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  Hautes Pyrénées: Caminando por el techo del mundo

Sant Joan es la excusa, Hautes Pyrénées el destino, Tourmalet el vehículo para llegar hasta sus cimas, el Pic du Midi du Bigorre la aguja con la cual tejer este delicado paño...

Conrad y Echobelly. junio 2010
 



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Día 4: Cauterets – Bagneres-de-Luchon.

Nos despertamos con las ansias del niño que amanece en la mañana de reyes. El cuerpo empezaba a notar el cansancio por el “tute” que nos estábamos pegando, pero la zona nos tenia completamente enamorados, y ansiábamos seguir descubriendo lugares como los que habíamos encontrado hasta el momento. Además el área, aun estando a pié de carretera, había resultado ser realmente tranquila, ofreciéndonos una placida y reparadora noche.
La mañana, algo mas nublada, aconsejaba no demorarse demasiado pues la montaña puede ser traicionera, así que una vez hubimos desayunado, nos pusimos rápidamente en marcha iniciando las ascensión por la carretera que conduce al Pont d’Espagne.
En los años cincuenta Cauterets se negó a que los lagos de sus valles fueran represados para producir energía hidroeléctrica. Desde entonces, el agua discurre libremente entre los pinos de las montañas que dominan la ciudad, en una sucesión de cascadas a través de oquedades en las rocas, un espectáculo que se puede contemplar desde la carretera que conduce al Pont d´Espagne, con una parada especial ante las cascadas de Lutour y Ceriset.
Existe también un pequeño sendero que asciende siguiendo el curso del río, y que permite hacer una ruta a pié hasta Pont d’Espagne disfrutando de toda la sucesión de cascadas. En coche, siguiendo el sendero de las cascadas, llegamos enseguida al Pont d´Espagne, puerta del más antiguo de los Parques Naciones Franceses, creado en 1967. Se extiende sobre más de 100 kilómetros de este a Oeste, incluyendo dentro de sus límites seis altos valles fronterizos con España. Su existencia contribuye a preservar una biodiversidad excepcional.
El Pont d’Espagne, con el lago de Gaube situado más arriba, se encuentra entre los lugares más visitados del parque nacional, tanto en verano como en invierno. Paseos, excursiones o esquí nórdico seducen a grandes y pequeños. Para facilitar el acceso, se han llevado a cabo obras de acondicionamiento, siempre con el mayor respeto hacia el medio ambiente, que incluyen aparcamiento, edificio de recepción, transportes y un equipamiento hotelero.
En esta ocasión nuestra intención era hacer la ruta que va desde Pont d’Espagne hasta el lago Gaube, por lo que muy a nuestro pesar tuvimos que desistir de hacer la ruta de las cascadas, dosificando así el tiempo del que disponíamos y de paso nuestras fuerzas. Por carretera, en pocos minutos llegamos al amplio aparcamiento de pago, y estacionamos tranquilamente en una zona delimitada específicamente para las autocaravanas. Sobre dicho aparcamiento únicamente destacar que no está permitida la pernocta al tratarse de un Parque Natural.
Luego, nos dirigimos al inicio de la ruta, donde se encuentra la oficina de Información Turística y venta de tickets. Son varios los caminos señalizados que permiten hacer la ruta de distintas maneras. La forma más sencilla es tomar un primer telecabina hasta Pont d’Espagne, y luego subir en el telesilla que conduce al lago Gaube. Otra opción evidentemente es hacer todo el recorrido a pié, a través de parajes impresionantes y grandes rocas colocadas por enormes gigantes. Esta última opción fue la elegida por nosotros.
Un primer tramo, bien pavimentado y apto para todos los públicos, nos condujo en apenas unos metros al Pont d’Espagne. Junto a él, un pintoresco hotel hace las delicias de quienes quieran pasar un idílico fin de semana en plena naturaleza. Frente al hotel, la terracita de la cafetería permitía a los que querían tomar un pequeño descanso, hacerlo con unas impresionantes vistas del lugar, disfrutando de los primeros rayos de sol de un inminente verano.
Lo cierto es que no entendimos demasiado la existencia de aquel primer telecabina, pues el camino era más que sencillo. Probablemente la existencia del hotel y el intento por facilitar el acceso al lugar a las personas con alguna minusvalía, hayan sido los motivos para la instalación del mismo, con lo cual bienvenido sea.
Tras realizar unas cuantas instantáneas del lugar continuamos con nuestro camino. Nos pensábamos que sería una ruta sencilla después de ver aquel primer tramo, pero como siempre, nos equivocamos de todas todas. El camino que conduce de Pont d’Espagne al lago Gaube resultó ser un abrupto y trialero sendero en el que agradecimos haber realizado la compra de los palos de treking la tarde anterior. Un primer tramo, bastante empinado, nos quitó el frió de golpe, recordándonos que nos encontrábamos en medio de los Pirineos.
