llevar, para poder deleitarse ante su paisaje impactante.

Parece mentira que aún queden lugares que tienen tanta historia a sus espaldas, pero que aún así, se protegen del paso del tiempo de una manera tan eficaz. En el silencio de sus valles encuentras la complejidad de sus entresijos, un pequeño rumor, un destello entre sus aguas, un pequeño barco que traza sendas a través de aguas reposadas, en un perfecto equilibrio con su ecosistema, protegido como un delicado cristal, como algo tan valioso que tan solo un pequeño desliz, pudiera hacerlo caer como un castillo de naipes.

Lugar elegido tanto por santos como por demonios, ya que en él convivieron Monjes Agustinos y un Hitler que se escapaba con su amante para perderse entre las cumbres borrascosas del Nido del Águila. Como curiosidad comentaros que el nombre de Berchtesgaden se debe precisamente a la casa de veraneo de Berghof, que el dictador tenía en el Obersalzberg, uno de los montes circundantes del Kehlstein.

Historias, leyendas, iglesias vestidas de blanco y rojo que entregan instantes de grandeza, el indescriptible Königssee que te adentra en sus aguas impregnándolo todo de un halo de majestuosidad, un lugar en el que no entran en juego los dobles sentidos, en el cual el viajero se sentirá como en otro mundo, de hecho fue un estado independiente durante siglos. Todo esto es la zona de Berchtesgaden, pueblos diminutos diseminados cual piedras preciosas brillando en la oscuridad.



Dia 17: Freital – Bad Reichehall
Kilómetros día: 655 Kms.

- Pernocta: Area de Bad Reichehall (Pag. 572 guía ADAC)
GPS: 47º 44’ 03’’ N – 12º 52’ 32’’ E
Capacidad: 28 plazas.
Precio: 13 €/noche.


 
Día 18: Bad Reichehall – Berchtesgaden.
   

El clima alpino parecía habernos abrazado nuevamente, pues no había cesado de llover en toda la noche. Nos levantamos en un día tristemente gris, lo cual nos parecía inverosímil considerando el calor que habíamos pasado apenas 48 hora antes. No apetecía ni salir de la cama, pues parecíamos tener el mismo estado de animo que el día. La noche había sido complicada, y el cansancio hacia acto de presencia, dotando nuestro despertar de desgana. Además, nos daba tristeza pensar que nuestra primera visión de este impresionante paraje, tuviera una paleta de colores tan melancólicos. ¡Pero, como puede cambiar el estado de animo, simplemente con que aparezcan en el horizonte unos tímidos rayos de sol!

Nos encontrábamos aparcados en el centro de la población de Bad Reichehall, por lo que tampoco debíamos demorar demasiado nuestro inicio de ruta. Tan rápido como nuestro perezoso despertar nos permitió, nos encaminamos hacia el Parque Nacional de Berchtesgaden, ese lugar que había llamado poderosamente nuestra atención, hasta el punto de recorrer seiscientos kilómetros para poder disfrutar de el.

El Parque nacional de Berchtesgaden, fue fundado en el año 1978, y es uno de los espacios protegidos más antiguo de los Alpes. Es un rincón fascinante de visitar, especialmente si se está interesado en las magníficas rutas alpinas que ofrece. Está situado al sur de Baviera, haciendo frontera con Austria, de hecho muchas de las montañas que se pueden contemplar en Berchtesgaden están, en realidad, al otro lado de la frontera.

En él, el visitante encontrará una cautivadora muestra del universo alpino que se ha desarrollado en gran parte sin apenas la influencia del hombre. Las rocas de este fascinante paisaje de alta montaña, están compuestas en su mayor parte por sedimentos calizos. Las excursiones a pie por el parque nacional, ofrecen un paisaje idílico, caracterizado por zonas rocosas, superficies sedimentarias, praderas alpinas, pino carrasco y zonas húmedas de helechos, que te adentran en un mundo segmentado en explosiones de color.

Pero sin duda la estrella del Parque es el espectacular Lago Königssee, cuyo nombre significa literalmente “Lago del rey”, que por su forma alargada y las montañas que le rodean parece más bien un fiordo noruego que un lago alpino. Muchas de las rutas más hermosas del Parque parten desde este lago, considerado el lago mas bonito de Alemania.

Dejamos a Suny aparcada en el parking situado a la entrada del Parque Nacional, pagamos los cuatro euros que nos costaba dejarla allí, y nos encaminamos hacia su famoso lago, que hace referencia directa al Rey Luis II de Baviera. Enmarcado por sus enormes paredes rocosas, se encuentra situado entre el Watzmann, el Mar de Piedra “Steinernem Meer” y la sierra de Hagen, en un enorme recorrido a través de aguas esmeralda que impresiona.

Desde el parking tienes un pequeño recorrido en el cual nos encontramos tiendecitas y hoteles de esos que aparecen en las postales tirolesas, todo un derroche de belleza y pequeños detalles que nos dejaron impresionados. Pero, más allá de aquella visión, se encontraba la verdadera estrella del lugar, y es que al ver por primera vez este lago, no puedes por menos que exhalar una pequeña exclamación de admiración, ya que es una de las estampas más bellas de las que hemos podido disfrutar en nuestro viaje a Alemania.

Nos acercamos a la taquilla donde vendían los tickets para subir a los barcos que permiten recorrer el Koningssee: vimos los distintos precios, horarios e itinerarios, y al final optamos por hacer el recorrido más largo que, haciendo una parada en la iglesia de San Bartholomá, permitía llegar hasta el final del lago. Pagamos los 15,80 euros por persona y, apenas sin darnos cuenta, estábamos embarcados en un mundo inimaginable.

Lo primero que llamó nuestra atención fue el silencioso motor de la embarcación, y es que, desde el año 1909, los barcos que cruzan el lago tienen motores eléctricos para que nada perturbe la tranquilidad y la pureza del emplazamiento. La pared este del pico sur del Watzman desciende hacia el lago, formando el despeñadero más alto de los alpes, con más de 2.000 metros de altura.

Primero observamos su embarcadero de madera, enmarcado por pequeñas construcciones que sirven de refugio a las embarcaciones, a lo lejos las montañas se teñían de fantasmagóricos bancos de bruma, que dotaban al lugar de un dramático contraste de luces y sombras. Nunca habíamos visto nada parecido, cuanta composición para un decorado tan precioso, el azul del cielo, el verde de sus praderas, el marrón de sus montañas y el blanco de sus nubes, contrastaban tremendamente con el turquesa tan intenso de sus aguas. Las surcamos silenciosamente, casi costaba respirar para no romper el encanto del momento. Cada vez nos adentrábamos más y más en aquel lago con aspecto de fiordo, y la perplejidad se reflejaba en nuestros rostros. De pronto el barco se detuvo y uno de los tripulantes, trompeta en mano, exhaló el aire de sus pulmones en una macedonia de notas quejumbrosas que te llegaban al alma. Notas que rápidamente chocaban contra las rocas, devolviéndonos un eco amplificado varias veces. Me recordó a mi niñez, cuando jugábamos a eco, eco, eco, y nuestra propia voz sonaba ininterrumpida en un lapsus de tiempo sublime.

Solo logró romper nuestro encantamiento, el reflejo bicolor de la preciosa iglesia de San Bartholomá, que apareció ante nosotros como por arte de magia. Esta iglesia se construyó en honor a San Bartolome apóstol, patrón de los agricultores y lecheros alpinos. La iglesia está situada en la orilla occidental del lago Königssee, en la península de Hirschau. Sólo se puede llegar en barco o después de una larga caminata a través de las montañas circundantes. La primera capilla en el lago fue construida en 1134 por los prebostes de Berchtesgaden. Desde 1697 fue reconstruido en un estilo barroco, inspirada en la catedral de Salzburgo, con sus dos cúpulas en forma de cebolla y un techo abovedado de color rojo, una pequeña joya enmarcada por la belleza impactante que la rodea.

Desembarcamos al llegar a ella, y comenzamos a disfrutar de todo aquel paisaje alpino. Comenzaba a ser tarde, y nos dimos cuenta que habíamos sido poco previsores, ya que no habíamos traído nada de comida.

Afortunadamente, vimos que había un pequeño bar donde, como pudimos, logramos entender que únicamente vendían trucha ahumada. Eso si, tenia una pinta deliciosa, con lo cual nos acercamos a la chica que allí había y le pedimos dos bocadillos de su deliciosa trucha, pagamos los cuatro euros que costaba cada uno, y nos pusimos a saborear aquel bocado tan delicioso. Ya con el estomago lleno, nos encaminamos hacia la capilla de hielo, al pie de la cara este del Watzmann, un paseo que nos llevo a adentrarnos en un oscuro y sombrío bosque decorado de helechos y tranquilidad.

La subida era bastante pronunciada, pero el lugar era impresionante. Paso tras paso nos encontrábamos más cerca de nuestro destino, pero cada vez se complicaba más la ascensión. Menos mal que el día estaba bastante nublado y no hacia demasiado calor, pero aun así, con el esfuerzo de la subida íbamos sudando tinta china.
Después de dos horas, llegamos hasta la cueva de hielo, rodeada de altas montañas enmarcadas por lenguas de hielo, que hacían de aquel lugar un sitio deslumbrante. Nos sentamos a sus pies, simplemente para tomar aliento, observando en silencio su majestuosidad y de paso, preparar el camino de vuelta. Nuestros corazones latían con fuerza, e intentaban serenarse ante aquella subida frenética. Tras una relajada conversación, un poquito de agua, y un sinfín de fotografías, le dijimos adiós a la cueva, que hemos de decir que realmente no es una cueva, si no un glaciar.

Hicimos el camino de regreso a San Bartholomá, paso a paso, desandando todo lo que habíamos caminado al subir. Estábamos realmente cansados, pero todavía nos quedaban otras sorpresas en este gran Parque Nacional. Volvimos a tomar el barco, para continuar lago adentro, hacia nuestro siguiente destino, el lago Oberssee. Tras otro paseo de ensueño por sus aguas cristalinas, llegamos a la orilla sur del lago.

Allí, emprendimos nuevamente la marcha a pie hacia la catarata de Röthbach, de 400 metros de altura, eso si, acompañados de unos deliciosos helados. El primer tramo hasta llegar al reluciente lago Oberssee, es un relajado paseo. Su orilla es el merecido destino de muchos visitantes, quienes deciden llegar solo hasta aquel pequeño oasis, cuyas aguas son todavía mas silenciosas que las del Köningssee, al que casi igualan en belleza. Pero, los más osados podrán continuar recorriendo la escarpada orilla del Oberssee, teniendo en cuenta, que el camino se complica sobre manera.

Hicimos el recorrido a través de unas escaleras desvencijadas, que parecían que se fueran a desintegrar bajo nuestros pies. Con paciencia infinita, pues habían caído cuatro gotas y el terreno estaba muy resbaladizo, llegamos a la otra orilla del lago, donde las vistas eran todavía más excepcionales.

Nos sentamos en la hierba húmeda y la compartimos con varios patos que allí había. Estábamos exhaustos, y todavía nos quedaba un buen trecho para llegar a la dichosa catarata. Después de comentar la jugada a seguir, y ver que el cielo se comenzaba a tornar negro y unas primeras gotas comenzaban a caer, decidimos volver sobre nuestros pasos, y dejar la catarata para otra ocasión.

Volvimos a tomar el barco, esta vez si, dirección a Berchtegaden, pero durante el trayecto de vuelta, el cielo se transformo repentinamente por completo, dejándonos casi a oscuras, y una tremenda tormenta se puso a descargar sobre nosotros. En medio de aquel gigantesco lago, aparecíamos como una pequeña barquita a la deriva. En aquel momento pensamos en la decisión tan acertada que habíamos tomado, ya que si hubiéramos seguido subiendo, nos hubiera pillado la tormenta en pleno descenso de la catarata, a veces las cosas suceden por algo.

En aquel instante, solo lograba pensar en la abismal profundidad de aquel lago, doscientos metros de abismo esmeralda que producía cuanto menos “inquietud”. Después de un rato que se nos hizo interminable, el cielo comenzó a teñirse de gris y a dar señales de una pronta recuperación. Diminutos rayos transformaban la luz en un fantástico arco iris que decoró aquel cielo perfecto de Berchtegaden. Es lo bueno de las tormentas, que el final siempre es fascinante.

Bajamos del barco y aún seguía lloviendo. Nos encaminamos hacia el parking donde teníamos aparcada a “Suny”. Nos secamos y tomamos una pequeña merienda, a la vez que decidíamos cuales serian nuestros siguientes pasos. Eran cerca las siete de la tarde, pero en un día como aquel no tardaría en caer la noche, por lo que decidimos dirigirnos al que sería nuestro primer destino del día siguiente, el Nido del Águila, e intentar pasar allí la noche.

El camino hasta el Nido del Águila, desde Berchestgaden, no deja de tener su complicación pues se trata de un empinadisimo puerto de montaña. En primera marcha y poco a poco, ya que llovía y el terreno estaba muy resbaladizo, llegamos hasta el aparcamiento donde se inicia el recorrido hasta el Nido del Águila.

Lamentablemente, encontramos en él señales indicando que estaba prohibido pernoctar, con lo cual tuvimos que dar media vuelta, y bajar nuevamente por aquella sinuosa carretera, lo que, siendo además noche cerrada, nos llevó a transitar por sus curvas a apenas diez Kilómetros por hora, con un respeto más que evidente.

Estábamos cansados y lamentablemente, en esta zona de los Alpes, había bastantes menos áreas que en el resto de Alemania, con lo cual decidimos dirigirnos al Camping Muhlleiten, el cual además dispone de tarifas especiales para autocaravanas. Sin tener que registrarnos, pagamos la noche, e incluso reservamos unos fantásticos croissants para la mañana siguiente. Nos metimos en el camping cuyas parcelas estaban bastante encharcadas.

En plena noche, y lloviendo como seguía lloviendo, nos costó un triunfo encontrar una plaza más o menos decente. Después de varias intentonas y de alguna que otra patinada, logramos aparcar a “Suny”.
Cansados, mojados, y con ganas de descansar de un día tan intenso, nos dispusimos a meternos en la auto, cuando de pronto llego un padre con su hijo, y nos pidieron ayuda. Resulta que habían alquilado una auto y no sabían como ni donde descargar el químico. Con pocas ganas de explicaciones, intentamos ser lo más amable posible y les ayudamos a encontrar el lugar para hacerlo. Muy agradecidos nos comentaron que era su primera vez en autocaravana, y que estaban haciendo ruta por los Alpes. Nosotros, les explicamos todo nuestro viaje, y se quedaron alucinados ante lo que les relatábamos. La compañía era muy agradable, pero estábamos empapados y necesitábamos una ducha reparadora, con lo cual nos despedimos de estos amables madrileños y nos metimos en nuestra casita con ruedas para descansar.

Por fin, el sueño realizado. Berchtgaden había superado con creces todas nuestras expectativas, y mañana seria otro intensísimo día, un día repleto de aventuras para disfrutar de la solitaria casa del Kehlstein.



Día 18: Bad Reichehall – Berchtesgaden
Kilómetros día: 45 Kilómetros.

- Parking Koningsee.
GPS: 47º 35? 31,05” N – 12º 59? 17,01” E
Coste: 4 euros.

- Pernocta: Camping Muhlleiten (Bertchesgaden).
GPS: 47º 35’ 59’’ N – 12º 59’ 20’’ E.
Servicios: Agua, luz, WC, y vaciado.
Coste: 18,50 € tarifa especial AC sin registro.


 
Día 19: Berchtesgaden – Inzell.
   

Nos levantamos en la que parecía ser una pequeña tregua ofrecida por Zeus, dios de los cielos. Los anhelados rayos de sol brillaban, sobre las gotas del agua caída sobre el césped. Animados ante este nuevo cambio climatológico, fuimos a recoger los deliciosos croissants que teníamos encargados para desayunar. La mañana no podía comenzar con mejor pie pues, además, teníamos prevista la visita al Nido del Águila, en la cual habíamos depositado muchas expectativas. Nos encontrábamos más o menos cerca del lugar, pero nos habían recomendado hacer la visita a primera hora, con lo que sin prisa pero sin pausa, realizamos las tareas del día a día, para salir rápidamente.

Estábamos a punto de marcharnos, cuando nos volvimos a encontrar con la familia de Madrid que habíamos conocido la noche anterior. Estuvimos un buen rato charlando con ellos, más incluso de lo que nos podíamos permitir, pues corríamos el riesgo de encontrarnos con una marabunta de gente en el nido del águila si salíamos mucho más tarde. Con un hasta pronto nos despedimos de ellos y nos dirigimos al Obersalzberg, lugar en el que habíamos intentado pernoctar la noche anterior, donde se inicia el recorrido hasta el nido del águila. Allí precisamente se encuentra un excelente centro de información, el Dokumentation Obersalzberg, inaugurado en 1999, que relaciona los acontecimientos de Berchtesgaden con la historia del Tercer Reich.

En pocos minutos llegamos al amplio aparcamiento, dejamos aparcada la autocaravana y compramos las entradas, a razón de 15,50 € por persona. Con los tickets te dan la hora exacta de salida y el numero de autobús que nos llevaría hasta la cima, no tiene perdida. Después de varios minutos de espera, subimos al autobús.

La carretera del Kehlstein, es una obra maestra de la ingeniería. En tan solo trece meses se pudo construir esta carretera en la roca. Es una carretera única por la forma de su construcción y el vertiginoso desnivel que se salva, solamente con una única curva. En 1952 la carretera al monte fue cerrada al publico, quedando instalado un servicio de transporte hasta el aparcamiento. Desde entonces, los autobuses convierten el ascenso en una experiencia única, habiendo recibido el galardón, “como la carretera de montaña más espectacular del país”.

Estábamos nerviosos, nos parecía mentira estar ya montados en el autobús y encaminados hacia la cima. Ahora solo quedaba que subiera el resto de viajeros y comenzar nuestra ascensión. Las vistas durante todo el recorrido eran indescriptibles, en algunos momentos un vértigo terrible nos hacia tragar saliva y respirar hondo, pero era increíble el poder observar en vivo y directo, todo el esplendor de estas viejas montañas. Seguimos subiendo, los oídos se taponaban, y los nervios seguían a flor de piel, hasta que por fin llegamos al final de trayecto, en el que todos nos bajamos, como un kinder sorpresa sale de su escondite.

Desde aquel mirador intermedio, nos encaminamos por un largo túnel que se adentraba en la roca, dando la sensación de introducirte en un refugio anti-nuclear, o algo parecido.

El túnel estaba ligeramente iluminado, lo que le daba un aspecto lúgubre y sombrío. Al final del mismo, nos encontramos con el fastuoso ascensor, mediante el cual se ascienden los últimos metros que quedaban hasta llegar a la cima. Nos llamó poderosamente la atención los dorados y la composición grandiosa del ascensor, reafirmando así, la gran importancia de las personas que en él se elevaban. Unos segundos de impulso, y llegamos al Kehlstein.

Salimos del ascensor y nos encontramos inmersos en un mar de densas nubes que nos daba la bienvenida. Aunque nos pareciera mentira, nos estaba volviendo a suceder lo mismo que en nuestra visita al Pic du Midi du Bigorre, en nuestro viaje a Hautes-Pyrenees, y es que no se veía nada del excepcional paisaje que se suponía teníamos delante de nuestras narices.

Salimos del edificio principal, y ascendimos por el pequeño sendero que conducía hasta la cima, deseando que allí pudiéramos ver algo. Nos acercamos a una pequeña barandilla que se abría a través de un temible barranco, en el cual seguía dibujado el dichoso mar de nubes. Nos armamos de paciencia, rezando para que el milagro se produjera y pudiéramos apreciar toda la grandeza del lugar, y como dice el refrán el que espera, desespera. Nuestros ánimos iban decayendo poco a poco. Nos afanábamos en observar cualquier sutil cambio, pero nada hacía presagiar que aquello fuera a cambiar.

Nos sentamos en un banco, justamente al lado del precipicio y allí entre susurros esperamos que sucediera. Conrad decidió escalar por unas rocas para conseguir ver algo, mientras yo seguía anhelando que las nubes dieran paso al esplendor. De pronto, la gran masa de nubes comenzó a disiparse. Por momentos parecía que abriría por completo. Con un suspiro observaba todo el proceso, degustando cada segundo, y en cuanto vi que realmente era factible, avisé a Conrad de lo que estaba sucediendo en aquel mismo instante. En un momento corrió hasta a mi lado, y los dos nos quedamos observando aquel ineludible paisaje de belleza absoluta.

El gesto de admiración de los que allí nos encontrábamos fue unánime. Aquello que se ocultaba, ahora se mostraba de una manera cautivadora.

Como si de un puzzle se tratará, todas las piezas se hallaban colocadas en honor a la belleza imperecedera, a la pureza de esos lugares que se pueden contar con los dedos de la mano. Todo lo que podamos transcribir en estas cuatro letras, se quedaría corto para describir las sensaciones allí vividas. La imagen de Berchsgaden a nuestros pies, con su maravilloso Köningssee desde las alturas, ha sido uno de los momentos más impactantes de los que hemos podido ser cómplices.

Como si de una función de teatro se tratara, el telón se volvió a cerrar, transformando de nuevo el lugar, quedando ciego por la densa capa de nubes. Nos dio tristeza por la gente que llegaba en aquel mismo instante, y que probablemente no podría disfrutar de lo que acabábamos de presenciar. Realmente nos sentíamos unos privilegiados.

Después de aquel magnífico instante, regresamos al edificio principal para visitar la que fue antigua residencia de verano de Hitler, la casa del Kehlstein. Hoy en día convertida en un café-restaurante, pudimos disfrutar en ella de unos deliciosos cafés y de la historia, fotograma a fotograma, de como se construyó la leyenda de este lugar.

Todo se remonta al año 1923, momento en que el futuro Führer se enamoró de esta zona, que más adelante se convertiría en su segunda residencia, después de la de Berlín. En este lugar se representó la ficción de un Hitler amigo del pueblo. Sin embargo, cuando la zona de seguridad alrededor de la casa comenzó a extenderse, obligó a muchos vecinos a vender sus tierras a un precio irrisorio. Más adelante, los bombardeos aliados destruyeron el complejo en los últimos días de la guerra.

La casa en si, es una construcción maciza, con sus cimientos de varios metros de grosor, en un ejemplo de arquitectura nacionalsocialista que brinda al visitante una impresionante vista panorámica sobre la región de Berchtesgaden. La casa fue un proyecto de Martin Bormann, quien se la regaló a Adolf Hitler en nombre del partido nacionalsocialista en su cincuenta cumpleaños. Sin embargo, Hitler visitó la casa del Kehlstein en contadas ocasiones.

Satisfechos por cuanto la visita al Nido del Águila nos había ofrecido, bajamos en el majestuoso ascensor y salimos a la fría niebla, esperando que nuestro autobús volviera a recogernos y nos transportara de vuelta al mundo, despertando así de nuestro maravilloso sueño Alpino.

Apenas sin darnos cuenta, estábamos de nuevo en la autocaravana. Era tarde por lo que decidimos comer algo, y reposar de todas las sensaciones vividas en aquella colosal montaña.

Más tarde, iniciamos el camino de descenso, esta vez por el tramo Este de la carretera, que conducía a la pequeña población de Unterau. En este caso, aunque el trayecto es más largo, es mucho menos exigente y por tanto recomendable para quienes conduzcan vehículos más voluminosos. Nosotros, aprovechamos el trayecto para hacer cuantas paradas pudimos, pues cada rincón era digno de prestarle atención.

De repente, un cartel nos indicó que nos encontrábamos a menos de cinco Kilómetros de la frontera con Austria, y a poco más de Salzburgo, ciudad que visitamos hace años en medio de un aguacero y a la cual teníamos tentaciones de regresar. Pero, si algo hemos tenido claro en esta ruta, es que éste viaje lo queríamos dedicar íntegramente a Alemania, por lo que entonando aquel “Austria será otro viaje” decidimos continuar descubriendo las maravillas de los Alpes.

Nos dirigimos a la capital de la región, Berchesgaden, población grande y comercial, que mantiene el equilibrio entre lo tradicional y la gran afluencia de turismo a la que está sometida. Pintoresca e histórica donde las haya, esta localidad se sitúa al sureste del estado de Baviera, dentro de un pequeño enclave entre montañas. El centro de Berchtesgaden, lo compone su villa histórica, y sobre todo la pintoresca plaza del castillo. No lejos de allí, se pueden visitar las minas de sal de Salzbergwerk, cuyo funcionamiento comenzó en el siglo XVI.

Los inicios de la ciudad se remontan al año 1102, siendo mencionada en los documentos por sus importantes depósitos de sal. De hecho, son los más abundantes del sur de Alemania, y la mayor parte de su riqueza se debe precisamente a ellos. El turismo comenzó a desarrollarse y un buen numero de artistas se acercaron a los alrededores de la ciudad, que dio lugar al movimiento artístico denominado “Malereck”, que significa “la esquina del pintor”.

Con todos estos datos nos adentramos en la localidad. Conseguimos estacionar en un pequeño aparcamiento municipal que, por ser un poco tarde, empezaba a vaciarse. Ya a pie, lo primero que encontramos fue un lugar decorado de casitas blancas y flores colgando de alegres maceteros. En muchas de ellas, sobre todo en las casas gremiales, como panaderías, pescaderías, etc., pudimos observar como sus fachadas estaban decoradas con dibujos que hacían referencia al gremio en el que trabajaban. En el caso de las panaderías, retrataban un horno humeante sacando de él, un delicioso pan recién horneado. Berchtesgaden era un lugar repleto de detalles inspiradores, que fuimos degustando uno a uno, metiéndonos por todas sus callejuelas e intentando empaparnos del ambiente alpino que disfrutaba la zona.

Después de deambular sin rumbo fijo, nos pusimos nuevamente en marcha, encaminando nuestros pasos hacia un pequeño lago situado en las inmediaciones de Ramsau, el Hintersee. Con cerca de dieciséis hectáreas de caminos y aguas cristalinas, el encanto de este lago está caracterizado principalmente por su ubicación, bajo la empinada ladera de la montaña Reiteralm y la Hochkalter, que en días claros se reflejan en sus aguas de una manera maravillosa.

Es un lugar en el que puedes ver bastantes pintores sentados en sus bancos, intentando captar la luz cambiante del lago. De hecho, al ir paseando encontramos estructuras en forma de marco, para hacer fotografías utilizando este pequeño truco, pequeños detalles que hacen de este lago, una visita recomendable.

También encontramos barcas de recreo que hacían la delicia de pequeños y mayores, en un lago que parecía una piscina de lo tranquilas que eran sus aguas. Caminamos un buen rato, hasta que la luz comenzó a faltar, y allí sentados, fuimos conscientes por primera vez, de que el viaje estaba tocando a su fin.

Regresamos a la autocaravana, cansados, y decidimos despedirnos de Berchestgaden y encaminarnos hacia el área de Inzell, una de las áreas más bonitas que habíamos visto y en la que no queríamos quedarnos con las ganas de dormir.

En apenas media hora llegamos a ella. Tan solo había una autocaravana cuando llegamos, pero hemos de recordar que la capacidad máxima es de tres. Saludamos a la propietaria, quien se alegró de volver a vernos, y salimos a disfrutar de los últimos rayos de luz, en un emplazamiento de ensueño.

Después de ducharnos y cenar, abrimos la ventana para poder observar el magnifico cielo estrellado que había aquella noche. Al rato la somnolencia nos fue envolviendo hasta tal punto, que tan solo fuimos capaces de cerrar la ventana y entonar un buenas noches.



Día 19: Berchtesgaden – Inzell
Kilómetros día: 86 Kilómetros.

- Parking Nido del Aguila.
GPS: 47º 37? 50,19” N – 13º 02? 22,49” E
Coste: Pago en parkimetro según estancia.

- Parking Municipal Berchestgaden
GPS: 47º 37? 51,12” N – 13º 00? 14,73” E
Coste: Pago en Parkimetro según estancia.

- Parking Hintersee
GPS: 47º 36? 14,64” N – 12º 50? 58,57” E
Coste: Pago en Parkimetro según estancia.

- Pernocta Area de Inzell (Pag. 572)
GPS: 47º 45’ 35’’ N – 12º 45’ 09’’ E
Servicios: Agua, WC y duchas. Sin vaciado
Capacidad: 3 plazas.
Precio: 10 €/noche


 
Día 20: Inzell – Büchell-Amzell.
   

Nos levantamos sin escuchar nada que no fuera naturaleza a nuestro alrededor. La noche había sido tan plácida que nos costaba horrores salir de la cama. Desde ella abrimos una de nuestras ventanas y disfrutamos, sin duda, de una de las áreas mas bonitas en las que hemos podido dormir. El agua de su fuente fluía en calma y las vacas, disfrazadas de canela, formaban parte de la estampa tirolesa que teníamos delante.

El área se componía de una casa de paredes blanquísimas, salpicada de flores multicolores, en la cual se podía alquilar habitaciones, e incluso desayunar leche recién ordeñada. Estábamos rodeados de belleza por todos lados, cabritas subiéndose a los bancos del jardín, una pequeña noria de agua que dibujaba círculos todo el tiempo, y una anciana encantadora que nos dio los buenos días desde el balcón agitando su mano en el aire. Con un suspiro, intenté retener todo aquello, para que cuando volviéramos al mundanal ruido y retornáramos a la ciudad, tuviéramos la consciencia de que se puede vivir de otra manera, de que no hace falta tener miles de aparatos electrónicos para ser las personas más felices del mundo.

Nos despedimos de la mujer de cabellos plateados, sin entendernos demasiado. Nos despertaba una ternura inmensa, casi hasta el punto de emocionarnos. Dejamos atrás Inzell, con una sensación de tristeza, de belleza perdida, que seguramente no volveríamos a encontrar, pero la ruta continuaba y éramos conscientes de que aún nos quedaban cosas por descubrir. Pusimos rumbo hacia la carretera alpina, que de hecho habíamos iniciado la tarde anterior al salir de Berchestgaden, pasando a través de pueblos, lagos, y gentes excepcionales.

La carretera alpina o “Deutche Alpenstrasse”, comenzó a construirse en la década de los años 30, como una carretera de recreo en las alturas de los Alpes. Al igual que la autobahn, era un proyecto de prestigio para el régimen nazi, y algunas partes se proyectaron pensando en su utilidad militar. Con algunas interrupciones, la carretera cubre casi 300 kilómetros entre Berchtesgaden y Lindau, a orillas del lago Constanza.

Pasamos toda la mañana recorriendo aquella carretera, deteniéndonos mil veces a lo largo del recorrido, ya fuera en los pequeños lagos como el Lödensee, el Mittersee, y el Weitsee, donde la gente aprovechaba para refrescarse en un día tan caluroso como aquel, o en las pequeñas poblaciones que encontramos a nuestro paso. Prestamos un especial interés a dos de ellas, Ruhpolding y Reit in Winkl, dos de las poblaciones que mejor conservan el ambiente tradicional tirolés. En el caso de Reit in Winkl en concreto, con sus casitas típicamente tirolesas, se encuentra situada en un valle soleado justo en la frontera con Austria, rodeada casi por completo por montañas.
Ya por la tarde, decidimos tomar la autopista pues nuestra intención era pernoctar cerca del lago Constanza y a ese ritmo no íbamos a llegar nunca. Además, teníamos que hacer una pequeña parada en Munich, para intentar comprar comida para Gish, quien obligatoriamente tiene que comer un tipo de comida específico, y la muy comilona se había zampado la bolsa y media que llevábamos. Que deciros, que si ya cuesta conseguirla en España, como para entenderse en Alemania. Al final lo logramos, de otra marca, pero con la composición parecida a la que usa habitualmente, con lo cual después de casi media tarde dando vueltas, continuamos con nuestro camino.

Retomamos la autopista, ahora si que el viaje empezaba a llegar a su fin. En el horizonte veíamos descender poco a poco el sol, como un reloj de arena marcando el final de nuestras vacaciones. Pero, todavía nos guardábamos una última visita, resistiéndonos a finalizar el viaje mientras todavía tuviéramos luz de la que poder disfrutar. Se trataba de Landsberg-am-Lech, una población medieval e importante parada en la carretera romántica que une Baviera del norte con los Alpes.

Pero, sin duda Landsberg-am-Lech debe gran parte de su fama por ser la prisión política donde Adolf Hitler fue recluido tras su fallido golpe de Estado de 1923. De hecho, fue precisamente en esta prisión donde dictó a su discípulo Rudolf Hess su famoso libro “Mein Kampf”.

Pero a parte de esta singularidad, la población es una verdadera preciosidad. Llegamos a ella justo a tiempo para aprovechar los últimos rayos de luz del día. A esa hora además, en la que el calor empieza a cesar y resulta más llevadero realizar la visita a cualquier lugar. Encontramos aparcamiento fácilmente, y aunque un poco alejado del centro, nos permitió dar un agradable paseo por la orilla del río, desde donde obtuvimos una magnifica instantánea de la población.

Calles empedradas para mostrar la belleza de un lugar en el que parece haber detenido el paso del tiempo, sus edificios aparecían como un juego de construcción, en el que poder diseñar nuestra propia ciudad amurallada. Callejones iluminados por sutiles farolillos, que emanaban encanto y trasportaban a épocas lejanas, puertas diminutas que invitaban paso a paso a recorrer escaleras de juguete. Un lugar en el que cada rincón, nos ofrecía una sorprendente visión del medievo. Diminutas ventanas iluminadas por una vela balanceándose entre cortinas de puntilla. Una visión sublime para terminar con un sabor de boca excepcional.

Llegamos a la autocaravana apenas sin luz, y sin perder demasiado tiempo, pues era tarde, nos pusimos en marcha en dirección al área en la que teníamos pensado pernoctar. La elegida fue el área de Büchell-Amzell, no muy alejada de la autopista, pero a la que tuvimos que llegar por una estrechísima carretera. Contrariamente a lo que nos podíamos esperar, el área era enorme y estaba perfectamente acondicionada. Nos parecía mentira encontrar un lugar tan preparado y con tantas autocaravanas allí, en medio de la “nada”.

Afortunadamente había plazas libres, por lo que elegimos una, al final de todo, con unas espléndidas vistas de los amplios prados iluminados por la luz de la luna. El cielo estaba increíblemente estrellado aquella noche, por lo que, tras cenar, decidimos salir a disfrutar del aire fresco y de una noche tan bonita como aquella. Los vecinos de parcela, habían decidido hacer lo mismo, por lo que, como no, nos enlazamos en una agradable charla, mezcla de español, inglés y alemán. Les sorprendía ver a unos españoles por allí, pero todavía se sorprendieron más, cuando les relatamos el viaje que acabábamos de realizar.

Más tarde, fuimos a dar un último paseo y así de paso tirar la basura, actividad está realmente complicada en Alemania, donde con todos los contenedores que tienen, nunca encuentras el de la basura “normal”. Lo cierto es que ha resultado francamente divertido, ver durante todo el viaje, a los autocaravanistas extranjeros como nosotros, paseando disimuladamente con una “bolsita” sin saber donde depositarla. Al final, conseguimos averiguar que los residuos no reciclables, no se depositan en ningún contenedor, sino que los pasa a recoger directamente el camión de la basura. Pero … y los autocaravanistas? Que hacemos con ellos?

Empezaba a ser tarde y, aunque nos resistíamos a que aquél último día de viaje terminara, el cansancio comenzaba a vencernos. Por delante nos quedaban dos días de aburridos Kilómetros hasta llegar a casa, por lo que, echamos la vista atrás y, recordando cuanto habíamos vivido en este viaje, caímos en un plácido sueño.



Día 20: Inzell – Büchell-Amzell
Kilómetros día: 313 Kilómetros.

- Aparcamiento municipal Ruhpolding.
GPS: 47º 45? 40,73” N – 12º 38? 52,16” E
Servicios: Junto oficina de Información turística.
Coste: Pago en parkimetro.

- Aparcamiento municipal Reit mi Winkl.
GPS: 47º 40? 26,75” N – 12º 28? 20,15” E
Coste: Pago en parkimetro.

- Aparcamiento Municipal Landsberg am Lech.
GPS: 48º 02? 58,21” N – 10º 52? 16,97” E
Coste: Pago en parkimetro.

- Pernocta Area de Büchell-Amzell (Pag. 545)
GPS: 47º 42’ 33’’ N – 9º 46’ 02’’ E
Capacidad: 17 plazas.
Precio: 9 €/noche.
Observaciones: Pago en el hotel que hay en la carretera.


 
Día 21: Büchell-Amzell – Clansayes.
   

Un día desapacible y lluvioso amaneció aquella última mañana en tierras germanas. No nos lo podíamos creer, con la noche tan despejada de la que habíamos disfrutado. Pero ya poco importaba, pues no había monumentos que visitar, ni senderos que caminar, ya solo quedaba el pesado regreso a casa.

Una vez nos despedimos de nuestros vecinos de parcela, vaciamos como pudimos en medio del diluvio y nos dirigimos a un pequeño hotel situado junto al área, en el que nos explicaron se pagaba la estancia. Tras veinte días en Alemania no dejábamos de sorprendernos, ya que para un español es totalmente ilógico el tener que desplazarse hasta otro lugar para así poder pagar el importe de la pernocta. En nuestro país, probablemente, todo el mundo marcharía sin abonarlo.

Pagamos los nueve euros como buenos huéspedes e iniciamos el camino de vuelta a casa. Abandonamos Alemania y tras un breve paso por Austria, en el que aprovechamos para repostar gasoil, ya que era más barato, nos adentramos en Suiza, país que habíamos decidido cruzar entero para así recortar Kilómetros, aunque para ello tuviéramos que comprar la famosa viñeta. Sin duda, si el viaje de ida lo hubiésemos realizado también por suiza, nos hubiésemos ahorrado tiempo y dinero. Lo que no sabíamos es que en Suiza, Agosto es el mes elegido para realizar el acondicionamiento en sus autopistas, por lo que nos encontramos muchísimos tramos con reducciones a un solo carril y 80 Kms/hora de velocidad máxima.

Abandonamos Suiza para adentrarnos en Francia, un país en el que uno se aburre de pagar peajes. Decidimos tomar la autopista que bordea los Alpes hasta Grenoble, para luego enlazar a la altura de Valence, con la multitudinaria autopista A7 que conduce hasta la costa.

Poco después de pasar Montelimar, abandonamos la autopista para dirigirnos a la pequeña población de Clansayes, en la que existe un área de autocaravanas en la que habíamos decidido pasar la noche. Llegamos a ella tras algunos kilómetros a través de pequeñas carreteras secundarias, con los últimos rayos de sol del día. La amable propietaria salió a recibirnos. Ciertamente, ya no sabíamos en que idioma hablarle. Nos ofreció una agradable plaza que lamentablemente sería únicamente para una noche. Nos comentó que la piscina, cuyo uso estaba incluido en el precio, ya había cerrado. Que lástima, pensamos, pues el evidente calor mediterráneo nos asfixiaba después de venir de los Alpes.

Una ducha fresquita, una cena ligera y un último repaso a algunas fotografías puso punto y final a un día agotador, de aburridos Kilómetros recorridos a través de cuatro países. Nos parecía mentira que aquella misma mañana estuviéramos en Alemania, y que ahora nos encontráramos a poco más de cuatrocientos kilómetros de casa.



Día 21: Büchell-Amzell – Clansayes.
Kilómetros día: 734 Kilómetros.

- Pernocta en Área de Clansayes. (Pag. 879)
GPS: 44º 22’ 08’’ N – 4º 47’ 52’’ E
Servicios: Agua, luz, vaciado, WC, y piscina.
Capacidad: 25 plazas.
Precio: 13 €/noche.
Observaciones: Dispone de piscina incluida en el precio.


 
Día 22: Clansayes – Barcelona.
   

Después de veintidós días de ruta y kilómetros de experiencias, regresamos con la sensación de haber descubierto un gran país. Lejanos quedaban los días en los que habíamos disfrutado del aire cálido y aromas florales en la isla de Mainau; la preocupación por reparar la bomba de nuestra autocaravana; las sensaciones entremezcladas en las ruidosas Rheinfall; los inolvidables momentos vividos en el Brocken y la ayuda inestimable de Timo; los atardeceres gloriosos en la Costa del Báltico, perdiéndonos en sus aguas plateadas y anhelando regresar incluso antes de partir; los momentos vividos en nuestro añorado Berlín, junto a una humeante taza de café Berlines; la tranquilidad y el relax de Sajonia, con sus horas pasando lentamente; y como no, la gran guinda final de este gran pastel, Berchstgaden y sus paisajes tiroleses, que guardan la delicada e impactante belleza de los parajes Alpinos.

Tantas experiencias acumuladas, que cuesta condensarlas en un espacio limitado de papel. Los dedos vuelan veloces sobre el teclado e intentan acariciar las palabras, para así poder transmitir todo lo aprendido en cada situación.

Seguimos en continuo movimiento, igual que la luna rige las mareas. Volvemos a encontrarnos con nosotros mismos y cuando lo vivido supera con creces todas las expectativas, podemos dar por bien realizado un viaje tan compacto como el que acabamos de relataros en este mismo instante.



Día 22: Clansayes – Barcelona.
Kilómetros día: 470 Kilómetros.
Fin del viaje.

DATOS TOTALES VIAJE
Kilómetros recorridos: 5720 Kilómetros.
Coste Gasoil: 664 euros
Coste Peajes: 226,15 euros
Coste Parkings: 31 euros.
Coste Pernoctas; 186 euros
Coste Entradas (2 personas): 234,60 euros.


 
Preparando el camino
   

Berlín, Berlín. Después de una década de cambios y transformaciones que han modificado radicalmente la ciudad, convirtiéndola en un modelo experimental de las más variadas posiciones arquitectónicas, había llegado el momento de conocer Berlín. También alguno de los länder alemanes más allá de Baviera o Baden-Württemberg, algo que nunca pudimos hacer.

Nuestra relación con Alemania ha sido siempre irregular. De nuestros tres viajes anteriores nos gustaban sus hermosos paisajes, la elegancia de sus cascos antiguos y la reconstrucción de su impresionante patrimonio arquitectónico. Pero nunca habíamos visitado ninguna de sus grandes ciudades, ni permanecido más de dos o tres días. Hubo una vez en que atravesamos el país en un solo día, pero esa es otra historia.

El viaje tendrá para nosotros algo de novedoso en el uso de la autocaravana. Será la primera vez que estaremos más de dos noches seguidas en una misma ciudad. Nuestra mayor preocupación será el repostaje del agua. Y no es fácil encontrar un grifo de agua en una ciudad de 3,5 millones de habitantes. También comprobaremos las ventajas del uso de un instrumento que se demostrará fundamental para conocer la ciudad: la bicicleta. En una ciudad de las características y tamaño de Berlín, la bicicleta es el medio idóneo para moverse sin agotarse, ni depender de transportes públicos, horarios ni colas. Ganaremos un poco de tiempo cada día. También será el último viaje con la Hymer B564, nuestra primera e inolvidable autocaravana.

Después de todos estos años, sabíamos cómo usar la autocaravana en pueblos y ciudades pequeñas. Ahora queríamos saber cómo llevar nuestro estilo de vacaciones en las grandes ciudades, imprescindibles para el bagaje de todo buen viajero. Este relato es la historia detallada de esa experiencia.

En esta ocasión alcanzaremos una latitud máxima de 52º 31´10´´N, una simple nadería comparada con la mítica 71º10´21´´Norte. Pero, como decía al principio, esa es otra historia.



 
Labenne, 27 Julio. Día 1
Pontevedra-Aire de Service de Labenne-Est: 893 km

   

Cuaderno de a bordo: Salimos de casa a las 10h00 con 45.864 km. en el marcador.

Nada nuevo que contar. A las 10h00 después de despedirnos de nuestra pequeña Alba, salimos pletóricos con el objetivo de alcanzar Francia lo más pronto y descansados posible. Después de Burgos entramos en la autopista A1 hacia Miranda de Ebro. Cuando entramos en el área de peaje, pulso el relé para bajar la luna de mi puerta y recoger el ticket. Cuando termino la maniobra pulso de nuevo al relé para subirla. Pero cuando esperaba sentir el ssssssss del zumbido del motor del elevalunas, me sorprendo al no escuchar zumbido alguno y comprobar que el cristal sigue en su sitio. No se ha movido. ¡Je! Motorcitos…. ¡No he debido pulsar bien!, me digo. Repito la maniobra, pero la luna sigue igual, ahí abajo, bien quieta. No hay ni una brizna de cristal por la que agarrarlo y ayudar a tirar de él hacia arriba. “Debe ser un “contacto” que, a consecuencia de la vibración de la suspensión al pasar por el adoquinado del peaje, se ha soltado” le digo a Dora para tranquilizarla. Bien, si esa ha sido la causa, no hay problema. Al siguiente bache, en el mismo instante en que la auto salte, pulsaré el relé y asunto resuelto. Cuando ya llevamos treinta kilómetros a la caza del bache y el cristal sigue impertérrito sin subir, empiezo a preocuparme y a pensar que, quizá, las autos llevan hoy demasiadas cosas. Un sistema sólo funciona bien cuando todas las partes que componen el conjunto funcionan bien. De no ser así, el sistema fallará si falla una sola de sus piezas. Y más veces de las deseadas, falla alguna de ellas.

Pensaba en esto cuando, al pasar por los túneles de Pancorbo, el ruido y el olor que empezaba a penetrar en el interior de la auto nos hacen ver que verdaderamente tenemos un problema. Ya no tenemos la euforia con la que habíamos empezado el viaje. Empezaban a pasar cosas imprevistas: La velocidad media se estaba reduciendo, ya que el ruído y el aire eran realmente molestos si circulábamos a velocidad normal. Además, pensaba que no era posible continuar el viaje en estas condiciones. ¿Cómo dormir con una ventanilla abierta? ¿Cómo defendernos de la lluvia y el viento con la ventanilla así? Era imposible continuar en estas condiciones, por lo que se hizo urgente tratar de resolver la avería. Es martes laborable y aún tenemos tiempo. Llamo a Ramón Tarradellas, que me pone al corriente de mis escasas habilidades bricolajeras. “Ni se te ocurra abrir el protector de plástico que cubre la puerta para reparar el cable o subir el cristal”. Muy amablemente me sugiere que lo más inteligente será llamar al concesionario Itsas-Mendi, de Andoain, y hablar con Arantxa, Javier o Igor, que nos atenderían e intentarían solucionar el problema. En efecto, contactamos con Arantxa, que nos atiende amablemente y nos dice que nos esperan para intentar la reparación. Debemos darnos prisa.

Por fortuna, el mal estado del firme de la carretera N-I a la salida de la autopista A1 después de Miranda de Ebro hizo el trabajo inverso: circulando sobre el asfalto bacheado, pulso el interruptor como un poseso y, de pronto, el cristal sube y se obra el milagro. Subía lentamente, parecía que nunca iba a llegar, pero llegó al tope y entonces le lancé la maldición: “pase lo que pase, no volverás a bajar jamás, elevalunas del carallo”. Y así fué durante el resto del viaje. No tocaba el interruptor del elevalunas ni con el pensamiento. Lo cual provocó alguna que otra mirada torba y desconfiada en los peajes, especialmente en los franceses ya que parecía marcharme antes de detenerme. Llamamos de nuevo a Arantxa para decirle que, por una vez, alguien se había apiadado de nosotros y la avería se había reparado del mismo modo que se produjo; ella sóla. De modo que el paso por Andoain, se convirtió en un efusivo saludo a toda la humanidad.

Una vez en Donostia seguimos camino de Francia con un tráfico muy intenso. Llegamos a las 21h00, aún con luz al Aire de Labenne-Est, vieja conocida, excelente lugar de descanso, un pinar tranquilo donde cenamos y dormimos en paz, agradecidos a Dios y a Murphy, sin poder precisar en qué orden de prioridad.



Resumen etapa: Llegada al Aire de Labenne-Est con 46.757 km. Distancia recorrida: 893 km

 
Havincourt, 28 Julio. Día 2
Aire de Labenne est- Aire de Service d´Havincourt: 912 km

   
Salimos a las 10h05 del pinar de Labenne. El objetivo hoy es llegar a dormir a un área de la A1 llamada Assevillers, después de la salida de Peronne, con estación de servicio Elf, cerca ya de la frontera con Bélgica. De este modo estaremos ya más cerca de Köln.

Todo transcurre con normalidad. Comemos después de Futurescope y a eso de las 6 de la tarde iniciamos la circunvalación de París, que hacemos por el este de la ciudad a través de la A86. Nos encontramos con la sorpresa de que estaba cortada por obras en alguno de sus tramos, por lo que en esta ocasión pasar París nos llevó casi 2 horas. Tras circunvalar la capital francesa nos colocamos en la A1 en dirección a Lille/ Valenciennes. Llegamos al área prevista de Assevillers a las 21h40 después de llevar andados 877 km en el día. No nos gustó. Estaba saturadísima. No había un hueco entre los camiones, que ocupaban sus plazas, calzadas y accesos del área.

Decidimos seguir durante 35 km más en dirección a Valenciennes hasta el Aire de Havincourt en la A2, ya en la ruta de Bélgica. Son las 22h30, y nos quedamos. Es mucho más tranquila, aunque con plazas algo cortas para autocaravanas. Nosotros no tenemos problema para meter el voladizo trasero sobre el césped, por lo que nos quedamos muy a gusto, cerca de la entrada de la tienda. Unos belgas que deben estar de regreso de vacaciones se marchan después de cenar. Dormimos sólos.



Resumen etapa: Distancia recorrida: 912 km Acumulados: 1.805 km

 
Colonia, 29 Julio. Día 3
Aire d´Havincourt - KÖLN: 325 km

   

Hemos dormido sólos estupendamente y hemos desayunado en la gloria después de comprar pan fresco. Salimos del Aire de Havincourt a las 9h45. De camino por la autopista, poco después de Valenciennes, hay un Aire con área de servicios de autocaravanas llamada d´Sentinelle, muy anunciada en las guías, pero comprobamos que los referidos servicios son una máquina de chapa como un surtidor de gasolinera en la que previo pago de 2 € te sueltan a través de una manguera con pistola unos 100 litros de agua a una presión muy cutre. En ese monolito metálico rojo es imposible descargar grises salvo caso de extrema necesidad, en el que aún no nos encontramos. Sigue mi mala química con las publicitadas áreas francesas.

El paso por Bélgica no tiene historia, como siempre. Quizá que el país me parece cada vez más viejo y descuidado. Cuando entramos en Alemania, poco después del mediodía, nos encontramos casi de sopetón con un tráfico de todos los demonios. Han caído del cielo los coches y, sobre todo, los camiones. De nuevo la misma historia de siempre: máxima concentración en el movimiento del tráfico, atención a las señales y mucho cuidadito con las retenciones. Es Alemania.

También como siempre, pasamos de largo por Aquisgrán. Por enésima vez dejamos de ver su interesante núcleo histórico y su catedral, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, en cuya capilla Palatina se encuentra el relicario que contiene los restos de Carlomagno. Algún día pararemos en Aquisgrán, caminaremos hasta la Münsterplatz y contemplaremos la cúpula del octógono carolingio, porque como buen gallego tengo una deuda de gratitud con Carlomagno. Debo agradecerle que allá por el año 800 apoyara la leyenda de la aparición milagrosa en el Finis Terrae de los restos de Santiago Apóstol en un montículo de Campos Stellae y permitiera así la creación del Camino de Santiago, la primera gran ruta europea. De bien nacidos es ser agradecidos.

En la 1ª gasolinera alemana de la A4 cargamos agua sin cargar gasoil, y sin ninguna pega. Esta va a ser una constante en Alemania en esta ocasión. No tendremos dificultades para cargar agua en todas las gasolineras donde la pedimos. En todo el viaje por Alemania, sólo cargamos agua en las gasolineras, y descargamos grises normalmente en los imbornales de las mismas gasolineras o de las calles donde pernoctábamos. No producíamos aguas fecales sólidas. Las aguas menores las descargamos una vez por semana en los servicios de las gasolineras.

A las 14h00 llegamos a Köln (Renania Septentrional-Wesstfalia, 1.000.000 hab) la gran metrópoli del Rhin. www.koeln.de / www.koeln.org

Abandonamos la autopista A4 que circunvala Colonia por la puerta 11, la Anschlusstelle Köln-Klettenberg, y seguimos por Luxemburger Straße hacia el centro de la ciudad. En TunisStraße vemos ya el característico perfil del Kölner Dom, la esbelta catedral de Colonia. Buscamos entre mapas y señales el modo de llegar al centro y aparcar, pero el río de la vida nos lleva en un suspiro a cruzar el Rhin por el puente Deutzer. Una vez al otro lado del Rhin, vamos hacia el Messe Köln (algo así como recinto o palacio ferial), donde había leído que había grandes espacios libres como el Rheinpark. Después de una corta excursión por la Auenweg, una vía secundaria paralela al río desde la que se ven bastantes naves industriales arruinadas y enormes solares vacíos con fantásticas vistas sobre el Rhin, nos topamos con la Deutz-Mülheimer Straße, una avenida por la que volvemos de regreso hacia el Deutzer Brücke. La idea es buscar un lugar tranquilo donde aparcar y, a ser posible, dormir. Vemos a la izquierda una bocacalle con un gran jardín y aspecto muy tranquilo y sin pensarlo dos veces nos metemos. Aparcamos en la Adam-Stegerwald-Straße, frente a una gran plaza arbolada, en una zona residencial de la Deutz, tranquila y nada ruidosa, en medio de viviendas sociales de la época socialdemócrata.

Aquí haré un paréntesis. Entre las imágenes aún no olvidadas de mi infancia, de aquellos No-Do de los cines de sesión contínua, recuerdo el rostro duro de un canciller alemán, un tal Konrad Adenauer. Después de la I Guerra Mundial, Konrad Adenauer fue alcalde de la ciudad desde 1917 a 1933. Reabrió su Universidad, construyó el palacio ferial en Deutz y creó el cinturón industrial y de viviendas obreras en el que estamos aparcados. Nos contemplan 70 años de una política de planificación inteligente, con estandares de zonas verdes hoy imposibles. Un sitio recomendable…. especialmente si se lleva bicicleta, pues estamos a casi 3 km de la catedral.

Hace mucho calor y el cielo está limpio y azul. Tenemos un tiempo espléndido que hay que aprovechar. Después de comer, desmontamos las bicis y nos vamos a conocer la ciudad vieja. Yo llevo mi bici de siempre, una Marin de montaña del año 90. Dora lleva una de cicloturista, con cesta en el manillar, y la pobre tiene que cargar con lo de ella y con lo mío: sudadera, mochila, cámara de fotos, vídeo, guías, planos. Siguiendo la Deutz-Mülheimer Straße pasamos bajo los puentes metálicos que sostienen la playa de vías por las que los trenes van y vienen de la estación central de Colonia. El paso de los trenes produce un ruído atronador, y es casi constante.

Una de las ventajas de aparcar al otro lado del río es que a medida que nos acercamos a la ciudad antigua, vemos aparecer la perspectiva completa del río y la ciudad, con el dominante perfil de la Kölner Dom en todo su esplendor y los numerosos puentes que comunican el casco viejo con los barrios periféricos industriales de la margen derecha del Rhin, donde estamos. Especialmente hermoso es el puente metálico de tres vanos Hohenzollern, el Hohenzollernbrücke, el puente ferroviario más transitado del mundo.

Desde esta orilla, a la altura del muelle Kennedy entre el puente de Hohenzollern y el puente Deutzer, se tienen las mejores vistas del centro histórico de la ciudad, en la que destacan dos cosas: en primer lugar la silueta de la Catedral y de la gran iglesia románica de San Martín (Groß Sankt Martín) así como otras torres menores de otras iglesias románicas de los siglos X y XI, y la torre de la televisión, ofreciendo un perfil muy cristiano, propio de una ciudad que en la Edad Media creció bajo la tutela del poder del clero, y que en la actualidad es la cuarta ciudad de Alemania y una de las más ilustres por su historia. Y después la extraordinaria presencia del Rhin, un tajo majestuoso de 400 metros de ancho, por el que fluye la vida de este instante y se va. Y también de la Bahnhof, la enorme estación central de ferrocarril, pegada casi a la catedral, a 300 metros de su transepto norte, enorme pero discreta, pues su altura no osa competir con el perfil de la catedral. El gran río atravesado por el ferrocarril, la red de caminos que han convertido a esta ciudad en un punto de paso obligado en las grandes rutas comerciales europeas, del pasado y del presente, y que explican mejor que ninguna otra imagen la importancia histórica de Colonia como enclave comercial y de transportes. Un pedazo de ciudad.

Entro en la Köln-Deutz, el neobarroco apeadero ferroviario al otro lado del río, desde donde se aprecia el tráfico incesante de trenes DB de la estación central de Colonia, que cruzan el río casi constantemente. Con pedaleo estiloso atravesamos el puente Deutzer y nos vamos hacia el barrio de la Catedral. Dejamos las bicis en la plaza Roncalli, en medio de una algarabía y animación extraordinarias.

Sin duda, estamos en el corazón de Colonia, en esa red de calles antiguas entre la estación central de ferrocarril y el Fischmarkt, la gran plaza que se abre al río. En primer lugar visitamos el Kölner Dom, la catedral gótica más imponente de Alemania. Iniciada en gótico temprano, en el siglo XIII, se concluyó en estilo neogótico académico en 1880, una vez reiniciadas las obras en el 1842. Ennegrecida por el paso del tiempo, está en permanente estado de obras de limpieza y restauración, como vemos hoy, con andamios y lonas en la fachada principal y en el vacío entre las dos apuntadas torres que marcan el apogeo del estilo gótico alemán. Sus naves laterales son un derroche de esbeltos ventanales ojivales con gabletes, contrafuertes, arbotantes y pináculos que permiten perforar los muros y crear esa imparable sensación de verticalidad que provocan sus agujas, que se elevan hasta una altura de 157 m. y que por mucho que nos sorprenda no son las más altas de Alemania, honor que tiene la aguja gótica de la catedral de Ulm, con 161 metros de altura. Lástima de esos andamios que entorpecen la visión limpia de las torres. Con el calor que hace a esta hora de la tarde, pasamos de subir por la empinada escalera de la torre sur, que conduce hasta un mirador situado a 97 m de altura y desde el que se debe disfrutarse de una amplia panorámica de la ciudad. Además es tal la muchedumbre alrededor de la entrada que preferimos dejarlo y seguir la excursión por la ciudad vieja.

Caminamos hasta el Neumarkt por las calles HoheStraße y Schildergaße. Desde su origen como asentamiento romano (“Oppidum Ubiorum”) las calles principales ya eran la HoheStraße, eje N-S que sigue el trazado de la “Vía Principalis”, y la Schildergaße (eje E-O) que es el nombre teutón de la “Vía Pretoria” y que son, en la actualidad, importantes calles comerciales y peatonales muy animadas por las que se hace difícil pasear. Camino del Neumarkt llegamos hasta el número 4711 de la calle Glockengasse donde el comerciante Wilhelm Mülhens fundó un establecimiento de venta de agua preparada como producto medicinal que después se transformó en una de las fragancias más conocidas del mundo, la célebre “Agua de Colonia” (Kölnisch Wasser en alemán).