Despacio, pero con paso firme, fuimos poco a poco ascendiendo un camino que afortunadamente era cada vez mas llano, y en el que únicamente algún paso complicado que nos veíamos obligados a sortear subiendo a través de las rocas, nos obligaba a disminuir el ritmo. Las increíbles vistas del lugar nos animaban a continuar paso a paso, deseando llegar a la cima, pero para ello todavía nos quedaba un buen trecho.
Seguimos caminando, disfrutando  los preciosos reflejos que se producían en el agua que descendía entre la vegetación procedente del lago Gaube, y con las vistas del Vignamale a lo lejos, una montaña cuya cima se encuentra situada a 3.298 metros de altitud. Finalmente, después de más de dos horas de travesía llegamos a nuestro ansiado Lago Gaube.
Nos lo encontramos casi de repente, quedando atónitos al contemplar toda la belleza del lugar. El Vignamale se reflejaba en sus aguas cristalinas ofreciéndonos una imagen que bien merecía el esfuerzo que habíamos realizado. Nos sentamos un momento en una gran roca para tomar algo de aliento. En ese instante, suspendidos en la altura observando todo aquel paisaje, nos sentíamos realmente afortunados. No se oía ni un ruido que nos distrajera, solo sensaciones únicas que se agolpaban en nuestros cerebros.
Desde allí arriba vimos que había varias rutas para recorrer el lago, los más osados incluso se aventuraban a ascender el Vignemale. Nosotros, ni cortos ni perezosos, bebimos un poquito de agua y seguimos en la búsqueda y captura del momento perfecto, de la luz filtrándose entre las hojas, y del sonido chispeante del viento que se colaba por todas partes.
¡Como disfrutamos de aquel momento! Qué maravillosa sensación el poder recorrer sus orillas, saltando de roca en roca, disfrutando de nuestra compañía en un entorno tan idílico como aquel. Aprovechamos el lugar para sentarnos y comer unos “deliciosos bocadillos”, un bocado “di cardinalle” que nos supo a gloria.
Al rato, comenzamos a sentir el cansancio en el mismo momento en el que un manto de nubes empezó a cubrir el cielo. El aire fresco empezó a traspasar nuestra ropa provocando que, con la sudada que llevábamos, comenzáramos a sentir frío. Nos abrigamos algo más. Habían pasado ya varias horas desde que comenzáramos  la ascensión, casi tres horas de marcha, mas otra hora que llevábamos recorriendo el lago y el tiempo transcurrido en comer, lo que nos había llevado prácticamente toda la mañana.
Fue por ello que decidimos emprender el camino de vuelta, para el cual teníamos dos opciones: o bien volver sobre nuestros pasos, opción que no nos llamaba demasiado la atención, ya que consistía en recorrer otra vez el mismo camino pero esta vez de bajada, cargando más nuestras fatigadas piernas, o una segunda opción que consistía en bajar en el telesilla. La historia es que no habíamos comprado ningún ticket en la Oficina de Información, por lo que dudábamos si lo podríamos hacer en el mismo telesilla. El mayor inconveniente de todo era que para llegar hasta alli debíamos desviarnos por otro camino un buen tramo, y que en caso de que no pudiéramos bajar deberíamos deshacer lo andado.
Con no pocas dudas, pero confiando en que nos dejarían subir, decidimos arriesgarnos y tras un largo paseo llegamos al telesilla. Allí había un chico al que preguntamos si podíamos comprar los tickets de bajada y nos comentó que no había ningún problema. Le pagamos los 14 euros por los dos billetes y nos dispusimos a disfrutar de las magnificas vistas que nos ofrecía un telesilla que iba flotando a tantísimos metros de altura.
Llegamos a tierra firme. Justamente al lado del Pont d’Espagne, pero consideramos una tontería tomar el telecabina que conduce hasta el aparcamiento, así que hicimos este último tramo a pié, aprovechando para hacer una última tanda de fotos. Al poco rato estábamos en la auto y poníamos rumbo otra vez hacia Cauterets.
Nuestra aventura empezaba a llegar casi a su fin y nos daba muchísima pena acabar una ruta en la cual habíamos disfrutado tantísimo. Pero aun nos quedaban algunas cosillas en el tintero y estábamos dispuestos a disfrutarlas al máximo.
Nuestra intención para aquella tarde era dirigirnos a Les Bains du Rocher, lugar que nos habíamos quedado con ganas de visitar la tarde anterior. Lamentablemente el tiempo estaba cambiando bruscamente y un cielo amenazador se cernía sobre nosotros, dándonos la impresión de que pronto caería un buen chaparrón. Esto hacia algo menos apetecible el baño, pero aun así nuestros planes estaban claros: después de regresar al área donde habíamos pasado la noche y tomar un pequeño tentempié, dejamos aparcada la autocaravana y nos dirigimos directamente a Les Bains du Rocher, dispuestos a pasar el resto de la tarde dedicándonos únicamente a mimar nuestros cuerpos.
Pagamos los 32,00 € que nos costaron las entradas y nos introdujimos en un mundo etéreo que nos envolvió al momento. Con describiros la publicidad que nos dieron en su folleto creo que entenderéis al cien por cien lo que sientes al estar en ellos: “Los suelos son de jade, los muros de piedra, los Baños termales de La Rocher te invitan a relajarte después del esfuerzo realizado en días anteriores. Disfrutar del bienestar en un entorno original y con fantásticas vistas es lo que nos ofrecieron estas termas”.
Los baños los habían inaugurado hacia apenas unas semanas, por lo que casi podíamos decir que los estábamos estrenando. Sus aguas termales se calientan de forma natural, tanto en el interior como en el exterior. Su interior es una hermosa laguna delicadamente iluminada bajo una majestuosa cúpula; en el exterior uno puede bañarse en las cálidas aguas en cualquier estación del año.
Nos dimos un primer baño en la laguna interior para romper el hielo. A la hora a la que entramos en el recinto eran pocas las personas que se encontraban en él, por lo que pudimos disfrutar de sus aguas cálidas en un silencio casi místico, pero sin duda, el tesoro de estas termas reside en el exterior. Su preciosa laguna exterior te invita a soñar con unas vistas de ensueño. Bañándote relajadamente en ella te da la sensación de que el tiempo se ha detenido por completo y tu eres la única persona que está teniendo la suerte de disfrutar de un tesoro como aquel.
Cerramos los ojos y dejamos caer nuestras cabezas en uno de los reposacabezas que había para tal efecto. Todo era silencio y relajación, hasta que lamentablemente el recinto comenzó a llenarse poco a poco de gente, rompiendo finalmente la magia del momento. Resignados, pero satisfechos por haber disfrutado ni que fuera de unos instantes de tranquilidad, observamos como de repente se puso a llover. Al principio parecían ser cuatro gotas, pero esas cuatro gotas dieron paso a una lluvia realmente copiosa, y allí, empapados, nos quedamos contemplando el constante y cristalino goteo que caía sobre la laguna. En aquel momento, ya estábamos completamente mojados, con lo cual un poquito más de agua no iba a estropear nuestra permanencia en la piscina exterior, pero si nos empezaba a molestar la cantidad de gente que comenzó a llenar el lugar de una forma bastante bulliciosa.
Decidimos retirarnos y dejar paso a la siguiente tanda de visitantes, pues ya habíamos tenido suficiente. Nuestros cuerpos salían hiper-relajados, y de eso se trataba, de salir con las pilas cargadas.
Pusimos nuestros pies en el exterior y nos encontramos con que el chaparrón había aumentado en virulencia, y estaba lloviendo literalmente “a cantaros”. Decidimos detenernos un momento en una boulangerie hasta que cesara un poco la lluvia, y ya de paso saciar nuestro repentino apetito, con alguna de las delicias caseras del lugar. Al rato, el diluvio cesó, momento que aprovechamos para llegar hasta la auto, quitarnos la ropa mojada, secarnos, y tomarnos un chocolate calentito. Luego, nos pusimos otra vez en marcha.
Con esta última parada en las termas de La Rochel dábamos por finalizadas las visitas de nuestro viaje, pero aun nos faltaba todo el planing de vuelta, y nos resignábamos a pasar por varios lugares únicamente como meros espectadores. Eso si, para el camino de vuelta teníamos planeado tomar la autopista francesa que recorre la cara norte de los pirineos, evitando  tener que volver a recorrer los numerosos puertos de montaña que durante la ida habíamos cruzado.
Iniciamos el camino en dirección a Lourdes, localidad que pasamos como un relámpago. Lo cierto es que en un principio habíamos pensando en detenernos en ella, aunque fuera a echar unas cuantas fotos, pero había tantísima gente en la población que nos dio pereza, así que continuamos con nuestro camino. Al poco rato llegamos a las inmediaciones de Tarbes, donde tomamos la autopista A64 en dirección Toulouse, y que no abandonaríamos hasta llegar a la población de Gourdan-Polignan. Según nuestro navegador GPS el camino más rápido para volver a casa era continuar por autopista hasta llegar a la costa mediterránea, y entrar a España por la Jonquera, pero lo cierto es que preferíamos cruzar de nuevo los Pirineos que tener que hacer tantísimos kilómetros por autopista. Además, todavía nos había quedado algo en el tintero, la pequeña población de Bagneres-de-Luchon, una localidad de la cual nos habían hablado muy bien y decidimos visitar. Según teníamos entendido hay en ella un área para autocaravanas, por lo que sería un buen lugar para pasar la noche.