Bajamos hasta el antiguo Ayuntamiento -Historisches Rathaus- en el centro de la antigua judería, donde ya en el s.XIV las pasaron canutas, como preludio de lo que vendría después en España con la expulsión de los judíos. El barrio judío fue asaltado, sus habitantes asesinados y sus casas incendiadas. Sólo quedó en pie parte del Mikwe, al lado del Rathaus, un edificio que albergaba los baños judíos, cuyos restos están hoy protegidos por una estructura acristalada de forma piramidal.

Camino de la gran torre de la iglesia románica de Groß Sankt Martín, llegamos al Alter Markt o plaza del viejo mercado, situada frente a la iglesia y decorada con una fuente del XIX que representa una de las figuras populares del carnaval de Colonia. El barrio de San Martín o Martinsviertel, situado entre la plaza del Viejo Mercado y el Rhin, está atestado de turistas que callejean como nosotros. Frente a la impresionante iglesia románica de Groß St. Martin, destruída, como las otras doce iglesias románicas de la ciudad, por los bombardeos de la II Guerra Mundial y cuya reconstrucción completa fue rematada todavía en 1985, se hallan las esculturas de dos tipos característicos del coloniense: un campesino y un hombre de negocios, resumen de la historia misma de la ciudad. Por la plaza pasean elegantes jovencitas y jovencitos impecablemente vestidos de negro con partituras en la mano. Por lo que se ve se está preparando un concierto cuyo coro ha salido a hacer un descanso, momento que nosotros aprovechamos para ver su desnudo interior, carente de toda riqueza ornamental, descarnado grito a la barbarie de la guerra y a sus consecuencias.

Cogemos de nuevo las bicis y vamos hasta el Fischmarkt, situada entre el ábside de Groß Sankt Martín y el río, sin duda el lugar más animado y cosmopolita de la ciudad vieja. Un lugar estupendo para retozar y descansar tumbado en el césped, o iniciar un paseo al borde del Rhin. Estamos en pleno casco viejo, que fue restaurado en los años 80, y se nota. Hay un exceso de orden geométrico y pictórico que sustituye los desplomes y combas de los viejos cascos medievales, por la fría perfección vertical de las reconstrucciones modernas.

A continuación del Fischmarkt, la perforación de un túnel bajo la vía que discurre paralela a la orilla del río entre el puente de Hohenzollern y el puente Deutzer permitió la creación del Frankenwerft o Rheingarten, un gran paseo ajardinado junto al río, alejado de los ruidos de la circulación, cuyas orillas están salpicadas de embarcaderos donde salen los cruceros con turistas que no pueden hacer lo que nosotros: seguir la corriente al ritmo de la bicicleta.

Con estilo cada vez más acompasado, pedaleamos bajo el puente Hohenzollern, que atrona bajo el paso de los trenes, y llaneamos la Konrad-Adenauer-Ufer, de regreso al barrio del Deutz, siguiendo la orilla izquierda del Rhin. Al otro lado del río, vemos el Rheinpark, un parque enorme, rodeado de grandes naves feriales, cerca de donde estamos aparcados. Así vamos rodando tranquilos hasta el puente Zoobrücke, en un entorno ya de periferia urbana atravesada por autopistas y vías rápidas, por el que, con mucha precaución y cuidado, volvemos a nuestra ribera. Abandonamos el puente, rápidamente, por unas rampas helicoidales que conducen al parque del Rhin, al pie de los aparcamientos desde donde sale el Kölner-Rheinseilbahn, el teleférico urbano de Colonia, que están atestados de coches, y que desde luego no parecen mejor lugar para dormir que el barrio del Deutz en el que estamos.

Regresamos a la autocaravana a las 20h00. Dora se queda a descansar mientras yo hago una rápida excursión en la bici para comprobar si hay un sitio mejor para nosotros en el Rheinpark, que con una extensión de 20 Há es un lugar habitual para la celebración de los espectáculos al aire libre… y porqué no, para pernoctar con la autocaravana, frente al rio, cerca de la famosa fuente de la Danza (Tanzbrunnen) o en los aparcamientos del inmenso Koelnmesse o Palacio de Congresos. Pero no. Tras mucho callejear, ver excelentes barrios obreros de bloques bajos y amplias zonas verdes, así como una gran superficie de suelo industrial sin actividad alguna, casi abandonada y, sobre todo, obras, muchas obras con grandes movimiento de tierras, no veo ningún aparcamiento ni zona abierta próxima al gran río en la que podamos pasar la noche. De regreso me doy una vuelta por el Kölnarena, también en el barrio de Deutz, un palacio multiusos enorme, el más grande de Alemania, cuyo aparcamiento es subterráneo, por lo que tampoco nos sirve. Regreso a nuestra agradable y casi bucólica Adam-Stegerwald-Straße. Monto las bicis en el portabicis y nos preparamos para cenar y descansar.

Mientras tomo las notas del día, caigo en la cuenta de que, siendo Colonia la ciudad de los medios de comunicación y del carnaval, no nos hemos enterado. Nosotros la hemos percibido como una ciudad muy dinámica en un espléndido emplazamiento a orillas del Rhin, y en una encrucijada de grandes vías de comunicación, que la han convertido en una de las ciudades más importantes de Europa. Parece que el origen de su importancia como enclave comercial y de transportes fué un invento parecido al visado o peaje: el derecho de almacenaje (Stapelrecht), de manera que los comerciantes en tránsito por la ciudad estaban obligados a estacionar sus carros y exponer sus mercancías a la venta al menos durante tres días, de modo que los residentes se beneficiaban de un derecho de tanteo o de compra prioritaria. Así, comprando barato para vender más caro, cimentó Colonia su preponderancia económica. Ahora entiendo mejor la razón por la que no hemos llamado la atención aparcados frente a un jardín en una zona de viviendas: están acostumbrados a los viajeros itinerantes desde el siglo XIII.

Por si acaso decidimos marcharnos mañana temprano, no vaya a ser que, de hacerlo más tarde, tengamos que discutir el precio del jamón ibérico que llevamos…. Además, estamos cansados y nos vamos pronto a la cama. Mañana nos espera otra dura jornada de tráfico alemán.



Resumen etapa: Distancia recorrida: 325 km Acumulados: 2.130 km

 
Aparcados en la Adam-Stegerwald-Straße, en el Deutz, Colonia.
Aparcados en la Adam-Stegerwald-Straße, en el Deutz, Colonia.
La ciudad de Colonia vista desde el Deutz.
La ciudad de Colonia vista desde el Deutz.
Retozando en los jardines del Fischmarkt, con las torres de la Catedral al fondo.
Retozando en los jardines del Fischmarkt, con las torres de la Catedral al fondo.
Wolfenbüttel, 30 Julio. Día 4
Köln - Hannover - Wolfenbüttel: 395 km

   

Hemos pasado una espléndida noche. Tranquila y sin ruídos. Sólo sentimos el tráfico pausado de los coches que van a la farmacia situada detrás de nosotros.
Salimos a las 10h00 del aparcamiento de la Adam-Stegerwald-Straße camino de Hannover. Tomamos la Deutz Mülheimer Strasse para coger la A3 hasta Leverkusen y después la A1 dirección Wuppertal hasta Dortmund y la A2 hacia Hannover.
Entramos en Hannover (Baja Sajonia, 500.000 hab.) por la Herrenhäuser Straße, bordeando una espectacular zona de magníficos jardines barrocos, los Herrenhäuser Garten.

Llegamos al centro de Hannover a las 14h00 y encontramos un sitio al final de una calle tranquila de la Universidad, la Mittel Straße. Bajo la sombra de un tilo preparamos la comida y pongo a punto las bicis. Nos proponemos visitar durante la tarde el casco antiguo restaurado, los lagos de Maschpark y el Neues Rathaus, Marktplatz, el Beginenturm y los Herrenhäuser Garten.

A las 15h00 nos vamos con las bicis a pasear por el Altstadt, la ciudad vieja, hasta la estación. Vimos la Marktkirche, del s.XIV, y nos deleitamos en la Marktplatz, con sus numerosas construcciones de fábrica de ladrillo y perfectamente reconstruidas tras los bombardeos de la II Guerra Mundial.

Después seguimos camino de la Universidad en donde se encuentra la entrada de Herrenhäuser Garten y sus distintos parques. Se trata de los Jardines Reales, inaugurados en el s.XVII y situados hoy en el corazón de la urbe. Situados al NO de la ciudad vieja, están formados por cuatro parques diferentes. Entramos por la impresionante alameda de los tilos, la Herrenhäuser Alle, una inmensa vereda recta de tierra compactada bordeada por filas de tilos infinitos. Una avenida de tilos de 2 km de longitud por la que sólo puede irse en bici si no queréis morir en el intento, que comunica los distintos parques entre sí. Impresionante de verdad. La bicicleta nos permite recorrer todo el parque en su conjunto.

Pedaleando lentamente y haciendo relevos entramos sin solución de continuidad en el Georgengarten, realizado a mediados del XIX. Es un jardín paisajístico romántico con un lago artificial de estilo inglés en cuyo centro se alza el templete de Leibnitz, filósofo que fue bibliotecario de Palacio de esta ciudad durante 40 años.

Después seguimos por las veredas de los fantásticos jardines de Grosser Garten, bordeando sus 3 km de perímetro, ya que el interior no es accesible para las bicicletas. Probablemente es el más interesante de todos. La parte más antigua, de mitad del s. XVII, es un jardín de estilo francés, muy geométrico. Praderas, veredas arboladas, lagos, nenúfares, masas florales, laberintos. No esperábamos algo tan extraordinario. Dejamos las bicis y nos tiramos en la hierba a descansar frente al Wilhelm Busch Museum, que nada tiene que ver con el otro.

En el extremo norte de la larga alameda de los tilos, se encuentra el mausoleo de la Casa Real de Hannover. Paramos y nos sentamos cerca, en una terraza de un kiosco en el que además visito sus instalaciones sanitarias, tarea en la que pongo un gran empeño. Regresando por la avenida principal, se ven los jardines de la Universidad, los Welfengarten donde se encuentra el edificio de la universidad ante el que se alza el Corcel de Sajonia. Sin duda Herrenhäuser Garten ha sido una de las sorpresas más agradables del viaje.

Por último fuimos a ver las grandes zonas lacustres (Maschsee) y el bosque municipal, al sur del casco antiguo. Llegamos descansados hasta los jardines lacustres de Maschpark donde se emplaza el nuevo ayuntamiento, en un entorno de praderas y lagos de postal. Desde la cúpula del nuevo Rathaus, hecho a semejanza de las cúpulas barrocas vienesas, se tiene una amplia panorámica de la ciudad que, con más tiempo, debe valer la pena. Camino de regreso a la autocaravana, paramos frente a la Waterloosäule, una columna conmemorativa de victorias militares propias de un pueblo guerrero como ha sido históricamente el alemán. Llegamos a la autocaravana felices de haber visto y sentido una ciudad tan sorprendente. Hannover nos ha gustado muchísimo. Es una ciudad espléndida para visitar y presumo que también para vivir, con un casco antiguo excelentemente conservado, con bellos jardines barrocos y con una ciudad nueva situada entre enormes zonas verdes públicas, ordenadas y bien cuidadas.

Nos parece que nada puede mejorar las sensaciones vividas esta tarde en esta ciudad, por lo que decidimos pasar la noche en otro lugar, no vaya a estropearse el encantamiento. Queremos ganar un día de viaje y llegar antes a Berlín. A las 19h00 salimos hacia Braunschweig, situada 70 km más al este.

Braunschweig (también llamada Brunswick, Baja Sajonia) resultó ser una ciudad más grande de lo que imaginaba -260.000 hab-, con cierto desorden en las calles y un estilo moderno algo confuso más propio de las periferias urbanas desarrollistas de bloques sesenteros que de los centros históricos exquisitamente reconstruidos, como suelen ser los alemanes. Después leí que había sido destruída casi totalmente en los bombardeos de 1944. Aquí todo parece estar dominado por la presencia de la Volkswagen, tanto que la misma ciudad parece artificialmente reconstruida. Naturalmente ya no vemos el islote histórico de la Altstadmarkt, que sobrevivió a los destrozos de la Guerra, porque el lugar no nos convence para pasar la noche y no queremos perder más tiempo.

Pienso en ir hacia Wolfsburg, a unos 32 km al nordeste de Braunschweig dirección Potsdam, para ver el Autostadt, la ciudad de los entusiastas del automóvil, situada cerca de la fábrica de Volkswagen, pero la idea no parece hacer muy feliz a Dora. Yo creo que si es la ciudad de los coches a buen seguro habrá un buen lugar para las autocaravanas. Mientras pensaba en la oportunidad de ir ganando camino en la dirección que llevamos -ir ganando barlovento en lenguaje marinero- Dora, que está leyendo las guías, suelta una orden imperativa y ordena dirigirme al sur, hacia Wolfenbüttel. Naturalmente nos dirigimos al sur, a Wolfenbüttel exactamente, situada a 12 km de Braunschweig. Tomamos la A39 hasta la salida 4 para después coger la A395 en cuya puerta 5 está la salida a Wolfenbüttel. Fue una acertadísima decisión.

Llegamos a Wolfenbüttel. Atendiendo a las guías, vamos directamente al Schloss pensando en que cerca del castillo tendremos espacio suficiente para aparcar. Y no nos equivocamos. Aparcamos a las 21h00 en la SchlossPlatz, frente a la entrada del mismísimo Schloss, donde estamos casi sólos.

Una vez aparcados salimos a dar una vuelta por el pueblo. Primero comprobamos que en este lugar no llamamos en absoluto la atención. Dicho de otra manera: no molestamos a nadie. Nos dirigimos al Schloss a ver qué tal. Pasamos por el puente sobre el foso de agua sin que nadie nos pregunte a donde vamos, y entramos por la puerta principal hasta el enorme patio interior, también de estilo barroco tardío, como el edificio principal. Nadie nos sale al paso y tenemos la sensación de que podíamos haber seguido hasta la escalinata de la entrada principal. Pero no tenemos interés en ver museo alguno, ni muebles ni tapices cortesanos, por lo que volvemos al puente de acceso y nos vamos a ver la ciudad histórica. Entramos por Löwenstraße, la calle que conduce al castillo, y por la pintoresca Krambuden cuando ya las calles están vacías y la luz del ocaso va tornándose plomiza. De repente nos encontramos con un extraordinario paisaje de calles colmatadas de casas entramadas de la misma época, siglo XVII, en perfecto estado de conservación. Llegamos a una plaza, la plaza del mercado, StadtMarkt, verdaderamente maravillosa dominada por un grupo de casas entramadas del XVI que forman el Rathaus o Ayuntamiento. La unidad de estilo de la plaza vacía de gente en medio del silencio que nos envuelve, es emocionante y nos hace pensar en la relatividad del tiempo. Parece una imagen intemporal. Terminamos el paseo nocturno deambulando por una serie de calles con espléndidas casas entramadas, la Reichstraße, Kanzleistraße y Grosser Zimmerhof, con el murmullo del agua de los canales como única compañía. El silencio domina la ciudad medieval. Un lugar maravilloso.

El enorme Schloss, de fachada barroca restaurada y torre renacentista que emerge del interior de la cubierta a modo de cimborio, domina un magnífico espacio arquitectónico en el que destacan otras dos imponentes fachadas, la del Arsenal (Zeughaus) una mole renacentista, con una cubierta espectacular, y al fondo la Herzog-August Bibliotek, una de las más completas bibliotecas de Alemania y del mundo. Este magnífico escenario se encuentra en el borde del Seeliger Park, un parque abierto al público, atravesado por canales y veredas por las que puede pasearse hasta cierta hora de la noche. Cuando regresamos hacia la autocaravana, se anuncia el cierre de las puertas. En el mismo parque, y antes de embocar la plaza, hay unas toilettes públicas abiertas durante el día. Buen dato. Cuando llegamos a la autocaravana, ya sin luz natural, estamos sólos en el aparcamiento. Sólo nos acompañan un par de coches, probablemente de clientes de una biergarten cercana cuyos sonidos van languideciendo poco a poco. Un sitio increíble para contemplar el entorno que nos rodea, y para dormir plácidamente.



Resumen etapa: Distancia recorrida: 325 km Acumulados: 2.130 km

 
Marktplatz, en Hannover
Marktplatz, en Hannover
La Avenida de los Tilos, a la entrada de Herrenhäuser Garten
La Avenida de los Tilos, a la entrada de Herrenhäuser Garten
Descansando en los jardines de Georgengarten, frente al museo Wilhelm Busch
Descansando en los jardines de Georgengarten, frente al museo Wilhelm Busch
Dora frente al Schloss de Wolfenbüttel.
Dora frente al Schloss de Wolfenbüttel.
Berlin, 31 Julio. Día 5
WOLFENBÜTTEL - POTSDAM - BERLIN: 278 km

   

Aprovechamos la primera hora de la mañana para visitar el mercado del pueblo, que se celebra en la Stadtmarkt, la plaza del Ayuntamiento. A estas horas de la mañana, la plaza no tiene el acogedor encanto de ayer tarde, pero sigue siendo un escenario magnífico. Tremenda algarabía de gente de todas las edades comprando. ¿Dónde se habían metido ayer? Compramos fruta fresca para estos días y retornamos a la autocaravana, no sin antes comprobar el excelente nivel de limpieza de las toilettes públicas del parque Seeliger. Sí, estamos en una sociedad civilizada.

Salimos a las 10h30 de la SchlossPlatz de Wolfenbüttel. Poco después, en la A2 en la línea fronteriza con el lander de Sajonia-Anhalt, nos encontramos con una zona de servicios de la autopista que parece abandonada. Destaca una sólida torre vigía que nos recuerda las películas de cine bélico de la II Guerra Mundial. Es un lugar desolado, abandonado, con algún que otro camión como único visitante. Sin duda se trata del primer campo o zona de control fronterizo que dividía las dos Alemanias. Es el Denkmal Deutsche Einheit. La entrada a la Nueva Alemania. Queda en el aire un olor a guerra fría, a guardias armados vigilando, a gritos que ya nadie escucha. Por fortuna hoy las hierbas lo invaden todo.

Desde que entramos en la antigua RDA las juntas del hormigón de la A2, joroban, pero lo vamos llevando con alegría. La autopista de circunvalación oeste de Potsdam, la A10, es una autopista de la postguerra y aunque necesita alguna que otra obra de reparación demuestra que los alemanes orientales eran previsores en cuestión de infraestructuras. Amplias, y de largo recorrido.

Potsdam es la capital de Brandeburgo y tiene unos 130.000 habitantes. Fue desde finales del XVII residencia principesca, lo que la convirtió en un Versalles prusiano salpicado con un conjunto de monumentos entre los que destaca el Park Sanssouci. Hacia allí nos dirigimos.

A las 13h30 llegamos al Park Sanssouci. Paramos en un agradable aparcamiento de la Voltaireweg poco antes de la entrada norte al parque, muy próxima al Schloss Sanssouci. Salgo de la autocaravana para estirar los brazos y las piernas. Me dispongo a desmontar el tenderete de las bicis para ir a recorrer el parque después de comer. Primero la bici de Dora, después la mía. ¡¡Mil millones de mil naufragios!! Aparece mi rueda delantera deshinchada. Y eso que cambié la cámara antes de salir de casa. Por fortuna, aún conservo una de las cámaras que tuve que comprar en Interlaken en el 2000 cuando reventaron las dos originales. Aquellas que me costaron un ojo de la cara en francos suizos. La cambio y parece funcionar correctamente, lo que para un “mecánico” manazas como yo tiene un mérito que ningún lector sabrá valorar debidamente. Para rematar el mal rollito del momento, a Dora le pican dos avispas, una primero y otra después, lo que duele todavía más que si lo hicieran al mismo tiempo. Acepta de mala gana ir a recorrer el parque, algo a regañadientes, pero acepta a pesar del calor y del dolor de las picaduras.

Dejamos las bicis a la entrada del Schloss Sanssouci, un palacete rococó donde Federico el Grande pasaba los veranos, que no es de mi gusto y que no visitamos interiormente. Es mucho más interesante descender por las terrazas rampantes a través de los viñedos y viveros del parque, en un recorrido barroco verdaderamente encantador. Al subir, la ornamentada fachada surge conforme se va ascendiendo la gran escalinata que culmina en la explanada de la entrada. Ese es el recorrido que recomiendo, amigo lector; baja por las rampas y sube por la escalinata. A Dora le duelen las picaduras y prefiere quedarse allí mismo, en el parque. Yo cojo la bici y doy un rápido rodeo por los monumentos más característicos del parque, desde la Neue Kammern y la Orangerie hasta el Neue Palais, un magma barroco prusiano de 213 m de fachada y 400 habitaciones cuyo mayor valor es, en mi opinión, su estratégico emplazamiento en el parque, realzando el eje principal de los jardines reales que pasa por el gran estanque en el que terminan las hermosas terrazas del Schloss Sanssouci. Rematamos así el ciclo del parque, con Dora algo más animada, ya con algo menos de veneno dentro. Monto las bicis de nuevo en su sitio y compruebo que la rueda herida sigue en buen estado. Doy por bien empleados los francos suizos que me costó la cámara.

Con la autocaravana nos vamos al Neuer Garten o Parque Nuevo, un parque romántico de finales del XVIII, que se extiende a orillas del lago de Heiligen See, al norte de la ciudad. En su interior se encuentra el histórico Schloss Cecilienhof, enorme villa solariega de estilo tudor inglés en donde se celebró la histórica Conferencia de Potsdam en julio de 1945 que puso fin a la Guerra con la firma del acuerdo por el que las potencias vencedoras se repartieron las zonas ocupadas por Alemania, creando los dos bloques que tanto marcaron la historia reciente de Europa y la de nuestra generación.

5 km después del Sanssouci aparcamos en el Neuer Garten, en una de las espléndidas calles arboladas de su entorno, un área residencial de indudable clase y elegancia, con alguna mansión que refleja el poder economico y político de sus antiguos ocupantes. Aquí viven o han vivido muy bien, ciertamente. Estamos muy cerca de la entrada del Cecilienhof, cuya visita es más pintoresca que interesante. Quizá destacar la elegancia de las cubiertas y el magnífico entorno de jardines, bosquetes y lago con veredas por las que se puede caminar pero no andar en bici. Nos da yu-yu pensar que aquí estuvieron Churchill, Truman y Stallin, paseando por estos jardines decidiendo la historia del mundo en que nacimos.

Regresamos a la autocaravana con paso ligero y salimos por el sur de la ciudad al encuentro con la B1, camino del Wannsee. Es sábado, son las 18h30 y tenemos que llegar pronto a Berlín, que se encuentra a unos 25 km. Además tenemos que llenar agua y vaciar grises por lo que con todo el dolor de mi corazón debemos abandonar la visita a la Einsteinturm, la maravillosa torre de hormigón de Mendelsohn, situada en una colina del sur de Potsdam. Una construcción de 1920, es decir de casi un siglo de antigüedad que muestra claramente el talento visionario de los pioneros de la arquitectura moderna y del nivel de desarrollo del arte y la cultura alemanes antes de la llegada al poder de los nazis. Un motivo más para volver.

Cuando ya en la A115 pasamos cerca del lago Wannsee, una zona urbanizada y con muchos mástiles de yates domingueros, encontramos una gasolinera en la que vamos a intentar poner a punto los depósitos. Su nombre: Bab-Jet Tankstelle Grunewald. Será nuestra área de servicio berlinesa. Después de cargar gasoil pero sin llenar el depósito, el empleado de la gasolinera nos indica dónde coger agua así como el sumidero donde descargar grises, próxima a la zona de lavado. Después de varios cicloturistas que llenan de agua fresca sus cantimploras, salimos limpios de grises y con agua fresca suficiente para pasar tres o cuatro días sedentarios en la ciudad. Entramos de nuevo en la A115 y comento con Dora que quizá en esa zona boscosa de la Berliner Forst Grunewald que, más que ver, intuímos entre la autopista y el lago Wannsee, podríamos encontrar un lugar tranquilo para quedarnos.

-¿”A cuanto estamos del centro de Berlín”?-, me pregunta.
-“A unos 11 km más o menos”-, le contesto.
-¿Estás loco? ¡Sigue derecho hacia el centro!-, me ordena.

A buen entendedor pocas palabras bastan. Ya ni me fijo en lo que hay alrededor, que es bastante por cierto, absorto en la densidad del tráfico de una ciudad de 3,5 millones de habitantes. A la altura de la Funkturm cogemos el Autobahnstadtring Berlín en donde ya hay retenciones importantes de tráfico para entrar en la Gran Avenida, la B2, que atravesando distintos barrios y con distintos nombres (Kaiserdamm, Bismarck Strasße o Avenida 17 de Junio), nos conducirá hasta el final: Unter den Linden.

A las 19h15 del 31 de julio llegamos a la Avenida 17 de Junio, donde poco después de una columna triunfal conmemorativa muy del gusto de los alemanes del XIX, se puede aparcar a ambos lados de la avenida. Vemos tres autocaravanas francesas aparcadas, y decido aparcar también para comprobar tranquilamente los mapas de la ciudad y tomar la decisión más oportuna. Salimos de la autocaravana para sentir el aire de la ciudad. Vemos la puerta de Brandenburgo a tiro de piedra. Estamos en Berlín.

Tras una breve pausa, Dora cree que éste no es nuestro sitio. Hay mucho tráfico y los coches pasan a unas velocidades que sobre el pavés del pavimento de la calzada producen un ruído que de noche debe ser insoportable. Los franceses se quedan pero nosotros nos vamos. Al grito sutil de “nos vamos al centro, cariño” dejamos los jardines de Tiergarten y nos dirigimos al centro de la ciudad. Rodeamos la Puerta de Brandenburgo, y nos desviamos obligatoriamente a la derecha por la EbertStraße que conduce hasta Postdamer Platz. Decidimos seguir la estela de Unter den Linden por lo que doblamos a la izquierda por Behrenstraße, paralela a Unter den Linden. Atravesamos una zona en obras, donde se está construyendo un monumento a las víctimas del Holocausto, que está vallada y con desvíos en la calzada lo que supone ir muy despacio y permite ver con tranquilidad donde nos encontramos. O mejor, permite a mi copiloto ver mejor los lugares por los que pasamos. Después de atravesar la primera calle, la Wilhelmstraße, vemos la calle siguiente, que muere en la que circulamos. No se ve tráfico y hay un montón de sitios libres.
De repente escucho un grito: “¡¡ Allí !!”. Ni me lo pienso. Damos la vuelta a la manzana para entrar en Mauerstraße y notamos que el tráfico prácticamente ha desaparecido. Finalmente a eso de las 19h30 aparcamos en la calle Mauerstraße 28, esquina con Französische Straße, en plena zona administrativa de Berlín, en el corazón de la ciudad.

No se ve a nadie. Sólo un coche aparcado delante de nosotros. Pocos en la otra acera. Es una calle corta, de sólo cuatro manzanas y unos 300 metros de longitud, es decir que no soporta mucho tráfico. El tramo inferior de la calle, el más alejado a donde nos encontramos está en obras, pero es fin de semana, por lo que no tendremos ruído de obras tampoco. Hemos encontrado nuestro sitio. Cuando salgo para ver más tranquilamente el lugar compruebo que estamos frente a la sede de la Stasi, el servicio secreto del Ministerio de Interior de la antigua RDA, cuyas enormes instalaciones ocupan además un tramo de la calle Französische que naturalmente está cortada al tráfico. Nos rodean enormes edificios, sin duda de uso administrativo muy del gusto y ornamento de la Alemania oriental. Yo diría que deben ser ministerios de la época, aparentemente abandonados o pendientes de ser recuperados para otros usos en la nueva ciudad que se está construyendo. El tráfico es escasísimo y el aparcamiento es de pago durante el día, salvo el fin de semana que es gratis. Como vecinos más relevantes, además de los policías que entra y salen de la garita de control del edificio de la Stasi, tenemos a la antigua embajada de la Unión Soviética, hoy embajada rusa, que tampoco es cualquier cosa. Cada minuto que pasa tenemos más claro que no estaremos más seguros en ningún otro sitio de Berlín. Por si acaso escribo en una chuleta el lugar en el que nos encontramos: Mauerstraße 28.

A eso de las 20h00 en una tarde todavía calurosa salimos a pasear para echar un primer vistazo a la ciudad. Vamos caminando hasta Parisier Platz con la celebérrima Branderburger Tor, símbolo de Berlín por excelencia. De finales del XVIII, es una estructura neoclásica coronada por una cuádriga de bronce que mira hacia el lado oriental. Le gustó a Napoleón más que a mí, que se la llevó a París hasta que finalmente retornó triunfante a Berlín en 1814. Estos símbolos prusianos no son del todo de mi gusto. Demasiada batallas, demasiadas victorias. Vamos viendo las modernas tiendas de Unter den Linden y los formidables edificios aledaños entre los que me asombra especialmente uno, el Neue Wache. Seguimos hasta el final de Unter den Linden, y atravesamos el Schlossbrücke, de Schinkel, un puente que cruza el Spree con una barandilla de bronce de metro y medio de altura sencillamente prodigiosa. Vamos camino de Alexanderplatz, pero no podemos evitar echar una mirada al Palast der Republik, un horrible edificio que el Partido edificó sobre el solar del demolido Stadtschloss del que sólo queda un pórtico de entrada. Estamos en la isla de los museos, la Museuminsel. Nos tumbamos en los jardines de Lustgarten (jardín del placer) con una temperatura ideal frente a un conjunto de edificios asombrosos: el Dom berlinés, el maravilloso columnario del Altes Museum, de Karl Friedrich Schinkel, el gran arquitecto neoclásico de Berlín; los museos de la isla de los museos con el Bode y el Pergamonmuseum al fondo y, dominándolo todo, la torre de televisión de Alexanderplatz. La luz del atardecer se va apagando y el alumbrado artificial empieza a cambiar la percepción del entorno. Tumbados sobre el césped, frente a nosotros destaca sobre todo lo demás el ritmo y proporción de la maravillosa columnata del Altes Museum. La temperatura acompaña también esta noche inolvidable.

Cenamos en la Babelplatz, en el mismísimo palacio de la Ópera, el Deutsche Staatsoper, en la terraza de verano del Operncafé. Un plato combinado rostbrätl-bratk y una ensalada gatower blattsa, con un refresco y una birra Pilsner que nos cuesta en total 23,70 €. Un precio excelente si tenemos en cuenta dónde nos encontrábamos: En Unter den Linden, frente al pórtico dórico de la Neue Wache, para mí el edificio más emocionante de Berlín, y entre los acordes de la alegre música de la Berliner Gauklerfest, una fiesta musical y cervecera que no es la Oktoberfest de Munich pero se le debe parecer bastante. Una cena inolvidable.

Antes de regresar a la autocaravana paseamos bajo los tilos de Unter den Linden rodeado de un ambiente de jolgorio muy notable, entre la música y la fiesta que inunda la famosa avenida. Mando mensajes a todos los amigos autocaravanistas. “Bajo los tilos de Unter den Linden os deseamos unas maravillosas vacaciones”. Todos parecemos estar contentos en el lugar en el que nos encontramos, lo que celebro. Unos están en Holanda, otros en Venecia, otros en Córcega, otros en Ancona camino de Turquía, otros en el circo de Gavarnie y otros en el Pirineo oscense, pero nadie está en su casa. Antes de llegar a la Puerta de Brandenburgo observamos en el bulevar central y bajo los tilos unos pequeños chiringuitos ovalados, como kioskos de prensa, con un curioso nombre: City-Toilette. Están muy bien hechos y mejor rematados. Serán un auténtico descubrimiento.

Llegamos a Pariser Platz, con la Puerta de Brandenburgo espléndidamente iluminada. La rodean edificios singulares, como la embajada francesa, la embajada americana, el enorme hotel Adlon formando esquina, acodado con la Academia, y el Banco DZ, un edificio de Frank Gehry severo en la fachada a la plaza y muy Guggenheim en la fachada posterior a la Behrenstraße, muy cerca de donde estamos aparcados. Lo que me sorprende es la existencia de los dos edificios gemelos que flanquean los pabellones de la Puerta de Brandenburgo, de los que no conocía su existencia. Tenía todavía la imagen tradicional de la Puerta aislada, dominante, en medio del vacío que creaba el muro. Esos dos cúbicos edificios centinela le dan a la plaza una escala menor, más serena y menos dramática de lo que me esperaba, reduciendo el carácter monumental que sin duda tuvo la explanada antes de su construcción. En fin, no me parece mal revisar dramáticos pasados si con ello se consiguen presentes más serenos.

Tras deambular por la plaza, bajamos ya hacia nuestro céntrico puesto de pernocta por la WilhelmStraße, una calle muy principal, paralela a la nuestra. Sólo el primer tramo está abierto al tráfico peatonal, donde se encuentra la espectacular Embajada del Reino Unido, con controles de seguridad muy ostensibles. El resto de la calle está cortado y vigilado por patrullas policiales. Doblamos por la Behrenstraße, pasamos al lado de la fachada posterior de la embajada rusa y ¡hale hop! aparece a la derecha la Mauerstraße con nuestra autocaravana en primer plano. Definitivamente estamos en pleno centro del Berlín de la RDA, del Berlín barroco y neoclásico del XIX, del Berlín histórico y de la nueva metrópoli europea.

Antes de acostarme preparo la excursión de mañana. Pero algo percibo en el ambiente que me inquieta y me sorprende. Trato de conocer mejor el sitio en el que estamos aparcados. Según el plano de la ciudad, creo que tenemos detrás el Ministerio de Asuntos Sociales o nombre semejante. En la otra calle paralela a la nuestra, la WilhelmStraße, está, un poco más abajo, la enorme mole del Ministerio de Economía y Finanzas. Y a nuestra altura, un edificio que también pudiera ser un Ministerio cuyo frente a WilhelmStraße está cortado al tráfico. ¿Dónde estaremos realmente?

“El lugar donde estamos aparcados está vigilado por guardias que entran y salen del edificio de la Stasi”, apunto en mis notas. Sin embargo, tras mirar y remirar el plano de la ciudad (Michelin 1033, Stadtplan Berlín, escala 1:15.000) creo que estoy en un error. El edificio del que entran y salen los policías creo entender, en mi alemán cero, que se trata de un complejo administrativo del Ministerio de Agricultura y Territorios o algo así, y la Stasi debe ser el cuerpo policial que se encarga de su custodia. El nombre es el mismo pero no me parecen los pacíficos policías que vemos entrar y salir, los terribles espías que controlaban a los ciudadanos sospechosos de tener ideas contrarias a las del antiguo régimen de la RDA. Sea como fuere, al salir del edificio, uno de ellos se acerca a donde estamos aparcados y nos saluda con una sonrisa indicándonos con gestos que podemos correr los visillos para que no nos vean. Estamos en sitio seguro, sin tráfico ni ruidos, en pleno centro de Berlín. Pero ¿dónde estaremos realmente?

Salgo a merodear por la calle y controlar de paso que todo está en orden en la autocaravana. Bajo hasta la siguiente calle, la JägerStraße que tiene muy buena pinta, más residencial que la nuestra pero con algo más de tráfico. Vuelvo a Mauerstraße 28. Bien pensado, el lugar tiene algo de misterio. No pasan gente ni coches, estamos rodeados de inmensos edificios ministeriales de piedra arenisca roja y arquitectura gris, conectados unos con otros por puentes aéreos que salvan la calle que los separa, de aspecto un tanto misterioso. Hay un silencio total en la calle. ¿Dónde estaremos realmente?

La respuesta a estas preguntas llegó un año después. Ángel Rupérez, autor de Vidas ajenas, escribía en un artículo sobre Berlín con motivo de la apertura del Monumento a las víctimas del Holocausto, situado muy cerca de donde estuvimos aparcados, lo siguiente:

…”Si paseamos un atardecer cualquiera por Wilhelmstraße, nos damos cuenta de que estamos recorriendo una calle apenas sin gente, un tanto espectral, en la que descuella un edificio que parece un edificio ministerial más, un tanto intimidante a esas horas, con nadie en la calle y ya escasa luz. ¿Qué tiene de particular ese edificio? Pasa de largo, viajero, no investigues, no preguntes, no recuerdes, no hurgues en las heridas. Pero las preguntas no pueden pararse y la investigación se emprende, y en ese edificio (entonces el Ministerio del Aire, ahora la sede del Ministerio de Economía), precisamente allí, tuvieron lugar algunas de las reuniones más importantes de los que planificaron el asesinato de los que yacen simbólicamente unos metros más allá. Una foto impresionante lo recuerda (*): una parada militar en esa misma calle, ante ese mismo edificio, ante uno de los carniceros -Hermann Göring- de aquél régimen esencialmente terrorista y asesino”.
(*) -Paul Spigel, Spuren des terrors (Las huellas del terror), Verlagshaus Braun, Berlín, 2002-


Estábamos sin saberlo en el foco del horror programado setenta años atrás, en el cogollo de la ciudad donde se gestó la historia más negra de Europa. Ajenos a la historia trágica de este lugar, de estos edificios, esa noche dormimos plácidamente y en paz.



Resumen etapa: Distancia recorrida: 278 km Acumulados: 2.803 km

 
Mercado en la la plaza del StadtMarkt de Wolfenbüttel.
Mercado en la la plaza del StadtMarkt de Wolfenbüttel.
Jardines frente al Schloss Sanssouci, en Potsdam
Jardines frente al Schloss Sanssouci, en Potsdam
Aparcados en Mauerstraße 28, en el centro de Berlín
Aparcados en Mauerstraße 28, en el centro de Berlín
Berlin, 1 Agosto. Día 6
Unter den Linden -Bebel Platz- Neue Watche - Altes Museum - Museuminsel -Alexanderplatz- Karl Marx Alle - Nikolaiviertel - Reichstag

   

Nos despertamos nuevos. Compruebo baterías y agua. Estamos bien de carga, y eso que no tenemos placa solar. Una vez aseado, dirijo mis pasos a Unter den Linden, cerca de la puerta de Brandenburgo. En el bulevar central y bajo los tilos veo el pequeño chiringuito ovalado de chapa metálica verde y nombre intuitivo: City-Toilette. Moneda de 50 centimos y para adentro. Música barroca, ambiente con olor a lavanda, limpieza absoluta, control total. Creo adivinar una mueca de sonrisa, amigo lector. Pero no olvides que, parado en una ciudad, con el paso de los días las aguas negras pueden convertirse en un verdadero problema. Con el City-Toilette no lo serán en absoluto. En todos mis años de turista viajero, puedo asegurarte que nunca he visto servicios parecidos. Puntuación: 10 sobre 10.

A efectos de su visita, podemos dividir la ciudad en dos zonas: el Este con el barrio de Mitte y partes del Kreuzberg, donde se concentran la mayoría de los edificios históricos de Berlín, principalmente a lo largo de Unter den Linden; y el Oeste con el Tiergarten y las calles más conocidas del Berlin occidental como la K´damm y sus aledaños. Hoy veremos la parte oriental en bicicleta.

Rodamos por Französischestraße donde, tras las Galerías Lafayette, nos encontrarnos con la Gendarmenmarkt, una de las más hermosas plazas de Berlín dominada por tres singulares edificios, uno especialmente bello, la Konzerthaus, un teatro, joya del neoclásico tardío, de Schinkel, reconstruido después de la II Guerra Mundial. Hoy es la sede de la Orquesta Sinfónica de Berlín. En el otro eje de la plaza la Catedral Francesa en un extremo y su gemela, la Deutscher Dom o Catedral alemana, en el otro. Me parece deslumbrante el edificio de la Konzerthaus, de Karl Friedrich Schinkel, formidable en sus proporciones y en su situación central en una plaza dominada por la tensión entre dos iglesias iguales pero diferentes.

Llegamos a Bebelplatz, una histórica plaza rodeada de notables edificios que lamentablemente se encuentra levantada, acotada y cerrada para construir un aparcamiento subterráneo. Me siento decepcionado por esta trivialización de la historia. Entiendo que es necesario revitalizar los centros históricos de las ciudades pero no al precio de ver físicamente desventrados lugares como éste, en los que se fraguó parte de la historia más negra de la civilización. Ya no pisaremos la tierra de este trágico lugar en el que aconteció la triste noche de la quema provocada por los nazis de 25.000 libros escritos por autores “enemigos” del Tercer Reich. No debería ser éste un lugar en el que construir la ciudad nueva que pretende superar los horrores del pasado. ¿Cómo olvidar que aquí se realizó la quema de libros que celebraron con entusiasmo los que poco después matarían a tantos millones de personas, judíos y no judíos? En esta plaza podríamos recrearnos en su neoclásica belleza y quedarnos extasiados ante las armonías arquitectónicas de sus hermosos edificios (el Guggenheim alemán, el Staatsoper o palacio de la ópera donde ayer cenamos, la catedral -que visitamos-, la Universidad Humboldt) o también pensar sobre la condición humana, pero este bosque de pilares, losas y hormigón bajo el vientre de la plaza lo impedirán para siempre.

Con un tiempo magnífico rodamos por la cosmopolita avenida Unter den Linden, camino del Schlossbrücke, el puente que atraviesa uno de los brazos del Spree y nos lleva a la isla de los museos, sin duda uno de los lugares más bellos del centro de Berlín. La conocida avenida está colmatada por importantes edificios del s. XVIII que hubieron de ser restaurados tras la II Guerra Mundial. El patio de la Humboldt Universität parece un pequeño trozo del mercado de los Encantes de mi infancia, con puestos de libros usados frente a la fachada del gran edificio donde estudiaron Marx y Engels, y enseñaron Hegel, Einstein, Max Planck y otros Pnn´s. Seguimos por la gran avenida. Realmente Unter den Linden rebosa elegancia y un pasado majestuoso. Sentimos una relajante sensación de acogida en cuanto sus frondosos tilos nos dan sombra mientras el sol aprieta cada vez más.

Antes de llegar al Schlossbrücke nos detenemos en un pequeño edificio-monumento de traza neoclásica de Karl Friedrich Schinkel, el gran arquitecto de Berlín. Es el hermoso Neue Wache, de comienzos del XIX, donde hoy se conmemora a los muertos en todas las guerras contra la tiranía. Es un espacio vacío, un monumento de piedra, aire y luz, de proporciones armónicas en cuyo interior penetra la luz del sol que perfora la linterna de la cubierta y se proyecta, siempre móvil y en silencio, sobre el suelo de basalto y las desnudas paredes del espacio interior. En el centro, bajo el óculo por el que entra la luz, la escultura de una madre con su hijo muerto es la única presencia en ese espacio sosegado y dramático dedicado a la memoria de los muertos por la libertad. Bajo la lápida en la que hay una llama permanente reposan las cenizas de un soldado desconocido, un miembro de la Resistencia y un prisionero de un campo de concentración.
En el exterior un mensaje en varios idiomas explica la evolución de los distintos usos que el edificio ha tenido hasta la actualidad. Sobre el mensaje, la bandera del país indicando el idioma en el que está escrito. Sólo está borrada y garabateada la bandera española, en lo que es el único signo de violencia y agresividad de este recinto extraordinariamente digno y respetado por todos los visitantes.

Tras el parque que rodea el Neue Wache se encuentra el Deutsches Historisches Museum. Conocido como Zeughaus, este antiguo arsenal de estilo barroco alberga un museo de historia alemana cuya reciente ampliación, obra de Ming Pei, el mismo arquitecto de la pirámide del Louvre, ya está abierta al público. Mientras Dora custodia las bicis yo visito el interior del museo. El acceso a las diferentes plantas se realiza a través de una torre en espiral acristalada y con escalera de caracol que es el centro del nuevo edificio. El enterrado vestíbulo de distribución entre el antiguo y el nuevo edificio ordena las distintas salas y hace más tranquila la contemplación de las exposiciones temporales, al tiempo que llena de luz y movimiento el espacio interior. Una nueva e interesante versión del vestíbulo del Louvre.

De nuevo en las bicis y en medio del tumulto que se mueve alrededor de los puestos del mercado, nos vamos a la cabecera de Museumsinsel, la isla de los museos, para ver el Bodemuseum. Y pasa lo que tiene que pasar. Está cerrado por obras. Con las bicis en la mano caminamos entre la gente que va y viene por la isla que albergó hasta la II Guerra Mundial las colecciones más importantes de los museos nacionales de Berlín. Echamos un vistazo al Pergamonmuseum. Está en obras, es tarde, y hay muchísima gente en la cola. Decidimos no pagar los 8 euros de la entrada y marchar hacia los carritos que pululan frente a la Ópera a tomar el típico bradwurst con pan caliente, que están de muerte, y nos cuestan 9 euros los dos. Es más barato que en España. Después del bradwurst descansamos en los jardines del placer (Lustgarten) rodeados de jóvenes, tumbados como nosotros, en un ambiente alegre y cosmopolita bajo un sol de justicia. Verdaderamente la columnata del Altes Museum es irresistible. Ocupa todo el frente de los jardines y convierte este lugar en el verdadero centro de la isla de los museos. Una pila de granito negro, enorme, también de Schinkel, en donde la gente se refresca del calor sofocante que padecemos, anuncia la entrada del museo. Este Schinkel era verdaderamente un talento de la naturaleza.

Tras el descanso visitamos la Berliner Dom, la catedral berlinesa, con su cúpula de cobre al estilo San Pedro de Roma, una mole neobarroca excesiva y enorme reformada a comienzos del s. XX. Los de la RDA se cargaron en 1950 el mausoleo de los Hohenzollern, dinastía que gobernó la región de Prusia-Brandenburgo durante 5 siglos, y a diferencia de la Babelplatz, yo no siento ningún dolor por ello.

Visitamos el interior del Altes Museum. Mientras ascendemos por la escalinata interior podemos contemplar el hormiguero de gente joven tumbada en los jardines. La rotonda central del edificio está en obras y tiene el paso restringido, y hace tanto calor que no nos apetece entrar en las salas interiores. La bajada por la escalinata permite ver desde dentro el impresionante columnario en primer plano, y al fondo la ciudad. En esa visión destaca el horrendo palacio de la República, casi arruinado, con sus paneles de fachada desmontados cuando se supo que contenían amianto en su composición. Ofrece una imagen de desmesura y desprecio a la ciudad que ofende a la memoria en este entorno tan monumental. También en este caso, y a diferencia de la Babelplatz, yo no sentiría ningún dolor por su demolición.

Suenan los restos musicales de la Berliner Gauklerfest de ayer noche, que aún mantiene cortada la Schossplatz, donde hasta 1950 existía el enorme palacio de Stadtschloss, construido en 1451 y transformado en palacio a mediado del XVI. A la vista del único pórtico que aún se conserva, es evidente que su demolición para levantar el adefesio del Palacio de la República, fue una auténtica astracanada. Seguimos por el río hasta llegar a la Friedrichswerdersche Kirche, una sencilla y pequeña iglesia neogótica de ladrillo, de Schinkel, cuyo interior original fue destruído durante la II Guerra Mundial y que hoy está dedicado a museo de este famoso arquitecto berlinés. Hace mucho calor y cansa más caminar y esperar de pie, que ir en bici.

Vamos a darnos un viaje al pasado de cuarenta años atrás, intentando reconocer los escenarios de ¡Goodbye Lenin! En las bicis nos dirigimos hacia el Mitte, el barrio céntrico de la ciudad que perteneció a la Alemania del Este. Volteamos las calles, después de la sinagoga, y empezamos la visita en el centro de la vida económica y propagandística de la antigua RDA, la Alexanderplatz, el centro cosmopolita del poder de la Alemania Democrática, con la dominante Fernsehturm, la torre de televisión que con sus 368 metros sobresale en cualquier fotograma de la ciudad.

Tras el Rotes Rathaus, el ayuntamiento que fue, dejó de ser y ha vuelto a ser de la ciudad de Berlín, y casi sin darnos cuenta, traspasamos una frontera imperceptible, la que marca la escala y el estilo de los edificios que flanquean las enormes avenidas del Mitte, de la Alemania planificada según los principios del realismo socialista. En este escenario barroco y monumental, y al ritmo de ligeras pedaladas van surgiendo edificios desmesurados de fría arquitectura cúbica que nos dan paso a la Karl Marx Alle, una impresionante avenida de 70 metros de ancho, reflejo de la escala monumental de la planificación comunista, flanqueado por bloques sesenteros de dimensiones inabarcables, de formas y volúmenes infinitamente repetidos, viviendas en enormes edificios iguales de ventanas iguales con remates iguales, eclecticismo de prefabricación pesada. Una arquitectura gris, fría y agobiante, reflejo de una época que ha dejado sin embargo unos espacios públicos de paseos y jardines enormes, que darán un alto nivel de calidad de vida a los habitantes de esta parte de la ciudad cuando todo este entorno está restaurado, cuidado y limpio. Notamos que casi no hay gente paseando, ni charlando, ni mirando los escaparates un tanto alternativos de los comercios. En el centro de esta trama desmesurada, el paso del hombre no es nada, por eso no se ve a la gente pasear, sólo coches que circulan y algún ciclista con ojos escrutadores como los nuestros. Ha sido una magnífica idea traer las bicicletas ya que andando hubiera sido imposible conocer estos barrios silenciosos y un tanto espectrales.

De repente aparece un edificio decapado, un collage a punto de desmoronarse, el curioso y arruinado Café Moskau o Café Mockba, un lugar de moda en el Berlín oriental de los setenta, que naturalmente está cerrado porque amenaza ruína cierta. Seguimos a buen ritmo por la Karl Marx Alle hasta la Frankfurter Tor, el gran pórtico de la avenida, para bajar de nuevo hasta el Spree por la Warschauerstraße, transitada por nosotros y por los tranvías a esas horas y donde abundan, todavía, solares vaciós y edificios arruinados, probablemente habitados, que no tardarán en ser sustituídos por nuevos edificios para nuevos residentes.

Llegamos al río rápidamente. Estamos cansados y deshidratados. Paramos para ver el curioso puente de Oberbaumbrücke, revestido de ladrillo rojo, que permaneció cerrado durante muchos años para evitar el tráfico de personas entre un Berlín y otro. Al fondo hacia el sur, destaca una torre de cristal que parece un fiel reflejo de los cambios económicos y políticos que está experimentando la ciudad. Es la Treptower, en la orilla del Spree, un prisma de vidrio, moderno y metropolitano que semeja tres cubos de Rubik superpuestos, y que parece marcar el paisaje urbano del nuevo Berlín, un punto de referencia y orientación en la ciudad al modo en que, salvando las distancias, lo hacen la torre Mapfre y la del hotel Arts en Barcelona. Poco tiempo después supe que para el futuro uso de la zona se planeó una mezcla de un 60% de oficinas, un 10% de locales comerciales y un 30% de viviendas, transformando la orilla del río Spree en un paisaje de diversión y paseo. No me equivoqué en mis apreciaciones. A estos barrios le quedan dos días.

Regresamos al centro de la ciudad bordeando el río por Stralauerstraße. En el malecón que bordea la misma orilla, el Rolandufer y frente al extremo sur de la isla de los museos, aparece la nueva embajada de Holanda, un excelente edificio, cúbico, abierto y transparente, lleno de sorpresas, de Rem Koolhaas, el mismo autor de la nueva mezquita de Córdoba, el arquitecto más de moda en el mundo en este momento.

Siguiendo por el Spree-ufer llegamos al barrio de Nikolaiviertel, un barrio situado en el centro del Berlín este, devastado por la Guerra y excelentemente restaurado, esta vez sí, con una inteligente combinación de elementos prefabricados coloreados, que han respetado el perfil y escala de las tradicionales casas con hastiales. El barrio está animado, lleno de turistas que abarrotan las callejuelas que conducen hasta la iglesia de ladrillo de Nikolai Kirche, hasta los topes.

Finalmente, agotados y sudorosos, regresamos a la autocaravana, perfectamente resguardada por nuestros amigos de la Stasi.

Mientras Dora descansa y merienda, yo cojo la bici y me marcho sólo por la avenida 17 de Junio, donde están una media docena de autos aparcadas en medio del infernal ruido del tráfico, hasta la Siegessäule -otra columna conmemorativa de batallas territoriales- y los jardines del Tiergarten. Es impresionante la enorme cantidad de gente que come, descansa, se mueve y se entretiene en los prados interiores, llenos de veredas ocultas por la arboleda por donde paso en bicicleta. Está lleno de familias turcas que sí han desplegado sus elementos de acampada: barbacoas, iglus, carpas y toldos para dar sombra. Huele a comida y especias. Es domingo, y Tiergarten es hoy un mundo aparte dentro de la ciudad de Berlín. Familias enteras, con jóvenes adolescentes, padres y abuelos se solazan tirados en los jardines, jugando a la pelota, charlando, comiendo y tomando, a esa hora ya algo tardía, jugosos trozos de sandía para refrescarse en este día de sol tan intenso.

Circulo entre los enormes jardines que se abren a la parte posterior del Reichstag. Al norte del Reichstag, junto al rio aparecen los enormes edificios de hormigón blanco y cristal de la Cancillería y de las oficinas de los diputados del Bundestag, formando un conjunto espectacular de edificios gubernamentales con patios abiertos y enormes muros de hormigón interrumpidos por grandes galerías de vidrio, que representan el ideal de una política transparente. Este conjunto nuevo, a orillas del Spree, ocupa parte del histórico barrio de Alsenviertel que fue destruído en su tiempo por los proyectos megalómanos de Hitler y Albert Speer, que querían construir ahí el centro de la capital mundial “Germania” y que provocó la demolición de grandes zonas del centro de Berlín. Por fortuna, los nuevos edificios representan la unión simbólica de las dos partes de la ciudad, unidos por un puente sobre el Spree que hoy es símbolo de la unificación de Alemania. Entre los edificios del Bundestag y la Cancillería, la Löbe-Alle dispone de amplias plazas de aparcamiento que tienen una pinta excelente. Una pequeña autocaravana las tantea, pero se va. Sería tremendo poder utilizarlas para las autocaravanas. En ese caso, al frente sólo habría jardines y bosque.

En el friso del pórtico posterior del Reichstag destaca en grandes letras “Dem Deutschen Volke” -al pueblo alemán-, cuya elaboración y colocación fue financiada por los judíos alemanes. El nuevo edificio restaurado refleja fielmente la tradición en sus muros y la modernidad en su cúpula acristalada. Las connotaciones trágicas de este edificio, provocan de inmediato el interés de observar y sentir el pálpito de la Historia y decido salir corriendo a buscar a Dora para visitar el interior y recorrer el espacio que ocupó tantas páginas e imágenes de la historia reciente de Europa. Aunque hay largas colas, tengo la sensación que un domingo por la noche habrá menos gente que durante un día normal así que nos decidimos a entrar pese a que pronto oscurecerá. Poco antes de la puesta de sol subimos a la terraza que corona el espléndido edificio neoclásico de finales del XIX de Paul Wallot, e iniciamos el recorrido por las rampas que bordean hábilmente la cúpula transparente de Sir Norman Foster, hasta el mirador panorámico que la corona. Es un itinerario espléndido alrededor de la ciudad de Berlín, en cuyo recorrido, tanto ascendente como descendente, el visitante abarca una panorámica cambiante de toda la ciudad desde múltiples puntos de vista. En el centro de la cúpula, un inmenso badajo de espejos móviles reflejan la luz solar al interior del parlamento. Como en el caso del complejo gubernamental, la restauración del Reichstag también mira hacia el futuro y aleja de la memoria la historia trágica de este edificio. Los bosques, parques y zonas lacustres ocupan una gran parte de la superficie urbana. El sol del atardecer penetra de lleno a través de los cristales, dando al momento una atmósfera solemne y emocionante. En la terraza sobre la que arranca la cúpula, un expositor muestra en fotografías los aspectos más relevantes de la historia del edificio, alguna de ellas sobrecogedora, al constatar que bajo este techo, en este mismo espacio se empezó a escribir una parte fundamental de la historia de nuestro siglo.

Dora se machacó el dedo al cerrar la puerta de la autocaravana. Quedé preocupado pero finalmente no pasó nada. Esta noche necesitamos descansar de tantas emociones.



 
Entrando en la City-Toilette
Entrando en la City-Toilette
Alexanderplatz con sus 368 m de Fernsehturm.
Alexanderplatz con sus 368 m de Fernsehturm.
Descanso en la Karl Marx Alle
Descanso en la Karl Marx Alle
El otrora moderno Café Moskau, en situación de ruína inminente.
El otrora moderno Café Moskau, en situación de ruína inminente.
Berlin, 2 Agosto. Día 7
Judish Memorial- Postdamer Platz - Kulturforum -Bauhaus Archiv- Siegessäule- Tiergarten-Judisch Museum- Kreuzberg- Gendarmenmarkt- Galerías Lafayette

   

Amanece otro día espléndido. Dormimos algo más expectantes que ayer, debido a las obras de instalación de las nuevas redes de suministro de agua que están realizando en nuestra calle no muy lejos de donde nos encontramos, pero no se produce ninguna incidencia ni molestia. Pago 6 euros por el aparcamiento en zona azul hasta las 18h00. Una minucia comparada con lo que hemos pagado en otras ciudades. Verdaderamente estamos en un sitio redondo.

Hoy toca ver en la zona Oeste de la ciudad, la Postdamer Platz, el nuevo centro económico y comercial de Berlín, un muestrario de los cambios y transformaciones que han convertido a Berlín en un mosaico de las más diversas soluciones urbanísticas y arquitectónicas, firmadas por algunos de los más conocidos arquitectos del mundo. Dejaremos para mañana la ciudad nueva que se edificó en el Berlín que quedó al otro lado del muro, y que opuso una imagen cosmopolita y moderna al Berlín oriental.

Tras descargar y preparar las bicis en una maniobra cada vez más metódica y perfeccionada, empezamos la ruta en el Monumento al Holocausto, en memoria de los judíos europeos asesinados por el nazismo, proyecto del arquitecto neoyorquino Peter Eisenman, que pendiente de rematar produce ya un efecto sobrecogedor. Se trata de un laberinto al aire libre formado por 2711 paralelepípedos de hormigón basáltico, negros, de diferentes tamaños, que ocupa una enorme manzana muy cerca de la Puerta de Brandenburgo, al pie de la WilhelmStraße, casi al lado de donde estamos aparcados. De pie y en silencio miramos el bosque de bloques que parecen muros, o manzanas, o callejuelas que conducen a ninguna parte. El monumento recuerda a las víctimas del Holocausto con la generosidad debida. Un oscuro laberinto, mezcla de cementerio y campo de concentración, un callejón sin salida, lápidas anónimas de tantos inocentes cruelmente asesinados. La angustia y el dolor de las heridas causadas por el horror nazi, planificado y ejecutado en buena medida en esta ciudad y en estas calles. Una denuncia de la terrible e injusta muerte de tantos hombres y mujeres. Un monumento que reclama piedad. Emocionado, recordando tanta muerte, reivindico para todos los seres humanos el derecho a la vida y la búsqueda incesante de la libertad como necesidad primaria del ser humano. Volveremos.