Nada más salir de la autopista, tomamos la carretera N-125 que más adelante, se convierte en la nacional N-230 al cruzar la frontera, y que permite entrar a España a través del túnel de Vielha. En nuestro caso, nos desviamos unos kilómetros antes de llegar a la frontera para dirigirnos a Bagneres-de-Luchon.  La localidad es pequeña y dinámica, y esta dedicada a la puesta en forma, el bienestar y el deporte. También es conocida por su famoso balneario. De dicha población hay que destacar, en primer lugar, sus famosas termas. Por otra parte, dispone de una amplia gama de actividades deportivas para realizar a lo largo del año, tanto en verano como en invierno: bicicleta de montaña, piragüismo, escalada, parapente, esquí, y un sinfín de deportes siempre con los Pirineos como marco excepcional. Para los amantes de los deportes de invierno hay que destacar que Bagneres-de-Luchon dispone de un telecabina que permite llegar en 15 minutos a la estación de esquí de Superbagnères.
Llegamos a Bagneres-de-Luchon ya un poco tarde. Entre el baño en las termas y el trayecto hasta llegar allí, pasaban de las seis de la tarde. La población nos pareció muy bonita. Su peculiar arquitectura típica de la época de Napoleón tercero te muestra una estampa única del lugar, pero por otra parte nos dio la impresión de ser una localidad venida a menos. Su época dorada ya pasó y a fecha de hoy tan solo sus famosas termas centran la atención de la ciudad. De aquel momento glorioso ahora tan solo nos queda un recuerdo en forma de multitud de establecimientos cerrados y hoteles antiguos y destartalados que encontramos diseminados por toda la localidad. Realmente resulta una lástima porque el lugar es francamente bonito.
Nuestra intención era encontrar en primer lugar el área de autocaravanas y luego ya tendríamos tiempo de entretenernos lo que quisiéramos. Lamentablemente, no disponíamos de información detallada de la ubicación exacta de ella, y tampoco conseguíamos encontrar ninguna señal que nos indicara donde se encontraba, por lo que estuvimos un buen rato dando vueltas. Ya en las afueras de Bagneres-de-Luchon, en la vecina población de Montauban-de-Luchon, vimos una indicación y después de muchos obstáculos, ya que la zona se encontraba en obras, logramos llegar hasta allí. Apenas se encontraban un par de autocaravanas cuando llegamos. Tras dar un primer suspiro por haberla encontrado, nos dimos cuenta de que esta se encontraba pegada a un cementerio, lo que la hacía disponer de una vistas como mínimo singulares. No nos lo podíamos creer, tantas vueltas para eso! Pero por otro lado, muchos nos habían hablado de la magnífica área de Bagneres-de-Luchón, cuya descripción no concordaba en absoluto con la de aquel lugar.
Cansados pero sin resignarnos, decidimos que no nos apetecía para nada, pasar nuestra última noche de ruta durmiendo en un cementerio, por lo que emprendimos de nuevo la marcha, volvimos al centro de Bagneres-de-Luchon, y fuimos poco a poco fijándonos en cada calle, pues sabíamos que en algún lugar se debían encontrar las autocaravanas. De pronto, vimos medio escondido un pequeño cartel indicando la existencia de un área. A los pocos metros (y unas cuantas vueltas mas) otro cartel, hasta que finalmente logramos encontrarla! Perfectamente emplazadas junto a un lago se encontraban más de una veintena de autocaravanas. Nos parecía increíble que no las hubiésemos conseguido encontrar antes. Aparcamos y nos dirigimos al parquímetro. El coste del área era de tan solo cuatro euros la noche, pero lamentablemente no disponíamos de suficientes monedas. Nos acercamos a un paisano de una autocaravana cercana, y como pudimos, en nuestro precario francés le preguntamos si disponía de cambio. Finalmente logramos que nos entendiera, y amablemente nos facilito cambio para la máquina.
A nuestro regreso entablamos conversación con un amiguete de éste, un señor que hablaba un perfecto castellano, con quien estuvimos charlando un buen rato. Éste, nos comentó que habíamos sido muy ingenuos comprando el ticket, que nadie allí pagaba en aquel área, a lo que nosotros le respondimos que no nos importaba pagar, puesto que valorábamos mucho el poder disfrutar de áreas como aquella, algo que en nuestro país es casi imposible.
Era tarde pero no queríamos perder la ocasión de dar un pequeño paseo por los alrededores antes de quedarnos sin luz. Junto al área se iniciaba un caminito peatonal que permitía dar un agradable paseo alrededor del lago. Ya fuese a pie o en bicicleta aquel era un lugar del que nos hubiese gustado disfrutar durante más tiempo, pero lamentablemente el día no daba para mucho mas, y ya apenas sin luz regresamos a la autocaravana donde cenamos tranquilamente recordando los mejores momentos del viaje.

Nos despertamos con las ansias del niño que amanece en la mañana de reyes. El cuerpo empezaba a notar el cansancio por el “tute” que nos estábamos pegando, pero la zona nos tenia completamente enamorados, y ansiábamos seguir descubriendo lugares como los que habíamos encontrado hasta el momento. Además el área, aun estando a pié de carretera, había resultado ser realmente tranquila, ofreciéndonos una placida y reparadora noche.

La mañana, algo mas nublada, aconsejaba no demorarse demasiado pues la montaña puede ser traicionera, así que una vez hubimos desayunado, nos pusimos rápidamente en marcha iniciando las ascensión por la carretera que conduce al Pont d’Espagne.

En los años cincuenta Cauterets se negó a que los lagos de sus valles fueran represados para producir energía hidroeléctrica. Desde entonces, el agua discurre libremente entre los pinos de las montañas que dominan la ciudad, en una sucesión de cascadas a través de oquedades en las rocas, un espectáculo que se puede contemplar desde la carretera que conduce al Pont d´Espagne, con una parada especial ante las cascadas de Lutour y Ceriset.

Existe también un pequeño sendero que asciende siguiendo el curso del río, y que permite hacer una ruta a pié hasta Pont d’Espagne disfrutando de toda la sucesión de cascadas. En coche, siguiendo el sendero de las cascadas, llegamos enseguida al Pont d´Espagne, puerta del más antiguo de los Parques Naciones Franceses, creado en 1967. Se extiende sobre más de 100 kilómetros de este a Oeste, incluyendo dentro de sus límites seis altos valles fronterizos con España. Su existencia contribuye a preservar una biodiversidad excepcional.

El Pont d’Espagne, con el lago de Gaube situado más arriba, se encuentra entre los lugares más visitados del parque nacional, tanto en verano como en invierno. Paseos, excursiones o esquí nórdico seducen a grandes y pequeños. Para facilitar el acceso, se han llevado a cabo obras de acondicionamiento, siempre con el mayor respeto hacia el medio ambiente, que incluyen aparcamiento, edificio de recepción, transportes y un equipamiento hotelero.

En esta ocasión nuestra intención era hacer la ruta que va desde Pont d’Espagne hasta el lago Gaube, por lo que muy a nuestro pesar tuvimos que desistir de hacer la ruta de las cascadas, dosificando así el tiempo del que disponíamos y de paso nuestras fuerzas. Por carretera, en pocos minutos llegamos al amplio aparcamiento de pago, y estacionamos tranquilamente en una zona delimitada específicamente para las autocaravanas. Sobre dicho aparcamiento únicamente destacar que no está permitida la pernocta al tratarse de un Parque Natural.

Luego, nos dirigimos al inicio de la ruta, donde se encuentra la oficina de Información Turística y venta de tickets. Son varios los caminos señalizados que permiten hacer la ruta de distintas maneras. La forma más sencilla es tomar un primer telecabina hasta Pont d’Espagne, y luego subir en el telesilla que conduce al lago Gaube. Otra opción evidentemente es hacer todo el recorrido a pié, a través de parajes impresionantes y grandes rocas colocadas por enormes gigantes. Esta última opción fue la elegida por nosotros.

Un primer tramo, bien pavimentado y apto para todos los públicos, nos condujo en apenas unos metros al Pont d’Espagne. Junto a él, un pintoresco hotel hace las delicias de quienes quieran pasar un idílico fin de semana en plena naturaleza. Frente al hotel, la terracita de la cafetería permitía a los que querían tomar un pequeño descanso, hacerlo con unas impresionantes vistas del lugar, disfrutando de los primeros rayos de sol de un inminente verano.

Lo cierto es que no entendimos demasiado la existencia de aquel primer telecabina, pues el camino era más que sencillo. Probablemente la existencia del hotel y el intento por facilitar el acceso al lugar a las personas con alguna minusvalía, hayan sido los motivos para la instalación del mismo, con lo cual bienvenido sea.

Tras realizar unas cuantas instantáneas del lugar continuamos con nuestro camino. Nos pensábamos que sería una ruta sencilla después de ver aquel primer tramo, pero como siempre, nos equivocamos de todas todas. El camino que conduce de Pont d’Espagne al lago Gaube resultó ser un abrupto y trialero sendero en el que agradecimos haber realizado la compra de los palos de treking la tarde anterior. Un primer tramo, bastante empinado, nos quitó el frió de golpe, recordándonos que nos encontrábamos en medio de los Pirineos.