La Postdamer Platz era la plaza más popular del Berlín anterior al horror nazi. El Muro y la postguerra fría convirtió esta plaza legendaria en un erial, un espacio vacío, hoy lleno de grandes edificios, promovidos por algunas de las mayores corporaciones industriales y financieras del mundo, formando un complejo comercial, hotelero y de oficinas impresionante: Sony, Daimler-Chrysler, Arkaden, Ritz, Carlton, Marriot…. En esta plaza emblemática y de tanta historia, que acogió el primer semáforo en los años veinte y después el Muro, destaca sobremanera el edificio de ladrillo para viviendas y comercios DaimlerChrysler así como otros rascacielos más transparentes de Renzo Piano y Helmut Jahn que forman una especie de gran atrio o plaza en la que sobresale la cúpula del Sony Center y el sempiterno globo aerostático que imperturbable sube a la salida del sol y baja al atardecer. Hay tal movimiento de gente dentro de las galerías cubiertas que salimos a respirar hasta el borde del Tiergarten en el que surge el orden tranquilo de la serie de seis pequeños edificios de Gregotti, auténtico oasis de paz en medio de tanto ruído.

La visita de este emblemático lugar en la historia de la ciudad, nos hace pensar que, en apariencia al menos, Berlín quiere hoy verse convertida en una ciudad nueva que ha superado los horrores del pasado. Los excesivos esplendores arquitectónicos del Potsdamer Platz nos indican que esta ciudad quiere olvidar su pasado, pero nos parece que quizás se están excediendo. Por momentos uno cree estar en cualquier nuevo barrio de cualquier gran ciudad, y Berlín no es eso.

Salimos de entre velos de vidrio de 22 plantas de altura, y nos dirigimos al Berlín occidental de la postguerra, donde se construyeron los edificios más representativos del Berlín que quedó al otro lado del muro tras la división de la ciudad en dos bloques y que albergaron los museos, teatros y bibliotecas que se habían quedado en el lado oriental.

Entramos en el Kulturforum por la StadtsBibliotek de Scharoun y la Philarmonie también de Scharoun, acabadas en chapa de aluminio perforada color champán, que estaban cerradas, pero cerradas hasta nuevo aviso, ofreciendo una imagen sorprendente de vacío y abandono que su calidad no merece. Probablemente esta ciudad se enfrenta ahora a la dificultad de buscar nuevos usos a edificios que han dejado de cumplir la función para la que fueron construidos. Puede decirse que las necesidades culturales de los ciudadanos de Berlín están dotadas hoy por partida doble, tanto en el antiguo lado occidental como en la ciudad histórica que quedó al otro lado del muro. Dos bibliotecas, dos palacios de la ópera, dos palacios de conciertos, dos ayuntamientos, dos torres de televisión, etc. etc. y multitud de edificios museísticos, de los que la mayor parte tienen que adaptar sus instalaciones a las nuevas demandas de una sociedad moderna y abierta.

En eso estaba yo cavilando cuando nos dirigimos a toda marcha a ver la Neue Gallerie, de Mies van der Rohe. Una limpia cubierta plana de acero suspendida en el aire por seis, sólo seis columnas de acero y una fachada de cristal retranqueada hacia el interior formando un atrio cubierto monumental. Una joya admirable, un icono de la arquitectura moderna. Así lo había imaginado yo. Mi decepción y asombro es total cuando, al dejar la bicicleta en la extraordinaria explanada de acceso adornada con esculturas de Henry Moore y Calder, veo el lamentable estado en que se encuentra una obra cumbre del arte contemporáneo. Cerrada, sin actividad y en estado muy próximo al abandono más absoluto. No me lo puedo creer. Una obra extraordinaria de la arquitectura del siglo XX, indignamente olvidada. Una explanada desolada y un edificio maravilloso abandonado. Es algo doloroso para mí.

No repuesto todavía de la pena que me produjo el abandono de la Neue Gallerie, nos dedicamos a bordear el sur de Tiergarten pedaleando lentamente, con toda placidez. Contemplamos el edificio donde se albergan los archivos de la Bauhaus, edificio que sigue los esbozos de Mies una vez los nazis la expulsaron de Dessau; las nuevas embajadas de Méjico y, al lado, la de los Países Nórdicos, un espléndido edificio-paisaje compuesto por seis volúmenes distintos ordenados exteriormente por una falsa fachada de parasoles móviles formados por una cinta de cobre de cuatro plantas de altura que miran al Tiergarten. Los pequeños edificios representan a los cinco países nórdicos más uno de uso común que los separa de la avenida y los recoge a través de un espacio libre interior ajardinado llamada piazza. Al hacer las fotos de rigor frente a la piazza, veo en la entrada los nombre de los cinco países que la integran: Suecia, Finlandia, Dinamarca, Islandia y Noruega, y no puedo evitar que me invada la melancolía de aquél viaje inolvidable.

Como empieza a cantar el estómago, regresamos por la Tiergartenstrasse hasta Arkaden, el centro comercial cubierto de la Postdamerplatz para tomar un bradwurst y un schinken (algo así como lomo adobado) que vuelve a estar muy bueno y vuelve a ser barato. En estas situaciones, la comida rápida es la mejor solución para no perder el tiempo y vencer la somnolencia de la siesta. No hay descanso que tomar y después de algunas fotos bajamos por WilhelmStraße hacia el Kreuzberg, el barrio bohemio, de inmigrantes turcos y de jóvenes de estética punki de la ciudad de Berlín, camino de su gran atracción oficial, el Jüdisches Museum. Se trata de un edificio-relámpago, proyecto del arquitecto neoyorquino Daniel Libeskind, el arquitecto encargado de reconstruir la torre de la Libertad en el solar que dejaron las Torres Gemelas de Nueva York.

Dejamos las bicis entre un bosque de ruedas apiladas. No les hace falta apoyo, se mantienen de pie unas contra otras. El guardia de seguridad que controla los accesos desde la calle nos indica dónde debemos tirar las bicis, no fuéramos a buscar un sitio distinto del indicado. Naturalmente, ni se nos ocurre. El control de entrada es muy rígido, probablemente israelí y desde luego nada convencional. En esas condiciones voy yo, ingenuo de mí, con una Letherman en el cinto, esa herramienta multiusos de acero inoxidable que todo buen autocaravanista debe llevar consigo siempre, no vaya a ser que se necesite en el momento más inoportuno. Para mi desgracia además de navaja es alicate, tijera, regla de medir, destornillador, abrelatas, sacacorchos, punzón, etc. Ni que decir tiene que me retuvieron a mí y a la Letherman, hasta que tuvieron clara mi identificación avisándome, eso sí, de que quedaba en depósito en una consigna hasta su devolución a la salida, previa entrega de una tarjeta de identificación. Buen comienzo.

El museo es un edificio irregular forrado en zinc, de apariencia dura y de traza fracturada, con espacios interiores impenetrables, asimétricos, a veces inclinados, otras fragmentados, atravesado por ejes que llevan al jardín del exilio en el exterior o a la angustiosa Torre del Holocausto, de la que debo salir porque me produce una sensación de agobio y desorientación que me deja mal cuerpo. El museo muestra la historia de muchos seres anónimos que ves representados en objetos cotidianos de sus vidas y que te parten el corazón. A diferencia del Monumento al Holocausto, no me siento identificado con la propuesta de Libeskind en ningún momento. Salir de esa atmósfera angustiosa y densa encerrada entre las murallas del edificio fue una necesidad que no facilitó el control de salida. La Letherman tuvo de nuevo la culpa y para entregármela sólo faltó enseñarles la dentadura.

Coger de nuevo las bicicletas fue como una liberación. El Kreuzberg es el barrio del Oeste de Berlín con más metros de muro alrededor y por tanto donde aún quedan solares vacíos y edificios arruinados que recuerdan que no muy lejos de allí pasaba el muro. Pasamos rápidamente por esos escenarios de temibles recuerdos, del dolor de tantas víctimas. En Mehringplatz se hace evidente que nos encontramos en un barrio repleto de inmigrantes turcos, un territorio döner kebab absoluto. Vamos tomando el aire con buena marcha por las calles del Kreuzberg, hasta la FrederichStraße, donde casi sin darnos cuenta cruzamos por una de las puertas más famosas del muro: el Checkpoint Charlie -otra frontera mítica del Kreuzberg- donde hoy abundan los vendedores de chatarra oriental de la época del telón de acero y también edificios interesantes que han ido conformando la tradicional manzana de Berlín. Finalmente, casi sin darnos cuenta aparecemos en el núcleo comercial del Mitte hasta llegar a la protectora sombra de los tilos que hoy se agradecen ante el extenuante calor que ha hecho durante todo el día.

Cuando daban las 18h00 entrábamos agotados y sudorosos en la autocaravana. Tras montar las bicis en su sitio y ducharnos como las personas decentes, nos pusimos nuestras mejores galas y nos transformamos en ciudadanos berlinese para ver las Galerías Lafayette, de Jean Nouvel, autor de la torre Agbar, y despedirnos de la maravillosa plaza de la Gendarmenmarkt, vigilada por el Konzerthaus y flanqueada al oeste por un sobrio y excelente edificio de oficinas y apartamentos de Oscar Mathias Ungers, con quien colaboré como alumno en tiempos ya muy lejanos.

Damos el último paseo nocturno por Unter den Linden y nos paseamos frente a la vigiladísima embajada del Reino Unido, antes de llegar totalmente exhaustos a la autocaravana. Cansados y todo, nos gratificamos con una cena gloriosa a base de macarrones con carne, que procuramos no descubrieran los amigos de la Stasi, porque en ese caso correríamos el riesgo de sernos confiscada. Antes de dormir, doy 5 metros marcha atrás para descargar las aguas grises en un imbornal de la calle. Estamos limpios, vacíos de agua sucia, pero nos queda muy poca agua limpia. La batería empieza a aflojar, pero aún no corre riesgo de una muerte súbita. Definitivamente, la placa solar es una buena solución en situaciones como ésta, en la que estamos aparcados en la calle sin movernos durante varios días.



 
El autor bajo la inmensa cubierta del Neue Gallerie, de Mies van der Rohe
El autor bajo la inmensa cubierta del Neue Gallerie, de Mies van der Rohe
Angustia en el Jüdisches Museum
Angustia en el Jüdisches Museum
Wittenberg, 3 Agosto. Día 8
Tiergarten-Zoologischer Garten-K´dam-Tauentzienstraße - WITTENBERG: 135 km

   

Se adivina otro día espléndido. Cielo azul y buena temperatura. Estamos teniendo mucha suerte con el tiempo, que nos permite usar la bicicleta sin limitaciones de ningún tipo. Empezamos la ruta ciclista a las 10h50 con la intención de despedirnos de la ciudad viendo todo lo que podamos a golpe de pedal. Empezamos rodando por la ancha Avenida del 17 de Junio hasta la Siegesäule o torre de la victoria, uno de los iconos del carnaval berlinés. Por la Budapeststrasse, y pasando de nuevo frente a la embajada de los Países Nórdicos, llegamos al Europa Center, el corazón económico y comercial del antiguo Berlín occidental, el escaparate que el primer mundo levantó ante la mirada gris de la Alemania oriental. Y la verdad es que como escaparate vale más bien poco. A los ojos de un occidental como nosotros, hoy sorprende que esa imagen algo friky y hortera, inacabada y bastante vulgar, fuera la imagen del mundo que ansiaban alcanzar tantas personas que se jugaron la vida, y que en muchos casos la perdieron, por intentarlo.

Dejamos las bicis en la plaza del Europa Center, absolutamente protagonizada por la torre de la Kaiser Wilhelm-GedächtnisKirche, tal y como quedó después del bombardeo que la destruyó casi por completo en 1945. También visitamos la nueva iglesia evangélica de planta octogonal y su celosía-campanario, proyecto de Egon Eiermann, que resulta sorprendente desde el interior, con una envolvente luz azulada con la que consigue una emotiva atmósfera de recogimiento. Una vez cumplido el rito de fotografiar el campanario de la iglesia desde todos los puntos de vista y de ver la exposición del antes y el después del bombardeo y de las propuestas del proyecto internacional para la reconstrucción de la iglesia, paseamos por la comercialísima TauentzienStraße y la cosmopolita K´damm con todas las tiendas de moda imaginables.

Bajo la sombra del derruido campanario de la iglesia del emperador, y sentados en una terraza bajo un sol abrasador, tomamos un sabroso kebash turco, comida de infieles en tierra de cruzados, un bocado delicioso que pruebo por primera vez y que, a pesar de mis genes probablemente de orígenes templarios, me encanta porque está muy bueno.

En el regreso, la ciudad transcurre entre un apacible pedaleo desde la parte más occidental del Tiergarten, BudapestStraße, Spree norte, Reuterplatz y plaza de la Universidad hasta la Avenida 17 de Junio, saludando de nuevo a la Siegesäule y al monumental Sowjetisches Ehrenmal, construído con el mármol de la Cancillería de Hitler, camino de la Branderburger Tor, en donde volvemos a ver varias autos, de las que sólo 2 son españolas y muchas, muchas, italianas.

Llega el final. Nos despedimos de esta maravillosa ciudad, de la puerta de Branderburgo, de la Parisierplatz, de la traza del muro de Berlín que hoy queda reflejada en el pavimento, del Reichstag, de los tilos de Unter den Linden... y de Mauerstraße 28, a donde llegamos a las 17h00, después de rodar 16 km en bicicleta por las avenidas de Berlín.

Se ha cumplido ya una semana de viaje y han sucedido dos cosas extraordinarias: No hemos tenido ni sentido la necesidad de ir a camping; y no ha llovido todavía, lo que nos ha permitido conocer Berlín como nunca hubiéramos podido hacer en caso de tener el tiempo que tuvimos en Noruega, pongo por caso. Una vez montadas y protegidas las bicicletas, vamos a comprar algún regalo para las niñas y para los amigos, algún recuerdo para nosotros, y despedir al querido e inolvidable “City Toilette” que ha sido un verdadero placer para mi equilibrio psicológico.

Finalmente, satisfechos de nuestra estancia en esta gran ciudad, a las 19h00 decidimos levantar este excelente campamento que ha sido para nosotros Mauerstraße 28, en el corazón de la ciudad que perteneció al Berlín Este. Han sido cuatro días intensos, emocionantes, sin sobresaltos, tranquilos y provechosos. Sabemos que nos dejamos muchas cosas por conocer -el Estadio Olímpico recientemente restaurado, la Hamburger Bahnhof, Grunewald, Charlottenburg, el Pergamonmuseum- pero nos han conmovido lugares y entornos inolvidables como el Neue Wache y el Altes Museum, absolutamente maravillosos y el emocionante Monumento al Holocausto.

Así hemos visto Berlín, así hemos visto algunas de sus terribles heridas, y sus intentos por cicatrizarlas. Esperamos que el olvido no llegue nunca a conquistar el corazón de todos los que la habitan. Nosotros, como Marlene, sencillamente, la amamos.


Notas: Hora de salida: 19h10. Marcador salida: 48.667 km.

Llevamos 2.803 km de viaje. Vamos por territorio ciclista hasta la A115 dejando ahora a nuestra derecha la Berliner Forst Grunewald donde yo quise hacer base, y me da la risa floja pensando en lo estúpido que hubiera sido no hacer caso de Dora, una verdadera ayudante, que ha demostrado una intuición especial para la búsqueda de lugares ideales para dormir.

Cargamos agua a la salida de Berlin en la gasolinera que ya es como nuestra casa: Rasthof Bab-Jet Tankstelle Grunewald. Todo perfecto. Como en la ida, cargamos agua y descargamos las grises que nos quedan. Tomamos dirección Wörlitz por la A9. Teníamos previsto parar a dormir en Wörlitz cerca de sus maravillosos jardines, pero topamos con un imprevisto: en Coswig hay que tomar un transbordador que cruza el Elba y a esas horas ya está cerrado. La carretera que sale del pueblo hasta el transbordador es terrible, de adoquín resaltado lo que provoca un baile contínuo en la auto. Nos hemos encontrado con la primera constatación de que esta Alemania no es la otra.

De nuevo el temblequeo que nos ametralla de regreso a Coswig. Decidimos continuar camino para llegar a dormir en Wittenberg, y seguir mañana hasta Wörlitz por la carretera B187 que no precisa cruzar el río Elba. A las 21h00 nos detenemos en un aparcamiento de autocaravanas en Wittenberg, en la Platz der Jugend, que resulta ser un aparcamiento normal, sin más, algo descampado y descuidado, situado en las afueras del pequeño pueblo y al lado de un campo de fútbol. Se notan todavía reminiscencias de la Alemania oriental: sobriedad, dimensiones justas, algo de suciedad y una arquitectura gris de edificaciones prefabricadas con paneles pesados y con escaso mantenimiento. Pero está muy cerca de la ciudad vieja, del Schlosskirche y de la plaza del mercado, el Markt, bordeada de las típicas casas con frontones y en cuyo fondo este destaca la Stadtkirche, que vamos a conocer ya con la luz final del día.

El pueblo es conocido sobre todo por ser el centro donde desplegó su actividad Lutero, el pecador. Tiene traza medieval con una iglesia y un castillo de cierto interés, así como las dos calles peatonales del centro histórico, aunque con muy poco ambiente debido a lo avanzado de la hora y por encontrarse en obras de pavimentación. Me sorprende ver bastantes casas en avanzado estado de ruína en estas dos calles principales. Definitivamente, esta es otra Alemania.



Resumen etapa: Distancia recorrida: 135 km Acumulados: 2.938 km

 
Reposo bajo la Puerta de Brandenburgo.
Reposo bajo la Puerta de Brandenburgo.
Atardecer en la plaza del mercado de Wittenberg, con la Stadtkirche al fondo
Atardecer en la plaza del mercado de Wittenberg, con la Stadtkirche al fondo
Erfurt, 4 Agosto. Día 9
WITTENBERG - BAUHAUS DESSAU - WEIMAR - ERFURT: 245 km

   

Si bien ayer al atardecer el pueblo era una tristeza, hoy a las 9h00 el pueblo estaba animadísimo. El uso de la toilette pública, al lado de los jardines del Schloss me costó 0,50 euros (con qué gusto los pago) y estaba limpio y situado muy cerca de la plaza del Markt. Compensa. Cuando regreso camino de la auto para marcharnos, el pueblo estaba muy concurrido, con grupos de adolescentes tumbados en los jardines, y grupos de jubilados camino del mercado que ocupaba la ayer triste plaza presidida por Lutero y Melanchthon. Vaya cambio.

Salimos de Wittenberg hacia las 9h20. Estamos en la región de Sajonia-Anhalt, región en la que abundan las iglesias y abadías del románico. Cruzamos el Elba poco después de la salida y nos dirigimos a Wörlitz por carreteras de segundo orden pero que son las únicas que hay para llegar hasta allí. El camino a Wörlitz permite contemplar esta región del territorio de la antigua Alemania del Este y probar de paso sus difíciles carreteras. La verdad es que resulta sorprendente que Alemania sea el principal contribuyente neto de la Unión Europea cuando todavía tiene tantas necesidades propias que cubrir en esta mitad de su territorio. Mi admiración por el sentido de la historia de estos nuevos alemanes va agrandándose cada vez más. El último tramo, de 19 km, es una carretera adoquinada del diablo, por la que hay que ir a muy baja velocidad si no queremos estar apretando tornillos durante varios veranos. Por delante llevamos una Hymer alemana, nueva, que marcha a mejor ritmo que nosotros. Cuando paramos en el aparcamiento de Wórlitzer Park, nos colocamos detrás de ellos, y compruebo que conduce una mujer. Cuando bajamos, nos saludan, y nos fijamos entonces que en la tabla del salpicadero llevan anclado un monitor de no menos de 7 u 8 pulgadas que además de cámara es un navegador Blaupunkt. Estos alemanes no se andan con tonterías. Y yo con los mapas dispersos sobre el salpicadero…….

El sentido de ir a Wörlitz era ver uno de los jardines más bellos de Alemania: Wörlitz Park, un delicioso parque de estilo inglés creado para el príncipe Leopoldo III en 1764, salpicado por cuatro lagos comunicados, el mayor de cuales es el Wörlitzer See donde se celebran conciertos estivales de música clásica. Desde la autocaravana todo el parque parece un espacio natural, aunque en realidad es el resultado de la transformación artificial del paisaje. Al fondo divisamos el centro del parque y la orilla del lago con islas artificiales, góndolas, nenúfares y pabellones de música que componen un cuadro paisajista que los conservacionistas del lugar impiden visitar en bicicleta. Para llegar al centro del parque hay que ir andando ya que no permiten el uso de las bicicletas. En ese caso no nos interesaba quedarnos porque nos ocuparía casi el resto del día. Nos marchamos en señal de protesta por la prohibición a las bicis y porque la visita de caminante nos llevaría demasiado tiempo, un tiempo que también necesitábamos para conocer otros lugares como Dessau, adonde llegamos al mediodía.

La visita a Dessau me rejuvenece. Dessau conserva todavía excelentes monumentos históricos de estilo renacentista en el centro de la ciudad, pero a nosotros nos importa sólo por ser la sede de la escuela superior de diseño de la Bauhaus, fundada por Walter Gropius, y que se trasladó aquí desde Weimar. La Bauhaus de Gropius, se encuentra en proceso de reconstrucción ya que desde el advenimiento del nazismo, fue olvidada y maltratada por el poder. En la actualidad está gestionada por una fundación civil que está consiguiendo que presente el aspecto y estilo originales, tal y como la conocimos de estudiantes: bloques cúbicos, ángulos en voladizo, fachadas acristaladas, colores puros y ausencia de ornamentos.
En Friedrich-Ebert-Alle sobrevivieron a la II Guerra Mundial cinco de las Meisterhäuser, las casas de los profesores de la escuela, como Marcel Breuer y Mies van der Rohe. Restauradas desde 1996, las Masterhauses se conservan como una colonia de viviendas inteligentemente integradas en el bosque, en una visión del pasado reciente que me resulta hermosa y emocionante.

Salimos de Dessau en medio de un laberinto de obras en la vieja autopista, sin tocar probablemente en los últimos cuarenta años. El viaje a Weimar por la A9 se convierte en un peregrinaje agotador por una autopista llena de absurdos estrechamientos por obras en las que no se ve a nadie trabajando. En ocasiones estos alemanes del este responden más bien poco al cliché de alemanes eficientes y organizados que tenemos los europeos del sur. Finalmente, a las 15h20 llegamos a Weimar en medio de un calor agobiante. Dora está disfrutando de este tiempo. Se le ve radiante y contenta con este calor, sin lluvia. Yo no tanto.

Comemos en un aparcamiento generoso, frente a la plaza Weimar-hallenpark, muy próximo a la Goethe-platz a la entrada del casco antiguo. Paseamos por las calles del XVIII donde residieron, entre otros, Goethe, Schiller, Liszt, Richard Strauss o Nietzsche. La ciudad conserva el aspecto de una ciudad alemana del XVIII. Por eso, mientras Dora se tuesta al sol en una terraza yo me doy un paseo hasta el parque del Ilm, donde se encuentra el jardín de Goethe, su primer hogar en Weimar y, más tarde, su residencia de verano, en el centro del Duxgarten, un parque inglés maravilloso de más de 2 km de longitud. Antes de la entrada en los jardines paso por la Platz der Demokratie, un conjunto barroco del XVIII en el que destaca la Anna Amalia Bibliothek o Akademie, donde están guardados los más antiguos archivos de la obra de Goethe, y que un año después ardieron cuando se encontraban en pleno traslado por el inicio de las obras de restauración del centro.

A las 17h30 salimos hacia Erfurt por la B7 con un cielo limpio y restelleante. 8 km más al norte, se encuentra el campo de concentración nazi de Buchenwald, donde fueron exterminadas miles de personas, pero creemos que después de Berlín no es el momento.

Llegamos a la capital del condado, Erfurt, 210.000 habitantes, a las 18h15 y buscamos su anunciado aparcamiento de autocaravanas. No es cosa de aparcar cerca del Krämer-brücke o de la Fischmarkt. El aparcamiento está situado en una vía lateral de servicio de la gran Avenida Juri Gagarin Ring, lo que ya nos da una idea de dónde nos encontramos. Aparece poco después del puente sobre el río Gera, a cuyos lados se extiende el centro de la vieja ciudad. Fué lo mejor que encontramos después de un infructuoso paseo por barrios residenciales al norte de la Juri Gagarin, característicos de la antigua Alemania del Este, construidos con bloques de los años 60, como en la Karl Marx Alle berlinesa, de disciplinada homogeneidad dimensional y material, monotonía cromática y prefabricación pesada en mal estado de conservación.

Debemos cambiar el sentido de la marcha para meternos en la Johannesmauer, un amplio aparcamiento para camiones y autobuses con una zona reservada para autocaravanas. Se ve que las calles con terminacion Mauer nos van como anillo al dedo. Es una zona bastante ruidosa y flanqueada por enormes edificios de viviendas, pero está marcada como zona de aparcamiento para autocaravanas. En el momento de nuestra llegada ya hay una autocaravana alemana aparcada. Pero el sitio reservado para nosotros no sirve para nada, está en un estrechamiento de calzada y es un peligro para la circulación y para los que estén aparcados.

Aplicando la lógica intuición latina, yo salgo y aparco en el enorme aparcamiento en batería para autobuses y camiones al lado mismo de la zona reservada para las autos. Al llegar, sólo hay un camión aparcado, y nosotros decidimos aparcar a su lado, por seguridad y por sentido común. El alemán que está aparcado en la zona reservada para autos (sólo aparcamiento porque de servicios, nada de nada) me mira como diciendo que no entiende que se pueda aparcar donde indican las señales, estrechando la calzada y en plena vía, y yo le respondo por signos que estando el resto del aparcamiento libre no debería quedarse donde está. Como buen alemán, no se mueve del sitio. Nosotros pasaremos la noche solos en medio de un aparcamiento vacío. Estos teutones están genéticamente construidos para obedecer sin rechistar.

La verdad es que la antigua Alemania del Este que nosotros estamos viendo no destaca por tener instalaciones mínimamente funcionales para las autocaravanas. Como mucho, no te prohiben aparcar, pero las instalaciones para tomar agua o descargar grises brillan por su ausencia. Aquí rige el ¡arréglate como puedas! más o menos como en España. Veremos si, ya de nuevo en la Alemania desarrollada, los servicios, aseos o zonas específicas para autos son más generosas y abundantes en el país primer productor de autocaravanas de Europa.

Erfurt es hoy un importante centro horticultor y agrícola en cuya antigua Universidad, fundada en 1392, estudió Martin Lutero, hasta que la armó. Desde el aparcamiento, inmersos en un escenario arquitectónico sin matices ni ambages, iniciamos un tranquilo paseo por la Johannesstraße y las cuidadas calles del ensanche hacia el centro de la ciudad histórica. Entonces todo cambió. Entre una notable y sorprendente animación callejera, como unos paseantes más, llegamos hasta la plaza del Krämerbrücke, el puente de los mercaderes, construido en 1325, que cruza el río Gera y es una de las estructuras más interesantes de Erfurt, bordeado por preciosas casas habitadas de entramado de madera apoyadas sobre el tablero del puente. Es como el Ponte Vecchio de Florencia pero sosteniendo una estructura medieval de entramados de madera. Descansamos en una de las pobladas terrazas de la Fischmarkt, la pequeña plaza del mercado, con su formidable Ayuntamiento neogótico que domina la plaza rodeada de casas de diversas épocas. La visión del fantástico edificio del Rathaus nos ayuda a comprender mejor la dura historia de esta parte de Alemania.

Al regresar al aparcamiento, cruzamos el río por la calle interior del Krämerbrücke. Los vecinos han sacado sus mesas, sillas, y menaje para organizar una cena multitudinaria en plena callejuela peatonal. Una larga mesa ocupa toda la calle interior del puente, y entre platos y vasos, la cerveza ocupa un lugar destacadísimo. Se está montando una Erfurter-biergarten-fest vecinal de muy padre y señor mío.

El paseo nos ha permitido ver el viejo barrio comercial y la Anger, la plaza peatonal del mercado, la zona comercial más importante de Erfurt, flanqueada por mansiones decimonónicas y galerías comerciales cuyo adoquinado está atravesado por tranvías que circulan a toda pastilla. Al fondo, se ven las dos colinas de la ciudad.

Nos ha gustado Erfurt. Vale la pena. Está muy animada, en contraste con el Wittenberg de ayer. En la terraza del Fischmarkt, frente al imponente Rathaus, trazamos ya el plan de ruta del regreso. Decidimos descansar en un camping después de Mainz y antes de la ruta del valle del Rhin, y así adelantar algo los días de regreso para estar con nuestros amigos Oscar y Salud en lo que entre nosotros ya conocemos como Área Salud, en Santa María del Mar, Avilés. Nuestra intención es llegar a casa el 16 de agosto, evitando el regreso masivo del día 15.

Nos preparamos para atravesar mañana la Selva de Turingia.



Resumen etapa: Distancia recorrida: 245 km Acumulados: 3.183 km

 
Jardines de Wörlitz Park
Jardines de Wörlitz Park
Un sueño cumplido. El autor ante la Bauhaus de Gropius, en Dessau.
Un sueño cumplido. El autor ante la Bauhaus de Gropius, en Dessau.
El Krämerbrücke, el puente de los mercaderes, de Erfurt
El Krämerbrücke, el puente de los mercaderes, de Erfurt
Frankfurt, 5 Agosto. Día 10
Erfurt- Ilmenau- Eisenach- Wartburg- Frankfurt am Main: 377 km

   

El objetivo de hoy es recorrer tranquilamente la Thüringer Hochstrasse. Un entorno natural donde aún no habría llegado el aluvión occidental.

Antes de marchar, nos despedimos de esta curiosa ciudad dando un rápido paseo hasta la plaza central, el Anger donde circulan veloces los tranvías, para comprar pan fresco y conocer la situación de los servicios sanitarios públicos de la Alemania oriental. Pasa como con las carreteras, no son lo mismo. Hay una notable actividad a estas horas de la mañana, con los tranvías yendo y viniendo llenos de gente. Cuando pasamos de nuevo por el Krämerbrücke ya no queda nada de la algarabía de ayer, con el vecindario en la calle preparando el banquete. Ahora sólo los turistas y los paseantes ocupamos la calzada y los jardines de este espléndido lugar.

Salimos de nuestro aparcamiento a las 10h00, sin rastro del alemán de ayer. Curiosamente cuando vamos a salir, aparece una autocaravana inglesa que hace lo mismo que nosotros ayer tarde. Se dirige a la zona de autos. Se detiene, sale, controla lo que pasa alrededor, entra de nuevo en la auto, arranca y se pone a nuestro lado, donde ya estamos calentando motores. Cuando arrancamos, una segunda autocaravana aparca a nuestro lado. Todos extranjeros. Es el reflejo del sentido común frente al espíritu normativo y disciplinado de los germanos.
Salimos de Erfurt por el Stadtring para coger poco después la A71 que abandonaremos poco antes de Ilmenau, donde empezamos la ruta de la selva de Turingia, la Thüringer Wald.

Es Turingia una región de abadías medievales, castillos y pueblos tradicionales alemanes. La selva de Turingia, al sur, es zona montañosa de tierras altas pero suaves, cubierta de bosques de coníferas, hayas y robles y atestada de ruinas de castillos a punto de despeñarse. Y se ven, pero no en las mejores condiciones.

Nuestra idea inicial es llegar hasta la bellísima fortaleza de Wartburg en cuyo aparcamiento intentaríamos pernoctar. Pero iniciado el camino de la Thüringer Hochstrasse vemos que habrá que hacer menos paradas de las previstas. El día está pesadísimo, con un calor sofocante, y no se ven sitios dónde detenerse cómodamente. Pasamos de ver las numerosas estaciones de salud y de deportes de invierno que salpican este paisaje de media montaña, como Ilmenau (sitio preferido de descanso de Goethe), Oberhof, situado a 800 metros de altitud, y que es el centro de descanso y de deportes de invierno más importante de la Selva de Turingia, y Steinbach, dejándonos llevar por la estrecha carreterra que cruza el Rennsteig y serpentea entre el Spiesberg y el Regensberg, las crestas de la Selva de Turingia, entre zonas de praderas y lagos de montaña.

La Thüringer Hochstrasse, un circuito de montaña de 160 km de longitud nos lleva poco a poco al alto del Groser Finsterberg, donde paramos para ver el espléndido paisaje que se divisa de los bosques de Turingia. Nos recuerda vagamente el alto del Kandelpass en la Selva Negra. Seguimos la ruta prevista, salpicada de pueblecitos y asentamientos con casas unifamiliares en obras de renovación (se están modernizando, es indudable) y con las calzadas constantemente interrumpidas por obras. En estas condiciones de para y arranca se hace pesado el seguir con interés la ruta programada. Además es difícil encontrar sitios adecuados para aparcar un instante y hacer la foto de rigor o ver cualquier bagatela que llevarse de recuerdo. Durante el trayecto pasamos a la vera de Kleinschmalkalden, un afamado pueblecito de casas entramadas con un palacio renacentista, y una antigua fundición de 1835.

Estos alemanes orientales la verdad es que lo tienen más difícil que sus colegas occidentales. Aquí hay que buscarse la vida como puedas. No hay tantas facilidades como en la zona occidental. Nos desviamos de la ruta para ver las Trusetal Wasserfall, unas cascadas artificiales por las que, precisamente por esa razón, me sentía atraído. ¿Cómo se pueden hacer unas cascadas artificiales y ser del gusto de la gente? Nos quedamos con las ganas de saberlo porque fue imposible parar. Cientos de alemanes occidentales y de italianos impedían conseguir un hueco en el único y escaso aparcamiento de la zona. Damos la vuelta y las vemos sobre la marcha ya que la carretera pasa frente a la cascada. Una caída artificial de agua en un entorno natural de espesos bosques caducifolios y atestado de turistas. Me pregunto que demonios hacíamos todos por aquí. En mi pueblo, a 8 km de Noia, hay unas cascadas naturales, las Fervenzas de Santa Leocadia, que tienen mucho más encanto natural, y a buen seguro que ninguno de los allí aparcados conocen. Y ya no digamos la del Monte Pindo, la única cascada del mundo que cae al mar a golpe de decreto todos los domingos del verano.

Camino del Kleinschmalkalden y Brotterode paramos en el aparcamiento situado al pie del sendero al alto del Groser Inselsberg (982 m). Nos costó 2 euros y pudimos comer tranquilamente aparcados antes de iniciar la ascensión, aunque no había ni rastro de grifos ni de agua. Al estar a 130 km de la salida de Erfurt, es un buen lugar para parar, iniciar la subida y después comer a la vista del paisaje.

Curiosidades de la zona para nosotros los autocaravanistas:
1) En esta parte de Alemania oriental hay tubos por un tubo. Toda calzada, travesía o calle está en obras de urbanización, colocando nuevas redes de alcantarillado y de suministro de agua.
2) En sitios públicos, no es fácil encontrar contenedores de basura. En este aparcamiento, con capacidad para unos 600 coches, no había ninguno. Nos consolamos al menos esperando en poder colocar nuestros residuos en el próximo pueblo de Tabarz.

Subimos al Gross Inselsberg en una hora, una tachuela de dominguero por la que se llega al observatorio a cuya vera hay un mirador desde el que se tiene una alargada visión del paisaje de la Thuringenwald. A las 16h30 bajamos hacia Tabarz. Poco después llegamos a Eisenach, una ciudad situada al pie de la colina que corona la imponente fortaleza de Wartburg, que tuvo una notable influencia en el medievo, como atestiguan los restos de las fortificaciones de finales del XII, así como por ser lugar donde vivió Martín Lutero cuando era estudiante de latín y el lugar donde se cree que nació Juan Sebastián Bach. Hay poco hueco para aparcar y vemos difícil encontrar un sitio para dormir, por lo que decidimos seguir hasta la fortaleza. A las 17h00 llegamos a la Fortaleza Wartburg.

El aparcamiento, situado a los pies de la Wartburg, es un lugar cómodo para las autocaravanas, pudiendo aparcar 10 ó 12 cómodamente en el óvalo final. De aquí parte un camino que en 10 minuten nos coloca en la fortaleza, en cuya entrada peatonal algunos turisten no resisten la tentación de aparcar sus nuevos y relucientes coches occidentales. La visita vale la pena, especialmente la muralla y los saledizos de madera entramada que coronan sus gruesos muros. Una imponente fortificación de carácter romántico, con muralla encalada rematada por un sutil alero contínuo entramado que le da un aspecto poco defensivo, sin matacanes ni barbacanas. Una vez traspasada la puerta, se accede al patio y a las construcciones que lo bordean. Al final se encuentra el castillo, de finales del s. XI, que después se fue ampliando con edificios construidos en diferentes épocas y cuya torre vigía, rematada por la bandera tricolor, tiene un mirador accesible desde el que se contempla una visión panorámica excelente de la ciudad de Eisenach y del bosque de Turingia. En una de las diminutas casas que bordean el perímetro de la fortaleza se refugió Lutero en 1521 y vivió y trabajó en ella durante 10 meses traduciendo el Nuevo Testamento al alemán.
Cuando salimos, nos sentamos en el pequeño mirador del saledizo entramado de la galería que corona la muralla. La vista es espléndida, y el denso paisaje boscoso vuelve a recordarnos a la Selva Negra. A la vista de lo singular del emplazamiento de esta magnífica fortaleza se entiende mejor porque Luthero escogió este lugar para escribir sus primeros trabajos sobre la Biblia.

Regresamos por el mismo camino de la A4. Decidimos que, después del buen gusto que nos ha dejado la fortaleza Wartburg, poco puede ofrecernos Eisenach, por lo que decidimos ganar camino y pasar la noche en Frankfurt. Para conseguir llegar a Frankfurt antes del anochecer tenemos que renunciar a ver Alsfeld, cuya imagen de la casa con las dos agujas es una de las más reconocibles de Alemania y que a mí me ha recordado siempre las excelentes maquetas alemanas de los trenes.

El viaje está siendo hasta ahora esencialmente un itinerario que hilvana grandes ciudades y burgos importantes. Queremos seguir ese hilo. Nos dirigimos a Frankfurt, una ciudad de 660.000 habitantes con la intención de aparcar en el centro de la ciudad, a ser posible en el barrio del “Mainhattan”, para darnos el lujazo de cenar como Dios manda y pasear después por las calles más céntricas de esta ciudad cosmopolita. Tenemos claro que en nuestra estancia en Frankfurt sólo podremos visitar el centro y ver las torres de Helmut Jahn y Norman Foster, como muestras más representativas del “Mainhattan”. El centro se encuentra protegido frente al avance de las construcciones comerciales modernas por una franja verde a modo de corona estrellada. Nos parece que esta zona verde arbolada tiene pinta de ser un buen sitio para aparcar y pernoctar: Taunusanlage, Landstraße, Hochstraße, etc.

Lo intentamos, aunque esta vez no ha sido tan fácil como en Berlín. Damos un par de vueltas por los alrededores de la estación ferroviaria, la Hauptbahnhof. En el aparcamiento de la estación no hay ninguna posibilidad y hay demasiado follón. Cuesta lo suyo hasta que, metidos en la avenida Mainzer LandStraße, decidimos meternos por las calles que bordean el parque de Taunusanlage, al oeste del centro urbano. Estamos rodeados de edificios de oficinas por un lado y del parque por el otro. Por fin, a las 21h00 conseguimos aparcar en un sitio magnífico, en el mismo centro del “Mainhattan” casi al pie de la Torre del Commerzbank de Norman Foster, en la calle MarienStraße, calle en “L” que la convierte en una calle secundaria, de escaso tráfico y muy, muy tranquila aunque con algo de peralte hacia el bordillo. Guiado por los consejos de Arsenio y compañía, no calzo la autocaravana, porque no quiero dar motivos a nadie, aunque no sé porqué estoy convencido que por esta zona nadie conoce las reglas de oro de todo buen autocaravanista. La MarienStraße une por el interior la esquina entre LandStraße y Taunusanlage, que es un cinturón verde entre la ciudad anterior a la contienda y el ensanche de la postguerra. Es un parque de tamaño generoso, salpicado de esculturas de hombres de la música y de la literatura alemanas como Goethe, Schiller, Heine o Beethoven. Nosotros descansaremos hoy a la vera de Beethoven.

Contradicciones de la vida de una gran ciudad. Estamos en un sitio tranquilo, pero rodeado de bancos, de oficinas, de jóvenes ejecutivos y de cámaras de vigilancia. Estamos bien protegidos. Nuestra presencia no provoca ninguna curiosidad y nos sentimos muy bien por ello. No está prohibido aparcar y está libre de pago hasta mañana a las 8h30. La otra contradicción es que mientras esta noche nosotros podemos descansar frente a uno de los templos del mercado financiero mundial sin que nadie nos diga nada, en otros lugares que por aquí nadie conoce, amigos autocaravanistas son molestados o expulsados por la autoridad municipal porque somos un modo de turismo pobre.

Aunque ya está anocheciendo, vamos a pasear por la ciudad empezando en la Opernplatz, la plaza del Alte Oper o antiguo Teatro de la Ópera, reconstruido en estilo renacentista italiano como centro de conferencias, en una de cuyas terrazas al aire libre cenamos rodeados de gente elegante. ¡Qué le vamos a hacer! Una temperatura espléndida y un ambiente muy “europeo” para una cena agradable y de no mal precio tratándose del centro de la Europa de las grandes decisiones económicas: 27 euros por los dos. Después de la cena, bastante tarde para lo que se estila por aquí, nos damos un paseo hasta la Hauptwache y sus calles más céntricas, en medio de un animado ambiente callejero.

Algo más arriba aparece la Eschenheimer Turm, una torre situada en el cruce con HochStraße, que es una reliquia de las fortificaciones medievales de la ciudad. Es parte de la silueta típica del antiguo Frankfurt que quedó después de la Guerra. Caminamos cada vez entre menos gente frente a la Hauptwache, antiguo cuartel del XVII que se desmanteló durante las obras del metro, y volvió a reconstruirse como café y popular centro de reunión. Despedimos la noche paseando por la Zeil, la arteria comercial con mayor volumen de negocios de Alemania hasta la Konstabler Wache. Un paseo muy cosmopolita, durante el que oímos hablar en todas las lenguas, y donde parecen dominar los jóvenes becarios. La verdad es que la ciudad “huele” a dinero y prensa por todas las esquinas.

Cuando llegamos a la autocaravana son las 23h00 y la temperatura es de 31º. Dormimos como si estuviéramos en la Costa Brava, con un calor agobiante.



Resumen etapa: Distancia recorrida: 377 km Acumulados: 3.560 km

 
Muralla de la fortaleza Wartburg, sobre la ciudad de Eisenach
Muralla de la fortaleza Wartburg, sobre la ciudad de Eisenach
Aparcados en MarienStraße, Frankfurt, en pleno corazón financiero de Europa.
Aparcados en MarienStraße, Frankfurt, en pleno corazón financiero de Europa.
Rüdesheim, 6 Agosto. Día 11
Frankfurt am Main- Mainz (Maguncia)- Rüdesheim am Rhein: 83 km

   

La ciudad de Frankfurt, capital del estado de Hesse, situado en el corazón del país, destaca sobre todo por ser el centro financiero de la Unión Europea, la Feria del Libro más grande del mundo y uno de los mayores aeropuertos de Europa. El objetivo de hoy es ver el corazón financiero y comunicacional más próspero de Alemania, y comprobar cómo se siente uno bajo las sombras de los rascacielos del “Mainhattan”. También lo será descansar de tantos días de trajín urbano, razón por la que creemos que ha llegado el momento de no hacer nada en algún camping con encanto a las orillas del Rhin.

Pagamos 4 euros por el derecho de aparcamiento en la zona azul, ya que tenemos prevista la salida a las 11h30 más o menos. Lo primero que pretendo hacer es acercarme a la Torre del Commerzbank de Sir Norman Foster, para ver desde dentro, si es posible, la calidad de su propuesta de atrio triangular de una descomunal altura.

En esta ciudad, la mayor parte de sus edificios fueron arrasados en la II Guerra Mundial, y sólo se reconstruyeron algunos de ellos. Queremos visitarlos y para ello nos dirigimos al centro de la ciudad antigua, la plaza del Römerberg, que alberga la Gerechtigkeisbrunen (fuente de la justicia) y el Römer, que debe su nombre a los restos de un antiguo asentamiento romano. El Römer es un complejo de casas anteriores al s. XV que forman el Altes Rathaus, todas ellas reconstruidas tras la Guerra. Frente al viejo ayuntamiento se elevan un grupo de casas reconstruidas de muros de entramado de madera denominado “Ostzeile”, hoy uno de los símbolos de Frankfurt. Frente a ellas la iglesia de san Nicolás envuelta en lonas que ocultan los andamios. Todo este conjunto forma la plaza del Römerberg. Frente a la Catedral, la Kaiserdom, vemos los muros de mampostería romana del campo de excavaciones arqueológicas en el que se han encontrado restos romanos y de la época carolingia.

Abandonamos la plaza del Römerberg y enfilamos nuestros pasos hacia el río Main. Vemos el nuevo edificio (1972) del Historisches Museum, que expone una mezcla un tanto desordenada de fragmentos arquitectónicos procedentes de los edificios destruídos durante la II Guerra Mundial.

Para pasar a la orilla izquierda del Main, cruzamos el Eisener Steg, un espléndido puente metálico desde el que es posible ver el skyline de la ciudad, dominada por la torre del Commerzbank. Se trata de un puente peatonal al que se accede tras una puerta, en cuyas jambas figuran las marcas con la altura que el nivel del río alcanzó a lo largo de su historia. Algunas resultan increíbles. Vamos hacia la Ribera de los museos con el único fin de comprobar si está abierta la iglesia de St Leonhardkirche y poder ver una copia de la Última Cena de Leonardo da Vinci, pintada por Hans Holbein en 1501. No pudimos hacerlo en Florencia en su día y pretendía sacarme la espina. Misión imposible, ya que la iglesia está cerrada. Esto daría para mucho más, pero tomamos el camino de regreso hacia el barrio de los negocios, para ver la torre del Commerzbank.

Para conocer la materialización de la prosperidad económica de la ciudad es imprescindible ver el perfil del Mainhattan y pasar bajo la silueta de la sede del Commerzbank de Norman Foster, que es hasta la fecha el más alto edificio de oficinas de Europa. Está muy cerca de la Goethehaus, la casa familiar de Goethe, reconstruída tras la II Guerra Mundial. Subimos la impresionante escalinata exterior. Me permiten franquear el vestíbulo, un atrio de la altura equivalente al tercio de la altura del edificio, impresionante. A través de él accedo a la zona de servicios para el público y allí aparecen las toilettes, tan impresionantes como el vestíbulo, pero a escala más pequeña, claro. Gratis total. Mi reconocimiento al papel de Foster en la evolución y desarrollo de la nueva arquitectura high-tech es más sincero y honesto que nunca. Regresamos hacia nuestro refugio paseando entre los jardines del Taunusanlage entre grúas, rascacielos, magníficas villas burguesas, emblemas del euro y amplios jardines y esculturas de personajes ilustres de la cultura alemana. Cuando divisamos a Goethe y a Beethoven, sabemos que ya estamos en casa.

Hemos terminado nuestra estancia, tranquila y sosegada, en esta gran ciudad sin ningún inconveniente ni incidencia como las que solemos encontrarnos en lugares más remotos y mucho más necesitados de visitantes que Frankfurt. Decidimos parar en alguno de los campings que pueblan el Rhin porque nos apetece descansar y además hay que hacer algo de colada. Los primeros campings que veremos están en Geisenheim, o en Rüdesheim am Rhein. Caeremos en el que más nos guste.

Arranchamos todo debidamente y salimos de MarienStraße a las 11h45 con destino a Mainz, Maguncia, cerca ya del Rhin. Hay que salir tomando la ruta del aeropuerto, hacia la A3, y hoy es viernes. Vamos tranquilos ya que tenemos tiempo suficiente. Tenemos 49.424 km en el marcador, y llevamos 3.560 km de viaje.

Después de un terrorífico viaje por las tramposas autopistas alemanas (por la A3, A67 y A60) en las que empleamos casi 2 horas para andar 30 km, llegamos a las 13h30 a la Fischtorplatz de Mainz (Maguncia) donde aparcamos a la sombra de un plátano inmenso y sin problemas de espacio pese a estar en el centro. El aparcamiento, muy bueno y sin restricciones, cuesta 1,40 euros la hora, está a la orilla del río y muy cerca de la Catedral de Mainz, auténtico objeto de la visita. Mientras preparamos la comida le doy vueltas a lo vivido este mediodía. Esto de las autopistas alemanas se lo tienen que hacer mirar. Abandonar el puente sobre el Maine en Mainz, con un solo carril practicable por estar pintando las líneas blancas de los otros tres carriles, un 5 de Agosto, con casi ningún trabajador trabajando, es para cesar automáticamente a los responsables públicos y a los técnicos encargados de dichos trabajos. Recuerdo las viñetas de “Astérix en Hispania” en las que un trabajador va piconeando con desgana adoquines mientras un cartel decía “vía en obras”. Esto es peor. Reducen el ancho de la calzada por unas obras intrascendentes en las que nadie trabaja, causando unas retenciones memorables.
Comemos en la autocaravana, a la sombra y con el característico perfil rojizo del Dom de fondo. A las 15h00 salimos a visitar la ciudad. El calor es sofocante, casi insoportable.

Mainz, capital de Renania-Palatinado, y con 186.000 habitantes, es, como tantas ciudades al pie de grandes ríos, una ciudad de primer orden debido a las facilidades de comunicación y las transacciones comerciales que el control del río ofrecía ya en la alta Edad Media. Y aquí comercio significa vino y vino significa negocio desde la época de los romanos, que de esos placeres de la vida sabían bastante.
Vamos por FischtorStraße hasta el Dom, la peculiar catedral construída entre 975 y 1236, en piedra arenisca roja, también llamada Kaiserdom, uno de los mejores y más completos ejemplos de arquitectura románica, conservada en su integridad hasta nuestros días. La parte oriental, con las torres redondas, es la parte más antigua, de principios del XI. Entramos en el interior porque además del interés propio de la nave principal, con columnas prismáticas simples y vanos policromados, del crucero y de las bóvedas románicas de las naves laterales, hacía una fresquito que daba gloria bendita. Todo el centro antiguo gira alrededor del Dom y de la heterógenea plaza del Markt, salpicada de construcciones comerciales sin rigor ni estilo al lado de obras de la época del románico y del Renacimiento. En una de ellas Dora compra un vestido de verano con la esperanza de que éste, el verano, ya no va a abandonarnos.

Llegamos bajo un sol justiciero a la Gutenbergplatz, donde además de la estatua del inventor de la imprenta moderna, nacido aquí, y del Gutenberg-Museum que ofrece una reconstrucción del taller en el que inventó la imprenta de tipos metálicos móviles, está marcado en el pavimento el paralelo 50. No muy lejos, discurre la calle Kirschgarten, una de las zonas más bonitas y agradables del casco antiguo, a pesar de los graves daños causados por los bombardeos aliados de la II Guerra Mundial. Conserva casas históricas con recargados muros entramados de madera de los siglos XVI y XVII. Finalmente, para darnos un baño de modernidad, paseamos por la Augustinerstraße, que arranca de la plaza de Kirschgarten, que está poblada de tiendas de moda y restaurantes típicos deutschland.

Intentamos tomar algo del aire fresco que desprenden las aguas del río en su rápido movimiento pero no vemos la manera de vencer el calor. A las 17h10 salimos hacia Rüdesheim am Rhein atravesando el río Maine, casi en la confluencia con el Rhin, por el impresionante Theodor Heuss-Bruckë, puente metálico de 5 vanos y pilas de piedra arenisca rojiza y tajamares imponentes. El tránsito no es tan complicado como el del mediodía, pero cuando la A66 se transforma en la carretera B42 ya le llega. Nos sorprende la repentina aparición de parafernalia americana: coches grandes, todoterrenos inmensos, banderas por doquier. Sin saberlo estamos cerca de bases militares norteamericanas.

Nos encontramos bordeando la orilla derecha del Rhin por el Rheinweg, una carretera turística con un tráfico tremendo. Paramos en Geisenheim. Nuestra intención es abandonarnos en uno de los dos campings que parecen tener mejor pinta: el Geisenheim am Rhein en Geisenheim, o el Richter Campingplatz am Rhein en Rüdesheim am Rhein. Aunque ambas poblaciones a orillas del valle central del Rhin están una a continuación de la otra, Rüdesheim tiene mejor pinta, y el camping, también. Decidimos quedarnos en el Richter Campingplatz am Rhein a pasar el fin de semana. Debemos lavar la ropa que ya rebosa por los arcones, cargar la batería que buen trabajo ha hecho hasta ahora y abandonarnos al descanso. En el camping, modesto a pesar del entorno un tanto apabullante, predominan las Hymer y todas, todas, tienen antenas parabólicas o planas marca Kathrein-MobiSat. Habrá que preguntar a los especialistas porqué.

Llegamos al camping con 49.507 km. en el marcador después de 3.643 km. de viaje. Hoy hemos tenido una corta etapa de tan sólo 83 km pero con la media seguramente más baja de todos los viajes hechos hasta ahora. Una vez instalados en la parcela, nos dedicamos a limpiar el morro de la auto, ensangrentado por los restos de los cadáveres de esos pequeños monstruos llamados insectos. La clave del Dora´secret: agua templada con Pril, y un poco de esfuerzo. Salen



Resumen etapa: Distancia recorrida: 83 km Acumulados: 3.643 km

 
El autor sobre el Eisener Steg con el Commerzbank de Foster al fondo
El autor sobre el Eisener Steg con el Commerzbank de Foster al fondo
Paseando bajo el fuego en Maguncia
Paseando bajo el fuego en Maguncia
Dora refrescándose a la orilla del Maine
Dora refrescándose a la orilla del Maine
Rüdesheim, 7 Agosto. Día 12
Descanso en el Camping Richter en Rüdesheim am Rhein

   

Por la mañana ponemos en orden la autocaravana. Limpieza general. Después, sacamos las bicis y nos fuímos a ver el pueblo de Rüdesheim am Rhein. Todo un descubrimiento. Pertenece al World Heritage Site, y es realmente un bonito y típico pueblo alemán que mira al gran río desde hace 2000 años, cuando los romanos cultivaban viñedos en sus soleadas laderas.
Compramos regalos para Oscar y Salud, y regresamos al camping. La paella que nos comemos nos traslada aromas de casa y de nuestro país, tan distinto.
En nuestra zona, 10 autos. De éstas, 8 Hymer, 1 Frankia, 1 Hobby. Esto es tierra conquistada.

Un detalle curioso: estos alemanes tienen un comportamiento extraño con la basura, porque cuesta muchísimo encontrar los contenedores públicos. En Köln, me costó un buen viaje a lo largo del Deutz. En las calles de Berlín fue complicado, al final a la papelera. En Hannover sólo vimos contenedores de vidrio. En Mainz, también a la papelera. En Frankfurt ni te cuento. En Wittenberg estaba algo más claro y tenían contenedores, aunque pequeños, en el aparcamiento. En Erfurt, a la papelera. No tengo claro porqué.

La comida fue excelente y el tiempo también. Por la tarde cojo la bici y me voy río abajo para matar el tiempo y avanzar la excursión de mañana. Aquí ir en bicicleta es posible porque estamos en una parte de esa Europa civilizada y respetuosa que piensa que la bicicleta es un maravilloso instrumento para conocer apaciblemente territorios nuevos. Pero hay que tener cuidado porque la B42 no es una carretera holandesa, con carril bici independiente, sino una sóla calzada para todos Aunque los nativos son muy respetuosos con los ciclistas, debo ir con cuidado.

La carretera pasa a los pies de viñedos cultivados en terrazas, donde se creó el vino Riesling. En lo alto, las ruínas del castillo de Ehrenfels, desde donde se controlaba el peaje de los barcos que surcaban el río. Por doquier aparecen aldeas y castillos con sus viñedos entre escarpados peñascos rocosos. Esta zona del río, la conocida como la zona romántica de curso medio del Rhin posee, especialmente entre Rüdesheim y Coblenza, más castillos que cualquier otra región del mundo.

Llego hasta Assmanns-Hausen, para fotografiar y contemplar la curiosa torre de Mäuseturm (torre de los ratones), emplazada sobre una isla en medio del cauce del Rhin, las ruínas del castillo de Ehrenfels y el castillo de Burg Rheinstein, en la otra orilla de este hermoso valle del Rhin. Al final de la aldea vinícola de Assmannshausen, se levanta un Gasthaus espectacular, blanco, con masas florales en sus balcones y una rotunda y hermosa parra sobre la terraza en la que todos parecen estar disfrutando de uno de los mejores vinos borgoñeses tardíos, el Spätburgunder. Enfrente, sobre un picacho rocoso se contempla el castillo de Rheinstein, un antiguo castillo imperial aduanero.

Regreso al camping con precaución. Han sido 15 km. en total. Al llegar al camping arrancho las bicis en la que será la última operación de recogida del viaje. Este año la relación viaje-bicicletas ha sido extraordinariamente útil, imprescindible para ver todo lo que hemos visto gracias al magnifico tiempo que nos ha acompañado.

Una vez colocadas las bicis, salimos Dora y yo caminando por la RheinStraße, un paseo que junto con la vía del ferrocarril, sigue el curso del río. De la calle-carretera parten todas las callejuelas transversales, entre las que destaca la Drosselgaße, un callejón adoquinado lleno de tiendas, algunas con objetos bellísimos y muy caros, lo suficientemente estrecho como para crear un ambiente animadísimo y que, por cierto, desprendía un nivel de renta por encima del turisteo normal. Los cruceristas, de todas las edades aunque muchos de ellos ya no estaban para ir contracorriente, llegan por oleadas y llenan restaurantes, pizzerías y tiendas de souvenirs, excelentes y muy caras, entre las que nos llamó la atención las “Käthe Wohlfahrt” en Herrngaße 1, dedicadas a la imaginería navideña artesanal, con piezas verdaderamente extraordinarias. Nos llevamos de recuerdo una luna en cuarto menguante para colgar de la ventana en Navidad para recordar lo bien que lo pasamos cuando estuvimos aquí.

Cuando regresamos, el tiempo amenaza tormenta así que recogemos rápidamente el tenderete: sillas, mesas y el aerotex para que no tengamos que guardarlo mojado. El camping ha estado bien. Está situado a un paso del pueblo, en un parque de ocio al borde mismo del Rhin, y desde el que puede irse caminando cómodamente al centro del pueblo, un hermoso y animado pueblo de verano, ciertamente.

Llamamos a Ana, que está camino de San Sebastián para encontrarse con Arsenio, y quedamos de hacer lo posible por vernos en la finca “Salud” en Avilés.



 
Acampados en el Richter Campingplatz am Rhein en Rüdesheim am Rhein
Acampados en el Richter Campingplatz am Rhein en Rüdesheim am Rhein
La carretera B42, una carretera de cuidado para las bicicletas
La carretera B42, una carretera de cuidado para las bicicletas
El Rhin con la curiosa torre de Mäuseturm (torre de los ratones)
El Rhin con la curiosa torre de Mäuseturm (torre de los ratones)
El Gasthaus de Assmannshausen
El Gasthaus de Assmannshausen
Hatzenport, 8 Agosto. Día 13
Rüdesheim am Rhein- La Loreley- Koblenz (Deutsches Eck)- Hatzenport: 145 km

   

El plan de ruta previsto para hoy es recorrer el valle del Rhin hasta Koblenz, siempre rodeados de viñedos y castillos. Podremos así realizar lo que no pudimos hacer cuando en el año 1993 nuestras hijas se nos rebelaron y se amotinaron impidiéndonos conocer los valles del Rhin y del Mosa. Ahora, que ya no vienen con nosotros, llega la hora de la venganza.