Despacio, pero con paso firme, fuimos poco a poco ascendiendo un camino que afortunadamente era cada vez mas llano, y en el que únicamente algún paso complicado que nos veíamos obligados a sortear subiendo a través de las rocas, nos obligaba a disminuir el ritmo. Las increíbles vistas del lugar nos animaban a continuar paso a paso, deseando llegar a la cima, pero para ello todavía nos quedaba un buen trecho.

Seguimos caminando, disfrutando  los preciosos reflejos que se producían en el agua que descendía entre la vegetación procedente del lago Gaube, y con las vistas del Vignamale a lo lejos, una montaña cuya cima se encuentra situada a 3.298 metros de altitud. Finalmente, después de más de dos horas de travesía llegamos a nuestro ansiado Lago Gaube.

Nos lo encontramos casi de repente, quedando atónitos al contemplar toda la belleza del lugar. El Vignamale se reflejaba en sus aguas cristalinas ofreciéndonos una imagen que bien merecía el esfuerzo que habíamos realizado. Nos sentamos un momento en una gran roca para tomar algo de aliento. En ese instante, suspendidos en la altura observando todo aquel paisaje, nos sentíamos realmente afortunados. No se oía ni un ruido que nos distrajera, solo sensaciones únicas que se agolpaban en nuestros cerebros.

Desde allí arriba vimos que había varias rutas para recorrer el lago, los más osados incluso se aventuraban a ascender el Vignemale. Nosotros, ni cortos ni perezosos, bebimos un poquito de agua y seguimos en la búsqueda y captura del momento perfecto, de la luz filtrándose entre las hojas, y del sonido chispeante del viento que se colaba por todas partes.
¡Como disfrutamos de aquel momento! Qué maravillosa sensación el poder recorrer sus orillas, saltando de roca en roca, disfrutando de nuestra compañía en un entorno tan idílico como aquel. Aprovechamos el lugar para sentarnos y comer unos “deliciosos bocadillos”, un bocado “di cardinalle” que nos supo a gloria.


Al rato, comenzamos a sentir el cansancio en el mismo momento en el que un manto de nubes empezó a cubrir el cielo. El aire fresco empezó a traspasar nuestra ropa provocando que, con la sudada que llevábamos, comenzáramos a sentir frío. Nos abrigamos algo más. Habían pasado ya varias horas desde que comenzáramos  la ascensión, casi tres horas de marcha, mas otra hora que llevábamos recorriendo el lago y el tiempo transcurrido en comer, lo que nos había llevado prácticamente toda la mañana.

Fue por ello que decidimos emprender el camino de vuelta, para el cual teníamos dos opciones: o bien volver sobre nuestros pasos, opción que no nos llamaba demasiado la atención, ya que consistía en recorrer otra vez el mismo camino pero esta vez de bajada, cargando más nuestras fatigadas piernas, o una segunda opción que consistía en bajar en el telesilla. La historia es que no habíamos comprado ningún ticket en la Oficina de Información, por lo que dudábamos si lo podríamos hacer en el mismo telesilla. El mayor inconveniente de todo era que para llegar hasta alli debíamos desviarnos por otro camino un buen tramo, y que en caso de que no pudiéramos bajar deberíamos deshacer lo andado.

Con no pocas dudas, pero confiando en que nos dejarían subir, decidimos arriesgarnos y tras un largo paseo llegamos al telesilla. Allí había un chico al que preguntamos si podíamos comprar los tickets de bajada y nos comentó que no había ningún problema. Le pagamos los 14 euros por los dos billetes y nos dispusimos a disfrutar de las magnificas vistas que nos ofrecía un telesilla que iba flotando a tantísimos metros de altura.

Llegamos a tierra firme. Justamente al lado del Pont d’Espagne, pero consideramos una tontería tomar el telecabina que conduce hasta el aparcamiento, así que hicimos este último tramo a pié, aprovechando para hacer una última tanda de fotos. Al poco rato estábamos en la auto y poníamos rumbo otra vez hacia Cauterets.

Nuestra aventura empezaba a llegar casi a su fin y nos daba muchísima pena acabar una ruta en la cual habíamos disfrutado tantísimo. Pero aun nos quedaban algunas cosillas en el tintero y estábamos dispuestos a disfrutarlas al máximo.

Nuestra intención para aquella tarde era dirigirnos a Les Bains du Rocher, lugar que nos habíamos quedado con ganas de visitar la tarde anterior. Lamentablemente el tiempo estaba cambiando bruscamente y un cielo amenazador se cernía sobre nosotros, dándonos la impresión de que pronto caería un buen chaparrón. Esto hacia algo menos apetecible el baño, pero aun así nuestros planes estaban claros: después de regresar al área donde habíamos pasado la noche y tomar un pequeño tentempié, dejamos aparcada la autocaravana y nos dirigimos directamente a Les Bains du Rocher, dispuestos a pasar el resto de la tarde dedicándonos únicamente a mimar nuestros cuerpos.