Hoy es domingo, mal pronóstico. Salimos del camping a las 10h30 llenos de agua fresca, limpios de aguas grises y con la batería cargada a tope. Escogemos la orilla derecha del Rhin. Nos sentimos como Goethe cuando en 1774 realizó un viaje por el Rhin, introduciendo así la época del romanticismo. Sobre las suaves laderas se alternan los viñedos, los bosques, las rocas escarpadas y los castillos encaramados sobre espolones rocosos que se elevan entre los viñedos. En los tramos soleados, las bancadas trepan sobre las laderas donde crece el mejor vino (es la cuna del Reisling), en el resto, lo que abunda es el bosquete, denso y verde, ofreciendo una imagen relajante de un territorio inteligentemente colonizado.

Sobre la otra orilla vemos pasar los castillos de Burg Rheichenstein, las ruínas del de Fürstenberg y la pequeña ciudad de Bacharach en cuya ribera se ven una hilera de autocaravanas aparcadas con los toldos desplegados, por lo que suponemos que debe tratarse de un área de autocaravanas. Desde que salimos, camino de Lorchhausen y de Kaub, el encajonamiento del curso del río impide disponer de espacios amplios en la carretera donde poder parar. Hay que aprovechar los desdoblamientos de antiguos trazados de la primitiva carretera y alguna parada de bus para aparcar y poder observar la belleza del lugar…. y la fuerza de la corriente, verdaderamente extraordinaria. Frente a una de estas paradas, en Kaub, se alza un islote en medio del río con un antiguo bastión aduanero, llamado Pfalz, que parece una cabina de peaje fluvial, pero del s. XIV.

Llegamos a la Loreley, un peñón pizarroso antes de St. Goarshausen, una roca, al parecer legendaria, que se adentra en el río y que estrecha su cauce convirtiéndolo aquí en su tramo más angosto. Al reducir el cauce, aumenta la corriente, provocando rápidos y remolinos que deben hacer más difícil su su navegación. Desde luego no es Sorstraumen, y todo lo que se dice sobre la temeraria aventura que suponía atravesar este paso hasta el s. XIX es literatura y leyenda. Pasan gabarras enormes a tope de carga y ni se inmutan. ¡Sabrán éstos de temporales!

No vemos un sitio para detenernos. Al parecer hay un aparcamiento a orillas del río, a los pies de la Loreley, desde el que puede subirse hasta el mirador por un camino de escaleras, pero nosotros no lo vimos. En St. Goarshausen cogemos una carretera que nos lleva a la cima del picacho. Llegados a lo alto de la peña Loreley nos desesperamos porque siendo domingo, no hay posibilidad de encontrar un hueco para aparcar en el único aparcamiento existente para los visitantes y desde donde podríamos alcanzar los miradores, llamados Loreley-Plateau, que permiten ver uno de los paisajes más famosos de Alemania. Maldiciendo a todos los domingueros que esperan al acecho del hueco repentino, volvemos de nuevo a St. Goarshausen. El río baja por aquí impetuoso, con mucho caudal y una velocidad que estimo de 4 a 5 nudos, y que ayuda o dificulta el avance de las innumerables gabarras de transporte o cruceros de turistas que lo surcan constantemente, bien sea rumbo a Koblenza o a Mainz. En ocasiones se oye el rumor de la música que sus tripulantes escuchan, cuyo eco nos llega encajonado por las laderas. Verdaderamente, hay un tráfico de gabarras de todos los demonios, algunas de ellas de 110 metros de eslora, que son muchas toneladas desplazables, unas río arriba, otras río abajo.

Seguimos ruta por la Rheinuferstrasse hasta divisar, en la otra orilla, Boppard, antigua ciudad imperial con restos del antiguo campamento militar romano de Bodobric. Aquí el río, y con él la carretera y las vías del ferrocarril hacen, a partir de Boppard, una gran curva, formando el hermoso meandro de Boppard que para nosotros será el de Osterspai, porque a la salida del pueblo, en la ribera interior del meandro, un hermoso prado que cae suavemente al río nos invita a parar. Visto y no visto: a las 12h50 paramos y plantamos, por fin, el campamento, como todos los demás teutones. Estamos a 25 km. de Koblenza. Frente a nosotros, al otro lado del río, en Nieder-Spay Ober divisamos un enorme camping alargado, sobre la misma orilla, absolutamente lleno de caravanas.

Después de una sabrosa comida bajo el toldo y frente al Rhin, en un entorno que resultaría bucólico si no fuera por la muchedumbre que poco a poco va invadiendo el lugar, y por la cantidad de pequeñas lanchas a motor que entran y salen a toda máquina amenazando con convertir aquel lugar en una dársena mediterránea, decidimos marcharnos. Todo menos ser confundidos con domingueros locales.

A las 15h30 partimos hacia Koblenza, adonde llegamos poco después. Aparcamos en el Rheinanlagen, un paseo en los Jardines del Rhin entre el Pfaffendorferbrücke y el Deutsches Eck. Una vez contemplado el encuentro de las aguas, tomamos una de las innumerables embarcaciones turísticas que llevan al encuentro de los dos ríos a los turistas como nosotros. Domingueros no seremos, pero turistas sí. Partimos en la Cecilia que se parece a la Reina de Africa, pero con bulbo en proa, cabinada y con megafonía.

Salimos casi en el punto donde el Mosela desagua en el Rhin, hacia una singladura fluvial que empieza con un pequeño tramo contra corriente hasta tener a la vista, en un saliente de la montaña y en la orilla izquierda del río, las almenas amarillas del Schloss Stolzenfels, del mismo Schinkel que nos deslumbrara en Berlín. Cecilia vira en redondo para continuar Rhin abajo y pasar por el Deutsches Eck, el zócalo triangular de cantería donde confluyen el Mosela y el Rhin, cuyo cauce surcamos aún media milla más. Resulta interesante comprobar que el encuentro de ambos ríos en la punta del Deutsches Eck es inapreciable para el pasajero. Por estas latitudes han colonizado y urbanizado hasta el cauce de los ríos. La prueba es que en la desembocadura del Mosela, frente al Deutsches Eck, hay un camping enorme, con buenos árboles, mucho césped y muchísimas caravanas. Y al fondo, en una roca sobre el Rhin, el castillo-fortaleza de Felsenfestung Ehrenbreitstein, considerada la mayor fortificación de Europa. Y poco antes de nosotros entra hacia el Mosela un gigantesco crucero de tres cubiertas abarrotado de turistas. Aunque amañado y algo teatral, el crucero en el Cecilia, pese a todo, ha valido la pena.

Abandonamos el Rhin y la ciudad de Koblenza después de despedir al emperador Guillermo I, cuya enorme estatua preside el zócalo del Deutsches Eck. Empezamos a recorrer el valle de la desembocadura del Mosa, el Moseltal, siguiendo la antigua carretera, la Moselstrasse, a contracorriente del río. Dicen todas las guías que ésta es una de las zonas más bellas de Alemania, pero nosotros preferiremos el valle del Rhin.

El entorno tiene ya una escala diferente al del Rhin, menos espectacular, con laderas más suaves, un cauce más estrecho y atravesado por más puentes que unen las dos orillas. El río serpentea describiendo grandes meandros entre laderas más suaves en las que se alternan viñedos y bosquetes, acompañado en su deambular paisajístico por la carretera -Moselstrasse- por la que discurrimos despacio. A ambos lados del río nos acompaña un paisaje sinuoso y más suave, menos encajonado que el Rhin, aunque también abundante en castillos sobre viñedos interminables donde se cultiva el mejor Riesling, un vino blanco seco parecido al Albariño.

Merendamos en Alken después de bordear durante varios kilómetros la orilla derecha del Mosa. Está muy difícil aparcar por esta orilla así que decidimos ir por la otra, atravesando el río por el puente que lo cruza poco después de Alken. Vamos de nuevo río abajo en dirección a Koblenza porque nos había parecido ver cerca de Kobern-Gondorf un grupo de autos en lo que parecía una zona de aparcamiento. Un espejismo. Para cuando llegamos ya no había ninguna y estábamos solos. Decidimos no quedarnos ahí y seguir la ruta hasta Cochem por la vieja carretera, pero quiso la suerte que encontráramos, 10 km después, un bonito lugar para dormir, un pueblo tranquilo al pie de la Moselstrasse, Hatzenport, con todo el Mosela frente a nosotros, sin barreras ni obstáculos. Y allí nos quedamos.

Eran las 20h10 cuando paramos de dar vueltas por las orillas del Mosela. Aparcamos al lado de una Arto con las ventanas abiertas que abandonó el lugar poco después. Quedamos solos, en el pequeño y tranquilo pueblo de Hatzenport, sin nadie que perturbara la paz del lugar ni que nos mirara por el rabillo del ojo. Decidimos dar un paseo por el borde de la carretera, algo peligroso ya que no existe acera por el lado de la ribera, hasta sobrepasar una pequeña ínsula unida por un pequeño puente a tierra firme y que resultó ser toda ella… un camping lleno de caravanas y tiendas fijas con aspecto de campamento. Me sorprende que tal cosa sea posible con la fama de rigor que los teutones tienen con los asuntos de la seguridad pública frente al riesgo de crecidas o inundaciones. Casi al final del pueblo, una pequeña carretera a la derecha sube hacia Burg Eltz, que visitaremos mañana.



Resumen etapa: Distancia recorrida: 145 km Acumulados: 3.787 km

 
El Rhin desde St. Goarshausen con del castillo de Goar al fondo
El Rhin desde St. Goarshausen con del castillo de Goar al fondo
El Cecilia antes de la singladura
El Cecilia antes de la singladura
Atardecer en Hatzenport, junto al Mosela
Atardecer en Hatzenport, junto al Mosela
Aire de Berchem, 9 Agosto. Día 14
Hatzenport- Burg Eltz- Cochem- Zell-Trier- Luxembourg-Aire De Berchem (L): 247 km

   

Hemos dormido maravillosamente. Ni un ruído, ni un jaleo, ni un acelerón, ni un frenazo. Nada. Parece éste un lugar bucólico para dormir y seguramente para comer codillo con chucrut o unas buenas würstl en compañía de buenos amigos. Hoy es lunes, y un buen día para cumplir el objetivo que nos trazamos, que es contemplar lo poco que nos falta de esta hermosa ruta del Mosa, entre Hatzenport y Trier a donde podremos llegar al atardecer.
Antes de salir pateamos toda la aldea de Hatzenport buscando una bakerie que no existe. Muchas Gasthof, biergarten -tabernas al aire libre- y demás tiendas, pero bakerie, ninguna. A las 9h50 salimos sin pan en dirección a Burg Eltz. A la hora de salida hace 23º. Estamos teniendo un tiempo increíble.

Burg Eltz es un castillo-fortaleza, esbelto e infranqueable situado en un fantástico emplazamiento. Llegamos al final de la carretera a un aparcamiento controlado y de pago, naturalmente, desde el que se puede bajar andando en diez minutos hasta la entrada del Schloss. A su espectacularidad contribuye sin duda el hecho de que se aparece de golpe en todo su esplendor, allá al fondo sobre un montículo cercado por un curso de agua, cuando lo normal es la situación contraria en la que el castillo situado entre escarpados peñascos rocosos domina la posición del espectador, situado allá abajo en el valle. En todo caso, aquí no destacan los numerosos miradores puntiagudos en los que parece estar a punto de aparecer una bella doncella seduciéndo al príncipe encantado con su dulce voz mientras canta un aria wagneriana, ni las torres y sus tejados cónicos, ni los altos muros. Lo mejor es sin duda su emplazamiento, prolongando con sus altos muros el promontorio, encajonado entre laderas de espesos bosques, en el que se asienta,…..y unos no menos fantásticos toiletten, gratis total, situados en el patio de acceso. Desde la entrada al castillo y por un módico precio de 1,5 €/persona nos suben en VW Transporter hasta el aparcamiento. Muy recomendable.

Algunos meandros después, aparece Cochem. Teníamos la intención de parar a la entrada del pueblo y pasear después a orillas del Mosela para poder apreciar el magnífico emplazamiento de la villa, dominando el meandro del río y el valle, rodeado de laderas cubiertas de más viñedos. Vimos mucho ambiente, mucha gente caminando y circulando y ninguna posibilidad de aparcar, y eso que es lunes. Cerca del río, a la entrada, aparece la primera señal que vemos en la Alemania visitada de “prohibido autocaravanas”, ¡merde! Por suerte, poco después, a la derecha aparece el logotipo de “Parking autocaravanas a 900 m”. ¡Allá vamos, que esto está de bote en bote! Cuando llegamos, además de la dificultad de maniobrar por estar dispuesto en fondo de saco, casi todas las plazas está ocupadas por turismos. Debajo de la señal de autocaravanas está colocada también la placa de coches, de modo que, inevitablemente, por la ley del dominio de la mayoría, está invadido de coches y ocupado por muy pocas autocaravanas. Nos tratan como grupo individualizado sólo para prohibirnos aparcar, mientras que para poder hacerlo somos tratados como una parte más del grupo “coches”. Me parece injusto. Propongo a Dora volver y aparcar en el centro del pueblo aunque esté prohibido, en señal de protesta, pero Dora me mira, pone su dedo índice en la sien girando el puño hacia arriba y hacia abajo. “Estás obnubilado”. Nos marchamos naturalmente. Lástima porque el pueblo tenía muy buena pinta.

El propio itinerario, la misma carretera es un mirador permanente que ofrece la mejor oportunidad para descubrir el valle y sus viñedos, de una manera sosegada. Por eso decidimos que lo importante hoy es el camino, seguir la senda trazada y dejar los pueblos donde están, en la lejanía y en el recuerdo. En una curva del río aparece Beilstein en la otra orilla, a los pies del río y en lo alto las ruínas de un castillo. Llevamos tantos que ya no llama la atención.

Unas cuantas curvas después aparecen las indicaciones de Marienburg, situado en un singular emplazamiento en el meandro de Zell. Recordaba haber leído que en este lugar había buenas vistas de los viñedos y del meandro del Mosela. Decidimos ir a comer ahí. Cruzamos el puente y entramos en Zell, parando en una especie de parque con un amplio y cómodo aparcamiento a la vera del paseo fluvial. En la otra orilla, el inevitable camping, lleno de caravanas hasta el borde de las aguas, que bajan algo turbulentas. Al fondo, muchos viñedos de cepas Riesling sobre la colina. Podemos desplegar hasta el toldo, de modo que nos damos otra excelente oportunidad de comer como los señores que somos.

A partir de Traben-Trabach el paisaje se transforma y pierde encanto. Las enormes manchas de espesos bosques caducifolios y los viñedos de las laderas empiezan a dejar paso a calles y carreteras, pueblos más grandes, zonas industriales y mucho tráfico. Nuestra intención era llegar hasta Bernkastel-Kues, dos pequeñas ciudades gemelas que se extienden a ambas orillas en un meandro del río, una frente a la otra, puente por medio. Aquí está el mayor latifundio vitícola de Alemania, por lo que nuestra intención era comprar algunas botellas del mejor Riesling. Pero no iba a ser así. Poco después del meandro de Urzig, tomamos la gran decisión. Nos vamos a la autopista A1. Se nos está haciendo tarde, el tráfico se está poniendo insoportable y queremos llegar a tiempo para ver Tréveris. Ya no tenía sentido continuar cuando el paisaje empezaba a empobrecerse. De alguna manera, habíamos dado por terminado el viaje. Desde ahora todo sería regreso a casa.

Poco antes de las 18h00 llegamos a Trier, la ciudad más antigua de Alemania, patria chica de Thonet, el diseñador de las sillas de madera curvada, y de Karl Marx. Un par de años atrás, cuando nuestro amigo Luis vino a conocerla, me pidió que le pasase unas notas telegráficas sobre lo que me parecía más característico de Trier. Más o menos se lo resumí así: “Antiguo asentamiento romano llamado Augusta Treverorum, un barrio comparado con Lucus Augusta. La Porta Nigra es el símbolo del legado romano de la ciudad. Arrojaban plomo fundido a los intrusos. La Basilica de Constantino es parte de la herencia romana”. De manera que estaba claro, había que ver la Porta Nigra, la puerta norte de la muralla, de sillares ennegrecidos por el paso del tiempo, y de camino echar un vistazo a lo que quedara de la Basílica.

Después de la Porta Nigra, desvestida de mármol desde el s. VIII, vamos por la calle principal, muy animada de gente, hasta la Hauptmarkt, la hermosa plaza del mercado con una fuente del XVI en el centro y cuyo zócalo, de 1,80 metros de alto, está suplementado por una verja, lo que da idea de la cantidad de borrachos que debieron bañarse en sus aguas. La plaza está rodeada de casas gableteadas, con frontones, con entramados de madera, casas barrocas, renacentistas, del siglo XIX, y un par de iglesias, una gótica y otra románica. Tiene un ambiente más latino, más marchoso que el que hasta ahora hemos encontrado en Alemania. Paseamos entre sus animadas calles a esas horas, antes del atardecer y con un tiempo increíble hasta la fuente de los Oficios. Había mucha gente y también muchas avispas.

Nos despedimos de Alemania, bajo un sol espléndido, tomando unos refrescos frente a la fuente del Hauptmarkt. En la fuente, un par de personajes algo atolondrados discuten acaloradamente sobre la alegría de vivir, supongo, por el cuidado exquisito que ponen en no soltar las dos botellas de vino que ambos blanden con energía. Teníamos pensado dormir en la ciudad, cerca de las Kaisertermen, las termas imperiales, o, en su defecto, en las proximidades del Palast Garden, en algún buen lugar para aparcar, fuera del mundanal ruído. Pero no lo vemos claro. Estamos aparcados en una zona azul frente a la Porta Nigra, con un tráfico urbano de todos los demonios, con malas vibraciones sobre el ambiente nocturno y con la sensación de que no sería fácil dormir por aquí durante la noche. De modo que nos pareció más inteligente abandonar Alemania y buscar un lugar más tranquilo camino de Luxemburgo.

Hacia las 20h00 salimos hacia Luxemburgo. Después de pasar la frontera alemana, paramos en la primera gasolinera de la autopista A1 en el área de Wasserbillig, Luxemburgo. Pagamos el gasoil más barato del viaje: 0,733 €/litro. La cosa tiene guasa porque muy poco antes, en la salida de Trier habíamos pasado una gasolinera Shell que lo cobraban a 1,009 €/litro. Excuso decir que, especialmente los camiones, provocaban unas largas colas que amenazaban con invadir la gasolinera. Tuvimos suerte. Pesar menos de 3,5 toneladas tiene sus ventajas, y pudimos cargar 60,7 litros de gasoil tranquilamente. El sol no se había ocultado todavía. Aunque pronto llegaría la noche.

En Luxemburgo entramos y casi no nos enteramos. La entrada es como cualquier otra. Periferia muy institucional, Avenida John F. Kennedy, muchos edificios sede de empresas multinacionales, muchos bancos, pocas viviendas. De repente, un puente, y al fondo lo que parece la ciudad antigua. No vemos gente, pero sí vemos muchas, muchísimas señales de prohibido aparcar. Todos. Turismos y autocaravanas. Aquí el turista con coche lo tiene difícil, pero si además lleva una autocaravana, lo tiene imposible. Hartos de dar vueltas por un Luxemburgo plagado y plagado de señales de prohibición para aparcar a los no residentes, después de buscar un hueco cualquiera en el que pagando pudiéramos dejar la auto para visitar la ciudad, hartos de ver miradas que te auscultaban con los ojos y parecían decirte “no-pretenderá-usted-aparcar-aquí”, cabreados por estar perdiendo el tiempo buscando un sitio que no existe, decidimos marcharnos del Gran Ducado. Ni centro histórico, ni fosos ni murallas, ni el tajo del Alzette, ni la plaza Guillaume, ni la Place d´Armes, ni la Catedral de Notre-Dame, ni Palais Granducal, ni las vistas sobre el río en el espolón rocoso de Le Bock, ni el Chemin de la Corniche. Nos vamos tomando de nuevo la A3 camino de Francia.

De repente, camino de la A3, y a eso de las 21h10 vemos una señal de parking muy próximo al palacio del Skate. Se trataba de una plaza no muy grande, bordeada por una densa y alta arboleda, en la que había un sólo coche, y un instante después, nuestra autocaravana. Salgo a comprobar las señales, y no veo ninguna de prohibición. Se puede estar 8 horas de estancia máxima por 0,7 € la hora. ¡Perfecto. Hemos encontrado el sitio! nos dijimos. Por fin. Sin duda estábamos en un buen sitio, bastante céntrico y muy, muy tranquilo. Tanto que no hay nadie. Decidimos preparar la cena y, si el cansancio no lo impidiera, dar después un paseo hasta la Place de la Constitution que es un buen mirador de la ciudad. Salgo de la autocaravana para coger el utillaje necesario para una buena tortilla: patatas nuevas y cebollas del país. Mientras recojo el material en el armario exterior de la autocaravana, oigo un extraño rumor en el aire, como un zumbido, y de repente siento el impacto de gotas contra el suelo, como si lloviera. ¡¡Llover!! Con 31º, un calor agobiante y un cielo azul sin nubes ¿Llover? ¿Cómo es posible? Miro al cielo y lo entendí. Una auténtica nube de estorninos danzan alocadamente sobre el cielo tranquilo del principado y empiezan a bombardear la plaza y a sus ocupantes en cuestión de décimas de segundo. Desorientado, cuando siento cómo las “gotas” caen sobre la plaza, me lanzo a la puerta y entro rápidamente, ileso, en el mismo momento en que una auténtica “tormenta” cae sobre el techo de nuestra autocaravana. Me libré por muy poco. Sin dar crédito a lo que acaba de pasar, miro hacia fuera y veo las siniestras manchas negras moverse más o menos al unísono a una velocidad endiablada. Me siento el capitán Haddok maldiciendo puño en alto y a voz en grito los rítmicos movimientos de la panda de estorninos que llegan a tapar la luz del atardecer, transformando el ocaso en noche. Con un cabreo de cuidado, y frontándome la cara por si alguna “gota” me hubiera alcanzado, decidimos que allí, en aquél sitio falsamente apacible del Gran Ducado, no queríamos seguir. Serán unas benditas criaturas de la naturaleza, pero son unos malditos acompañantes nocturnos.

Tomamos de nuevo rumbo a la A3, autopista de salida por Metz con la intención de parar en la primera área de servicio que encontremos. Y la encontramos pronto, aún en tierras de Luxemburgo. Es el área de Berchem, una auténtica fiesta jolgorio de camiones frigoríficos y de coches que traen a oleadas turistas con incontinencia urinaria. Pese a todos los riesgos, después de cenar, a eso de las 23h15, decidimos que por hoy ya basta. No es el momento de seguir buscando sitios apacibles, sino de descansar. Buscamos un lugar situado cerca de la entrada que nos parece suficientemente seguro e iluminado y allí nos quedamos a dormir. Antes de subir a la cama, escribo en el cuaderno de a bordo: ¡Luxemburgo para los luxemburgueses! Ha pasado ya un cierto tiempo de eso, y comprendo que todo se debió a la mala suerte o a que ya estábamos en el final del viaje, pero tardaremos mucho en volver a pasar por este pequeño ducado, minúsculo, elitista, estirado, y presiento que el colmo del aburrimiento. Y con muchos, muchos estorninos.



Resumen etapa: Distancia recorrida: 247 km Acumulados: 4.035 km

 
Castillo-fortaleza de Burg Eltz
Castillo-fortaleza de Burg Eltz
El Mosa en Zell, con el camping al fondo
El Mosa en Zell, con el camping al fondo
Refrescándose en la fuente del Hauptmarkt, en Trier
Refrescándose en la fuente del Hauptmarkt, en Trier
Barbezieux, 11 Agosto. Día 16
Orleáns- Tours- Babezieux: 401 km

   

Ha sido una noche extraña y ruidosa, especialmente por el rodar de los coches sobre el pavés de la calzada. Durante la noche se disparó la alarma. Salté de la cama, bajé y miré por las ventanas para comprobar qué podía haber pasado. No vi a nadie alrededor, ni nada faltaba en el interior de la autocaravana. Por mucho que busqué no encontré nada extraño, por lo que pienso que algo hice mal al conectar la alarma o, sencillamente, ésta se disparó sola.

A las 9h50 estamos listos para la nueva etapa. Las toilettes prefabricadas francesas de las ciudades de provincias no son como las de Berlín (insuperable City-Toilette) pero por 0,30 € quedamos aliviados y como nuevos. A las 9h55 iniciamos otra etapa paseo por la Francia interior, en la que destaca el curso del Loira y sus castillos. No vemos ninguno pero sufrimos sus influencias en el tráfico loco de estas carreteras llenas de guiris y franceses ociosos. Recordamos nuestro viaje de 1990, un Nissan Patrol sin aliento tirando de una caravana Adria Optima 395 TK, una maqueta con ruedas y con cuatro inocentes dentro.

Salimos de la ciudad por la ruta d´Orléans por la N152. Por curiosidad nos acercamos a ver el área de Saint-Ay que es donde en principio pretendíamos dormir. Para nuestra decepción se trata de un área en interior de camping. A nosotros no nos convence ese tipo de instalación para dormir. Es interesante como área de servicios, pero no nos gusta para descansar.

Bordeando la orilla izquierda del Loira vemos pasar el tiempo y los turistas. Muchísimos turistas, caravaneros especialmente. Áreas, áreas, lo que se dice áreas, por ahora ninguna. Llegamos hasta Tours por la otra orilla, algo cansados de tanto tráfico, especialmente en las proximidades de Amboise. Para paisajes tan populares no debe tomarse la ruta principal, sino la secundaria, o mejor, la auxiliar de la secundaria, pero para eso se necesita más tiempo del que tenemos, como casi todo el mundo. A las 12h00 paramos para comprar pan en un Intermarché ya que, pese a ser miércoles laborable, las boulangeries de los pueblos están casi todas cerradas.

Vemos Tours de pasada, atestada de gente y se hace imposible aparcar. Nos acercamos por el Parc de Loisirs “Relais du Lac” donde parece que podría aparcarse. En efecto dimos con el parque, situado a unos 3 km del centro de la cité, pero vaya chasco nos llevamos. Si llegamos a plantearnos alcanzarla después de una agotadora jornada de viaje, nos hubiera dado un pasmo. Se trata de un parking con barreras, de pago, y encima con limitación de altura con el clásico larguero. Para matarlos.

A partir de Tours, la A10 nos llevará directamente hasta Angouleme y Bordeaux. Comemos en el aparcamiento de un Leroy Merlin a la salida de Tours, en la N10, ya que aparcar en el interior de la ciudad se ha tornado imposible. ¡Ya cargaremos agua en el area de servicio de autocaravanas de Sainte Maure de Touraine!, me digo. Sin echar la siesta, bajamos por la N10 hasta Sainte Maure. Salimos en la población, pero del área, nada de nada. Ni aparece, ni se ven indicaciones. O bien ha desaparecido o este menda no la ve, que también puede ser. Finalmente tomamos agua en la población de Dessay, poco antes de Futurescope, gratis, en una zona de ocio ocupada por un extenso grupo de población romaní, y con unos aseos sin agua y francamente asquerosos. Esto de las áreas de la France empieza a mosquearme un poco. Empieza a parecerse a lo de la neutralidad de los suizos: por mucho que hablen de ella, cuanto más visitas el país, más militarizados parecen. Pues con esto de las áreas francesas a mí parece sucederme lo mismo: cuanto mejor se habla de ellas, menos me gustan. Para acabar la faena, en Angouleme vimos de repente un lago y un prado con caravanas. ¡Zás! Allá vamos. Tenían el logo de autocaravanas. Tremendo. Todo ocupeé. Franceses con autos a metro y medio de la del vecino y con medio toldo extendido. Un hacinamiento inexplicable. Huimos de allí.

Finalmente a las 20h20 y después de varios intentos que no fructificaron, salimos de la N10 para probar suerte en Barbezieux, un típico pueblecito francés anónimo, cerca de Bordeaux. Encontramos un sitio tranquilo y seguro frente al ordenado aparcamiento de la Salle de Omnisports J.G. Ranson, de Barbezieux.

A eso de las 20h30 empezamos el paseo por el pueblo, que nos permitió ver la iglesia de San Nicolás, románica con añadidos y modificaciones barrocas que la desfiguran, y la sorprendente plaza del Chateau, típico chateau de estilo barroco francés del XVIII con un enorme aparcamiento en una plaza circular que ocupa el punto más alto del pueblo. Después, en el camino de bajada del altozano íbamos viendo las casitas unifamiliares hasta la periferia, lo que nos llevó un par de kilómetros de caminata. Parte del pueblo se vende y parece abandonado, aunque el lugar en el que estamos aparcados está muy cuidado, bien ajardinado, pavimentado, limpio y magníficamente situado.
A eso de las 21h15 tomamos una ligera cena acompañados por las primeras gotas que tenemos en todo lo que llevamos de viaje, y que no llegan siquiera al suelo. Antes se evaporan.



Resumen etapa: Distancia recorrida: 401 km Acumulados: 4.925 km

 
Orléans, 10 Agosto. Día 15
Aire de Luxemburg- Troyes- Châteauneuf s/Loire- ORLÉANS: 490 km

   

A las 9h30 nos vamos del área de Berchem. No hemos dormido mal, pese a todo, y ha sido una noche razonablemente descansada si tenemos en cuenta que estábamos entre camiones, coches, turistas de vacaciones, compresores frigoríficos en funcionamiento, etc… Lo dicho, el Gran Ducado no existe. Ahora entiendo mejor lo de que su monarca es una de las cien fortunas del mundo. Parece un país virtual, de ficción, para coches y hoteles de lujo. Un entorno decadente en el que, probablemente, un litro de gasoil es más barato que un litro de leche. No me gusta.

Después del desayuno iniciamos la travesía de Francia, que por primera vez en muchos años vamos a intentar hacer sin pasar por París y atravesando sólo carreteras nacionales. Tenemos tiempo y Francia vale la pena verla despacio. Abandonamos la autopista A4 en Châlons-en-Champagne y cogemos la carretera nacional N77 hasta Troyes, cuyo rodeo se hace especialmente penoso y cuyo centro urbano no vale especialmente la pena. Después de circular tranquilamente por las carreteras del nordeste francés, especialmente por la N60, y ver uno tras otro de multitud de pueblos y rotondas, llegamos a las 19h00 a Orléans donde decidimos quedarnos a dormir. Paramos en un enorme aparcamiento en línea bajo una larga alameda de plátanos, en el Boulevard Alexander Martin, en la ronda norte de la ciudad vieja, muy cerca del monumento a los caídos por Francia en la I Guerra Mundial. Nos ha parecido mejor sitio que la Promenade du Front de Loire o del Quai du Châtelet, a la que le sobra nombre cortesano y le falta algo de pintura para sus inmuebles y espacio para autocaravanas.

Después de caminar por las calles del viejo Orleáns, casi vacías de gente, en fase de revitalización con la rehabilitación programada de muchos de sus viejos edificios, habitados, por lo que se ve, por muchos caribeños, y de pasear por el Puente George V, por la avenida de Julio Verne, la aporticada rue Royale (muy en la línea de los soportales de La Rochelle), la avenida Juana de Arco hasta la Catedral gótica de la Sainte-Croix con sus famosas gárgolas, y por la plaza Martroi hasta la Rue de la Republique y demás calles del ensanche urbanístico de finales del XIX, nos comimos la primera pizza de todo el viaje en un lugar al aire libre del Boulevard de Verdún. Y estaba estupenda, por cierto.

A las 21h15 llegamos a la autocaravana y me parece mentira quedarnos ya para dormir, pero estamos muy cansados y nos quedamos. Poco antes de las 23h00 se marcha la autocaravana vecina, una Challenger francesa, que llevaba toda la tarde junto a nosotros. Raro. Poco después miro a través de las ventanas hacia el boulevard bajo cuya arboleda estamos tan ricamente y observo un sujeto algo extraño que anda mirando de reojo la autocaravana y alrededores. Me tomo mi tiempo antes de dormir por si escucho algo anormal pero por mucho que miro y remiro el exterior no observo nada que me llame la atención. Desde luego, Orléans no es Berlín, y además en Agosto está casi vacío.



Resumen etapa: Distancia recorrida: 490 km Acumulados: 4.525 km

 
Aire de Bidart, 12 Agosto. Día 17
Barbecieux – Bordeaux – Tarnos – Biarritz- Aire De Bidart: 318 km

   

Esta noche sí ha llovido intensamente. Ha sido la primera lluvia seria del viaje, lo que significa que ya nos vamos acercando a casa. En lo relativo al clima, hemos tenido el tiempo que necesitábamos, lo que ha sido una gran suerte. Llevamos ya 4.925 km de viaje y nos apetece descansar un poco. Entraremos por el norte para ir a visitar a nuestros amigos Oscar y Salud en Avilés, donde ella tiene una finca en la que podremos descansar, sacar sillas, mesas, toldo y demás parafernalia campista que ya va siendo hora, caramba.

Por la mañana llueve y la temperatura ha refrescado. A las 10h30 nos disponemos a salir hacia Bordeaux. Como no tengo pda, calculo que deben faltarnos unos 222 km hasta Labenne, cuya área nos resulta muy familiar. Rodeamos Bordeaux sin problemas y nos acercamos a las instalaciones de Destinea en Toctoutou, que estabas cerrandas y no abrían hasta las 14h00. Decidimos coger la N10 libre de peaje, e ir al Destinea de Tarnos-Bayonne. En el área de descanso de Magesq comemos en compañía de los pinos landeses, de cuya resina hay que huir como del diablo.

En Destinea no vemos nada de interés, y decidimos seguir ruta hasta Biarritz para comprobar si sigue siendo el lugar decadente y algo descosido que conocimos en el 90. Quizá esté algo menos roto y oxidado pero hay tal abigarramiento de gente que nos salimos de sus calles de ribera, auténtica trampa para nosotros en esta época. Nos vamos hasta el aparcamiento de la playa de Miramar, donde sólo estamos un instante ante el temporal de poniente desatado con que nos ha recibido el Cantábrico, y seguimos hasta el faro en donde hay un área que sale en las guías, en todas las guías francesas de áreas de camping-car. Igual tenemos suerte y nos quedamos a dormir en ella, aunque con este mar, lo dudo.

Llegamos y salimos espantados. Se trataba de un apiñamiento de gente y camping-cars en la barra de Biarritz en donde sólo nos atrevimos a coger agua. A mayor abundamiento, se preparaba un concierto de música al aire libre en la misma playa que presagiaba una noche de lo más animado. Pese a todo, la gente en sus autocaravanas no se marchaba. Poco después, en la misma barra, había un aparcamiento privado de pago y con una rampa de bajada peligrosísima para ciertos voladizos traseros, en el que por una tarifa de camping te permitían pasar la noche aunque no tenían ningún tipo de servicios. Total, que sobraba gente y faltaba sosiego, también limpieza y algo de calidad de vida. Por lo tanto, y por enésima vez, nos marchamos de las anunciadas áreas francesas sin perder más tiempo. Decidimos coger la autopista de peaje A63 y parar en el aire de Bidart, un lugar excelente para dormir, ya conocido por nosotros. Aquí pasaremos la última noche en Francia.

El aparcamiento del aire de Bidart es, esta sí, una auténtica zona de descanso de camping-cars. Dormimos unas 12 autocaravanas en perfecto orden. Desde luego nada que ver con el desorden, la suciedad y el hacinamiento del área de Biarritz. Un chaval de Albacete, miembro de una de las cuatro familias que acaban de aparcar en línea sus caravanas enganchadas a los coches (19 plazas ocupadas), comenta con sus allegados mirando hacia nosotros: “estos de las autocaravanas, los dejas y montan un pueblo”. En aquel momento éramos 10 y ocupábamos menos plazas que ellos, desde luego. Me pareció todo un síntoma del difícil camino que nos queda por recorrer hasta conseguir los objetivos que perseguimos. Es difícil hacer razonar a los estúpidos.



Resumen etapa: Distancia recorrida: 318 km Acumulados: 5.243 km

 
Avilés, 13 Agosto. Día 18
Aire de Bidart- Área de Salud (Avilés): 472 km

   

Esta noche hubo también chubascos que, con los de la noche anterior, espero que hayan lavado las cagadas de los estorninos de Luxemburgo. Antes de salir, un alemán con bermudas se nos acerca. Tiene una Hymer Classic y nos pregunta en perfecto castellano algo sobre los neumáticos. Se trata de un emigrante gallego, natural de una aldea de Orense, que llevaba más de 30 años en Alemania, viviendo y trabajando en una población de la periferia de Dusseldorf. Hablamos de muchas cosas, y agradece encontrar paisanos que van a Alemania no por necesidad sino por turismo. Después de explicarnos que compró su auto en un concesionario Hymer de Dusseldorf muy por debajo del precio normal debido a los supuestos desperfectos causados en los techos de toda una remesa de autocaravanas por una enorme granizada de aquel invierno, nos hizo una radiografía muy explícita de los alemanes, de lo poco autocríticos que eran con el sistema, de su tendencia a ser dirigidos sin rechistar: Un reguero de agua, decía, sigue el camino más directo y fácil de una forma natural. Un alemán sigue la senda que le indican y no se planteará nunca seguir otro camino aunque, como en el caso del agua, sea mucho más lógico y natural. Son sumisos, silentes, incapaces de rebelarse contra el sistema. Era un sindicalista desencantado, y quizá tuviera razón. Quizá ahí esté la explicación de muchas de las cosas que hemos vivido en este viaje.

En la autopista vasca encontramos no menos de 30 coches accidentados, siniestrados, abandonados en las cunetas, sin retirar. La imagen, junto con el perfil urbano de las periferias de Eibar o Ermua, es verdaderamente impresionante. Paramos a comer a las 14h00 en una gasolinera entre Cabezón de la Sal y San Vicente de la Barquera. Se acabaron las áreas de servicio donde puedes comer en un entorno razonablemente humanizado. Aquí, sólo asfalto y tierra reseca.

Cuando nos dirigimos a Asturias por la carretera de la costa, a la altura de Unquera la carretera se encuentra cortada por un accidente y nos desvían por la N621 hacia Panes y de ahí a Cangas de Onis y Arriondas hasta coger de nuevo la autovía A8 camino de Avilés. Eso nos permite ver más de cerca en entorno natural de los Picos de Europa, que siguen siendo uno de los lugares más hermosos del país.

A media tarde llegamos al área de Salud, después de 5.715 km. de viaje. Nos esperaban Oscar y Salud con sus invitados, Ana y Rubén. Tras el encuentro entre tan buenos amigos, disfrutamos de charlas y tertulias, de buenos yantares y mejores cenas. Y naturalmente, hablamos de autocaravanas.

 



Resumen etapa: Distancia recorrida: 472 km Acumulados: 5.715 km

 
Area Salud. Descansando al fresco
Area Salud. Descansando al fresco
Area de Salud, 14 y 15 Agosto. Días 19 y 20
Descanso en el Area de Salud

   
Panching total durante dos días. Seguimos reunidos con Oscar y Salud, Ana y Rubén. Arreglamos el mundo, especialmente el de las autocaravanas, mientras escanciamos sidra, comemos fabada, cenamos churrasco y continuamos hablando de autocaravanas. Tanto, que un año después, la foto del campamento es ya historia. Una tarde, nos animamos a bajar hasta la playa, donde no nos bañamos, naturalmente, porque debíamos seguir la conversación sobre el complejo mundo de las autocaravanas. Durante la noche del último día, habíamos llegado a la conclusión de que sólo había una cosa más importante que las autocaravanas, pero no es reproducible.

 
Pontevedra, 16 Agosto. Día 21
Área de Salud- Ribadeo- Pontevedra: 349 km

   

Nos despedimos de Ana, Rubén, Oscar y Salud. Salimos a las 13h00 y llegamos sin novedad a casa a las 18h00 después de una etapa de 349 km, con 51.929 km en el marcador, habiendo recorrido 6.065 km. en el total del viaje. El error sobre la estima inicial antes del comienzo del viaje ha sido de 183 km. un 3% del total.


En el diario de a bordo escribí: “¡Gracias, leal amiga! En los recuerdos de aquellos objetos que han formado parte de nuestras vidas siempre habrá un lugar para nuestra primera autocaravana. Con ella descubrimos otra manera de viajar y de conocer territorios nuevos. Con ella viajamos al confín más deseado y a las ciudades más interesantes de Europa. Hicimos algunos de los buenos amigos que tenemos y nos ayudó a ser mejores. Inolvidable PO-0011-BS”.

 

 


Cuaderno de ruta del viaje a BERLIN en el verano 2004, rematado el 7 de mayo de 2006



 
La ida
16 de julio, sábado: Hasta Medinacelli

   

Hasta el mismo día por la mañana tuvimos que salvar el último obstáculo de esta “carrera” hacia el viaje de estreno de nuestra camper. Tras una semana agotadora, el mismo sábado antes de salir tuvimos que salvar el último y que comprobamos que la bombona “gris” que venden en las gasolineras no nos valía al habernos cambiado la válvula de gas, por lo que tuvimos que buscar un sitio abierto que nos proporcionara la bombona clásica “naranja”.

A las 13,00 habíamos terminado lo que parecía que no tenía fin pero decidimos comer en casa, descansar un poco y salir a buscar un lugar donde la noche aliviara los calores de Madrid, así es que a las 5,30 salimos con idea de pasar la noche en Medinaceli, donde en la Semana Santa habíamos localizado un buen sitio. La camper va estupendamente. No notamos diferencia en cuanto a agilidad y velocidad con respecto a nuestra California.

Dos horas después de nuestra salida llegamos a Medinaceli y paseamos por la ciudad. Un par de veces intentamos comprar unos exquisitos almendrados de chocolate y miel que hacen las monjitas, pero estaban rezando, por lo renunciamos a tomarlos de postre en la cena. Durante ésta llegaron tres autocaravanas más. El sitio es estupendo, frente a las casas, junto al campo de futbol y con unas vistas maravillosas y un airecillo que nos revive. La noche sólo se vio empañada por el resplandor de un pavoroso incendio en lo que parecía ser el límite con la provincia de Guadalajara y en el que luego nos enteramos que había habido varios fallecidos.



 
17 de julio, domingo: En Francia
   

Nos desperezamos tarde y después de conseguir nuestros almendrados con chocolate, partimos rumbo a la frontera que cruzamos a primera hora de la tarde. Alrededor de las 19,00 salimos de la autovía para buscar sitio donde pernoctar y nos dirigimos hacia Cap de Adges donde nada más entrar en dirección a las playas naturistas junto a la Oficina de turismo, encontramos un grupo de autocaravanas. 48 h gratis sin ningún servicio. El lugar era muy agradable, a 100 m del puerto deportivo y un pequeño paseo marítimo con mucho ambiente. Paseamos disfrutando del ambiente “veraniego”: calles comerciales llenas de gente, puerto con barcos de todo tipo y tamaño, casas, apartamentos, hoteles…en este país siempre parece que todo convive armoniosamente. Regresamos a cenar envidiando los 2 cubos de mejillones que nos habían enseñado nuestros vecinos franceses y que se zamparon con otros compatriotas. No probamos ni uno. A las 22,30 nos acercamos al paseo a ver los fuegos artificiales que comenzaron 15 minutos después resultando un poco…¿escasos?. Vamos, no merecían la pena: fueron 4, de escasa duración, bajos y que el humo no dejo ver claramente. Ni siquiera despertaron el interés de los paseantes. Los chicos comentaron que se siguieran dedicando a la petanca. El otro lado de este paseo marítimo estaba lleno de bares y restaurantes con terrazas y distintos espectáculos de animación: Karaokes, música en vivo de todo tipo…muy animado. Regresamos tarde y a medio noche nos acostamos durmiendo placidamente hasta las 8,30.



 
18 de julio, lunes: Seguimos en Francia
   

Dirección Alemania. A las 10 salimos en Montpellier para ir a accesorios Narbonne que encontramos muy bien (y sin GPS) pero estaba cerrado (cierran los lunes por la mañana). Regresamos a la autopista hasta Besançon donde nos salimos para acortar y nos toco ir detrás de zambombos que iban a 50 o 60 km/h. Tomamos de nuevo la autopista dejándola en Bau les Dames en busca de un área de pernocta que figuraba en una página web francesa. Está muy bien indicada, junto al canal que une el Rhon y el Rhin, un lugar delicioso en el centro de una corona de verdes y arboladas montañas. 4 € con luz incluida, carga/descarga de agua y negras. Habría unas 15 o 20 autocaravanas. Estrenamos nuestra ducha. Estupenda el agua aunque el espacio es justito, pero nos apañamos bien. Nos duchamos los 4 sin problema. Cenamos y nos fuimos a dormir tarde.



 
Por la ruta romántica
19 de julio, martes: Wuzburgo

   

A las 8,30 claxon y deliciosos croisanes: estupendo servicio francés que de un año a otro casi se nos olvida. Salimos a las 9,30 dirección Mulhouse. A las 14,15 estábamos ya a unos 70 km de nuestro destino: Wuzburgo, el comienzo de nuestra ruta romántica. El paisaje que rodea las autovías es bonito: se suceden mosaicos de color verde del maiz cultivado con el dorado del cereal y pedazos de espesos bosques de abetos y hayas. Pueblos con casitas de tejados en “V”, rojos, en orden casi perfecto…Predomina la armonía, lo que prácticamente no nos abandonaría durante todo nuestro recorrido por estas tierras.
Decidimos comer antes de llegar a la ciudad. Una vez allí buscamos un aparcamiento junto al río, cerca del centro del que había leído algo en Internet, en una web italiana. Lo encontramos pero no parecía un lugar adecuado para pasar la noche. Era un enorme aparcamiento junto al río. Alguna que otra auto aparcada, pero ningún signo de que sea un lugar para pernoctar. Justo en frente, al otro lado del río, se ve un bonito camping. Nos dirigimos a la Residencia que cierra a las 6. Después de 15 minutos de paseo llegamos a este impresionante palacio que dispone de un hermoso aparcamiento a la entrada. Apenas hay gente. Por la majestuosa escalera doble vamos acercándonos al impresionante fresco del techo pintado por Tiepolo que se extiende sobre la escalera en una bóveda sin soporte de 600 m2 y que representa los 4 continentes hasta entonces conocidos. Pero estaba en restauración por lo que solo pudimos apreciar trozos de esta magnífica obra. A partir de aquí las salas se suceden, cada una de un color distinto, destacando especialmente los estucados que confieren a cada una, una identidad y elegancia que la distingue de la siguiente y el “juego” que hacen con los espejos colocándolos uno frente a otro dando lugar a una especie de túnel sin final.

Paseamos después por sus bonitos jardines, cuidados y elegantes. No deja de llamarme la atención la habilidad de estas gentes para combinar plantas y flores de distintos colores, tamaños y formas que convierten cada pequeño rincón en una delicia para los ojos.

Dejamos la Residencia para pasear por el centro de la ciudad, por su calles animadas de gente y que también llenaban las numerosas terrazas que había. Visitamos brevemente la catedral y atravesamos el Alte Mainbrucke, o puente sobre el río Main con sus imágenes barrocas de tamaño natural. Siguiendo el río regresamos a la camper con la idea de buscar un camping. Una señal nos llevó a 5 o 6 km de Wuzburgo, junto al río y a unos 300 m de las vías del tren. 16,50 € los 4, duchas de agua caliente aparte (0,80€). No nos pareció caro, aunque poco tenía. Cenamos, cargamos/descargamos agua y nos acostamos.



 
20 de julio, miércoles: Tauberbischofsheim,Gerlachsheim, Weikersheim y Rottemburgo ob der Tauber
   

Amanece medio nublado como el resto de los días. Nos dirigimos a la fortaleza a donde llegamos intuitivamente lo mismo que al aparcamiento. Faltan señales. De aparcamientos hay muchas, pero no de lugares de interés turístico. La fortaleza en sí no tiene interés. Destaca la impresionante torre del homenaje y luego una maqueta de la ciudad en el año 1500, y después del bombardeo que sufrió en 1945 donde quedó todo arrasado. Se encoge el corazón. Una serie de fotografías de la época completan la visita, pero lo que realmente hay en el interior de esta fortaleza es un museo.

A las 11,30 dejamos Wuzburgo para comenzar nuestro itinerario por la ruta Romántica comenzando por Tauberbischofsheim, a cuya entrada hay un aparcamiento donde dejamos la auto. Una bulliciosa y animada calle peatonal franqueada por bonitas casas de entramado y muchos comercios nos conduce a la Marktplatz o plaza del mercado alrededor de la cual se agrupan bonitos edificios y casas del XVII en adelante. La plaza a las 12,30, hora de comer, está llena de gente en las numerosas terrazas disfrutando de curiosas comidas. No me resisto a entrar en las “Bukeries” (panaderías) cuyo olor alimenta y donde diferentes tipos de panes aparecen expuestos. Continuamos por la calle central, la Fusgangerzone hasta el castillo, compuesto realmente por un conjunto de bonitas casas de entramado y una magnífica torre del homenaje.

Dejamos atrás Tauberbischofsheim por la 290 hacia el sur para dirigirnos a una iglesia situada en Gerlachsheim, antes de Lauda, pero que realmente es una calle que sale a la izquierda de la carretera después de Distelhausen. El interior de esta iglesia barroca es espléndido: impresionantes estucados, altares y un precioso púlpito rococó con un órgano, adornan esta iglesia con una elegancia exquisita.

Nos dirigimos ahora a Bad Mergentheim, con intención de visitar el castillo de la orden Teutónica y su plaza del mercado, pero dimos dos vueltas y no fuimos capaces de encontrarlo (al año que viene, GPS). Solo al final. Sigo diciendo que faltan señales, así es que decidimos dedicar nuestro tiempo al castillo de Weikersheim, dejando la 290 y hacia el este. Bien señalizado y con fácil aparcamiento, cruzamos un bonito prado verde y un río con gigantescas carpas a través de un sendero asfaltado. Atravesamos una puerta y una corta calle de casas de entramado nos conduce a la plaza del mercado, cuadrada, perfecta, armoniosa, limpia y ordenada. De nuevo terrazas llenas de gente que disfrutan de una deliciosa temperatura. Unas casas bajas de la servidumbre colocadas en forma semicircular, nos dan la bienvenida al castillo. Esperamos 15 minutos al guía, en alemán, por supuesto, aunque es de agradecer unas hojas en castellano que van explicando la visita que consta de dos partes: en la primera se visitan estancias del XVIII y XIX, perfectamente conservada en mobiliario ya que se dejó de habitar a finales del XVIII y principios del XIX y que consta de dos apartamentos, con habitación y dos salas más cada uno. En la segunda, las estancias son del XVI, donde destaca el salón de los caballeros con un formidable artesonado fijado con cadenas en el entramado del tejado y pintado con escenas vivas de caza, paredes adornadas con pinturas de animales que sobresalen de las paredes, impresionante chimenea y portal y curioso árbol genealógico. Al castillo se abre un bonito jardín que nos transporta a otra época, con arriates, caminos de forma geométrica, estatuas…algunas que se alinean con la fachada, son divertidas y curiosas representando personajes de la época.

Dejamos Weikersheim para ir a Rottingen, de la que sólo pudimos disfrutar de su plaza del mercado ya que al parecer los relojes solares que hacen famosa a esta ciudad están distribuidos por toda ella y no hay ninguna indicación, ni itinerario señalado y tampoco nadie nos puede informar. Son las 6 de tarde, una temperatura de 20 ºC los comercios están cerrados y no hay nadie por sus calles. Nos dirigimos a Creglingen, a la Iglesia de Nuestro Señor donde al parecer hay un relicario de madera de pino que es una obra maestra. Pero de nuevo no hay señales y volvimos a perdernos, así es que regresamos de nuevo a la carretera en dirección a nuestro destino de hoy: Rothenburg ob der Tauber, donde según hemos leído en 2 de sus 6 aparcamientos está permitida la pernocta. Encontramos primero el nº 3 con un grupo disperso de autocaravanas. Nada más acoplarnos rompió a llover hasta prácticamente las 9,30 de la noche. Disfrutamos de una ducha, cenamos dos deliciosas ensaladas y unas salchichas que habíamos comprado por el camino en una curiosa tienda donde preparaban bocadillos calientes a los obreros. Éstas había que cocerlas primero 6 minutos en agua. Nosotros después de cocerlas las pasamos por la sartén: una exquisitez.



 
21 de julio, jueves: Schillingsfurst, Feuchtwagen y Dinkelsbuhl
   

Estupenda noche, excepto por que a partir de las 6,30 comenzó el desfile de camiones y autobuses. Con la luz del día pudimos comprobar que el aparcamiento tiene servicios públicos y borne para carga/descarga de agua. A las 9,30 comenzamos nuestra visita a Rotemburgo, ciudad que parece sacada de un cuento de hadas donde el tiempo parece haberse detenido 300 años atrás. Si no fuera por las gentes que con sus ropas multicolores llenaban esta ciudad, nos hubiéramos sentido transportados unos cuantos siglos atrás: una vez atravesada la muralla de la ciudad, casitas de entramado de suaves colores, ordenadas, limpias, con flores multicolores colgando de las ventanas, dan la bienvenida a los visitantes y les acompañan en todos los recorridos que se hagan en cualquier dirección. Las tiendas…otra delicia: llenas de todo tipo de regalos perfectamente colocados y que entran por los ojos. Llegamos a la plaza del mercado y subimos a la torre del Ayuntamiento desde donde se disfruta de una preciosa vista de esta ciudad. Visitamos la iglesia de St Jacob admirando, a parte del altar principal, el llamado “Altar Sanguis” situado en el coro. Es una impresionante talla de madera que representa la última Cena. De regreso a la plaza del mercado, el reloj dio las 11 abriéndose unas ventanas de cristal y apareciendo por ellas unos personajes que según la leyenda, en el XVII salvaron a la ciudad de su destrucción. Sin resistirnos a entrar en algunas tiendecitas, recorrimos desde la plaza del mercado la calle que nos llevó a la puerta de Roder no sin antes comprar salchichas, pasteles y unas bolas dulces que vendían en todos los sitios, como de rosquilla que estaban buenas. Recorrimos un poco la muralla y regresamos de nuevo al corazón de la ciudad hasta la Spitalbastei. Otra vez caminamos hacia arriba y no pudimos resistirnos a entrar en la misma tienda en que estuvimos 20 años atrás, cuando visitamos la ciudad por primera vez en donde compramos un cascanueces de madera que todavía sobrevive casi en perfecto estado. Angel recordaba perfectamente donde estaba: en la Herrngasse a la izquierda y en una esquina después de la fuente. La tienda de la “eterna navidad”: luces, estrellas, campanas, abetos adornados cuajados de lucecitas blancas, bolas de navidad, regalos, relojes de cuco, peluches, objetos de madera, cientos, miles de adornos de navidad…desde una especie de piso superior se contemplaba una preciosa vista de esta tienda. La luz exterior desaparece para sumergirte en el mundo de la Navidad y la tienda es tan grande que a veces te desorientas y tienes que seguir las “flechas” para encontrar la salida.
A las 13,15 decidimos dar por terminada nuestra visita. Llevábamos casi 4 horas paseando sin parar y estábamos cansados. Seguro que nos dejamos cosas que ver, lugares y rincones que visitar, pero decidimos regresar a comer y partimos hacia el sur, a Schillingsfurst encontrando de nuevo su castillo barroco por intuición. 20 € y hora y media de visita, incluyendo una exhibición de rapaces. No merece la pena. Se visitan unas pocas estancias del castillo con mobiliario de la época pero ajado y descuidado. Guía en alemán, sin “papelito” en castellano. En los primeros 25 m de pasillo estuvimos 15 minutos oyendo explicaciones en alemán de cada uno de los cuadros allí colgados. Un petardo y en cuanto a la exhibición de rapaces…es mejor la de Aldea del Fresno en Madrid.

Así es que decepcionados, continuamos nuestro camino hacia el sur hasta Feuchtwagen aparcando en la misma plaza. Bonita fuente barroca. Subimos la calle Museumsgasse en la que casi al final, a la izquierda se puede ver una bomba de agua y una curiosa mesa de contar dinero. En la oficina de turismo, que hablaban castellano, preguntamos por un claustro románico que al parecer estaba cerrado por celebrarse representaciones de teatro, pero que pudimos ver por un restaurante que tenía este bonito claustro incorporado a su salón.

Dinkelsbühl era nuestra siguiente parada y destino ya que había leído que había un lugar para pernoctar. Unas señales nos conducen a un área preparada; a las afueras de la ciudad, 10€ y solo una auto a unos 200 m del camping, pero decidimos buscar la descrita por los italianos en el aparcamiento nº 2, al lado de los bomberos. Había 4 autocaravanas, aunque “habitada” solo 1. Gratis, tranquila, con Wc y a tan solo 200 m del centro. Nos instalamos. Los niños se quedaron duchándose pero nosotros salimos a pasear encontrándonos en la plaza “manifestaciones folklóricas lugareñas”. Debía ser un festival de fin de curso, ya que al principio eran niños, pero les sucedieron música en vivo, trajes típicos y bailes de la zona. Después de disfrutar con esto, a las 8, decidimos regresar. Justo a esta hora todas las campanas de la ciudad comenzaron a tocar ¡qué delicia!. Atravesamos la muralla y dejamos a nuestra derecha unos bonitos huertos donde cultivaban de todo. Cenamos y a las 10,30 nos fuimos a dormir.



 
22 de julio, viernes: Neresheim, Harburg y Donauworth
   

Estupenda dormida, pero a la hora de fregar nos quedamos sin agua, así es que sin ningún “borne” cercano, decidimos “salir del apuro” acarreando botellas de agua del servicio hasta unos 10 litros.

Visitamos la iglesia de St. Georg. Su altura y luminosidad la dotan de una bonita elegancia. Ya en el exterior de nuevo bonitas casas de entramado como la Deutsches y el hermoso patio romántico interior de la Hezelhaus, en la Segringer Strase en cuyo interior te sientes transportado a otro tiempo. Bordeamos un poco la muralla disfrutando de jardines y agua y a las 11 salimos de nuevo en dirección sur hacia Nordlingen.

En un gran aparcamiento para autocaravanas cargamos agua en un borne (2€). La ciudad tiene una muralla completa que al igual que un anillo, la cierra en redondo destacando las enormes casonas de entramados de 5 y 6 pisos desperdigadas por la ciudad. En la iglesia de St. Georg subimos su torre, de 90 m de altura llamada el “Daniel”. Después de 350 escalones pudimos disfrutar de una bonita vista de la ciudad. En esta iglesia nos llamó la atención los cepillos de “época” y los herrajes de sus puertas. Señalar que en todas las iglesias hay varios libros expuestos a la venta y quien quiera elige, se sirve y deja el dinero.
Paseamos por la ciudad, compramos, como no, salchichas y más tartas y comimos en el aparcamiento.

Dirección Sur Oeste por la 466 a la Abteikirche en Neresheim a unos 20 km. Como siempre, las señales brillan por su ausencia, menos mal que lo que buscábamos estaba en lo alto de una loma. Al llegar allí, ninguna señal de ningún tipo que indicara la entrada o algún otro lugar, así es que nos dirigimos a donde vemos unas puertas abiertas y accedemos a la iglesia. Obra de Neumann al igual que la Residencia de Wuzburgo, el interior es absolutamente impresionante: los frescos cubren todo el techo y los estucados blancos y dorados salpican todas las paredes y lo que contemplamos parece un inmenso cuadro de colores enmarcado en los estucos.

Regresamos a Nordlingen y ponemos rumbo a Harburb por la 25 hacia su fortaleza a donde llegamos a las 5,30. Habían cerrado media hora antes pero la celebración de una boda mantiene las puertas abiertas al patio central donde a parte de esto, solo podemos ver el interior de la iglesia. Aparentemente parece una fortaleza muy grande, pero nos tenemos que conformar con lo visto. Atravesamos el pueblo que no tiene nada destacable para dirigimos hacia Donauwörth que encontramos en fiestas por lo que su calle principal está llena de puestos que venden comida y bebida de todo tipo (hasta comida china). A lo largo de ella se extienden también bancos con mesas llenos de gente y cada 50 m escenarios con grupos musicales distintos, aunque no tocan todos a la vez. Recorremos esta bonita y ancha calle, dice nuestro libro que una de las más bonitas del sur de Alemania, y regresamos igualmente por ella. En un rincón tocan salsa con un ritmo que hace que se me vayan los pies, pero ellos…ni se mueven: miran, escuchan y alguno se atreve a hacer algún tímido movimiento apenas perceptible. Intento aumentar el ritmo de mi movimiento, pero toda mi familia sale corriendo. Resignada, dejamos la animada ciudad para encontrar el aparcamiento de autocaravanas, donde hay un circo instalado. La suerte nos acompaña y saliendo, junto al polideportivo, vemos una autocaravana. Es alemana y dice que se queda a pasar la noche. El sitio es tranquilo y muy agradable, por lo que decidimos quedarnos con ellos.



 
23 de julio, sábado: Ausburgo, Landsberg Am Lech,Schongau y Lechbruck
   

Dirección Ausburgo. Una vez allí, estamos de 45 a 60 minutos dando vueltas buscando un lugar donde aparcar y pasamos dos veces por la taberna “Pepe”. Aunque señalan un montón de aparcamientos, todos son cubiertos limitando la altura o el tiempo a 1 o 2 horas. Cerca de una estación de autocares encontramos sitio. Aunque alguien nos dice que podemos aparcar, otra que podemos ser multados con 20 Euros. Nos vamos y tras cruzar un puente sobre las vías de tren, conseguimos aparcar junto al estadio de fútbol, cerca de una torre circular muy alta. Tardamos 20 minutos a buen paso en llegar al centro. Echo de menos nuestra pequeña camper que entraba y cabía en cualquier sitio.

Iniciamos nuestro paseo por la ciudad con la Iglesia de Santa Ana, cerrada por obras. Al lado hay un gran mercado de frutas, verduras, pan, flores…Llegamos a la plaza del Ayuntamiento, grande, luminosa y, como no, llena de terrazas. Cruzamos y nos dirigimos a la Fuggerei, el barrio obrero más antiguo del mundo surgido en el XVI. Atravesamos la muralla circundante por unas de sus puertas y nos sumergimos en este encantador barrio con sus pequeñas casitas, una iglesia, fuente, jardines…y todo pequeñito. Pasear por él es una delicia, como lo fue 20 años atrás cuando estuvimos aquí por primera vez. Dejamos el barrio para ir a la Catedral en la que no hay nada que destacar, excepto la cripta. Al salir comienza a llover pero cesa enseguida. Recorrimos el espacio entre la catedral y la bonita Iglesia barroca de St. Ulrichs disfrutando de la impresionante calle Maximilianstrase, ancha, amplia, luminosa, limpia y ordenada, llena de bonitos y elegantes edificios a cada lado. De la Iglesia, otros 20 minutos andando hasta la camper. No tenemos pan, y españoles sin pan…así es que a las 13,45, rumbo a Landsberg, encontramos un Lidl donde nos abastecemos y comemos continuando por la 17 hasta Landsberg Am Lech.

Ciudad bañada por el hermoso río Lech donde celebran nuevamente otra fiesta de la cerveza por lo que la calle principal aparece cortada y llena de puestos de comida, bebida y escenarios donde una banda musical ameniza a los congregados que disfrutan de unas inmensas jarras de cerveza. La plaza es preciosa: pequeña, recogida, acogedora y luminosa, cerrada por una bonita torre que atravesamos para llegar por una pronunciada cuesta a la Bayestor, puerta gótica con torre de entrada a la ciudad del XV, policromada en su lado exterior. Bajamos y visitamos la barroca iglesia parroquial de la Asunción y regresamos a la Camper. Es pronto y aunque figura un camping en la ciudad decidimos continuar a Schongau. Una vez aquí el aparcamiento de autocaravanas (nº 3) está ocupado por una feria y no encontramos nada mejor. Visitamos la ciudad que no tiene mucho que ver, sobre todo cuando se está cansado y para llegar a ella hay que subir una pronunciada cuesta desde el aparcamiento. Como todas esta limpia, cuidada, ordenada y es muy tranquila. Si se tienen ganas se puede dar un tranquilo y agradable paseo hasta la plaza del mercado.
Ponemos rumbo sur, a Steingaden donde aparece un camping y un sitio de pernocta, pero el segundo no aparece y el primero al parecer está en Lechbruck, a 5 km al oeste.

El paisaje ha cambiado y la vista se pierde en inmensos campos verdes rotos por manchas boscosas de enormes abetos. Al fondo comienzan a recortarse los Alpes. Son vistas de postales.

En Lechbruck el camping está al lado de un precioso lago, también de postal: de orillas verdes, grupos de patos y de cisnes blancos se deslizan tranquilos por sus aguas, dibujándose al fondo de este cuadro los Alpes. 28 € los cuatro con duchas incluidas y es muy completo. Incluso posee unas pistas de tenis de tierra batida en las que no pongo mucho interés por el precio (6 €/h) y que luego me arrepentiría de no probarlas al comprobar que el precio de la pista “rápida” (de cemento) en los camping de Gerona era más caro (8€). En realidad tampoco hubo tiempo. Nos colocamos junto al lago para disfrutar de esta magnífica vista.



 
24 de julio, domingo: Rottembruch, Wies y Fusen
   

Por la mañana, al abrir la puerta, podemos contemplar unos bonitos cisnes con sus crías acercándose a la orilla a escasa distancia de nosotros. Delicioso. Decidimos tomarnos la salida con tranquilidad. Los niños quieren jugar al ping-pon, así es que saldremos tarde y aprovecharemos algunas instalaciones del camping que tiene de todo. Así ponemos una lavadora y secadora que nos consume todo el tiempo retrasando nuestra salida hasta pasadas las 12. Durante la espera charlo con una recién jubilada finlandesa que lleva ya 2 meses viajando y cuyo destino es Polonia e Italia. Grandes viajeros, conocen Galicia, Andalucía, Madrid y Cataluña. ¡Qué envidia!. Esto hace que la espera sea menos aburrida y que desoxide mi inglés en una conversación relativamente fluida. Las instrucciones de las lavadoras-secadoras sólo aparecen en alemán y tanto la finlandesa, como yo la ponemos en funcionamiento por intuición (sobre todo yo, más atrevida que ella). Angel, no muy convencido, y en un descuido mío, sube la temperatura 95ºC. Resultado: ropa desteñida y veremos a ver si no demasiado encogida.

A las 12,30 nuestro primer destino previsto era Rottembuch, para lo cual regresamos a Steingaden y subimos 3 km por la 17. La impresionante iglesia barroca-rococó de Rottembuch es difícil de describir: todo el espacio se llena con una majestuosa decoración de frescos y estucados dorados sobre fondo blanco dando lugar a una auténtica belleza. Pero el marco exterior que rodea esta zona no desmerece en nada las joyas que la salpican: la vista se pierde en inmensas extensiones verdes, abetos gigantescos, hayas,… vacas y caballos descansando tumbados o pastando apaciblemente…Atravesando estas “postales” y trazando un circulo hacia sur y luego hacia el oeste en dirección de nuevo a Steingaden, llegamos a la iglesia Wies, obra maestra del arquitecto Zimmerman que rodeada de esta espectacular naturaleza convive en perfecta armonia con ella. Su encantador exterior no deja imaginar lo que guarda en su interior de una impresionante belleza. Su bóveda, aparentemente de piedra, es de madera, con lo que ahorraron peso pudiendo incorporar un mayor número de ventanas, más altas y anchas dotando el interior de una gran luminosidad y claridad. Las elegantes y esbeltas columnas dirigen nuestra vista hacia su cielo raso, decorado con unos frescos que dicen que probablemente sean de las obras más hermosas de la pintura rococó. Y realmente son bellas. Tras detenernos admirando el interior, hicimos lo mismo contemplando el exterior y disfrutamos también de sus gentes, algunos con vestidos típicos de la región.

Tras comer nos dirigimos a nuestro destino de hoy: Füsen, pero primero intentamos buscar el “Salto del Lech”, al parecer unas bonitas cascadas, pero nos perdimos (otra vez carencia total y absoluta de señales) hasta que alguien en castellano nos indicó que era cruzando el Lech en dirección a Austria. Cuando lo encontramos, no tuvimos sitio para aparcar así es que tras un par de intentos, decidimos volver al día siguiente dirigirnos al área de pernocta que al año anterior habíamos localizado y que estaba completa. Este año, antes de ésta aparece otra a 8€ pero solo tiene wc y llenado y vaciado de aguas. La elegida, que este año tenía sitio suficiente, cuesta 10€ pero disponen de duchas por 0,50 €. Está parcelada por lo que entramos, nos colocamos y en el edificio de la entrada decimos el nº de la parcela y la matrícula de la auto, así como si deseas o no electricidad. Un ordenador lo controla todo y un listo dice que no quiere electricidad, pero el ordenador se “chiva”. Además, tienen unas bonitas fotos con bollos y su precio. Si se desea, se encargan y se pagan recogiéndolos a la mañana siguiente con el ticket de compra. Muy alemán: bien pensado y organizado.
Son tan solo las 5,30 y estamos a unos 20 minutos de la ciudad, no tenemos más que hacer, ni ganas, así es que jugamos una buena partida de petanca que interrumpió la lluvia. Ducha y cena.



 
25 de julio, lunes: castillo de Neuschwanstein y hacia la Selva Negra
   

Nos levantamos pronto para ir al castillo de Neuschwanstein. Recogemos nuestros croisanes, cargamos agua, damos una vuelta al Lidl y vamos al castillo. Llegamos a las 9,45 y ya había un poco de cola para los tickets. 18€ los 4, ya que los niños no pagan. Todos prefieren subir andando así es que iniciamos el agradable y fresquito paseo llegando una media hora antes de la hora prevista para nuestra entrada (10,50). Las visitas están numeradas y la nuestra es la 434. Van por la 430. Exactamente a las 10,50 aparece la 434 y un grupo de lo más heterogéneo acude a la cola. Introducimos nuestro ticket, luz verde y torno que gira. En el interior tienen ya preparados nuestros 4 “teléfonos” en castellano que un guía acciona remotamente según la estancia a la que accedemos preguntando de vez en cuando si todos funcionan “O.K.” Es un sistema sencillo y práctico para que cada uno disfrute de la visita en su propia lengua.

Si el castillo es espectacular por fuera, el interior no lo es menos, y si cabe, es aún mejor, transportando a los visitantes al mundo de leyendas e ilusiones en que vivió Luis II de Baviera. Las vistas también son igualmente impresionantes. Es todo un conjunto inmejorable. Es realmente un castillo de cuento de hadas, broche inigualable para todo un recorrido mágico. Al salir visitamos las cocinas y nos dirigimos al Marianbrukle al que llegamos tras una pronunciada subida por un bosque y en “procesión” unos tras otros (¿qué será en agosto?) y la vista del castillo desde el puente de hierro colgado sobre el abismo es también, para no desmerecer, espectacular. Merece la pena el esfuerzo.

Dejamos arriba el castillo y decidimos ir a las cataratas de Lech. Nos sentimos algo decepcionados: es un salto artificial y aunque son algo espectaculares más por lo ancho que por lo alto, no es para darle el “bombo” que habíamos leído: “emociones aseguradas”…Como disponíamos de tiempo intentamos seguir esta carretera hacia el Castillo Linderhof a pasear por sus jardines que al parecer son de distintos estilos. El camino más corto era por Austria, pero a pocos km de la frontera la carretera se convierte en autopista y no llevamos la obligatoria “pegatina” para circular por ellas. Recordamos el incidente del verano pasado en Chequia así es que regresamos a Fusen, ya que frente a la zona de estacionamiento habíamos localizado una nave pequeña de venta de accesorios de camping que decidimos visitar y que dicho sea de paso, no nos pareció cara. Después pusimos rumbo a nuestro siguiente itinerario: La Selva Negra a través de Kempten, Lindau, Friedrichshafen y en Steisingen dirección a Neustadt por carreteras con mucho tráfico y cayéndonos agua, mucho agua, a veces auténticas cortinas que nos limitaban mucho la visión.

Tarde ya llegamos a Titissee y siguiendo las indicaciones de una página italiana, llegamos a las puertas del camping Bankenhof que permite la pernocta de 5 de la tarde a 10 de la mañana por 12 € pudiendo utilizar todos los servicios del camping. El lugar era bonito y tranquilo, junto al río y a 25 m escasos de la puerta. Nos dimos unas duchas estupendas, jugamos un poco a la petanca y a dormir.



 
En la Selva Negra
26 de julio, martes: Titisee, Bernau Resenhof, Belchen, Munstertal, Staufen y Friburgo

   

A las 8,30 estábamos levantados y las 9,40 pusimos rumbo a Schluchsee iniciando así nuestra ruta por la Selva Negra. Pero la carretera aparece cortada y cambiamos de rumbo para dirigirnos hacia Bernau, primero por la 317 hacia el oeste y luego ya por carreteras locales. El paisaje es impresionantemente hermoso. Densos bosques de gigantescos abetos mezclados con hayas, pequeñas montañas donde el color verde lo llena todo, hasta donde se pierde la vista. Parecen maquetas de trenes, de las que mirábamos embelesados cuando éramos niños. Enormes casonas de madera con tejados de “escamas” de madera también, con geranios multicolores que cuelgan de sus ventanales salpican este verde paisaje donde hay una infinita gama de tonos verdes. Las carreteras son buenas, pero retorcidas por lo que el avance es lento aunque la camper responde de maravilla. En el centro deportivo de Oberlehem hay una zona de servicios y estacionamiento para autocaravanas, bonito, pero muy solitario y no tiene pinta de que vaya nadie por la noche, al menos en julio. Cargamos/descargamos agua y nos acercamos al pueblo, al Heimatmuseum, aunque la dirección correcta es en Resenhof. Este museo está situado en una granja que estuvo habitada hasta 1976 y que ha permanecido intacta desde el XVIII. Al atravesar las puertas de esta impresionante granja no solo la vista, sino el olfato nos traslada a otra época cercana, y a la vez lejana. Nos sumergimos en una especie de “túnel del tiempo” por donde vamos y venimos. Comenzamos por la sala de estar de gran luminosidad con dobles ventanas y su estufa tradicional para seguir por la habitación y cocina que dan testimonio de la sencillez de la vida cotidiana. Incorporados a la casa, aunque a parte, aparecen los establos para diferentes animales: gallinas, cerdos, vacas, caballos… Luego numerosos talleres artesanales reconstruidos: fabricación de cepillos, barricas, tabillas para los tejados, cubetas, telares, taller de zapatero… nos deja impresionados. Ahora comprendemos el tamaño de estas casonas: en su interior contienen todo lo necesario para no depender del exterior. Los distintos tipos de carros o carruajes utilizados acceden directamente desde el exterior a la parte superior de la vivienda .. Aquí nos sorprendemos también por todo lo que guardan: carros de varios tipos, para transportar madera, heno, …trineos, herramientas diversas y hasta una fragua aunque Angel dice que no es posible que entre tanta madera estuviera funcionando, más bien parece añadida. Merece la pena desviarse, no sólo por el bonito paisaje de este valle, sino para disfrutar de este peculiar viaje en el tiempo donde todo permanece como si sus habitantes fueran a regresar en cualquier momento.

Pusimos rumbo a Belchen, una de las 3 mayores alturas de la Selva Negra. De nuevo el paisaje es todo un lujo para la vista. Dejamos la camper y por 15 € ascendimos en telecabina a 1400 m. Las vistas son una auténtica maravilla, miremos por donde miremos. Dimos una vuelta para contemplar los paisajes desde este privilegiado otero. Espectaculares.

Descendimos y después de comer y darnos un breve paseo por un bosque de abetos observando como la vegetación se abría paso por cualquier pequeño espacio, pusimos rumbo a Munstertal y Staufen. La retorcida carretera asciende y desciende entre verdes montañas, abetos, hayas, vacas y casitas de madera. En Munstertal visitamos el monasterio que tiene una bonita iglesia al que accedemos atravesando un pequeño cementerio que parece más que eso, un jardín algo “peculiar”, con plantas y flores de distintos tamaños, formas y colores, como todos los cementerios alemanes. Llegados a Staufen, dimos un paseo por este delicioso lugar, que bien merece una parada por sus bonitas y tranquilas calles por las que discurren canales de limpia y transparente agua donde algunos niños chapoteaban ya que la tarde era calurosa (27ºC). Alguien nos recomendó la pastelería Bequer que encontramos y donde compramos unos deliciosos trozos de tarta. De Staufen, Angel decidió ir a Friburgo a buscar un sitio para pernoctar y aquí se acabó la paz del día: no lo encontrábamos, luego, cuando dimos con la señal no pudimos salir de la autovía por estar el carril derecho en obras, intentamos cambiar de sentido y terminamos en otra autovía…Un auténtico laberinto de carreteras y autovías con una carencia casi absoluta de señalización. Al final parados frente a una señal de camping, cabreados y perdidos, decidimos ahorrarnos disgustos y gas-oil y entrar. Camping Tunisee, a 10 km de Friburgo y al borde de un bonito lago en el que la gente disfrutaba de un baño. 22,50 € más 0,55 por ducha. Lleno de cebolletas, pero todo muy “ordenado” (hasta nos señalaron el sentido en que debía estar colocada la auto). Por la noche, cuando íbamos al baño, oímos hablar castellano: resultaron ser un padre alicantino que estaba de visita a su hijo que vivía en la ciudad. Intercambiamos algunas opiniones y nos fuimos pronto a descansar. Como curiosidad decir que a Raúl le llamaron la atención por orinar en los lugares destinados a “aguas mayores”.



 
27 de julio, miércoles: Friburgo, Fendler y Schelusse
   

Antes de dejar el camping para ir a visitar Friburgo y aprovechando el ofrecimiento que nos hizo la encargada del camping el día anterior, paramos en la recepción para pedir una fotocopia de un plano de los alrededores de la ciudad con el objeto de llegar a un “Park and Ride” y desde allí tomar el tren al centro. Pero ésta no está y la persona encargada la telefonea. En 5 minutos viene (que “cuadriculados” me parecen ¿qué costará dar la fotocopia?, pues no, tiene que venir la dueña). Pasan los 5 minutos y más de 10, insisto, me contesta que está en el restaurante, a 20 m de recepción, seguimos esperando y como el que espera desespera, le pedimos que sobre el plano nos lo explique, que no tenemos todo el día. Me voy echando “sapos y culebras”. Pese a las explicaciones y nuestro dibujo, nos perdemos y otra vez en el laberinto de autovías. En un momento no sabemos ni donde estamos ni a donde nos dirigimos. Comenzamos a odiar esta ciudad. Vemos una señal de P+R que desaparece. Sale la reserva de Gas-oil. Esto no va bien. Volvemos a ver la señal al final encontramos el aparcamiento donde dejamos la camper. Primer obstáculo salvado. El segundo, es saber donde está el tren. Sólo hablan alemán pero les entendemos. El tren es un cómodo tranvía con las vías a pié de calle. Ahora llega el tercer obstáculo: saber qué tranvía nos lleva al centro y dónde nos tenemos que bajar…lo conseguimos. Llegamos al cuarto y saber cómo se compra el billete. Las instrucciones de la máquina sólo están en alemán. Preguntamos si podemos comprar los billete dentro y nos dicen que sí, pero en el interior del tranvía sólo va el conductor “blindado” en una cabina de cristal. Ni pestañea. Aquello se mueve y nosotros sin billete. Me entra la risa nerviosa y Raúl dice que nos bajemos que nos van a multar. Al final un chico joven que habla inglés nos compra los billetes (6 € los billetes para 5 personas durante 24 horas.) ¡vaya! ¡lo conseguimos!.

En 10 o 15 minutos escasos llegamos al centro de la ciudad. Nos fijamos bien donde estamos, el número del tranvía y donde se encuentra la parada de vuelta. Al principio estamos un poco desorientados pero conseguimos dirigirnos hacia la catedral. En todo su alrededor se celebraba un mercado con todo tipo de productos: frutas, verduras, pan, salchichas, flores, plantas, madera…muy bonito. La catedral y las casas que la rodean forman un hermoso conjunto gustándonos más este exterior y su ambiente que el interior. Dejamos atrás este animado lugar para dirigirnos al Ayuntamiento por tranquilas calles por las que solo circulan tranvías y gente en bicicleta. De nuevo vemos los pequeños canales por los que circula el agua clara y transparente. Ya en el Ayuntamiento, disfrutamos del bonito edificio y el conjunto que lo rodea en un día soleado y luminoso que anima a las gentes a salir a las calles. Regresamos en el tranvía al P+R para abandonar Friburgo y dirigirnos al Fendber, primero por la 31 y luego al sur dirección Todtnau, dejando atrás sus cataratas que no visitamos. Encontramos gasolinera enseguida y menos mal, porque hicimos una buena bajada y subida sin ver ninguna.

Llegamos a la 4,30 al Fendber, pero el teleférico cerraba a las 5. Podíamos bajar andando, pero no parecía un paseo agradable: calor y escasa o nula vegetación. Decidimos no subir pese a que este pico tiene mayor altura que el Belchen e ir hacia Titisee, al aparcamiento del camping Bankenhof, por la 317 trazando un círculo. De camino nos encontramos abierta la carretera hacia Schelusse así es que nos acercamos a ver este bonito lago glacial y de paso hicimos alguna compra de comida. Una vez en el camping Bankenhof nos dice en una mezcla de aleman e inglés y muy “seco” que no podemos pernoctar allí por no sé qué de un carrusel que ya estaba allí la noche en que dormimos nosotros. Que podíamos optar por dormir dentro (24,60 €) o ir a Titisee. Indignados por lo que nos pareció una “jugada”, decidimos que preferíamos pagar más en otro camping de los 3 más que había por la zona, que dárselo a este listo. El primero, completo y el segundo…parece más un camping español de playa en el mes de agosto (sin ofender a nadie) sin cebolletas. No nos gusta nada y encima es más caro. Casi completo y sin parcelar, reina la anarquía ¿será por que sus dueños son franceses? Estos, muy jóvenes, más bien parecían un grupo que “jugaba a los campings” y tenía la impresión de que si les daba una pelota se pondrían a jugar al fútbol. Pero no podemos elegir. Seguro que hay sitios peores. Nos instalamos al lado de unos peculiares campistas: llevan 3 tractores que son piezas de museo, muy cuidados y 2 roulot de las antiguas, de esas de madera, altas, con grandes ruedas, chimeneas metálicas, cortinas de encaje…. parecidas a los vagones de los trenes de antes. Son una familia con y un niño y otro adulto que viaja solo. Nos damos una estupenda ducha y a descansar.



 
28 de julio, jueves: Sankt Peter, Kandel,Haslach, Gutach y Triberg
   

Después de disfrutar la espectacular salida de nuestros vecinos que despertó interés en todo el camping retornándonos a todos al pasado de nuestros “elementos”, dejamos el camping “el mogollón” para recorrer el Hollental por la 31 dirección Friburgo para luego poner rumbo a Stesen y Sankt Peter, dirección Baden-Baden.

En Sankt peter disfrutamos de la bonita iglesia barroca, pero su biblioteca estaba cerrada. Abría a la curiosa hora de las 14,30 y tan solo eran las 11,30 por lo que pusimos rumbo al Kandel, tercer pico más alto de la Selva Negra.

Una vez allí, desde la carretera vimos que había un paseo hasta la cima, pero por una desarbolada zona y mucho calor. El día no era muy claro y había poco o ningún entusiasmo por andar, así es que comenzamos el retorcido y pronunciado descenso por una carretera cuya anchura estaba limitada a 2,10 m, entre bosques de hayas, arces y gigantescos abetos. En Waldkirch tomamos la 294 hasta Haslach ciudad que bien merece un paseo por sus calles principales con bonitas y cuidadas casas del siglo XVIII, algunas de entramado. Mientras, en el campo, la gente aprovecha este tercer día soleado y caluroso para cortar la hierba, recogerla y llevársela. Seguimos contemplando estas casonas con inmensos montones de leña perfectamente ordenados por tamaños todos del mismo largo. El invierno debe ser muy duro en estas latitudes, pero hoy hace un calor casi como en España por lo que después de comer nos quedamos un poco “traspuestos”.

Ponemos rumbo por las 33 hacia Gutach, al museo al aire libre de la Selva Negra: “Vogtsbauernhof”. Llegamos a las 4,30 y cerraba a las 6, por lo que visto desde fuera el tamaño nos apresuramos. Es un museo vivo formado por un conjunto de casi una treintena de edificios de distintos usos que datan del XVII hasta el XX, entre casas, y diversos elementos fundamentales para la vida autosuficiente donde se han reconstruido seis granjas con sus dependencias y cada una representa los diferentes tipos de vivienda existentes en la selva negra. Todas las granjas contaban junto con la vivienda y en el mismo edificio con granero y establos para distintos animales: vacas, cerdos, caballos, gallinas…La parte superior estaba destinada a carros y carruajes de distinto tipo con acceso directo al campo, además de contener herramientas, aperos diversos y en algún caso hasta la era. Es un magnífico conjunto de casas y granjas de madera de distinto tamaño y tipo además de graneros, molinos –de cereal y aceite-, carbonera, sierra hidráulica, horno, fragua, molino… en un estupendo estado de conservación, con utensilios, ropas, herramientas…incluso nos detuvimos delante de la “casa de los jornaleros” por pensar que estaba habitada, ya que se oía la radio, había ropa tendida fuera y el mobiliario era de mediados del siglo XX. Cuando nos asomamos solo pensamos que era un poco “cutre” y anticuado, pero solo al ver gente merodeando por el interior nos convencimos que no era una vivienda habitada, si no que formaba parte del conjunto. Estuvimos una hora y media, pero con tranquilidad la visita requiere mucho más tiempo. Tiene detalles como los distintos tipos de cultivos de la zona, cereales diversos y plantas de forraje, así como productos de la huerta e incluso colmenas (éstas últimas vacías). Resulta más que interesante, curioso y muy bien cuidado. No hay que perdérselo.

Continuamos hacia Triberg a buscar una zona de pernocta. Por la carretera comenzamos a ver tiendas de relojes de cuco. Llegados a esta ciudad seguimos una señal de aparcamiento de autocaravanas, pero cuando llegamos resultó ser un garaje techado. Parecían “nichos” para cada autocaravana. No era un sitio agradable, por lo que preguntamos a unos italianos que estaban maniobrando para colocarse y nos dijeron que se iban a la estación del tren. Les seguimos. El lugar era agradable y tranquilo a primera vista, pero el ruido del tren al pasar era ensordecedor. Ellos, que hablaban en perfecto italiano hasta con una escoba, preguntaron y tuvieron la buena fortuna de dar con otros italianos que les dijeron que el tren solo descansaba 4 horas en la noche y les recomendaron otro lugar. Así es que les seguimos, pero de camino encontramos el aparcamiento nº 6 que recomendada una página web italiana y que rechazamos en un principio por que decía que estaba inclinado. Pero esta inclinación era muy leve así es que decidimos quedarnos. El lugar no era una maravilla ya que solo era un aparcamiento junto a la carretera, pero mejor que la estación. A sugerencia de ellos, sacamos nuestras sillas y los 4 mantuvimos una agradable charla cada uno en nuestros respectivos idiomas pero entendiéndonos muy bien, aunque alguna vez que otra nos “atascábamos” en alguna palabra. Eran dos jubilados, él de 72 años pero con una vitalidad y agilidad totalmente envidiables. Conocían toda Europa y habían venido a Triberg a comprar un reloj de pie. A las 11 decidimos desmontar nuestra improvisada tertulia e irnos a dormir.



 
29 de julio, viernes: Triber, Schiltach
   

Nos levantamos a las 8,30 y una hora después nos tomamos otro café en la autocaravana de nuestros amigos italianos al que nos habían invitado la noche anterior charlando amigablemente hasta las 10,30 en que decidimos ir a ver las cascadas y ellos a buscar su reloj. Aunque habíamos leído que a parte de costar 5 €, no merecían la pena, lo intentamos. Nos costo 3,50€ a los 4, y al margen de la belleza de las cascadas que realmente son una sucesión de ellas que se descuelgan en una pronunciada pendiente entre bosques de abetos y hayas, contemplar a las ardillas y sobre todo a los cucos compitiendo por los cacahuetes que les ofrecían los paseantes, fue una delicia. Nunca habíamos visto tantos cucos.

Regresamos dando una vuelta por la iglesia y decidimos buscar un bonito reloj de cuco para los abuelos. En las grandes tiendas siempre encontramos alguien que hablaba castellano, y es que el euro es el euro y los españoles debemos ser buenos compradores. Dimos un pequeño paseo en la auto hasta Schonwald, pero no había nada que destacar por lo que regresamos a Triberg y camino de Gutach, en la misma carretera, pasamos por el reloj de cuco más grande del mundo que realmente era una tienda. Eran las 2 y un gigantesco cuco salió para dar la hora. (Me recordó el chiste del pájaro “uiuiuiui”). También aquí hablaban castellano. Decidimos bajar un poco más en busca de nuestro reloj y en otra gran tienda en la que también hablaban castellano, lo compramos finalmente.

Subimos hacia el norte por la 294 de regreso por Gutach hasta Schiltach. Agradable sorpresa con esta ciudad llena de bonitas casas de entramado. Vimos una señal de aparcamiento para autocaravanas, la perdimos 2 veces, pero al final la encontramos, nada más cruzar el río, antes de las vías del tren, a la izquierda. Aparcamiento nº 1. Delicioso lugar, de los mejores, si no el mejor, casi en el centro junto a un bonito río con patitos. Muy tranquilo. Nos fuimos a dar un paseo pero comenzó a llover. Aún así y como la ciudad “prometía”, continuamos. Es una preciosidad, con casas de entramado del XVII y XVIII, en un perfecto estado de conservación, como si las hubieran terminado ayer. Se alineaban una tras otra a lo largo de las calles centrales formando un bonito conjunto que bien merece un paseo. Pero lejos de cesar la lluvia, ésta arreció: se oscureció todo y cayó una auténtica cortina de agua. Ayer nos achicharrábamos y hoy nos ahogamos. Desde la parte alta se tenía una bonita vista del conjunto. En una típica casita, de esas que dibujábamos cuando éramos niños en forma de “V” invertida, con una ventana en la parte de arriba, y dos en el piso inferior, apareció un señor en la ventana superior que tenía las contraventanas de madera abiertas. Reconozco que la imagen era provocativa y los chicos no pudieron resistirse a emitir el típico sonido de la zona que aún retumbaba en nuestros oídos: “Cu-cú, cu-cú, cu-cú”....Con la sensación de haber cometido una travesura, salimos corriendo, lo más dignamente posible. El agua nos obligó a regresar y oscureció aún más arreciando con rayos y truenos. A las 6 de la tarde estaba todo oscuro. El lugar era precioso y tranquilo y no podíamos disfrutarlo. Así es que decidimos darnos una buena ducha y jugar una partida de cartas durante la cual no cesaron los comentarios guasones relativos al diluvio que caía, como que a los patos del río ya se les podía echar pan desde la misma ventana o que alguno se estaba ahogando y es que el nivel subió unos 30 cm en poco tiempo y el agua bajaba de color “chocolate” con una fuerza impresionante. El vecino de una pequeña camper aprovechó la lluvia para ponerse un bañador y darse una ducha y una autocaravana francesa se fue, pero vimos que otra alemana permanecía en el lugar y pensamos que esto debía ser aun peor en la primavera, con el deshielo, así es que ahí nos quedamos.



 
30 de julio, sábado: Schiltach, Alpisbach, Allerheiligen, Offenhofen
   

Mientras desayunábamos observamos como una pareja de novios se fotografiaba en este bonito rincón. Antes de dejar esta ciudad, Angel y yo decidimos dar un paseo de nuevo, esta vez sin lluvia, ratificando lo visto el primer día: preciosa. Contemplamos por primera vez un mirlo acuático comiendo en el río tranquilamente. Nos abastecimos en el supermercado de cara al fin de semana y siendo ya nuestro último día en Alemania. Habíamos disfrutado todo el viaje de unas ensaladas y salchichas exquisitas, por no hablar de su pastelería, además de mucha variedad de carne de buena calidad. Muy especiada, pero muy rica. Lo que no vimos y nos llamó la atención fue pescado fresco y muy poco congelado.

De aquí, y sin dejar la 294, nos dirigimos a Alpisbach a ver el monasterio benedictino del XII. Como siempre, nos perdimos ya que para no variar, las señales brillaban por su ausencia. Pagamos 9 € pero sólo pudimos visitar el claustro y la iglesia. Todas las puertas estaban cerradas. Es interesante, pero 9 € nos resultó un precio excesivo. La iglesia para ser románica tiene una amplitud y altura que nada tiene que ver con el románico español.

Dejamos atrás Alpisbach y pasamos por Freudenstadt sin nada destacable a no ser por una bonita, limpia y espaciosa plaza completamente reconstruida. Tomamos la 28 que luego se convirtió en la 500, camino de Allerheiligen en pleno parque natural a ver unas ruinas de un monasterio y unas cascadas. Estábamos ya en la que llaman la “alta selva negra” y el paisaje es igualmente bonito: desde miradores disfrutamos de lomas cubiertas por inmensas masas boscosas de abetos, hayas, tejos, avellanos…ofreciendo distintas tonalidades de verde. Al fondo de estos verdes valles, conjuntos de casas de madera. Desde la carretera y en una zona alta, encontramos una curiosa área que parecía devastada por algo ya que los árboles aparecían tirados y secos por el suelo. Nuestras reservas de agua comenzaban a escasear así es que paramos en una bonita fuente de piedra que había en la carretera y llenamos parte del depósito a cubos por los asientos. Mientras llegó una extraña pareja a quienes preguntamos si era potable. Sacaron un medidor de “partículas” que les indicó que sí lo era. No obstante, ellos antes de beberla la “bendijeron” en una particular ceremonia.

Llegamos a las cascadas y decidimos comer antes de visitarlas y mientras lo hacíamos pudimos disfrutar de un interminable desfile de coches deportivos de “época” alemanes y suizos: porche, BMV, mercedes de varios modelos e incluso un SEAT 500 con motor deportivo. Al principio nos llamó la atención, pero cuando habíamos visto pasar casi medio centenar, ya ni nos asomábamos.

Las ruinas del monasterio, bonitas y cuidadas y las cascadas…quizás las más bonitas que hayamos visto hasta ahora, mejores que las de Triberg ya que salvaban un gran desnivel en varios grupos rodeadas todas de pronunciadas pendientes cubiertas de helechos, flores, musgos y otro sin fin de plantas que tapizaban el suelo. Aunque hay algún tramo duro, éste es corto y resulta un agradable paseo que merece la pena hacer. Tiene dos aparcamientos, uno en la parte superior emplazado cerca de las ruinas del monasterio y otro en la parte inferior.

De regreso a la camper caímos en la dimos cuenta de que estábamos en un lugar distinto al que creíamos estar ya que habíamos ido a Allerheiligen por Ruhestein, en lugar de tomar antes una carretera que dirección al oeste, se dirige a Oppenau, y antes de este pueblo, se toma otra que se dirige al norte hacia Allerheiligen. Así es que tuvimos que regresar a Oppenau, aunque no por la misma carretera retorcida y larga. En un punto elevado de ésta, se estaban tirando en parapente y paramos a mirar como el resto la gente allí congregrada y de paso, admirar las bonitas vistas.

De camino a Baden-Baden, y viendo que no teníamos señalado ningún lugar de pernocta, optamos por ir a Buhl a 10 km al sur de Baden-Baden pero en una desviación a Achern vimos una señal de aparcamiento de autocaravanas y decidimos seguirla. Cuando estábamos a punto de dar la vuelta, encontramos el lugar en Offenhofen (2º pueblo). El sitio era precioso, aterrazado entre árboles y hierba. Pero no era una zona de estacionamiento, sino un camping en una granja más bien cutre, aunque el precio -12,50€ los cuatro- nos pareció razonable y acorde con el lugar. Nos habíamos aficionado a la petanca, así es que echamos otra partidilla. Cenamos y a eso de las 10,15 de la noche los chicos regresan indignados por que los habían llamado la atención por el ruido que hacían al fregar los platos, platos de melanina. Les dijimos que estamos en su país, así es que “a jo… y agua…”



 
31 de julio, domingo: Offenhofen, Baden-Baden-Castillo favorito
   

Dormimos fenomenal y nos levantamos alrededor de las 9. Dirección Baden-baden, pero nos desviamos un poco hacia el oeste dirección Neuweier y Steinbach buscando las ruinas de Yburg a las que la guía verde michelin daba mucha importancia. De nuevo se repite la historia: no hay señalización alguna, aunque en la oficina de turismo (abierta en domingo) nos indican. Sin embargo una señal de prohibición de más de 2 toneladas nos detiene. Estamos en el límite y no queremos problemas así es que decidimos dirigirnos directamente al castillo “Favorito” en Rastaf, atravesando Baden-Baden que parece una ciudad elegante y tranquila con hermosos jardines tipo inglés. No hay señales del castillo hasta que llegamos a Rastaf y desde allí está muy bien señalizado.

El castillo está rodeado de preciosos jardines donde la gente, al ser domingo, disfruta de un soleado día de descanso a una temperatura estupenda. En el interior pregunto ya por sistema si hablan el castellano (lo hago ya por sistema, hay que popularizar la lengua) y me sorprenden contestándome que sí y que la próxima visita en 10 minutos seguramente nos la hacen en nuestra idioma. Y así es, en exclusiva para nosotros 4 disfrutamos de guía y resulta absolutamente delicioso ya que no sólo es interesante, si no divertida y amena. Una auténtica lección de historia sobre la vida cotidiana de las gentes del siglo XVIII que “engancha” incluso a los chicos. El castillo es precioso, pequeño y coqueto, pero muy elegante. Lo que más sorprende son los suelos y paredes de estucados imitando el mármol y en las paredes relieves de papel “maché” y telas. Al parecer, únicos en el mundo. Destacan especialmente por su belleza, elegancia y originalidad la sala de los espejos, la sala de música, circular en dos pisos con una excelente acústica, y las habitaciones, así como las porcelanas y las chimeneas de las 2 primeras estancias visitadas. Pero Beate, nuestra guía que nos acompaña durante una brevísima hora, consigue que disfrutemos y que perdamos la noción del tiempo transportándonos a las vidas y costumbres de unas gentes cuyas vidas eran meras “ilusiones” y “apariencia”: 24 horas cocinando exquisitos manjares que no podían degustar por estar todos desdentados a los 20 años por falta de higiene, lujosos vestidos cubriendo cuerpos que nunca se lavaban, exceptuando la punta de los dedos y pelucas sobre calvas cabezas debido a los piojos. En las cocinas, curiosa “lista de la compra” en una tabla de pizarra con dibujos de los distintos productos para anotar al lado las cantidades, o los recipientes de una exquisita porcelana que contenían los alimentos cocinados y que identificaban a los comensales su contenido: una cabeza de jabalí indicaba que dentro había carne de jabalí o un faisán o pavo que señalaba que su interior contiene estos alimentos. En todos los años que llevamos viajando por Europa era la primera vez que disfrutábamos de guía en castellano y SOLO para nosotros. Todo un lujo.

Beate se despidió cariñosamente de nosotros sugiriendo que si algún otro compatriota visitaba el castillo, preguntara por ella, que estaría encantada de mostrarlo. Le gusta hablar el castellano y tiene pocas oportunidades. Terminada la visita paseamos por los jardines y luego comimos regresando a Baden-Baden. Pero fuimos absolutamente incapaces de dar con la Liechestersare strase, junto a la cual había un precioso jardín inglés con más de 300 especies. Eso sí,, pasamos por delante de su lujoso casino y creyendo que íbamos bien, acabamos frente a la entrada a un aparcamiento de 2 m de altura sin posibilidad de ir a otro sitio. Como pudimos dimos la vuelta y salimos atravesando la ciudad por un túnel (por tercera vez) que sería la delicia de Gallardón. No obstante, hicimos un último intento sin resultado. Definitivamente las ciudades alemanas no están preparadas para el turismo ni para circular en autocaravanas.

Iniciamos así nuestro regreso rumbo sur por la E-35, saliendo dirección Mulhouse a la E-60. Pernoctamos de nuevo en Bau les dames y esta vez estaba hasta “la bandera”, aunque tuvimos suerte encontrando sitio junto a unos madrileños, Bernardo y su mujer y la familia catalana de Pere. A los primeros les contamos por encima algo de la Selva negra ya que allí se dirigían con poca información. Luego compartimos todos juntos una agradable charla hasta las 10 menos cuarto, cuando el frío ya nos dejó casi tiesos. Tarde ya, cenamos y nos fuimos a dormir.



 
El Regreso
1 de agosto, lunes: En Francia

   

Después de desayunar nos abastecimos y partimos rumbo al sur. Después de Lyon, íbamos de “bouchon” en “bouchon” por lo que decidimos salirnos de la autopista aunque aquí íbamos de pueblo en pueblo, por lo que el avance era lento. A las 6 de la tarde sólo habíamos recorrido 500 km. En Orange entramos de nuevo en la autovía para dejarla en Beaucome-Tarascón en busca de un área . Como el mapa es muy malo vamos casi a ciegas, pero al final dimos con ella, junto a un bonito río, muy arbolada, aunque aquí el color verde ha sido sustituido ya por el dorado y amarillo de la paja. Pasamos la noche junto a unas 8 o 10 autocaravanas más.



 
2 de agosto, martes: En Francia, en la playa
   

Nos acercamos a la playa parando antes en accesorios Narbonne de Montpelier. Al ser las 12,15 está cerrado así es que decidimos acercarnos a algún centro comercial a buscar un buen mapa de Francia y alguna guía de áreas de estacionamiento y pernocta. El primero lo encontramos, pero no tuvimos suerte con lo segundo. Comemos pronto para irnos a la tienda aunque no encontramos cosas de interés y los precios nos resultaron más bien caros. Una mesa de camping como la que nos gustaría vale la friolera de 100€. Compramos algunas cosillas y nos dirigimos a Sette donde nos habían dicho que hay una buena playa con posibilidad de pernocta, pero resulta ser una carretera con autocaravanas y turismos a lo largo de ella y en la misma cuneta. No nos gusta así es que decidimos ir a Narbonne playa, St. Luis S.Mer o Gruissan donde aparecen 3 áreas. Después de soportar unos buenos “bouchones” llegamos a St. Luis S.Mer, pequeño pueblecito, si llega a la categoría de pueblecito. A las puertas del camping hay una hermosa explanada con poca sombra donde hay bastantes autocaravanas. Una persona que suponemos del camping, pasa cobrando 5€ y a cambio nos da una ficha que nos permite cargar agua. La playa está a 300 o 400 m, pero dicen los chicos que el agua está helada y corre un fuerte viento que me disuaden de cualquier idea de darme un baño.

Después de cenar decidimos descargar el wc (se acaban ya los 3 días de autonomía) y cargar agua y siguen llegando autocaravanas.



 
3 de agosto, miércoles: En Girona, casi en casa
   

Un fuerte viento no dejó de soplar en toda la noche y la mañana es fría. Partimos pronto rumbo a Sant Pere Pescador, Gerona, con idea de descansar unos días en el camping Acuarius. A parte de un tapón en la frontera, llegamos al pueblo sin nada especial que mencionar. El camping Acuarius estaba completo así es que nos dirigimos a La Ballena alegre a donde llegamos alrededor de las 11,30. La Ballena alegre es un macrocamping con más de 1000 parcelas situado en la misma playa. Como se prolonga a lo largo de ésta, la playa está cerca pero no así los servicios centrales del camping como recepción, supermercado, piscina u otras instalaciones que distan casi 1 km en el punto más alejado. Está cuidado y limpio, pero controlar 5000 o 6000 personas es prácticamente imposible y entre tanta gente hay de todo. Así, no me resultó tan tranquilo como el Acuarius –desde el primer día tuve que dormir con tapones en los oídos-. Posee más instalaciones que éste último, pero o están saturadas, como la piscina, o son caras, como la pista de tenis.

Allí permanecimos hasta nuestra partida, el día 6 de agosto. Los dos primeros días sopló una fuerte tramontana que cesó al tercero disfrutando ya de un espléndido día de playa. De las dos tardes, una hicimos una excursión a las ruinas de Ampurias, tomando un tren de esos ridículos para “guiris” y otra alquilamos un par de bicicletas y nos fuimos a Sant Pere Pescador empleando en la ida y la vuelta, además de sacar dinero del banco, tan solo 1 hora.

El día 6 por la mañana hacia Priego de Cuenca, dando por finalizado nuestro viaje.



 
DATOS DE INTERÉS
   

Clima
Las temperaturas en verano fueron suaves en general, excepto dos días en la Selva negra en que al sumarse al calor un alto grado de humedad, resultaba un poco sofocante. En cuanto a la lluvia, todos los días hizo acto de presencia, aunque casi siempre por la tarde o noche.

Carreteras y conducción

Son en general muy buenas. Las autovías o autopistas son gratuitas y continuamente están reparando carreteras, lo cual produce desviaciones de tráfico o cortes alternativos de algún sentido en la circulación. La conducción de los alemanes es segura. Por las autopistas, sin límites de velocidad, las velocidades son muy altas, pero por las carreteras respetan estrictamente los límites de velocidad establecidos. Ojo con la señalización de los sitios turísticos. La mayoría de las veces es inexistente. Lo mejor es guiarse por las señalizaciones de los aparcamientos de estos lugares. Estos sí que están muy bien señalados.

Precios y nivel de vida

Similar al de España. Gas-oil un poquito más caro, pero apenas apreciable. Para las visitas a los lugares turísticos tienen una entrada familiar que sale más económica.

Los camping

Precios similares a los españoles y de muy buena calidad, por lo general.

Carácter alemán

En general, son muy ordenados, muy estrictos y respetuosos con las normas. En algún camping nos han llegado a colocar incluso en un sentido determinado y señalado. Se acuestan pronto, a eso de las 9 de la noche apenas hay vida exterior en los camping y nos han llamado la atención por el ruido que haciamos al fregar platos de melanina a las 22,15 de la noche. Lo mismo en cuanto al uso de los sanitarios masculinos en el camping de Friburgo: al parecer las tazas son para “aguas mayores” y para menores el resto. Son muy respectuosos y cuidadosos con el medio ambiente. Así, para las compras nunca entregan bolsas de plástico (si las usais, llevadlas), y el reciclado se hace hasta en los camping con contenedores para varios tipos de cristal según el color, además de plásticos, papel, materia orgánica y botes.

Pernocta y aparcamiento de autocaravanas.

Hay muchos lugares indicados para la pernocta de autocaravanas y para toma y vaciado de aguas. Pero no así en cuanto a aparcamientos en grandes ciudades. Es mejor dejar la autocaravana en un P+R en las afueras de las ciudades grandes y trasladarse en tren, que realmente es un tranvía. Medio de transporte barato y rápido.

Idioma

Alemán. Incluso en zonas turísticas las instrucciones para uso de aparcamientos, o transporte público sólo aparece en este idioma. Mucha gente joven habla alemán. En muchos lugares que dicen que hablan inglés, es una mezcla de éste idioma con el alemán.

Cargar agua

Nosotros solo hemos podido hacerlo en los camping y en los “postes” destinados al efecto. En gasolineras no hemos encontrado.

Pernoctas realizadas

Medinaceli, junto al campo de futbol y al convento.
Cap de Adges: junto a la oficina de Información y turismo
Bau les Dames: Area de pernocta en zona recreativa.
Wuzburgo: camping a unos 5 o 6 km de la ciudad (16,50€)
Rottemburgo: aparcamiento nº 3
Dinkelsbuhl: Junto al parque de bomberos
Donauworth: En el aparcamiento del polideportivo, a las afueras
Lechbruck: camping de Lechbruck (28 €)
Fusen: Area de pernocta junto al Lidl (10 €)
Titisee: Area frente al camping Bankenhof (12 €)
Friburgo: camping Tunisee (22,50 €)
Triberg: aparcamiento junto a la carretera.
Schiltach: Area junto al río
Offenhofen: Camping (12,50 €)
St. Luis S.Mer: area frente al camping (5 €)
Sant Pere Pescador: Camping la Ballena Alegre

Datos generales

Salida: Boadilla del Monte el 16 de julio Regreso: 6 de agosto

Recorridos:

Ida: 3,5 días. Km aproximados: unos 1.900

Recorrido por la Ruta Romántica:
Wuzburgo-Tauberbischofsheim- Gerlachsheim- Weikersheim-Rottingen- Rothenburg ob der Tauber- Schillingsfurst- Feuchtwagen- Dinkelsbühl- Nordlingen- Neresheim- Harburb- Donauwörth-Ausburgo- Landsberg Am Lech.- Rottembuch-Wies-Füsen.
Nº de días: 6

Recorrido por la Selva Negra:

Titisee-Bernau-Resenhof-Belchen- Munstertal-Staufen-Friburgo- Fendber-Schelusse- Sankt peter-Kandel-Haslach-Gutach-Triberg-Schiltach- Alpisbach- Allerheiligen- Oppenau-Baden-baden-Castillo favorito.
Nº de días: 6

Regreso: 3 días

Estancia en la playa: 3 días

Duración total del viaje: 22 días

Vehículo: Adria Van Space

Gastos generales: unos 2.000 euros



 
Introducción
   

Con este relato intentaré explicar nuestro viaje al Länder de Baden-Würtemberg, región situada en el SW de Alemania.

Obviamente siete dias no dan para conocer un länder de unos 35.000 kilómetros cuadrados, asi que optamos por lo más fácil. Los alemanes , en el tema turístico, tienen diseñadas unas rutas por todo el país, monotemáticas y básicamente a lo largo de carreteras importantes. Nosotros escogimos la Selva Negra , o Schwarzwald, y el Lago Constanza, o Bodensee, ambas situadas en este länder. Tengo que añadir que a continuación pasamos a Baviera, para conocer sus Alpes.

Al principio la cuestión del idioma nos daba una poco de respeto dado nuestro desconocimiento del alemán y nuestro inglés “Nivel Tarzán”, pero, vaya, como buenos latinos y mediterráneos confiábamos en nuestra capacidad de comunicarnos...por gestos.

Otro aspecto que nos inquietaba era el referente a las áreas de autocaravanas, las escasas referencias que encontré en libros y webs decían que habían pero la incertidumbre existía, hasta que no las ves no te las crees.

También, en nuestro caso hemos optado por visitar esencialmente espacios abiertos o naturales, paseos por ciudad y cuando el momento era propicio nos metíamos en algún museo. Y ya está, sólo espero no aburrir y anotar los nombres alemanes correctamente, sin comerme ninguna consonante.



 
Jornada Primera, 1224 km: Allerheiligen.
   

Después de un día de viaje por autopistas francesas y con más de 1000 km a nuestras espaldas entramos en Alemania desde Strasbourg (Francia), para enlazar en Baden Baden la B-500 o Schwarzwald Hochstrasse, carretera que de norte a sur atraviesa la Selva Negra.
Tras una breve, y prescindible para mi gusto, parada en Mummelsee nos encaminamos hacia Allerheiligen. Allerheiligen presenta los restos de una antigua abadía del s. XII ,  así como un agradable paseo junto a un torrente que rápidamente da paso a innumerables saltos de agua y cascadas, son las Allerheiligen-Wasserfällen.
Finalizado el dia decidimos pernoctar en el parking situado en la parte baja de las Wasserfällen, solos, con la compañía de la selva y el rumor del torrente.



 
Allerheiligen
Allerheiligen
Pernocta
Pernocta
Jornada Segunda, 133 km: Gutach y Triberg.
   

Después de una tranquila pernocta decidimos acercarnos a Gutach, para visitar su museo de casas rurales o Schwarzwälder Freilichtmuseum Vogtsbauernhof. Se trata de un museo al aire libre y constituido por más de una docena de casas rurales, repartidas por la ladera de una montaña, a tamaño natural y completamente de madera, todas visitables. Asombran las dimensiones gigantescas de algunas de dichas casas y la distribución de los espacios: en algún granero, situado en la planta superior, se podría jugar un partido de básquet. También están las herramientas empleadas hasta no hace mucho y los cultivos típicos. Había una casa curiosa: aquella en la que el hijo heredero estaba obligado a hospedar y mantener a sus padres, una vez éstos le habían traspasado la propiedad principal. En otras casas parece que viajas en el tiempo a mediados del s. XIX , con fotos de los hijos haciendo la mili en el glorioso ejercito imperial. Es muy ameno, nosotros le dedicamos medio día.

Por la tarde, visitamos Triberg. Turísticamente es la ciudad de los relojes de cu-cut; nosotros optamos por sus cascadas: las Triberger Wasserfälle. Se trata de un parque o bosque privado, con caminos y puentes de madera que te llevan a lo largo y por encima de los saltos de agua, y de vez en cuando alguna ardilla te sale al paso. Una cosa curiosa: el agua era marronosa.

Acabamos pernoctando en Unterkinnach: allí se encuentra una idílica área de AC, con una docena de plazas, engravilladas y con parterres de hierba, mesas y bancos de picnic al lado; una delicia. Días después comprobamos que su excelencia es equiparable al empadronamiento que mostraba algún ocupante respecto a su plaza; una pena.



 
Gutach
Gutach
Triberg
Triberg
Jornada Tercera, 87 km: Donauquelle y Furtwangen.
   

Salimos del área y nos dirigimos, en las inmediaciones de Furtwangen a las fuentes, o una de ellas, del Danubio: la Donauquelle.
Aparcamos la AC al pie de una pintoresca iglesia e iniciamos la ascensión por una estrecha pista asfaltada. A lo largo de 3 km disfrutamos de las vistas de prados y casas campestres hasta llegar a un collado. Allá, mana, de un pequeño caño, un hilo de agua: es el Danubio. Después atravesará media Europa y varios países, pero por ahora puedes darte el gustazo de retener en el cuenco de tus manos todo el caudal del Danubio.
Otro aspecto interesante del lugar es que dicho collado representa, como señala una piedra, una de las divisorias entre la cuenca del Danubio y la del Rhin. Según hacia que lado derrames tu cantimplora, el agua acabará en el Océano Atlántico o en el Mar Negro.
El inicio de la tarde lo ocupamos visitando el museo de relojes o Deutsches Uhrenmuseum de Furtwangen. Ideal si quieres hacerte una idea sobre el mundo de los relojes , conocer su historia y observar auténticas obras de arte, desde el cu-cut más modesto hasta ingeniosos autómatas.
El resto de la tarde la empleamos en desplazarnos hacia Freiburg, bajo la lluvia. Allí, la pernocta la quisimos hacer en una supuesta área de AC situada en el Pol. Ind. de Hochdorf (Hansferstrasse, 30) , pero al llegar comprobamos que se trataba de un distribuidor de AC con un simple borne en su puerta. Así que buscamos un lugar tranquilo para pernoctar en el polígono y mañana ya pasaremos por el borne.



 
Donauquelle
Donauquelle
Jornada Cuarta, 63 km: Freiburg.
   

Uno de los aspectos más atractivos que hemos descubierto en Alemania son las facilidades que brindan para desplazarse en bici en zonas urbanas e incluso interurbanas, con carriles asfaltados y bien delimitados, parquings para bicis y un comportamiento más que correcto por parte del resto de conductores. Así que una vez aparcamos a unos 1,5 km del centro de Freiburg, montamos en nuestras bicis y en pocos minutos, entramos en la zona vieja de Freiburg.
Allá visitamos su catedral y tuvimos la suerte de hacerlo cuando empezaba un concierto de órgano de música barroca; también puede visitarse su grandioso campanario.
El resto de la mañana los dedicamos a pasear por sus animadas calles  y acabamos comiendo en la terraza de un abarrotado restaurante; parecía más un rincón de una ciudad mediterránea que no de la supuestamente fría Alemania.
A media tarde abandonamos Freiburg para dirigirnos a una de las cimas de la Selva Negra: Belchen.
La pernocta la hicimos a escasos kms de Belchen, solos, en un reducido parking de carretera situado en la cabecera de unos de los valles que parten de Belchen; las vistas y el entorno, maravillosos (foto 7).



 
Freiburg
Freiburg
Pernocta
Pernocta
Jornada Quinta, 162 km: Belchen.
   
Belchen, presenta a unos 3-4 km de su cima una pequeña estación de esquí con un parking asfaltado. El ascenso y descenso puede hacerse tanto en teleférico como a pie o BTT utilizando una serie de caminos. Nosotros optamos por subir en teleférico y bajar a pie.
En todos los casos se llega a unos 100 m. por debajo de la cúspide y desde allá, por una senda se asciende a la cima. Desde sus 1412 m. se tiene una extensa panorámica de este extremo de la Selva Negra así como de la enorme llanura del Rhin.
Y con estas vistas nos despedimos de la Selva Negra. Nuestro próximo objetivo es Bodensee , o lo que es lo mismo: el Lago Constanza.
En este corto desplazamiento hacia el S. vamos observando como los bosques y colinas verdes de la Selva Negra van dando paso paulatinamente a un relieve más suave, donde se combina el verde de los prados con el amarillo de los cereales. En mitad del trayecto, una parada: área de servicios “Im Hegau West” de la autopista A81, allá existe un área de AC.
A útlima hora de la tarde llegamos a Überlingen, ciudad más septentrional de Bodensee, para pernoctar en su parking con área para AC. Estamos cansados y descartamos acercarnos al pueblo.

 
Jornada Sexta, 64 km: Friedrichshafen y Lindau.
   

Friedrichshafen es una ciudad costera, si se me permite el término, volcada al lago y nos detenemos en ella para poder visitar su museo de los dirigibles: el Zeppelín-Museum Friedrichshafen.
El museo correponde a la estación de embarque de dirigibles que el conde Von Zeppelin construyó en Friedrichshafen, aquí se construyeron sus dirigibles y fue el motivo también por el cual durante la pasada guerra mundial la ciudad acabara arrasada por los bombardeos.
El museo permite , en 1-2 horas, acercarte a la historia de estos transatlánticos del aire, conocer la técnica que se empleó en su construcción ( asombra lo que ya se hacía con el aluminio a principios del s. XX ) y aspectos cotidianos durante la travesía (dependencias a escala real de los salones y camarotes del Hindenburg, uniformes y equipos de la tripulación, etc. ) así como fotos y películas de archivo de los aspectos más famosos o dramáticos de su historia.
El resto de la mañana lo dedicamos a pasear por la fachada “costera” de la ciudad, mientras un auténtico y majestuoso dirigible surcaba lentamente los cielos del Bodensee.
A continuación nos dirigimos a la cercana Lindau, donde aparcamos en el parking para AC, con área de AC incluida. Después de comer, y a bordo de nuestras bicis , nos encaminamos al núcleo histórico.
Lindau es una histórica ciudad bávara ubicada sobre una minúscula isla. Vale la pena visitar sus luminosas iglesias, de estilo rococó o pasear por Maximilianstrasse, jalonada de pintorescas casas y palacetes. El paseo lo acabamos en su minúsculo puerto; allá, en su estrecha bocana, el león bávaro hace guardia.
Pernoctamos en el parking de AC de Lindau, acompañados de una veintena de AC.
Al día siguiente comenzaríamos el viaje por Baviera, pero para no aburrir el relato lo dejaré para otro día.