Pagamos los 32,00 € que nos costaron las entradas y nos introdujimos en un mundo etéreo que nos envolvió al momento. Con describiros la publicidad que nos dieron en su folleto creo que entenderéis al cien por cien lo que sientes al estar en ellos: “Los suelos son de jade, los muros de piedra, los Baños termales de La Rocher te invitan a relajarte después del esfuerzo realizado en días anteriores. Disfrutar del bienestar en un entorno original y con fantásticas vistas es lo que nos ofrecieron estas termas”.
Los baños los habían inaugurado hacia apenas unas semanas, por lo que casi podíamos decir que los estábamos estrenando. Sus aguas termales se calientan de forma natural, tanto en el interior como en el exterior. Su interior es una hermosa laguna delicadamente iluminada bajo una majestuosa cúpula; en el exterior uno puede bañarse en las cálidas aguas en cualquier estación del año.

Nos dimos un primer baño en la laguna interior para romper el hielo. A la hora a la que entramos en el recinto eran pocas las personas que se encontraban en él, por lo que pudimos disfrutar de sus aguas cálidas en un silencio casi místico, pero sin duda, el tesoro de estas termas reside en el exterior. Su preciosa laguna exterior te invita a soñar con unas vistas de ensueño. Bañándote relajadamente en ella te da la sensación de que el tiempo se ha detenido por completo y tu eres la única persona que está teniendo la suerte de disfrutar de un tesoro como aquel.

Cerramos los ojos y dejamos caer nuestras cabezas en uno de los reposacabezas que había para tal efecto. Todo era silencio y relajación, hasta que lamentablemente el recinto comenzó a llenarse poco a poco de gente, rompiendo finalmente la magia del momento. Resignados, pero satisfechos por haber disfrutado ni que fuera de unos instantes de tranquilidad, observamos como de repente se puso a llover. Al principio parecían ser cuatro gotas, pero esas cuatro gotas dieron paso a una lluvia realmente copiosa, y allí, empapados, nos quedamos contemplando el constante y cristalino goteo que caía sobre la laguna. En aquel momento, ya estábamos completamente mojados, con lo cual un poquito más de agua no iba a estropear nuestra permanencia en la piscina exterior, pero si nos empezaba a molestar la cantidad de gente que comenzó a llenar el lugar de una forma bastante bulliciosa.

Decidimos retirarnos y dejar paso a la siguiente tanda de visitantes, pues ya habíamos tenido suficiente. Nuestros cuerpos salían hiper-relajados, y de eso se trataba, de salir con las pilas cargadas.

Pusimos nuestros pies en el exterior y nos encontramos con que el chaparrón había aumentado en virulencia, y estaba lloviendo literalmente “a cantaros”. Decidimos detenernos un momento en una boulangerie hasta que cesara un poco la lluvia, y ya de paso saciar nuestro repentino apetito, con alguna de las delicias caseras del lugar. Al rato, el diluvio cesó, momento que aprovechamos para llegar hasta la auto, quitarnos la ropa mojada, secarnos, y tomarnos un chocolate calentito. Luego, nos pusimos otra vez en marcha.

Con esta última parada en las termas de La Rochel dábamos por finalizadas las visitas de nuestro viaje, pero aun nos faltaba todo el planing de vuelta, y nos resignábamos a pasar por varios lugares únicamente como meros espectadores. Eso si, para el camino de vuelta teníamos planeado tomar la autopista francesa que recorre la cara norte de los pirineos, evitando  tener que volver a recorrer los numerosos puertos de montaña que durante la ida habíamos cruzado.

Iniciamos el camino en dirección a Lourdes, localidad que pasamos como un relámpago. Lo cierto es que en un principio habíamos pensando en detenernos en ella, aunque fuera a echar unas cuantas fotos, pero había tantísima gente en la población que nos dio pereza, así que continuamos con nuestro camino. Al poco rato llegamos a las inmediaciones de Tarbes, donde tomamos la autopista A64 en dirección Toulouse, y que no abandonaríamos hasta llegar a la población de Gourdan-Polignan. Según nuestro navegador GPS el camino más rápido para volver a casa era continuar por autopista hasta llegar a la costa mediterránea, y entrar a España por la Jonquera, pero lo cierto es que preferíamos cruzar de nuevo los Pirineos que tener que hacer tantísimos kilómetros por autopista. Además, todavía nos había quedado algo en el tintero, la pequeña población de Bagneres-de-Luchon, una localidad de la cual nos habían hablado muy bien y decidimos visitar. Según teníamos entendido hay en ella un área para autocaravanas, por lo que sería un buen lugar para pasar la noche.