 
Friedrichshafen
Friedrichshafen
Iglesia-Lindau
Iglesia-Lindau
Puerto-Lindau
Puerto-Lindau
Otra jornada: Europa Park
   

Esta jornada aparece aquí colgada o fuera de contexto porque visitamos Europa Park en el viaje de vuelta hacia Catalunya. Veníamos desde el extremo oriental de Baviera y consideramos oportuno hacer una parada intermedia para hacer más descansado el viaje de vuelta.
Europa Park es un extenso parque temático situado en Rust, muy próximo a la frontera francesa. Está subdividido en diversos ámbitos, dedicado cada uno a un país europeo; destacan las atracciones típicas de estos sitios  y por los gritos de los usuarios, algunas deben ser el no va más. También llama la atención su numerosa oferta de espectáculos distribuidos a lo largo del día, que hacen más llevadera la visita.
Otro atractivo que muestra Europa Park, independientemente que se visite el parque o no, es su parquing para AC, con área de servicios para AC, edificio de duchas y lavabos, restaurante de comida rápida, parque infantil y un pequeño lago artificial por si quieres refrescarte con un baño, como hicimos nosotros la tarde que llegamos.



 
Europa-Park
Europa-Park
Últimos comentarios
   

A título orientativo aquí van unos datos genéricos sobre la visita:

Horarios: la jornada habitual alemana acaba sobre las 18:00 . Por un lado esto significa que las tiendas, incluso las turísticas, cierran y por otro lado que es el mejor momento para pasear a pie o en bici por las ciudades.

Parquings para AC: a las entradas de las ciudades suelen venir indicados los parquings que ofrecen al conductor, y en algunos casos con recomendación para AC (p.e. en Unterkinnach, Überlingen , Friedrichshafen, Lindau y Europa Park ). Todos son de pago y pueden tener una estación de bus.

Áreas de AC: Consisten, mayoritariamente, en un borne tipo Sani-Station. Mediante pago de todos los servicios, por separado, puedes vaciar el WC, repostar agua y vaciar las grises. Ojo: estas últimas, dada la disposición habitual del Sani-Station, requieren utilizar una manguera lo suficientemente larga (en mi caso 1-1.5m) que te permita llevar las aguas grises de la salida de la AC a la obertura del borne.

Información autocaravanista: En temas de AC llevaba relatos de otros viajes bajados de internet , sobre todo franceses y alguna web inglesa, donde describían o concretaban lugares de pernocta o áreas de servicios existentes.

Información turística: nosotros nos hemos movido sobre todo con la Guía Verde de Michelin y planos de carretera Michelin ( E=1:300.000). La mayoría de los recintos visitados son exclusivamente en alemán, algo en inglés y raramente en francés (p.e. Europa Park). En castellano pueden disponer, con suerte , de algún díptico informativo.

Carreteras: supongo que en verano, por motivos climáticos, es cuando se aprovecha para hacer obras de mantenimiento y mejora, por lo que ha sido habitual encontrar obras que afectaban a las vías, desde autopistas a carreteras locales, pero afortunadamente las retenciones fueron cortas y llevaderas.



Marceliano Cardoso Romero
Cornellà de Ll., 30 de septiembre de 2005.


 
Inicio
   

Hola, mi nombre es Miguel y este año he estrenado mi autocaravana con mi familia , la verdad que con cierta ventaja porque no he ido solo, sino con mis amigos Angel y Lola que ya conocían este mundo.
El viaje lo preparamos unas semanas antes sin decidir un rumbo “cerrado” sino más bien un área por el que íbamos a movernos : El sur de Alemania y la Selva Negra.
Angel y Lola llevan una Knaus Sun traveller de 6 plazas (son 5 de familia). La nuestra es una Hymer G 524 de 4 plazas (somos 3). Las dos llevan el mismo motor Fiat Ducato Jtd de 2800c.c. y 128CV. Además llevábamos el apoyo del Gps que nos ha sido de gran utilidad, y dos Walki-talkies para intercomunicarnos.

- Empezamos nuestro recorrido saliendo de Sevilla, el día 1 de Julio de 2005, viernes, a las 5 de la tarde, hacía un calor tremendo.
- La primera parada fue en Membrilla un pueblo de Ciudad Real , donde cenamos en casa de unos amigos de Ángel y Lola. Ese día para empezar hicimos 358 km y dormimos por primera vez en la AC. En el centro del pueblo.

- Al día siguiente salimos con destino Cerét (Francia), era un trayecto largo, de unos 800km, pero veíamos necesario atravesar cuanto antes la frontera, a la tarde-noche lo conseguimos, llegamos. En este precioso pueblo francés, muy cerquita de Collioure, nos esperaban Trini y Claudio, familiares de Angel y Lola, que nos dieron una excelente acogida. Segunda noche en la AC, cansados, pero contentos.
- El tercer día nos propusimos avanzar un poco más allá de Lyon. Llegando a esta ciudad nos despistamos las dos AC y sin saber cómo nos perdimos, gracias al móvil nos encontramos y dormimos en una estación de servicio (Aire) a unos km de Lyon, esta vez recorrimos unos 450 Km.



 
Cataratas Triberg
Cataratas Triberg
Nuestra auto nueva
Nuestra auto nueva
La Knaus
La Knaus
La Hymer
La Hymer

   

- Nuestro destino, Freiburg, la primera ciudad de Alemania, lo alcanzamos el 4 de julio, otros 450 km, Ese día no paró de llover y bajó mucho la temperatura. Llegamos a un camping que nos pareció magnífico: Moslepark, casi familiar, muy cerquita del centro de la ciudad. Nos quedamos dos noches
Recomendamos ir en bicicleta, es una ciudad pensada para la bicicleta y el peatón, además de segura, limpia, ordenada… Allí vimos la catedral (subimos hasta lo alto de la torre que tenia 735 escalones), mercadillos… y todo esto comprando y yendo en bicicleta, pura tranquilidad.

- Sexto día con pensamiento de ir a Europa Park con buen tiempo, salió todo al revés, fuimos pero con mal tiempo y haciendo frío, en ese parque nos montamos en las atracciones, los niños, porque los mayores se fueron a comprar, ver y comer en los pueblos de los alrededores, la Hymer, al ser más pequeña es una buena opción para ello.
Por la tarde salida hacía Triberg, por el camino vimos las casas que son relojes de cuco, para dormir en un parking justo en el centro del pueblo (permitido, gratis y tranquilo) eso si, con un aguacero que cayó toda la noche increíble. Para ver al día siguiente las cataratas, darle de comer a las ardillas…paisaje precioso.

- Hoy día 8 hemos recorrido la zona sur de la Selva Negra, un paisaje increíble para nosotros que somos de secano, llegando al lago Titisee, donde hemos decidido pasar la noche y planificar los siguientes días de ruta. Este día nos hemos alojado en un camping junto al lago, correcto y bien de precios.
http://camping.unterkunft.de/accomodation/21004/region__Schwarzwald/country__Deutschland/?city=Titisee-Neustadt en pleno julio y friooooo....



 
Camping Moslepark
Camping Moslepark
Catedral de Freiburg
Catedral de Freiburg
Europa Park
Europa Park
Lago Titisee
Lago Titisee

   

- Día 9 de julio , el grupo decide avanzar hacia Munich, recorriendo el lago Constanza y el antiguo castillo de Meersburg ( El paisaje del lago, el aire que se respira en Meersburg a ciudad decadente y antigua, es para pasear y relajarse, el castillo no tiene nada de especial) Esta tranquilidad hace que no lleguemos a Lindau temprano…y que la visita la hagamos de noche ¡!en bicicleta!! Es un pueblo muy bonito situado en una isla y que merece la pena visitar.

- Hemos pasado la noche en un parking público de Lindau. Está magníficamente equipado para autocaravanas, el pago se hace por horas en una máquina, este ticket también sirve para el bus que se coge en el mismo parking y te lleva la ciudad (se tarda unos 20 minutos andando).
- Noche tranquila, salimos tarde, y enfilamos camino al castillo de Neuschwanstein … para llegar te tienes que introducir casi en el Tirol, pasando junto a la frontera austriaca, aquí el gps nos llevó de paseo por las montañas y casi llegamos a la casa de Heidi, un sitio precioso y con unas vistas de los Alpes excelentes. Por lo demás, el castillo es muy bonito pero te cobran hasta por respirar, al llegar hay que aparcar por fuerza en el parking ,!!6 €!! Evidentemente…pasamos de pagar tanto y lo vimos desde lejos, que tampoco estaba nada mal. Bajamos al pueblo de Füssen y callejeamos admirando las bonitas casas tirolesas.

- Hacemos el resto del día con toda la tranquilidad del mundo y no avistamos Munich hasta las 7 de la tarde. Aquí paramos en el camping municipal (magnífico, aunque caro porque te cobran por todo: agua caliente, lavadora… ) nada más llegar vuelta en bici por el río y parada en un beer garden que está pegado al camping y al río…!!primera y enorme cerveza!! ( 3€ jarra de medio litro). Decidimos pasar unos días de descanso, organización de ropa, despensa…

- El día 11 amanecemos en Munich: sacamos el family ticket (útil para subir en tranvía, metro, bus…) sigue lloviendo, lo que hace que la primera visita sea en bus y metro hasta el centro; la primera toma de contacto nos sorprende con la fiesta del orgullo Gay en la Marien plazt , deslucida por la lluvia y el frío, nos viene bien el “chupito” de Jägermeister que por 1€ y en tubitos de ensayo estaban promocionando ese día. Regresamos para organizar un poco la estancia en Munchen y la AC y dedicamos la tarde a tareas “domésticas” en el camping.

- Día 12 , visita al Museo alemán (Deutsches Museum) de las ciencias, impresionante, pero creo que nos pasamos al querer ver demasiadas cosas, es inmenso y se debe seleccionar lo que quieres ver, el planetario está explicado en alemán, así que…no te enteras de casi nada, en la terraza preciosas vistas de Munich. Este día comemos en la cervecería Augustiner (http://www.augustinerkeller.de/), comida abundante (Salchichas, coles, la albóndiga de patata que no sabemos que es, roscas de pan … y algunas cervezas…) por la tarde compras, paseo por el centro y por último visita obligada a la cervecería Hofbräuhaus (http://www.hofbraeuhaus.de/) pasamos un rato muy agradable e inolvidable.



 
Meesburg
Meesburg
Parking Lindau
Parking Lindau
Instalandonos en Munich
Instalandonos en Munich
Marien Platz
Marien Platz

   

- El día 13 amaneció algo mejor, y cada familia tomó una ruta turística diferente: unos al centro, nosotros al Estadio Olímpico.

- En el estadio nos sorprende esa arquitectura futurista diseñada en 1972 y, sobretodo, ¡!que se usa a tope!! las piscinas olímpicas estaban abiertas para aquellos que quisieran darse un baño … la subida a la torre, de 190 metros es interesante por las vistas y el propio ascensor por lo rápido que sube… (Cuesta un buen dinero, pero con el family ticket te rebajan más de la mitad (tres personas 3€) Regresamos a Munich para comer juntos en la Viktualienmarkt, una plaza de abastos al aire libre, en el Centro de la ciudad, donde se puede tomar cerveza y comprar en las diferentes tiendas que hay en toda la plaza lo que quieras de comer, para después sentarte en una mesa larga con bancos y a descansar… terminamos de hacer algunas compras y regreso al camping.

- Día 14 , dejamos Munich bien temprano y vamos camino de Nuremberg, para llegar este mismo día a Praga (Chequia), la duda era si podríamos pasar la frontera porque no teníamos pasaportes y las niñas siquiera el libro de familia, por suerte los guardias hicieron la vista gorda, aunque nos dio un poco de recelo el entrar “sin papeles”, sobretodo pensando en la vuelta , o si ocurría algún imprevisto. Ha dejado de llover y de hacer frío.

- En la misma frontera se compra el ticket de autopista (obligatorio) por 9€ para 15 días (aceptan Euros, aunque la moneda oficial es la Corona: (100 C son unos 3,30€) después de haberla pasado nos paramos a comer en un pueblo cercano, estaba todo muy bueno y barato, aunque nos costó descifrar el menú. Comprobamos que Chequia es un país todavía con grandes carencias y aún le queda mucho camino para llegar al nivel que hoy día tenemos en España. (A veces no sabes si este desarrollo es bueno o no, pero en algunos aspectos es necesario)

- En Praga tuvimos dificultades para encontrar una zona de parada segura y decidimos ir a un camping que vimos junto al río Moldava. A la entrada preguntamos si era un sitio seguro y nos dijeron que como en todos sitios…después comprobaríamos que no.
- Dormimos bien y salimos a visitar la ciudad, la verdad es que es preciosa y corresponde a lo que dicen cientos de páginas sobre la misma, pero la realidad del país tiene que ver muy poco o casi nada con el “escaparate” de Praga .Nosotros desde nuestra AC tenemos otra visión, espero que sea sólo nuestra. La tarde del segundo día en Praga la dedicamos a descansar y pasear en una zodiac que llevábamos, tarde tranquila y especial para los niños.

- Fue al levantarnos cuando comprobamos que nos habían robado la zodiac, ¡!dentro del camping!! Increíble, porque tenían que sacarla por la puerta… A partir de aquí se nos quitan las ganas de seguir en la ciudad , sobretodo porque nos sentimos inseguros: La policía se lleva 5 horas para redactar la denuncia y nos da pocas garantías de que puedan hacer algo… llegan otros campistas a los que les faltan móviles, cámaras de foto…Es hora de poner rumbo a zona segura cuanto antes, adiós Praga , con todo nuestro dolor. Si vais por la zona asegurar bien vuestra AC y por si acaso, os recomendamos que no vayáis al camping INTERCAMP KOTVA BRANIK, porque es de lo más inseguro, además de obsoleto, que existe.

- Desde Praga hasta Linz (Austria ,250 km) pudimos comprobar las locuras que los conductores checos hacen en carretera : no respetan ninguna señal, adelantan cuando quieren… un auténtico peligro. Eso si, comimos en la carretera y la verdad que se come bien y superbarato.
- Tras dos días de descanso en un lugar maravilloso junto a un lago en Linz, donde los niños se bañaron, a pesar de la lluvia, decidimos regresar a casa recorriendo Austria y Suiza.
- Salzburgo una ciudad preciosa. Sol. Aparcamos en un parking y sacamos las bicis. Nada más salir del parking : parada en un jardín de una cervecería con una orquesta de Tiroleses, ambiente alpino total…pero muy caro, habíamos llegado a Austria y el gasto se dispara…a comer a casa…

- Seguimos hacía Innsbruck para quedarnos en un camping-pizzería (como suena…), en Volls, pequeño pero muy cómodo y con unas vistas a los Alpes increíbles. Desde aquí pudimos visitar en bicicleta Innsbruck, ya que hay un carril bici que va paralelo al río y lo comunica en algo menos de media hora.



 
Estadio Olimpico de Munich
Estadio Olimpico de Munich
Tranvia en Praga
Tranvia en Praga
Camping en Praga
Camping en Praga
Ana en Salzsburg
Ana en Salzsburg

   

- Día 19 dirección Suiza, lago Neuchatel. Al cruzar la frontera Suiza pagamos unos 30€ por peajes para las autopistas (Es el pago de todo un año, no se admiten fracciones) al llegar a los lagos nos encontramos con que el camping que teníamos fijado estaba completo, providencialmente un niño de este camping que había sufrido una herida “cae en nuestras manos” le atendemos en la misma puerta del camping y…!sorpresa! nos permiten, por nuestra ayuda, alojarnos en el mismo durante esa noche, a pesar de estar sin plazas…el sitio: ¡el césped de la zona de juegos…. ¡ la suerte a veces te sonríe, porque ya era tarde y no sabíamos que íbamos a hacer.
- Al amanecer decidimos cada AC tomas rutas diferentes, ya que a nosotros nos apetecía seguir hacía Ginebra y a los compañeros llegar a España cuanto antes para descansar unos días en un camping de la costa.
- Ya solos y echando de menos la compañía de los amigos, llegamos a Ginebra, paseando en bici por todo el casco antiguo, entre los tranvías y casi sin coches, aquí se respira calidad de vida (para quien la calidad es tener todas las comodidades, aunque sea pagando un alto precio) limpieza, orden… Hacía calor y entramos en el camping Geneve, muy bueno, al estar junto al lago te puedes bañar y tomar el sol!! Un lujo.

Llevamos 22 días fuera de casa y es hora de enfilar hacia la frontera, cruzamos Francia de un tirón para dormir en algún lugar de la Costa Brava, cansados, llegamos a Roses donde dimos las buenas noches al mar mediterráneo.
- Barcelona, visita obligada y saludos a nuestros amigos Mª Carmen y Blas, anfitrión increíble, domingo de Ramblas y paseo.

- Bajada hacia Almería (el cansancio acumulado nos hace parar en una estación de servicio cerca de Valencia donde pasamos la noche) llegada a Cabo de Gata y parada en la playa del playazo, junto a Rodalquilar, un paraíso de tranquilidad y de sol, donde pensábamos estar unos días, pero …un alga le “picó” a nuestra hija y...( se le puso la pierna fatal) y vamonos para Sevilla
- Y aquí se acaban nuestras vacaciones, 27 días , 6500 km y …felices y contentos , a pesar del último contratiempo, una experiencia increíble que nos ha hecho entrar de lleno en este mundo de la Autocaravana.



 
Lago Constanza
Lago Constanza
Carril bici en Ginebra
Carril bici en Ginebra
Ginebra en bici
Ginebra en bici

   
Como he visto que esto se hace, me animo a contaros brevemente el
itinerario, las anécdotas y las impresiones de nuestra primera experiencia
con una AC. Era de alquiler, pequeña, una camper, que creo es como se
denominan las furgonetas adaptadas, de la marca SEA, con motor Fiat 128 CV.
Pequeña, pero con ducha y WC químico, un tanto estrecho, pero eso es lo de
menos.

Salimos de Madrid, dirección San Sebastián; allí cenamos con nuestro hijo,
que vive allí y dormimos en un plaza interior al lado de la playa de
Ondarreta. Por cierto, calor tremendo y primera noche sin pegar ojo, pero
bueno, el caso es que apareció por allí a la mañana siguiente un vigilante
de la ORA a decirnos que estaba permitido el aparcamiento de la AC, pero no
la pernocta dentro. Menos mal que apareció por la mañana, y no por la
noche...
El caso es que había otras AC allí aparcadas y me parece raro que esté
permitido/prohibido. Es que yo no puedo quedarme dentro de mi vehículo
simplemente porque me la gana? Otra cosa sería que sacáramos las mesas, las
sillas, etc., etc. Que no lo hicimos.

Al día siguiente, partimos dirección Burdeos. Visitamos la ciudad, por
cierto, preciosa y limpia, salvo los barrios con mayor población árabe ( lo
siento, no es xenofobia, pero es objetivo, el barrio estaba sucio, la gente
no). Dormimos en un pueblo cerca de Arcachon, famoso por sus ostras, en un
camping municipal ( ja, ja, eso ponía la guía, pero era propiedad de un
elemento llamado Marcel, muy amable, pero los ojos se le pusieron con el
símbolo del dólar, como en los dibujos animados, cuando nos vio llegar)
Servicios más o menos limpios, quiero decir razonablemente limpios.
Llenamos/vaciamos depósitos y al día siguiente nos dirigimos al Pays del
Loira, es decir, la zona de los Castillos, los Chateaux. Visitamos dos,
Loches y Chenancaux. No hay palabras, sólo se me ocurre ... impresionante.
Esa noche dormimos en un "aire" al lado de otro camping, gratuito ( el aire)
pero aprovechamos la proximidad del camping para utilizar sus magníficos y
superlimpios servicios. Localidad de referencia St. Jean D'Angely.

Al día siguiente, reiniciamos la marcha para dirigirnos hacia la Bretaña.
Estuvimos el Saint Malo ( bonito, pero turistas a miles ) y en el
impresionante Mont St. Michel. Allí aparcamos en una espléndida explanada
preparada para AC, donde la gente se queda a dormir y ver la abadía
iluminada por la noche. Pero no teníamos tiempo y decidimos llegar hasta
Normandía, donde en una localidad llamada Houlgate encontramos otro camping
muy bueno ( La Vallée) donde dormimos. Allí nos recibió feliz un chico de
Barcelona, llamado Carlos, enamorado de Normandía y que es habitual del
camping al parecer desde hace 5 o 6 años. Dice que pasa sus vacaciones
siempre allí, por lo que le invitamos a pasar a " casa" y nos estuvo
recomendado lugares para visitar. Especialmente los relacionados con el
desembarco. Debo decir que el cementerio americano de Coldville sur mer,
donde hay casi 10.000 tumbas es sobrecogedor. Precioso, desde un punto de
vista digamos...jardinero...pero tremendo si piensas lo que allí pasó en
Junio de 1944 y las vidas truncadas de 10.000 chavales de 20 años. Por
cierto, que nos dimos el lujazo de sobrevolar en helicóptero ( por un precio
razonable, tampoco me pareció demasiado 40 euros) la zona del desembarco
desde Arromanches hasta Coldville.

Después de hacer noche en el camping de Houlgate ( Normandía ), la siguiente
etapa era Rouen. Allí llegamos, pudiendo aparcar la Ac en el centro de la
ciudad. Visitamos la espléndida catedral y los barrios próximos, en los que
la arquitectura de las casas, al igual que en el conjunto de Normandía se
asemeja más a la de Centroeuropa y difiere bastante de la del Loira y por
supuesto el Sur de Francia, ya estamos en la vieja Europa, decíamos.

Debo decir también, se me olvidaba, que éramos dos, mi mujer y yo, y en el
caso de ella, que apenas había salido de España, veía todo con voracidad y a
una velocidad de vértigo, hay tanto que ver que se acumulaban las cosas, las
ciudades, los paisajes, ( y también los paisanajes).



 

   

Al día siguiente a mi mujer se le había ocurrido hacer una variante en el
viaje, ya que la idea inicial era comenzar el regreso vía Ginebra. Después
de conocer Berna, preciosa ciudad medieval, Patrimonio de la Humanidad y en
la que recorrimos algunos de sus varios kilómetros de soportales (imprescindible esa calle, adornada permanentemente con las banderas de los
cantones suizos y con la atracción del reloj medieval en que, a pocos
minutos de cada hora, "actúan" unos muñecos para representar lo que
podríamos definir como una alegoría sobre la temporalidad, sobre el valor
relativo del tiempo y la eternidad, en fin...) se produjo el cambio.
Habíamos previsto, digo, regresar vía Ginebra, pero lo cambiamos y nos
dirigimos a cruzar los Alpes, vía Neuchatel y Montreux ( en la Suiza
francófona) por el Grande St. Bernard, un medio túnel medio puerto que al
cruzarlo nos sitúa en el Valle de Aosta, Italia, donde curiosamente la
lengua oficial es, además del italiano, el francés. El destino era Turín,
pero pasamos la noche en las inmediaciones de un camping a 50 Km., donde su
simpática dueña, ante nuestra pregunta de que donde podríamos vaciar el
depósito de aguas grises ( el del WC químico lo hicimos en el camping ) y
haciendo gala de su naturaleza ya mediterránea nos indicó, con una sonrisa
pícara, que lo hiciéramos con discreción en la calle. Realmente, entiendo
que no pasa nada por eso, me parece normal vaciar las aguas grises encima de
una alcantarilla o rejilla callejera, y desde luego en España es de lo más
normal, pero eso en Suiza, sólo unos kilómetros más al norte resulta
impensable. No lo hagas, porque seguro que te llaman la atención, pero allí
en Italia o en España, si es con discreción, venía a decir, "no problema"

La razón de ir a Turín, ciudad por lo demás no demasiado interesante, era
visitar su catedral y la famosa Síndone, la Sábana Santa que presuntamente
cubrió el cuerpo de Cristo y en la que se han quedado grabadas sus facciones
y parte de su cuerpo. Sin entrar a discutir si eso es verdad o leyenda, lo
cierto es que llegamos a Turín en tren, dejando la AC en el camping de
Montbarone ( que es como se llama) por consejo de la dueña del camping. y por
razones de seguridad. La estación de tren estaba próxima al camping, pero
cogimos el tren de milagro, ya en marcha, como en las películas, porque el
taquillero de la estación se tomó todo el tiempo del mundo en extender los
billetes y el tren , un cercanías más o menos como los nuestros, aunque
mucho más viejo, estaba ya estacionado en la vía. Cogimos los billetes,
dejándole las vueltas al taquillero, cruzamos la vía en plan kamikaze y
logre correr hacia el tren, abrí la puerta porque no es hidráulica, es
mecánica, menos mal, y ya digo, como en las películas, logré alzar a mi
mujer y meterla dentro: Risas, nervios, un poco locura, pero una aventura
que contar. Llegamos a Turín, visitamos la catedral, la reproducción de la
Sábana Santa que enseñan, ya que la original, también por razones de
conservación y seguridad la guardan en una urna que también enseñan a través
de un cristal protector.

Luego tomamos un sándwich en una cafetería, con anécdota. Le decimos al
camarero que queremos dos de jamón y queso y nos pregunta que si " caldo";
le decimos, claro es, que no, que no queremos caldo y la sorpresa es cuando
nos trae los sándwich fríos, sin tostar. Conclusión y aprendizaje, caldo en
italiano no es caldo, es caliente.

Volvemos a Montbaronne, recogemos la AC e iniciamos, ya sí, el regreso, pero
en vez de por Ginebra, por la Riviera Italiana, es decir, por esa autopista
que recorre la costa desde Génova hasta la frontera francesa y que es un
continuo pasar por túneles y viaductos. Así hasta Ventimiglia ,ya cercano a
Mónaco. De Mónaco, en donde estuvimos unas horas y coincidimos con
centenares de valencianos que se habían desplazado a ver el partido del
Valencia contra el Oporto que allí se jugaba, puedo decir que es una ciudad
ruidosa, que efectivamente se ve el lujo en los coches y en algunos
edificios, pero permítaseme decir que no tiene otro encanto que el ser
ciudad costera. No es que sea feo, es que no es bonito. Pero guardo una
anécdota inolvidable. Ya dije antes que le había prometido a mi mujer una
comida lujosa en Paris; no pudo ser en Maxim’s, pero en Mónaco, paseando por
sus calles, nos encontramos con otro Maxim’s, ya que al parecer los hay en
varias partes del mundo. Ahora es una cadena de restaurantes de
lujo, propiedad de un estilista conocido, no recuerdo si Pierre Cardin o uno
así. El caso es que pasamos por la puerta del Maxim’s de Mónaco, por
curiosidad vimos la carta de precios y no nos pareció caro, ni mucho menos,
desde luego nada de 500 euros. Como ya habíamos estado en el Gomard de
Paris, pues nada, ni se nos pasó por la cabeza cenar allí. Sin embargo,
íbamos paseando por Mónaco, vestido con pantalón corto, chancletas o
deportivas, camisetas, en fin, podéis imaginarlo y se me ocurrió la idea de
cenar allí. Mi mujer, después de hacer cuentas del dinero que nos quedaba,
aprobó la propuesta y nada, lo dicho, subimos a la AC, nos duchamos y
vestimos como para fiesta. Vamos, que íbamos vestidos francamente de forma
inadecuada para entrar a cenar a Maxims, pero salimos de la AC perfectamente
vestidos para la ocasión. La imagen de vernos salir por la puerta lateral de
la Ac, como pinceles, peinaditos, con pantalones de pinzas y zapatos de
vestir debió ser un espectáculo, pero al Maxim’s, que nos fuimos. Nos dimos
un lujazo, además a precio asequible y cenamos de escándalo. Encima, el
maitre era hijo de españoles, concretamente de vasco y asturiana, e hicimos
una relación estupenda con el, nos intercambiamos las tarjetas, etc. Para
remate, al final, " fuimos presentados" al director general del grupo
Maxim’s, que estaba cenando allí también. En esas circunstancias, nada hacía
pensar que fuéramos turistas de autocaravana y ante la pregunta de en qué
hotel nos alojábamos, sólo acertamos a decir que no teníamos hotel, que
íbamos hacia Marsella y que encontraríamos alojamiento en algún lugar de la
Costa Azul. Lo cierto es que salimos hacia Marsella después de cenar y “nos
alojamos " en una área de descanso de una gasolinera a 50 Km. de Aix en
Provence.

El día siguiente estuvimos en Aix en Provence, donde se celebraba la feria
de artesanía, muy interesante. Compramos algunos recuerdos y pudimos
escuchar hablar en provenzal, una lengua romance que si se me permite está a
medio camino entre el francés, el italiano y el catalán. Por cierto la
bandera de Provenza, que engalanaba las calles de Aix en Provence, es la
misma que la de Aragón, Cataluña, Baleares y Valencia, es decir, la senyera,
símbolo común a todo el antiguo Reino de Aragón, lo que nos hizo sentirnos
un poco más cerca de nuestra España. También visitamos Nimes, con su plaza
de toros romana, del año 27 antes de Cristo ( evidentemente no utilizada
como tal en esa época) y continuamos camino hacia España. Dormimos en una
área de descanso de una gasolinera cercana a Lleida, en un aparcamiento
vigilado y en compañía de alguna otra caravana.

El día siguiente llegamos a Madrid, a casa, descargamos la AC, dormimos en
casa y de madrugada reiniciamos viaje dirección Málaga, en donde al día
siguiente debíamos entregar la AC, pues con esa condición la alquilamos. De
regreso a Madrid, en tren, hicimos repaso mental del viaje maravilloso que
habíamos hecho. 6.000 Km., 5 países, muchas ciudades, muchas experiencias y
en definitiva, unas inolvidables vacaciones.

Como resumen, queremos repasar lo bueno y lo malo de todo lo vivido.

Un 10 a Francia por la cultura de autocaravanismo. A España, por lo mismo, un
3,siendo generoso.
Las facilidades, las áreas de servicio exclusivas para caravanas o las mixtas
en donde cada pocos kilómetros hay espacios en los que, unas veces gratis,
otras no, se puede repostar de agua, vaciar depósitos. En España, solo había
una cerca de la frontera, en Girona, en todo el recorrido hasta Madrid y
Málaga.

Se puede ir de camping con la AC o no, depende de cada uno, pero en Francia,
Alemania y Suiza no se debería tener problema alguno si estacionas a dormir
en una sencilla gasolinera. En España, yo me lo pensaría, como en Italia.

Olé por los franceses, que bien se montan el negocio del turismo y que bien
tratan a la gente. es una falacia eso de que nos miran por encima del
hombro, yo no diría eso, más bien al contrario, simpatía y afecto ( aunque
sea por la cuenta que les tiene para su negocio )

Extraordinaria la educación y el civismo de Suiza, la limpieza y el orden
imperan, las señales de tráfico se respetan, etc.

Experiencia inolvidable nuestras primeras vacaciones en autocaravana. No
serán las últimas.

Otro 10 a la gente del mundo AC. Solidaridad entre autocaravanistas en todas
partes; saludos entre conductores habitual al cruzarnos por las carreteras,
con la excepción de los italianos, que parece van a su rollo. En los aires y
zonas de autocaravanas, solidaridad maravillosa, ayudas desinteresadas,
simpatía, afecto, en fin un mundo maravilloso que empezamos a descubrir.

La conducción de la AC bien, al principio con miedo, luego me solté.

Problema menor, la capacidad de los depósitos de aguas limpias y grises de
la AC. Este ultimo se llenaba en seguida.

Por ultimo, un ruego a las Administraciones españolas. Más ayuda e
inversiones en zonas de descanso para autocaravanas, es imperdonable el
retraso acumulado en ese área.

Un saludo a todos



 

   

Una cuestión que planeó durante todo el viaje era el dilema ¿ donde dormimos
? Por razones de seguridad y de utilización de aseos, yo era partidario de
hacer noche en campings ( hasta ese momento, sólo habíamos dormido en la
calle en San Sebastián, el resto en campings) pero mi mujer presionaba para
localizar lugares de pernocta gratuitos. Poco a poco fui venciendo el miedo
y la preocupación a dormir en calle y de hecho, después de París, casi
siempre dormimos donde nos apetecía, en resumen, de trece días que duró el
viaje, más o menos la mitad en campings y la otra mitas en "aires" o en
áreas de descanso de gasolineras y... la verdad, al menos en Francia, en
otra ocasión que vayamos no tengo duda que emplearé el segundo sistema, es
decir, dormir donde se pueda y ahorrar los costes del camping.

Bien, decía que después de Rouen, París. El itinerario previsto no permitía
más que dos días allí, aún a sabiendas que Paris bien vale una semana, por
lo menos. En este caso, como creo que entenderéis, repetimos camping, el
llamado Bois de Boulogne, que es algo así como la Casa de Campo de Madrid,
incluidas las prostitutas. Cerca de la ciudad, bien comunicado, enorme,
limpio ( lo que es difícil con tanta gente) y por cierto con todos los
empleados del camping hablando español ya que casi todos eran
hispanoamericanos.( por cierto, me gusta más esta expresión que la de
latinos, que creo debería reservarse a los de origen italiano). Ciertamente,
como me había dicho el amigo de Carlos, el barcelonés del camping de
Normandía, si pasas por la noche por las calles de ese enorme parque urbano
que es el Bois de Boulogne, puedes ver alguna prostituta ofreciendo sus
servicios, pero en honor a la verdad he de decir que estaban en zonas muy
alejadas del camping y tampoco era para tanto. Ese camping tiene muchas más
ventajas que inconvenientes, facilidad de comunicación en español, buenas
combinaciones de transporte público, todos los servicios y caramba... es
París.

Decía que estuvimos solo dos días en París, tomábamos por la mañana la
navette ( un pequeño autobús que comunica cada media hora el camping con la
Plaza Maillot, al comienzo de los Campos Elíseos, y donde hay metro y RER
( que es más o menos el cercanías ). Por tanto, desde Maillot comenzaba
diariamente el periplo por Paris. Siempre en transporte publico, metro y
RER, puedes llegar donde quieras. Visitamos Montmartre, la Torre Eiffel, Los
Inválidos, La Madeleine, moviéndonos tranquilamente en metro. Por
cierto, magnífica red de metro y RER, pero debo decir que viendo el metro de
París, que es muy bueno, puntual y con múltiples correspondencias ( es una
verdadera malla muy tupida ) y comparándolo con el de Madrid, éste queda en
muy buen lugar. No trato de hacer política ni de elogiar la gestión de
ningún político, pero hay que ser objetivo y mentiría si dijera que es mejor
el de Paris. No. El de Madrid es tan bueno como el de Paris, y si me apuras
es más moderno y los trenes más silenciosos.

Otra cosa que hicimos en Paris y que me atrevo a recomendar es tomar uno de
esos autobuses turísticos como los que circulan por nuestras ciudades. Te
haces un recorrido por el Centro más interesante de París, y te van
relatando en español lo más importante del recorrido. Sé que puede parecer
un tanto simplón, pero os aseguro que no me arrepiento de haberlo hecho. No
es caro y es muy útil, especialmente si no tienes muchos días, como era el
caso. En todo caso, en Paris hay de todo y para todos, así que cualquier
solución, cualquier planteamiento es bueno en una ciudad así. En cuestión de
museos, yo conocía ya el Louvre y me interesaba mucho más el de Orsay, donde
hay una sala maravillosa dedicada a la pintura impresionista. Monet, Manet,
Renoir, eso es imprescindible al que le guste el arte. Además, el museo está
construido sobre una antigua estación, la Gare D,Orsay y solo por ver la
solución arquitectónica podría merecer la pena.

Anécdota. Aunque casi todo el viaje se hizo con comida llevada desde España
y cocinada en la AC, yo había prometido a mi mujer hacer alguna comida de
lujo en un restaurante de Paris. No fuimos a Maxim’s, aparte de que ya no es
lo que era por el precio. Habría salido por 500 euros y francamente, no
estaba por esa labor. Pero la llevé al un restaurante llamado Gomard, junto
al Palacio de la Madeleine y por cierto muy cerquita del Maxim’s. Allí pude
demostrarme que el francés no se me había olvidado del todo y nos dimos un
grandioso y lujoso homenaje, regado con un vino de Borgoña que , entre otros
efectos, provocó que me pusiera a discutir amablemente con el maitre sobre
los calidad de los vinos y quesos españoles. No había ni un solo vino
español en la bodega y no es que sea muy entendido en ello, pero estoy
seguro de que en calidad estamos muy cerca, si no les pasamos, a los
franceses. El buen maitre, de rasgos asiáticos y con un francés difícil, se
despachó a gusto, presentándonos una colección de "fromages" transportados
en un espectacular carrito de madera de raíces ( precioso por cierto ) y
haciendo una verdadera exposición sobre las bondades de los quesos
alsacianos o del Franco Condado. En francés, con mi mujer sin entender nada
de nada y yo tratando de traducir pese a los vapores del Borgoña, pues el
resultado fue un ataque de risa nerviosa, en la cara del "chino", todo serio
y profesional, que no parecía importarle el cachondeo que nos traíamos. Y
encima, terminé diciéndole que sí, que los quesos eran excelentes, pero que
debería un restaurante de su categoría incluir alguno español que los hay y
excelentes.

Bien, después de esos dos días en Paris, y por una especie de M30, que
llaman la Peripherique, salimos de la ciudad dirección Noreste de Francia.
El destino era Estrasburgo, a unos 500 kilómetros, que los despachamos en
una tarde, y encima nos dio tiempo a parar en Reims, la cuna del champagne.
Allí, visita a la catedral, gótica con un curioso doble rosetón, y con
vidrieras pintadas por Marc Chagall. Visita a una cava y degustación de
champagne, y algunas compras, por ejemplo, una botellita pequeña de Moet
Chandon, más para coleccionar que para consumir, aunque eso ya lo veremos.
Curiosidad: el nombre de la ciudad, Reims, es de dificilísima pronunciación,
en París lo pronunciaban algo así como "Rraas", allí mismo lo hacían como
"Rraams"; en ningún caso, desde luego, "reims", como trataba yo de decirlo

Llegamos de noche cerrada a Estrasburgo, Alsacia, ciudad que yo había
conocido 30 años, en mi época de estudiante. 30 años? de verdad? tanto ha
pasado? no, haciendo la cuenta, no eran 30, eran 32.Tratamos de localizar un
"aire" donde aparcar y dormir, en la guía de aires franceses que habíamos
comprado en Madrid y que nos sirvió de gran utilidad durante el viaje,
constaba uno que nos fue imposible de localizar después de dar vueltas por
la ciudad una y otra vez, pasando por cierto por el consabido barrio de
prostitutas ( parece que me perseguían, o yo a ellas, quien sabe?)hasta que
a mi mujer se le ocurrió pasar a Alemania, cruzando el Rhin, a ver si había
algún recinto en que estacionar la AC. La localidad fronteriza alemana se
llama Khel y bueno, se llega allí nada más cruzar el río; y con tan buena
fortuna que nada más entrar en Alemania vimos una señal de caravaning y
siguiéndolas, llegamos a un precioso "aire" donde estaban estacionadas otras
4 o 5 AC, con servicios de vaciado de depósito, llenado de aguas limpias y
sobre todo, tranquilo. Genial. Allí aparcamos, cenamos, dormimos y a la
mañana siguiente, después de saludar a los vecinos ( unos alemanes del Este,
ya jubilados, que en dos años de vida en AC habían estado en toda España,
Finlandia, Noruega, Suecia, Austria, Suiza, etc., en fin, un lujo ) volvimos a
cruzar el Rhin, esta vez en dirección contraria para conocer Estrasburgo. Yo
no tengo palabras para definir esa ciudad, sólo puedo decir que en un barrio
denominado la Petite France parece que te han transportado al lugar en que
vivían Hansel y Gretel. Calles preciosas, casas con fachada de madera y
balcones llenos de flores, canales por todas partes como si de una pequeña
Venecia estuviéramos hablando. Como decía antes, yo estuve en Estrasburgo
estudiando, allá por 1972, y puedo reflexionar sobre cómo se valoran las
cosas, la belleza, el arte, cuando se tienen 19 años y cuando se tienen 49.
La Petite France, en donde estuve en 1972 no me pareció nada extraordinario
que contar a mis colegas de entonces; y ahora..., pues eso, os lo cuento a
vosotros desde la óptica de la madurez ( al menos en edad).

Después de pasar el día Estrasburgo, en donde por cierto, habíamos
estacionado la AC en una plaza " controlada y vigilada " por un grupo de
pícaros rumanos y a los que en contra de la opinión de mi mujer, obsequié
con 3 euros, en la creencia de que ello me garantizaría seguridad de mi AC
mientras recorríamos el centro. Y acerté, debo decir, que a la vuelta
seguían los mismos rumanos, la AC estaba intacta y me alegré de mi decisión, porque... qué habría pasado si no les doy el obsequio?. Seguimos camino,
ya dentro de Alemania, hacia Friburgo, otra ciudad del entono de la Selva
Negra, con calles exclusivamente reservadas a peatones y tranvías y por las
que, ante la sorpresa de los viandantes y por error ( ya que no entiendo el
alemán ni vi señal gráfica que me lo indicara) pues eso, me metí por ellas
con las AC. Salí como pude y una amable policía local me indicó dónde podía
estacionar el vehículo. Allí volví a oír español por las calles... caramba,
cómo se echa de menos eso, no puedo explicar con precisión lo que se siente
cuando te encuentras con alguien hispano parlante. Solo en París habíamos
vivido la experiencia de escuchar tu idioma con cierta frecuencia, el resto
en francés, inglés o pseudo-italiano. En Friburgo, digo, después del
incidente de la calle peatonal nos encontramos con tres chicas de Bilbao a
las que manifesté mi alegría por poder expresarlas en castellano, con la
precisión de la lengua que dominas, dónde estaba no sé que monumento que
querían ver.

Ya anocheciendo, nos dirigimos a la cercana Lucerna, ya en Suiza. Habíamos
reservado o mejor anunciado, gracias al teléfono móvil ( Qué maravilla el
móvil cuando no es por temas de trabajo, vedad?) una plaza en un camping
maravilloso, en la misma orilla del Lago. Luzerna es una ciudad limpia,
pequeña, ordenada, el Lago es enorme y sobre todo, limpio, limpio; por la
noche nos acercamos al Lago a través de una pasarela de madera que se
adentraba en el mismo y que se utiliza de día para acceder a las
embarcaciones allí amarradas; con la linterna que llevábamos iluminamos
hacia el agua y para nuestra sorpresa, a gran profundidad, y de noche como
digo, se veía perfectamente el fondo. Es como un pequeño ( no tanto ) mar,
sin oleaje , con multitud de patos y cisnes que se acercan por si hay comida
( en psicología eso se llama reflejo condicionado, no?) y la ciudad está
construida sobre una bahía del Lago. Mi mujer decía que le recordaba a San
Sebastián, haciendo la lógica sustitución de mar por Lago, pero qué Lago!.
Montaña verde encima de la ciudad, agua limpia, barcos por el lago y la
ciudad extendida sobre la bahía. La ciudad por lo demás, surcada por
tranvías ( desde Burdeos arriba, la vuelta a la utilización de tranvías
está muy en boga, me parece, con el famoso puente medieval de madera y los
barrios típicos cerca del lago) El camping era extraordinario, se llama Lido
y está comunicado con el centro a través de tranvía en cinco minutos.
Siguiendo con la comparación con el País Vasco, si Lucerna recuerda a San
Sebastián, Berna recordaría a Vitoria y Zurich, más industrial, a Bilbao,
aunque en este último caso la comparación es algo más forzada.



 
Introducción
   

Si no hubiese sido por la insistencia de Toni, seguro que no hubiese hecho ningún relato del viaje que hicimos este año.
La verdad es que nunca lo he hecho, ni para mí.
Lo único que hago cuando preparo un viaje es un guión pre-viaje, que me sirve para ir tomando información posteriormente sobre el recorrido.
Y no he hecho ningún relato, porque creo que lo que pueda escribir no tiene demasiado valor, no aporta demasiadas cosas que puedan ser de interés a nadie. Y por tanto, prefiero estar callado, leyendo vuestros relatos, soñando con vuestros viajes, aprendiendo.
Y por último, ante las plumas que tenemos entre nuestros compañeros Pepiño, Toni, Marce...... etc. pues...... me da cierto rubor ponerme a escribir de una forma tosca, ante la prosa “qüasi” poética que gastan nuestros amigos.
Como que esta reflexión obligaría siempre a escribir a los mismos - y no es justo- y como he dicho antes, ante la insistencia de Toni, me he decidido a escribir. Ruego, a todos los que decidáis leerme que tengáis paciencia y perdonad mi composición, nunca fui de letras.
La decisión de viajar por centro Europa no fue casual. Era la tercera vez que íbamos a realizar el mismo viaje. La primera vez en 1.995 con unos amigos y con nuestra querida caravana Bürtsner, volvimos en 1.998 con nuestra primera y no-menos querida auto, Autostar y de nuevo este verano el 2.003 con nuestra auto Mc Louis 432.
¿Qué nos hacía volver a Munich, Berlín, Praga, Budapest, Viena…?. Pues... un pacto con nuestra hija Marta.
Tanto el viaje del pasado año a Escocia como este fueron fruto de sendos pactos. Nuestra hija Marta, 17 años, “amenazaba” con no venir con nosotros, dice aburrirse, -esto hace ya dos años que dura, pero este año se presentaba más difícil-, pensamos que aún podríamos aprovechar este año si nos sacrificábamos un poco todos y aplicamos aquello de... “SOCORROOOOOO, tenemos una adolescente en casa”... por tanto, como pensamos que es mejor un mal pacto que una decisión dictada, decidimos ir de vacaciones allá donde más le apeteciese. El objetivo era poder pasar las vacaciones juntos, conscientes de que ya nos quedan pocas oportunidades. Quizás esta haya sido la última.
Estudia bachillerato de letras –ella sí- le gusta la historia y nos propuso ir a Alemania y lugares donde ocurrieron acontecimientos de importancia durante la segunda guerra mundial.
Poco tiempo teníamos para preparar el viaje, el acuerdo llegó a finales de junio.
Además, nuestra hija, “nos proponía” llevarnos a Irene, la amiga de Marta que ya ha venido con nosotros los últimos viajes. La verdad es que no es ningún sacrificio llevarla, es un encanto, pero... siempre hay un pero, también adolescente y... van dos.
Normalmente antes de Semana Santa hemos decidido siempre donde dirigiremos nuestros pasos, y, durante la misma, empezamos a preparar el viaje del verano. Así, el viaje nos dura hasta final de agosto, disfrutamos tanto preparando el viaje como realizándolo, es uno de los hobbies que no queremos perder.
Pero este viaje no tuvo la preparación de otros, aunque teníamos información sobre el mismo, muchos de los lugares que visitaríamos ya los conocíamos.
Nos acompañaba también nuestra inseparable y estimada guardián Daffi.
Este año sólo disponíamos de tres semanas de vacaciones y por tanto había de calcular con más esmero las estancias por el centro de la vieja Europa.
No aporto datos de consumos ni peajes, pues como no pensaba relatar nada, no los guardé. Lo siento.

Así pues, y sin más preámbulos empezaremos a relatar el viaje

 
El Danubio al atardecer
El Danubio al atardecer
La estructura del viaje es
   


Freiburg, Selva Negra, Ulm, Dachau, Munich, Nurnberg, Berlín, Dresden, Karlovy Vary, Praga, Bratislava, Budapest, Viena, Mauthausen, Salzburg, Géneve, Rubí

Durante este viaje, hemos repostado agua en las estaciones de servicio, tanto de autopista como en carretera o ciudad sin ningún inconveniente. Las aguas negras se vertían en los WC externos de las estaciones de servicio y las aguas grises han sido vertidas en los imbornales de descansos de autopista, aparcamientos, o áreas de servicio. Esta última operación, solíamos hacerla de noche, no por la impunidad de la oscuridad, sino para evitar que gentes no habituadas a las autos, creyesen que vertíamos otras aguas, y por tanto, se llevasen una opinión de los autocaravanistas que no nos merecemos.

En Alemania existen áreas para autocaravanas, se pueden ver en la pagina web de www.eurocampingcar.com. Pero estas suelen ser sólo zona para pernoctar, no suelen tener ni agua ni lugar para verter aguas grises.

Como siempre cuando salimos de viaje lo iniciamos el viernes, cuando acabamos nuestras obligaciones laborales, colocamos en la auto los últimos preparativos y marchamos aunque sea muy tarde, lo importante es salir, así el sábado ya es un día entero de vacaciones.



 
1 de agosto, viernes
   

Salida de Rubí a las 23 horas dirección a Francia, dormimos en la misma frontera, debajo de la pirámide del arquitecto Bofill, y a muy pocos metros de los gendarmes, esto lo hemos hecho varias veces, aunque sólo hemos hecho 170 km, consideramos que es el lugar más seguro, pues entre la frontera francesa y Avignon tenemos constancia de varios amigos que han tenido algún desagradable incidente por la noche, sobre todo, en época de verano. Así pues colocamos los cinturones de seguridad en las puertas, conectamos la alarma, convencemos a Daffi de que empieza su trabajo de vigilancia y a dormir. ¡yuhuuuuuuuuuu... empezamos las vacaciones!!!.


 
2 de agosto, sábado
   

A las 8 de la mañana Adelina y yo desayunamos y emprendemos viaje. Mientras, las chicas, continúan durmiendo, adolescentes... Esta estampa se irá repitiendo a lo largo del viaje.
Hemos de cruzar la Provence y el Rousillon, la experiencia de otros años nos dice que pasar cerca del medio día es muy pesado por el calor que hace. Además habíamos de visitar a la familia de Saint Priest (cerca de Lyon) y comer con ellos pues hacía pocas semanas había aumentado la familia y habíamos de conocer a la nueva componente, Alysse, una niña preciosa.
El trayecto hasta Lyon fue bien, pero el calor espantoso Estábamos deseando llegar a Alemania para estar más fresquitos... no sabíamos la que nos esperaba.
Como en Francia se come temprano a las 18,30 h. salíamos de casa de nuestros familiares dirección a Alemania. Aquí empezaban realmente nuestras vacaciones.
Tomamos la E-70 la Rocade (cinturón que rodea Lyon) dirección París y justo cuando pasamos los brazos del Rhone tomamos la autopista E-611/A42 que nos lleva a Mulhouse pasando por Besançon pero pronto salimos de ella para continuar el viaje por la N-84, siempre es más interesante para conocer mejor el territorio, y no se paga peaje.
Visitamos Pérouges un pueblecito medieval fortificado encantador, reconstruido en 1468. Fue fundado por ciudadanos emigrantes de Perugia (Italia) antes de la llegada de Julio César a las Galias. Como veis esto de la emigración no es cosa de hoy. Callejuelas tortuosas, adoquinadas y muy bien conservadas. Ha sido escenario de varias películas de época. Vale la pena desviarse, en una hora u hora y media se puede visitar tranquilamente. A la entrada, existe un aparcamiento suficiente con vistas a las murallas y, hasta ese día, libre de pago, apto para pernoctar.
El día era tórrido y nuestra preocupación era grande, ¿ cómo íbamos a dormir en la calle con las ventanas cerradas si a las 21 horas estábamos a 35º ?. Tiramos de “le guide national des Aires de Services camping-car” y empezamos a buscar sin éxito el área que nos indica en Montrevel en Bresse (por mucho que buscamos fuimos incapaces de encontrarla). Sí encontramos, donde decía que estaba el área, un espléndido camping de 4**** con playa de lago incluida, al cual entramos a descansar a las 23 horas.
Irene y Marta parecía que no habían visto nunca una ducha no paraban de adular la ducha del camping en contra de la ducha del auto, pequeña y con restricciones de agua. Jóvenes...



 
Puerta de entrada a Perouges
Puerta de entrada a Perouges
3 de agosto, domingo
   


Salimos del camping sobre las 10 de la mañana (vaya madrugón) tomamos la D-28 hasta llegar a la N-83 que ya no dejamos hasta llegar a Besançon.
Antes pasamos por un pueblecito interesante de la zona del Jura, que ya habíamos visitado en anteriores ocasiones, es Arbois, el pueblo donde paso su niñez, su juventud y donde volvió de vacaciones toda su vida, el insigne Louis Pasteur descubridor de la vacuna, al cual hemos de estar inmensamente agradecidos por haber salvado tantas vidas. Se puede visitar su casa con su despacho y pequeño laboratorio que están tal y como él los dejó en 1895.
Llegamos a Besançon a mediodía donde comimos, visitamos la ciudadela ( buen ejercicio después de comer, pues la subidita se las trae) y continuamos viaje. Tomamos la autopista A-36/E-60 (porqué suelen tener dos numeraciones las autopistas????) hasta Mulhouse.
Nos prometemos que la próxima vez que pasemos por aquí, sin más excusas, visitaremos la Chapelle de Ronchamp (Michelín**) interesante obra de arquitectura contemporánea del célebre Le Corbusier. Se encuentra a 30 km de la autopista entre Belfort y Lure por la N-19/E-54.
Pasamos la frontera franco alemana y nos dirigimos hacia Freiburg por la autopista E-35; una vez allí y en dirección Neustadt por la N-31 llegamos a Kirchzarten y nos desviamos a Oberried, encantador pueblecito de la Selva negra (Schwarzwald) donde pasamos unas increíbles vacaciones en 1995.
Recomendable como punto de partida para cualquiera que quiera visitar la Selva negra, recorridos en bicicleta, a caballo o a pie, rutas increíbles para todas las edades, además marcadas en mapas de montaña como las pistas de esquí: rutas negras, rojas, azules, verdes, amarillas... eso es organización, con decir que los distintos itinerarios suelen tener descansos con bancos, fuentes y zonas para refrescarse (pequeñas piscinas con agua hasta la rodilla)… Qué envidia nos dio, envidia sana, pero a la postre, envidia.
Hacía tanta calor que nos pudimos bañar en el río sin estremecernos de frío. ¡Ohhhhhhhh que placer!!!!
Entrada la noche nos fuimos a visitar Freiburg, ciudad de unos 200.000 hab. centro con impresionante catedral, el Kaufhaus, el primer edificio comercial construido en 1520 y los edificios de alrededor..., dormimos en una zona residencial de Kirchzarten.




 
Oberried, Selva negra
Oberried, Selva negra
4 de agosto, lunes
   

Uhauuuuu, nos quedan tres semanas completas de vacaciones, hasta ahora sólo hemos estado de fin de semana. Qué bien, tenemos la sensación de haber salido de casa hace mucho tiempo.
Desayunamos y nos vamos dirección a Titisee por la N-31, pasando por el Hollental o valle del infierno, precioso, pegado a la carretera el itinerario a pie, con unas pasarelas para los lugares más inaccesibles. Llegamos a Titisee, es lo más parecido a un pueblo de la costa en el mes de agosto: playa, paseos en barca o patín, el lago muy bonito, no demasiado grande pero, para nuestro gusto, demasiada gente y demasiado comercializado, aunque urbanísticamente no han caído en la tentación de los grandes edificios estivales. A la entrada de la población hay unos grandes aparcamientos donde te invitan a dejar el vehículo. De no hacerlo resulta bastante caótico.
Nos vamos de Titisee retrocediendo pocos km hasta Hinterzarten, para, una vez en la B-500, carretera de muchas curvas pero muy bonita, nos dirigirnos dirección Furtwangen. Unos 17 km más adelante, antes de llegar a Triberg están las (Wasserfall) un salto de agua, “dicen” de 162 metros. Bien sea por la sequía o por lo que fuera, os puedo asegurar que nos decepcionaron. Además, después de andar media hora de bajada, te encuentras con una taquilla que te cobran 5€ por persona por acabar de ver caer el agua. Luego te espera más de media hora de una interminable subida. En mi opinión, no valen la pena.
Este barranco es uno de los más importantes, que unido a otros, reciben en Donaueschingen el nombre de Donau (Danubio).
Se nos hizo tarde y comimos ahí mismo, bajo un sol tórrido a la sombra de un minúsculo pero codiciado árbol, y continuamos viaje hasta Tuttlingen, para ahí, por la 311 llegar a Ulm.
Ulm tiene una catedral gótica impresionante, con una sola aguja de 161metros -casi como el salto de agua de Triberg- con una esbeltez y una pureza atrayente. No hay que perderse el barrio medieval de artesanos Fischer- und Gerberviertel, -algo así como barrio de pescadores y curtidores- atravesado por el río blau, tiene unas construcciones realmente curiosas: el río no separa las casas, las une, digno de visitar.
Tomamos una cerveza junto al río, después del día tan caluroso y agobiante que pasamos, Marta se estrenó con una jarra de cerveza y la faena que tuvo para acabársela, pero ella tozuda quiso dejar el pabellón bien alto y se la terminó. (Ojo, las jarras de cerveza son de litro, 1 jarra 6€).
Ya de noche salimos de la ciudad para pernoctar en un área de la Autopista muy cerca de Ulm.


 
Catedral de Ulm
Catedral de Ulm
5 de agosto, martes
   

Hemos pasado una noche con mucho ruido de autopista, nos pusimos demasiado cerca de la misma y esta autopista tiene mucho trajín. Por primera y única vez hemos visto un camión trailer con tres remolques (casi un tren). Salimos del área sobre las 9,30 h., continuamos viaje hasta Dachau. Está a pocos km antes de llegar a Munich, una vez en Dacha la población en sí no tiene demasiado interés, es una ciudad moderna e industrial. Nos costó encontrar el campo de concentración, es como si no estuviesen interesados en que se vea. Lo tienen anunciado con unos letreros y abreviaturas difíciles de entender: KD (Konzentrationslager, Dachau).
Aparcamiento y entrada gratuita para todos. Se pueden alquilar unos walquis para el recorrido. Cierran a las 17horas.
Es un gran espacio donde quedan dos barracones en pie (restaurados??), la zona de cimentación donde estuvieron los otros, unos templos construidos por las diferentes confesiones religiosas que lo han considerado oportuno, la zona de los hornos y un museo en el recinto que ocuparon los dirigentes del campo de la SS. La puerta de entrada al campo -que no es la de los turistas- que recibía a los prisioneros luce un - Arbeit Macht Frei – algo así como El Trabajo os hará Libres.
Es un monumento al horror, donde impera en todo momento un respeto impresionante por parte de los visitantes.
Comimos en el parking y nos dirigimos a Munich, con intención de aparcar, pernoctar lo más cerca posible del -Englischer Garten- Jardín Inglés, hectáreas y hectáreas de parque. No vimos o no supimos encontrar los aparcamientos adecuados y nos volvimos al enorme parking de pago de la zona olímpica, lo hicimos justo debajo del Olympic Stadium, campo del Bayern de Munich. Había otros colegas de distintas nacionalidades, descolgamos las bicis y las chicas ya dieron su primer paseo de inspección por la zona, estuvimos muy tranquilos. Es una zona recomendable. Ojo, si no hay partido.
Munich tiene fama de ser la ciudad más cara de Alemania, pero tiene una vida increíble. La zona Olímpica está ubicada donde, después de la II guerra mundial, sirvió de lugar para depositar los escombros de la bombardeada ciudad bávara. Con ellos hicieron unas colinas, que cubiertas de tierra vegetal y césped, hoy, son una gozada para pasear entre sus caminos y lagos artificiales. Casi todos van en bicicleta, grandes y pequeños. Este día, por la tarde, en la ladera de una colina y como telón de fondo el lago, montaron un concierto de música clásica impresionante, desde cualquier lugar se podía escuchar, aunque los privilegiados que llegaron antes veían a los músicos. Pero imaginaos poder escuchar música tumbados en el césped. Otros días se dedican a otro tipo de músicas, nos recordaron los actos del Grec que se hacen en Barcelona la temporada estival.
El sol había apretado otro día más, como estábamos frescos nos quedamos en el césped hasta bien entrada la noche.


 
Dachau
Dachau
Torres de la Frauenkirche, Munich
Torres de la Frauenkirche, Munich
El Jardin inglés era casi otoñal
El Jardin inglés era casi otoñal
6 de agosto, miércoles
   

Hoy hace tres años que llegamos a Nordkapp, snif,snif....
Fuimos con la auto al centro, cometimos un error, al llegar al centro no encontrábamos aparcamiento.
Las chicas hicieron la visita por su cuenta, querían independizarse, aunque solo fuera unas horas.
Adelina, Daffi y yo visitamos la –Marienplatz-, la plaza más popular, el –Rathaus- Ayuntamiento, con su reloj de carillón, quizás el más bonito y vistoso que hemos visto, la –Frauenkirche- Catedral, con sus célebres torres y la Pinacoteca por fuera.
El día era asfixiante, pobre Daffi, no quería andar de calor que tenía, buscaba las sombras desesperadamente, y, encima es negra. Vimos una curiosidad, en muchos establecimientos disponen en la puerta, de unos cuencos con agua para que se refresquen los perros y, si esta se acaba, enseguida salen a reponer. Daffi lo agradeció enormemente
Nos encontramos con las chicas para comer en la cervecería más famosa de Munich –Hofbräuhaus HB- visita fija cada vez que hemos ido a Munich, es para nosotros como la fuente de Canaletas de Barcelona, que el que bebe ahí, vuelve. Dicen, que en esta cervecería, -donde caben unas 1000 personas- hizo Hitler algún mitin no lo hemos podido constatar. Lo que si pudimos constatar es que la cerveza está buenísima, así como el codillo. Una cerveza “Hofbräu original” 6,20€ ( 1 litro).
Las chicas volvieron a pasear por su cuenta, nosotros por la nuestra y descubrimos muy cerca de allí detrás de la iglesia de San Pedro s.XII – Peterskirche- un mercado impresionante, -Viktualien Markt- está en una plaza al aire libre, dispone de unas paradas con frutas y especies con un atractivo superior, por su calidad y presentación.
Poco más tarde tomamos el metro en la Marienplatz (paran todas las líneas) hasta la Giselastra?e que es donde teníamos aparcada la auto. Aprovechamos para tomar agua en una estación de servicio.
Volvimos a nuestro parking del Olympic Stadium.


 
La fabulosa zona olimpica de Munich
La fabulosa zona olimpica de Munich
7 de agosto, jueves
   

Hoy nos planteamos el día de otra forma, a Daffi la dejamos en la auto, seguro que nos lo agradeció. Después de desayunar, tomamos las bicis y nos lanzamos a pasear por la ciudad. Es una gozada pasear en bici por Munich. Desde el Stadium, hasta el centro de la ciudad, lo hicimos o por carril bici o por unos jardines espléndidos, sobre todo por el –Englischer Garten- Jardín Inglés- ¡Qué preciosidad, qué dimensiones! En el río que lo cruza se bañaba la gente, se dejaban llevar por la corriente, salían unas decenas de metros más allá y volvían a empezar, como si de un tobogán se tratase, pero en río. Lástima que no llevábamos el bañador, quién se lo iba a imaginar..... tomamos nota para la próxima vez. Aquí pasamos toda la mañana, la verdad es que el día no se hizo tan pesado, en los jardines el calor es menos.
Fuimos a comer al Bier Garten –jardin de cerveza ???? que hay junto al mercado que descubrimos ayer en Viktulien Marka. Compramos la cerveza en un chiringuito y el acompañamiento sólido en otro y, en una de las muchas y enormes mesas que hay en la sombra, nos dispusimos a dar buena cuenta de lo que acabábamos de comprar.
Acabamos de visitar la zona Olímpica y a casita. Montamos bicis y nos fuimos esa misma tarde de Munich con dirección a Nürnberg por la E-45/A-9.
Cabe decir para los que visiten por primera vez Munich que no se pierdan el Deutches Museum, es simplemente excepcional, extraordinario, sorprendente sobre todo si se visita con gente joven. Esta vez no lo visitamos por haberlo hecho en ocasiones anteriores.
Dormimos en un área de la autopista poco antes de llegar a Nürnberg, donde vimos, para ambientarnos, la película: El proceso de Nürnberg.


 
8 de agosto, viernes
   

Llegamos a Nürnberg por la E-45, dejamos la autopista en la segunda salida y por una carretera rodeada de polígonos industriales, llamada Regensburger Str., vemos un letrero, a la izquierda, que dice Franken Stadion, nos dirigimos hacia allí y ..... efectivamente, nos encontramos con lo que esperábamos. El estadio famosísimo, donde los ejércitos nazis hacían sus paradas militares presididas por Hitler, y que, tantas veces, hemos visto en reportajes de la II guerra mundial. Colocamos a Daffi en el lugar presidencial, hicimos la foto de rigor y os aseguro que el balcón presidencial estaba infinitamente más digno con la figura de Daffi, que con la figura de los reportajes. Es increíble pero las guías no hablan de esto. ¿Por qué lo esconden después de tantos años? La verdad es que está en un estado bastante lamentable, abandonado, lleno de suciedad, en ruinas.
Dejamos la auto cerca de correos y visitamos el centro de la ciudad donde nació el pintor Dürero. La Plaza del mercado estaba llena de cientos de conejos de plástico, de diferentes tonalidades de verde y perfectamente alineados en honor a su pintor predilecto.
En la misma plaza existe una fuente hermosísima –Schöner Brunen-, la iglesia de San Lorenzo y un poco más allá el Ayuntamiento. El centro de la ciudad es encantador, fuimos subiendo, subiendo, hasta llegar al castillo, lugar donde se celebró el famoso proceso de Nürnberg.
En Nürnberg, se celebraban también los juicios sumarísimos por parte de los contingentes nazis.
Estuvimos en la ciudad toda la tarde, calurosa pero no tanto como en días anteriores.
Al empezar a caer la tarde, tomamos la A-9/E-51 con dirección a Berlín.
A 136 km, poco después del cruce de la autopista A-72 que lleva a Dresden, se encuentra la antigua frontera de la finiquitada DDR, sólo se distingue si se presta atención al paso.
Se circulaba muy bien por la llanura alemana. Viajar de noche era un alivio del caluroso día. Al paso por el cruce de Leipzig decidimos entrar a ver la ciudad. No habíamos estado nunca, eran más de las 22h. pero, al ser viernes, pensamos que podría haber ambiente en la culta Leipzig.
Y ya lo creo que había ambiente. En la plaza del mercado se estaba celebrando una cena popular, al tiempo que en una pantalla gigante se proyectaba una ópera. Fue espectacular. Nos adentramos por las callejuelas que hay detrás de la plaza, hacia el Mädlerpassage, -conjunto de estrechos pasadizos repletos de comercios- nos topamos con el restaurante Auerbachs Keller adornado con motivos de Fausto, obra maestra de Goethe. Estuvimos visitando el café popular de Leipzig – Kaffebaum- del s. XVII. La calle estaba llena de mesas en plena ebullición. Nos adentramos a su interior como el que no quiere. De pronto, nos encontramos justo donde se reunían los círculos musicales y literarios de la época. Goethe, Liszt, Wagner y Schumann entre otros, utilizaban el Kaffebaum como punto de encuentro. Fue muy emocionante descubrir este rincón.
Muy entrada la noche, y orgullosos de nuestro descubrimiento, nos fuimos a descansar a un parking al aire libre de la ciudad en el cual, al despertar, tuvimos que pagar la modesta cantidad de 3€.


 
Nürnberg ciudad de Dürero
Nürnberg ciudad de Dürero
La culta Leipzig
La culta Leipzig
9 de agosto, sábado
   

Llegamos a Berlín a medio día y nos dirigimos allá donde sabíamos que nos podíamos ubicar, ya lo habíamos hecho en otra ocasión. Este lugar no fue otro que el Tiergarten, en la avenida de 17 de Junio, entre la puerta de Brandenburg y el monumento de la victoria. Ahí pasamos dos noches, teníamos un poco de ruido de coches por la noche, pero el sitio es idóneo para ir a cualquier parte. Cerca de la Marx-Engels platz vimos que habían adecuado un lugar para autocaravanas, pero no había ni una sombra, por lo decidimos quedarnos donde estábamos, con ruido pero a la sombra de unos enormes árboles.
Estos días llegamos a 41,6º de temperatura, era asfixiante, la nevera parecía un armario y no un frigorífico. Por la tarde le daba un poco el sol y por la noche se recuperaba un poco, pero no demasiado. En Berlín no venden hielo ni tienen aire acondicionado en los establecimientos ni restaurantes. No están preparados para estas temperaturas.
Era muy curioso ver como a primeros de agosto estaban cayendo las hojas de los árboles como si fuera otoño. Los ocres de sus hojas eran preciosos.
Después de comer tomamos las bicis y fuimos a pasear por Berlín, las distancias son enormes y con la bici es un placer. Durante los dos días que estuvimos vimos más cosas que en nuestro viaje anterior.
Una sorpresa nos esperaba al lado mismo de la puerta de Brandenburg. Un ciudadano, con aspecto turco o de medio oriente, se paseaba como su madre lo echó al mundo, desnudo completamente. Se paraba delante de todo aquel que le hiciese una foto. No supimos que reivindicaba. Al poco una mujer policía se le acercó con una manta y, detenido, lo introdujeron en el coche policial sin ningún forcejeo.
Paseamos todo el centro, la isla de los museos, la catedral protestante (la mayor catedral protestante de Alemania), el ayuntamiento rojo, el barrio de San Nicolás, la Alexander platz, la Banhof (estación) testigo de muchas películas de espías, etc......
Berlín es impresionante, una ciudad de 44 km de largo por 22 km de ancho y la ayuda de la bici nos permitió, al día siguiente, llegarnos a los barrios obreros del Berlín del este.
Berlín es impresionante, por todos los lados, la zona este, donde están los museos, los edificios administrativos, Parlamento, Biblioteca central, Universidades, Catedral etc.....
Es curioso ver, como la zona este va occidentalizándose. Poco a poco van cambiando los edificios, a muchos de ellos simplemente les cambian la fachada, o si es noble, la restauran, quedando muchos edificios restaurados solamente una mitad, la otra, para más adelante.
En la zona de la Potsdamer Platz, se han levantado unos modernos y enormes edificios de más de 25 plantas.
Al lado de la Puerta de Brandenburg estaba el cuartel general de la Gestapo y donde “dicen” se suicidó Hitler junto a Eva Braun. Hoy es un enorme solar, donde parece que construirán un parque y un enorme monumento pagado por la comunidad judía.
Han desaparecido todos los vestigios que puedan utilizarse, ahora o en el futuro como lugar de peregrinación nazi.
El muro existe en muchos tramos aún, y allá donde ha desaparecido, han colocado en el suelo unas piezas de textura diferente al asfalto o la acera, para dejar constancia de por donde pasó.
A lo largo del muro, queda constancia de los lugares donde estaban las puertas de paso de un Berlín al otro. Pero uno se lleva la palma, el famosísimo Checkpoint Charlie o paso de la zona USA al Berlín este. Para nuestro gusto, una americanada más de las que nos tienen acostumbrados los últimos años. Banderas de barras y estrellas, sacos de arena de protección militar, maniquís vestidos de militares, letreros que anuncian donde comienza la zona USA, merchandaising americano a tope.
Por todos estos lugares, existen también unos mercadillos donde se venden gorras, insignias y atuendos militares de la zona comunista, así como trozos de muro.
Por la noche, desde nuestra “casita” fuimos testigos de la mayor concentración que jamás hemos visto de patines en línea. Imaginaos una avenida de 6 carriles llena a rebosar de patinadores Estuvieron pasando delante de nuestra auto durante más de una hora. El final estaba delante de la puerta de Brandenburg, donde les invitaban a un refrigerio. Nuestras chicas se acercaron, pero........a las 23horas estaba todo recogido.


 
Puerta de Brandenburg, Berlín
Puerta de Brandenburg, Berlín
Postdamer Platz, Berlín
Postdamer Platz, Berlín
Esplendidos paseos por los jardines del Tiergarten
Esplendidos paseos por los jardines del Tiergarten
10 de agosto, domingo
   

Cuando se visita Berlín no se pueden obviar algunas visitas: el Museo de Pergamon (quizás el más sorprendente que haya visto, con el altar de Zeus y Atenea s.II a de C), el Palacio de Charlottenburg, (el Versalles berlines), enfrente el museo Egipcio (con el insuperable busto de Nefertiti), Palacio de Sansouci, en Potsdam.
Todas estas visitas las hicimos en otros viajes y, en este, creímos interesante “meternos” en los barrios obreros del este de Berlín. Con lo cual, empezamos a dirigir nuestros pedaleos hacia el barrio de Wedding.
Antes pasamos por el Reichstag (Parlamento) y alrededores dignos de visitar.
Wedding, fue el bastión del movimiento socialista obrero durante la expansión industrial de Alemania a finales del s. XIX. El 9 de noviembre de 1918 los trabajadores de AEG (mi actual empresa en Terrassa), marcharon por el barrio enarbolando su roja bandera revolucionaria. El ejemplo típico de reputación del distrito, fue su canción escrita por Erich Weinert, que decía “Wedding rojo, da la bienvenida a tus camaradas, mantén bien alto tus puños cerrados. Conserva inquebrantable tus filas, ya que nuestro día está muy cerca...”
Como podéis ver, estábamos en el centro del meollo comunista del Berlín del este. La verdad es que turísticamente no tiene demasiado interés, pero si lo tiene sociológicamente y eso nos interesaba. Es el Berlín ausente de las guías. Comimos en un restaurante (bar) turco. Los turcos son el 45% de los extranjeros que viven en Berlín que son 300.000 repartidos en 150 nacionalidades. El porcentaje más alto de turcos se encuentra en el barrio de Kreuzberg, una especie de Estambul a orillas del Spree. A la línea 1 del metro se la conoce como “El Orient Express”
Visitamos el cementerio de Dorotheenstadt sito en Chausseestrasse. Ahí reposan los restos de Berthold Brecht y su esposa, así como los de Hegel entre otros...Pasamos por la Sinagoga incendiada la “Noche de los cristales rotos”.
Nos hicimos las pertinentes fotos en las macro estatuas de Marx y Engels en la plaza frente al Ayuntamiento rojo y poco a poco fuimos regresando hacia la auto. El día había sido de lo más completo.
Al llegar al lugar donde estaba la auto, pudimos contemplar que, por todos los rincones del Tiergarten, había familias turcas, afganesas, indias.... disfrutando individualmente de unos pic-nics de mucha categoría. Por todos los lugares humeaban sus barbacoas, con unos olores a especies que te hacían estar en otro lugar. Nos preguntamos si este alto nivel de tolerancia se podría repetir en nuestro país. Nos explicaron que esto se repite cada domingo por la tarde.
No cansados del todo, las chicas fueron a comprar los souvenirs pertinentes y Adelina y yo nos fuimos en bici a la parte del Berlín Oeste. Estuvimos por la plaza Damm, plaza de Europa etc.
Volvimos a casita y a descansar...


 
11 de agosto, lunes
   

Salimos relativamente temprano, sobre las 8,30h. Las chicas seguían durmiendo, nosotros nos fuimos de nuevo con las bicis al Berlín Oeste, paseamos por su centro, hicimos alguna compra en un súper y volvimos hacia las 12h. para hacer un almuerzo fuerte, que sirviera de comida, y encaminarnos hacia Potsdam (lugar donde se firmó la paz).
Antes hicimos una visita interesante, cruzando todo Berlín, por la Chausee Potsdamer, llegamos a cruzar el Havel por el -puente- Brücke Glienicker.
Creo no equivocarme si afirmo que es el puente más famoso de la guerra fría y del reencuentro de las dos Alemanias, en el centro del mismo estaba la frontera de la RDA
Este es el puente del intercambio de espías, en los años 60. El puente que salió por todas las TV del mundo el año 1986, por la devolución por parte de las autoridades soviéticas del abogado judío Anatoly Scharansky después de muchos años de reclusión, a cambio de un grupo de espías soviéticos. El puente de “El espía que vino del frío”.
Entramos en Potsdam y visitamos las afueras el Palacio (hoy hotel) de Cecilienhof – Schloss Cecilienhof- donde, se celebró la Conferencia de Potsdam y donde Harry Truman, Josef Stalin y Winston Churchill, llegaron a los acuerdos con los que se regiría nuestra historia durante muchos años.
Potsdam es encantador, lejos de lo que es la población el entorno es de cine, unos lagos enormes rodeados de bosques, jardines, casas privilegiadas, un lugar de ensueño para practicar deportes acuáticos.
Nos fuimos cuando ya amenazaba la noche y dormimos en un área de servicio de la autopista A-13, cerca de Dresden.


 
El espía vino del frio, Brücke Glienicher
El espía vino del frio, Brücke Glienicher
12 de agosto, martes
   

Dudábamos si debíamos entrar en Dresden o no, al final lo hicimos, la tentación de la hermosa ciudad pudo más. Dresden capital de la Sajonia, ofrece una buena oferta al visitante. Es la ciudad del barroco por excelencia, aunque no es nuestro estilo preferido, su conjunto es impresionante. Dimos una vuelta por la zona centro, palacio de Zwinger, Palacio de la Residencia (Residenzschlo???La iglesia católica (Katholische Hofkirche), la famosa ópera de Dresden (Semperoper) y la (Frauenkirche) o iglesia de Nuestra Señora todavía en reconstrucción, etc... Se nos hizo tarde y agobiados por (otro día más) las altas temperaturas decidimos ir a buscar un lugar fresco para comer, nos encaminamos hacia un lugar en que los rótulos decían Parc Elba, entendimos que cerca del río estaríamos fresquitos y si era un Parque pues mejor. Después de callejear un buen rato... SORPRESA... el mencionado parque era un parque de Centros Comerciales... (sin comentarios).
Comimos allí mismo y, por cierto, compramos las mejores salchichas del viaje. Seguimos rumbo a la frontera Checa por la autopista A4/E40 hasta Chemnitz, ahí tomamos el desvío de la A72, salimos en Oelsnitz y por la E49 llegamos a la frontera. A medida que nos íbamos acercando a la frontera una duda me invadía y esta era que Irene no llevaba pasaporte, pues en un principio no pensábamos salir de la Comunidad Europea, pero poco a poco nos fuimos animando. Llegamos a la frontera checa a la altura de Vojtanov y llegó el primer problema, el funcionario de fronteras no entendía como llevábamos 4 DNI y 3 pasaportes. Después de un largo “dialogo para besugos” cada uno en su idioma, en espanglisch y por gestos, el funcionario que sólo hablaba checo o alemán nos dejó pasar a regañadientes y repitiendo continuamente, no OK, no OK. Bueno, primer problema resuelto.
Quedaban más fronteras no comunitarias, nos prometimos que no volveríamos a salir con nadie que no llevase su pasaporte en regla. La verdad es que la pobre Irene lo pasó muy mal, como siempre llevamos los pasaportes en la auto dimos escasa importancia a lo de la documentación, sólo llevábamos una autorización paterna de viaje ante la policía de Barcelona y su correspondiente DNI. A pesar de nuestra veteranía en viajes por Europa caímos como principiantes pardillos.
Seguimos por la misma carretera camino de Karlovy Vary o hervidero de Carlos. Es la ciudad balneario por antonomasia.
Al llegar a Karlovy Vary entramos por la zona más industrial y zona de autobuses, la verdad es que no llamaba en absoluto la atención turística. Poco más adelante, junto al río Teplá que atraviesa la ciudad, encontramos una auto italiana que se había situado para pasar la noche en un aparcamiento de pago de una calle sin salida. Este aparcamiento era libre de 20horas a las 8 de la mañana. Aparcarcamos junto a ellos y, mientras nos arreglábamos un poco para visitar la ciudad, llegaron cuatro autos más. Por la noche a nuestra vuelta el aparcamiento ya estaba lleno éramos un total de nueve autos dispuestos a pasar la noche en Karlovy Vary.
La ciudad es muy bonita, a lo largo del río se encuentran las fuentes y los balnearios. Las fuentes manan agua sin parar, hay fuentes que te “ofrecen” agua a 40º y otras a 62º y la máxima a 72º la columnata Mlynská es muy interesante así como la columnata de madera de la plaza Trziste, el castillo etc.
A las chicas les llamó mucho la atención unas señales que había a la entrada de la estafeta de correos que no dejaban de ser sorprendentes. Eran unos círculos de fondo blanco, corona roja, y, cuerda diametral roja con un objeto o cosa negra en el fondo, es decir prohibición de entrar con... perros, con helados, con bebidas y con...pistolas, lo cual debe querer decir en una primera interpretación que alguien las debe llevar.


 
Dresden, mural del palacio Zwinger
Dresden, mural del palacio Zwinger
13 de agosto, miércoles
   

Pasamos la noche perfectamente en nuestra “mini área de camping”, y nos dispusimos a visitar, ya de día, la ciudad. Llena de gente, disfrutando de los balnearios y entre ellos un muy alto porcentaje de personas de rasgos y signos claramente árabes o musulmanes, a los que estoy bien seguro no les llaman inmigrantes, grupos de mujeres de todas las edades (supongo) con la cara tapada por ropas de seda y manos llenas de joyas. Pero todos, árabes y europeos, tenían un punto en común, llevaban entre sus manos una taza en la que su asa, era una cánula que conectaba con el fondo de la misma y por ella sorbían el agua que iban tomando en las distintas fuentes que encontraban a su paso. El agua de Karlovy Vary es tan recomendable para el baño como para su ingestión. Parece ser que tiene grandes propiedades contra las enfermedades del aparato digestivo y del metabolismo.
Salimos dirección a Praga por la carretera E48, nos fuimos dando cuenta que en cada población que encontrábamos había, por lo menos, una fábrica de cerveza (estábamos en la región de Plzen). Lógicamente, paramos para hacer la pertinente reserva.
Praga a la vista. En los distintos viajes que hemos hecho a Praga nos han quedado muy claras dos cosas. La primera, que no se debe aparcar la auto en el centro de la ciudad. Bajo ningún concepto, se debe de abandonar la auto en el centro de Praga, si no se quiere ser objeto de deseo de los rateros que pululan a la caza del turista. Todas las veces que hemos estado, hemos sido testigos de conversaciones en los campings de aventuras desagradables con autos y con caravanas. De hecho es curioso observar como en una ciudad tan turística no se ven estacionadas ni las unas ni las otras. Este mismo año, para no variar, unos compañeros de trabajo que viajaban en una auto también han sido objetivo de rateros en el centro de Praga, junto a la catedral. La segunda, es que se puede comer a muy buen precio, pero no en el centro, cualquier barrio de la periferia de Praga es bueno para ello.
Así pues a la entrada de Praga por la E48 paramos a comer. Un abundante plato de Gulasch con una jarra de cerveza de ½ litro y café para cada uno, nos costó 100 coronas unos 3€ por barba.
A la salida nos tuvimos que refugiar, entre el restaurante y la auto (100 metros como máximo) una lluvia torrencial no nos dejaba llegar. De todas formas decidimos mojarnos y dirigirnos a la auto, pues las claraboyas estaban totalmente abiertas.
Al llegar al puente de Carlos, dejamos a Marta y a Irene que visitasen la ciudad. Marta ya la conocía, las recogimos al cabo de tres horas en el mismo punto. Dimos una vuelta con la auto por la ciudad, a fin de que Irene viese alguna cosa más, nos sabía mal que Irene no pudiese ver algo de Praga ya que pasábamos por ella. Estuvimos por la plaza (más bien avenida) Václavské (Wenceslao), centro de la ciudad nueva, donde han tenido lugar los acontecimientos y manifestaciones más importantes de la nueva Chequia desde el 1.967, hasta su independencia de Eslovaquia
Dirigimos nuestros pasos hacia Eslovaquia, nuestro objetivo eran Viena y Budapest, sobre todo esta última ciudad donde le había prometido a Adelina un día en el balneario Gëllert.
Tomamos la autopista E59/E65 dirección Bratislava, justo antes de llegar a la frontera eslovaca decidimos quedarnos a descansar.


 
Karlovy Vary, columnata Mlynská
Karlovy Vary, columnata Mlynská
14 de agosto, jueves
   

El día amaneció una vez más con un sol amenazante, pero no era la climatología la que nos iba a sorprender ese día.
A medida que íbamos llegando a la frontera el tráfico era más denso, hasta llegar a colapsar la autopista. Hicimos unos 45 minutos de cola para llegar a la frontera, y, ahí estaba la sorpresa, no nos dejaron pasar, pues Irene no disponía de pasaporte. A pesar de suplicar de hablar con el “jefe” (a saber) de aduaneros nos sentimos como unos inmigrantes sin papeles. Después de más de dos horas de infructuosas negociaciones nos hicieron dar la vuelta y dirigirnos hacia Chequia. Nuestra sorpresa fue grande cuando al llegar al puesto fronterizo tampoco nos dejaban entrar, con lo cual nos quedábamos en tierra de nadie. Aquí Marta esgrimió sus dotes de inglés, explicando lo absurdo de nuestra situación y nos dejaron pasar a condición de que en el puesto fronterizo con Austria, de Breclav/Postorná, que estaba a muy pocos km, debíamos entrar en la comunidad europea. Así lo hicimos, previa explicación al funcionario checo de turno. En el puesto austriaco no había nadie.
Bueno, ya estábamos en Europa, nos dirigimos por la carretera austriaca 47 y luego por la E461 hacia Viena, por el camino paramos a comer.
Llegamos a Viena y fuimos directamente al barrio de Spittelau a ver una de las obras de Friedensreich Hundertwasser, la planta incineradora de basuras.
No, no estábamos locos después de lo de la frontera eslovaca. En un viaje que tuve que hacer por motivos de trabajo, la conocí y creí que era interesante que los que me acompañaban conocieran la obra del genial arquitecto vienés.
Hundertwasser (Viena 1928-2000) arquitecto, dio vida a la planta incineradora del barrio de Spittelau con una fachada modernista, colores vivos, con rasgos gaudinianos, integrada en el barrio y que elimina el 90% de los residuos urbanos, ofreciendo calefacción gratuita a las viviendas del barrio.
Seguidamente fuimos a ver la Hundert wasser Haus (casa de Hundertwasser) que se encuentra un poco más al centro, en la calle Löwengasse. Son dos edificios industriales de principios de siglo, adaptados a viviendas de protección oficial, donde las terrazas son verdaderos jardines y por los huecos de escalera aparecen los árboles.
Es digno de ver, y no comprendemos como se encuentran fuera de los circuitos turísticos de Viena.
Se acababa la jornada y no nos rendíamos a entrar en Hungría. La frontera húngara se encuentra a unos 80 km de Viena, por lo que nos decidimos a intentarlo de nuevo pensando que al ser de noche sería más fácil. Y así fue, a las 10 de la noche pasábamos la frontera sin ningún problema. Compramos la pegatina para poder circular por la autopista húngara (6€/ 3 días) y en una estupenda área de servicio de la propia autopista con agua potable, nos paramos a dormir.
El día había sido de lo más curioso, desayunamos en Chequia, tomamos el aperitivo en Eslovaquia, comimos en Austria y cenamos en Hungría.


 
Viena, Hundert Wasser Haus
Viena, Hundert Wasser Haus
15 de agosto, viernes
   

Ya estamos en Hungría, los “sin papeles” cruzaron el “estrecho” sin novedad. A partir de ahí el objetivo era el famoso balneario Gellért en el centro de Budapest, es el célebre balneario del anuncio de TV de los cuerpos Danone, en el que se ve una piscina rodeada de columnas.
Después de desayunar emprendimos camino de Budapest, nos separaban unos 150 km que recorrimos por la autopista E60, sin ningún contratiempo
Las chicas hicieron el viaje durmiendo.
Llegamos a la capital sobre las 10 de la mañana, encontramos aparcamiento muy cerca del Hotel Gellért. Este se encuentra justo al lado del Danubio, debajo de la colina de la Ciudadela y justo enfrente del puente Szabadsag que cruza el Danubio.
Este hotel fue cuartel general del dictador húngaro almirante Horthy
Las chicas decidieron no venir al Balneario, eso eran cosas de carrozones y jubiletas, (ilusas, no sabían lo que se perdían) y decidieron visitar la ciudad, Irene era la primera vez que pisaba Budapest.
Al balneario no se entra por el hotel, se entra por la calle de al lado la Bartok Bela ut
(ut, quiere decir calle). Su entrada es impresionante, parece la entrada de una Basílica o Catedral con una fachada llena de relieves escultóricos.
Por fin... al agua......
El problema era, ahora, explicar, que clase de masaje queríamos. A pesar de haber una lista al lado de la taquilla, estaba en magiar y este idioma no se entiende absolutamente nada. Suerte del kiosquero que se encuentra a la izquierda de la entrada que nos salvó (habla español).
Con el ticket (tipo tarjeta de crédito) y una chapa cutre de aluminio para el masaje nos dispusimos a entrar.
El “hall” es impresionante, decoración de principios de siglo XX o final del XIX. Enseguida nos separaron, hombres a un lado y mujeres a otro. En ese momento nos dimos cuenta que estábamos en un país del este, por el que no había pasado la “perestroika”. Unas mujeres a modo de “matruskas” vigilaban el vestuario femenino y unos hombres, solo cubiertos por una toalla blanca a la cintura, vigilaban el masculino. El resto de película: la piscina famosa con su columnata, al lado la piscina de agua caliente, impresionantes los chorros de agua caliente sobre las cervicales, los baños turcos, la sauna, y fuera, la piscina con olas, también hay otra con agua caliente. Cuando dimos por acabado el baño, pues nos sabía mal que las chicas estuvieran tanto tiempo solas, nos fuimos a por el masaje, media horita de relajante masaje y para casa. Al salir, sobre las cuatro de la tarde, introdujimos la tarjeta- ticket en la máquina, y... sorpresa, esta nos devolvió dinero, pues no habíamos estado todo el tiempo que nos permitía la entrada. A eso se le llama honradez.
A pesar del día tórrido que volvimos a tener, el día fue fenomenal.
Al llegar a “casa” las chicas nos esperaban con la comida preparada.
Les explicamos como era el balneario y lo bien que lo habíamos pasado y notamos unas miradas de envidia solemne. Les propusimos volver al día siguiente con ellas, ya que se habían perdido una excelente ocasión balnearia. Después de aparentar que nos hacían un favor nos dijeron que, efectivamente, querían ir.
Dedicamos la tarde a visitar Pest, el mercado, la Basílica de San Esteban de estilo neoclásico, el Parlamento, la Ópera, la plaza de los Héroes...
La noche la dedicamos a visitar Buda, la Catedral, Palacio real, Bastión de los pescadores, la Ciudadela......
Dormimos a las afueras de la ciudad, tomamos agua en una estación de servicio.



 
Frente el Gellért
Frente el Gellért
16 de agosto, sábado
   

Día de balneario de nuevo y con más tranquilidad, no nos esperaba nadie. Marta e Irene alucinaron, no creían que se lo iban a pasar tan bien. Adolescentes...
Salimos del balneario a las 6 de la tarde, tomamos la auto y por la E60 nos presentamos a las puertas de Austria para dormir. Antes salimos de la autopista a la altura de Mosonmagyaróvár, para gastar todos los florines que nos quedaban en el mercado que hay a lo largo de la carretera, está abierto hasta la madrugada y tienen toda clase de souvenirs.


 
En el Gellért
En el Gellért
17 de agosto, domingo
   

Llegada a Viena, dejamos la auto frente a las oficinas de la OPEC, en el canal del Danubio (Donaukanal), entre los puentes Marienbruke y Salztorbruke y de ahí por la Rotenturn Strabe hasta la catedral de San Esteban, la Opera, Museo de Ciencias naturales, Pinacoteca, Parlamento. Al llegar al Ayuntamiento se nos hizo la hora de comer, lo hicimos allí mismo en una feria o muestra de comidas mundial que había frente al mismo.
En las bodegas del ayuntamiento también se puede comer o cenar a un precio relativamente razonable.
Vimos el Teatro Nacional, de ahí seguimos paseando por los jardines del Hofburg o Palacio Real. Aquí encontramos a unos estudiantes disfrazados de época, de los muchos que hay por toda la ciudad, y les compramos unas entradas para asistir a un concierto de valses y polkas, ese mismo día, en el Palacio Kursalon, sito en el Parque de la ciudad.
Después de andar todo el día, llegamos a “casa”, trasladamos la auto cerca del lugar del concierto, en la plaza Beethoven, cambiamos los bermudas por unos pantalones adecuados al momento y ¡hala!, en un minuto al concierto. Dos horas y media más tarde, a las 12,30h. salíamos del mismo entusiasmados. Sin esperar taxi como la mayoría de los asistentes al concierto, nos dirigimos a “casa” y en un minuto estábamos de nuevo ella. “Que dura es la vida del autocaravanista”.
Dormimos ahí mismo y al día siguiente, temprano (las 7h), nos fuimos, pues estábamos rodeados de oficinas y el trajín a esas horas era ya muy considerable.



 
Viena Plaza de la Catedral, mezcla de estilos
Viena Plaza de la Catedral, mezcla de estilos
18 de agosto, lunes
   


Fuimos a Grinzing, pueblecito típico austriaco, pero que se debe de visitar por la noche que es cuando tiene abiertas las tascas y restaurantes. Los precios son carísimos.
Nuestro viaje estaba llegando a su fin, pues el siguiente lunes 25 reanudábamos el trabajo. De todas formas quedaba una semanita para poder aprovechar.
Tomamos la A1/E60 e iniciamos el camino de vuelta.
Al pasar por Melk (unos 75 km de Viena), vimos desde la autopista su fabulosa Abadía del s. XVIII, y recordamos con añoranza la visita que hicimos hace unos años, vale la pena visitarla.
Nos dirigíamos al campo de concentración y exterminio de Mauthausen. Con esta visita que también repetíamos, dábamos cumplimiento a la petición de Marta, la visita nos ocupó toda la tarde. Ahorraré adjetivos y exclamaciones que ya expresé en Dachau. Pero sin duda es mucho mayor y posee una escalera de la muerte que es escalofriante.
Se nos hacía tarde y hacer una acampada libre por el entorno, que es precioso, nos daba un poco de yuyu, después de la visita que acabábamos de hacer. Vimos anunciado un camping allí cerca, y nos dirigimos a él.

Fue un acierto, el camping Naar- Au/ Donau municipal, era encantador. Tan a gusto estuvimos que nos quedamos hasta el día 21. (Naar y Au son los nombres de dos poblaciones en cuyo término municipal se encuentra el camping). Hicimos excursiones en bici a lo largo del Danubio y nos fuimos del camping con nostalgia y toda la ropa lavada.




 
El ocaso del viaje, el danubio no es azul al atardecer
El ocaso del viaje, el danubio no es azul al atardecer
21 de agosto, jueves
   

Visitamos Salzburg, nos pusieron una multa en una zona azul por pasarnos de la hora (es un verdadero problema para los turistas las zonas azules, sólo puedes sacar ticket para 3 horas, y para los turistas, las horas pasan volando y los vehículos suelen quedar muy lejos del lugar al que te llevan los paseos de un par de horas)
Hicimos noche en un pueblecito encantador del Tirol.
Para utilizar las autopistas austriacas hay que sacar un ticket o vignette y colocarlo en el parabrisas. Lo controlan personas de paisano en las áreas de servicio



 
22 de agosto, viernes
   

Día de viaje, atravesamos Suiza, previo pago de la vignette para utilizar las autopistas. Dormimos en un área entre Aix les Bains y Chambery.


 
23 de agosto, sábado
   

Llegamos a nuestro domicilio de Rubí sobre las 20h. empezando a hacer planes para el viaje del próximo verano.


 

   
Lo hacemos 2 adultos y dos niñas (10 y 12 años) en una ac Ford Transit (2.5 td) con 10 años de antigüedad ya (sin ningún problema) y 5m (muy manejable).
El resumen rápido puede ser: Málaga-Paris-Disney, visita a Bouillon (Bélgica), valle del Mosella y Selva Negra (Alemania), Interlaken y cercanías del Junfrau (Suiza), Chamonix-Mont-Blanc, Camargue y costa mediterránea sur (Francia) y cornisa catalana hasta ruinas de Ampurias (Girona); y ya por nacional y autopista por Valencia, Murcia y vuelta a Málaga.

 
1º día viernes 24 junio: Málaga-Burgos
   
Salimos desde Málaga hacia Madrid y Burgos donde nos quedamos en su camping municipal.

 
2º día sábado 25:Burgos-St.Maurie de Tourraine (Francia)
   
Entramos por Irun, autopista hasta Burdeos y luego alternamos carretera y autovía hasta Poitiers. Llegamos hasta cerca de Tours (a tiro de piedra de Paris). Nos quedamos en el área para ac de este pueblo.

 
3º dia domingo 26: St. Maurie de Tourraine-Paris/Disney
   
Vamos por autopista y nos salimos para volver a ver el impresionante castillo de Chambord. Esta un poco nublado y llovizna pero el lugar sigue siendo bonito. Continuamos a Paris. En el ultimo peaje nos cae una tormenta que nos deja cabizbajo, pero en Paris se abre y hace un día muy bueno. Aparcamos (no sin antes ver las pegas que ponen a la ac) cerca de la Torre Eiffel, subimos a la 2ª planta y luego vamos de paso por el Arco del Triunfo y Notre Dame. Salimos de Paris hacia las 18h y nos encaminamos directamente al aparcamiento del Disney (buen invento para nosotros).

 



 
Chambord
Chambord
4º día lunes 27: Disney
   
Todo el día en el parque y vuelta a la ac en el aparcamiento. Hemos tenido suerte ha hecho muy buen tiempo.

 
Disneyland Paris
Disneyland Paris
5º día martes 28: Disney-Winheim (Valle del Mosella-Alemania)
   
Vamos por la autopista dirección Reims y a la salida giramos hacia Bélgica por Sedan hasta Bouillon (Bélgica). Esta pequeña ciudad en las Ardenas donde nació Godofredo de Bouillon (cruzadas), es muy bonita, sobre todo por su entorno que lo atraviesa el Meuse, un río que serpentea toda la región. Comenzamos una zona de Europa fluvial donde controlan los ríos y los hacen mas apacibles y navegable a la vez.
Continuamos por las proximidades de Luxemburgo hacia Traer (Alemania). En esta ciudad, la mas antigua del país, visitamos la Porta Nigra que es una enorme puerta con varios arcos en el centro. Seguimos hacia el área de ac en Winheim, ya en el valle del Mosella, donde nos bañamos en el río.

 
6º día miércoles 29:Winheim-Miltenberg( N. De Selva Negra)
   
Recorremos el valle del Mosella hasta su desembocadura en el Rin a la altura de Coblenza. Este recorrido lo hicimos otro año a la inversa. Paramos en Cochen (bonito castillo) donde compramos y las niñas “jugaron” una partida de ajedrez “grandote” que hay en el pueblo.
Día magnifico que continuamos hacia Coblenza (cuidado al atravesarla es complicada).Vamos dirección Frankfurt por Bad Emds y Nassau. Atascos en los alrededores de Frankfurt.
Seguimos por la autopista n3, hasta la salida 63 para ver el bonito castillo de Mespelbrunn y comenzar la visita a la Selva Negra desde el norte.
Buscamos un camping anunciado en la carretera, que no encontramos y seguimos hasta el área de ac en Miltenberg, a orillas del Main. Llegamos casi de noche y comienza otra típica tormenta centroeuropea, con rayos y truenos incluidos.

 
Cochen
Cochen
Cochen
Cochen
Mespelbrunn
Mespelbrunn
7º día jueves 30 junio: Miltenberg-Bad Libenzel
   
Otro buen día de sol y nubes pero sin llover. Vemos el pueblo y la zona del río y después vamos dirección Michelstadt. Este otro pueblo, tiene una plaza con muchas torres de agujas y es fácil de visitar.
Continuamos hacia el río Neckar hasta Eberbach y los alrededores de Heilbronn, ya dirección a la abadía de Maulbronn que bien merece una visita. Este recorrido fluvial es muy bonito salpicado de castillos.
Seguimos por el valle del Nagold hacia Bad Liebenzel, donde nos quedamos en su camping que hay en la entrada. Por la noche otra “tormentita”.

 
8º día viernes 1 julio: Bad Liebenzel-Furtwangen
   
A la salida del pueblo hay una tienda de caravanas/ac (por si hay algún problemilla). Nos desviamos a Zavelstein, pequeño pueblo con muchas fuentes y castillo, bonito pueblo y entorno.
Seguimos dirección Berneck, otro encantador pueblecito con castillo y estanque de agua con sus famosos cisnes incluidos. Fotos de postal.
Vamos dirección a la abadía de Alpirbach pasando por Altensteick. Esta abadía no es tan grande ni monumental cono la de Meulbronn, pero fabrica una conocida cerveza de la que compramos algunas cajas, curiosamente a buen precio.
Vamos hacia el sur parando (inexcusable visita) en Schiltach al borde de su pequeño río (Kinzig).Damos un paseo por sus calle empedradas y vemos las casas muy adornadas con flores y sus entramados de madera.
Seguimos hacia Triberg para ver sus cataratas. Estamos en la zona de los relojes de cu-cu y ya se ven muchas tiendas por la carretera y en la ciudad. El paseo cerca de las cataratas es fácil y además curioso por las ardillas y pájaros que se acercan para que les eches de comer. Nos volvimos a la mediación (las niñas se cansan).
Cerca de Triberg esta Schonach, donde vimos el reloj de cu-cu mas grande del mundo, curioso sobretodo su interior,
Continuamos hacia Furtwangen donde dormimos en un camping familiar a la salida del pueblo en plena montaña.

 
Schiltach
Schiltach
9º día sábado 2 julio: Furtwangen-Camping Jungfrau (Suiza)
   
Vamos siempre ya hacia el sur, dirección St Margen, donde desayunamos y visitamos el pequeño pueblo. Ya se esta terminado la Selva Negra. Llegamos a Waldshut a orillas del Rin que hace frontera con Suiza.
Cruzamos y nos hacen las típicas preguntas....donde vamos, si llevamos tabaco ,alcohol etc. Y seguimos sin problemas para cruzar por Lucerna, ya dirección a Interlaken. Mencionar que la carretera en dirección a Interlaken además de ser muy bonita es impresionante por las vistas de sus montes y lagos turquesas que dejas al lado y debajo de ella. Día de postal.
Llegamos al camping Jungfrau que esta en un enclave magnifico a pie de una cascada y con vistas al Jungfrau y montes cercanos. Merece la pena una estancia......o mas.

 
Camino de Interlaken
Camino de Interlaken
Camping Jungfrau
Camping Jungfrau
10º día domingo 3 julio: Jungfrau-Chamonix (Francia)
   
Salimos y visitamos Grindewald. Este pueblo es famoso por su enclave y por los alpinistas, por lo demás son muchas casas y hoteles diseminados........en su grandioso paisaje.
Visitamos Interlaken, compramos y vamos por la carretera dirección Gtang y Les Diablerettes (en algún sitio he leído que es una de las zonas mas bonitas de Europa (¿?). Por el camino nos cruzamos con muchas motos ya que el día es bueno y soleado.
Pasamos por Martigny y subimos el puerto de La Forclaz dirección Francia. Pasamos por valles y cerca de montañas impresionantes y sin problemas llegamos a Chamonix.
En dicha ciudad vimos tres áreas para ac, a la entrada (donde nos quedamos), cerca del tren que sube a Mer de Glace y el otro cerca de la subida para la Aigüille du Midi (de pago).
Vemos el centro de la ciudad y sobretodo no nos cansamos de “otear”las impresionantes vistas de la zona. Se abren las ultimas nubes y ya casi atardeciendo se ven la Aguja del Midi y el Mont Blanc.Visitamos la ciudad de noche (bonita).

 
El Montblanc
El Montblanc
11º día lunes 4 julio: Chamonix-Avignon
   

Día desapacible. Comenzamos con sol pero hacia el mediodía, ya en el lago de Annency, comienza a llover y el día es oscuro. Paramos en Aix le Bains a almorzar en un Mcdonals y poco mas. Carretera y autopista hacia Avignon donde acampamos en un camping de los que hay en la isla que forma el Rodano cerca de la ciudad.

 
12º día martes 5 julio: Avignon-Leucate (costa cerca de Perpignan )
   
Visitamos por la mañana la ciudad. Vemos los alrededores del Palacio Papal y el centro curiosamente “empapelado” de carteles de teatros y musicales.
Continuamos hacia Arles donde visitamos un puente antiguo inmortalizado por Van Gogh, y comenzamos la visita a la Camargue (parque natural en la desembocadura del Rodano). Recorremos lentamente esta zona de marismas, aves y caballos hasta Stes Maries de la Mer donde nos aíslan en un aparcamiento casi fuera del pueblecito, pero decidimos ir cerca de la playa y almorzar en la ac.
Seguimos pegados a la costa por Sete hasta Leucate donde dormimos en un área para ac junto con unas 20 más. El día ha sido muy, muy ventoso (parece que común por estos lares).

 
13º día miércoles 6 julio: Leucate-El vendrell (AP7)
   
Seguimos con viento hasta cerca de Colliure. Este pueblo es muy bonito, pero esta tan abarrotado en verano que solo pudimos hacer fotos y seguir hacia el sur (el viaje hace mella en la niñas) esperamos volver con mas tiempo.
Entramos en España por la cornisa catalana en Port Bou, con bonitas vistas de las montaña y sus calitas. Esta carretera nos la esperábamos peor y mas estrecha, pero la están ampliando sobretodo en la parte española.
Proseguimos hacia las ruinas de Ampurias (Girona), donde nos bañamos en sus playas, a la vez que recordábamos los sitios que visitamos 10 años atrás cuando nuestra hija tenia 1. Salimos hacia la general y compramos en unos almacenes con bastante variedad de regalos y cerámica.
Vamos dirección Girona y a buscar una zona para pernoctar y hacer un descanso para el día siguiente entrar en el camping de Bara.
Llegamos al área de servicios del Vendrell y vemos que a una familia francesa les habían robado algo en otro área. Parece ser que la policía y g.civil están al tanto de estos sucesos ¿?

 
14 dia 7 julio (S.Fermin) Camping Playa de Bará
   
Este camping situado cerca del arco de Bará, ya lo habíamos visitado otro año. Esta muy bien, ha recibido varios premios y reconocimientos internacionales; lo único es que es un poco caro (1 ac, 2adultos y 2 niñas que también pagan como adultos, mas Elec.60 euros ¡¡¡) y tampoco admiten tarjetas. Es amplio y cómodo con muchos servicios y tomas de agua, suele estar frecuentado por extranjeros. Día de piscina, escritura y relax.

 
Camping Playa Barà
Camping Playa Barà
15 día 8 julio: Bará-Málaga
   
Nos damos el ultimo tute de carretera. Paramos en Valencia para que las niñas jugaran en el parque de Gulliver (no se si se llama así) pero a las cuatro de la tarde estaba cerrado ???? No sabemos a que se debía porque lo habría a las cinco. Decidimos seguir para no llegar muy tarde. Trafico intenso y algunos atasquillos. A la altura de Vinaros nos metimos por una carretera y autovía interior que va paralela a la Ap7 (puede ser alternativa, esta bien) y sale cerca de Sagunto.
A las doce de la noche ya estábamos bajando algunas cosas y a dormir...............

 
NOTAS Y SUGERENCIAS
   

Agradecemos, antes como siempre, a todos los que han escrito sobre alguna de las zonas visitadas, a la vez que esperamos que algunas notas nuestras le sirvan a alguien.
Este viaje por Europa, surge a partir de la visita al Disney y a algunos “restos” por visitar de otros viajes anteriores.


Precios.- los países visitados son muy parecidos en este aspecto, en general algo mas alto que aquí. Nos extraño el nivel de precios en Francia que sobrepasa ya a muchos de estos en algunos artículos. El oil donde esta mas bajo es en Luxemburgo (nos coge lejos) siendo de unos 85 cts. Y en Francia y Alemania parecidos de 1,15 a 1,07, variando como ya sabéis en los supermercados franceses.

Carreteras.-Hemos evitado algunas autopistas y el famoso sellito suizo. La autovía que sale de Burdeos dirección Poitiers, esta ya casi terminada; y otra de Reims hacia Bélgica por Sedan tambien. Las autopistas de Luxemburgo son las mas gratas de circular por ellas, amplias y lisas; por el contrario las nacionales visitadas en Alemania son regular, mucho trafico y mal señalizadas y sin arcen; hay que tener cuidado en muchas curvas porque no las avisan hasta que estas en ellas con unas flechas.
En Suiza el terreno esta muy milimetrado entre el monte, ríos, lagos, tren, carril bici, bus etc. y a veces se nota un poco “encajonado” uno en la ac.
En la autovía que sale de Chamonix, tened cuidado, con el desnivel, curvas y el intenso trafico de camiones que sale de la parte italiana del túnel.

Seguridad.-No hemos “padecido” ningún problema por las zonas de pernocta de ac, parking, calles, ciudades etc. Advertir que en el parking del Disney (sin intención de alarmar) hablamos con unos españoles que les habían robado en la ac alrededor de las cuatro de la tarde, suerte que algunos volvían y los cacos con su “bólido” se daban a la fuga. Nos aconsejaron poner candados y alarmas.



 
NOTAS Y SUGERENCIAS
   

Zonas pernocta/parking.- En este aspecto, resalta la zona del valle del Mosella donde hay infinidad de camping y lugares habilitados/señalizados para ac, de pago y gratuitas, con/sin luz y agua. Es uno de los paraísos para las caravanas y las ac.
En otro sentido, había leído de los problemas de parking en Paris, pero ya lo vimos en directo. La verdad es absurdo ya que habiendo (al menos el día que fuimos) incluso parking vacíos alrededor de la torre y te quedas con impotencia porque no nos dejan aparcar......furgonetas, bus, camiones pequeños si........ac no???
En Alemania hay sitios y aparcamientos muy bien señalizados para ac, la mayoría gratis y cercano al centro, siendo fácil el localizarlos.
Uno de los sitios donde hemos visto mas pegas y acosos, es en la zona de la costa sur francesa, con muchas limitaciones de altura y prohibiciones de que no aparquemos, con unos carteles y sus artículos correspondientes ¿??? Aunque a veces estas prohibiciones se/nos la saltábamos.
En la parte de Suiza visitada solo hemos visto algunas prohibiciones en Interlaken, pero tampoco hay mucho problema.
Mención aparte, el parking del Disney. Tiene sus duchas cerca y es amplio y cercano al parque. Si entras por la tarde te cobran solo medio día (10 E) y la verdad para estar buscando lugares o camping, merece la pena ir allí. Estaban habilitando unas habitaciones de picnic donde se puede cargar algo de la electricidad.

Camping.- No hemos visitado muchos. En Francia los hay a montones y de todo tipo, en general con pocos servicios y un poco viejos.
A visitar el Jungfrau en Suiza, merece la pena el camping y su entorno.
En general parece que hay un poco de “lío” con las ac, si te cobran la parcela, por personas, con/sin luz incluida, los niños desde 10 a 16 años; creo que no tienen unas tarifas unificadas y a veces parece que da la sensación que depende el que este de turno.

Tiempo/clima.- En Centroeuropa, como ya sabréis, es muy cambiante. No suele hacer mucho frío y a veces hemos llegado a 35 grados; pero por las tardes suelen agruparse las nubes y llueve por las noches y si al día siguiente continua nublado puede haber variaciones de 15 grados fácilmente.

 

 



Resumen.-Bueno el titulo del viaje bien podía haber sido el Disney, paseos fluviales, Selva Negra y techo de Europa, por las zonas visitadas. Como hemos dicho hay muchos bosques y ríos navegables que son bonitos y fáciles de rercorrer. La zona de Chamonix, si hay suerte (como nos pasó) tiene unas vistas y paseos impresionantes......y además si os gusta la montaña y la Naturaleza, no hablamos mas....

 
Introducción
   

Un viaje que nos ha llevado a través de siete países recorriendo unos 5.500 kilómetros durante tres semanas. Los lugares que hemos visitado son: Schaffhausen en Suiza, Salzburgo, el Parque Nacional de Hohe Tauern y la carretera panorámica al Grossglockner y Viena en Austria, Budapest en Hungría, Bratislava, la capital de Eslovaquia, Kutna Hora, Praga y Karlovi Vari en Chequia, Ulm en Alemania y las gargantas del Tarn y Albi en Francia.

El agua ha sido la gran protagonista de nuestro viaje. Por un lado los ríos Rhone, Rin, Danubio y Moldava, por otro los grandes canales del Midi y del Rhone al Rin y finalmente las dos semanas que no ha parado de llover.

Un viaje variado al que le ha faltado una semana mas de reposo y mejor tiempo para disfrutar mas a fondo de las maravillas que hemos visto tanto paisajísticas como del patrimonio cultural de cada ciudad.

Hemos tratado también de recoger información para compartir sobre los recursos que cada país ofrece al viajero en autocaravana tratando de que nuestra experiencia sea aprovechada por otros viajeros que inician su andadura por estos países.

Hemos permanecido poco tiempo en cada país para adquirir una gran experiencia, pero transcribimos lo que hemos visto y sentido además de las experiencias acumuladas en viajes anteriores. Primero unas pinceladas por país, sobre la impresión de precios y estructuras así como facilidades para pernoctar en autocaravana.



 
Cataratas del Rhin
Cataratas del Rhin
Suiza
   

Solo visitamos de pasada las cataratas del Rin. Evitamos pernoctar y utilizar las autopistas. Conocíamos ya varios lugares y sus precios. Suiza dispone de unas pocas áreas para pernoctar, una de ellas está en Neuhausen am Rhein, justo frente a las Rhine Falls, el precio es suizo, cuesta 10,50 euros y solamente es un parking sin vigilancia ni servicios excepto váter. Pernoctamos una docena de autos principalmente italianas.

La impresión que hemos sacado de Suiza un vez mas es que siempre que se pueda estacionar en un parking autorizado está permitido pernoctar. Estos parking casi siempre son de pago. Lo que ocurre es que los espacios de aparcamiento de larga duración son escasos en general y para toda clase de vehículos y mucho mas escasos en zonas de fuerte impacto turístico.



 
Austria
   

Definir al país como la perfección no sería cometer una exageración, cada detalle está pensado para que todo sea limpio y tenga un aspecto muy cuidado. A veces nos preguntábamos si las vacas no llevarían pañales para evitar manchar las praderas.

Llama la atención que muchas de las carreteras por las que hemos transitado llevan otras mas pequeñas en paralelo para las bicicletas. En especial están muy concurridas las que transcurren a orillas del Danubio (Donau) que cruza Austria por el norte de oeste a este.

Es necesario adquirir la “Vignette” para las autopistas austriacas, cuesta siete euros para diez días.

Una idea de los precios en Austria son los 37 euros (en España cuesta unos 10) que tuvimos que pagar solo por arreglar un pinchazo, ni siquiera colocar la rueda.

En el primer camping que pernoctamos pudimos disfrutar de una cena local con música tirolesa con acordeón, dos voces y guitarra. Se celebraba la fiesta católica del Corpus con procesiones por lo pueblos que pasábamos con alegres bandas de música y participantes vestidos con trajes regionales. Nos pareció muy pintoresco y nos sorprendió que en los tiempos actuales se mantengan las tradiciones religiosas.

Subimos a la carretera panorámica del Grossglockner, proyectada a principios de los años 20 del pasado siglo que remonta hasta uno de los glaciares mas bellos de los Alpes a 2.500 metros de altitud.

Las curvas en herradura y los desniveles constante de un 12% constituyen un reto para los ciclistas y los motoristas que en gran número y a pesar del mal tiempo remontan la carretera en ambos sentidos.

Después de pagar los 26 euros que cuesta el peaje llegamos hasta Fuscher Törl (2.428 m) donde pernoctamos junto a un par de autos francesas con la esperanza de que la niebla que nos acompaña desde los 2.000 metros se disipe. Lejos de hacerlo, soportamos una temperatura de un grado bajo cero y al comenzar a nevar iniciamos el descenso por la mañana. Sin haber visto nada.

Nos perdimos la imagen del Grossglockner (3.798 m) y la vista del glaciar Pasterze, el mas largo de los Alpes Orientales desde la cima del Kaiser-Franz-Josefs-Höhe (2.369 m), donde termina la carretera panorámica.

Continúa la mala suerte con el tiempo, lluvioso y frío en Salzburgo, ciudad natal de Mozart, cuyo 250 aniversario de su nacimiento se celebra el próximo 2006.

Visitamos el centro histórico bien pertrechados de gorro, anorak y guantes y admiramos la belleza del paisaje desde el castillo. Es notable la magia que se respira en el entorno urbanístico cuya prosperidad se debe al comercio de la sal, el oro blanco.

Aunque vimos lugares idóneos para pernoctar, en la duda, decidimos alojarnos en el camping Panorama, pequeño y tranquilo, pocos servicios pero impecables.

Continuamos el camino hacia Viena . Nos alojamos en el camping Neue Donau en Klosterneuburg, al noreste de la ciudad. Tenemos que montar en un tren a las puertas del camping y después de dos paradas, podemos tomar el metro para llegar al centro. El viaje nos cuesta tres cuartos de hora. El camping en la línea de los camping austriacos que hemos visitado, pequeño, tranquilo, con piscina, servicios justos y limpieza exquisita. Dispone de conexión a Internet Wi-Fi (4 euros una hora), a la que me conecto con la PDA. Puedo trabajar con Internet Messenger, pero no puedo acceder a las web por falta de recursos de la PDA. El costo por día en temporada baja es de unos 20 euros.

Asistimos en la catedral a una misa con órgano, banda, solistas y coro, conmemorativa del 60 aniversario de la terminación de la segunda guerra mundial y el 50 aniversario de la retirada de las tropas aliadas de ocupación y la formación de la nueva república.

Paseamos por Viena a pié y en barco admirando la majestuosidad de la capital del imperio austro húngaro del S XIX.

No se puede dejar Viena sin probar la tarta de chocolate del hotel Sacher. Tres días en el camping nos cuestan 69 euros.