Nada más salir de la autopista, tomamos la carretera N-125 que más adelante, se convierte en la nacional N-230 al cruzar la frontera, y que permite entrar a España a través del túnel de Vielha. En nuestro caso, nos desviamos unos kilómetros antes de llegar a la frontera para dirigirnos a Bagneres-de-Luchon.  La localidad es pequeña y dinámica, y esta dedicada a la puesta en forma, el bienestar y el deporte. También es conocida por su famoso balneario. De dicha población hay que destacar, en primer lugar, sus famosas termas. Por otra parte, dispone de una amplia gama de actividades deportivas para realizar a lo largo del año, tanto en verano como en invierno: bicicleta de montaña, piragüismo, escalada, parapente, esquí, y un sinfín de deportes siempre con los Pirineos como marco excepcional. Para los amantes de los deportes de invierno hay que destacar que Bagneres-de-Luchon dispone de un telecabina que permite llegar en 15 minutos a la estación de esquí de Superbagnères.

Llegamos a Bagneres-de-Luchon ya un poco tarde. Entre el baño en las termas y el trayecto hasta llegar allí, pasaban de las seis de la tarde. La población nos pareció muy bonita. Su peculiar arquitectura típica de la época de Napoleón tercero te muestra una estampa única del lugar, pero por otra parte nos dio la impresión de ser una localidad venida a menos. Su época dorada ya pasó y a fecha de hoy tan solo sus famosas termas centran la atención de la ciudad. De aquel momento glorioso ahora tan solo nos queda un recuerdo en forma de multitud de establecimientos cerrados y hoteles antiguos y destartalados que encontramos diseminados por toda la localidad. Realmente resulta una lástima porque el lugar es francamente bonito.

Nuestra intención era encontrar en primer lugar el área de autocaravanas y luego ya tendríamos tiempo de entretenernos lo que quisiéramos. Lamentablemente, no disponíamos de información detallada de la ubicación exacta de ella, y tampoco conseguíamos encontrar ninguna señal que nos indicara donde se encontraba, por lo que estuvimos un buen rato dando vueltas.

Ya en las afueras de Bagneres-de-Luchon, en la vecina población de Montauban-de-Luchon, vimos una indicación y después de muchos obstáculos, ya que la zona se encontraba en obras, logramos llegar hasta allí. Apenas se encontraban un par de autocaravanas cuando llegamos. Tras dar un primer suspiro por haberla encontrado, nos dimos cuenta de que esta se encontraba pegada a un cementerio, lo que la hacía disponer de una vistas como mínimo singulares. No nos lo podíamos creer, tantas vueltas para eso! Pero por otro lado, muchos nos habían hablado de la magnífica área de Bagneres-de-Luchón, cuya descripción no concordaba en absoluto con la de aquel lugar.

Cansados pero sin resignarnos, decidimos que no nos apetecía para nada, pasar nuestra última noche de ruta durmiendo en un cementerio, por lo que emprendimos de nuevo la marcha, volvimos al centro de Bagneres-de-Luchon, y fuimos poco a poco fijándonos en cada calle, pues sabíamos que en algún lugar se debían encontrar las autocaravanas. De pronto, vimos medio escondido un pequeño cartel indicando la existencia de un área. A los pocos metros (y unas cuantas vueltas mas) otro cartel, hasta que finalmente logramos encontrarla! Perfectamente emplazadas junto a un lago se encontraban más de una veintena de autocaravanas. Nos parecía increíble que no las hubiésemos conseguido encontrar antes. Aparcamos y nos dirigimos al parquímetro. El coste del área era de tan solo cuatro euros la noche, pero lamentablemente no disponíamos de suficientes monedas. Nos acercamos a un paisano de una autocaravana cercana, y como pudimos, en nuestro precario francés le preguntamos si disponía de cambio. Finalmente logramos que nos entendiera, y amablemente nos facilito cambio para la máquina.

A nuestro regreso entablamos conversación con un amiguete de éste, un señor que hablaba un perfecto castellano, con quien estuvimos charlando un buen rato. Éste, nos comentó que habíamos sido muy ingenuos comprando el ticket, que nadie allí pagaba en aquel área, a lo que nosotros le respondimos que no nos importaba pagar, puesto que valorábamos mucho el poder disfrutar de áreas como aquella, algo que en nuestro país es casi imposible.

Era tarde pero no queríamos perder la ocasión de dar un pequeño paseo por los alrededores antes de quedarnos sin luz. Junto al área se iniciaba un caminito peatonal que permitía dar un agradable paseo alrededor del lago. Ya fuese a pie o en bicicleta aquel era un lugar del que nos hubiese gustado disfrutar durante más tiempo, pero lamentablemente el día no daba para mucho mas, y ya apenas sin luz regresamos a la autocaravana donde cenamos tranquilamente recordando los mejores momentos del viaje.

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