 
Salzsburg
Salzsburg
Frente a la Opera en Viena
Frente a la Opera en Viena
Hungría
   

Notamos en la misma frontera que habíamos entrado en un país diferente. La limpieza y la perfección ya no es la misma que en Austria, sin embargo nos van a acompañar los precios. Comprobar que la vida en Hungría puede ser tan o mas cara que en Austria fue una auténtica sorpresa.

No llevábamos una referencia de un camping en Budapest, después de dar muchas vueltas nos topamos con el camping Fortuna en las afueras, a una hora de camino del centro en bus y en tranvía.

Nos cuesta comunicarnos porque muy pocas personas hablan algo de inglés, el segundo idioma de Hungría es el alemán.

Visitamos y nos pateamos Buda y Pest a las orillas del omnipresente Danubio. Visitamos la Ciudadela: Budapest nos pareció una ciudad de contrastes, unas veces descuidada mas que sucia y otras con personalidad y grandeza en sus edificios.

Vimos muy pocas autocaravanas por Hungría, los residentes del camping eran mayoritariamente caravanas principalmente de holandeses.

No vimos autos estacionadas que indicaran que habían pernoctado y la información es que no está permitido.

También es necesario abonar una tasa “Vignette” para las autopistas que cuesta lo mismo que en Austria, pero por cinco días y por muchos menos kilómetros de autopista.

El camping nos cuesta 60 euros por tres días, pocos servicios y algo descuidados. El encargado bastante mal educado. El aspecto positivo es que nos entrega un plano de la ciudad sobre el que había esquematizado todos los medios públicos de transporte, herramienta nos fue muy útil en los desplazamientos por la ciudad. Sigue el mal tiempo.



 
Budapest
Budapest
Otra vista de Budapest
Otra vista de Budapest
Eslovaquia
   

Es un país que se abre al turismo, las carreteras por las que transitamos eran tranquilas y con poco tráfico. Prácticamente no vimos transitar ninguna autocaravana. Es necesario también adquirir una “Vignette” para el peaje de la escasa red de autopistas.

Bratislava es la capital que se puede visitar en muy poco tiempo. Paseamos por las calles hasta subir a la ciudadela (Bastión). No hay edificios sobresalientes, pero la zona histórica tiene sabor. Comimos por 11 euros en un restaurante de la zona.



 
Chequia
   

Llegamos a Kutna Hora donde nos alojamos en las proximidades en una especie de campamento o camping en Malesov. Por seis euros no se puede pedir mucho, por eso los váteres eran prácticamente inusables la sensación de ese camping era totalmente tercermundista pero cumplió, en nuestro caso, con su cometido permitiéndonos dormir a pierna suelta entre hierba y tranquilidad.

Kutna Hora es una pequeña ciudad a una hora por carretera de Praga que a finales del S XIII, adquirió una enorme importancia económica por la acuñación de moneda con la plata procedente de la explotación de las minas, que llegaron a la cuota de un tercio de la producción en Europa. Llegó a ser la segunda ciudad del reino de Bohemia ejerciendo su influencia económica, política y cultural en todo el reino.

Una vez agotadas las minas, la ciudad ha tenido un fuerte declive quedando algunas obras de arte, entre ellas la iglesia de Santa Bárbara una obra maestra del gótico tardío checo y la Catedral de Nuestra Señora restaurada al estilo barroco del principio del S XVIII. Comemos aceptablemente en un restaurante por 13 euros.

Merece la pena desviarse o hacer una pequeña excursión para visitar esta interesante ciudad completando la visita en la ceca y palacio italiano así como el cuidado centro histórico. También, en las proximidades, hay una pintoresca iglesia decorada con los huesos de unos 40.000 esqueletos.

Praga es una ciudad que ya la hemos visitado varias veces. Aunque es la primera vez que lo hacemos viajando en autocaravana. Nos alojamos en el camping Done.

Para quienes les interesa la historia, en una breve pincelada hay que destacar que sobre todo Praga es la capital de Bohemia, que ha estado integrada en el Sacro Imperio Romano Germánico de la época medieval, siendo su capital a mediados del S XIV, durante el reinado de Carlos IV, dotándola de la primera universidad de Centro Europa.

En la época moderna, en el tránsito al S XVII, fue la capital del Imperio Austro Húngaro con el reinado de Rodolfo II Habsburgo momento en el que Praga es la imagen cultural y espiritual del pueblo eslavo.

Su patrimonio histórico remonta su origen a la construcción del castillo en el año 870, sede de los príncipes checos. En la época actual destaca su independencia al final de la I Guerra Mundial, en 1918. La creación de la República de Checoeslovaquia y su separación en las repúblicas Checa y Eslovaca pactada en 1993.

En este período se destaca la larga permanencia en el ámbito soviético y el intento liberalizador de la primavera de Praga que terminó con la invasión por el Pacto de Varsovia (del que fui testigo a través de las transmisiones de radioaficionados en telegrafía) y dio origen al movimiento Mayo del 68.

Seguimos con el mal tiempo lo que resta encanto al paseo por el puente de Carlos IV al atardecer. La cerveza tranquila en la plaza del reloj donde a pesar de todo recibimos los ceremoniosos saludos de los apóstoles. La cerveza negra de U Fleku en la calle Kremencova de Novo Mesto.

Nos pateamos una vez mas el castillo, Staro Mesto, Mala Strana, comiendo de nuevo en U Sn Tomase, una antigua fábrica de cervezas. No podemos olvidar también que estamos en la ciudad de Kafka y Dvorak. Visitamos otra vez el barrio judío, el cementerio y las sinagogas.

En autobús nos lleva algo mas de una hora llegar hasta en centro desde le camping. En la orilla izquierda del Moldava a las afueras de Praga vemos el anuncio de un “parking caravaning” y un numeroso grupo de autocaravanas que parecía que estaban estacionadas y habitadas.

No pudimos encontrar referencias de lugares de pernocta en Chequia pero nos dio la impresión de que ese era un lugar adecuado. Pensamos investigar en futuros viajes. También nos dio la impresión de que quizá se hubiera podido pernoctar en un lugar discreto de estacionamiento autorizado aunque todas las referencias indican que en Chequia no está permitido.

No olvidar el pago de la “Vignettete” para las autopistas. Salimos de Praga con la intención de volver y la esperanza de que el futuro viaje le acompañe mejor tiempo.

Salimos de vuelta para Alemania visitando de paso Karlovi Vari, una ciudad que tiene el encanto decadente de un balneario termal internacional con un conjunto de edificios de época romántica muy interesante. La ciudad ha cambiado mucho en estos últimos años y se ve una actividad turística muy intensa. También las carreteras han mejorado mucho desde el último viaje.



 
Kutna Hora
Kutna Hora
Praga
Praga
Karlovi Vari
Karlovi Vari
Alemania
   

Nos alojamos en Neuburg ad Donau, abandonamos el Moldava que nos evoca la música de Dvorak y retomamos el Danubio en Alemania. Nos alojamos en un área para autocaravanas y visitamos un pueblo muy interesante.

Salimos temprano hacia Ulm donde llegamos sobre las 9:30, la catedral es impresionante, cinco naves, la altura de la nave central es de las mayores que hemos visto así como la torre que es la mas alta de Alemania.

Todo en la catedral es colosal, dispone de cinco órganos y el aspecto del gótico flamígero de la obra y la torre principal es impresionante.

En el exterior hay una curiosa feria sobre energías alternativas y hay expositores de paneles solares sorprendiendo los precios mucho mas económicos que en España.

Me preocupaba la idea de conducir por las autopistas alemanas, las referencias que tenía eran que había una circulación muy intensa y muy rápida. Sin embargo, fue relativamente fácil adaptarse tanto a las autopistas como a las carreteras de dos vías que buscamos para conocer mejor el paisaje.

Vimos numerosas autocaravanas y no nos fue difícil encontrar áreas de pernocta. Utilizamos la misma guía francesa aunque es posible que, en alemán, haya mayor información.

Es evidente que la vida en general es mas cara que en España, pero pudimos constatar que en alimentación, calzado y vestido habitual está prácticamente como en España.



 
Calle típica en Ulm
Calle típica en Ulm
Francia
   

El camino hasta Cavannes su l’Etang, unos trescientos kilómetros nos lleva unas siete horas, entre atascos por obras y accidentes. Nos alojamos junto a una docena de autos. Es gratuita y dispone de todos los servicios incluida electricidad.

Los paisanos que pasan a bordo de coches o tractores nos saludan con la mano mientras descansamos en los sillones debajo del toldo desplegado.

Seguimos con el viaje de regreso y volvemos a hacer noche en Langogne, En un área al borde de un lago y pagamos cinco euros.

Como es un fin de semana y una zona de esparcimiento nos dan la tabarra por la noche unos jóvenes con música bacaladera en sus coches preparados para dejar sordos a sus ocupantes y a sus vecinos. En todas partes cuecen habas.

Durante el viaje hace un calor agobiante, sobre 35º, por la noche menos mal que ha refrescado a 24º.

Salimos temprano con la idea de llegar hasta Albi, pero al darnos cuenta de la proximidad de las gargantas del Tarn, nos desviamos por una carretera estrecha y sinuosa. Suponemos que esa carretera, que nos lleva a través de 35 kilómetros por la orilla del Tarn, puede ser una pesadilla para una capuchina o para una integral.

El paisaje es grandioso tanto por la longitud y la altura de las paredes. No es un paisaje angosto, aunque la carretera lo sea en muchos tramos, pues el río es ancho y caudaloso.

Hacemos varias paradas para sacar fotos y contemplar algunos pueblos que se están repoblando en la margen izquierda a los que se accede solo en barca o los materiales a través de un cable que atraviesa el río.

Hay una oferta variada de camping de todos los tipos, en especial pequeños camping municipales y también vimos varias áreas de acogida para autocaravanas.

En sentido contrario a nuestra marcha era constante el trasiego de furgonetas que arrastraban remolques llenos de canoas.

Al final, nos despedimos del Tarn con la impresionante visión del viaducto de Millau, el puente mas alto del mundo, obra Norman Foster y el ingeniero francés Michel, Virlogeux, la visión impresiona por su grandiosa sencillez y elegancia.

Llegamos a Albi sobre las cuatro de la tarde, el calor es agobiante, 38º, el área de autos es de asfalto por lo que decidimos alojarnos en el camping municipal para acampar relajados (13 euros una noche, con servicios aceptables) entre la hierba.

Al día siguiente visitamos Albí en bicicleta (primera vez en todo el viaje), disfrutando una vez mas con la belleza y la grandiosidad de la catedral y sus alrededores.

Esta vez pudimos admirar en profundidad la elegancia y las soluciones constructivas de un edificio religioso a la vez que una fortaleza que tardó cien años en terminarse. Impresiona el tamaño de los muros de siete metros de grosor compuestos de paredes exteriores de ladrillo rojo. A pesar de su robustez destaca la impresión de un airoso equilibrio estético.

Emprendemos a mediodía el viaje de regreso que nos llevaría a nuestra casa sobre las 19:00.

Francia es un país que nos tiene fascinados. Los recursos que ofrece a los usuarios de autocaravanas son muchos y variados y por si fuera poco hay una red de camping municipales impecables y tranquilos.



Itinerario

01-Junio, Villeneuve de Breziers (área), 513 km.
02-Junio, Baume les Dammes (área), 622 km.
03-Junio, Schaffhaussen, (Parking), 246 km. visitamos las cataratas del Rin
04-Junio, Weer (Tirol), camping (Camping Alpen), 392 km.
05-Junio, Grossglokner, (Parking) 181 km.
06-Junio, Saltzburgo, (Camping Panorama), 132 km, visitamos Saltzburgo
08-Junio, Viena, (Camping Donau Park), 367 km. Visitamos Viena.
11-Junio, Budapest, (Camping Fortuna), 281 km. Visitamos Budapest
13-Junio, Malesov (Camping), 486 km. Visitamos Bratislava y Kutna Hora
14-Junio, Praha, (Camping Dune), 106 km. Visitamos Praga
16-Junio, Neuburg ad Donau, (área), 424 km. Visitamos Karlovi Vari
17-Junio, Cavannes sur l’Etang (Francia) (área), 465 km. Visitamos Ulm (Alemania)
18-Junio, Langogne, (área), 534 km.
19-Junio, Albi, (Camping Municipal), 239 km., Visitamos la gargantas del Tarn y Albi
20-Junio, Llegada a Donosti, 520 km.


 
Area fluvial y terrestre
Area fluvial y terrestre
La pesadilla de una capuchina
La pesadilla de una capuchina
El Tarn
El Tarn
El Viaducto de Millau
El Viaducto de Millau
Jornada Primera, 367 km: Legoland.
   

Antes de dirigirnos a los Alpes bávaros, desde Lindau nos encaminamos en dirección norte para visitar el parque temático de Legoland, próximo a la ciudad de Ulm. El viaje lo hicimos bajo una suave pero constante lluvia que se convertiría en una compañera inseparable en los futuros días.
El parque es muy familiar, es decir con atracciones que por lo general no requieren que grites como un poseso o que acabes con la adrenalina chorreándote por las orejas. Todo, ambientación y atracciones, gira en torno al mundo legoland, sus muñequitos, sus figuras y sus fichas, con las cuales te demuestran que se puede hacer de todo, como la colección de maquetas que tienen al aire libre. Su visita nos gustó mucho y nos ocupó un día entero.
A sus puertas dispone de un parking asfaltado de pago dedicado al estacionamiento y pernocta de las autocaravanas y caravanas que visitan el parque, con área de AC, toma eléctrica y lavabos. Allí conocimos y charlamos con varios autocaravanistas españoles, algunos habituales de los foros de internet.



 
Legoland
Legoland
Jornada Segunda, 173 km: Füssen.
   

Salimos en dirección sur hacia Füssen. Destino: el castillo o Scholß de Neuschwanstein. Resultado: penoso. La zona de salida para la ascensión al castillo se encuentra colapsada, calles y parkings están saturados de personas y vehículos. Nos desanimamos y optamos por volver a Fussen con objeto de visitarla por la tarde; mañana será otro día.
En Füssen aparcamos en una de las dos áreas de AC de pago existentes a su entrada. Una vez estacionados descargamos las bicis y nos dirigimos al centro de la ciudad, aparcamos las bicis a la puerta de la oficina de turismo y nos adentramos en su zona histórica. Allá encontramos casas pintorescas y calles peatonales, jalonadas por soleadas terrazas. Al final acabamos subiendo al castillo y descubrimos un curioso palacio, el Hohes Scholß, y sus hermosas fachadas falsas, estoy seguro que si fuesen reales no serían tan bonitas.



 
Füssen
Füssen
Jornada Tercera, 77 km: Scholß Neuschwanstein / Garmisch-Partenkirchen
   

Hoy sí, salimos temprano hacia Neuschwanstein y podemos aparcar tranquilamente en uno de sus parkings. La organización para visitar este castillo, así como el cercano Scholß Hohenschwangau, es una perfecta máquina engrasada: una ordenada cola te permite comprar la entrada, allá te asignan hora y grupo de visita, en el idioma que escojas. Después es cuestión de subir al castillo (a pie, en bus o en carro) y una vez allá esperas que te toque el turno, a la hora exacta que te asignaron, tan pronto entras te entregan un audioguía y acto seguido un guía te conduce por las diversas estancias del castillo.
Bueno, personalmente el castillo no me gustó, es demasiado artificial. Resulta que su promotor, Luis II de Baviera, era un ferviente admirador de Wagner y sus óperas, y ellas fueron las inspiradoras de este castillo, resultando al final, para mi gusto, una arquitectura y decoración de tramoya y cartón piedra. Lo mejor: las vistas que se tienen desde sus torres y ventanales, una preciosidad.
La bajada del castillo la hicimos a pie, y reemprendimos el viaje por la Deustche Alpenstrasse, siempre hacia levante. El próximo destino: Garmisch-Partenkirchen.
Una vez llegados a esta ciudad nos dirigimos al parking P6, junto al Eisstadion, donde se encuentra el parking de AC con su correspondiente área de AC. Y desde allá, con las bicis, visitamos esta población, su iglesia, sus calles y sus casas de fachadas pintadas, todas ellas ornamentadas con la bandera bávara blanquiazul.
La cuestión es que mañana queremos subir al Zugspitze, un grandullón de 2962 m de altura y dotado de un cómodo sistema combinado de ascensión mediante tren y funicular. El tren sale a pocas travesías de nuestro parking.



 
Neuschwanstein
Neuschwanstein
Panorámicas
Panorámicas
Garmisch-P
Garmisch-P
Jornada Cuarta, 245 km: Ruta Garmisch-P. / Berchtesgarden.
   

Pues habrá que dejarlo: ha comenzado a llover por la noche y no para, una lluvia suave y persistente; el Zugspitze, oculto por las nubes. Visto el panorama decidimos dedicar la mañana a temas domésticos: ordenar la AC y utilizar una lavandería pública. En ella, la dependienta nos explica que en la cima del Zugspitze están bajo cero y que comienza a nevar…mal rollo.
Vemos que el tiempo no mejora y, después de comer, optamos por darle un vuelco al planning: dedicaremos la tarde a desplazarnos al extremo oriental de la Deustche Alpenstrasse, pero sin seguir exactamente esta ruta, ya que desde allá volveremos por ella en dirección contraria, es decir hacia poniente, y con suerte a la vuelta intentaremos subir al Zugspitze.
Así que emprendemos la ruta en dirección a Berchtesgaden, último rincón bávaro antes de entrar en Austria; allá visitaremos el Königssee. Y a pesar de la lluvia, el paisaje no pierde su atractivo, sobre todo a medida que nos adentramos en el Parque Natural de Berchtesgarden.
Desgraciadamente la ciudad de Berchtesgarden no recibe amistosamente a las autocaravanas, todo está lleno de parkings pero con prohibiciones expresas a pernoctar y aconsejándote ir a los cercanos cámpings…vamos, que nos sentíamos como en casa.
Al final, en una carretera local situada entre el Eisstadion y un campo de fútbol localizamos una capuchina alemana pernoctando en un lateral, pasamos la noche a una veintena de metros de ella..



 
Paisaje lluvioso
Paisaje lluvioso
Jornada Quinta, 117 km: Köningssee / Brannenburg.
   

Nos despertamos y todos cinco, es decir, mis hijos, Montse, la lluvia y yo nos dirigimos al cercano Köningssee, estrecho lago de montaña de origen glacial. Desde su embarcadero de madera zarpan lanchas turísticas que te llevan a St. Bartolomä, o si se desea a Salet, extremo del lago desde el cual puede hacerse una excursión al Obersee.
El trayecto por el lago es impresionante; envueltos en un enorme silencio, la lancha pasa al pie de escarpadas paredes verticales o interminables saltos de agua; en mitad del trayecto un miembro de la tripulación se marcó un solo de trompeta, que no hizo más que resaltar el silencio que nos rodeaba.
Nosotros, vista la climatología, decidimos apearnos en St. Bartolomä, pequeña capilla barroca, más bonita por fuera que por dentro, situada en una lengua de tierra que se adentra en el lago. Allá paseamos por sus bosques e instalaciones.
Por la tarde, curiosamente, no llovió y aprovechamos la ocasión para pasear por los senderos que bordean el lago, y desde los cuales se tienen unas maravillosas vistas del Köningssee.
Finalizada la excursión emprendimos el viaje, hacia poniente por la Deustche Alpenstrasse. Destino:Brannenburg. Allá se encuentra el tren cremallera que te lleva al pie de la cima del Wendelstein, de 1838 m, llegamos al parking, que asombrosamente no es de pago, y allí pernoctamos.



 
St.Bartolomä
St.Bartolomä
Köningssee
Köningssee
Jornada Sexta, 166 km: Wendelstein / Garmisch-P.
   
Recién desayunados, subimos al tren cremallera y con él iniciamos la ascensión entre frondosos bosques. Desgraciadamente, a los pocos minutos parece que nos adentramos en un enorme vaso de leche: la niebla es tan cerrada que no vemos más allá de un par de metros de nuestras ventanillas.
La final del trayecto es eso: una subterránea y desierta estación de tren que da acceso a un territorio inhóspito de niebla, viento, frío (0-2ºC), lluvia y aguanieve; pero bueno, ya que estamos aquí, subiremos a la cima situada a escasos 100 metros por encima nuestro. El camino es una estrecha y tortuosa senda excavada en la roca y protegida con barandillas, y acaba en su cima donde se encuentra una estación meteorológica así como una pequeñísima capilla, cual cabina de teléfonos; nos refugiamos en ella, comemos algo, firmamos en el libro de visitas e iniciamos la bajada al cremallera.
La tarde la dedicamos a aproximarnos a la ya conocida Garmisch-Partenkirchen, y para sorpresa nuestra el tiempo va mejorando, hasta el punto de llegar al ver el sol, un lujo. En Garmisch-Partenkirchen pernoctaremos en su parking P6.

 
Wendelstein
Wendelstein
Jornada Séptima y última, 205 km: Scholb Linderhof / Lindau
   

Amanece un día radiante y el Zugspitze se nos muestra imponente con sus casi 3000 m. Lamentablemente ya no nos queda tiempo para subirlo, habrá que dejar para otro año su visita.
La siguiente etapa es el Scholb Linderhof, allá nos dirigieron a un parking para AC, a la sombra de unos árboles, y volvimos a encontrar un ordenado sistema de gestión de visitas al lugar. Linderhof es otra locura del rey Luís II. Según nos explicó el guía el hombre era un ferviente admirador, a partes iguales, del rey francés Luís XIV y de su absolutismo. Desgraciadamente el parlamento y la constitución bávara no le daban mucha cancha en cuanto a lo segundo, así que Luís tuvo que contentarse con hacerse un Versalles de bolsillo, Linderhof, a donde se retiraba cuando lo deseaba y jugaba a ser un rey absoluto. En cualquier caso el lugar bien merece dedicarle medio día y pasear por sus palacetes y jardines. A mi personalmente me gustó la manera de integrar los edificios, los jardines y el paisaje natural.
Y aquí prácticamente acaba nuestro viaje. La jornada la acabamos en Lindau y desde allá reemprendimos el largo viaje de vuelta a casa, con parada y fonda en Europa Park, pero eso ya lo expliqué en el relato de la Selva Negra y Bodensee.



 
Zugspitze
Zugspitze
Linderhof
Linderhof
Últimos comentarios
   

Como comentarios generales me remito a los expuestos en el relato de La Selva Negra y el Lago Constanza, colgado también en esta sección.
Sólo añadiría algo sobre la climatología. A nosotros nos ha llovido más de un día y de dos y de tres, y tratándose de una lluvia como la que tuvimos, suave y persistente, lo mejor es ignorarla y continuar con lo que tuvieras previsto, de esta guisa vimos a los alemanes, que bajo la lluvia, practicaban, impertérritos, cicloturismo, senderismo o cualquier otra actividad. Eso sí, disponed de un buen impermeable; nosotros a pesar de llevar los típicos impermeables, descubrimos una buena aliada en las capelinas amarillas compradas en Legoland: te cubren hasta las espinillas, podías cargar bajo ella una pequeña mochila y una vez plegadas, ocupan y pesan poco; eso sí, íbamos haciendo de hombre-anuncio, y alguna vez escuchamos a nuestras espaldas alguna exclamación infantil cuando reconocían la marca comercial.



Marceliano Cardoso Romero
Cornellà de Ll., 20 de febrero de 2006


 
Introducción
   
Hacía mucho tiempo que teníamos la ilusión de realizar un viaje a Canadá, así que aprovechando una celebración familiar, decidimos que éste sería el año ideal.
A primeros del mes de enero nos pusimos a buscar información: agencias de viaje, folletos, Internet, etc. Nuestra primera intención era ir a New York, Cataratas del Niagara y después desplazarnos hasta la Costa Oeste del Canadá para visitar las Montañas Rocosas. Pronto nos dimos cuenta de que no era una buena idea pues representaba un coste muy elevado en desplazamientos y además nos pareció que era mejor centrarnos en una de las dos costas que, aunque no lo parezca, ¡ya es mucho!.
Así que nos decidimos por la Costa Oeste y las Montañas Rocosas (foto 0). En nuestra búsqueda por Internet, descubrimos una agencia de viajes, en Canadá, dedicada al turismo de habla hispana: “PASONORTE”. Navegando por su web vimos la posibilidad de realizar una ruta por las Montañas Rocosas en autocaravana: ellos se encargaban del alquiler, de preparar una ruta y de todo lo necesario para no tener problemas durante el viaje. Como que nosotros tenemos una caravana y hemos realizado bastantes viajes con ella (con lo que estamos acostumbrados a este estilo de vacaciones), nos pareció una posibilidad muy atractiva y apasionante…….además teníamos ganas de probar una autocaravana ¡qué mejor oportunidad! Nos pusimos en contacto con PASONORTE y.... después de muchos e-mails para concretar la ruta, actividades complementarias, campings, etc. el 2 de Agosto a las 3:45h. tomamos el avión dirección Vancouver.

Antes de seguir con el relato, hay que decir que para este viaje es conveniente empezar los preparativos con bastante antelación……para poder encontrar vuelos a un precio razonable y tener acceso al tipo de autocaravana que se quiera, pues el alquiler por parte de turistas europeos y sudamericanos esta muy extendido



 
Plano
Plano

   
 Llegamos a Vancouver a las 11:00 del mismo día 2 (foto 1). Después de pasar por los controles policiales…un proceso un tanto lento…..nos ponemos en contacto con la agencia, para que nos recojan y nos trasladen al centro de alquiler.
Cuando vemos (foto 2), ¡en vivo y en directo!, la unidad que habíamos alquilado: casi 8 mts de largo, 3 mts de ancho (con retrovisores) y 3,5 mts de alto…nos asustamos, pero una vez dentro y al poco tiempo de conducirla nos damos cuenta de que no es tan “fiero el león” (bueno salvo el tema del cambio automático) y además también descubrimos que, comparada con lo que vemos por la carretera, en realidad es pequeña.
Nada más salir del Centro de Alquiler, nos dirigimos a un camping, con la intención de colocar la ropa en los armarios y descansar del pesado viaje en avión.

 
Aeropuerto de Vancouver
Aeropuerto de Vancouver
Corsair
Corsair

   
 Los 2 días siguientes son de transición hacia las Montañas Rocosas. Nos van muy bien para irnos adaptando al nuevo horario (hay que tener en cuenta que el desfase es de 9h) y para realizar la compra de comida y lo necesario para el viaje.
En estos dos días visitamos Harrison Hot, Cañon Hells Gate, Ashcroft Manor & Tea-house (en donde tomamos un te), el pueblo historico de Aschroft (foto 3) y Cache Creek.
Toda esta zona es muy seca y hace mucho calor, de hecho Cache Creek es en donde hace más calor del Canada.

 
Aschroft
Aschroft

   
Después nos dirigimos hacia el lago Shuswap, donde nos damos un baño en la playa de la población de Sicamous, que esta a su orilla. Al atardecer nos acercamos al puerto deportivo desde donde se pueden ver las casas flotantes (de las que dicen hay más de 3.000)

Siguiendo la misma carretera, entramos en el primer Parque Nacional, el de Mt.Reveltoke. Paramos para recorrer el camino de los cedros centenarios, que es un paseo por dentro del bosque, muy agradable.
Seguimos camino, entramos en el Parque Nacional de Glacier, paramos en Roger’s Pass, un centro de interpretación donde se puede conocer la fauna del parque, también vemos una película en donde se muestra como actuar en caso de encontrar un oso cara a cara. He de decir que a partir de ese momento empezamos a pensar en la posibilidad de ver algun oso.
Nuestra intención es llegar al Parque Nacional de Yoho y buscar camping, para después visitar la zona, pero nos encontramos con la desagradable sorpresa de que estan todos llenos, así que decidimos ir a visitar el Puente Natural. Unos kilómetros más arriba se encuentra el Lago Esmerald (foto 4), hay pocas palabras para describir este paraje, sublime, increíble el color de sus aguas, tranquilo……nuestra primera vista de postal....por desgracia no pudimos ver muchas más, pues el tiempo no nos acompaño, iniciamos un paseo alrededor del lago, pero tenemos que regresar pues hay un aviso de presencia de osos, aquí ya vemos que realmente nos los podemos encontrar.
Finalmente pasamos la noche, en un parking para autocaravanas, en una pequeña población llamada Field



 
Lago Esmerald
Lago Esmerald

   
Otra cosa que hay que decir sobre Canadá es que es un pais muy bien preparado para recorrerlo en autocaravana. Hay muchísima gente, tanto autóctonos como de otros países, que utiliza este medio para visitar el país. De hecho casi se ven más autocaravanas y caravanas que turismos...... al menos por la zona de Las Rocosas.. (foto 10)

La ruta hacia el Parque Nacional de Banf y la población de Banf es muy agradable y con unas vistas magnificas. Por el camino paramos para ver los Tunneles Spiral (túneles de la línea del tren “Canadian Pacific”, que son en espiral dentro de la roca). En Banf tenemos previsto pasar dos noches.
Vamos a buscar el camping (foto 5), pues nos aconsejaron buscar primero el camping y después hacer las visitas. Visitamos el lago Minewanka (foto 6), el Cañon Stewart por donde pasa el río que alimenta al lago y ya de nuevo en Banff las cascadas del rio Bow y el hotel castillo de la población, un edificio enorme y de gran lujo.
Cerramos el día con una cena en un restaurante típico de las Montañas Rocosas



 
Una caravana
Una caravana
Camping Banff
Camping Banff
Lago Minewanka
Lago Minewanka

   
A partir de aquí el tiempo se complica y las visitas que realizamos son pasadas por agua, pero de todas maneras, visitamos Cave and Basin (antiguas termas), subimos en teleférico al Monte Sulphur y de regreso a Banf nos damos un baño relajante en las termas Upper Hot Springs, una piscina exterior de agua caliente (40º).

Nos dirigimos a la población de Lac Louise y al lago del mismo nombre. Pasamos por el Canyon Johnston en donde realizamos una excursión de un par de horas para visitarlo, el camino es muy agradable y con muy buenas vistas (foto 7). En el Lac Louise (foto 8) alquilamos una canoa y damos una vuelta por el lago, a pesar de que el día no acompaña pues esta nublado y lloviznando, el entorno es impresionante. Antes de ir al camping visitamos el Lac Moraine (foto 9), con un color de agua precioso, pero el mal tiempo no nos permite disfrutar de las vistas. Llegamos al camping, que esta como todos los de los parques naurales, en plena naturaleza y nos llama mucho la atención ver que la zona de tiendas esta protegida con vallas electrificadas, para protegerla de los osos.



 
Alto en el camino
Alto en el camino
Lac Louise
Lac Louise
Lac Moraine
Lac Moraine

   
Sigue el mal tiempo y además hace frio, asi que nos lo tomamos lo mejor que podemos e iniciamos el viaje hasta Jasper el otro gran parque natural.. Es un trayecto que con buen tiempo ha de ser precioso pero, no tenemos suerte. A pesar de todo vamos viendo todo lo que tenemos previsto. Llegamos a los campos de hielo de Columbia, parece que quiere parar de llover e incluso se levanta un poco la niebla. Asi que decidimos coger el Ice Explorer (un autocar especial que nos sube por los glaciares), al regresar comemos en el parking y nos dirigimpos a las casacadas Athabasca, impresionantes por la fuerza que lleva el agua. Al llegar a Jasper, vamos al camping a coger la parcela y después tranquilamente vamos a la población para visitarla, ahora sale el sol.

Una de las actividades que tenemos contratadas desde España es hacer un rafting por el río Athabasca. A pesar de que amanece un día horrible nublado y con frío, nos dirigimos con muchas ganas hacia el lugar donde nos han de recoger, para llevarnos al río. Contratamos un nivel bajo, suerte de ello, pues con el día que hace y el agua a 1º, no habríamos aguantado muchos remojones, a pesar de los trajes de goma..
Comemos en un restaurante y nos dirigimos al Cañón Maligne y al lago Medicine (foto 11), este último tiene un efecto curioso, durante la primavera y el verano esta lleno de agua pero en invierno se queda prácticamente vacío.
De regreso al camping, vemos un oso, junto a la carretera, comiendo moras.. Nos paramos y no nos atrevemos a salir de la autocaravana, pues esta cerca de la carretera y nos da cierto respeto, pero vemos que de los coches que van parando la gente sale y hace fotografías, así que con un cierto temor salimos de la autocaravana y también hacemos unas cuantas fotos, el oso sigue comiendo y no nos hace ni caso. Evidentemente, no hacemos bien, pues en todas partes, recomiendan que no se salga del vehículo cuando se esta cerca de un animal salvaje, especialmente un oso, pero.....



 
Lago Medicine
Lago Medicine

   
 Parece que el tiempo mejora, ya no hay niebla ni llueve, esto nos alegra pues tenemos previsto realizar un recorrido en helicóptero por el monte Robson, la montaña más alta de las Rocosas....¡es impresionante!. (foto 12)
Nos dirigimos al Parque Provincial de Wells Gray , allí entramos al camping Well Gray Golf Course ¿un camping en un golf o un golf en un camping?, el lugar es encantador. Desde aquí visitamos las cascadas Hellmcken y las Dawsont.
Al regresar al camping nos decidimos a hacer una cosa que ya henos visto en otros campings, pero que no nos atrevíamos hacer: encender un fuego en la parcela. Todos los campings de las Rocosas, tienen en cada parcela una zona preparada para encender una fogata y a pesar de que la mayoría de camping están dentro de bosques. La cena alrededor del fuego es muy agradable. A partir de aquí hacemos lo mismo en otros campings.

 
Monte Robson
Monte Robson

   
 

Ya estamos de regreso hacia Vancouver, así que pasamos de nuevo por Cache Creek parándonos a visitar Hat Creek Rancho, un autentico rancho, situado en la ruta de la fiebre del oro, paseamos en diligencia y un guía nos muestra como era la vida en esa época. Tenemos la gran suerte de que ese día se celebra una concentración de diferentes tribus indias....es emocionante oír sus cantos, los tambores y ver los vestidos, adornos y artesanía. No nos queremos marchar sin llevarnos un recuerdo y nuestro hijo Jordi se decide por una autentica flecha, hecha a mano También visitamos un poblado indio, que esta en el mismo recinto del rancho.
Seguimos camino y llegamos a Whistler , según dicen la zona esquiable más grande de Norteamérica, el ser verano no hay ni gota de nieve, pero el entorno es muy bonito sobre todo si se sube con el telesilla a la cima de las montañas, en donde realizamos una excursión hasta unos lagos. Visitamos el pueblo, muy turístico y regresamos al camping, que por suerte estaba reservado pues estaba completo.

Llegamos a la costa y nos dirigimos hacia el puerto de Horseshoe Bay lugar donde hemos de tomar el ferry hasta la Isla Vancouver. Mientras hacemos cola para embarcar comemos tranquilamente en la autocaravana. Desembarcamos en Nonaimo y rápidamente nos damos cuenta que hay mucho más trafico que de donde venimos. Nos cuesta encontrar el camping, pero al final llegamos. Se pone a llover y tenemos que pasarnos la tarde en la autocaravana.

Salimos dirección Tofino (hay que cruzar la isla a lo ancho), no son muchos kilómetros pero la carretera esta en muy malas condiciones y además esta en obras, con lo que el trayecto se hace larguísimo. Igual que en Whistler, por suerte tenemos el camping reservado. Vamos a coger una embarcación para ver ballenas y leones marinos. Tenemos un pequeño problema con la reserva hecha y nos vemos obligados a salir más tarde de lo previsto, pero eso nos beneficia ya que además de ver 2 ballenas grises, 2 orcas y un león marino, vemos una magnifica puesta de sol. Dicen que aquí se ven algunas de las puestas de sol mas bonitas del mundo. Regresamos de noche y con luna llena, muy bonito.

Hace buen día, se presenta una jornada dura, pero apasionante. Tenemos que regresar de nuevo al otro lado de la isla, por otra carretera pero igual de mala. Paramos en Chemainus, para ver las casa pintadas. Seguimos camino y paramos en Duncan, la ciudad de los totems de los indígenas del Pacifico, un tour guiado los muestra todos, pero nosotros solo vemos unos cuantos, por nuestra cuenta.
Por fin llegamos a uno de los destinos más esperados en la isla, Victoria capital de British Columbia, provincia a la que pertenece Vancouver. Dejamos la autocaravana en el parking del puerto y con un plano en la mano nos disponemos a visitar la ciudad. Es una ciudad muy acogedora, para pasear sin prisas. Regresamos al parking, comemos en la autocaravana y salimos dirección al otro destino también muy esperado, los Jardines Butchart. La visita es muy agradable, es espectacular la cantidad de flores, la variedad de estas y su colorido. Son unos jardines creados sobre una antigua cantera. Son visitados por más de un millón de personas cada año.
Salimos de los jardines, encantados por la visita y nos dirigimos hacia el camping, donde tenemos que hacer las maletas , vaciar y limpiar la autocaravana..

Nos levantamos pronto para coger el ferry que nos llevara hasta Vancouver, donde tenemos que entregar la autocaravana. Llegamos a Fraserway y con pena dejamos la autocaravana, que ha sido nuestra casa durante 15 días. La experiencia de la autocaravana nos ha gustado mucho y hemos comprobado las grandes ventajas que tiene. Posteriormente un minibús de la empresa Fraserway nos lleva hasta el Georgian Court Hotel, situado en el centro de Voncouver, donde estaremos 2 días.
Después de comer, decidimos visitar el Parc Stanley, para ello alquilamos unas bicicletas. El paseo por su senderos es muy agradable, con unas magnificas vistas de la ciudad (los rascacielos, el puerto, la bahía) . (foto 14)



 
Vancouver
Vancouver

   
El día siguiente dedicamos la jornada a visitar la ciudad, así que compramos un pase de transporte para todo el día. Mediante el Sky Train y el Seabus, cruzamos la bahía y con un autobús y un teleférico subimos a la Grouse Montain. Desde esta montaña hay unas vistas estupendas de la ciudad pudiéndose hacer excursiones por múltiples senderos que adentran en el bosque.
Después de comer regresamos hacia la ciudad, haciendo un alto en el camino, para pasar por el Puente Capilano. Un puente colgante de madera que pasa sobre el río Capilano a 70 m de altura. Tiene una longitud de 137 m, lo que hace que hace que se balancee muchísimo. (foto 13) Al otro lado hay un bosque con árboles de más de 50m de altura. Aprovechando dicha altura han hecho un recorrido, a base de pasarelas de árbol en árbol a unos 15 m del suelo.
Una vez llegados a Vancouver, vamos paseando desde Canadá Place, un conjunto de cúpulas blancas símbolo de la ciudad, hasta el hotel a través de Water Street, una de la calles más bonita de la ciudad y en donde se encuentra el primer reloj de vapor del mundo, que suena cada cuarto de hora con un pitido de barco.
Llegamos al final de viaje y queremos despedirnos de Canadá, con una cena en el restaurante circular que se encuentra en el Harbour Centre Tower. Las paredes de cristal permiten una vista sobre la ciudad iluminada excelente. Es caro pero la vista y la comida valen la pena..

Un taxi nos lleva hasta el aeropuerto, en donde a causa de la flecha que compramos en el poblado indio, tenemos un pequeño problema, pero que la persona que nos factura las maletas lo soluciona a la perfección. Y rumbo a casa.


Paginas web oficiales de información sobre el Canadá
www.canada.gc.ca
www.canada-es.org

Paginas de los Parques Nacionales
www.parcscanada.gc.ca/jasper
www.parcscanada.gc.ca/banff
www.parcscanada.gc.ca/yoho
www.parcscanada.gc.ca/glaciers

Jardines Butchart
www.butchartgardens.com

Isla de Vancouver
www.islandvisitor.ca

Agencia de viajes especializada en las Montañas Rocosas y turismo de habla hispana
www.pasonorte.ca



 
Puente Capilano
Puente Capilano
Introducción
   
Llevar autocaravana supone no tener prisa y así lo hacemos cuando salimos de vacaciones, la autopista lo solemos hacer en tramos muy particulares (Costa Azul y la Aurelia). Pasar por la carretera general te supone ver mas cosas, pararte a comprar en los miles de supers, adquirir el gasoil más barato (en los supers) y encontrar infinidad de lugares para pernoctar mas tranquilamente.


MONEDA
No hay problema para pagar con euros, los admiten en todos sitios, aunque efectivamente el cambio es mas desfavorable. Pasadas las fronteras hay infinidad de bancos para cambiar sin necesidad de ir prevenidos.
La vida está un 10% o 15% más barata que en España, sobre todo que Catalunya, también es verdad que intentan recuperarse, a marchas forzadas, de la tormenta que les barrió el país. En definitiva, ya no es el país tan barato que conocíamos, pero sin lugar a dudas continua siendo un lugar maravilloso.

GUIA
Nosotros usamos la ANAYA – Touring Club. Son amenas y muy completas. Es interesante pedir información a los consulados

Croacia
Provenza, 290
08008 Barcelona
Tel. 93 215 71 76 Fax. 93 215 96 79
Eslovenia
Vía Augusta, 120. 3ª
08006 Barcelona
Tel. 93 218 22 55 / 93 727 36 39
Antes de entrar a Croacia por Trieste (Italia) decidimos parar en el GRADO (pocos km antes de Trieste) en una área de pernocta. Valió la pena descansar del viaje y dar una vuelta.

Que queríamos ver? La verdad es que nos hacia ilusión volver a sitios conocidos y como no, hacer islas, nuestra pasión. Es verdad que en Agosto está todo más abarrotado y que seguramente en Julio ha de ser una maravilla, pero el curro manda.
Aún así, acostumbrados a la masificación de la Costa Brava, resultó relajante.
Las carreteras son desastrosas, sobre todo la de la costa Dálmata, pero lo importante es ir sin prisa y gozar de su paisaje. Croacia no es buena consejera para hacer muchos Km. al día.

CAMPINGS
Tiene una buena red y los precios muy razonables y para los que practicamos el naturismo, es una maravilla. Está prohibido, en teoría, pernoctar fuera de ellos, pero hay tantos lugares que nosotros solo pisamos un par.
No hay la obligación de dejar el camping al medio día, se paga por noches.



 
Dubrovnik
Dubrovnik
LUGARES QUE VISITAMOS Y CREEMOS INTERESANTES
   
ROVING (Istria) No os la perdáis y sobre todo visitarla de noche, cenar en cualquier restaurante del puerto y tomaros un buen helado. (Entramos en un camping muy cercano aunque hay un gran parking a la entrada pero, ante la duda, decidimos hacerlo)

FAZANA
Sabíamos que no tenia mucho interés, pero queríamos ir al Parque Nacional BRIJUNI y aunque el viaje resultó caro, nos dimos este capricho (son las ventajas de ser 2)
En la misma playa hay un parking de pago que te dejan pernoctar.

CRES
Os recomendaría saltar a esta isla y sobre todo visitar MALI LOSINJ, todo dependerá del tiempo que tengáis y de la ruta que queráis hacer, ya que sino queréis retroceder, hay que saltar a otra isla, para volver a la península.

Para los que vayan en Julio no perderos KRK ni las islas RAB y PAG, en Agosto ni os acerquéis, es una lástima, pero están llenas de alemanes. Esas son las desventajas de hacer las vacaciones como todo el mundo.

Continuamos por la costa Dálmata admirando y admirando su costa y sus aguas cristalinas, hasta MURTER (65 Km. de Zadar). Todo un jardín de islas incapaces de tocarse unas con las otras, les llaman islas Kornati o el archipiélago de la soledad, dicen que hay unas 140 islas, todo un paisaje incapaz de definir y de explicar QUE MARAVILLA¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

PARQUE NACIONAL KRKA (merece una visita)
Antes de llegar a Sibenik hay el desvío. Por un proceso análogo el de los lagos de Plitvice, se han producido lagos y saltos de agua.
Desde Lozovac se puede hacer una excursión en coche a la garganta del río; en Skradin, un atractivo puerto fluvial habitado desde época romana, hay barcos que hacen la travesía por el río hasta Skradinski buk, una impresionante cascada que cae tras superar espectaculares formaciones.
Desde Skradin lleva a Visovacko jezero, lago con un curioso islote en medio. En las inmediaciones se encuentra el convento de Visovac. Más al norte, el cauce del río forma la Roski Slap, una cascada de 25 m. de caída.
Existe zona de parking y camping en el mismo parque nacional.

PRIMOSTEN
Zona de grandes viñedos.

TROGIR – (merece visita)
Merece la pena el viaje a esta ciudad antigua de la costa Dálmata, recogida en una islita situada entre tierra firme y la isla Ciovo. Una ciudad que en 1997 fue declarada patrimonio de la humanidad.
A pocos metros hay una zona para pernoctar y donde encontrareis varias autos.

HVAR
Os recomendaría que visitarais esta isla, pero el tiempo es el tiempo y dependerá de vosotros.

DRENIK Y ZAOSTROG
Delante de la isla de HVAR, son dos lugares que hay parking para pernoctar, buen sitio para hacer un alto en el camino y aprovechar para hacer un baño, seguramente lo que lleváis niños, os lo agradecerán.

PENINSULA DE PELJESAC (merece visita)
Zona de viñedos y de mejillones y la ruta para embarcar a la Isla de KORCULA desde la ciudad Orebic, donde existe parking para pernoctar.

Recomiendo comer y comprar vino en Janjina en la Bodega Domanoeta (a pie de carretera)

ISLA DE KORCULA (obligada visita)
Si queréis hacer alguna isla, no os perdáis, es una maravilla y sobre todo cenar entre las miles de callejuelas del casco antiguo de Korcula, seguro que no os defraudará.
En el pueblo de Lumbarda, hay puerto y se puede pernoctar.

DUBROVNIK
No creo que deba decir mucho de esta ciudad, solo pediros que la visitéis y luego opinéis.
A la entrada de la ciudad, encontrareis un puerto donde pernoctar





 
PN-de-Plitvicka
PN-de-Plitvicka
PN-de-Plitvicka
PN-de-Plitvicka
Dubrovnik
Dubrovnik

   
MONTENEGRO

Queríamos hacer algo de esta zona. Sobre todo el fiordo de Kotor y llegar hasta Podgorica, pero no lo vimos muy claro y al vernos observados y obligarnos los cascos azules a retroceder en dos ocasiones, decidimos salirnos. La región está aún muy caliente.


BOSNIA

Volver a ver MOSTAR y SARAJEVO era a algo a lo que no estábamos dispuestos a renunciar y que recomiendo. Tal vez sean una muestra de algo que nunca tuvo que ocurrir.

Pero después de visitar MOSTAR nuestro estado de ánimo nos impidió ir a Sarajevo y decidimos hacer Bosnia en otra etapa.

De todas formas os recomiendo ir, gente muy amable y el pueblo maravilloso.
Pernoctamos en una gasolinera abierta las 24 h. que hay a la entrada.


Volvimos a Croacia por Possusje, Sinj, Knin hacia el Parque Nacional de PLITVICKA. Visita de obligado cumplimiento.
Prohibido pernoctar en el, hay camping a pocos km.

Como el tiempo apremiaba, decidimos dar rumbo a ZAGREB. Llegamos en domingo y pudimos ver el mercado de flores que hay en el centro de la ciudad, tal vez si el tiempo hubiese sido mayor, habríamos visitado mas cosas, pero decidimos hacer un paseo por el casco antiguo y poder observar que es una capital muy tranquila y fácil de visitar. Otro año será


ESLOVENIA

Lástima del tiempo que teníamos, pues solo disponíamos de 4 o 5 días y eran pocos, pero con el compromiso de volver, decidimos dar una ojeada.

LJUBLJANA (obligada visita)

La capital de Eslovenia, pequeña, limpia y maravillosa. Procurar no ir en domingo, ya que no hay mercado, que es la salsa del casco antiguo.
Como se nota su independencia de hace años. Es la región mas próspera y más rica de la ex Yugoslavia .
Existe parking 24 horas en la estación, pero hay un camping dentro de la ciudad con parada de bus en la misma puerta. Tiene piscina y no resultó caro y lo mismo que Croacia, no estas obligado a abandonarlo al medio día, se paga por noches. (Autocamp Jezica)



 
Ljubljana
Ljubljana
Mostar
Mostar

   
PARQUE NACIONAL TRIGLAVSKI (obligada visita)

Aunque os pueda relatar las ciudades más importantes, os recomiendo visitar cuantas carreteras y pueblos pequeños que encontréis por vuestro paso y comer en cualquier bar o tabernucho por poco dinero.

BLED
Maravilloso pueblo de montaña, el más turístico de la región. Cuidado con el paseo en barco por el lago, negociar antes.

BOHINJ
Es el penúltimo pueblo de la zona y pernoctamos en el camping DANICA, por 6 euros diarios, auto + 2 personas, recomendado.

Solo pudimos estar 3 días, habíamos apurado 28 días de vacaciones, pero como el paisaje y el país daba para permanecer mas tiempo en él, decidimos salir vía Italia por Matajur.
Retrocedimos dirección a Jesenice y en Kranjska Gora nos desviamos dirección a Bovec, Kobarld y Matajur (no os lo perdáis, maravilloso)

Eslovenia nos supo a poco y prometimos volver en otra ocasión y sobre todo con más calma.




 
PN-de-Triglavski
PN-de-Triglavski
Bovec
Bovec
Notas
   
Para Croacia hay que llevar zapatillas de goma para bañarse, no encontrareis muchas playas con arena.
No olvidar la carta verde y sobre todo mirar no tener tachado Yugoslavia, por si queréis pasar a Montenegro.
Llevar pasaporte
Los precios de los ferrys nada caros y hay infinidad de ellos durante todo el día
La gente de Bosnia es la más agradable
Los precios de los restaurantes son asequibles
Recomiendo ir a Mostar y hacer algo de interior de Bosnia

En Eslovenia existen zonas de acampadas para autocaravanas. Pedir información
http://www.slovenia-tourism.si
info@slovenia-tourism.si


http://www.guiadelmundo.com/paises/croatia/
http://go.hrw.com/atlas/span_htm/croatia.htm

http://www.guiadelmundo.com/paises/slovenia/
http://go.hrw.com/atlas/span_htm/slovenia.htm



Bon viatge!

 
Introducción
   

Austria es tal vez el país mas seguro de Europa, es muy agradable pasear por todo el país, pero hay que tener en muy en cuenta las leyes, en las autopistas hay radares a montones, a veces encuentras uno a tres o cuatro kilómetros del anterior y cuando están muy separados, la policía con radares móviles. Da gusto conducir, no ves nunca maniobras peligrosas ni adelantamientos temerarios, un placer. Las gasolineras son frecuentes, los precios igual que aquí, tanto de los carburantes como de la alimentación y restauración. La gente es amable y se esfuerza por entenderte, aunque son serios y raramente sonríen.

No hemos encontrado áreas de servicio para autocaravanas pero en las gasolineras y en los muchos wc públicos existentes hemos podido vaciar, y para llenar, aparte de las gasolineras hay infinidad de fuentes con un agua envidiable, buenísima incluso para las garrafas de agua de boca.

En tres ocasiones nevó débilmente por lo que a pesar de ser junio debes llevar ropa de abrigo para temperaturas bajo cero en las montañas del Tirol, y de riguroso verano en Viena y el sur de Austria. Y para la auto las cadenas, por si acaso. ¡Buen Viaje!



 
6 de junio
   
El 6 fue día de autopista hasta llegar a Sirmione, a 1000 Km. Tener muy en cuenta que el paso entre Niza y Génova siempre es muy lento, y peligroso, infinidad de túneles y curvas muy cerradas para ser autopista, de hecho es la antigua carretera en los tramos cercanos a Génova, la vuelta es distinta con nuevo trazado, nosotros encontramos tres accidentes con unas larguísimas retenciones que añadieron dos horas a lo que teníamos previsto. Sirmione es un bonito pueblo junto al lago de Garda, el mayor de Italia, y que viene de paso. Dormimos en un parking a la entrada de la ciudad vieja, con área reservada a autocaravanas (camper en Italia), 17 € sin servicios. Lugar recomendable, muy tranquilo y justo al borde del lago, vistas inmejorables.

 
7 de junio
   

El día 7 y montados en las bicis visitamos el pueblo fortificado y sus calles peatonales, el camino de ronda junto al lago, comimos pizza y helado italiano. Mucho calor y humedad hasta que el sol levantó la neblina.

Salimos de Sirmione en dirección a Merano, otro pueblo digno de ser visitado, lo recorrimos en bici por la tarde, visitamos sus famosos paseos de invierno y de verano, y nos dirigimos al passo del Rombo-Timmesjoch, para entrar en Austria. Es una carretera prohibida a vehículos de mas de nueve metros y a todo tipo de remolques, podéis imaginar, el paso esta a 2500 metros de altura, un fuerte viento con una ligera nevada hizo que al salir de la caravana en manga corta nos quedásemos helados.

Los paisajes son increíbles y maravillosos, supongo que por lo inaccesibles, la carreterita se las trae, y a pesar de estar bajo cero hay que estar muy atento a la aguja de la temperatura del agua del motor, ¡la mayoría de curvas cerradas hay que tomarlas en primera! IMPORTANTE: el peaje (10€), cierra a las 20 horas y abre a las 8 horas y esta bajando a Solden. Aunque que más da si esta cerrado, duermes arriba y tan contentos, ventaja de llevar la casa a cuestas, esto es viajar en libertad, ¡no pueden ni imponerte el horario del peaje!

Llegamos a Solden donde encontramos un bonito rincón de la carretera junto al río para dormir.



 
8 de junio
   

El día 8 cruzamos Austria (solo son 100 Km.) visitando la cascada de Umhausen, pasando por Imst (aquí y en un supermercado compramos la VIGNETTE de autopista por diez días, unos 7 €, sin ella no puedes circular por autopista) y por el Fernpass, un puerto de montaña precioso con lagos y bosques alpinos, hasta llegar a Fussen en Alemania, para visitar los castillos del rey Luis II de Baviera ‘el rey loco’.


Hay que seguir indicadores königschlösser.

La visita a los castillos es una delicia, tomaros tiempo para hacerla en castellano. En cualquier idioma te dan hora, en plena temporada podéis tener problemas, nosotros tuvimos la suerte de llegar poco antes de la visita en inglés a un castillo y en castellano al siguiente, ya por la tarde, en plena temporada puede ser complicado, hay muchísima gente. El parking es caro y no permiten pernoctar.

No olvidéis visitar el castillo de Neuschwanstein desde el puente sobre la cascada, desde donde tomar las mejores fotos. La subida a pie es un paseo, si subes en bus andas mas o menos la mitad, no merece la pena. Los castillos están rodeados por cuatro lagos, con un paisaje privilegiado (Baviera).

Volvimos por el Fernpass a dormir a Innsbruck en el parking de autobuses, donde permiten pernoctar, pasan a cobrar personalmente durante el día, por la noche es gratuito. El parking esta a diez minutos del centro de la ciudad, menos de cinco en las bicis.



 
Castillo de Neuschwanstein
Castillo de Neuschwanstein
9 de junio
   
El día 9 una visita por la mañana (tejadillo de oro, trampolín olímpico ...) Hacemos parada en la estación del tren en Jenbach y montamos en un tren de vapor que funciona con carbón y dotado de cremallera, subimos 900 metros de desnivel y llegamos al que dicen es el lago más bonito de Austria, Achensee, realmente merece la pena, se puede dar la vuelta al lago en algo mas de dos horas en barco de palas tipo Mississippi, tomamos el tren de bajada, comida en la autocaravana y salida hacia Gerlospass, carretera del Tirol preciosa hasta llegar al Krimmlwasserfalle, la cascada mas alta de Europa, con una caída de casi 400 metros en tres tramos, importante admirarla desde un mirador de la carretera indicado y con paneles y mapas de orientación. La visita es altamente recomendable aunque por supuesto hay que subir el desnivel por un acondicionado paseo con miradores y barandillas, un paseo perfectamente integrado en la naturaleza. Estacionamos en un parking habilitado, teóricamente no permiten pernoctar pero cuando nos fuimos ya no quedaba nadie, solo unos bomberos haciendo prácticas, de todos modos dormimos bajando en Newkirchen, en un parking a la entrada del pueblo. El desayuno frente a un prado inmenso donde las vacas pastaban fue de postal.

 
Krimmlwasserfalle
Krimmlwasserfalle
10 de junio
   

El día 10 nos dirigimos al Grossglöckner por la Hohalpenstrasse, una carretera de peaje (26€) en un estado excelente, que tiene pendientes prolongadas del 12%, esta cerrada en invierno, tener en cuenta que son muchos kilómetros de pendiente, conviene ir parando a la subida, la temperatura del agua sube peligrosamente, y sobre todo al bajar, los frenos se calientan a pesar de bajar en segunda velocidad. Hay muchos miradores en los que parar es una bendición. Llegas a 2.500 metros de altura.

La ruta permite admirar unos paisajes únicos y llegar hasta la montaña más alta de Austria, y hasta el mismo glaciar, merece la pena verlo y pasearse a su alrededor, docenas de marmotas pasean a vuestro lado, y podéis ver de cerca unos alces con sus cornamentas que pastan a vuestro lado sin que los humanos los asustemos. El lugar es maravilloso, y hay muchos parkings habilitados para detenerse. Es recomendable no llegar hasta el último, es cubierto y nuestros vehículos no caben y suele haber muchos autobuses haciendo maniobra de carga y descarga de pasajeros, desde el anterior suben unas escaleras y un ascensor panorámico.

Visitado el parque nos dirigimos a Salzburgo donde pernoctamos en un parking justo al lado de los jardines de Mirabell, frente a la entrada principal, lugar seguro y bastante tranquilo (las campanas de la iglesia que hay en el parking te recuerdan las horas), y extraordinariamente céntrico, puedes visitar toda la ciudad vieja solo cruzando un puente



 
Grossglöckner por la Hohalpenstrasse
Grossglöckner por la Hohalpenstrasse
11 de junio
   

A Salzsburg la llaman la Roma del norte, y es extraordinariamente bella, callejear, visitar sus mercados, la catedral, el cementerio es peculiar y se visitan las catacumbas en la ladera de la montaña, con unas vistas fantásticas, y por descontado subir en el funicular al Schloss o fortaleza Hohensalzburg, una fortaleza, la mas grande conservada en el norte de Europa, que es una pequeña ciudad fortificada, con diversos e interesantes museos y unas vistas espectaculares sobre la ciudad.

Pasado el día en esta preciosa ciudad salimos al atardecer por los lagos de Salzkamergut hacia el palacio imperial de verano de Bad Ischl con unos jardines dignos de mención, y final de etapa en el pueblo que dicen es el más bello del mundo, y tal vez lo sea, se trata de Hallstatt, un pueblo encajonado entre una alta montaña y el lago, es realmente único, y un paisaje idílico, conviene callejear y observar detenidamente sus callejuelas, casas y construcciones, el cementerio y la iglesia superior, la iglesia inferior y las casas al borde del lago, hay unas tiendas de artesanía en madera deliciosas. Dormimos en el parking de autobuses a la entrada del pueblo después del túnel en la misma orilla del lago, (el parking del túnel no es aconsejable para nuestros largos vehículos), tomando la precaución de levantarnos temprano y estacionar en el parking del funicular a las minas de sal.



 
Salzsburg
Salzsburg
Hallstattersee
Hallstattersee
Hallstat
Hallstat